Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.
Nota de autor: Capítulo del miércoles hoy incluso más pronto que de costumbre, Rebeca, de nuevo mil gracias, sobre todo lo muchísimo que me has ayudado con los temas venecianos y el arte. "insertar corazoncito". Aquellos interesados en las buenas historias, pasad por su perfil u/3953563/Sadder-than-Silence ;)
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No puedo creer que hayan pasado seis días tan rápido, como tampoco puedo creerme que ahora esté regresando a casa en el jet privado de Peeta con sus dedos entrelazados a los míos, tumbados en uno de los sofás besándonos y acariciándonos.
Sé que si no fuera por la azafata estaríamos follando, puedo notar perfectamente la erección de Peeta contra mi vientre y mi excitación impregnando mis braguitas. Pero Peeta es un chico decoroso y nunca lo haría en un sitio donde alguien pudiera llegar a vernos, como me demostró aquella noche con un par de copas de más cuando no quiso hacerlo en uno de los callejones del barrio de Cannaregio.
Y es que al final hemos hecho más turismo de lo que esperaba. Aunque luego nos pasáramos media noche enredados, besándonos acariciándonos y follando. Y de este viaje me llevo tres cosas claras: Una, Venecia es una ciudad preciosa a donde quiero regresar algún día; Dos, Peeta me vuelve loca por cómo me trata, por ese cuidado extremo que tiene conmigo, y su forma de hacerlo y tres, no debo sentir lo que siento por este chico porque si no, no podré deshacerme de él.
La tercera parte es la más importante y la de la que más se olvida mi cerebro. Pero es inevitable.
El primer día que salimos me llevó como le había pedido a ver el Palacio Ducal. Un sitio maravilloso tanto por dentro como por fuera. La fachada es increíble con ese espectro de color entre el blanco y el rosado y lo que contienen sus salas deja a todo el mundo sin habla. Peeta se quedo embobado en el "Apartamento del duque" por su decoración y por las obras de los artistas Veronés, Tiziano y Tintoretto que muestran toda la historia de Venecia. En el palacio también visitamos las prisiones y los calabazos, pasando por el "puente de los suspiros" que dicen que se llama así por los suspiros que salían de la boca de los condenados a muerte que lo cruzaban antes de que se cumpliera su condena, ya que era la última vez que verían la Laguna Veneta.
Para aprovechar que estábamos en la Plaza también entramos en la Basílica de San Marcos, donde el color dorado y los mosaicos de su cúpula me dejaron impresionada. También aprovechamos para subir a la Campanile, desde donde se puede ver toda Venecia. Es una vista tan increíble que no pude evitar hacer una foto y mandársela a Prim a su móvil.
Ese día para comer me llevó de la mano por las preciosas calles de la ciudad e incluso cruzamos el puente Rialto para llegar al restaurante, de exquisita comida italiana, como no.
Después de la comida y como me prometió nos pasamos casi toda la tarde paseando en góndola. Entre besos y caricias inocentes.
Al final Peeta no lo soportó más y regresamos al hotel, no sin antes pasar por una farmacia con aspecto de botica antigua a por reserva de preservativos. No puedo recordar las veces que lo hicimos aquel día, aunque sí recuerdo perfectamente lo mucho que le costó que me levantara al día siguiente para continuar con nuestra visita turística.
Como no podía ser de otro modo regresamos a la plaza de San Marcos para visitar el museo Correr donde nos entretuvimos toda la mañana (o más bien Peeta se entretuvo) ese día elegí yo el restaurante, no podía irme de Italia sin comer en una verdadera pizzería así que entramos en la primera que vimos, algo que disfruté como una enana. Después y durante toda la tarde nos quedamos por la Plaza, saboreando los exquisitos y caros cafés del Café Floiran y disfrutando de la música en directo. Aunque no por mucho tiempo porque de nuevo regresamos temprano al hotel, y ni siquiera cenamos.
El tercer día visitamos la Galería de la Academia y la Scuola Grande di San Rocco, donde Peeta una vez más demostró su pasión por el arte y yo mi ignorancia absoluta en ese campo, aunque por suerte él no lo notó. Volvimos a pasear románticamente en góndola y volvimos a follar como locos en el hotel. Creo que no podíamos estar despegados el uno del otro más de cinco minutos cuando nadie miraba. Nuestros cuerpos tenían dependencia el uno por el otro. Demasiada para el gusto de mis remordimientos.
