Disclaimers en el capítulo 2
Sin ningún preámbulo, les dejo el capítulo. Muchas gracias por todos sus comentarios, eso jamás dejaría de hacer antes de empezar una nueva entrega. Les amo!
Capítulo 26
Regina llegó a casa con Emma con la ayuda de Mary Margaret, la verdad es que les costó un montón poder convencer a Whale, que insistía en que al menos esa noche la pasara en el hospital por precaución, tampoco había olvidado el hecho de que había visto a Emma en un estado al límite de la psicosis, podría estar sana de sus ojos pero lo cierto es que si aun así no veía podría estar pasando por un shock post traumático que debía tratarse, así que sólo accedió cuando Regina le prometió que le mantendrían informado cualquier cambio, y que volverían a una evaluación con Archie.
Fue toda una hazaña subir a Emma por las escaleras, si bien podía mantenerse despierta y seguir instrucciones, a ratos parecía que volvía a dormirse y las espaldas de Mary Margaret y Regina sufrían al tratar de sostenerla. Fue un descanso cuando llegaron a la habitación de la morena y la dejaron recostada encima de la cama.
—Es tarde, si quieres puedes quedarte en la habitación de Henry –Regina agradecía su compañía, no le ofrecía sólo por cortesía el que descansara en su casa.
—No Regina, gracias, le mandé un mensaje a David y viene por mí, debe estar por llegar. Además tenemos que explicarle a Henry lo que ha pasado con Emma, a no ser que prefieras hacerlo tú.
—Me parece perfecto, de todas formas igual mañana llegará preguntando, te agradecería que me adelantaras la tarea.
—¿Cómo lo harás mañana? ¿Quieres que David venga a estar con Emma en la mañana?
—Me temo que no podrá ser posible –ponía cara de complicada- Le di a Graham libertad para estar con Ruby así que necesito que mañana vaya a la comisaría.
—No te preocupes, lo entenderá –se lamentaba- pobre Graham, no lo está pasando mejor que nosotros. Entonces, Emma no puede quedarse sola.
—Cambiaré mi trabajo para la tarde, así que mañana ¿Podrías venir a dejar a Henry? Me temo que le tocará cuidar de su madre, al menos por ahora. Si no es mucho pedir, también necesito que David venga a recoger por la mañana a Henry y que lo lleve al colegio el resto de la semana. Dile que me disculpe, no sé a quién más pedirle ese favor.
Un mensaje de texto le avisó a Mary Margaret que David estaba afuera estacionado esperándola.
—Debo irme, David me espera. Cuenta conmigo –le abrazó despidiéndose- me llamas por cualquier cosa. Mañana viene Henry de enfermero –se sonrió.
Regina la encaminó solo hasta el descanso de la escala, no quería perder de vista mucho tiempo a Emma así que solo espero a que ella se fuera, no volvió a subir hasta que cerró la puerta. Era un gran alivio, pero también una gran sorpresa el poder tratar así nuevamente con Mary Margaret, sentía que poco a poco su corazón iba limpiándose de rencores.
Cuando llegó a la habitación suspiró porque ahora le tocaba la tarea de desvestir a Emma y ponerle su pijama.
—Señorita Swan, ¿Puede escucharme? –Movía a Emma sacándole la ropa como podía- sería una gran ayuda si se pudiera –tomaba a Emma y la trataba de sentar en la cama- …sentar.
—Claro que puedo escucharte brujita –le decía con la voz media balbuceante- he tenido esa pregunta en mi cabeza toda la tarde. ¿Eres molesta sabes?
—No te pases de lista, estás haciendo esto sólo para que yo te saque la ropa –se reía y trataba de juguetear con ella, porque de alguna manera quería que Emma no sintiera su angustia por todo esto- arriba las manos –le sacaba la el sweater por encima de la cabeza.
—Ah sí como si no te gustara verme desnuda –se desplomaba hacia atrás riéndose.
—Ven acá señorita –volvía a tomarla de las manos y la sentaba para poner la camisa de dormir- ¿Cómo te sientes?
