- Tengo preguntas, y hoy me las responderás todas- indicó Pacífica con un tono muy autoritario.

Priscilla la miró con rabia, y no era para menos. La chica que ella creyó estaba a su completo control, a pesar de irse de su vida, ahora se le estaba revelando, y lo que es más, ahora lo sabía.

- ¿Quién te lo dijo?- preguntó ella, tenía que asegurarse de saber quién había ocasionado eso.

- Eso no importa- la cortó Pacífica tajantemente-. Sabes, por mucho tiempo deseé eso, no ser parte de esa familia tan ruin y déspota, y cuando eso pudo ser verdad, no lo podía creer, pero ahora lo sé… no tienes idea de la alegría que me da el saber que no soy tu hija.

- Tu aún eres mi hija- la regañó Priscilla apretando los dientes-. Aunque no haya sido quien te parió, yo fui quien te educó, quien te dio el estilo de vida tan tranquilo que tuviste toda tu vida, gracias a mí y a Preston tienes el alto estándar que…

- Este tiempo fuera de casa, ha sido diferente- la interrumpió Pacífica con calma-. Yo he cambiado, y contra los pronósticos de ustedes, vivo una vida tranquila, tengo mis ingresos propios, un hogar grande, y no dependo de nadie. Sé que esperabas que el día de hoy me tumbara a tus pies y te rogara por volver a casa, luego de "aprender mi lección", pero no… soy más feliz que nunca y no pienso perder esa felicidad por nada.

Los ojos de Priscilla ardían al ver la calmada sonrisa de Pacífica al describirle su vida, y claro, a pesar de las cosas que le estaban pasando con los gemelos, su vida ahora era más feliz ya que los tenía a su lado. Sus primeros verdaderos amigos, no aquellos que le hablaban solo por su alto estándar, no aquellos que le hablaban por conveniencia al ser hija de personas influyentes, si no los amigos que se preocupaban realmente por ella.

- ¿Quiénes son mis verdadero padres?- preguntó Pacífica al fin; era la única razón por la que había ido a ese lugar.

Priscilla se levantó de golpe de su silla, y le lanzó una mirada fulminante a Pacífica.

- Yo soy tu madre, y nadie más- le amenazó a Pacífica apretando fuertemente los puños.

Pacífica no se inmutó, en el fondo sabía que no sería así de fácil. Se levantó de su silla con calma, le agradeció a Priscilla por haber ido ahí, y simplemente se fue. No miró atrás, tenía ya la sospecha de que no le diría, pero aún podía averiguarlo de otra manera. Se sentía mal, pero tendría que abusar un poco más de su amabilidad. Rió para sí, tampoco pensó confiar en él tan rápido, pero al final, había cumplido con su palabra.

Mabel lloró incansablemente, hasta que sus parpados le dolieron. Quería sacar todo su dolor en ese momento, para ya no tener que llorar más. No quería tener noches de vela por llantos incontrolables, menos sabiendo que tendría que compartir la cama con él.

- ¿Y ahora qué?- preguntó Diper cuando Mabel se había calmado un poco.

- No lo sé, ya de principio esto era poco ortodoxo, y ahora lo es más… supongo que tendremos que seguir durmiendo en la misma cama, pero bueno, muchas cosas serán diferentes.

- Este es el primer beso desde que nos vio Wendy- dijo Diper suspirando-. Bueno, supongo que las cosas no van a cambiar tanto…

- Tienes razón, aunque siento que será un poco incómodo- Mabel se puso de pie con dificultad, Diper intentó ayudarla, pero ella quería hacerlo sola-. Ni siquiera sabía cómo sostener una relación, menos sé cómo actuar ahora que terminó.

. Supongo que sería más fácil si no fuéramos hermanos- se le escapó a Diper, y sintió un vacío en el estómago cuando se dio cuenta de lo que dijo.

- Tienes razón- aceptó Mabel mirando al vacío-. Supongo que de cierta manera esto es algo tonto.

