XXV.

Joon Pyo se quedó helado y tan sorprendido como podía estar; ni siquiera pudo moverse cuando el líder yakuza se desplomó a tan sólo unos cuantos centímetros de él. Lo que siguió fue un silencio sepulcral y horrible que fue roto cuando Ji Hoo razonó lo que acababa de hacer, soltó la pistola y ésta golpeó el piso.

Segundos después, Woo Bin agitó la cabeza para salir del estado de trance en el que había entrado y corrió hacia Joon Pyo...

—¡Joon Pyo! —gritó llegando a arrodillarse a su lado— ¿¡Estas bien?!

Por su parte, Joon Pyo no dejaba de observar el cuerpo inerte que ahora yacía a su lado mientras apretaba las manos contra su cuello que no dejaba de sangrar.

—¡Joon Pyo! —Woo Bin se acercó más a él, tratando de quitarle las manos para comprobar por sí mismo la peligrosa herida— ¡Joon Pyo, reacciona!

Fue en ese mismo instante, que el abogado Bo y Kwan Suk se asomaron y observaron la escena; el primero avanzó de prisa y se arrodilló al lado de su hermano para comprobar sus signos vitales.

—Fuera de aquí —habló el padre de Woo Bin, igualmente sorprendido de lo que veía— ¡Fuera de aquí ustedes tres!

Woo Bin tomó a Joon Pyo del brazo y lo hizo levantarse, Ji Hoo caminó hacia atrás sin decir ni una sola palabra, aún mirando a Masaaki en el piso.

—¡Fuera de aquí!

Y los tres salieron tan rápido como pudieron, bajando las escaleras y saliendo del edificio, cruzándose con toda la gente que iba de subida a averiguar qué pasaba; nadie pareció ni siquiera notarlos.. Afuera, en el frío cortante y la lluvia que ya se había convertido en agua nieve, Joon Pyo empezó a hablar y a quejarse de no sentía fuerza y que sus ojos no veían y finalmente cayó de rodillas en la tierra.

—Joon Pyo —murmuró Ji Hoo arrodillándose a su lado, obligándolo a quitarse las manos del cuello y palpando el mismo su herida— la bala no se alojó, pero estás perdiendo mucha sangre... —se descolgó rápido la mochila de sus hombros y la abrió —dame luz —dijo dirigiéndose a Woo Bin y éste tomó una linterna para alumbrarlo.

Seo Hyun llegó hasta ellos y cayó de rodillas también.

—¿Joon Pyo...? —gimió sin fuerzas tapándose la boca con una mano— ¿qué pasó...? ¿qué pasó?

—Estoy bien —Joon Pyo quiso forcejear y empujar a Ji Hoo pero cada segundo tenía menos fuerza—, ayuda a Seo Hyun.

Ella sonrió negando con la cabeza...

—Yo estoy bien...

—No te muevas —Ji Hoo ya había logrado descubrirle el hombro cubriendo sus propias manos de sangre, luego levantó la mochila negra a sus pies y sacó una botella con un líquido transparente y lo vertió.

—¡Argh! ¡Eso arde, bastardo! —Joon Pyo se revolvió tratando de echarse para atrás apretando los ojos pero Woo Bin lo sostenía. Cuando dejó de sentir las manos de Ji Hoo sobre él, abrió un ojo y se sobresaltó al verlo preparando un hilo y una aguja— ¡Hey! ¡No! ¡No quiero que hagas eso!

—Que te quedes quieto te he dicho —ordenó el joven médico firmemente.

Seo Hyun con la poca fuerza que le quedaba ayudó a sostener a Joon Pyo.

—¡No quiero que hagas eso! —replicó a punto de desmayarse—. No estás bien para hacer eso... no quiero...

—Si no lo hago ahora, te vas a morir —espetó Ji Hoo y sin darle escapatoria enterró la aguja en su piel y suturó la herida poco a poco...

Joon Pyo apretó los dientes mientras gruñía y se mordía la lengua para no soltar maldiciones, sentía el hilo uniendo de nuevo su piel y era una sensación repugnante, no obstante, dolía mucho menos de lo que había dolido el disparo. Cuando terminó pudo acomodarse la ropa y relajarse un poco, aún así, sentía su cuerpo débil como una gelatina.

Instantes después, más personas empezaron a salir del edificio, Woo Bin observó el panorama y luego se dirigió a sus amigos.

—Vamos —tomó a Joon Pyo del brazo y lo levantó, ayudándolo a mantener el equilibrio—, deben entrar a la camioneta...

Y dicho, Joon Pyo, Ji Hoo y Seo Hyun, en ese orden, entraron al asiento trasero a una de ellas, Woo Bin, después de decir que volvería pronto, cerró la puerta. Seo Hyun suspiró y recargó su cabeza en el asiento delantero, cerró los ojos visiblemente agotada.

—Estás herida —masculló Ji Hoo observándola, no era una pregunta— ¿qué fue lo que te hicieron? ¿cómo te sientes...?

—Estoy bien, Ji Hoo —abrió los ojos y lo miró con su sonrisa comprensiva y cansada—, no fue tan terrible.

—No fue tan terrible —Joon Pyo gruñó sin fuerzas, enojado—. ¡No estamos ciegos! ¡Te golpearon!

Ella se llevó las manos al rostro; aún dolía, pero negó con la cabeza, aún sonriendo.

—No fue nada —siguió negando con la cabeza y se apresuró a continuar antes de que Joon Pyo siguiera protestando—, sólo estaba terriblemente asustada, pero siempre tuve comida y agua y me entretenía jugando ajedrez con él...

El silencio de ese momento fue perturbador; la sola mención de esa persona trastocaba en lo más profundo de las venas de los otros dos. Ji Hoo apretó los dedos contra sus propios antebrazos, tomando aire profundamente, repitiendo en su mente las imágenes de el líder cayendo de espaldas ante él y lo veía como un recuerdo difuso y extraño, como si hubiera sido un sueño o una memoria demasiado lejana a pesar de haber ocurrido momentos atrás.

