CAPÍTULO 26

Mycroft, ¿me lo vas a decir o no?

Mm…—sus gemidos ahogados resuenan en las paredes del baño, entre el vapor del agua, en mi cabeza—. Por favor, Gregory.

Sólo te lo daré si me lo cuentas—aunque no creo que yo pueda aguantar mucho más.

Está bien, pero por favor, date prisa.

No me puedo resistir cada vez que me lo pide con esa voz, y ya le he hecho sufrir bastante. Le doy lo que quiere, lo que yo más deseo, y al terminar nuestras piernas acaban flaqueando a causa del esfuerzo y del placer. Cierro el grifo de la ducha y tiendo sobre los hombros de Mycroft una toalla para secarle. Yo me pongo mi recién descubierto albornoz y salimos a la habitación para secarnos bien.

¿Y bien?—tengo a Mycroft sentado frente a mí, dejando que le secara el pelo con la toalla—. ¿Qué sabes de Lindström?

Bastantes cosas. Como por ejemplo que consiguió confundirme años.

¿Qué quieres decir?

Cuando le liberaste del secuestro, intenté concertar una cita con él. Sabía que ocultaba información, pero evadía todas las posibles reuniones.

¿No intentaste secuestrarle mientras iba por la calle? Eso te suele funcionar.

Nunca lo conseguí con él, y por eso me di cuenta.

Dejo la toalla sobre sus hombros y le miro fijamente. Aún tengo grabada en mi memoria su cara en ese momento, las sombras en su rostro, el azul de sus ojos, la gota que le caía por la nariz y que le limpié con el pulgar.

Él es Artem—digo sin dudarlo, y la expresión en los ojos de Mycroft me lo confirmó.

Sabía que en cuanto le viera lo deduciría, por eso me evitó a toda costa. Pero no le sirvió de nada.

¿Y por qué no me lo has dicho cuando te he preguntado antes si sabías el nombre del ucraniano?

Porque sigo teniendo miedo, Gregory, te lo he dicho. No quiero ocultarte nada, pero si te digo absolutamente todo puede acabar en desastre. Y no quiero estropear lo que tenemos ahora mismo, Gregory—pone su mano sobre mi cara y cierro los ojos para disfrutar del contacto.

Tienes que confiar en mí.

Confío plenamente en ti, pero no en mí.

¿Qué quieres decir?—abrí los ojos.

Ya te puse en peligro suficiente tiempo, y lo más probable es que vuelva a hacerlo. Quiero atrasar ese momento lo máximo posible.

Le devuelvo la caricia y Mycroft me besa la mano elegantemente, como sólo él sabe hacer. Entiendo su sufrimiento y sus dudas: yo querré hacer algo, y para ello tendré que ponerme en peligro. Él no quiere que me pase nada, pero no se puede negar a que lo haga por propia voluntad.

Si realmente es Artem, tengo que hablar con él.

Lo suponía—dice Mycroft resignado.

No te preocupes tanto, soy un policía al fin y al cabo. Es parte de mi trabajo estar en peligro, y sé cómo reaccionar bajo presión—le doy un beso en los labios—. ¿Entendido?

Sí, pero con una condición. Dame media hora para estudiar un plan y reducir el peligro.

Está bien, no perderé nada.

Lindström, Koval o como se llamara seguía sentado frente a él, con las piernas cruzadas, los brazos estirados sobre el respaldo y meneando la pistola.

— ¿Sabe qué? Cuando me avisaron de recepción que usted había venido a verme, me sorprendí. Por supuesto tenía previsto que viniera, si no, no estaría aquí; pensé que me visitaría en un par de días.

—Parece ser que nunca sigo bien sus planes—dijo Greg irónicamente.

—No, desde luego. Es una cualidad loable. ¿Y sabe qué estoy pensando ahora mismo? Usted ha venido sabiendo quién era, y lo que es más importante con el consentimiento de su amigo Holmes. Eso significa que ha venido con un plan preparado. ¿Qué es, una emboscada? ¿O me está entreteniendo para que su amigo encuentre algo referido a mí? No, eso sería demasiado simple—se contestó a sí mismo en voz baja, moviendo su mirada como si la solución se encontrara entre esas paredes.

