Nada de lo que aparece aqui es mio (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.


Te voy a contar algo

Notó de inmediato como su piel se estiraba un poco, se dio la vuelta para darles la espalda a todos los que la miraban, conjuro un pequeño espejo y comenzó a mirarse. Su piel estaba más brillante, su nariz se perfilo un poco más y las facciones de sus ojos habían adquirido un tono rasgado. Pero por lo demás seguía igual, estaba algo decepcionada.

-Sid, déjame verte-dijo Oliver tocándole el brazo.

Se dio la vuelta y dejo que la vieran, todos parecían tratar de encontrar las diferencias examinándola profundamente.

-Yo no noto nada.

-Eso es porque eres un hombre y no te fijas-contesto Rominna al comentario de Oliver.

-Ahora tienes, no se…-tras una pausa dijo Christinne-Otra expresión.

-Pareces como más…-pero no termino la frase porque se percato de que seguía en clase y que su profesor seguía estando allí presenciando la escena.

Ella seguía molesta y frunció los labios.

-¿Qué te pasa?-le pregunto el chico.

-No sé, es que esperaba un cambio mayor.

-No te hace falta, por si no te has dado cuenta ya eres preciosa-ella sonrió algo avergonzada-Si la poción no cambia nada más es porque ya eres demasiado perfecta.

-Señor Hicks yo que usted tendría cuidado, que yo sepa el elixir para inducir la euforia no consta entre sus ingredientes de las babas de un adolescente.

Oliver se giro y continúo preparando el elixir bajando su mirada y centrándola en la elaboración. Sidney también retomo su tarea y volvió a concentrarse en el caldero.


Cuando la clase estaba a punto de terminar tan solo unos pocos pudieron avisar de que su poción embellecedora estaba hecha, al no haberlas realizado a la vez muy pocos aguantaron el olor nauseabundo del pus de bubotuberculo. Sin embargo entregaron el elixir para inducir la euforia dejando una muestra en su escritorio. Salieron al pasillo y mientras sus amigas tomaban rumbo hacia la torre de Gryffindor ella se excuso diciendo que tenía que ir primero a la biblioteca para coger unos libros. Se despidió de sus amigas y cuando las perdió de vista volvió de nuevo a las mazmorras, donde Snape estaba de espaldas recogiendo los frascos. Cuando escucho la puerta cerrarse se giro y la sonrió.


-¿Qué quieres?-pregunto él.

-Solo quería hacerte una consulta-dejo su mochila en el suelo y se acerco hasta la primera fila.

El se giro extrañado y la miro.

-¿Qué quieres saber?

-Me gustaría saber porque la poción no ha hecho efecto.

Hizo una mueca, que vanidosa podía ser, pero aún así decidió contestarla.

-La poción si hizo efecto.

-¿Ah sí?-contesto ella sensualmente-¿Qué cambios notas? Porque Oliver y las chicas apenas notaron nada.

Se acerco hasta ella muy despacio y frente a frente le contesto entrando en su juego.

-Tu piel luce más brillante-le acaricio las mejillas con sus dedos-Tu nariz se ha afinado-paso su dedo por ella- Tu mirada ahora resalta más. Estas como iba a decir la señorita Arming…-hizo un gesto pensativo-Más provocadora.

Ella sonrió pícaramente y le dio un corto beso.

-¿Te has fijado?

-Que tus amigas o el idiota de Hicks no sepan apreciar los cambios no me hace un ignorante de tu belleza. Aunque si le doy la razón a ese muchacho.

-¿En qué?-dijo ella embelesada

-En que eres demasiado hermosa y perfecta, es normal que no hayas sufrido más cambios, lo extraño es que los hayas sufrido.


Sorprendida por su ternura le abrazo mientras depositaba miles de besos en su mejilla.


Severus había colocado un hechizo a la puerta para que nadie entrara y los sorprendiera así. La abrazo y correspondió sus besos.

-En realidad venía a decirte que hoy seguiré con el castigo, así que no podré ayudarte con la corrección.

-No pasa nada.

-Pero, había pensado que el fin de semana podía hacer una escapada y visitarte-dijo ella mientras besaba su cuello.

-Cuanto antes termines de limpiar esos libros antes terminarás el castigo.