—Ji Hoo... —Seo Hyun se inclinó un poco hacia él— ¿Qué pasó...?

—Estás temblando —Joon Pyo lo tomó de la muñeca— ¡¿cómo pudiste meterme una aguja en el cuello?!

Esta vez, fue Ji Hoo el que negó con la cabeza, las palabras no salían de su boca a pesar de que había hecho el amago de querer hablar; entonces, la puerta del copiloto se abrió y Woo Bin entró, mirando hacia ellos.

—Está muerto —dijo entre incredulidad y confusión— Ellos han dicho que está muerto.

Ji Hoo se llevó una mano a la boca y se encogió sobre sí mismo. Había matado a una persona; le había disparado cuatro veces a quemarropa a una persona; no importaba quién fuera esa persona, ahora él era un asesino igualmente. No lo pensó en el momento en que jaló el gatillo por primera vez, fue su propio cuerpo el que se movió solo al darse cuenta de que Joon Pyo estaba en peligro, pero luego, recordó las palabras que él le dijo años atrás, recordó que de no ser por él, sus padres estarían vivos y probablemente su vida no sería una constante desgracia, había recordado sus ojos hieráticos y gélidos, que casi le ordenaron matarlo como parte de un destino que tendría que enfrentar algún día, así que las siguientes tres veces que disparó fue porque realmente quiso matarlo.

Y lo había logrado, y ahora tenía una cosa más que le perseguiría por el resto de su vida; haber faltado a su juramento de proteger y salvar la vida de cualquier persona...

—Iba a matar a Joon Pyo —dijo Woo Bin adivinando lo que Ji Hoo estaba pensando, estirándose desde el asiento delantero para tocarle el hombro—. Salvaste a Joon Pyo y seguramente a mucha gente más; no tenías opción, no fue culpa tuya e hiciste lo correcto.

Pero Ji Hoo no contestó; bajó su mirada sabiendo que Woo Bin tenía razón pero sin hacerlo sentir mejor...

—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó Joon Pyo llevándose una mano al cuello, le dolía demasiado y trataba de respirar profundo para no concentrarse en ello— ¿Qué van a hacer ahora?

—Dicen que se marcharan.

—¿"Dicen"? —repitió Joon Pyo arqueando una ceja— ¿Qué significa que "dicen que se marcharan"?

Woo Bin guardó un instante de silencio antes de dirigir sus ojos a Ji Hoo y resoplar.

—Han dicho que Ji Hoo tenía el derecho de vengarse y que por su código no pueden hacer más ahora.

—¿Qué mierda es todo eso del código? —bufó Joon Pyo cada vez más molesto— Y tú, Ji Hoo, ¿¡cómo que tenías derecho de vengarte?!

El rostro de Ji Hoo se contrajo ante la incapacidad de expresar con palabras lo que ocurría...

—Joon Pyo —Woo Bin le habló calmadamente y en un tono muy bajo—, discutiremos esto después.

Otro gruñido por parte del heredero del Grupo Shinhwa, pero no dijo ni una sola palabra más, no porque no quisiera sino porque su energía ya se había drenado por completo.

0o0o0

En la mansión nadie había ido a dormir así como tampoco nadie había dicho ninguna palabra, el aire de tensión y nerviosismo era insoportable. Jae Kyung caminaba de un lado a otro recorriendo los enormes ventanales, mirando su reloj a cada momento, resoplando maldiciones de que por qué el tiempo pasaba tan jodidamente lento.

Sentada, con sus manos entrelazadas con las de Yi Jung, Ga Eul miraba el mármol del suelo como en un trance en el que parecía que ni siquiera parpadeaba, miró de reojo el reloj de la pared y comprobó que eran unos minutos después de las cinco de la madrugada, no habían pasado ni siquiera tres horas pero parecía que habían esperado por siglos ya. Tenía el deseo de abrazar y ser abrazada con mucha fuerza por Yi Jung, pero sabía que algo tan simple lo lastimaba mucho y que lo más que podía hacer era apretar sus manos, se sintió por un momento agradecida de que su novio estaba con ella y no con esos asesinos, estaba segura de no haber podido mantener la calma si él hubiese ido y, al mismo tiempo, ese sentimiento la hacía sentir culpable y egoísta. Yi Jung, por su parte, tampoco había hablado y en sus ojos se podía leer que se sentía mal por no poder acompañar a sus hermanos y el terror que le causaba el pensamiento de no volver a ver a alguno de ellos.

Minutos después, Kyllian Leblanc, el prometido de Seo Hyun llegó desde Francia, entrando sin propiedad, acompañado de sus guardaespaldas y gritando en francés, terminando de destrozar los pocos nervios que les quedaban a los presentes; pronto, él y Ha Jae Kyung estaban gritándose, ella en su mal francés y él en su mal coreano hasta que la presidente Kang, con su omnipotente presencia, mandó callar a ambos.

Entonces, las luces de las camionetas que regresaban iluminaron el salón, haciéndolos brincar como resortes y salir corriendo a las puertas principales.

Finalmente, Ga Eul respiró al ver descender a sus tres amigos acompañados de Seo Hyun y sin esperar ni un instante, el hombre francés se abalanzó sobre su prometida, abrazándola, susurrándole muchas cosas en francés y besando una y otra vez su frente, Seo Hyun sólo correspondió al abrazo y enterró su rostro en el pecho de él.

—¿Qué pasó? —demandó Hee Soo llegando al lado de Kwan Suk— ¿Se fueron?

—Nos las apañamos —contestó resoplando con fastidio y cierta ironía—. Tu hijo obviamente causó problemas y Ji Hoo casi hace que nos maten a todos, pero nos las apañamos.

—Habla claro —gruñó ella con las manos en la cintura.