Greg no decía nada, ¿para qué lo iba a hacer? Ese hombre disfrutaba oyéndose a sí mismo, y eso le favorecía. Cuanto menos dijera, más posibilidades había de que todo saliera bien.

—De todas formas, aunque me haya pillado por sorpresa no se lo pondré nada fácil. ¿Le importa si enciendo la televisión?—dijo Lindström agarrando el mando a distancia de la mesilla—. Oh, por supuesto que no—presionó el botón de encendido y se iluminó la televisión en el otro lado de la sala— Vaya, este canal no me gusta. A ver, a ver…—cambió los canales hasta pararse en uno concreto—. Este me gusta, veamos qué dicen—subió el volumen y Greg escuchó atentamente.

"…encontrado. Y ahora vayamos con nuestra colaboradora Hillary Sandford, quien tiene noticias de última hora. Buenos días, Hillary".

"Buenos días, Cristine. Me encuentro a las puertas del hotel donde se aloja el exembajador sueco Christoffer Lindström, quien hace unos meses fue secuestrado por una unidad terrorista en esta ciudad. Hace escasos minutos vimos pasar al interior del hotel al Inspector de New Scotland Yard Gregory Lestrade".

—Qué pena—dijo Lindström—, no han dicho su cargo entero—Greg le ignoró y siguió escuchando a la reportera sentado al borde del sofá a causa del interés.

"El inspector Lestrade fue el que liberó a Lindström y a los embajadores de Ucrania y Egipto del secuestro, además de ser el que resolvió el asesinato de Ana Schmidt, antigua novia de Lindström".

"Vaya, Hillary, parece que nos encontramos ante una situación complicada. ¿Se sabe por qué ha ido el Inspector Lestrade al hotel?"

Empezaron a aparecer imágenes en bucle mientras hablaba la reportera, unas que mostraban a Greg pasando entre los periodistas para ir al hotel. Lo que había pasado apenas unos minutos. Duraban sólo unos segundos, pero se le reconocía perfectamente, y lo que era peor, los periodistas le habían reconocido en seguida. O a lo mejor se lo habían chivado desde la recepción del hotel para hacer propaganda.

"Suponemos que tenía una reunión concertada previamente con el exembajador, pero lo que nos extraña es que no se hiciera en Scotland Yard. Por otro lado, los medios de comunicación aquí presentes nos preguntamos por qué tienen esta reunión, ya que tanto el secuestro como el asesinato de la diplomática son casos cerrados".

"¿No podría ser una visita de cortesía?".

"Podría ser, Cristine, pero desde aquí yo tengo la sensación de que esa no es su intención. Tendremos que esperar a que salga el Inspector para tener más noticias".

"Muchas gracias, Hillary. Y en otro orden de cosas…"

Lindström quitó el sonido a la televisión y se giró hacia Greg.

—No preparó muy bien su intromisión en el hotel, Detective. Ahora saben que estamos los dos aquí. ¿Cree que es bueno o que es malo?

—No lo sé—dijo Greg completamente serio.

—Mm…—Lindström frunció los labios, mirándole detenidamente, como si quisiera adivinar algo—. Tiempo al tiempo. ¿De verdad no le apetece tomar nada? No, claro que no—Greg se dio cuenta que ese hombre tenía manías muy raras, como contestarse continuamente a sí mismo—. Seguramente piensa que he envenenado todas las bebidas de la habitación. ¿Prefiere que ordene algo al servicio de habitaciones? A mí me parece una idea estupenda, nada fortalece más una amistad como la bebida.

—Usted y yo no somos amigos.

—Soy su amigo anónimo, por si lo ha olvidado. Además, ¿qué más da? Es sólo una excusa para que pueda saborear una última botella del alcohol más exquisito que tengan.