El siguiente día me sorprendió con una excursión a las islas cercanas, Murano, Burano y Torcello. En Murano pude ver con mis propios ojos como trabajaban el cristal y allí mismo sin que Peeta me viera compré el suvenir que Gale me pidió, una simple pulsera de cuero con una única piedra de ese extraño cristal de color negro con algún brillo agrisado, parecido a sus ojos, sobre todo cuando sus pupilas se dilatan, y el cierre de metal a rosca le daba un aire aún más varonil, en aquel momento solo esperaba que a Gale le gustara mi regalo. En Burano me impresionaron las fachadas de colores y el pequeño restaurante de aire romántico que Peeta eligió para que comiéramos. En Torcello visitamos su Catedral de la Asunción, donde llegué a aburrirme con tanto mosaico bizantino, aunque obviamente no le dije nada a Peeta.
De regreso al hotel pasó como cada noche, Peeta no dejó casi ni que me quitara el abrigo, para empezar a devorar mi boca, como si su necesidad por mi empezara al atravesar el portón de nuestra Suite. Ese día antes de que me llevara a la cama le paré los pies.
—¿Por qué solo me besas así cuando estamos aquí? Fuera apenas me besas, solo me coges de la mano—Era un reproche, un reproche que me dolía como mujer, pero me preocupaba como estafadora, temía que al final no quisiera seguir con la relación y todo esto fuera puramente sexual para él.
—¿Qué? Katherine…No te beso tanto fuera porque no sé si tú quieres, tú tampoco lo haces…
—Porque lo intenté una vez y apartaste la cara, me hiciste la cobra…
—La cobra—Dice riendo suavemente.
—No tiene gracia. Si para ti esto es solo sexo, dímelo…—Susurré empezando a actuar—No quiero hacerme ilusiones absurdas…
—Katherine…—Cuando va a coger mi cara con sus manos la aparto y el aprieta los puños en el aire.—No eres sexo, y…mañana te cansaras de mis besos…
—No quiero que lo hagas por obligación…solo quiero que seas tú mismo, que si te apetece besarme lo hagas, que si te apetece rodearme con un brazo lo hagas, y que si solo quieres ir de la mano conmigo lo hagas sin más. Sólo sé tú…— Yo si me permití cogerle la cara entre las manos porque no lo hago con Gale y le besé dulcemente—Sólo actúa como tú quieras actuar.
—Actuaré sin reprimirme…
—Eso es…— sonreí y volvió a besarme.
Diez minutos después Peeta y yo estábamos en la cama y me estaba follando dulcemente, como nunca hasta ahora lo había hecho, mucho más tierno de lo que habitualmente era. Nadie me lo había hecho así. Bueno, nadie no, Gale a veces es sorprendentemente dulce, tanto que esas veces me descoloca por completo. Debería decir como ninguno de mis objetivos lo había hecho antes.
Al día siguiente despertamos enredados como siempre, y aunque yo lo hice primero esperé a que se despertara mirándole, en silencio. Desayunamos en la habitación como siempre, pero esta vez Peeta actuaba de diferente forma, parecía relajado y no dejaba de acariciar mi pierna o mi brazo. Me dijo que no íbamos a hace nada especial. Que solo pasearíamos por la ciudad. Y nada me apetecía más que hacer eso. Solo pasear, aunque llegados a este punto de la semana tenía agujetas de hacer turismo y de nuestros encuentros nocturnos. Pero no me importaba. Salimos agarrados de la mano y simplemente paseamos, perdiéndonos por los barrios de la ciudad, por ejemplo por el barrio de Castello, Cannaregio, y Dorsoduro. En este último paseamos por el paseo marítimo, llamado Zattere, Peeta sonreía con cada cosa que veíamos, y paramos a comer en uno de sus numerosos restaurantes. Después volvimos al interior de la isla, y una pequeña tiendecita de máscaras llamo mi atención. Cuando entré, había miles de mascaras colgadas de las pareces, mascaras venecianas de todo tipo y de todos los colores, y el dueño del establecimiento estaba haciendo una, tenía en una mesa, que hacía las veces de mostrador, una máscara de cara completa, y estaba usando pintura dorada, roja y algún tipo de plumón coloreado. Recordé que aún no le había comprado nada a Prim, y pensé que una de esas máscaras le encantaría. Busqué entre todas, las que podría ser más acorde con la personalidad de mi hermanita. La que elegí tiene rasgos de adolescente y está decorada con tonos morados y negros, no es muy ostentosa, pero para ella me pareció lo mejor.