—Divertida –medio tambaleándose se abrazó de Regina poniendo su cara justo en el escote de la morena- Ay pero que blandito está aquí, y huele tan rico.
—Ya veo que estás divertida –la separada de sí misma y la recostaba sobre la cama para sacarle los pantalones.
—Tengo hambre, quiero algo dulce.
—Lo único dulce que obtendrás serán mis besos de buenas noches Emma, Whale dijo que no debes comer nada hasta mañana, estas muy sedada como para poder comer.
—Quiero mi strudel –posó sus dedos sobre sus párpados presionándolos- cierto, no puedo ver nada, no tiene caso que lo prepares, con ese delantal, sólo con ese delantal.
Regina no pudo aguantar lo cruel que estaba siendo con ella misma.
—Señorita Swan, no le permito que sea tan negativa- se recostó sobre ella y le tomó la cabeza con ambas manos, acariciando su cabello, tratando de entender por qué razón Emma no podía ver, o no quería ver. Tiernamente rozó su nariz con la de la rubia para luego depositar un beso en cada párpado- Princesa… te prometo que luego vas a recobrar la vista, esto es sólo momentáneo, y cuando eso pase, no solamente te prepararé strudel con ese delantal que tanto te gusta, sino que asearé la casa entera, fregaré pisos, haré la cama, o la desordenaremos, como tú quieras.
Emma, la volteó y cambió posiciones, medio ayudada de la morena, porque fuerzas tenía pocas. Ahora ella estaba encima de Regina.
—Por qué no mejor… la desordenamos ahora mismo –aún mantenía ese aire medio aletargado.
—Porque yo no hago el amor con princesas drogadas, y además aún tenemos un trato, no se aproveche de la situación Señorita Swan –le dio una suave nalgada- a dormir se ha dicho.
Regina estaba exhausta, pronto caería en sueño profundo, supuso que Emma ya estaba durmiendo pero cuando estuvo a punto de cerrar sus ojos la rubia la puso en alerta.
—¿Regina? –Emma se aferró un poco más fuerte a los brazos de la morena.
—Dime –acarició su cabello y la besó en la frente.
—¿Qué pasará si no recobro la vista? Seré una carga para ti.
—Jamás serías una carga. Además, te prometí que volverías a ver –bostezó.
—¿Pero si eso no pasa?
—Seré tus ojos, seré todo lo que necesites. Ya duérmete, no pienses más.
El Sr. Gold y Belle habían estado gran parte de la mañana haciendo inventario y renovando el orden del negocio de antigüedades, hacía mucho tiempo que no lo hacía, incluso encontró cosas que no sabía que tenía, y otras que incluso no recordaba cómo las había conseguido.
—Un pergamino muy antiguo, ¿puedo leerlo? Ya estoy cansada de mover cosas, quiero recostarme un momento a leer algo –Belle desenrolla el pergamino- una lástima, está en un idioma que no conozco ¿Dónde lo conseguiste?
—Es un pergamino que le cambie a una rubia barda por un simple favor –pasó su mano por el pergamino traduciendo el texto- Es muy interesante.
—¿De qué se trata? –Belle se emocionaba ante la inmensa longitud del texto para sólo ser un pergamino.
—Es la historia de una princesa guerrera, y de cómo encontró su redención, te va a gustar –Gold le hacía una seña para que hiciera lo que quisiera por el momento.
—Creo que tendré una linda tarde de lectura –le depositó un beso rápido en los labios y se retiró- me llamas si necesitas algo.
La campaña de la puerta sonó y unos sonoros tacones se dejaron escuchar caminando hacia el muestrario principal donde estaba Gold.
—Buenas tardes Gold –Regina dejó caer en mueble el libro de hechizos que alguna vez Gold le había entregado haciendo uno sonido lleno de eco en el lugar- Necesito ayuda.
—¿Qué te hace pensar que puedo ayudarte? –Seguía ordenando objetos sin voltearse hacia Regina.
