Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 25: Un paso más cerca.
— Pensé que te estabas escondiendo como las ratas, padre— respondí con falsa amabilidad.
— Esa no es manera de saludar a tu padre— reclamó, aparentando estar dolido.
— No me interesa si herí tus sentimientos— dije con sarcasmo.
— ¿Qué hacías afuera?— exigió saber.
— Nadie dijo que no podía moverme libremente por la casa y sus alrededores— ironicé— Sólo no debo alejarme mucho o esta cosa— señalé el grillete— Te lo hará saber de inmediato.
— Cierto, no lo dije— aceptó— Entra— ordenó— Tú y yo tenemos asuntos que resolver— me tomó bruscamente del brazo y me obligó a entrar con él. Me guió hasta mi habitación y me lanzó violentamente contra la pared.
— Iba a seguirte, no tenías que hacer esto— gruñí entre dientes.
— Me provocó hacerlo— se encogió de hombros y comenzó a caminar por todos lados— ¿Dónde está la anciana?— cuestionó.
— No es de tu incumbencia— respondí de mala manera.
— ¿Y la criatura que pariste?— mi corazón se detuvo al escuchar su gélido tono de voz— ¿Es niño o niña? ¿Dónde la tienes?
— ¿Y a ti qué te puede interesar el paradero o la existencia de mi bebé?— pregunté a la defensiva.
— Es mi nieto, me importa— sonrió.
— ¡No, no te importa!— grité furiosa— No voy a permitir que toques a mi bebé con tus sucias manos. Tú no significas nada para nosotros, sólo eres un maldito demente que nos apartó de su padre.
— Mucho cuidado con lo que dices— se acercó a mí, me jaló del cabello y me levantó, hasta que su rostro quedó cerca de mi oído— Si no quieres que tu engendro tenga un destino igual al de su patético padre, vas a comenzar a ser obediente ¿Está claro?— amenazó.
— Sí, señor— accedí en un susurro.
— No escuché, ¿Qué dijiste?— me zarandeó del cabello con más fuerza.
— Como usted diga, señor— contesté firme.
Cerré los ojos con fuerza al escuchar su risa, quería llorar de frustración. Sabía que cuando él apareciera esto pasaría, él iba a usar a Sarada como carnada para mantenerme a raya y quien sabe qué otras cosas deberé hacer para mantener a mi hija viva y a mi lado.
— Creo que debería darte un escarmiento por haber sido insolente y para que recuerdes que la próxima vez, no seré tan misericordioso contigo— se dobló las mangas de su camisa hasta los antebrazos, sus ojos azules me observaban con desprecio.
Todo mi cuerpo se estremeció asustado, siempre era lo mismo cuando él iba a golpearme. Suspiré profundamente y apreté los puños, esperando el primer golpe...
Me abracé a mí misma, temblando en el suelo. No recordaba que doliera tanto, es como si subiera la intensidad a los golpes cada vez más. Creo que, algún día, una de estas palizas finalmente van a matarme.
— Sólo vine para que supieras de mi regreso y advertirte lo que pasará si me desobedeces— levanté la cabeza con dificultad para mirarlo— volveré en dos meses, tengo un trabajo especialmente para ti. Es tiempo de que comiences a ser útil para algo.
Asentí levemente como respuesta y él se marchó. Dejé escapar las lágrimas que estaba reteniendo, apreté la mandíbula para no dejar escapar mis lamentos, el nudo en mi garganta era doloroso... llegué a cuestionarme el motivo por el cual no me mataba de una jodida vez. Él le libraría de mí y también por fin sería libre él.
Sentí unos pasos acercarse por el pasillo, me tensé al pensar que él había olvidado decirme algo y volvió. Suspiré aliviada al ver que quien entró fue la anciana con Sarada.
— El señor ha regresado— afirmó ella con dolor al verme.
Apenas y podía mantenerme despierta. Enfoqué la mirada en Sarada, ella es y será el motivo por el cual soportaré los golpes de Kizashi y sobreviviré.
— Mamá...— comenzó a removerse inquieta para que fuera por ella. Al ver que yo no hacía nada por levantarme, la anciana la dejó en el suelo y ella llegó hasta mí, gateando— mamá— puso sus manitas en rostro y me zarandeó un poco para llamar mi atención.
— Mamá está aquí— rocé su mejilla con gran dificultad— mamá siempre estará aquí para protegerte...— la abracé con las pocas fuerzas que me quedaban. Sarada se acurrucó en mi pecho y yo comencé a cantarle.
— Levántate— suplicó la anciana— vamos a curar esas heridas.
— Estoy bien— contesté en un murmullo— le aseguro que dejaré que me cure después, pero ahora sólo quiero un momento a solas con mi hija.
— Como usted quiera— hizo una leve reverencia y cerró la puerta antes de marcharse.
Me senté con dificultad, manteniéndola acostada en mi pecho.
— Sarada— llamé con suavidad. Ella levantó su carita hacía mí. Sonreí enternecida al ver sus anteojos, no son los más bonitos, pero no importa, lo que importa es que ella vea bien— te pareces mucho más a papá con esas gafas.
