CAPITULO 26.

Sawako observaba por última vez a su aldea. Su gente dormía en un profundo sueño, no sabía si eso era peor a comparación de lo que sucedió la última vez. Cuando el devorador atacó, lo más que hizo fue poseer los cuerpos de todos. Esta vez los había dormido, temiendo a que nunca fueran a despertar.

–¿Cómo es que ella pudo haber hecho todo eso? –preguntó el rubio con el rostro lleno de tristeza

–El gran devorador no existe –concluyó la ninfa –su enfermedad es lo que perdura. Su maldad es la que nunca muere, solo se transmite de generación en generación. El último devorador fue la generación más antigua y poderosa. Pero ella provino de nuestra raza, porque cuando lo vieron tenía la figura de una serpiente, ahora la generación provino de los más puros.

–Los ángeles –Lloyd siempre escuchaba con suma atención a las historias que contaban, aunque nunca le fueron creíbles. Sentía que la profecía ya se había cumplido, no había ningún problema ya.

–Lloyd –el chico a pesar de estar conduciendo un dragón, voltea. La mujer estaba demacrada, se veía incluso aun mayor de lo que era –tienes que ayudarnos.

Ellos no eran su gente, pero aun así eran parte de Ninjago. El chico solo asiente, sabe que esa amenaza tenía que darle cara él, no sus amigos. Pero la profecía tenía una predicción específica. "Para detener al gran devorador, solo alguien con magia podrá hacerlo" Él no era precisamente un ser mágico, pero era la reencarnación de un dios. ¿Eso cuenta?


–Si ella está suelta, puede estar en cualquier parte –dijo Mizako mientras se reunían en la sala de estar del barco –¿Qué deberíamos hacer?

–¿Prepáranos? –sugirió Jay con nerviosismo

–Podíamos empezar a buscarla –sugirió Nya

–No –el que habló era Garmadon, con voz autoritaria –no es necesario buscarla, yo se a donde pudo haber ido en primer lugar

–Entonces ¿vamos a ese lugar? –preguntó Cole buscando una respuesta

–Tampoco es una buena decisión –dijo el hombre con el rostro cansado –se lo que es tener ese poder que ella lleva en sus venas, se cómo piensa, como analiza, al lugar donde ella fue no podemos ir nosotros, y menos si ella es una experta con la magia.

–¿Entonces qué? –Preguntó Kai exasperado –¿Qué hacemos?

–Entrenar –el hombre habló de forma dura, brusca, como si su vida dependiera de ello –debemos entrenar tan duro como nos sea posible, conocer cada debilidad nuestra para fortalecerla, ella ya no es un enemigo cualquiera, olvídense del anterior gran tirano como el que fui yo, olvídense del gran devorador contra el que pelearon alguna vez.

El hombre mira a todos con nerviosismo, aunque intentaba suprimir sus nervios.

–Esto es serio –destacó cada palabra –si a ustedes les pareció que yo fui uno de los peores villanos, uno de los más difíciles de vencer, si alguna vez pensaron que derrotar al gran devorador fue de lo más duro que han hecho. Pues se equivocan. Esto es peor.


Lloyd había dejado a Sawako en una de sus recamaras. De camino a la suya para pensar y reflexionar, escucha algo que le llamó su atención. Eran golpes, gritos de dolor, de lucha, alguien estaba en la sala de entrenamiento.

Sara se encontraba pegando con fuerza a un maniquí hecho para luchar con espadas, o a golpes. Y era eso mismo lo que estaba haciendo ella, dando golpes.

–¿No es muy tarde para entrenar? –preguntó justo cuando ella daba una patada.

–Para cuando queramos entrenar –golpea en un costado –ya no va a haber tiempo

Lanza tres patadas, y al finalizar, de un costado saca un cuchillo, blandiéndolo como si fuera su última esperanza.

–¡Debemos entrenar! –Atacaba a diestra y siniestra el maniquí –¡Ella nos necesita, debemos entrenar! ¡No podemos dejar esto así! ¡No mientras una de nosotras tenga que morir!

