¡Hola!

Vuelvo por fin con el último capítulo de este fic... ay... me emociono, de verdad, luego en las notas de autor al final os sigo hablando, ahora os dejo con ello.

Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo esta historia.


CAPÍTULO 26

Gaara no pudo reprimir el escalofrío que le recorrió todo el cuerpo al entrar de nuevo en aquella casa después de tanto tiempo. Le resultaba tremendamente extraño volver, sobre todo porque todo parecía distinto y, sin embargo, no notaba que realmente hubiera tenido lugar ningún cambio.

Sabía perfectamente a dónde debía dirigirse. Pese a eso, sus pasos le llevaron a un lugar completamente distinto, a la puerta cerrada de su antigua habitación. Antes de que pudiera reaccionar, su mano había girado el pomo de la puerta y esta ya se había abierto unos centímetros.

Comenzó a notar su respiración agitada y su nerviosismo se hizo presente. Cerró los ojos y antes de volver a abrirlos ya estaba de nuevo allí, dentro de su habitación. Cuando los abrió descubrió todo tal y como lo había dejado. Si bien había notado el resto de la casa algo distinta, este lugar parecía no haber cambiado ni un sólo día, la única diferencia era que la puerta que normalmente estaba cerrada, ahora se encontraba abierta de par en par.

Se sentó en la cama y dejó que todos sus recuerdos fluyeran por su mente. Era curioso cómo, aun sabiendo que si se esforzaba podría encontrar momentos felices con sus hermanos en aquel cuarto, todo lo que le venía a la mente eran aquellos que prefería olvidar.

Gaara —escuchó que le llamaban.

Se giró y observó como en la entrada se encontraba su hermano Kankuro mirándole con algo de preocupación. Ni medio segundo tardó en levantarse y salir de allí.

Espera —le dijo su hermano.

Nos están esperando, ¿no? —se limitó a contestar él sin parar de caminar.

Tras lo dicho, Kankuro sólo pudo seguirle.

Ambos llegaron por fin al lugar donde se suponía que debía ir, la habitación de su padre. A decir verdad, ni el propio Gaara sabía muy bien qué hacía allí. Bajo su punto de vista, no pintaba nada en el lecho de muerte de aquel hombre. Si estaba allí era solamente porque Temari le había llamado pidiéndole asistir.

Nada más entrar, lo único en lo que pudo fijarse fue en la enorme cama ocupada por lo que a su parecer era más un ser inerte que un hombre. A su alrededor se extendían todo tipo de aparatos médicos y mesas con medicamento.

Has venido —le dijo Temari a modo de saludo, saliendo a su paso. Su hermana parecía cansada, bastante demacrada, pero por alguna razón que Gaara no pudo entender, se alegraba de verle allí.

Tú me has llamado para que viniera —se limitó él a contestar.

Temari agachó la cabeza, sabía muy bien todo lo que significaba aquella frase. Gaara no quería estar allí, ella lo entendía, y aun así había ido por ella.

Pensé que… pese a todo, quizá querrías despedirte.

Por muchas ganas que tuviera de contestar a su hermana, supo contenerse. Al fin y al cabo, no era ella la culpable de todo lo que había ocurrido en su vida. Simplemente se limitó a asentir y a hacer aquello que ella quería que hiciera. Temari parecía ser la que estaba cargando con el peso de todo con la muerte de su padre, si quería que él se despidiera, lo haría.

Se acercó con cuidado a la cama y observó lo que quedaba de su padre. Lo que alguna vez fue un hombre imponente y poderoso ahora sólo era huesos y piel cetrina. Su rostro estaba totalmente pálido y demacrado, su pelo lacio y sin vida y sus ojeras eran mucho más pronunciadas que de costumbre.