— Pa-pá— pronunció en un balbuceo.
— Sí, Sarada ¡papá!— exclamé emocionada— si él estuviera aquí estaría tan entusiasmado como yo al escucharte— comencé a darle besos en las mejillas— ¡te amo tanto!
— Mamá... amo— respondió.
Ella conoce algunas palabras, suelo repetirle mucho ciertas palabras para que las aprenda. Sabe decir mamá, avisarme cuando tiene hambre. Ella aún bebe de mi pecho, aunque ya no tanto como antes, creo que lo dejará muy pronto. Llama a la nana. También sabe decirme que me ama. Recuerdo lo mucho que lloré cuando me lo dijo. Sabe afirmar y negar, saludar y despedirse. Nunca dejo de sorprenderme con lo rápido que aprende. A este paso, hablará perfectamente antes de los dos años.
— Vamos, busquemos a la nana para que ayude a mamá con sus heridas y tomemos una siesta.
Cuando quise levantarme mis piernas flaquearon, apreté fuertemente a Sarada para que no se me cayera. Ella me miró asustada, creí que se pondría a llorar, pero no lo hizo. Me alarmé al ver una gota de sangre caer en su rostro, olvidaba que mi nariz y mi labio inferior sangraban. Quise hacer un esfuerzo sobrehumano para aguantar el dolor y no preocuparlas a ellas, pero fue imposible.
— Parece que mamá no tiene fuerzas para valerse por sí misma en este momento— hice una mueca de fastidio.
Como pude, me arrastré hasta la cama y puse a Sarada en ella. Mientras yo me quedé con la espalda recostada al borde de ella, esperando que la anciana viniera a curarme.
...
Todos el esfuerzo que puse durante un año entero, por fin me estaban sirviendo de algo. Egresé de la Academia como el primero de la promoción, Kakashi en persona vino a ofrecerme el entrenamiento especial de la agencia. Son sólo seis meses, pero mientras tanto estoy trabajando en una estación de policía haciendo lo básico, aprendiendo un poco del campo de trabajo donde decidí estar.
Itachi me pidió que viviera con ellos hasta que tuviera dinero para pagar mi propio espacio. En cuanto a Naruto, él también estará conmigo en el entrenamiento y el trabajo, vivirá con Hinata en un departamento que tiene alquilado hasta terminar su carrera en la Universidad.
— Pensábamos ir a Konoha este fin de semana, ¿Quieres acompañarnos?— preguntó Itachi, rompiendo el tranquilo silencio durante la cena— Hace poco más de un año que no vas, papá debe querer verte. Se va a sorprender de lo mucho que su pequeño Sasuke ha crecido en un año. Incluso estás más alto que papá y yo— suspiró con pesar.
— Ya no jodas— gruñí con fastidio.
— ¿Irás o no?— interrogó con seriedad.
— Iré— contesté. Itachi asintió complacido— estoy libre también esos días.
— Fugaku-san estará feliz de verlos a ambos— intervino Izumi con una sonrisa.
— Estoy seguro que dejará su mutismo a un lado y llorará al ver que su pequeño ya no es tan pequeño— dramatizó.
— No seas ridículo, nii-san— rodé los ojos, cansado de sus idioteces.
El viaje a Konoha no me caería mal después de todo. Podría traer algunas cosas que tuve que dejar atrás porque en la Academia no las podía tener. Hace más de un año que no leo un libro, cómo extraño perderme en las páginas de mis libros y olvidarme del mundo a mi alrededor. También extraño mucho mi piano, pero eso no es algo que pueda trasladar de un lugar a otro en una maleta.
No me había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos mi hogar hasta que me bajé del tren que nos dejó allí. Konoha se sentía la misma, nada ha cambiado. Quien había cambiado era yo, ya no era el mismo de antes. O quizás había regresado a ser ese muchacho solitario, vacío por dentro, sin ninguna gran expectativa de vida. Pero esta vez, con una gran motivación que evita que termine de caer por el oscuro abismo de la desesperación. Rescatar a esa preciosa chica de cabello rosa con ojos brillantes y dueña de una sonrisa que traía alegría a mis días.
Nos cruzamos con unos cuantos conocidos, Itachi era saludado por todo aquel que lo reconocía. A lo lejos vi a Konohamaru, ha crecido bastante desde la última vez que lo vi. Pero él no notó mi presencia y yo no hice nada por atraer su atención.
Inevitablemente pasamos por donde vivía Sakura. Me quedé mirando las escaleras absorto, recordando todas las veces que la dejaba al pie de ellas y me quedaba allí hasta que ella entrara. Las veces en las que ella se devolvía, se guindaba de mi cuello para besarme y luego volvía a subir. Recordé aquella noche de otoño hace más de dos años, esa vez donde hablamos del dolor que sentíamos por la pérdida de nuestras madres y donde compartimos nuestro primer beso.
Ahora mismo recuerdo el porqué no había regresado a Konoha en todo ese año... porque todo aquí me recordaba a ella. A dónde quiera que mire, tengo un miserable recuerdo de ella –no importa si es significativo o no– pero todos ellos podrían llevarme a hacer algo impulsivo por culpa de la desesperación y las cosas para ambos estarían peores de lo que ya están.