–¿Morir? –el chico detiene la siguiente apuñalada con un brazo, mirándola atónito –Nadie dijo que tengan que morir

–Nadie sabe lo que pasara con la salvadora de Ninjago –dijo la chica mientras se zafaba del agarre del chico

–Tampoco nadie dijo nada de si se salvaría el ninja verde una vez de que hubiera derrotado al gran devorador –el chico la miraba atónito, aturdido –pero salí vivo, así que, en caso de que sea…

–¿Sea yo? –Preguntó con sarcasmo –¿qué? En caso de que sea yo, ¿qué?

–En caso de que seas tú, no te dejare sola –la chica se sonrojó por la forma en que el chico lo decía, en la manera en como la miraba. Él era un protector, un ninja, alguien que sabía lo que hacía, ella en cambio no tenía practica, hasta cierto punto de niña siempre quiso a alguien que la proteja, y ella quiere que sea él. Aquel chico rubio que siempre molestaba en la escuela ya no existe, sino más bien un guerrero, él era un guerrero que la podría proteger.

–¿Por qué? –Preguntó la chica con tristeza –¿por qué harías eso por mi?

–Porque soy tu amigo –dijo el chico con el rostro serio, aunque en sus ojos se notaban tristeza y melancolía

–Nunca tuve uno

–Pues ahora lo tienes –el chico la abraza, desconcertándola, nunca había sentido el abrazo de alguien más que no sea su padre. Y aunque el chico fuera el ninja verde, el ninja más poderoso de todos. Eso no la reconfortaba, sabía que de todos modos alguien tendría que darle frente a su antigua amiga, y él era la persona indicada para ayudarla.

Así que decidió dejarse llevar por el abrazo más seguro que había sentido en toda su vida. Con él era como se sentía segura.


Nya caminaba directo a la sala de rastreo, donde se la pasaba todo el tiempo sobre un monitor que detectaba a los enemigos. Pero en un pasillo ve a Garmadon pasando por allí, y no resistió el no poder preguntarle.

–Señor Garmadon

–¿Sí? –el hombre de cabello canoso observó a la chica pelinegra con una sonrisa –¿sucede algo, Nya? ¿En qué te puedo ayudar?

–Usted dijo que sabía dónde se encontraba ella –dijo la chica esperando a que el hombre la interrumpiera, pero no lo hizo, así que prosiguió –¿por qué no nos dijo donde?

–Porque resulta muy obvio lo que les dije –dijo el hombre con irritación

–¿Qué quiere decir?

–¿A dónde pare yo cuando me transformé? ¿A dónde fui para conseguir poder?

La chica guardó silencio. No era necesario que lo dijera.

Jazmín está en el inframundo.


Los esqueletos gritaban, festejaban, la bruja desde su trono se intrigó por saber el porqué gritaban.

–Hola tía –el demonio que tenía enfrente ya no era el mismo que había visto a penas en transformación –¿me recuerdas?

–¡Es la princesa! –Gritó Nuckal con emoción –¡ha vuelto a dirigirnos!

–¡Pero trajo a un serpentin! –gritó otro de los esqueletos

–¿Qué hace esa sabandija aquí?

–¡Cadáveres sin modales! –Dijo el serpentin disgustado –de todos los lugares tuviste que traerme aquí

–Pytor –pronuncio la bruja su nombre –pensé que tú…

–¿Qué me había quedado en esa celda? –Ríe la serpiente –te dije que tengo mis propios medios

–Calla –ordenó el demonio con irritación

–Dijiste que liberarías a los serpentin –siseó la serpiente

–Lo sé –el demonio le hace frente –pero antes necesito a mi ejercito

–¿Tú ejercito? –habló la bruja con sarcasmo

–Sí, mi ejército –los esqueletos se colocaron detrás del demonio, abandonando a su antigua líder, dejando a la bruja sin protección –y si me disculpas, ese es mi asiento

"Su princesa ha regresado"