—Al menos podrías intentarlo. Gold, sé que me advertiste de esto, pero no sé qué más hacer.
Al fin Gold se volteó y se quedó mirando el libro de hechizos prohibidos, que estaba abierto justo en el que Regina había usado con Emma.
—Interesante, es un hechizo muy poderoso y efectivo –lo apuntó con un dedo- pero ¿leíste la letra pequeña?
—Sí y no… ¿eso importa ahora? Necesito que ayudes a Emma, debe haber alguna forma de romper el pacto con Morfeo.
—Ohhhhh Señora alcaldesa me temo que eso no es posible.
—¿Por qué? Gold necesito saber qué pasará. ¿Por qué estás tan seguro de que no puedes ayudarme?
—Porque las cosas deben seguir su curso, tú elegiste un camino y ahora debes terminarlo. Es como cuando inicias un bordado con la primera puntada –hacía el gesto con la mano de sostener una aguja.
—¿A qué te refieres Gold? Sé que algo sabes, desde el principio me advertiste, ahora necesito que me lo digas.
—Te lo explico de ésta manera. Imagina un gran bordado, yo puedo verlo desde arriba, pero no puedo ver el resultado final, sólo sé que está quedando perfecto, y que el dibujo a seguir es muy bello. En cambio tú, sólo puedes verlo desde abajo, un poco confuso, los hilos enredados y eso te pone ansiosa. Regina, diste la primera puntada en un dibujo que creí que nunca mirarías, pero es parte del destino, parte del plan, tu plan.
—¿Mi plan? Gold, estoy arrepentida, quiero ver a Emma feliz.
—Quizás no se trate de Emma, para mí, ella es solo la tela del bordado, una tela perfecta donde puedes bordar.
—Gold ya basta con tu bordado, y dime algo productivo.
—¿Vienes por una pelea o por un consejo?
—Consejo Gold –suspiraba- necesito saber qué es lo mejor para ella.
—Lo mejor para ti Regina. ¿Aún no entiendes que Emma tiene un propósito? Lo mejor para ella es cumplirlo, luego de eso, ella será feliz.
—Mi único propósito ahora es hacerla feliz. ¿Sabes lo doloroso que es no poder hacer feliz a quien amas?
—¿Sabes lo doloroso que es para Emma no poder hacer realmente feliz a quien ama?
—Soy feliz con Emma, lo que dices no tiene ningún sentido.
—Y sin Emma, ¿quién serías Regina?
De sólo pensarlo ya se amargaba completamente, había pasado tan poco tiempo desde que aceptó su amor por la rubia y parecía que nunca más quisiera volver a esa vida, era algo lejano, casi ajeno a ella.
—No quiero ni imaginarlo. Esa vida no la quiero de vuelta.
—¿Quieres un consejo Regina? –Gold cerró el libro- Estás haciendo sufrir a Emma más de la cuenta, y eso es cruel, déjala sola, y las cosas seguirán el curso correspondiente, como debe ser. Sólo retrasas lo inevitable.
Dejarla sola era lo único que no podía hacer Regina por Emma, menos en la condición que ahora estaba, ¿Qué demonios era lo que quería Gold que hiciera? Abandonarla no estaba en su mente, no entendía cómo eso podría ayudarla.
—Bien, tomaré tus palabras y lo pensaré, no me has dado nada en concreto –guardó el libro en su bolso- Necesito otro favor, Ruby ¿Puedes hacer algo por ella?
—¿Ruby? Me temo que tampoco puedo hacer nada por ella.
—Gold, escúchame bien, Graham y Ruby son mis amigos, y hasta ahora no sé cómo ayudarlos, estoy segura que tú si puedes. Además ¿Se te olvida que Ruby está así por salvar a Belle?
—No lo he olvidado Regina, no –negaba con su cabeza- para nada. Pero Ruby y Graham son parte del bordado querida. Los recompensaré en su justo momento.
—¿Qué? –Regina había evitado enojarse durante toda la conversación pero esto parecía una broma- Muchas gracias por nada –se giró caminando furiosa hasta la puerta.