— Hablé con Shisui hace rato— comentó Itachi, sacándome de mis lamentables pensamientos— me dijo que papá estaba en la estación hoy, vamos a verlo allá.
— Hmp, vamos— accedí, tomando la delantera.
Él estaba parado en toda de puerta de la estación, esperando por ambos. Pude ver lo sorprendido que estaba de verme, Itachi no estaba exagerando cuando decía que había crecido mucho en tan poco tiempo. Tampoco exagera al decir que soy más alto que él y papá, secretamente lo disfruto. Sé que debe ser molesto que tu pequeño hermano te supere en estatura.
Me tomó por sorpresa cuando me dio un fuerte abrazo de bienvenida y me dedicó una cálida sonrisa.
— Lamento no haber venido a verte, papá— me disculpé con la mirada al suelo.
— Sé porque no lo hacías— me apretó levemente los hombros— no puedo creer lo mucho que has crecido, no pareciera que fuera mi hijo pequeño a quien estoy viendo. Si no fuera por lo mucho que te pareces a tu madre, dudaría que se trata de ti
— Te dije que se sorprendería— Itachi me codeó por las costillas— incluso está más alto que yo.
— Ay, por favor, no sigas con eso— bufé exasperado.
— Es sorprendente para nosotros ver lo mucho que creciste en un año— argumentó papá riendo.
— Sasuke-chan es más grande que su onii-chan— abrazó a su esposa, fingiendo llorar a moco tendido.
Papá y yo negamos divertidos, como extrañábamos estar así los tres. Él y yo, a nuestra manera, dividiéndonos de las cosas que puede decir o hacer mi hermano.
— ¿Cómo has estado? ¿Cómo te desempeñaste en la Academia?— preguntó papá ocultando su entusiasmo.
— Escuché que cierto mocoso ingrato ha venido a visitar a su familia después de un año— apareció Shisui en compañía de Obito.
— Casi tuve que obligarlo para que viniera— los fulminé con la mirada a ambos.
— Nadie fulmina con la mirada como tú, Sasuke-kun. Extrañaba eso— comentó Shisui— y ahora más que no estás usando tus gafas, ¿Qué fuerza sobrenatural consiguió convencerte de usar lentes de contacto?
— En la Academia se vio obligado a acostumbrarse— respondió Itachi en mi lugar— Se lo advertí, pero no me hizo caso— puse los ojos en blanco.
— Es bueno verte de nuevo, Sasuke. Has crecido mucho— saludó Obito.
— Mi trabajo ha terminado por hoy— agregó mi padre— vamos a casa.
— ¿Cuándo se van?— preguntó Obito.
— Mañana— contesté.
— Esta noche iremos a visitarlos, los llevaremos a todos— informó— se llevarán una gran sorpresa cuando te vean.
Al llegar a casa, hablé un rato con mi padre sobre lo había sido mi año lejos de casa. Le informé que recogería unas cuantas cosas que necesitaba y lo dejé en la sala, charlando con Itachi e Izumi.
No pude evitar sentir una terrible opresión en mi pecho al entrar en mi habitación, ese lugar resguarda muchos recuerdos importantes entre Sakura y yo. Donde quiera que mis ojos se posaran, había algo que me recordaba a ella. Anteriormente, mi habitación era el único lugar reconfortante al final del día, pero desde que ella ya no está, es todo lo contrario. Antes de irme, me la pasaba aquí encerrado cuando no tenia que ir a la escuela, pero era una tortura. Las cuatro paredes de mi habitación comenzaron a asfixiarme, su aroma en mis sábanas era el constante recordatorio de mi debilidad. No sólo mi debilidad por ella, también el peso de mis errores, mis promesas sin cumplir. Eventualmente tuve que mudarme a la habitación de al lado hasta que me fui, no podía soportar estar aquí, ni siquiera en mi propia casa.
Abrí el armario en busca de una maleta, inmediatamente la ropa que había comprado para ella saltó a la vista, de nuevo esa maldita incomodidad en el pecho que no me deja respirar. Siempre tenía que haber algo que me recalcara que todos mis esfuerzos por protegerla fueron un rotundo fracaso. Yo soy un fracaso, siempre lo he sido.
Comencé a guardar lo que necesitaba, algunas camisas, unos cuantos libros y algo de dinero que había dejado allí guardado. Estaba destinado para el espacio que compartiría con ella cuando nos fuéramos a la universidad, pero creo que ahora tengo la prioridad de comprarme algo de ropa nueva. Casi todas las camisetas me quedan apretadas, los pantalones me quedan cortos. Ya después reuniría de nuevo para alquilar un lugar para mí y no seguir molestando a Itachi en su casa. Pensé que tal vez debería llevar algo de ropa para ella, la necesitará para cuando la rescate.