Lindström marcó por teléfono y pidió una botella de Rusty Nail.

—Tardarán un poco, tienen que hacer la mezcla. Pero le garantizo que valdrá la pena. ¿Le gusta el whisky escocés?

—Yo no bebo whisky.

—Esta es una ocasión especial, querido amigo.

—Lo único especial que veo es su pistola, nada más.

—En un par de horas no lo verá igual.

— ¿Qué tiene planeado, Lindström? —intentó provocarle, pero el exembajador no picó el anzuelo.

—Oh, muchas cosas, Detective. Sin embargo no sería divertido si se lo cuento todo de una.

—Me dijo lo mismo sobre Russ y me dejó con la historia a medias.

— ¡Es cierto!—exclamó como si se acabara de dar cuenta de ello, y a Greg le puso nervioso que siguiera sacudiendo la pistola con cada movimiento de mano—. Qué desconsiderado por mi parte. Le haré un último regalo, le contaré todo. Recuérdeme… ¿Por dónde se quedó?

—Usted le metió en la banda terrorista.

—Ay, qué tiempos aquellos—dijo con un suspiro fingido—. Yo me llevaba bastante bien con algunos miembros de esa banda, me divertía mucho. Y cuando Russ me pidió ayuda para que le integrara ahí y poder destruirla desde dentro… ¡sería aún más divertido! Además, ya me estaba cansando de ellos, les eliminaría en cualquier momento y pensé: "¿por qué no? Ayuda a tu viejo amigo y exprime la experiencia". Y eso hice. Le presenté al cabecilla del grupo y en seguida se ganó la confianza de todos. Era muy buen actor, ¿sabe? Podría haber triunfado si no hubieran asesinado a sus padres.

— ¿Y usted qué hacía mientras tanto? ¿Estudiaba, trabajaba en Londres? ¿Estaba en Suecia? —Greg sabía que esa oportunidad era única, tenía que sacar el máximo de información posible. Pero Lindström no estaba por la labor.

—Eso es irrelevante, querido amigo. El importante aquí es Charlie. Consiguió compaginar su vida en el Servicio de Inteligencia Secreto con la de terrorista infiltrado. Incluso llegó a mis oídos que participó en algunas operaciones complicadas… Bueno, eso ya da igual. Con los años volví a tener interés por la banda terrorista, quería que siguieran haciendo de las suyas, así que le advertí a Charlie que no hiciera nada contra ellos. No se puede imaginar cómo se enfadó en ese momento—Lindström se llevó las manos a la cabeza en un movimiento exagerado—. Que si no iba a hacerme caso, que tenía que hacerles pagar por lo que le pasó a sus padres, que si hacían mucho mal a la sociedad… ¿No le parece muy relativo eso del "bien" del "mal"? Algunos policías tienen esos conceptos muy difusos, ¿se ha encontrado con alguno así? Da igual, le seguiré contando—realmente el hombre disfrutaba con el sonido de su voz, si no Greg no se explicaba que pudiera hablar tanto tiempo de carrerilla sin ni siquiera dejarle contestar con monosílabos—. Le amenacé, por supuesto, y creo que él no se lo tomó muy bien. Me dijo algo de que no me consideraba su amigo o algo por el estilo, nada que realmente me afectara. Charlie se convirtió en un verdadero problema, Detective. Su mayor afán a partir de ese momento fue destruir mi negocio… Ah, claro, ahora tendría que decirle cuál era mi negocio. ¿No se le ocurre cuál podría ser? ¿No?—ni siquiera le dejó contestar a Greg—. Piense un poco, no le debería costar mucho. A fin de cuentas usted lleva detrás de ello bastante tiempo.

— ¿El tráfico de diamantes? ¿Es usted?