—Regina…
—¿Ahora qué?
—Además de Ruby ¿Cuántas personas conoces que darían su vida por los demás?
—A nadie más.
—Te equivocas.
Regina terminó por enojarse y salió dando un fuerte portazo, haciendo que la campana se cayera al suelo. Había olvidado lo molesto que era hablar con Gold, siempre con sus acertijos, alusiones extrañas y sus fábulas de otros planetas.
—¡Hey! –Belle entraba por una puerta con el pergamino estirado- no me dijiste que una de ellas debía morir, esto no será un final bonito.
—¿En serio una de ella debe morir? –Se tomó la cabeza tratando de acordarse de la historia- Lo siento mi amor, debo haber leído alguna historia parecida en internet y me confundí. Pero no has terminado de leer todo el pergamino.
—No, voy por un té y sigo en ello. ¿Necesitas algo?
—No para nada, sigue con tu lectura, no recuerdo ahora bien como termina pero estoy seguro de que es un final hermoso –le sonrió y siguió ordenando los objetos detrás del estante, con un aspecto demasiado feliz, nada congruente con el ánimo que debía tener por el enojo que Regina tenía debido a su incomprensión.
Henry se sentía un poco mal por Emma, en realidad no sabía qué hacer para entretenerla un rato, había jugado en la play toda la tarde pero no era lo mismo, porque Emma ahora que no veía nada, no podía opinar de su juego, o acompañarlo en alguna partida matando zombies. Así que después de pensarlo mucho, se le ocurrió algo que sí podía hacer con ella y pasar un buen rato.
—¿Emma? He pedido unas hamburguesas a Granny´s a domicilio, y Leroy llegó con ellas, bajemos a comer.
—¿Estás seguro? Creo que tendré problemas para bajar la escalera.
—Vamos, yo te ayudo.
—Sí claro, veamos que sale de esto –se reía y se ponía de pie.
La verdad es que había estado acostada todo el día y ya se estaba aburriendo, se sentía bien, no estaba enferma, sólo ciega, que no era menor, pero no iba a estar toda la vida postrada en esa cama.
Entre risas y un poco de nervios por caerse, bromeando y todo sólo pudieron bajar unos cuatro escalones, a pesar de las indicaciones de Henry se dieron cuenta de que era muy peligroso. Así que Emma se sentó en el escalón y comenzó a bajar sentada, entre risas llegaron abajo, Emma se sentía un poco ridícula haciendo esto pero al menos se estaba riendo.
—Creo que engordaré como una vaca mientras esté así –se saboreaba y le daba un par de mascadas a la hamburguesa dejando caer un poco de mayonesa por la comisura del labio- esto está exquisito.
—Creo que mamá tiene más cosas en la despensa.
—¿De verdad quieres que engorde no?
—Tengo una idea.
—¿Esa idea molestará a tu madre? –Comenzó a reírse con picardía- me apunto si es así.
—Que se enoje me da igual, yo quiero pasarlo bien aquí contigo –le pasó una servilleta para que se limpiara.
Terminaron las hamburguesas y Henry comenzó a revisar la despensa.
—Tenemos papas fritas, galletas, bolitas de chocolate.
—¡Chocolate! ¡Eso es mío, mío, mío! –levantó la mano para hacerse con su sabor preferido.
—Las papas fritas son mías –Henry sacó los dos paquetes de golosinas y tomó de la mano a Emma y la llevó a la sala principal.
—Bien, entonces debes ayudarme a mover la mesa de centro, tú solo sígueme por donde vaya tirando. Esto será peligroso para lo que quiero que hagamos así que debemos moverlo.
Entre risas y un par de tropezones, dejaron la mesa pegada a la pared.
—¿Y ahora qué?
—¿Cómo está tu memoria fotográfica? ¿Recuerdas dónde están dispuestos los sillones?
—Más o menos.