Negué divertido al mirar la silla de mi escritorio, el conejo que le compré a Sakura estaba allí sentado. Mi padre lo había puesto allí después que lo dejé tirado en medio de la sala. Me acerqué a él y lo tomé. Hundí mi rostro en su cabeza y cerré los ojos, embriagándome del dulce aroma que desprendía. Olía a ella, ese característico aroma a flores que siempre desprendía. Como amaba dormir abrazado a ella, esconder mi rostro en su delicado cuello y aspirar su aroma hasta quedarme profundamente dormido.
Dejé a Suke donde estaba y seguí en lo que hacía anteriormente, no quería sostenerlo por mucho tiempo y que mi olor se ligará al de ella. No es que me molestará que eso sucediera, pero ahora sólo quería deleitarme con su aroma. Disfrutar ese delicado perfume que sirve como un bálsamo para las heridas de mi alma.
Mis ojos viajaron a la cartelera de corcho que tengo encima del escritorio. Le eché un rápido vistazo a cada fotografía de mi niñez y mi adolescencia, hasta que llegué a las fotos donde salía ella. Sakura amaba tomarse fotografías, decía que casi no tenía fotos de sí misma y deseaba que con ellas, al menos alguien recordará que una chica de cabello rosa llamada Sakura, existió alguna vez. Sakura quiso que tuviéramos fotografías de cada momento especial que tuvimos juntos. Navidad, año nuevo, fiestas de cumpleaños, festivales y días en los que simplemente quería retratarnos a los dos con una cámara.
Quité todas las fotografías donde salía ella, saqué de la última gaveta del escritorio la agenda que me dio mi madre y las guardé allí, planeaba llevar la agenda conmigo a Tokio.
— Sasuke, la familia ya llegó— informó Izumi desde afuera.
— Voy en unos momentos— terminé de guardar lo que me faltaba en la maleta, me cambié de ropa con rapidez y salí.
La reunión familiar fue más amena de lo que esperaba. No pensé que diría esto, pero realmente extrañaba a mi familia. Cuando están todos reunidos, es difícil pensar en la soledad, siempre es agradable y divertido a nuestra manera. Y ya que soy el más pequeño de la familia, estuve a punto de morir dos veces y me ausenté del pueblo durante un año, ninguno podía desaprovechar la oportunidad de verme. Todos en la familia pensaban que sería el primer Uchiha en ir a la universidad, pero al final –por las circunstancias que me rodean– yo también formé parte del "negocio familiar", por así decirlo.
Al igual que mi padre, muchos estuvieron decepcionados de mi decisión, pero al final, entendieron mis razones y aceptaron que ese era mi camino. Sobretodo el abuelo Madara, él me ordenó que debía recuperar a mi mujer sin importar el riesgo que deba tomar, porque eso es lo que hace un Uchiha.
Itachi siempre ha dicho que yo soy el consentido de la familia, creo que no exagera. El tema de la noche fue definitivamente mi sorprendente, según ellos, cambio físico. Todos se asombraban de lo mucho que crecí, tanto que más de una vez reprimí el impulso de poner los ojos en blanco y bufar, todo para no ofender a nadie. Además que mis enormes gafas ya no estaban. Recibía cada cumplido con una mueca parecida a una sonrisa, cosa que aprendí bien de ella. Sonreír a pesar de estar fastidiado y con ganas de mandar al mundo a la mierda.
...
Una lágrima corrió por mi mejilla sin permiso, mi nena cumplió su primer año hace unos días y no pude celebrarlo como ella lo merece, todo por estar atrapada en este maldito lugar.
— ¿Por qué llora?— preguntó la anciana.
— Recordé a mi novio, es todo— mentí. Aunque no es del todo una mentira, él es parte de mi tristeza en todo momento.
— Él también debe pensar en usted— aseguró con una sonrisa. Le devolví el gesto y me concentré en seguir alimentando a Sarada.
Mi corazón se detuvo al escuchar el sonido de un motor frente a la casa.
— Mi padre llegó— dije alarmada, dejando caer la cuchara con la que estaba dándole de comer a ella— tome a Sarada y enciérrese en mi habitación, él sólo viene a hablar conmigo.
— ¿Estará bien?— cuestionó preocupada, tomando a Sarada en brazos.
— Sí, no se preocupe— aseguré para tranquilizarla. Aunque probablemente sea una mentira.
Ella asintió no muy segura y se fue con la niña.
Salí a recibir a Kizashi, él arqueó una ceja al encontrarse de frente conmigo y más aún al notar que yo le sonreía.
— ¿Qué estás tramando?— interrogó con sospecha— ¿Dónde está la anciana?
— Está ocupada en estos momentos— contesté— con respecto a lo que preguntaste primero, no estoy tramando nada, sólo vine dispuesta a escuchar tus órdenes. Dijiste que volverías en dos meses y aquí estás.
— Así me gusta, verte arrastrarte ante mí— dijo complacido. Fruncí el ceño y apreté los puños con fuerza.
— Todo por el bien de Sarada— me dije a mí misma para calmar la furia que sentí y luego volví a sonreír— Amenazaste a mi bebé de muerte, ¿Qué esperabas?