—Ji Hoo mató a Masaaki Takeru —contestó mirándola fijamente, logrando descomponer el rostro de la impotente mujer en uno de genuina sorpresa—, pero anda, tu niño está herido, ve con él...

Jae Kyung, sin reparar ni un segundo en lo que hacía, se lanzó a los brazos de Joon Pyo, apretándolo con su brazo sano, pues el otro seguía sin poder moverlo, murmurando lo tonto que era y lo mal que le caía y él, con lo débil, dolorido y ofuscado que se sentía, no tuvo ganas de rezongar. Woo Bin abrazó a Yi Jung apenas tocándolo y luego, abrazó también a Ga Eul.

Ji Hoo se topó con la mirada de su abuelo y se apresuró a llegar a él, tal como lo hacía cuando era un niño pequeño y se le abrazó.

—Se terminó, abuelo —gimió apretándolo—; se ha ido para siempre...

El hombre mayor abrazó también con fuerza a su nieto...

—¿A qué te refieres...? —preguntó con duda.

—Lo maté... —dijo con la voz quebrándosele— no quería matarlo, no quería tomar el derecho de vengar a mis padres, aún así lo maté...

El cuerpo de su abuelo se tensó, pero no lo soltó.

—¿Pero qué dices...? —negó un par de veces— ¿A qué...? ¿a qué te refieres...?

—Le disparé, abuelo —sollozó sonando desconsolado—. No quería... en serio no quería... y lo asesiné...

—Tranquilo, hijo... —le susurró poniendo más fuerza en su abrazo, tenía muchas preguntas pero no considero el momento para formularlas— tranquilo...

0o0o0

Minutos después, luego de que el doctor Yoon valorara a Seo Hyun y a Joon Pyo y dijera que no era necesario hospitalizar a ninguno, los F4 se encerraron en el cuarto de Joon Pyo, tal como solían hacerlo desde niños, ignorando a todos los demás. Ga Eul y Jae Kyung sabían que tenían que dejarlos en paz y solos en esos momentos así que fueron juntas a otro cuarto a tratar de dormir compartiendo la cama y Seo Hyun pidió primero darse un baño y luego comer.

—Siento como si un tren me hubiera pasado encima —Ji Hoo recorrió con su mano lentamente desde su garganta hasta su estómago—; literalmente siento que he explotado por dentro...

—Ji Hoo —Woo Bin lo tomó por ambos hombros—, tienes que tranquilizarte y respirar. Lo que ha pasado ha pasado y ya te lo dije, no tenías opción, hiciste lo correcto.

—No —Ji Hoo negó agotado—. No lo hice... ni fui capaz de decirles que era lo que él quería conmigo...

—¿Quieres contarnos ahora...? —preguntó Woo Bin comprensivamente, Joon Pyo y Yi Jung observaban en silencio y Ji Hoo asintió débilmente...

—Yo... —comenzó sin mirar a ninguno, tragando saliva— de verdad no lo recordaba; durante toda mi vida, el recuerdo de la noche de la muerte de mis padres no era más que una sombra negra con flashes de fuego y el auto deshecho, no había más... —se quedó callado como eligiendo con cuidado sus próximas palabras— Pero hace unos días, todo volvió a mi mente, me traté de forzar tanto para entender a Jan Di que los recuerdos volvieron como si no hubiera pasado tanto tiempo; esa madrugada mis padres estaban huyendo, sabían que los iban a matar... y yo vi a Masaaki descender de la camioneta que nos golpeó a propósito... —exhaló aire con pesadez— y me dijo que yo había ganado el derecho de vengarme...

—Por su puesto... —murmuró Woo Bin entendiendo todo— su código debe prohibir matar en frente de los hijos...

—¿Por qué no nos dijiste nada? —reclamó Joon Pyo entre la estupefacción y la decepción— ¡Te habría amarrado para que no fueras!

—¡No podía ni decirlo! —argumentó Ji Hoo negando con la cabeza— Tomé tantas pastillas y tanto alcohol porque no quería seguir recordándolo, sólo quería olvidarlo de nuevo...

—¿¡Fue por eso que te intentaste matar?! —Joon Pyo gruñó recuperando su poca fuerza.

—No me quería matar —aclaró fastidiado llevándose las manos a las sienes— ¡Quería olvidarme del Clan, de mis padres y de Jan Di! ¡Quería dormir! ¡Llevaba semanas sin dormir!

—Pues casi te matas, idiota.

—Joon Pyo —intervino Woo Bin en tono de advertencia, sorprendido por lo que estaba escuchando y quizá también algo ofendido por no haberlo sabido—, cálmate, no le hables así a Ji Hoo.

—Cierto, Joon Pyo —Yi Jung trató de sonreír un poco—, pelearemos otro día.

Joon Pyo resopló resignado y agotado, sólo porque el dolor punzante del disparo le comenzaba a taladrar el cerebro decidió no seguir discutiendo.

—Claro —el joven heredero de Shinhwa tomó a su mejor amigo del hombro—, lo único que me importa es que estás aquí y vas a estar bien.

Ji Hoo levantó los ojos y lo miró, nunca esperaba ese tipo de declaraciones de Joon Pyo aunque siempre sabía lo que su malhumorado amigo sentía, sonrió levemente, por primera vez en mucho tiempo mientras asentía y se abrazó de él mientras sus otros dos amigos también se juntaban y cada uno lo tomaba de un brazo; quizá tenía unos veinte años de la última vez que se abrazan entre los cuatro y les sirvió para recordar que podía seguir y seguir pasando el tiempo y podían envejecer pero jamás cambiaría que nunca habría nada más importante que la amistad que tenían...

0o0o0

Pasó un día más y habían preferido seguir quedándose todos en la mansión Al menos hasta estar seguros de que los yakuza realmente se habían dispersado, lo mejor era no estar separados, sin embargo, el tiempo había transcurrido tranquilo y todo parecía estar en orden.

