Capítulo 25.
Genzo no estaba seguro de si debía creerle a su padre o no. Akira se oía muy confiado y seguro, realmente parecía estar hablando en serio, pero el cambio en su actitud había sido tan drástico que Genzo no pudo evitar preguntarse si acaso él no estaría tendiéndole una trampa.
No me has respondido.- dijo Akira, mirando fijamente a su hijo.
Es que no sé que responderte.- confesó Genzo.- ¿A qué se debe tu cambio de actitud?
A que me di cuenta de que no puedo negociar con los sentimientos de mi hijo.- respondió Akira.
Ambos hombres se encontraban en el departamento de Genzo, el cual Akira había estudiado minuciosamente desde que llegó. El lugar estaba decorado con las fotografías, trofeos y medallas que Genzo había obtenido en sus triunfos, aunque de vez en cuando había una que otra foto de Lily, las cuales evidentemente Genzo había colocado ahí. Akira fingió pretender que le agradaba el lugar, pero aunque el sitio no era para nada desagradable, él creía que su hijo se merecía algo mejor. El caso era que los dos hombres estaban tomando un café, y después de algunas frases de cortesía, Akira le había dicho a Genzo que aceptaba a Lily Del Valle como su novia y que aceptaría el que se casara con ella, si quería, pero le rogaba encarecidamente que ambos se presentaran a la fiesta que se organizaría dentro de pocos días para que toda la familia Wakabayashi conociera a Lily en persona.
Ese día es el cumpleaños de ella.- había respondido Genzo.- No creo que ella pasar ese día soportando críticas.
¿Qué te hace pensar que vamos a criticarla?.- Akira fingió sentirse ofendido.- Queremos conocer a la nueva integrante de la familia.
No los conoceré.- replicó Genzo, frunciendo el ceño.- Y sé que no van precisamente a halagarla, van a criticarla lo más que puedan, pero te advierto que aunque lo hagan, nadie me hará cambiar mi parecer con respecto al hecho de que Lily es la mujer perfecta para mí.
No lo dudo.- Akira trató de evitar que sus palabras se escucharan sarcásticas.- Pero estás demasiado a la defensiva, Genzo. Nosotros queremos de buena fe conocer a tu novia, nada más. Sabes que tu madre y yo solo queremos lo mejor para ti, por eso queremos dar esa fiesta en honor de ustedes, y de paso, la familia conocerá a Lily y todos seremos felices. Además, si dices que es su cumpleaños, con mayor razón debemos festejárselo.
Genzo no se quería tragar el cuento, ahí había gato encerrado. Él conocía lo suficiente a su padre como para saber que estaba tramando algo. No podía ser que de buenas a primeras a Akira se le hubiesen olvidado los Arizami como si se trataran de un simple pasatiempo.
¿Y qué hay de Sakura?.- preguntó Genzo, más tranquilo de lo que esperaba.
¿De quién?.- Akira fingió demencia.
De Sakura, creo que sabes bien quién es ella.- replicó Genzo.- O al menos, debes saberlo ya que hasta donde sé, fue a ella a quien escogiste para ser mi futura esposa, ¿no?
Ah.- Akira soltó una carcajada.- Bueno, debes saber que ahí hubo un error, hijo. Sí, es cierto que hice planes de casarte con la hija menor de Arizami, pero el trato con esa familia era que solo uno de ustedes (y con eso me refiero a tus hermanos y a ti) se casara con alguien de esa familia, y pues dado que Touya ya se casó con Hotaru, no le veo el caso a que tú te cases con Saku-chan.
Uhm.- gruñó Genzo.- ¿Y por qué todo este lío de que Sakura fuera a verme al entrenamiento?
Porque fue hasta ayer que yo hablé con su padre para decirle que el compromiso estaba cancelado.- replicó Akira.- Me disculpé con Sakura, pero yo no sabía que ella iría a verte, no era eso lo que estaba acordado, se supone que ustedes no se verían sino hasta la fiesta de compromiso.