-¿Eso quiere decir que no?-dijo fingiendo hacer pucheros.

Le devolvió una mirada severa, no estaba dispuesto a que ella comenzara a arriesgarse por estar un rato juntos aunque lo deseara con fuerza.

-Está bien-dijo ella resignada-Ya que no me quieres ver, pásatelo bien corrigiendo.


Le dio un beso, cogió su mochila y llego hasta la puerta, al no poder abrir se giro a mirarle y este aunque no la quería dejar salir tuvo que permitírselo.


Esa noche no se vieron, el estaba enfrascado corrigiendo todo lo atrasado que tenia y ella seguía limpiando y cubriéndose de polvo. Al menos eran las dos de la mañana y había conseguido limpiar tres estanterías enteras, quien sabe, quizás en séptimo terminaría de limpiar solo la mitad de esa biblioteca. Cada tomo que cogía y limpiaba hacia que comenzara a detestar un poco más esa biblioteca. Sin embargo en parte ella tenía la culpa, cuando encontraba algún ejemplar interesante se paraba a hojearlo y eso la retrasaba.

Decidió no limpiar más cuando eran cerca de las 4 de la mañana, consiguió limpiar 6 estanterías y estaba orgullosa de ello, aunque su ropa y su pelo dijeran todo lo contrario. Cuando iba a cerrar la puerta se encontró con un pergamino que parecía esperar por ella, lo cogió y lo desdoblo, reconoció la caligrafía al instante.

"Espero que no te hayas cubierto demasiado de polvo, si te consuela me he aburrido corrigiendo. Por cierto, deberías dejar de husmear cada libro que encuentras, tardarás menos."

Será…. ¿así que había estado ahí y no había sido capaz de animarla conversando un poco con ella? Esto merecía castigo. Arrugo el pergamino y se fue con el cerrando la puerta, fue directa hacia el baño de prefectos donde se dio un buen baño hasta que quedo totalmente limpia. Cuando se miro al espejo su rostro y sus manos volvían a ser las de antes, el efecto de la poción ya había desaparecido, con algo de pena se fue a su cuarto.


Durante el desayuno del sábado además de estar todo el rato bostezando por lo poco que había dormido y de no atender casi a lo que sus amigas le decían tuvo que aguantar que Oliver quisiera iniciar de cualquier modo una conversación con ella. Lo había intentado de todas formas, ignorándolo, dando respuestas cortas, comiendo para no hablar, desviando su atención. Pero nada daba resultado, agradeció que llegaran las lechuzas y la sacaran un momento de su situación.

Se llevo una sorpresa cuando vio que su madre la había escrito y guardo la carta en la túnica mientras se levanto de golpe para ir a su cuarto a vestirse para entrenar.


Al hacer buen tiempo el equipo de Gryffindor tuvo que entrenar bajo la mirada de algunos de sus compañeros que habían salido a los terrenos para pasar la mañana y al ver que había entrenamiento decidieron ir al campo y pasar el rato. No le gustaba eso porque al final lograban desconcentrarlos y el entrenamiento no era tan bueno como podía serlo. Finalmente cuando termino dio gracias porque los aplausos y los gritos cesaran, estaba harta de las alabanzas.

Camino hacia el castillo junto a Bane, hablando sobre el último partido que tendrían, discutiendo estrategias y esperando cual sería su rival. Iba tan enfrascada en la conversación que no se dio cuenta de cuando se le cayó uno de los guantes protectores del uniforme de quidditch.

-¡Espera!-grito una voz a sus espaldas, por instinto se giro y vio como aquel chico que llevaba tiempo sin ver corría hacia ella.

Se quedo quieta junto a Bane sin entender.

-Se te ha caído esto-dijo el prefecto de Slytherin tendiéndole el guante.

-Oh, muchísimas gracias-contesto ella con una sonrisa amable-No me había dado cuenta.

Cuando fue a cogerlo sus manos se rozaron y una chispa broto del contacto. Sus miradas se desviaron de las manos a sus ojos. Nerviosa se quedo mirando unos instantes al chico, quien no apartaba su mirada de sus ojos.

-Tienes unos ojos preciosos-le dijo él.

Ella le dedico una sonrisa y agacho su mirada.

-Gracias.