Ambos rieron nerviosamente. Era como ver una mala comedia romántica. Ambos se miraron por largos minutos. Mabel tenía los ojos hinchados de tanto llorar, y la mirada de Diper era de incertidumbre. Diper no quería dejarlo así, pero tenía que hacerlo, al menos por el momento. Se preguntaba a si mismo dónde había quedado ese sentimiento inicial, esa incertidumbre que le decía que no estaba bien lo que hacían, aunque ahora ya no importaba, todo había acabado.

Almorzaron juntos, aunque los huevos ya se habían enfriado, trataron de disfrutarlo lo más que pudieron, en completo silencio. Mabel se preguntaba cuanto iría a tardar Pacífica en volver, eso se estaba volviendo un poco incómodo.

- ¿Crees que Pacífica esté en el local?- le preguntó a Diper preocupada.

- No lo sé, dijo que tenía una cita con unos proveedores, pero no sé dónde. Quizá deberíamos ir a ver si necesita ayuda.

- Por qué no vas tú- le incitó Mabel apresuradamente-. Mírame, no puedo dejar que me vea en este estado.

Mabel tenía un punto. En el estado que estaba Mabel cualquiera podría pensar mal, y él estaba preocupado por Pacífica. Luego de meditarlo un momento, Diper le pidió a Mabel que no saliera. Ella aceptó, y Diper se fue.

Mabel ya se sentía más calmada, ya no tenía que llorar más. Eso le había dolido en el alma, pero tenía que seguir adelante con las cosas. Como se lo había dicho a Pacífica, era necesario corregir el camino.

Diper llegó al local, y ahí estaba Pacífica, junto con Wendy, y una señora de unos sesenta años que sospechaba era una clienta; le enseñaban un catálogo de accesorios, por lo que Diper se mantuvo a raya unos momentos, antes de que Pacífica notara su presencia.

- Ah, Diper, que bueno que vienes… hay unas cajas atrás, ¿puedes acomodarlas por favor?- le pidió amablemente, luego siguió atendiendo a la señora, a lo que pudo entender Diper, quería un juego de tiaras para una quinceañera y sus amigas.

Diper había atinado a ir al parecer, e hizo lo que Pacífica le pidió, aunque esperaba que le preguntara por Mabel, pero supuso que no lo hizo por estar ocupada. Buscó las cajas a las que ella se refería, y las vio al lado de la puerta que da a la salida trasera del local; eran alrededor de unas 20 cajas con sellos diferentes. La bodega tenía un sistema simple, todo se ordenaba respecto a su contenido, y aunque las cajas eran voluminosas, Diper tenía que tratarlas con sumo cuidado, pues contenían cosas muy frágiles. Iba por la décima caja cuando de pronto oyó la puerta de la bodega abrirse, y por ella Pacífica entró con una tablilla de notas en la mano.

- Diper, gracias por venir… iba a hablarles, pero no quería molestarlos.

- Nos hubieras despertado, te habríamos ayudado- le dijo Diper mientras guardaba la caja que tenía en sus manos-. Mabel se quedó en casa, pero yo te puedo ayudar.

- Muchas gracias Diper- agradeció Pacífica, y se acercó a él entregándole un pañuelo para el sudor-. No podría hacer esto sin ti.

- Claro que si- la contradijo Diper secando su frente-. Pacífica, eres trabajadora, diligente, y además inteligente, claro que podrías hacerlo sin mí.

Pacífica sonrió ante los halagos del chico, y sin pensarlo dos veces le dio un beso en la mejilla, haciendo que el chico se sonrojara en el acto.

- Sabes, este día inició muy problemático, y me sentía contrariada, pero ahora que te tengo aquí, me siento más tranquila…

Pacífica no lo miraba, tenía los ojos desviados a cualquier parte, y sus mejillas estaban completamente ruborizadas.

- Mi día tampoco empezó tan bien… sabes, Mabel y yo terminamos…

Los ojos de Pacífica se abrieron completamente ante la noticia del chico, y su expresión cambió a una de nostalgia y nerviosismo.

- Vaya, eso fue demasiado repentino- dijo Pacífica con un hilo de voz.

- ¿Sabías algo al respecto?- preguntó Diper notando algo raro en sus palabras.