La cual se ha cambiado para que ya no sea Sakura mi prometida, sino Lily.- bufó Genzo.
Exactamente.- Akira le dio un sorbo a su café.- Escucha, hijo, tienes motivos para desconfiar, no he sido precisamente lo que es un buen padre, pero quiero tu felicidad, y si tu felicidad es esa chica japonesa, bueno, pues adelante.
Akira esperó a que sus palabras hicieran efecto. Si Genzo caía o no, era solo cuestión de lo convincente que hubiese sido Akira con sus palabras. El portero analizaba todo lo dicho por su padre, así como sus gestos, actitudes y lenguaje corporal para tratar de descubrir si mentía, pero o bien Akira se había vuelto muy bueno para mentir o de verdad él estaba diciendo la verdad.
No lo sé.- dijo Genzo, al final.- Tendré que pensarlo y consultarlo con Lily.
Estoy seguro de que ella aceptará cuando le digas que queremos conocerla mejor.- insistió Akira.- Además, tu abuelo me ha llamado y me ha dicho que vendrá a conocerla.
¿Mi abuelo?.- a Genzo, sin querer, se le iluminaron los ojos al escuchar esto y Akira supo entonces que dio en el blanco.- ¿Vendrá?
Solo para la fiesta, hijo.- asintió Akira.- No puedes fallarle.
Daisuke Wakabayashi, el padre de Akira, abuelo de Genzo, era quizás el miembro más noble que la familia Wakabayashi habría de tener en mucho tiempo, y la persona a la que Genzo más quería en su familia. Dado que Akira nunca supo hacer el papel de padre, fue Daisuke quien le dio a Genzo su amor paternal y quien más lo aconsejó durante su crecimiento. Era indudable el hecho de que el único que podría hacer cambiar de opinión a Genzo sobre algo era Daisuke, ya que el joven había sido siempre muy influenciable por parte de su abuelo, y esto era algo que Akira no desconocía, cosa que éste estaba dispuesto a utilizar a su favor.
Si el abuelo viene, tendremos que ir entonces.- dijo Genzo.- Deseo que conozca a mi novia, le he hablado mucho a Lily sobre él.
Entonces no se diga más.- Akira supo entonces que su hijo había mordido el anzuelo.- Los estaremos esperando, y dile a Lily por favor que esperamos verla con un vestido de gala, ella no conoce nuestras costumbres.
Ella yo, pero yo sí.- replicó Genzo.- No habrá ningún problema.
Akira sonrió, satisfecho, y al poco tiempo se disculpó diciendo que tenía que ir a continuar con sus asuntos pendientes. No era prudente quedarse mucho tiempo ahí o su hijo comenzaría a sospechar de nuevo. Así pues, Akira se retiró, plenamente convencido de que Genzo había caído en la trampa. Él y Lily irían a la fiesta de compromiso, en donde ella se llevaría la desagradable sorpresa de saber que no era digna de un hijo de Akira Wakabayashi...
Genzo, a su vez, sin sospecharse ya nada, le habló a Lily para comunicarle la noticia. Ella aun no se creía que en verdad Akira la hubiese aceptado ya, pero él trató de despejar sus dudas.
Yo tampoco lo creía, pero mi padre terminó de convencerme.- replicó Genzo.- Con decirte que invitó a mi abuelo también, y créeme que mi padre no invitaría a mi abuelo si quisiera hacer algo que estuviese en contra de mis deseos, porque el abuelo no lo aceptaría.
¿Hablas de tu abuelo Daisuke?.- Lily se oía esperanzada.- ¿En verdad él vendrá? ¿Podré conocerlo?
Él vendrá.- Genzo soltó una risilla.- Y podrás conocerlo si vas a la fiesta.