Esta vez no pude ocultárselo a Peeta, y le dije que solo era un recuerdo, que me había gustado, e insistió en querer pagármela él, pero al final le convencí de que no lo hiciera, ya que estuvo invitándome a todo durante toda nuestra estancia.
Cuando empezó a oscurecer regresamos al hotel. Como era nuestro último día Peeta me propuso volver a la azotea, cosa que acepté inmediatamente. Mientras que observaba las vistas Peeta me rodeó con sus brazos y besó mi cuello, ahí donde sus dientes me han dejado marca.
— Desearía poder congelar este momento, justo aquí, justo ahora, y vivir en él para siempre—me susurró al oído para luego volver besarme el cuello. Ese comentario hizo que el estomago se me encogiera y la culpabilidad me inundara por completo. Pero la idea no estaba mal, quedarme allí para siempre con él. Sonaba bien, pero a la vez era absurdo. Peeta es un objetivo, no podía sentirme así.
—Vale…
—¿Lo permitirías?–Susurró de nuevo y parecía sorprendido pero aunque no le veía sabía que sonreía.
—Lo permitiría…— Hizo que me diera la vuelta y me besó con pasión enredando sus dedos en mi pelo y haciendo que de unos pasos me pegara contra uno de los muros. Sus manos se volvieron locas acariciando mi cuerpo por encima de mi abrigo, pero esas caricias me parecían poca cosa. Por lo que tiré de él para volver dentro. A duras penas llegamos a nuestra suite. Por primera vez, Peeta y yo follamos en un sitio que no era una cama. Lo hicimos sobre la mesa del recibidor. Era nuestra última noche allí, y la pasamos prácticamente haciéndolo.
Hoy hemos cogido el avión a las 9 de la mañana. Según mis cálculos llegaremos a las 12 de la mañana de allí. Y no sé qué hacer o qué pensar, porque el viaje ha sido como un paréntesis, algo bonito con Peeta. Y Gale no ha estado para recordarme que no le cogiera cariño, porque solo volvimos a hablar dos veces más, conversaciones insulsas y rápidas.
Pero Peeta es mi objetivo. No debería estar tan feliz con él. No debería sentir el cosquilleo ni las mariposas en mi estomago.
Me maldigo mientras que siento sus caricias en el sofá y su excitación contra mi cuerpo. Y lo peor es que a mí también me gusta acariciarle. Y maldecirme ya no sirve. Espero que volviendo a la realidad de nuestra ciudad todo cambie y mi parte racional gane de nuevo a la irracional.
Creo que me quedo dormida durante varias horas porque cuando me despierto Peeta no está a mi lado. Le miro desde mi posición, el está sentado en uno de los sillones con su ordenador, tecleando fervientemente algo. Por como aprieta las teclas del portátil parece enfadado.
Uno de los días en el hotel intenté encontrar algo raro dentro de ese portátil mientras que el se duchaba. En ninguna de las carpetas vi nada sospechoso. La de "arte" solo tenía imágenes de pinturas de algún pintor fantástico pero que para variar no conozco.
Nada extraño. Y eso me molestaba más.
Me levanto del sofá y me asomo por encima de su hombro para leer disimuladamente. Está escribiendo un correo electrónico. Pero cuando se da cuenta de mi presencia minimiza la pantalla y no me deja leer nada.
—Te has despertado…
—Sí…—Intento sonreír, actuando como si lo que acaba de hacer no me molestara.
—¿Trabajando ya?—Intento sonsacarle información.
—Algo así…
—¿Algo así? Peeta, no me trates ahora como tu…pareja, si no como tu asesora, deberías contarme si pasa algo—Me agarro a mi trabajo para que me cuente algo. El suspira.
—No quiero que te preocupes.
—Mala idea decir esa frase...—Me siento a su lado.
—Princesa…esto es complicado…—Murmura mirando el ordenador.
— Aunque lo sea, dime qué pasa, ahora estoy preocupada…
—Es Madge…—todos mis sentidos se ponen alerta cuando pronuncia el nombre del "angelito"—Maximiza la pantalla— y me deja leer si quiero el correo, pero no lo hago, no miro el ordenador, quiero que él me lo cuente.— Quiere preparar un viaje a Detroit para esta semana, para ver las obras de una escuela que parece que no avanzan. Pero le he dicho que no puedo estar viajando constantemente. Que podemos esperar un par de semanas. Pero ella es demasiado…ehm…pasional con esto.
–Entonces ve…—Sonrío un poco, en un principio había pensado que ya le tenía, que me iba a contar sus negocios sucios, pero me equivoqué.— Si esas obras no avanzan por algo será, y estoy segura de que cuanto antes sepamos por qué mejor.