Ji Hoo, con su legendaria mueca estoica, había permanecido encerrado en la habitación que le fue asignada todo el tiempo, se tiraba en la cama y se quedaba observando el techo, con las imágenes de Masaaki volviendo una y otra vez a su cabeza, tratando de convencerse a sí mismo de que nada era su culpa y de que realmente no había más opción...

Se giró para quedar recostado en su lado derecho pensando en que se estaba tratando de autoconvencer de algo estúpido; siempre había otra opción...

Tocaron suavemente a su puerta. Ji Hoo resopló sin ganas de hablar con nadie en ese momento y se levantó lentamente, pero antes de que pudiera ponerse de pie volvieron a tocar, caminó a la puerta sin apurarse y abrió dejando ver a Ha Jae Kyung con el puño levantado y a punto de tocar nuevamente.

—¡Feliz Navidad! —sonrió ella realmente alegre y haciendo ademanes con su brazo derecho, pues el izquierdo seguía inmovilizado con un fuerte vendaje— ¿ya te habías dado cuenta de que hoy es Navidad?

Ji Hoo la observó un par de segundos, sacó su celular y vio la fecha de veinticinco de diciembre, lo guardó y no dijo nada. Sabía que Navidad estaba cerca, pero no se había detenido a pensar qué día sería.

—Anda, corre, ya llegó el regalo —sonrió Jae Kyung acercándose a él y luego su mirada se tornó traviesa—. Te va a encantar.

Él levantó ligeramente una ceja.

—¿El qué...? —habló sin especial interés.

—¡Ven, tienes que verlo!

Jae Kyung se dio la vuelta y se fue corriendo. Ji Hoo quedó inmóvil con la vista perdida en la dirección por la que ella había desaparecido. Segundos después, la chica regresó haciendo sonar fuertemente sus pasos y volvió a encararlo con el ceño fruncido.

—En serio, ¿por qué eres tan difícil? —resopló fastidiada, pero volvió a su sonrisa en un instante y de un rápido movimiento lo tomó de la muñeca derecha y lo jaló para que caminara con ella— ¡Corre, corre!

Lo hizo cruzar la mitad de la mansión sin que él pusiera resistencia, cruzando el laberinto de pasillos, corredores y salas hasta llegar al comedor principal, donde la larga mesa estaba estaba ocupada por Joon Pyo, Seo Hyun y su prometido y una serie de personas que no había visto jamás, algunas de ellas de aspecto occidental, la mesa estaba llena de papeles y carpetas que los desconocidos hojeaban mientras las criadas ofrecían tartas de frutas y café.

Al ver a Ji Hoo, Seo Hyun sonrió ampliamente y se levantó.

—Maestra —dijo ella en francés—, quiero presentarte a Ji Hoo Yoon...

Entonces, una mujer madura, de unos cincuenta años quizá, alta, delgada, rubia con ojos castaños y vestida de Channel se levantó también, sonrió y también habló en francés;

—Ji Hoo Yoon —movió la silla para poder caminar hacia él y extenderle la mano—, qué gusto conocerte al fin; durante años no he hecho otra cosa más que escuchar maravillas de ti...

Ji Hoo, aún confundido, hizo primero una leve reverencia antes de saludarla de mano, Seo Hyun llegó a su lado, sonriente.

—Ji Hoo, quiero presentarte a mi maestra y directora de mi proyecto de tesis, Marion Darie, Doctora en Derecho Internacional Privado.

—Noona ha estado moviendo sus influencias con los abogados más potentes del mundo —sonrió Joon Pyo desde la mesa con su típico aire de arrogancia— y están estudiando el caso de Jan Di...

—¿No es genial? —Jae Kyung estaba muy emocionada y no hacía nada por ocultarlo— Estoy segura de que Jan Di volverá pronto... ¡soy tan feliz!

—Pero... —Ji Hoo aún estaba estupefacto— ¿cómo...?

—Déjamelo a mí —Seo Hyun se llevó la mano al pechó y sonrió con autosuficiencia—, yo ya tenía planeado esto desde antes de que el abogado Bo se presentara en mi casa y me... —entrecerró los ojos— invitara a pasar una temporada con ellos...

0o0o0

Jan Di se dejó resbalar por la pared del patio hasta quedar sentada en el suelo y observó a sus compañeras jugar basquetbol por un rato. Suspiró encogiendo sus rodillas y abrazándolas; estaba tan ansiosa, seguía sin saber qué pasaba y seguía arrancándose lo poco que le quedaban de uñas. De un momento a otro, sintió el balón ir a toda velocidad hacia ella, lanzó un pequeño grito y se agachó justo cuando el balón golpeó la pared a centímetros de ella.

—¡Jan Di! ¡Ven a jugar! —exclamó Junko tomando el balón que volvió a rebotar hacia ella— ¡Anda, necesitas ánimo!

—Déjala en paz —Maiko exhaló con desaprobación.

—Claro, es tu primera Navidad en prisión —Junko torció la boca— y tu esposo ya no ha venido a verte —se sentó a su lado—. Hoy tendremos una cena, no es tan mala, habrá pavo que sí sabe a pavo y fruta.

Jan Di sonrió, no recordaba que era Navidad, solo recordó entonces que si no hubiera sido por ella, Ga Eul estaría de Luna de Miel en París en ese mismo momento, como siempre soñó desde niña...

Entonces, un guardia apareció con un gesto de desgano y llamo a Jan Di diciéndole que su abogado estaba esperándola...

—¿Mi... abogado...? —Jan Di se levantó estupefacta y pálida, no era posible que Bo hubiese regresado y estuviera allí mismo. Tragó saliva y asintió.

—¿Lo ves...? —Junko le sonrió aún sentada en el pavimento— No se han olvidado de ti...

No contestó, su corazón latía de prisa y horror pensando en él; hasta donde sabía, los chicos lo habían capturado y no volverían a permitir que se acercara a ella.