Lily suspiró exageradamente y se quedó callada por tanto tiempo que Genzo pensó que se había cortado la comunicación. Era obvio que él estaba entusiasmado por la idea de que Lily conociera a Daisuke, y de hecho ella también quería conocer al abuelo del que tanto hablaba Genzo, pero la sola idea de tener que ir a presentarse delante del resto de los Wakabayashi le quitaba a Lily todo deseo que pudiese tener. Sin embargo, ¿qué sería lo más importante, a final de cuentas? Al parecer, según por lo que decía Genzo, Akira deseaba hacer las paces.
¿No puedes invitarlo a tu departamento y ya?.- gruñó Lily, derrotada.- Podría conocerlo ahí...
También se me ocurrió esa idea, de llamar a mi abuelo y preguntarle, temiendo que todo fuese trampa de mi padre.- respondió Genzo.- Y de hecho, lo hice.
¿Y qué te dijo?.- quiso saber ella.
Me dijo que en verdad mi padre lo invitó a la fiesta para que conozca a mi prometida, la mujer que yo escogí.- contestó Genzo.- Así que, por esta vez mi padre no mintió, de verdad que te han aceptado.
Ya.- Lily suspiró, un poco aliviada.- Aun así, sería como ir a meterme a la cueva del lobo...
Lo sé, pero también sé que si no vamos a esa fiesta mi familia no nos dejará en paz nunca.- replicó Genzo.- Vamos, Yuri, mi amor, yo estaré contigo, y mi familia al fin te aceptarán como mi prometida.
Aun no me has pedido que me case contigo.- le recordó Lily, riendo muy nerviosa.
Pero eso no significa que no lo haré.- replicó Genzo, pícaramente.- Mañana te llevaré a que compres un vestido de gala.
Ya.- Lily no aceptó el cambio de tema, pero tampoco quería seguirlo tratando.
No habría más remedio, lo quisiera o no. Lily tendría que aceptar pasar su cumpleaños en una fiesta a la cual no quería ir, pero todo era por conseguir que el mundo terminara por aceptar su amor...
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Hanson salió del hospital un día después de que Karl cumplió sus 18. El hombre había visto por televisión el extraño suceso del nacimiento del Neo Fire Shoot y se había convencido que Schneider era una especie de monstruo o de fenómeno que andaba por el mundo incendiando cosas y luciéndose con sus condenados tiros. El sujeto no estaba dispuesto a dejar que Karl continuara fregándole la existencia, así que de una buena vez por todas iba a borrarlo a él y a su padre de un plumazo. Lo bueno era que, después de mandar a su abogado a investigar a los Schneider, había encontrado la manera de nulificarlos a todos. Hanson no se podía creer su buena suerte, pero hasta parecía que el destino estaba de su parte, lo que él había averiguado sobre Lorelei Schneider era muchísimo mejor que el tener el control total del Bayern Munich. El pobre hombre tan trastornado estaba que no se había dado cuenta que su odio ya había rebasado límites, y su desdén iba mucho más allá de lo personal.
Karl no se encontraba en casa cuando Hanson llegó preguntando por él. Lorelei vio al hombre que tantos problemas les había causado a todos y de momento se negó a darle la entrada a su casa, pero el hombre prácticamente entró por la fuerza.
Lo que vengo a decirle es algo que le atañe a usted también, señora.- dijo Hanson, sonriendo con malicia.- Porque no creo que usted quiera que se sepa que tiene nexos con la mafia, ¿o sí?
Lorelei se quedó callada. ¿Cómo había averiguado Hanson eso? Lorelei había borrado cuidadosamente sus nexos familiares (y ella no sabía que Francesco era su sobrino), así que no comprendía cómo era que ese horrible hombre supiera la verdad. Quizás él solo estaba fanfarroneando, pero lo cierto era que Hanson se veía tan seguro de sí mismo que Lorelei se puso a temblar.
Por lo visto, he dado en el blanco, ¿cierto?.- Hanson comenzó a mofarse.- Me pregunto qué dirá la gente cuando se entere de que el entrenador y la estrella del Bayern Munich tienen nexos con la mafia.