De pronto este abrió los ojos levemente, respiraba con mucha dificultad y ya apenas podía moverse. Cuando comprobó quien se encontraba junto a él, sus ojos abrieron un poco más. Gaara intentó odiarlo tanto como lo había odiado hasta ahora, pero fue imposible. Verle en ese estado le hizo imposible guardarle rencor, al menos en ese preciso instante. No obstante sabía que cuando todo eso pasara volvería a odiarle con fuerza, no sólo por todo lo ocurrido en el pasado, sino porque dentro de poco estaría muerto y sería incapaz de ver todo lo que le quería demostrar, todo lo que él valía.

Los ojos de su padre se posaron en él con una mirada que Gaara no fue capaz de descifrar. Había visto a su padre dirigirle miradas cargadas de odio, de reprobación, miradas severas, pero en ese momento no era ninguna de ellas, parecía todo lo contrario, pero él no era tan ingenuo como para creérselo.

Quizá por esa incertidumbre, el corazón de Gaara comenzó a palpitar con fuerza y sus manos empezaron a temblar. Sintió que la mirada de su padre seguía en él y no la podía aguantar. Retrocedió un par de pasos algo aturdido pero pronto levantó la vista y le observó por última vez.

Adiós.

No dijo nada más, no hacía falta que le dijera nada más. Tampoco sabía si él le podía oír ni estaba seguro de poder seguir hablando. Simplemente se dio media vuelta, y sin siquiera mirar a sus hermanos, salió a toda prisa de allí.


—¡La fotografía más romántica del siglo! —exclamó Kankuro sin poder contenerse— ¡La jodida foto más romántica del siglo! —exclamó de nuevo, en voz mucho más alta y lanzando sobre la mesa el ejemplar de una revista que estaba leyendo.

—Kankuro, ya lo sabemos, llevan toda la semana hablando sobre eso —espetó Temari.

—Creo que no terminas de entenderlo. Gaara, nuestro hermano el inexpresivo antisocial, es el protagonista de la foto más romántica del siglo. ¡Él! —le contestó señalando sin ningún pudor a su hermano.

El pelirrojo le observó con desdén. Ya estaba empezando a cansarse de esa situación. Realmente todo había comenzado el mismo día de la detención de Orochimaru aunque la verdadera bomba saltara al día siguiente.

Ese día había sido publicada una fotografía en la que aparecían tanto él como Hinata, besándose ajenos a todo mientras a su alrededor, a las puertas de Shukaku corp., se producía el enorme caos con todo repleto de periodistas, la policía y muchos curiosos. No recordaba el nombre exacto del fotógrafo pero debía reconocer que había hecho un trabajo magnífico. Parecía como si en la fotografía, el mundo se detuviera alrededor de la pareja pese al gran ajetreo que reinaba en el lugar.

—¿Y qué opina Hinata de todo esto? —preguntó Temari con algo de curiosidad.

Los tres hermanos estaban esperando pacientemente en aquel despacho y empezaban a aburrirse.

—Pese a la vergüenza inicial, al final le gustó la situación. Se puso en contacto con el fotógrafo para que le mandara una copia y la ha enmarcado y colgado en el salón —le explicó Gaara tranquilamente.

—Qué bonito —opinó Temari sin poder ocultar una sonrisa a su hermano—. Te has casado con una romántica empedernida.

Antes de que Gaara pudiera asentir la gran puerta de madera del despacho en el que se encontraban se abrió para dejar paso a la anciana figura de Hiruzen Sarutobi, quien les saludó con gesto afable pero serio y concentrado dadas las circunstancias.

Con toda la expectación mediática que estaba levantando el caso Orochimaru los Sabaku necesitaban de una persona que fuera totalmente confiable para manejar el asunto del testamento de su padre. Y esa persona era sin duda, Hiruzen Sarutobi.

—Disculpad la tardanza, jóvenes —les dijo a modo de saludo mientras se sentaba en su enorme butaca tras un escritorio caoba—. Si estáis aquí los tres y nadie más ya habéis podido deducir que sois los únicos beneficiarios del testamento de vuestro padre.

Los dos hermanos mayores asintieron, pero Gaara no parecía del todo convencido.

—¿Los tres? —preguntó.