Fue dirigida a los cuartos donde solía verse con Bo, pero ésta vez se sorprendió al ver que estaba lleno de personas que nunca había visto. La mujer de larga cabellera negra que estaba sentada de espaldas a ella se levantó y se giró...

—Seo Hyun unnie... —Jan Di abrió la boca genuinamente confundida— ¿qué...? ¿qué haces aquí?

—¿No es obvio? —Seo Hyun sonrió con ternura— Soy tu nueva abogada.

—Pero... —Jan Di negó con la cabeza— ¿estás bien? —se acercó un paso, levantó su mano y tocó el rostro de su vieja amiga, con una expresión que parecía que estaba viendo una alucinación— estás lastimada; te han hecho esto por culpa mía...

—Estoy bien, Jan Di —insistió tomándola de la muñeca—. Todo va a estar bien ahora.

—Oh, unnie —se abrazó a ella casi sollozando—, estaba tan preocupada por ti...

—Lo sé... —Seo Hyun acarició su cabello con ternura— Anda, déjame presentarte a estas personas —se separó y empezó a señalar a tus acompañantes—; él es el Fiscal Minoru Itô-san —las personas trajeadas que los acompañaban se levantaron—, ellos los abogados de la embajada coreana Park Jee Woo y Lee Ki Jeong —finalmente se dirigió a un hombre y una mujer occidentales— y a mis colegas franceses, Luc Monier, quien también fue mi maestro en la Universidad y Marion Darie, Doctora en Derecho Internacional Privado.

Jan Di atinó a hacer una reverencia torpe mientras veía sorprendida a los imponentes abogados frente a ella, quienes saludaron también, Seo Hyun quiso hacerla sentar pero se resistió.

—No, unnie —Jan Di negó fuertemente con la cabeza—, esto es demasiado, no...

—Jan Di —buscó sus ojos que se negaban a encontrarse con los suyos—, ¿recuerdas lo que te pedí? Tú y yo teníamos una promesa.

Jan Di tragó saliva y miró al piso, asintiendo casi imperceptiblemente.

—¿Recuerdas cuando me mudé a Francia y me dijiste que temías que Ji Hoo no volviera a sonreír? Me prometiste que lo harías sonreír otra vez ¿Acaso ha perdido valor para ti? —continuó Seo Hyun—. Para mí es algo sumamente importante, pero quizá han pasado tantos años que ya lo has olvidado.

—No —al fin alzó la cabeza—. Por supuesto que no. También es muy importante para mí, pero...

—Ahora soy yo la que teme que Ji Hoo no vuelva a sonreír... Todo el tiempo que estés aquí él será infeliz, es por eso que daré todo de mí para llevarte de vuelta a casa.

0o0o0

Jan Di estuvo largo rato con los abogados, al día siguiente tendría una audiencia con el juez, quien revisaría se caso con todas las acotaciones nuevas, también se llevó una enorme sorpresa al salir a la sala de visitas y encontrarse con sus padres, su hermano, Ga Eul, Jae Kyung, Yi Jung, Woo Bin y Joon Pyo, quienes la abrazaron y le expresaron una y mil veces cuánto la extrañaban y cuánto la querían... pero Ji Hoo no estuvo allí.

El resto de la tarde no estuvo mal; tal como Junko había prometido, sirvieron en el comedor de la prisión pavo que sí sabía a pavo y fruta. No podía describir la clase de Navidad que estaba pasando, se sentía feliz y asustada al mismo tiempo; feliz porque por fin había visto a sus amigos, Jae Kyung, Yi Jung y Joon Pyo heridos, pero completos y alegres, además Seo Hyun le había dado muchas esperanzas. Aunque sin duda estaba asustada porque no sabía como se enfrentaría al juez al día siguiente y lo peor de todo... es que no había visto a Ji Hoo...

—"Eso es porque es un gato huraño y está en un modo antisocial profundo desde la muerte de Masaaki" —le había dicho Joon Pyo— "pero claro que vino con nosotros a Japón de nuevo; él también va a contarle al juez lo que ocurrió."

Jan Di suspiró y mordió su pedazo de pavo; sabía que vería a Ji Hoo tarde o temprano, y cuando lo viera podría disculparse y decirle cuánto lo amaba y lo adoraba y cuánto lo necesitaba a su lado, además, después de lo que le contaron, que él había disparado y matado al líder yakuza, comprendía que no se sentiría nada bien... y ella quería estar ahí para él, para que olvidara todo y quizá se podría concentrar en construir una nueva vida al lado de ella...

0o0o0

Al día siguiente, vestida con un sencillo vestido gris hasta la rodilla, zapatos bajos negros, un suéter también negro y el cabello atado en una coleta baja, se quedó a solas con Seo Hyun en la misma sala del día anterior.

—Te voy a explicar como está tu situación —Seo Hyun le hablaba tranquila y mirándola a los ojos. Jan Di tragó saliva y asintió lento—. Anulamos tu confesión que era nuestro principal problema en tu caso...

—El abogado Bo decía lo mismo... —susurró bajando la mirada a la mesa.

—Tenía razón; estabas condenada por ella, pero logramos anularla porque es una carta escrita en japonés y firmada por ti, fue por eso que te pedimos que leyeras en japonés ante el juez, para demostrar que no sabes leerlo...

Jan Di abrió un poco más los ojos; esa misma mañana, había tenido su audiencia con un juez, en la que tuvo que relatar su historia y en un punto le habían extendido un escrito para que lo leyera en voz alta, observó la hoja tratando de descifrar las palabras, pero terminó por dejarla al lado y decir que no sabía leer japonés. No había entendido el por qué de hacerla leer en ese momento.

—Así que.. —Seo Hyun suspiró— pudimos retirar todos tus cargos graves, sin embargo, estás acusada de otras cosas, por ejemplo, obstrucción de la justicia...