Por favor, eso no debe saberse.- pidió Lorelei, abruptamente.- Yo he tratado de ocultar mi pasado porque no me gusta lo que es mi familia…
Pues por lo visto, no supo ocultarlo bien.- Hanson movió la cabeza de un lado a otro.- A los directivos del Bayern no les va a gustar esto…
Por favor, no diga nada.- suplicó Lorelei.- Ellos no tienen la culpa de nada…
Fue en ese momento cuando apareció Rudy Frank y la cosa se puso fea. Hanson amenazó directamente al hombre con decirle a la prensa la verdad sobre los orígenes de la familia de su esposa, recalcando el hecho de que los Ferrari eran traficantes muy buscados en toda Europa. Rudy Frank había intentado en un principio negociar con el hombre, pero al ver que lo único que él buscaba era darle en la torre a su familia, se puso por lo demás agresivo. Lorelei estaba asustada, tenía el presentimiento de que nada bueno iba a salir de eso. Suerte era que ni Karl ni Marie estaban en la casa en esos momentos o les tocaría presencia algo en verdad desagradable…
Se lo advierto, no toleraré que venga a molestarnos.- dijo Rudy Frank.- Ni a chantajearnos ni a amenazarnos con nada, ¿entendió? Con sus mentiras no nos va a arruinar la vida.
Pero sino son mentiras.- replicó Hanson, a gritos.- Su esposa, Lorelei Von Otto es en realidad Lorelei Ferrari, hija del famoso italiano Giancarlo Ferrari, jefe de la mafia. No me vengan con cuentos, algo así no se puede ocultar, y en todo caso, para algo se inventaron las pruebas de ADN, con una bastará para demostrar que estoy diciendo la verdad.
¿Qué es lo que quiere?.- cuestionó Lorelei.- ¿Dinero? Le daremos todo el que desee.
No quiero dinero.- gruñó Hanson.- Quiero que me regresen mi dignidad.
Ésa no se la quitamos nosotros.- replicó Rudy Frank.- Usted, con su terquedad y su pobre visión del futuro, echó a perder la poca dignidad que le quedaba.
Cállese.- gruñó Hanson, colérico.- Usted no tiene derecho a hablarme de esa manera, no es más que un entrenador de cuarta que no tiene ni idea de lo que es el fútbol. Usted y su hijo no son más que fenómenos.
Rudy Frank no toleró más y golpeó a Hanson en el rostro, justo en el sitio en donde Karl le había quemado días atrás. Hanson se puso de pie, colérico, y miró a Rudy Frank con burla.
Aprovéchate ahora, que después no podrás.- sentenció Hanson, quien parecía estar disfrutando de cada momento.- Voy a hacer esto público, y será el final de su carrera como entrenador, y ni hablar de ese demonio que tiene como hijo. Ningún otro equipo querrá contratarlo nunca más.
Fue en ese momento cuando Karl llegó a la casa. La sola presencia de Hanson en el lugar hizo que Karl se sintiera mal desde el principio, pero al ver que estaba peleando con sus padres se puso mucho peor. En cuanto Hanson vio a Karl aparecer, se acercó al joven con una enorme sonrisa de burla en el rostro y le echó en cara el hecho de que su familia pertenecía a la mafia, y que esta vez nadie iba a salvarlo a él del lío que le iba a caer encima.
¿Es usted un enfermo?.- gruñó Karl, apretando los puños.- ¿Qué va a ganar con todo esto?
Hundirlos.- respondió Hanson, triunfal.- Lo que deseo más que nada es verlos a todos ustedes hundidos en la miseria.
¿Y qué ganará con eso?.- replicó Karl.- Eso no le va a dar el talento que no tiene y que tanto nos envidia.
¡Yo no los envidio a ustedes!.- gritó Hanson, fuera de sí.- ¿Por qué habría de envidiarlos? Ustedes no tienen talento, no saben lo que es el fútbol, solo tienen una maldita suerte y nada más.