—Así es. He tomado todas las precauciones y pruebas para averiguar si este es el testamento original y os puedo asegurar que es el verdadero.

—¿Y qué vamos a hacer? Con la resolución anterior vendimos todos los inmuebles de nuestro padre y nos repartimos el dinero —le explicó Temari.

—En ese caso no deben preocuparse puesto que su padre repartió sus propiedades entre los tres a partes iguales.

Nuevamente Gaara le observó, extrañado.

—¿Lo repartió en tres partes iguales?

—Sabaku, entiendo tu reticencia dado el resultado del anterior testamento, el falso —le contestó Sarutobi con seriedad—, pero al analizar este me ha sorprendido cómo vuestro padre fue capaz de dividirlo todo meticulosamente en tres partes iguales, una para cada uno de sus hijos.

—¿Incluye ese reparto las acciones? ¿La propiedad de la empresa? —preguntó Kankuro dubitativo.

Sarutobi suspiró algo cansado. Lo que en principio parecía el reparto más sencillo de la historia, gracias a la minuciosidad del patriarca de los Sabaku, sus hijos lo estaban tratando de complicar con sus dudas. No era él quien para meterse en los problemas familiares que pudieran tener pero sin duda lo único que quería era terminar su trabajo en paz.

—El reparto de los diversos fondos de inversión, cuentas bancarias y demás activos financieros ha sido repartido equitativamente entre los tres —les explicó—. Del mismo modo, las acciones de Shukaku corp. han sido repartidas a partes iguales. Los tres hermanos tenéis el mismo porcentaje de acciones.

Esta vez, fueron los tres quienes se quedaron sin habla. Acto seguido, los dos mayores voltearon sus cabezas para observar a Gaara.

—Eso está bien, supongo —fue todo lo que este pudo decir.

Realmente cuando llegó al despacho sus expectativas de heredar algo eran prácticamente nulas. Tenía bastante claro que su padre habría sido incapaz de dejarle nada precisamente a él por lo que descubrir que su legado era exactamente idéntico al de sus hermanos le había sorprendido completamente.

—¿Sólo bien? ¡Es fantástico! —comentó Temari sin poder evitar una sonrisa. No había duda de que ninguno de los hermanos esperaba que Gaara obtuviera una herencia digna— De esta forma, los tres somos idénticos.

Si bien a cualquiera le hubiese podido extrañar esta frase, los Sabaku sabían perfectamente a qué se estaba refiriendo.

—Me alegro mucho por ti, Gaara —le dijo Kankuro—. Ahora sí tienes lo que te mereces.

Antes de que los hermanos pudieran seguir hablando entre ellos, escucharon un carraspeo de parte de Sarutobi y volvieron a dedicarle su atención.

—A decir verdad, el reparto no es del todo equitativo. Sabaku no Gaara ha sido beneficiario de algo más.

—¿Algo más? —preguntó Kankuro.

Sin mediar palabra, Sarutobi abrió con cuidado la carpeta que había traído consigo y sacó de allí un sobre de color blanco donde se apreciaba con una caligrafía clásica el nombre de Gaara.

—Esta carta es para ti —le dijo tendiéndosela al pelirrojo.

Este la cogió sin poder evitar un ligero temblor en sus manos y la observó con cautela. No sabía lo que su padre podría haber escrito ahí pero tampoco sabía si quería averiguarlo.

—¿La vas a leer ahora? —preguntó Temari tratando de ocultar su curiosidad.

En cuanto escuchó a su hermana, Gaara pareció salir del trance en el que había entrado unos segundos atrás y sin mediar palabra guardó con rapidez la carta en el bolsillo interior de su chaqueta.

—Uhm, me temo que eso significa que no —opinó Kankuro sin poder ocultar su desilusión.


Ni siquiera cuando Hinata llegó a su casa pudo sentir que se podía relajar. Había sido un día larguísimo en el trabajo y por si fuera poco no había sabido nada de Gaara desde que había salido con sus hermanos a la resolución de la herencia. Le había llamado un par de veces y al no coger el teléfono no pudo evitar preocuparse.