— ¡Exacto!—gritó Lindström como si hubiera acertado uno de sus acertijos, y de paso volvió a sacudir la pistola en su mano—. ¿Lo ve? Si se esfuerza puede llegar lejos. ¿Por qué cree que hice a mi alter ego ucraniano? Las relaciones con Rusia son infinitamente mejores que con otros países. ¿Y sabe lo más curioso? ¡En mi vida he pisado Ucrania! —se empezó a reír como si hubiera oído el chiste más gracioso de su vida, y Greg cada vez estaba más convencido de que ese hombre estaba loco. Y los locos eran los más peligrosos.

—Así que decidió de un día para otro meterse en el tráfico de diamantes… Muy bien, pero ¿cómo le afecta eso a Russ?

Cuando Lindström consiguió parar su ataque de risa se limpió las lágrimas y abrió la boca para contestar, pero llamaron a la puerta. Era el servicio de habitaciones con la botella que había encargado, así que sacó dos copas y puso una cantidad considerable en los dos vasos. Le dejó su copa a Greg en su lado de la mesilla, pero ni siquiera se dignó en agarrarla.

— ¿No probará ni un sorbo? No sea maleducado, Detective, o no le seguiré contando la historia. Aún no he llegado a la parte más interesante.

Con todo el acopio de voluntad que tenía desechó las dudas que tenía en su cabeza sobre la integridad de la bebida y tomó un sorbo. No era tan desagradable como el whisky solo, pero seguía sin gustarle demasiado.

— ¿A qué está delicioso? —con una mano Lindström sujetaba la copa, cerca de sus labios, y con la otra seguía sacudiendo la 9 mm.

—Sí—mintió Greg y volvió a dejar la copa sobre la marca que había dejado antes en la mesilla—. Ahora dígame qué relación tenía Russ con el tráfico de diamantes.

—Era la principal fuente de ingresos de la banda terrorista. Obviamente no sabían que era yo el responsable, creían que era mi alter ego, Koval. Pero Russ lo descubrió, y se propuso matar dos pájaros de un tiro: acabar con la red de tráfico de diamantes para arruinarme a mí y a la banda terrorista. Yo me quedaría sin ingresos, y la banda se desintegraría. Lo hubiera conseguido si no llega a ser por su amigo Mycroft, porque mi alter ego no sólo se dedicaba al comercio de diamantes, ¿sabe? Tenía una tapadera mucho más sólida, con varias empresas completamente legales en Ucrania. Pero la maldita crisis… ¡La crisis lo estropeó todo!—de repente Lindström se enfureció y derramó una buena cantidad de su bebida a la alfombra—. Las decisiones que tomó su amigo entonces destruyeron mis empresas. ¡Mi tapadera a la basura!—se terminó el Rusty Nail que no había derramado y estampó la copa vacía contra el suelo de madera, lo que pareció tranquilizarle—. ¿Entiende por qué quiero destruir a su amigo con tanta ansia? Pero no todo fue tan malo, ¿sabe? Gracias a mi trabajo en Suecia pude leer los informes de quienes habían participado en todo eso de la crisis en Ucrania. ¿Y a que no adivina qué? El nombre de Ana Schmidt aparecía en esos papeles. Y una foto. Era bellísima, pero no fue eso lo que me llamó la atención. Aún no tenía el doctorado y su carrera era brillante. Mientras hacía mis primeros atentados contra Holmes la investigué a fondo, completamente. Me gasté un buen dinero, pero mereció la pena.

— ¿Qué ocurrió? —preguntó Greg porque sabía que si seguía mostrando aunque sólo fuera un poco de interés, Lindström seguiría hablando.

—Yo tenía sobornada a la policía, y por un módico precio. Ellos no se metían en el negocio de los diamantes y yo sólo me desprendía de una ínfima cantidad de dinero. Todos salíamos ganando, pero descubrí que había algunas personas dentro del cuerpo de policía que aun aceptando los sobornos, siguieron investigando a escondidas. Algo parecido a lo que ha hecho usted todo este tiempo, para que se haga una idea. Pues bien, pidieron la colaboración de Ana, y ella les ayudaba encantada. Obviamente tenía que tomar cartas en el asunto, ¿no le parece?