Siguieron mirándose, ese chico tenía algo magnético, parecía misterioso y desde luego era muy educado, las veces que se habían encontrado siempre la había tratado muy bien.

-Sid vamos tenemos que cambiarnos-dijo Bane sacándola de su mirada.

Sí, claro-respondió Sidney-Hasta luego…y gracias.

-De nada, hasta luego.

Se dio la vuelta y continúo su conversación con Bane, antes de girar volvió a mirar hacia atrás y vio como ese chico seguía allí parado, en el mismo sitio, viendo como ella se alejaba.


En su cuarto y con el uniforme puesto extrajo del bolsillo de su túnica la carta que le llego esa mañana.

"Cariño, ¿qué tal estas? Espero que te encuentres bien y que estés estudiando mucho, queda poco para que termines sexto y a pesar de que no hay exámenes tienes que esforzarte para el siguiente curso. Aunque sé que siempre lo haces, confió en ti. Tu padre está muy atareado trabajando y el poco tiempo libre lo pasa cuidándome. Desde hace unas semanas me encuentro mejor, aunque sigo cansada. En la última revisión en San Mungo me dijeron que el bebe nacerá a finales de julio. Estoy tan emocionada. Ansió que vuelvas a casa y que juntas podamos decorar la habitación del bebe. Me haces falta.

Con cariño, te quiere.

Mama"

Bebe, bebe, bebe, bebe, bebe y ¡dichoso bebe! No ha nacido y ya está presente en todas las conversaciones. Que detestable, si tanto quieren un bebe que lo tengan pero que la dejen en paz. No quiero participar en nada que tenga que ver con ello. Molesta tiro la carta que más tarde arrojaría al fuego. No pensaba contestarla, de hecho no había contestado sus cartas, le daba igual y estaba segura que a ellos también les daría igual. Que importaba saber cómo estaba su hija si lo único que desean es que nazca el bebe. Estaba segura que si fueran estúpidos le enviarían cartas también al bebe.

Arghhh, lanzo la almohada y el traje de quidditch al suelo con furia. Se apoyo en la ventana de su cuarto con la mandíbula tensa. ¿Cómo soportaría este verano estar en casa con sus padres y con ese crio? Tendría que escribir pronto a su abuela para avisarla de que iría allí, a Sirius o a Remus, ni hablar de Peter porque era tan inepto que no lo aguantaba ni en pintura. Eso era a lo que ella se refería, ese bebe aún no había nacido y ya la estaba apartando de todo. Su casa, sus padres, sus cosas, sus amigos en el vecindario. Espero que al menos sea tan feo como él, pensó Sidney refiriéndose a su padre.


Tras pasar toda la tarde de mal humor haciendo los deberes y ronda por el castillo lo que la cabreo aún más fue encontrarse en uno de ellos a Craig. Desde el incidente no habían vuelto a hablar y ni siquiera se miraban, pero el sentimiento de odio seguía presente. No tuvo miedo cuando se lo encontró en el pasillo, elevo su cabeza y camino haciéndoselo saber, pero la arrogancia con la que él la miraba y su mueca burlona la hizo desear arrancarle la cabeza de un hechizo.

Cuando llego a la biblioteca para cumplir el castigo la señora Pince no ayudo mucho a que su ánimo mejorara, le quito la varita con desprecio y la dejo allí sola. Asqueada cogió el trapo y continuo con su trabajo donde lo había dejado.


De nuevo comenzaron los estornudos, esos viejos libros de las partes superiores tenían tanto polvo acumulado como malas intenciones tenia Peeves. Llevaba 4 estanterías limpias cuando se encontró con algo que la asusto. Arañas, dos asquerosas arañas en el fondo de ese estante. Su primera reacción fue echar mano de la varita, cuando se percato de que no tenia bufo, ¿con qué podría matarlas? ¡Libros! Pero Pince seguro se daría cuenta. Busco a su alrededor en busca de algo que no encontraba. Bajo de un salto hacia el suelo y miro por la biblioteca, solo había libros y más libros. Llego hasta donde se sentaba la señora y rebusco por su mesa. ¡Perfecto! Una edición de El Profeta de hacía varios días, la arrugo para que fuera más contundente, como un bate y volvió corriendo hacia donde estaban las arañas. Con precaución se puso a una distancia prudencial y las golpeo, quizás con demasiada fuerza. Sus golpes retumbaban por toda la sala como si de campanadas se trataran. Escuchaba con claridad como sus patas habían hecho crac y le dio un asco tremendo, eso también lo tendría que limpiar.