—Ven aquí –la tomó de la mano y la dirigió- Aquí está el sillón grande de la derecha –le hizo tocarlo y comprobar la longitud de él- acá el sillón pequeño –hizo lo mismo- y más acá el otro sillón grande –la dirigió al sillón del principio- y esta es la distancia que hay con el primero. ¿Todo bien?
—Perfecto, pero no entiendo.
—Ahora toma tus chocolates y tenme las papas fritas. Yo quiero estar igual que tú, así que vendaré mis ojos –con un pañuelo se tapó los ojos, no podía ver nada, al igual que Emma.
—Ah sí, ahora sí hacemos perfecto equipo Henry –a tientas buscaba la cabeza de Henry y le desordenó el cabello riéndose.
—Dame tu mano –torpemente entre los dos subieron a uno de los sillones más grandes- Abre tu paquete de golosinas, y ahora –Henry comenzó a saltar de a poco en el sillón- solo debes saltar y comer.
—Pero se caerá todo al suelo –se metía un montón de chocolates en la boca y comenzaba a saltar con Henry, guardó un poco en su mano, cosa que hizo que se derritieran un poco.
—Es la idea, simplemente sientete libre –audazmente, y sin ver nada, Henry saltó al otro sillón grande, dejando una cantidad de papas fritas tiradas por el suelo, pero aterrizando bien.
—Ok, me gusta, Regina nos va a matar y eso me encanta –se rio con ganas y se lanzó al sillón más pequeño, quedando con la mitad de la bolsa de chocolates porque los tiró casi todos, sin contar la gran marca de su mano con chocolate que le regaló al blanco sillón- A esto le hace falta algo –lo pensó mientras seguía saltando- pongamos algo de música.
Henry se bajó del sillón y memorizando bien donde estaba el equipo de música se fue casi corriendo, en su carrera algo pasó a llevar y sonó un estruendo de algo que se quebraba en mil pedazos en el suelo.
—Algo he roto Emma –se comenzó a reír- y lo que sea, mamá estará molesta.
—Si no me equivoco, por la ubicación, es el jarrón chino que Regina tanto ama –seguía saltando- Felicidades ¡estás muerto Henry! –tomó un puñado de chocolates y se los tiró tratando de apuntarle.
Henry recibió algunos chocolatazos en la cabeza y los recibió con honor, a tientas, y tocando en el mueble dio con el equipo de música, presionó algunos botones hasta que pudo prenderlo. Inmediatamente comenzó a sonar una canción.
—¡Bien! ¡Smash Mouth!
—¡Woooooooow! I'm a beliiiiiiiever –gritó Emma levantando las manos y comiendo otro puñado de chocolates.
Así los dos siguieron saltando por los sillones, tratando de darse en la cabeza con las golosinas hasta que se les acabaron porque la mayoría estaban regados por el suelo.
—Emma, creo que hay helados en la nevera –Henry se sacó por un momento la venda de los ojos para ir más rápido y sacarlos –hay frutilla y chocolate –le gritó hacia la sala.
—¡Ya sabes cual es el mío chico!
Si antes ya tenían un gran desastre ahora era peor, porque desde los potes de helado no solo comían, sino que se los tiraban tratando de darse en el cuerpo, muchas de las bolas de helado dieron en la muralla dejando una grandes manchas chorreantes.
—¡Guerra de cojines! –gritó Henry
Dentro de la lucha que tenían, medio pisando golosinas del suelo, medios sucios por el helado, no pudieron evitar pensar en que en cualquier momento llegaría Regina. Algunos cojines se rompieron y las plumas comenzaron a volar por los aires.
—Esto es la gloria Henry –saltaba de un lado hacia otro, a veces no apuntando en el golpe del cojín y pasando de largo, pero la rubia tenía buen equilibrio.
—¿Puedes ver aunque sea un poco Emma? –saltaba de un lado a otro con gran agilidad.
—La verdad… ni una mierda –se desmandibuló riéndose.
—¡Hey! Dijiste mierda.
—Tú no puedes decir mierda.
—Mierda, mierda, mierda Wooooooooooooooow! Digo mierda –A Henry le pareció gracioso que su madre se permitiera decir una mala palabra delante de él y no perdió tiempo en tomar confianza.