Y de repente Lindström se desinfló como un globo. Toda la energía y la vitalidad que tenía desaparecieron en un segundo, y miró aburrido el reloj de pulsera.

—Qué mal, ya es hora de comer. Con razón tenía hambre. Pediré dos solomillos al restaurante, sé de sobra que es uno de sus platos favoritos—empezó a marcar en el teléfono, pero un rápido vistazo a la televisión le hizo recobrar la sonrisa—. ¡Vaya, vaya! ¡Esto sí es una sorpresa! Para usted, digo—sonrió a Greg de oreja a oreja mientras volvía a poner el sonido a la televisión.

Greg miró la televisión y se le cayó el alma a los pies cuando vio su fotografía de archivo de Scotland Yard en la pantalla.

"…una última hora relacionada con la reunión del exembajador sueco Christoffer Lindström y el Inspector Gregory Lestrade. Acaba de llegar a la redacción de esta cadena información privilegiada proveniente de una fuente anónima en la que hay indicios suficientes para afirmar que el Inspector Lestrade amañó las pruebas de su más célebre caso, el caso Schmidt. Según esta fuente anónima, que se hace llamar "amigo anónimo", no sólo amañó las pruebas para obtener una gloria inmerecida sino que también ha estado chantajeando a personas involucradas en el caso Schmidt para que no dijeran la verdad a los medios de comunicación. Desde aquí queremos agradecerle a este amigo anónimo que…"

Lindström cambió de canal sin previo aviso, y volvió a ver su fotografía de archivo. Así una y otra vez, y con cada cambio de cadena la entereza que Greg había conseguido mantener se desmoronaba un poco más, así como sus esperanzas de que todo saliera bien. Lindström volvió a poner el primer canal, donde en ese momento ponían todos los vídeos de archivo en los que él había salido por televisión.

"…llegando más información a nuestra redacción. Concretamente las cartas de chantaje y varias fotos de la vivienda del Inspector Lestrade".

A continuación Greg vio varias fotos de su casa desordenada, y sobre todo del mural.

—Fue fácil conseguir esas fotos, Detective. Tendría que haber puesto más cuidado en la cerradura que ponía en su puerta—dijo Lindström con sorna, pero Greg le ignoró por completo—. Ah, sí, no se preocupe, truqué las fotos para que no pudieran ver el contenido de mis cartas—la imagen cambió a una ampliación de la foto del mural, una ampliación con la fotografía de Mycroft—. Vaya, esa se me olvidó. Qué mala cabeza tengo—dijo como chiste, y a Greg le entraron ganas de abalanzarse sobre él y estrangularle. Pero antes de que llegara a él habría recibido un balazo, y tampoco le daba tiempo a sacar su pistola.

— ¿Qué has hecho, Lindström?—dijo intentando contener su enfado, aunque no podía impedir que le temblara el cuerpo: una voz empezó a leer en la televisión una de esas supuestas cartas amenazadoras que había enviado Greg.

En ese momento de tensión su móvil empezó a sonar, y Greg dejó que saltara el buzón de voz. Pero volvían a llamar, así una y otra vez. Durante cinco minutos sólo se escuchó en esa habitación la canción de los Beatles: "Help, I need somebody. Help, not just anybody. Help, You know I need someone. Help!"

—Muy apropiada esa canción, ¿no cree? —Lindström empezó a canturrearla por lo bajo mientras seguía sonando el móvil—. Conteste, no sea tímido.

Con temor Lestrade sacó el móvil del bolsillo y vio que era Bickerton. Tragó saliva, nervioso. Sus manos y su frente sudaban a borbotones, y no conseguía que su cuerpo dejara de temblar del miedo y de la ira que sentía.

— ¿S-sí? —contestó con la poca voz que se vio capaz de reunir.