-Creí que tenias que limpiar, no aporrear libros-dijo casi susurrante esa voz. Ni siquiera se giro estaba demasiado molesta.

-Si vienes a burlarte puedes irte, seguro que encuentras a alguien por los pasillos a quien le puedas quitar puntos y quedarte a gusto.

-¿Andamos de mal humor?

-Que observador eres Severus-contesto mordazmente ella.

Se acerco hasta donde estaba y un movimiento de varita hizo que la estantería quedara limpia.

-Podría haberlo hecho yo-repuso de mala gana reponiendo los libros.

-Se dice de nada, y ya que veo tu humor de hoy…que disfrutes-Severus estaba molesto por su trato y giro sobre sus talones dando media vuelta y caminando a zancadas hasta la puerta.


Dio un salto en la escalera y se hizo daño en el tobillo.

-Auchh-pero continuo y corrió hacia donde él se alejaba hasta que lo alcanzo-Severus espera-lo agarro del brazo-Perdona, hoy no es mi dia.

El la miraba aún en silencio, eso ya se notaba a raudales pero esperaba una explicación.

-Lo siento, no debí tratarte así.

Se giro para volver a la limpieza amargada y cojeando, no alcanzo a dar dos pasos hasta que el la cogió por la cintura ayudándola a caminar. Se miraron y ella le dijo.

-Gracias.


El asintió, llegaron a unos asientos y la ayudo a sentarse mientras le revisaba el tobillo, de su varita salió un hechizo contra el dolor y uno antiinflamatorio.

-¿Piensas decirme por qué estas así?-inquirió el esperando.

-Son muchas cosas-el la seguía mirando sin comprender, ella chasco la lengua-Estoy molesta porque no te he visto…

-Si me has visto-respondió el de inmediato.

-Vale, porque deseaba pasar un rato contigo. Además tuve noticias de mis padres, como ves algo poco agradable. Oliver cada vez está más decidido a…

-¿A qué?

-No sé, bueno, si lo sé-le miro y él seguía como hasta ahora-¡Ya sabes! A lanzarse para decirme algo.

-Si, la verdad es que cada vez es más evidente.

-O sea ¿que tu también te has fijado?

-Es imposible no hacerlo, créeme. Hicks debería darse cuenta de lo patético que resulta.

-¿Patético o realmente no te hace gracia?-pregunto queriendo descubrir algo más.

-Oh vamos, no empieces esos juegos conmigo, soy demasiado mayor.

-Severus, ¿no me digas que estas celoso?

-No lo estoy, es solo que me resulta molesto ver como ese joven no se da cuenta de cuando lo rechazan abiertamente.

-Claro-dijo sarcásticamente Sidney-Eres muy considerado con el pobre.

El la miro arqueando una ceja, algo molesto de que pensara que estaba celoso, aunque en el fondo sabía que era así.

-Bueno, además de Hicks…-dijo Severus tratando de cambiar de tema.

-Hoy me encontré con el imbécil de Craig, no paso nada pero me sigue recordando todo lo que me hizo con solo verlo. Arghhh, quizá lo consideres tonterías pero sin duda hoy se juntaron todas y arruinaron mi dia.

-Tranquila, estoy seguro que todo se arreglara.

-En el fondo, creo que lo que más me molestaba era saber que no te iba a tener a mi lado, cuando te veo, cuando paso un rato contigo haces que todo eso quede reducido a cenizas. Pero saber que no pasaría ni un segundo contigo, bueno, creo que eso hizo que todo explotara.

Se acerco hasta ella dándola un abrazo y besando su frente.

-Me halaga tener ese efecto en ti, pero no debes pensar en que todo es malo o bueno. En que pasamos tiempo juntos o en que no. Siempre estaré ahí, ¿me oyes?-ella asintió-Aunque haya días en que estemos separados sabes que siempre podrás contar conmigo, porque no te vea no significa que todo el mundo ya este en tu contra.

-Es fácil de decir.