— Que bueno que ya entendiste que desobedecerme está mal— continuó en el mismo tono— Iremos a con Kaguya— aquello me cayó como una balde de agua fría... tenía la esperanza de que desistiera de hacerme trabajar de eso— Pero...— miré expectante, esperando que aquel pero me salvará— No tendrás que ser la puta de alguien— aclaró, dejé escapar un suspiro de alivio— Desde que pariste me dejaste de servir para eso. Kaguya te enseñará a evaluar a las aspirantes, serás la gerente de uno de mis locales. El que administraba Kaguya anteriormente, ella ya no estará allí, irá a China conmigo para encargarse del nuevo bar que tendré allá.
— ¿Cuándo debo comenzar a entrenar?— pregunté respetuosamente.
— Ahora mismo— sentenció— Toma, ve a cambiarte esas fachas. Te esperaré en el auto— me tendió una bolsa de cartulina de color negro y una caja de zapatos.
Asentí levemente en señal de respeto y fui a cambiarme. Cerré la puerta de mi habitación, golpeé la pared con impotencia y grité furiosa. Voy a tener que hacerle a chicas inocentes la misma porquería que me hacían a mi y lo peor es que también voy a tener que vendérselas a hombres asquerosos.
— ¿Todo en orden?— preguntó la anciana mortificada.
— No, nana. Nada lo está— respondí bruscamente— Ahora resulta que ahora voy a tener que hacer la misma mierda que me hacían a alguien más y venderlas como ganado al mejor postor— rugí enojada.
— Al menos no tendrá que vender su cuerpo para beneficiar a su padre— comentó aliviada.
— Sí, pero voy a tener que vender el de alguien más— debatí— Le haré a otras lo que no quería que me hicieran a mí— bufé— De todas maneras no importa, tengo que hacer lo que sea para proteger a mi hija.
Entré al baño a cambiarme. Kizashi tenía razón cuando decía que mis ropas eran fachas. Cuando me trajeron aquí sólo tenía el vestido que me regaló Sasuke, tampoco me di cuenta en que momento perdí los zapatos y no he tenido unos desde entonces. Le pedí a la anciana que hiciera lo que estuviera en sus manos para quitarle la sangre al vestido, no quería perderlo, pero tampoco quería mirarlo y recordar que esa era su sangre. Durante mi embarazo, usaba camisones que ella amablemente me cedía de su propia ropa y eso es lo que he estado usando desde entonces.
Una máscara de indiferencia me devolví la mirada a través del espejo, esa sería mi expresión a partir de ahora, debía familiarizarme con ella. Kizashi me trajo un vestido negro ceñido al cuerpo que me llegaba unos centímetros por encima de las rodillas y unos tacones de aguja del mismo color. Llegué a pensar que la persona reflejada frente a mí, era alguien más usurpando mi rostro.
— Se ve hermosa, Sakura-sama— alagó la anciana.
— Gracias— respondí cortésmente, aunque por dentro moría por hacer una mueca de fastidio. Me acerqué a ella y le di un beso en la frente a Sarada— Mamá vuelve más tarde.
— ¿Está segura que todo estará bien?— inquirió dudosa.
— Si no vuelvo, váyase de aquí y lleve a Sarada a Konoha— ordené— Lo mejor será que llegue a la estación de policías, allí trabaja el padre de Sasuke-kun. Él debe haberse ido a la universidad, pero Fugaku-san se pondrá en contacto con él. Dígale que yo estoy bien, sólo que Kizashi me apartó de la niña y usted se la llevó antes de que él le hiciera daño.
— ¿Cuándo debo asumir que usted no vendrá?— cuestionó con severidad.
— Tiene hasta mañana en la noche para decidir— sentencié— Te amo mucho, mi niña— la tomé en brazos y la apreté con fuerza en mi pecho— No dudes nunca que te amo y si algo malo sucede, no dudes en que papá cuidará bien de ti.
Con el dolor de mi alma, se la entregué a la anciana. Mi pecho se oprimió al escucharla llamarme y llorar. Lágrimas corrieron por mis mejillas, esta probablemente, sea la última vez que vea a mi bebé.
Kizashi sonrió burlón en el momento en que abordé el vehículo. Como quiera quitarle esa maldita sonrisa del rostro, pero no puedo. Eso sólo haría que él tuviera motivos para hacerle daño a ella.
— No volverás a esta casa— informó con una sonrisa maliciosa.
— ¿Qué?— pregunté en un susurro.
Reprimí las inmensas ganas de llorar que me embargaron en este momento. Tenía el presentimiento de que haría algo como esto, pero no imaginé que lo hiciera tan pronto...
— ¡No puedes hacerme esto!— exploté encolerizada— Haré todo lo que me pidas, obedeceré cada una de tus órdenes sin quejarme. Pero te suplico, no me apartes de mí bebé. ¡Te lo ruego, padre!— supliqué desesperada.
— ¡Silencio!— rugió furioso. Me quedé muda, como cada vez que él me grita así— La única manera de mantenerte al margen es manteniendo a esa criatura cerca de ti— aseveró— Por eso la anciana y el bebé serán trasladados mañana temprano a su nueva ubicación.
— ¿Qué garantía tengo de que cumplirás tu palabra?— cuestioné con dureza.
— La garantía que hará que hagas lo que yo quiera— respondió— Además, es mi nieto, no voy a hacerle daño.