— ¡Lestrade! ¡Ven ahora mismo! ¿¡Es que no estás viendo la televisión!? ¡Todos los canales hablando de ti!—gritaba tanto que Greg se tuvo que apartar el móvil del oído—. ¡Y no son los únicos en recibir cartas anónimas! Lestrade, Asuntos Internos te está investigando, ¡ahora mismo! Por Dios, Lestrade, dime que todo es mentira… ¡Ni se te ocurra decirme que lo de Schmidt fue una mentira! ¡LESTRADE, CONTESTE!

Jamás había visto a Bickerton tan alterado, y Greg se quedó tan bloqueado ante los gritos de su superior que colgó. No era lo mejor, lo sabía, pero no tenía más alternativa. Todo su mundo se estaba derrumbando en ese instante, pero parecía que era algo que le estaba sucediendo a otra persona.

Apagó el móvil cuando la canción de los Beatles empezó a sonar de nuevo y se dirigió a la puerta como si le fuera la vida en ello. Y de hecho, así era.

— ¿Dónde cree que va, Lestrade?

—A limpiar mi reputación y decirle a todo el mundo que eres un puto mentiroso, chantajista y criminal de mierda.

Ya tenía la mano en la cerradura para abrir la puerta cuando escuchó que Lindström quitaba el seguro a la 9 mm. Se quedó petrificado y fue dándose la vuelta lentamente.

—Eso está mejor. Con lo bien que lo estábamos pasando, ¿y quiere abandonar la fiesta tan pronto? Siéntese—le indicó el sofá donde antes estaba sentado con la pistola. Pensó en sacar su pistola, pero Lindström adivinó sus pensamientos—. Ni se le ocurra sacar su arma, Lestrade, o nos meteremos en un gran problema.

—Yo ya estoy en un gran problema.

—Entonces no lo estropee más y siéntese—volvió a indicarle el sofá con la pistola y Greg obedeció. Volvió a sentarse donde estaba antes, conteniendo su odio hacia Lindström, quien suspiró dramáticamente—. ¿Es que sigue sin entenderlo? Ninguno de los dos saldrá de esta habitación vivo. Si se va por la puerta, se arriesga a que le dé una bala en la cabeza. Y si se queda aquí, verá cómo hora tras hora destruyo cada ápice de su vida hasta que desee suicidarse—hizo un silencio teatral, y después añadió rápidamente—: desecho la ventana porque no es tan estúpido como para saltar de un décimo piso, aunque hubiera una colchoneta esperándole.

Se quedaron en silencio, con la televisión de fondo y el jaleo que se estaba formando en la calle.

"… Hillary Sandford, ¿hay noticias del exembajador o del Inspector?"

"No, Cristine. Sin embargo la entrada al hotel se está llenando de periodistas de todos los medios de comunicación del Reino Unido. Todos estamos alerta ante cualquier novedad que pueda surgir".

"¿El hotel ha dado algún comunicado, alguna circular?"

"Por el momento nada, Cristine".

A lo lejos oyeron algunas sirenas de policía, primero bastante aisladas y después más abundantes.

"Les recordamos que el Inspector Lestrade está ahora mismo en busca y captura ya que se cree que tiene al exembajador Christoffer Lindström como rehén dentro del hotel"

—Tic-tac, Detective. Tic-tac.


¡Y hasta aquí el capi de hoy! Madre mía, qué tensión, qué capítulo... Admito que mientras lo estaba escribiendo mi corazón latía a mil por hora por culpa de la tensión que hay. ¡Y aún sigue! ¿Qué pasará? Hasta yo estoy ansiosa por subir el siguiente capítulo.

Pero lo que yo quiero saber es qué os ha parecido a vosotros. ¿Me odiáis un poquito más? ¿Y qué os parece la explicación de Lindström? Poco a poco se va aclarando todo...

Como siempre gracias por leer, seguir, favoritear y comentar ^.^

¡Un beso y hasta el siguiente capi!

PD: perdonad la tardanza, ayer me fue imposible actualizar. Y prometo que el siguiente capítulo lo tendré el lunes sin falta.