Pacífica solo asintió con la cabeza, sin querer mirarle a la cara.

- Lo siento Diper, Mabel me pidió que no te dijera nada- se disculpaba enérgicamente Pacífica, totalmente apenada-. Perdóname, yo traté de convencerla de que no lo hiciera, pero…

- Lo siento Pacífica, no eres tu- la calmó Diper poniendo una mano en su hombro-. Solo quiero comprender lo que pasó, todo fue tan repentino, que no termino de creerme que en verdad pasó. Me siento terrible, yo…

Pacífica dejó sus notas en una estantería cercana, y lo abrazó con fuerza, interrumpiendo con ello su monologo. Diper se impresionó por esa rápida acción de ella, pero, sentía que era lo que necesitaba, por lo que sin pensarlo mucho, me regresó el abrazo.

- No tienes que cargar con esto solo Diper- le murmuró Pacífica-. No estás solo, tienes a Mabel, y me tienes a mí.

- Gracias Pacífica, gracias por ser tan buena amiga.

Pacífica le dio un último apretón, luego lo miró fijamente, sonriente. Se alegraba de poder ser una gran ayuda para él, y de verdad que lo era. Se miraron fijamente por largos instantes, y Diper se contagio por la sonrisa de la rubia; ver esos luminosos ojos azules tan fijamente, lo tranquilizaba. De pronto, la atmósfera cambio poco a poco, la temperatura subía, y, centímetro a centímetro, la distancia entre ambos se reducía.

Como obra del destino, en ese momento sonó el celular de Pacífica, y ambos despertaron del momento hipnótico, regresando la distancia entre ellos. Ambos se veían nerviosos, y Pacífica buscó a tientas su celular, temblando.

- Si, ¿quién…?

La otra persona la interrumpió, y de pronto la cara de Pacífica se ruborizó.

- No importa, ¿recibiste mi mensaje?- la conversación no parecía ser de negocios, parecía más bien algo informal.

Entonces Pacífica buscó sus notas, y escribió algo con rapidez, parecía muy interesada por esa conversación, pero Diper procuró mantenerse a raya.

- ¿Qué?, pero…- Pacífica parecía contrariada, pero luego su rostro se relajó un poco-… entiendo, muchas gracias.

La llamada terminó, y Pacífica miró de nuevo lo que acababa de anotar, entonces suspiró y se giró a Diper.

- Necesito un favor- le dijo al chico con seriedad-. Necesito ir a un lugar, pero quiero que me acompañes, o más bien, me gustaría que los dos me acompañaran.

- Claro, a donde sea, ¿de qué se trata?

Pacífica tomó aire, y le dijo sin rodeos.

- Es algo que también había hablado con Mabel, se trata de mis verdaderos padres- Diper se asombró por lo que escuchaba, pero Pacífica le pidió con un ademán que esperara-. Conocí a alguien que me lo confesó, y me dio pruebas de eso, ahora le he pedido que me ayudara a buscarlos, y me tiene una pista por dónde empezar.

- Bueno, entonces andando- le animó Diper-. Si es algo tan importante para ti, sabes que te apoyaremos.

Pacífica sonrió y le dio un último beso en la mejilla antes de irse. Diper sabía que tendría que volver a terminar ese trabajo, pero ahora había prioridades. Tomó las llaves de su auto para poder regresar a casa, primero tendrían que recoger a Mabel.

Durante el camino, Pacífica veía una y otra vez lo que acababa de anotar. Se veía intrigada, nerviosa, y Diper quiso calmarla.

- ¿Qué es eso?- preguntó Diper tratando de iniciar una conversación.

- Es una dirección, según me dijo él, Preston Northwest la visitó hace unos quince años, aunque está demasiado retirado… ah, cierto, Preston Northwest es mi padre- dijo indecisa, pues no encontraba otra manera de llamarlo-, y es un misterio el por qué fue a ese lugar, solo se sabe que tiempo después anunciaban a la clase alta a su hija, que ya tenía dos años…

- ¿Y en serio nadie notó lo raro de eso?