— Mataste a tu propia esposa, maltratas a tu única hija. Obviamente no voy a creerte— declaré en tono mordaz.
— Haces bien en no fiarte del todo de mí— comentó con un deje de orgullo en su voz— Eres cautelosa, te pareces a mí en ese aspecto.
— No me compares con basura como tú— debatí. Odio cuando dice que soy igual a él.
— No importa cuanto lo niegues, es algo que llevas grabado en el ADN— dijo.
— Hmp. Claro— gruñí, dando por finalizada la conversación.
...
Esta noche, estaba libre del trabajo en la estación y acababa de salir del entrenamiento de la agencia. Caminaba de regreso a casa buscando despejar mi mente un poco, aunque el bullicio de la ciudad no es de mucha ayuda para eso. Creo que echo de menos la tranquilidad y las silenciosas calles de Konoha durante la noche. Con la luna como tú única fiel compañera en las angustias.
Un ruido proveniente de un callejón, llamó mi atención. A medida que me iba acercando, los sonidos se iban aclarando. Estaban golpeando a alguien. Caminé más rápido para intentar ayudar a la víctima, pero los maleantes huyeron antes de que yo llegará. Un hombre de apariencia tranquila y cabello rojizo estaba todo golpeado en el suelo.
— Oye, ¿quién te hizo esto?— interrogué agachándome a su lado.
— É-él lo... hizo— balbuceó con dificultad— Haruno Kizashi...— confesó antes de caer inconsciente.
No conseguía salir de mi incredulidad, esta tenía que ser una broma del destino o quizás no. Tal vez él sea la clave para comenzar mi búsqueda antes de ser un detective como tal. Casi podía sentir como una sonrisa trataba de dibujarse en mi rostro. Pero sé que no debo quedarme aquí con cara de idiota, tengo que ayudarlo y después averiguar de qué manera está él vinculado a Haruno.
Lo levanté como pude, el tipo es más grande y más corpulento que yo. Pero ese no fue un problema para mí en este momento. Volví a la calle en busca de alguien que me ayudará a llevarlo al hospital o un taxi.
Una patrulla se estacionó frente a mi, de ella salió Naruto. Ahora que lo recordaba, él si tenía trabajo esta noche.
— ¿Qué hiciste con él, Sasuke?— señaló acusador.
— No le hice nada, estúpido— escupí enojado— Escuché que lo estaban golpeando y me acerqué a ayudarlo, pero los tipos que le hicieron esto huyeron.
— Es mejor llevarlo al hospital— me ayudó a meterlo en el asiento trasero de la patrulla y arrancó al hospital más cercano a donde estábamos.
Le expliqué a los médicos que lo atendieron lo que había pasado y les pedí que me permitieran hablar con él en cuanto recobrará la conciencia.
— Ven, te dejaré en casa— ofreció Naruto. Negué levemente en respuesta, sin despegar la mirada de mis ansiosos dedos— ¿Piensas quedarte aquí? ¿Por qué?— preguntó incrédulo.
— Porque él pronunció el nombre del padre de Sakura antes de desmayarse y necesito saber qué relación tiene con el maldito de Haruno Kizashi. No espero que lo entiendas, puedes irte cuando quieras, tienes trabajo.
Naruto permaneció en silencio por unos minutos, incluso llegué a pensar que se había marchado. Pero después de un rato, se sentó a mi lado y me puso una mano en el hombro.
— Haz lo que tengas que hacer— sonrió— Si él es una manera de llegar a Sakura-chan antes de ser detective, no la desaproveches y también cuenta conmigo para lo que sea.
Agradecí enormemente el apoyo de Naruto en silencio. Él entendió aquello que no podía decir con palabras y se fue a continuar con su trabajo. Ya después él me hostigaría con preguntas al respecto.
— El paciente despertó, pidió hablar con usted para agradecerle— informó una enfermera.
La miré indiferente y fui a donde estaba el hombre. Noté como sus hombros decayeron decepcionada, quizás creyó que le prestaría atención a sus poco sutiles coqueteos. Pobre ilusa.
— Gracias por ayudarme— expresó agradecido en cuanto entré al cuarto que le asignaron.
— Dijo algo curioso antes de desmayarse— comencé— Algo relacionado a Haruno Kizashi...— el hombre se removió incómodo.
— ¿Qué sabe usted sobre esa persona?— cuestionó con cautela.
— Él y yo tenemos un asunto pendiente— sentencié— ¿Y tú?— pregunté en el mismo tono.
— ¿Puedo confiar en ti...— calló queriendo conocer mi nombre.
— Uchiha Sasuke— me presenté.
— Juugo, mucho gusto— sonrió levemente.
— Puedes confiar en mí— aseguré.