La conversación fue subiendo de tono. Hanson humilló y amenazó a Rudy Frank y a Karl sin cesar, agotando la poca paciencia que ambos hombres tenían a esas alturas. Karl comenzaba sentir que su interior estaba ardiendo en llamas otra vez, sentía que conforme más se enojaba, más ganas tenía de incendiar la casa entera... Karl trató de controlarse, pero pensaba que las cosas iban a salirse de control dentro de poco; él aún no entendía cómo era posible que Hanson hubiese descubierto que la familia de su madre pertenecía a la mafia, si Francesco había hecho todo lo posible para ocultar que él tenía alguna relación de familia con Karl. Sea como fuere, el caso era que Hanson ya había descubierto la verdad y parecía estar dispuesto a usar eso a su favor con el evidente daño a Rudy Frank y a su familia.
Tiene que haber algo que quiera a cambio.- replicó Rudy Frank, tratando de controlarse.- Lo que debe querer es un chantaje.
No hay nada que me interese más que el hecho de verlos a ustedes humillados.- negó Hanson.- Será mi placer verlos en la ruina.
Ya basta.- Karl tomó al sujeto por el saco.- Ya fue suficiente de fanfarronadas, váyase ahora mismo de esta casa, no tiene derecho a venir a molestar así a mi familia.
Karl, tranquilízate.- pidió Rudy Frank.- Mantén el control.
Ya basta, hijo, por favor.- pidió Lorelei, tremendamente afligida.
Claro, mantén el control, Karl.- Hanson no dejó de burlarse.- No le lleves la contraria a tu bandida madre.
Ésa fue la gota que derramó el vaso. Karl toleraría el hecho de que Hanson lo amenazara con destruirlo, pero d ninguna manera iba a permitir que él se burlara o insultara a su madre. Karl apretó los puños y sintió que se le ponían al rojo vivo, y antes de lo que se dio cuenta, Hanson ya estaba en el piso, aullando como perro herido en periférico y tapándose el rostro con las manos.
¡Me lo hizo otra vez!.- gritaba el hombre.- ¡Volvió a quemarme!
Te advertí que no insultaras a ninguna de las mujeres de mi familia, desgraciado.- replicó Karl, mirando al hombre con rabia.- Cometiste ese error una vez más y ahora vas a pagarlo caro.
¡No me amenaces!.- gritó Hanson, poniéndose de pie.- ¡Tú no eres nadie para dar las órdenes aquí! Yo aquí mando, y si quiero insulto a tu maldita madre las veces que quiera.
Todo pasó como en cámara lenta, como siempre que ocurrían esos casos. Ya Karl lo había experimentado una vez, y si bien él sabía lo peligrosa que podía ponerse la situación, él supo que ya no iba a poder controlarse. Hanson se reía con burla y miraba a Karl con saña, pero pronto su risa dio paso a un grito de pánico, y la cara se le descompuso en un rictus de terror. De las manos de Karl surgieron dos torbellinos de fuego que se esparcieron por todo el lugar sin que nadie pudiese evitarlo. Las llamas se extendieron rápidamente por toda la casa y rodearon a todos en cuestión de segundos. Todo se convirtió en caos y en confusión, Karl sintió que una vez más las llamas no lo lastimarían pero no estaba seguro de que no le hicieran daño a los demás. Sin embargo, esta vez el fuego era tan intenso que él no podía ver nada que no fuesen las mismas llamas. Karl tenía la sensación de estar caminando por un infierno...
Rudy Frank consiguió salir de la casa con mucha dificultad, pero de inmediato hizo el intento de volver. El lugar estaba envuelto en llamas y su esposa y su hijo estaban dentro. Sin embargo, los vecinos ya habían salido y le impidieron al hombre volver a ese infierno, esperando que el cuerpo de bomberos llegara pronto al lugar. Rudy Frank rogó para que su familia consiguiera salir con bien de ésa, pero una sensación que iba más allá de toda lógica le dijo que la desgracia ya había ocurrido, mientras el silencio de la noche era cortado por el sonido de las ambulancias que se apresuraban a llegar al lugar...