Entró por la puerta y la cerró con cuidado. Cuando se quitó la chaqueta y la dejó sobre el perchero se percató finalmente de la figura solitaria y melancólica que se sentaba en el sofá. No pudo sino preocuparse más.

Se acercó con cuidado hasta su marido. Su rostro era indescifrable y miraba con cierta precaución un sobre que tenía en las manos.

—Gaara —le llamó en voz baja mientras se acercaba a él.

El joven levantó la cabeza para observar a su mujer y aceptó con una pequeña sonrisa el beso que esta le brindó justo antes de sentarse a su lado.

—¿Te encuentras bien? ¿Qué ha ocurrido? —le preguntó con cautela.

El pelirrojo suspiró.

—La herencia era la original. Mi padre lo repartió todo a partes iguales entre los tres.

—Eso… está bien, ¿verdad? —preguntó Hinata algo extrañada por la expresión de su marido.

—Sí…

Se hizo el silencio entre ellos. La joven le observó, algo preocupada. Estaba claro que ahí pasaba algo más.

—¿Eso es todo? —Dijo.

Nuevamente, él suspiró.

—No. También me ha dejado esta carta —contestó mostrándole el sobre cerrado que llevaba en las manos.

—¿La has leído? —preguntó de nuevo ella con cautela pero sin poder evitar un toque de curiosidad en su voz.

—No —respondió él de nuevo mientras volvía la vista al sobre.

—Si quieres puedo dejarte a solas y…

—Al contrario, Hinata. Quiero que me la leas tú.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Porque así, cualquier cosa que diga en la carta resultará menos dolorosa.

Hinata no pudo evitar observarle con ternura. Pese a su habitual gesto inexpresivo podía ver que su marido realmente tenía miedo del contenido de esa carta. Sin pensarlo, se acercó a él y le dio un suave beso en los labios para después dedicarle una pequeña sonrisa.

—¡Lo haré! —le dijo con decisión.

Gaara asintió con la cabeza, con algo de nerviosismo, y le tendió el sobre lentamente a su esposa. Esta lo cogió y lo abrió con cuidado. Desdobló el papel para encontrarse una caligrafía muy cuidada aunque algo temblorosa. Armándose de valor, comenzó a leer:

A mi hijo, Gaara,

Escribo estas líneas con conciencia de que mi tiempo aquí se está acabando, y también sabiendo que mi orgullo no me ha permitido reconocer todo lo que digo aquí en voz alta y frente a ti.

Durante muchos años te he estado culpando de la desgracia de nuestra familia, haciéndote ver como un monstruo e incluso haciendo que tus propios hermanos te temieran. La realidad es, que el único monstruo de esta familia he sido yo.

Podría decir que fue el dolor de la pérdida de vuestra madre lo que nubló mi buen juicio pero me resulta inútil buscar escusas absurdas cuando lo único que debo hacer es pedirte perdón por todo, no tengo escusa por lo que te hice durante todos estos años, y tampoco creo que me puedas perdonar, ni siquiera si debas perdonarme. Aun sabiendo todo esto, te pido disculpas, Gaara.

Pese a todo, siempre has sido el más fuerte de los tres hermanos. Has podido salir adelante cuando todo estaba en tu contra. Con decisión, te has enfrentado a todo lo que se interponía en tu camino sin dudarlo y me has demostrado una y otra vez tu valía, aquella que yo me negaba a reconocer pese a ser tan evidente. No eres ni mejor ni peor que ellos, los tres sois iguales, sólo que también muy distintos.

Lamento que por mi culpa no hayas sido capaz de confiar en las personas a tu alrededor apropiadamente. Es bueno que sepas apreciar aquellos que se acercan por interés de aquellos que no, pero no te niegues a ti mismo la posibilidad de tener seres queridos porque yo no haya sabido ser uno de ellos. Te mereces a alguien que te aprecie por todo lo que eres.