— Él...— vaciló antes de continuar— mató a mi hermano mayor— declaró en tono sombrío— Kimimaru era el nombre de mi hermano. Él y yo quedamos huérfanos desde muy temprana edad y sólo nos teníamos el uno al otro. Para un par de chicos no era sencillo conseguir un trabajo y estábamos muriendo de hambre. Entonces yo enfermé y si no pagábamos el tratamiento, moriría. Así que mi hermano tomó una medida desesperada para salvarme y comenzó a trabajar para él desde muy joven. Haruno Kizashi le aseguró que él pagaría mi tratamiento a costa de sus servicios y así fue. Pero luego, le ordenó a Kimimaru que matara a alguien y él se rehusó a hacerlo. Mi hermano comenzó a trabajar en cubierto con un detective que estaba tratando de reunir toda la información que pudiera y la consiguió toda. Pero Kizashi supo lo que hizo y no solo lo mandó a eliminar, a mí también. Kimimaru se sacrificó para salvarme y desde entonces he estado huyendo de ellos, hasta que estuvieron a punto de matarme esta noche. Pero sintieron que alguien se acercaba y huyeron del lugar. Y aquí estamos... ¿Cuál es tu historia?— interrogó mirándome fijamente.
— Él tiene una hija— comencé— Ella llegó al lugar donde yo vivía, huyendo de su padre...
— La amabas— adivinó.
— Sí— contesté en un susurro— Le juré que la protegería de él, pero fue inútil. A duras penas y sigo con vida. Tengo que encontrarla, ella no quería volver con él porque sino la destruiría.
— Te ayudaré— declaró decidido— Yo me libero de su persecución y tú recuperas a tu mujer. Pero ¿Cómo piensas detenerlo y salvarla? Sólo eres un muchacho.
— Y tú no pareces ser muy perspicaz— ataqué arqueando una ceja— Puedo ser un muchacho, pero sé cómo hacer para bajar a Haruno de su pequeño trono y hacerlo pagar por todo lo que ha hecho.
— Te escucho, Sasuke— sonreí para mis adentros.
Por fin el destino comenzaba a sonreírme de nuevo. Quería creer que todo comenzaría a estar de mi lado y que esto me llevaría a estar un paso más cerca de encontrarla. Y que cuando por fin pueda participar en el caso, ya sólo tenga que contar con el equipo de personas adecuadas para salvarla y ponerle final al imperio de Kizashi.
...
— Es aquí— habló Kizashi, sacándome de mi ensimismo.
El auto estaba estacionado frente al burdel donde trabajaría a partir de ahora. Danzo nos abrió la puerta a ambos, el olor del lugar me dio náuseas. Apesta a alcohol, cigarrillo y perfume barato de mujer. Probablemente faltaban un par de horas para que abrieran, así que los empleados se encargaban de limpiar el lugar. Aunque el aroma pestilente no se iba.
Había un par de hombres y unas quince mujeres de entre dieciocho y veinticinco años. Quizás habría muchachas que aún son menores de edad, pero es difícil saberlo y apuesto que Kaguya se debe haber encargado de que nadie sepa que no todas tienen la edad legal para trabajar en el establecimiento.
— Haruno-sama— todos hicieron una reverencia ante él.
— Todos a la oficina— ordenó. Inmediatamente todos nos siguieron.
La oficina era espaciosa, llena de extravagancias que sólo a alguien como Kaguya podría resultarle agradable. Un enorme escritorio en medio de la habitación y junto a él, una puerta que probablemente sea un baño privado o eso espero.
Kizashi se situó frente al escritorio, delante de todos, conmigo a su lado. Odiaba la mirada que todos me lanzaban, las mujeres me miraban con sospecha y desdén.
— Ella es Sakura— me señaló— A partir de ahora, estará a cargo de este lugar. Cualquier insubordinación contra ella, será como si me desobedecieran a mi.
— Lamento la tardanza— Kaguya irrumpió en la oficina en compañía de Indra y otro hombre parecido a él, de cabello corto castaño y ojos oscuros.
— Te dije que debías estar aquí temprano, por fortuna para ti, acabamos de llegar— reclamó mi padre.
— Hermosa Sakura— levanté las cejas sorprendida por la manera amigable de dirigirse a mí— Trabajaremos juntas un tiempo.
— Padre me avisó sobre ello— contesté respetuosamente.
— ¿Tú eres la hija del señor?— señaló una de las chicas. Ella es rubia, de ojos azules y exageradamente voluptuosa— ¿Fuiste tú quién dejó a mi querido Fū en ese estado tan lamentable?
— Querrás decir que ahora es un eunuco— sonreí burlona— Sí, fui yo ¿Acaso tienes algún problema?
Nadie se movió cuando ella sacó una daga de sus pantorrilla y se lanzó hacia mi. Miré a Kizashi de reojo, él tenía una estúpida sonrisa tatuada en el rostro. No hacía ningún movimiento para ordenarle a alguien que la frenará, no, él esperaba que yo misma me defendiera.
— ¡Maldita perra, no esperes que te brinde pleitesía cuando arruinaste al único hombre que valía la pena en este lugar!— vociferó cabreada, dispuesta a matarme sin importar que está frente a todas éstas personas.
La esquivé con facilidad y la agarré por la muñeca donde tenía la daga, se la doblé hasta que el dolor la obligó a soltarla, barrí sus pies y cayó de rodillas, le sostuve con fuerza ambos brazos en la espalda, recogí la daga y se la puse firmemente en el cuello. Todo el mundo miraba sorprendido lo que acababa de hacer, excepto Kizashi, él ya lo sabía.