-Y más aún de hacer, te lo aseguro. Si te pones a pensarlo todo lo que me has dicho tiene solución. Deshazte de Hicks, ignora a Craig…

-¿Y mis padres?

Silencio, ¿qué consejo le podía decir sobre ellos? Si por él fuera desearía decirle que pusiera en su lugar al idiota de Potter, pero sabía que aquello entristecería a Lily. Era una situación en la que él no podía meterse.

-¿Ves? No es tan sencillo-respondió ella misma ante el silencio de Severus.

Sabiendo que ella en esos momentos necesitaba de apoyo su corazón le dio un impulso y se decidió a contarle algo que poca gente sabia para que la ayudara y se animara.

-Te voy a contar algo-se puso rígido y ella lo miraba atentamente-Solo lo saben muy pocas personas, es algo demasiado personal y que no me gusta revelar. Yo, también tuve problemas con mis padres. Problemas más graves que los que puedas tener tú o de los que puedas imaginar. Tuve una infancia y una adolescencia muy dura-tomo aire y continuo-Crecí sin el apoyo de mis padres, ni de familiares. Creía que todo era bien o mal, nadie me enseño a diferenciar que había más cosas, más salidas, más opciones. Solo contaba con el apoyo de una persona-aparto su mirada porque sabía que no podría soportarla-Por mi empeño en encerrarme en mi oscuridad y no saber aceptar la ayuda y los consejos también perdí a esa persona. Lo que pretendo decirte es que, aprendí con golpes duros, quizá demasiados, pero supe darme cuenta de que hay que tomar decisiones. No darle importancia a lo insignificante, centrarnos en lo verdaderamente importante, como puede ser la amistad, y no dejar que el orgullo o la amargura te dominen.


Se quedo en silencio observándole, no se esperaba algo así. Estaba atónita sin saber que decirle, agradecía enormemente que él se hubiera abierto a ella de ese modo. Que confiara en ella de ese modo, al igual que ella lo hacía en el. Su relato, aunque no tenía muchos detalles específicos era muy duro, lo suficiente como para que las palabras sobraran. Se acerco hasta él y le abrazo, comenzó a llorar en su hombro.


El se limitaba a abrazarla, le había costado infinitamente mucho decir todo eso, pero esperaba que la sirviera. No quería que cometiera los mismos errores que él, era demasiado inocente, no merecía sufrir.


Después de un rato ella le libero del abrazo, aún con los ojos rojos de haber llorado le dijo.

-Severus, en serio, agradezco muchísimo que me hayas contado eso. Ten por seguro que no se lo contaré a nadie-el asintió-Me duele terriblemente que hayas pasado por algo así. Me siento abochornada por estar haciéndote perder el tiempo escuchando mis "problemas", soy una cría.

-Ey-la tomo de la barbilla-¿No has entendido lo que te he dicho? Siempre me tendrás ahi, para lo que sea. No me haces perder el tiempo, me gusta que te sinceres y te desahogues. Me gusta saber que te soy útil. Si te digo estas cosas es solo para que tú no hagas lo mismo que hice yo, aprende, estas a tiempo.

-Lo haré, te lo prometo.

-Eso está mejor.

Ella le sonrió tímidamente y no pudo evitar rozar con sus dedos esos labios, se inclino hacia delante y la beso tiernamente, podía notar el sabor de sus lágrimas en sus labios. No quería que ella volviera a llorar, no quería probarlas de nuevo, resultaban muy amargas para él y para su corazón.

Tras unos minutos Severus la ayudo con la limpieza con un hechizo y la acompaño hacia las cocinas para que tomara un poco de zumo de calabaza, después la acompaño hasta la torre de Gryffindor, ambos se despidieron más animados, sabían que esa relación que tenían estaba comenzando a cimentarse en la confianza.


Buenas! Lo primero agradecer los comentarios, haceis que me sonroje =) por aqui si que me se de unas excelentes escritoras entre las que tengo el honor de contar con que algunas de ellas me leen.

Bueno, espero que este capítulo no os haya parecido aburrido, puede dar la impresión de que no pasa nada pero creo que solo por el hecho de que Severus haya decidio confesar algo de su vida ya es importante, además os estoy introduciendo cosas de vital importancia en próximos capítulos y próximo curso, arggg no puedo revelar más.

Un saludo fuerte! ^_^