Quería que supieras que estoy orgulloso de tenerte como hijo, aunque sé que tú jamás podrás estar orgulloso de haberme tenido como padre. Ahora que me voy, deseo que puedas por fin alcanzar el reconocimiento que tanto te mereces y encontrar la felicidad que yo tanto te negué.

Recuérdale a tus hermanos, aunque nunca se lo demostrara apropiadamente, cuánto les quería… incluso a ti también, si bien fue demasiado tarde.

Se despide, hasta siempre,

Tu padre.

Cuando Hinata terminó de leer, volvió a doblar la carta y comenzó a dejar brotar con libertad las lágrimas que había tratado de contener, aunque inútilmente, durante su lectura. En más de una ocasión se le había quebrado la voz y había tenido que hacer un gran esfuerzo para continuar hasta el final.

Observó entonces a Gaara, el cual tenía la mirada perdida, pensativo y dándole vueltas a todo lo que acababa de escuchar. Posó su mano sobre la de él y la apretó levemente captando su atención.

—Mi padre tiene razón —dijo finalmente.

Hinata no pudo evitar extrañarse. Ahora que Gaara le observaba a ella pudo comprobar cómo su rostro mostraba una expresión completamente desesperada.

—¿A qué te refieres? —preguntó ella con cuidado.

—No soy capaz de perdonarle.

Hinata comenzó a llorar de nuevo y abrazó a Gaara atrayéndolo hacia sí con fuerza. Tanto fue su ímpetu que le hizo caer sobre ella en el sofá. A su vez, el pelirrojo se aferró a ella con la misma intensidad, sin poder evitar preguntarse cómo era capaz su mujer de saber siempre cuando alguien necesitaba un abrazo.

De pronto Hinata comenzó a escuchar la leve risa de su marido, aquella calmada y silenciosa que siempre le había llamado tanto la atención.

—Gaara —le llamó acariciándole suavemente su cabellera pelirroja.

Este se separó de ella y llevó la mano a su rostro, tratando de limpiarle las lágrimas. Con una pequeña sonrisa, volvió a acortar la distancia que les separaba y la besó con decisión. Para cuando Hinata pudo reaccionar, su marido ya se había vuelto a separar.

—Hay otra cosa en la que también tiene razón —le dijo.

—¿Sí? ¿En qué… ? —preguntó ella algo aturdida.

Gaara la volvió a besar con más cuidado y sin poder ocultar una sonrisa le susurró al oído:

—Te encontré.


FIN

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Me derrito en un charco de romanticismo... ¡Pero no os preocupéis, que aún queda el epílogo! Y además, os voy a adelantar ya la fecha en la que lo publicaré: 18 de Octubre.

Bueno, la verdad es que no sé qué decir, cuando empecé a publicar este fic (que fue el primero de todos que escribí) jamás había podido visualizar el momento en el que publicaría el final, me siento rara... pero bien xD

Quiero daros las gracias a todos por vuestro apoyo durante todo este tiempo, jamás pensé que recibir reviews animándote a seguir pudiera motivar tanto XD Me alegra mucho saber que esta historia ha tenido tan buena acogida, pues como siempre cuando publicas, nunca sabes si algo va a gustar o no, por mucho que le guste a uno mismo.

Me gustaría animar a todos, tanto los que me habéis animado capítulo tras capítulo, como a los que todavía no se han aventurado a dejar ninguno, a que en este capítulo, o en el epílogo, me dejéis un review con vuestra impresión general de la historia, lo que más os ha gustado y lo que menos, para que yo pueda hacer balace y tenerlo en cuenta para mis próximos fics. Os lo agradecería un montón.

Y ahora mismo no sé qué más decir, con la de cosas que se me habían ido ocurriendo, supongo que me tendré que hacer una lista para cuando publique el epílogo y que no se me olvide nada jaja

Me despido! Nos vemos la semana que viene si no hay contratiempos!

Almar-chan