- Con dinero todo se puede- respondió Pacífica, aunque con fastidio-. Eso era lo que él solía decir, que la ventaja de tener dinero era que podías hacer lo que fuera y ocultarlo todo, y bueno, cuando era más joven, sí que lo creí… Diper, no siempre he sido así, antes era igual que ellos, pero poco a poco fui cambiando, y el cambio más drástico lo di cuando te conocí, la primera persona que se preocupó verdaderamente por mí.

- Bueno, me alegra haberte hecho un bien- dijo Diper con sinceridad.

- Uno muy grande, ahora soy capaz de ver por mí misma, y lo que quiero ver, es quién soy en realidad…

- Tu eres Pacífica, una chica increíble, y ningún apellido va a cambiar eso- la reprendió Diper, pero con un tono de voz calmo.

Pacífica solo atinó a sonreír y darle las gracias. Diper se alegró de verla sonreír, y apuro la marcha para llegar pronto a casa, ya que el viaje que les esperaría sería largo.

Al llegar a casa, todo era silencio. Diper esperó que Mabel estuviera en su habitación estudiando, pero, antes de irla a buscar, la puerta del mismo se abrió, y Mabel salió con un libro en la mano y una pluma en la otra. La chica se asustó al verlos, al parecer no los oyó llegar, pero, la cara de asombro fue mayor en ellos al verla.

- Ah, chicos, no los esperaba tan temprano- dijo Mabel sonriendo- ¿Qué les pasa?

- Mabel, pero…

- ¿Qué pasó?- preguntó Pacífica atónita-. Bueno, tu… ¿qué le pasó a tu cabello?

Ciertamente, Pacífica y Diper tuvieron que ver dos veces a la chica, pues ahora era una versión femenina más exacta a Diper. Su cabello ahora era más corto, pero alborotado, y si no fuera por los pechos y por su piel más lisa, si que pasarían el uno por el otro. Ahora si eran idénticos.

- Ah, esto- dijo Mabel pasando su mano por su pelo, aún con la pluma en esta-. Bueno, sentía que necesitaba un cambio, y bueno, ahora me siento más fresca… no se preocupen, no es para tanto, escuché que están de moda las chicas con pelo corto, y quise probarlo.

Pero ninguno volvió a decir nada. Fue algo muy sorpresivo verla así, aunque por otro lado si tenía razón no se le veía mal, pero su combinación de corte más la sonrisa, en especial por lo que acababa de pasar, se notaba que algo no encajaba en todo ese monologo.

Diper suspiró, la conocía, y no le sacarían la verdad en ese momento, además, había cosas más importantes.

- En fin, Mabel, tenemos que salir, será un largo viaje.

- ¿A dónde iremos?- preguntó Mabel emocionada.

- Iremos a conocer a mis padres- respondió Pacífica, impresionando a Mabel-. Los necesito a ambos, no puedo hacerlo sola.

Mabel se acercó a la chica, dejando las cosas de sus manos en el sillón, y le dio un fuerte abrazo.

- Claro, siempre te apoyaremos- le dijo Mabel en voz baja, entonces agregó algo más para ella-. Gracias.

Pacífica asintió con la cabeza, sabiendo a lo que se refería, luego ambas se miraron fijamente. Diper se sentía extra en ese momento, parecía como si se comunicaran mentalmente y eso lo frustraba.

- Chicas, hay que irnos- dijo Diper interrumpiendo la comunicación.

Las chicas solo rieron un poco, y Mabel corrió a arreglarse. El viaje que les esperaba era largo, por suerte aún era temprano. Su destino, como lo decía la nota, era Oregón.

DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a Alex Hirsch y solo los uso para fines de este fic.

(Título anterior: Mar de dudas

Avance: 13-12 18-14-11-12-9-7-26 22-15 25-22-8-12 18-14-11-12-9-7-26 15-12 10-6-22 8-18-22-13-7-22-8 24-6-26-13-23-12 15-12 9-22-24-18-25-22-8).

Código secreto:

20 (18-5-9-14-9-3-9-1-18)

37 (16-15-20-5-14-3-9-1-12,)

74 (19-5-18)

1 (4-9-16-5-18)