La abogada abrió su carpeta, girándola hacia la joven, dejándole ver varios documentos, esta vez escritos en coreano, en donde pudo leer sus nuevos cargos...

—Ya veo... —murmuró Jan Di sin ánimo.

—Quiero que sepas —Seo Hyun la tomó de la mano— que con los cargos anteriores te enfrentabas a una sentencia de mínimo treinta años, con posibilidad de salir a los quince por buena conducta...

—También me decía eso el abogado Bo...

—Sí —Seo Hyun asintió—, todo lo que él decía era técnicamente correcto...

—¿Y ahora...?

—El juez ha escuchado también a los demás, ha tomado una decisión y te ha dictado sentencia ya —se quedó en silencio observando a Jan Di cerrar los ojos y morderse el labio y luego de un momento, continuó—. Te han dado dos años de prisión.

—¿Dos años...? —Jan Di murmuró paseando su vista entre sus manos, la mesa y el suelo, luego, asintió brevemente— está bien... —forzó una sonrisa, pero aún con ella, parecía querer llorar— es decir, dos años no son nada en realidad comprados con la posibilidad de treinta.

Seo Hyun le sonrió con dulzura y en ese momento, un par de guardias entraron a la sala.

—Por el momento tengo que dejarte —la abogada se levantó y Jan Di también—. Estaré contigo pronto, ¿de acuerdo?

Jan Di fue llevada a una celda de barrotes en un pasillo sin mucha luz donde había unas cuantas celdas más, todo dentro del juzgado. Recordaba ese lugar; la primera vez, antes de que la llevaran a la cárcel, estuvo un rato allí. Frotó sus manos pues hacía cada vez más frío. Vio a un policía caminar hacia la celda y pensó que tal vez la llevarían de vuelta a la prisión , pero pasó de largo y continuó su camino sin detenerse ni un momento. Ella lo observó irse.

Empezaron a pasar las horas, ella veía a gente ir y venir, tronaba sus dedos ansiosa y triste, se levantaba a momentos y caminaba por el pequeño lugar para luego volver a sentarse.

Exhaló aire encorvándose. Dos años… dos años no eran tanto tiempo en realidad, tendría veintisiete para entonces. Recordó cuando Joon Pyo le dijo que se marcharía cuatro años a Estados Unidos y los cuatro años pasaron relativamente rápido… claro, estaba estudiando medicina, haciendo lo que más le gustaba y tenía a su lado a sus amigos y a su familia, no los había pasado encerrada vistiendo ropa de un deprimente color tierra árida.

Sacudió la cabeza para tratar de desechar la idea de que se volvería loca. Ella era más fuerte que esto y lo que tuviera que enfrentar lo enfrentaría con la frente en alto.

Además no iba a estar tampoco sola; en la cárcel tenía a Maiko, ella ya llevaba más de dos años y le faltaban cinco aún, ante ese panorama, no tendría ni por qué quejarse... y estaban las otras chicas que eran divertidas... a veces... y no era tan terrible, exceptuando el agua helada de las duchas, la comida que sabe a cartón mojado y la claustrofobia y la rabia y...

Se echó a llorar de pronto. Estaba agradecida, sí, todas las personas que amaba estaban a salvo, el líder yakuza muerto, Bo se había ido y ella no estaría encerrada toda su vida, pero aún así, se sentía tan triste y miserable; ella quería volver a casa, con su familia, adoptar un gato, salir con sus amigos y tener su título y su licencia de médico, trabajar mucho con el abuelo y con Ji Hoo...

Ji Hoo...

Lloró más fuerte... a él no lo había visto. La última vez que habían hablado ella le había dicho que no quería volver a verlo en su vida y quería morirse por ello... Lo necesitaba a su lado en ese momento, siempre había estado con ella y ella era tan tonta como para no valorar lo suficiente lo que tenía, pensaba que jamás lo perdería, que no importaba nada, que ella podría hacer lo que quisiese, que incluso podría casarse con alguien más y aún así Ji Hoo no se separaría de su lado...

Fue egoísta y estaba siendo egoísta en ese momento en quererlo. Él estaba en todo su derecho de no volver, para empezar, ni siquiera lo merecía, eso estaba claro; Ji Hoo no merecía ni un solo día de pasar al lado de alguien que estuviera en una cárcel, Jan Di odiaba que él estuviera dejando de lado su vida por acompañarla, odiaba que alguien como él tuviera que pisar ese nido de criminales.

Para rematar, Jan Di sabía que todo lo había hecho mal, que hubiera podido actuar de manera diferente, que tal vez si ella hubiera sido más lista habría podido hacer las cosas diferentes.

Lloró un larguísimo rato, lamentándose, y al mismo tiempo tratando de decirse que no había caso en autocompadecerse y que en dos años, quizá... ella y Ji Hoo podrían empezar de nuevo... sólo quizá...

Pasaron más y más horas, ella se calmó; ahora estaba agotada de tantas lágrimas y no salía ni una más, el sueño empezaba a vencerla, ¿cuánto tiempo habría pasado ya? No tenía un reloj, tal vez ocho o diez horas.

Jan Di se había sentado en el suelo ya que sentía que era más cómodo que la banca. Escuchó nuevos pasos y primero miró solo de reojo pero al reconocer a Min Seo Hyun acompañada de un custodio, se levantó velozmente.

—Jan Di —Seo Hyun llegó hasta la pequeña celda y tomó un barrote con una mano, sonreía como nunca la había visto sonreír en la vida—, vámonos a casa.

Jan Di se quedó sin expresión, sin entender qué quería decir y el guardia, echó la llave en el cerrojo y abrió la puerta.

—¿Unnie...?

—¿Cuánto más quieres quedarte aquí? —la abogada sonrió sin poder ocultar su emoción, impropia de su personalidad tan extremadamente calmada— Vámonos, eres libre ahora.