—No Henry, tu madre me mata si te oye decir mierda y sabe que yo te lo permití –saltó donde Henry y le mandó un cojinazo que lo mandó al suelo.
—Emma no es justo tienes más fuerza que yo –tomó otro cojín más lleno de plumas y comenzó a darle a Emma que estaba en posición fetal riéndose, permitiendo que Henry le diera con todo.
Regina bajó de su mercedes y buscó las llaves en su bolso, mientras se iba acercando comenzó a escuchar la fuerte música que provenía de su casa, hasta donde ella sabía, fiestas en su hogar jamás lo habría permitido, pero Emma y Henry solos en casa eran una caja de pandora, no quería ni imaginar qué estaban haciendo ahora, menos con la actual situación de Emma.
Cuando entró no hizo más que dejar caer su bolso al suelo y tapar su boca anonadada con la imagen que sus ojos veían. Paredes con helado, suelo con papas fritas pisadas, manos marcadas e chocolate en sus sillones, su bello jarrón chino hecho trizas y un millar de plumas volando por el suelo, sin contar que sonaba I'm believer a un volumen por encima de lo que ella acostumbraba a escuchar música. Cerró la puerta de golpe para anunciar su llegada.
—¡La reina ha llegado! –gritó Henry saltando al otro sillón.
La morena se quedó ahí mirándolos, pensó que si esto hubiese ocurrido hace un par de meses atrás estaría como un demonio echando chispas por los ojos, pero ahora mismo, lo único que salían de ellos eran lágrimas. ¿En qué momento pasó esto tan maravilloso? Su familia, su Henry solidarizando con su madre vendándose los ojos y haciéndola reír, y Emma, el amor que jamás volvería a encontrar, a pesar de todo el daño que le había hecho, ciega y con un montón de heridas en el alma estaba riendo y saltando como una niña.
Regina se acercó de a poco, miró hacia el cielo viendo como todas las plumas caían en su rostro, era todo tan desastroso pero tan bello. Unos pasos más llegó donde Emma.
—¿Qué significa esto? –le dijo Regina con apenas un hilo de voz mientras se comenzaba a contagiar de una inexplicable risa.
—Jugamos su alteza ¿Quiere unirse? Tenemos helado, es todo lo que queda –Emma tomaba el pote de helado del sillón que ya estaba medio derretido y le ofrecía una mano para que subiese.
Sin cuestionárselo, la morena se sacó el abrigo y dejó los tacones en el suelo para poder subirse. Se abrazó a Emma que torpemente sacaba una cucharada de helado y se la ofrecía a Regina, la cual medio riéndose aceptó el bocado. Antes de poder tragarlo todo la morena besó profundamente a Emma, la cual dejó caer el pote, manchando el vestido de la morena, aún más el sillón y parte del suelo.
—Se están besando ¿verdad? –nadie le respondió- claro que se están besando, suerte que no veo ni una…. nada –se arrepintió de lo que diría y siguió saltando- ¿Van a besarse toda la noche? ¿Alguien quiere responderme?
—No puedo responderte si estoy besando a tu madre Henry –le dijo Emma gritando.
Regina le dio un manotazo en el brazo tentándose de la risa.
—Entonces, jugamos –Regina tomó un cojín y saltó donde Henry –no tendré piedad sólo porque seas mi príncipe preferido ¿eh?
—No tienes ningún otro príncipe, así que debes tenerme piedad –le devolvía los golpes con su cojín.
Así pasaron un bien rato jugando, con la sala principal hecha un infierno, pero un infierno lleno de entretención, al menos por el momento, en el cual ninguno de los tres pensó en nada más que lo que ahora hacían. Ser felices.
Ya sé que prometí escena sexy, pero se las guardé para el próximo capítulo. Es demasiado tarde y quiero publicar ahora, así que no hay avance de lo que viene. Tampoco se los iba a dejar jajajajaja.
Un beso y muchas gracias por sus comentarios