— La única razón por la cual no he deslizado esa daga por tu cuello, es porque me da lástima acabar con tu patética existencia— pronuncié con desprecio— Pero no dudes en que la próxima vez no tendrás tanta suerte— siseé amenazante. Sentí como ella tembló asustada— A partir de ahora yo mando aquí y cualquiera que se atreva a querer pasarse de listo conmigo, las va a pagar, ¿Fui clara?— me dirigí a todos con voz autoritaria.
— Sí, Haruno-sama— respondieron todos al unísono, excepto ella.
— No escuché bien, o me pareció que no respondiste nada— apreté el cuchillo contra su piel, un hilillo de sangre rodó hasta perderse en su escote.
— Como usted diga, señora— asentí complacida y la solté bruscamente, haciendo que se golpeara el rostro con el suelo.
— Ahora todos a trabajar— ordenó mi padre.
Inmediatamente todo el mundo abandonó la sala. Excepto por Kaguya, Indra y su acompañante.
— Tienes agallas, pensé que seguías siendo la muchachita llorona que tanto me sacaba de quicio— comentó ella maravillada.
— Tuve que hacerlo para sobrevivir— dije— más bien para defenderme de gente como ustedes— pensé amargamente.
— Comenzarán a trabajar de inmediato en cuanto me vaya, necesito que ella sepa bien su trabajo para que nos vayamos cuanto antes— dictó Kizashi.
— Ella ya debe conocer mis protocolos— Kaguya sacudió la mano restándole importancia— Es inteligente, aprenderá rápido.
— Otra cosa que debía informarte— se dirigió a mí ahora— Él estará a tu servicio a partir de ahora— señaló al hombre que venía con Indra— Él se encargará de traerte aquí todos los días y llevarte a casa. Se encargará de ir por los pendientes que tengas, ya que tú tienes terminantemente prohibido salir de esta oficina.
— Mucho gusto, Haruno-sama. Mi nombre es Ashura— se presentó cortésmente.
— Espero trabajar bien contigo, Ashura-san— contesté.
Por alguna extraña razón, él no me dio esa mala espina que siento con cada persona que conozco cuando estoy con mi padre. Él parece diferente, alguien que desborda gentileza y que intenta ocultarla, la pregunta es ¿Por qué lo hace? ¿Por qué está aquí? ¿Qué lo mantiene trabajando para Kizashi?
— Eso es todo, las dejo para que trabajen— él salió de la oficina. Ashura e Indra salieron después por orden de Kaguya y comenzamos a trabajar.
Odiaba este trabajo, es indignante tener que estar aquí y tener que engatusar jóvenes hermosas para beneficiar a mi padre. Seguiré renegando sobre esto hasta el día en que muera.
De camino al nuevo lugar donde viviría, sólo estábamos Ashura y yo. Él estaba callado, con el ceño fruncido, prestando atención al camino o eso quería aparentar.
— Conmigo puedes dejar de fingir— aventuré. Él me miró con atención a través del retrovisor— Eres diferente a los demás, lo sé. He estado rodeada por este tipo de personas toda la vida y tú no me das la impresión de tener la malicia de hacerle daño a los otros.
— Es usted muy persuasiva— alabó— Tiene razón, no estoy aquí porque quiera. Estoy aquí para salvar a mi hermano.
— ¿Quién es tu hermano?— me atreví a preguntar, aunque en el fondo conocía la respuesta.
— Indra— confirmó mis sospechas— Nii-san ha estado pegado a Kaguya desde que lo salvó de ser asesinado y desde entonces hace lo que ella quiera. He intentado convencerlo de que esto está mal, pero él no me hace caso. Así que mi última alternativa fue meterme en esto y mantenerlo vigilado.
— Yo también estoy haciendo esto para salvar la vida de alguien— dije.
— ¿La de quién?— quiso saber.
— La de mi bebé— respondí— Mi padre dijo que si no hacía lo que me pedía, iba a matarlo como lo hizo con el padre de mi hijo.
— Lo lamento— expresó con pena.
— Gracias— dije sutilmente.
— Puede contar conmigo para lo que sea— ofreció con una sonrisa.
Ahora tengo otro aliado en todo este lugar de mierda que me rodea. Creo que debo confiar en él, quizás Ashura me ayude a escapar de aquí y estaré más cerca de volver a ver a mi Sasuke y junto a Sarada seremos una hermosa familia.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Kizashi maldito ¿ cómo se atreve a pegarle a mi bebé y amenazar a Sarada de muerte? Espero que cuando Sasuke lo veo le parta la madre. Sasuke y ella consiguieron personas que los ayudarían en el difícil camino que quisieron recorrer para volver a estar juntos.
¿Vieron la nueva portada de la historia? Es preciosa, la gané en un concurso de One shots en la página Sasuke y Sakura por Siempre. El one shot se llama Christimas Wish pueden leerlo en mi cuenta si lo desean. Estoy muy agradecida con el staff de la página por tan maravilloso obsequio.
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