Entonces, Jan Di se abalanzó al cuello de su amiga y la abrazó con mucha, mucha fuerza, queriendo echarse a llorar de nuevo.

—¿Pero... cómo...?

Seo Hyun la separó para poder tomarla de los hombros y mirarla a los ojos.

—Estuvimos negociando, logramos que te dieran fianza y ya acaba de ser pagada...

Nuevas lágrimas escurrieron de los ojos de Jan Di y negó con la cabeza...

—Gracias... —masculló limpiándose los ojos con ambas manos— trabajaré mucho para pagarles el dinero... ¿cuánto fue...?

Seo Hyun negó sonriendo.

—Mucho —le acarició el rostro con ternura— y mira para que alguien como Joon Pyo diga la palabra "mucho" es porque es mucho... no quieres saberlo.

—Aún así...

—Basta, Jan Di —Seo Hyun le puso un dedo en los labios para que no hablara más—, los harás enfadar si dices que quieres pagarles.

Jan Di sonrió asintiendo y luego, ambas caminaron por el largo pasillo para abandonar el lugar.

En una amplia sala llena hileras de sillas y muchos escritorios, Joon Pyo y la abogada francesa estaban muy concentrados firmando una pila de papeles, uno tras otro, tras otro, tras otro. Todos los demás, incluyendo a la familia de Jan Di, esperaban sentados, aburridos, jugueteando con sus celulares...

Ga Eul fue la primera en verla y se levantó de un salto.

—¡Jan Di! —gritó emocionada corriendo hacia ella y estrujándola con toda su fuerza

En un segundo, tenía a todos los demás rodeándola y abrazó a cada uno de ellos como si no quisiera dejarlos ir jamás. Yi Jung se quejó de dolor cuando fue su turno y Jan Di retrocedió pidiéndole disculpas, pero él no podía dejar de sonreír diciéndole que no se preocupara. Finalmente, Joon Pyo llegó a su lado y se miraron a los ojos.

—Goo Joon Pyo —susurró Jan Di lentamente con el corazón desbocado de emoción y se lanzó a sus brazos.

Él la besó en la frente y la abrazó también.

—Jan Di… —se separaron lentamente— eres el castor más problemático y desesperante que he conocido en la vida. Te juro que si me vuelves a armar un problema de estos, te mato.

—Nutria —sonrió Jan Di negando un poco con la cabeza.

—Son el mismo animal —Joon Pyo rodó los ojos con su expresión de hastío y soberbia.

—¡Claro que no!

—Al caso es lo mismo...

Ella volvió a sonreír, pero su expresión se volvió triste al mirar discretamente en todas direcciones y no encontrar a Ji Hoo... Joon Pyo lo notó en un instante, la tomó por los hombros, sorprendiéndola y haciéndola girar ciento ochenta grados.

—Ahí está —dijo Joon Pyo haciéndola notar que Ji Hoo esperaba en una esquina— ya sabes que siempre se quiere ir al rincón cual ratón —sonrió—. Te dije que sí había venido.

Entonces, las miradas de ambos se cruzaron. Sin decir nada, Jan Di caminó unos cuantos pasos hasta quedar a menos de un metro de distancia de él; quería acercarse más, lanzarse a su cuello y abrazarlo, pero se detuvo al notar que Ji Hoo no hacia nada aparte de observarla. El momento fue largo y su mirada fue intensa, entonces, él se acercó y sin ninguna palabra, la atrapó en sus brazos estrujándola contra su pecho. Jan Di también se abrazó a él, aliviada de tenerlo tan cerca una vez más y tampoco habló, tan solo sonrió y lo apretó más al sentir como la asía cada vez con más fuerza, hasta casi hacerle doler las costillas. Ji Hoo nunca la había abrazado así, apoyando el mentón en su cuello, dejándola sentir su respiración pausada y lenta. No importaba que todos sus amigos estuvieran mirando, ni que una multitud de gente extraña estuviera compartiendo el mismo espacio, sólo importaba que parecía que no podían volver a soltarse, como si se necesitaran tanto como al oxígeno mismo y al menos para ella, nunca se había sentido tan cerca de él, con ganas de decirle miles de cosas, pero al mismo tiempo sin querer llenar ese momento de silencio con palabras...

No quería soltarlo; parecía que de verdad podría empezar de nuevo con él...

Estaba segura de que lo amaba como jamás podría amar a alguien...

—Que alguien les arroje agua —bromeó Woo Bin susurrando en voz baja cuando le pareció que ese abrazo ya se había prolongado demasiado.

—¡Abrazo colectivo! —exclamó Jae Kyung arrojándose contra ellos y abrazándolos.

Un instante después, tenían a todos prácticamente aplastándolos y casi quedan enterrados al mas puro estilo de fútbol americano mientras Jan Di reía tratando de apartarlos.

Al cabo de unos minutos, Jan Di salió del juzgado para no volver jamás y diciendo que quería dos cosas antes que nada; darse un baño de verdad y comer comida decente, así que tomaron rumbo hacia el hotel donde ahora se estaban hospedando; Joon Pyo había refunfuñado un poco alegando que quería marcharse de inmediato de ese país para no volver a saber nada de él, pero al final decidió complacerla con tal de ir a cenar a un lugar cuya comida no fuera típica japonesa.

Al llegar al hotel, Jan Di fue acompañada a una habitación con jacuzzi que tenía preparados jabones aromáticos, y feliz abrió las llaves con ayuda de Jae Kyung y Ga Eul, quienes prometieron esperarla todo el tiempo que ella quisiera tomarse.

Una vez que se quedó sola en el baño, Jan Di se detuvo un largo rato frente al espejo; tenía tanto que no se miraba a sí misma en un espejo tan limpio que le parecía increíble la nitidez, de hecho, no podía creer que al fin había dejado la cárcel y podía caminar libremente por las calles, incluso tenía miedo de que estuviera soñando de nuevo y de un momento a otro fuera a despertar en su camastro de siempre. Negó con la cabeza, sonrió y comenzó a prepararse para el baño.