— Me gusta ese "sepamos"— Sonríe.
—Me lo parece a mí o creo que me estas intentando decir que voy a viajar con vosotros.—Sonríe asintiendo. Yo sonrío también, fingidamente, porque no quiero separarme de Prim ni de Gale de nuevo.
—Además, creo que Madge va a llevar a su nuevo ligue, ese tal George, ¿te acuerdas de él? Está donando mucho dinero a la fundación.—Creo que me quedo un poco blanca cuando me dice eso. No quiero viajar con "el angelito" y Gale. No quiero estar cerca de ellos.
—¿Ligue?
—Llevan unos días saliendo…
—¿Entonces yo también soy tu "ligue"?—Noto como se pone colorado y empieza a buscar una explicación para sus palabras, eso me hace reír.—mientras que estés conmigo, Peeta, me da igual que me presentes como tu "ligue", tu "chica", tu "rollo" o tu "novia".
—Novia me gusta…si no te parece mal…
—No me parece nada mal…—Aunque me suena demasiado formal para los pocos días que llevamos juntos.
—Entonces si quieren viajar…lo tendremos que hacer…—Le beso dulcemente.
Al final le manda un email a Madge diciéndole que le parece bien el viaje, pero que la semana que viene, que le deje descansar unos días. Yo también lo prefiero para estar con mi gente.
Nos pasamos las siguientes dos horas del viaje besándonos y acariciándonos de nuevo, hasta que el piloto anuncia que vamos a aterrizar y Peeta me abrocha el cinturón. Agarra con fuerza mi mano e intenta distraerme para que no sienta el aterrizaje.
—¿Qué vas a hacer ahora?—Susurra mientras bajamos del jet.
—Ir a casa a descansar.—Me agarra de la mano.
—Ven a mi casa…—Sonrío.
—No descansaríamos…
—No me importa, ven conmigo…—Sonrío de nuevo y busco una buena excusa. Pero no la encuentro.
—No vivo sola…—Susurro, al final voy a tener que usar a algún familiar.
—¿qué? Creía que…—le pongo un dedo en la boca.
—Tengo a mi cuidado a mi hermana—No sé porque no le miento en eso, aunque no es la primera vez que la uso para que ningún tío me pida dormir en mi casa— Mis padres viven en Dallas, se mudaron por el trabajo de mi padre, pero como estamos a mitad del curso no quisieron que mi hermana se cambiara de colegio, así que se quedo a vivir conmigo hasta acabar este curso.
—tu hermana…¿Cómo se llama?
—Pamela, Pam… tiene doce años— Siempre le quito unos pocos años para que sea más dependiente. Así puedo ponerla como excusa más a menudo.
— Está en casa de una amiguita, pero ya la avisé que la recogería…— El suspira—lo siento Peeta yo…
—No importa…podemos vernos mañana…—Asiento—Podemos quedar para cenar…
— Sí, puedo buscar una canguro…—Le beso.
—Ni siquiera sabía que tenías hermanos.
—No preguntaste—Sonreí— estábamos muy ocupados…—Le guiño un ojo.
—¿Quieres que te acerque a algún sitio?
—No, cogeré un taxi para ir a por ella, no te preocupes, cielo.
— Está bien, princesa…—Entramos en el aeropuerto, cosa que agradezco porque fuera hace mucho frio.
Cuando tenemos que separarnos le abrazo con fuerza, la verdad es que me gusta estar con él y ahora estoy teniendo una acumulo extraño de sensaciones, quiero alejarme de él y a la vez quiero quedarme con él y dejar que me folle de su forma tan dulce y tierna todo el día. Me separo y le beso dulcemente cogiendo sus manos para que no me rodee la cara con ellas.
Ambos sonreímos tristemente y me alejo hacia la parada de taxis.
Cuando consigo uno, doy la dirección de Gale casi sin darme cuenta.
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Nota de autor: gracias por haber llegado hasta aquí, significa mucho para mí, Actualizo los miércoles y los domingos.
Agradecimientos: gracias a todos por leer, y muchas gracias por vuestros reviews! Me gustaría que la gente que no tiene cuenta, la tuviera, o que en su defecto se dieran a conocer el face (como ya hizo una chica) así mis agradecimientos y contestaciones serían más personales, y no tendría que "aburrir" al resto de lectores con contestaciones aquí.
Adelanto: como ya sabéis en mi pagina de facebook (está en mi perfil)
Besos de fuego!