En la habitación de junto, Yi Jung se dejó caer lentamente en la cama...

—Me duele todo —se quejó llevándose ambas manos a su collarín—. Ji Hoo, déjame quitarme esto un rato, ya no lo soporto...

—Está bien, pero sólo un rato —accedió Ji Hoo suspirando—, de lo contrario nunca vas a curarte...

—Qué exagerado eres —sonrió Yi Jung feliz de liberarse aunque fuera por un momento de esa tortura.

—No estoy exagerando; es literal —alzó una ceja y lo miró con desaprobación—, si no te cuidas correctamente te va a doler el cuello cada que haga frío por el resto de tu vida.

—Vale, vale, que sí me lo pondré —se encogió de hombros—, no te pongas tan serio que das miedo...

—Anda, bro —Woo Bin rió conteniéndose de darle un puñetazo amistoso, incluso eso podría derribar a su pobre amigo—, aguanta un par de semanas más.

—No aguanto ni cinco minutos más —dicho esto, y ya libre del collarín, se recostó y acomodó su cabeza entre los mullidos almohadones.

Estuvieron charlando un rato, primero de cosas triviales y de todas las consecuencias que tendría Yi Jung si no cuidaba sus heridas con propiedad, pero al cabo de un rato, volvieron a tocar el tema que era necesario aunque no quisieran...

—¿Pero ahora qué va a pasar? —Joon Pyo se llevó las manos a la cintura con gesto de fastidio—; el abogado chupasangre está libre en algún lugar del mundo y quién sabe si piensa seguir cazándonos por diversión.

—Tienes razón, Joon Pyo —Woo Bin asintió resoplando un poco y cerrando los ojos—, no sabemos qué planea hacer Bo, no debemos bajar la guardia pero tampoco debemos volvernos paranoicos. Por ahora debemos intentar retomar nuestra vida normal...

—Yo tardaré meses en retomar mi vida normal —gruñó Yi Jung sin levantar la cabeza—, estar convaleciente apesta.

—Ni te quejes —Woo Bin sonrió—; serás atendido por Ga Eul tiempo completo, hasta te dará de comer en la boca.

—Tampoco quedé tan inútil —Yi Jung le lanzó una almohada a la cara—. Pero hablando en serio, ese abogado me pone los nervios de punta y yo no creo que esté tranquilo sabiendo que matamos a su hermano; debe estar furioso.

—Aunque esté furioso no puede hacer nada —puntualizó Ji Hoo—; según su código no tiene derecho a tomar venganza.

—No quiero volver a oír la palabra "código" —Joon Pyo exhaló—. Además es tan malditamente retorcido que hallará la forma de volver a jodernos la existencia.

—Es por eso que no bajaremos la guardia —Woo Bin se encogió de hombros—, pero por ahora, como les dije, debemos tratar de olvidarlo...

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Jan Di salió del baño con una pequeña sonrisa, pasándose los dedos por su cabello aún húmedo. Sus amigas la esperaban sentadas, cada una en una cama.

—Nunca había valorado poder tener acondicionador —rió un poco—, ni agua caliente —se acercó a la cama donde estaba Ga Eul y se sentó—. Tanto que me burlé de Joon Pyo y ellos por tener más cosas que los demás y no agradecerlo; con todo esto me di cuenta de que hay quien tiene mucho menos que yo y tampoco he sido agradecida —bajó los ojos con nostalgia—; tener una cama, un baño, comida caliente y familia es mucho más de lo que las chicas que conocí tendrán algún día...

—Jan Di —Ga Eul se acercó a ella y la abrazó—, debió ser tan duro, estoy tan feliz de que estés aquí...

—Yo también estoy súper feliz —rió Jae Kyung dejando de lado la revista que hojeaba—, pero también estoy súper hambrienta —las otras dos chicas rompieron su abrazo y rieron—; que alguien le diga a los demás que ya es hora de ir a comer.

—Claro —Jan Di se levantó—, yo también muero de hambre, iré a buscarlos.

Rápidamente, salió de su habitación con rumbo a la de junto, notó que la puerta estaba entreabierta y las voces de sus amigos se escuchaban dentro. Sonrió y empujó con cuidado para entrar, pero se detuvo al oír que hablaban de ella...

—No quiero que Jan Di vuelva a vivir sola en ese apartamento —dijo Woo Bin—, al menos no por ahora. Creo que debería ir contigo a tu casa, Ji Hoo.

—¿Por qué a mi casa? —contestó Ji Hoo con su tono neutral.

—Es verdad —Joon Pyo secundó a Woo Bin—, tu casa, Ji Hoo, es donde ella se puede sentir más protegida, ya ha pasado antes. Además es el único lugar donde yo me siento tranquilo de que no le ocurra nada...

—Creo que debe volver a casa de sus padres —esta vez, Ji Hoo miró a Joon Pyo fríamente.

—Pero, Ji Hoo... —Woo Bin intervino nuevamente— es mejor que...

—No la quiero en mi casa —espetó Ji Hoo firmemente—. Ya he tenido suficiente para lo que me resta de vida como para tenerla a ella rondando cerca y recordándome todo lo que ocurrió.

Sin esperar a oír otra cosa, Jan Di se echó para atrás saliendo al pasillo nuevamente. Tomó un fuerte respiro mientras recargaba todo su peso en la pared y un nudo en la garganta empezaba a formársele; había logrado su objetivo aquella vez que golpeó a Ji Hoo y le dijo que lo quería fuera de su vida. ¿Pero entonces qué había sido el abrazo de unos momentos atrás...? Se mordió el labio inferior tratando de que no se le escaparan las lágrimas; la reacción de él era lógica y comprensible, justo lo que ella había tratado de lograr; que Ji Hoo no la quisiera más, cosa dolía mucho más que la perspectiva de estar encerrada la vida entera...