Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, solo la trama de esta historia.

He vuelto, y con un cliff alert. Special 4 name twin, just sayin.

Gracias Ericastelo por el beteo y oído-ojos ante los ataques HI (Histeria) LOL


Encendiendo fuego bajo la lluvia

Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto. Proverbio chino.

Capítulo XXIV

Puñal

POV Bella

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Estaba nerviosa.

Mi cuerpo estaba tenso y en todo momento mis ojos apuntaban hacia la puerta como si esperara que un monstruo apareciera por ella. Me encontraba sola en mi habitación, mareada, tensa y, sí, muy nerviosa, ya lo dije.

Me dolía todo, parecía además que mis músculos hubieran sido forzados a trabajo forzado sin ningún tipo de descanso en miles de horas, lo cual no era muy descabellado, pues ¡oh sí!, había dado a luz a mi hijo hacía pocas horas y ahora estaba sola en mi habitación.

¿Yo fui capaz de hacer eso? ¿De dar a luz a Charles? ¿O todo había sido un sueño?

Fijé mi vista hacia mi vientre ahora casi plano.

No, no había sido un sueño ya no tenía a mi bebé en mi vientre… ¿Dónde rayos estaba?

De pronto y luego el corto tiempo del que supuse había despertado de la anestesia, mi mente comenzó a trabajar de forma estruendosa, rápida y, como si fuera obvio seguir una secuencia, comencé a entrar en pánico.

-¿Edward?- dije pero mi voz salió áspera y baja. Intenté bajar de la cama pero mi parte inferior dio un tirón y no me importó, lo único que en este momento importaba era saber y ver a mi hijo, a Charles.

¿Por qué mierda estaba sola en esta habitación? ¿No se supone que estaba en un hospital, en una maldita clínica?

Oh, Dios.

Hiperventilé más fuerte y el pánico comenzó a subir. Todos los miedos aumentando de forma irracional, y aunque mi mente lo sabía; mi cuerpo y pensamientos no se dignaban a darse cuenta solo sabía una cosa en que todas las partes de mi cuerpo estaba de acuerdo…

Necesitaba ver a Charles.

Me levanté como una autómata con una meta, no sé cómo pero sí sabía el porqué… lo demás era superfluo. Logré abrir la puerta y me vi sumida en la claridad cegadora de las luces del pasillo y los gritos de alarma de alguien a mi costado.

-¡Señora! No puede levantarse así, tiene que venir el médico a darle el visto bueno.

Me solté de su agarre sin muchos modales al mismo tiempo que un mareo me dejó de nuevo en sus brazos.

-Quiero ver a mi hijo- supliqué cuando me guiaba de nuevo a la cama.

-Insistiré al médico, pero debe calmarse, ¿está bien?

-Quiero ver a mi hijo- insistí logrando solo una sonrisa por parte de la señora antes de salir.

No alcancé ni a gritar o golpear algo cuando un Alec muy tranquilo y con un gran vaso de café en sus manos ingresó a mi habitación.

-Okay, o estás loca o melodramática.- rió acercándose.

-Alec- gruñí y él solo me dio una sonrisa consoladora.

-Sí, sí. Voy por un café y te despiertas y te escapas ¡Mujer, sí que eres especial!

Coloqué mis manos en mi rostro de forma desesperada, tratando de pensar un poco más claro y también de saber con claridad que podía o no podía hacer.

-No estoy para bromas. ¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está Edward?

Alec se acercó rápidamente cuando intenté levantarme de nuevo. Sí, podría parecer melodramática y loca, pero ese mal presentimiento no me lo quitaba nadie ¿Por qué no estaba mi bebé conmigo? La preocupación se estaba trasformando en una intensa pena y pronto estaría llorando como estúpida sino sabía que mi bebé estaba bien.

Era estúpida lo sabía, tener miedo de estar en hospital por mis experiencias pasadas, Edward no dejaría que nada pasara ¡Me lo prometió!

-¡IsabellaCullen!- Alec tomó mis manos y me obligó a mirarlo- Charles está bien y saludable, no has durado mucho tiempo dormida luego de la anestesia.- Tomó un sorbo de su café antes de continuar- Edward está con él, ¿sabes? No lo ha soltado y no me ha contestado algunos mensajes porque debe estar muy embobado mirando al pequeñín.

Mi corazón dio un vuelco furioso.

La sola imagen de Edward embobado me relajó un poco, solo un poco… pues quería verlo con mis propios ojos. Aún no procesaba lo que sentía, ¿Envidia? ¿Celos? Él ya había tenido la oportunidad de tener a mi hijo en sus brazos y frente a sus ojos, tocarlo, besarlo… antes que yo.

Quiero verlos.

Cerré mis ojos y me dejé caer en la cama, apenada y con sentimientos conflictivos.

-Le envié un mensaje a Edward, viene en camino.

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Al poco tiempo de llegar Edward, la enfermera trajo a mi bebé para su primera alimentación. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas cuando lo tomé y miré por segunda vez en su corta vida. Charles me miró sin enfocar y comenzó a buscar con su boquita mi pezón mientras movía sus manos, y succionaba como si su vida se fuera en ello y la mía con la de él… ¡Oh Dios, era hermoso!

Edward me dio un beso en la frente antes de sentarse a observarnos, sentía su mirada en mí y en Charles, pero no me incomodaba a pesar de tener expuesto mi pecho a su vista… No, toda la situación era hasta natural.

Toda mi atención estaba en mi hijo en mis brazos, mientras este se alimentaba de mí, era perfecto, yo, él y nuestro hijo.

¿Era muy estúpido pensarlo así? En estos momentos creía que no, porque creía en Edward, aunque mi mente me dijera que era tontísimo, todo lo demás me decía que era lo mejor.

Luego de unos momentos, Charles luego de tanto comer, poco a poco se fue quedando dormido y por ende soltando mi pezón y cayendo profundamente dormido. Si pudiera mirarlo, tocarlo, acariciarlo por siempre creo que lo haría sin dudar… y eso me asustaba. ¿Cómo era posible que lo amara tanto ya? Sé que comencé a sollozar cuando todas las emociones del día comenzaron a golpearme con brutalidad.

Este bebé que tenía en mis manos era mío, oficialmente mío y no me lo quitarían, todos esos miedos con los que viví esos meses ya no existían…

-Espero que sean lágrimas de felicidad - comentó Edward levantándose y posicionándose a mi lado con sus manos en mi espalda y su cara apoyado en mi hombro.

No me molesté en limpiar mi rostro, ni secarlo para llevarle la contraria, solo asentí mirando a mi hombrecito durmiendo, por fin conmigo, por fin en este mundo, con nosotros.

-Es un dormilón, despertó solo para comer y ya está dormido de nuevo- siguió comentando levantando su mano para tocar con uno de sus dedos la mejilla de Charles.

-¿Está todo bien… con él? Quiero decir si está sano o si le hicieron algo…- logré decir con mi voz ahogada.

-No te preocupes, se adelantó un poco, lo sabemos, pero está en perfectas condiciones. En tres días más podremos llevarlo a casa, ¿te gustaría eso?

Asentí enérgicamente sonriendo y llorando a la vez ¡Sí, me encantaría!

Con nuestros rostros tan cerca, él se rió de mi entusiasmo y capturó mis labios en un pequeño y suave beso, antes de seguir observando a nuestro hijo. La atmósfera parecía irreal, una burbuja de sentimientos que encajaban perfectamente en la situación.

Y ahí lo supe, quizás no pude seguir negándolo y a pesar del poco tiempo juntos… Dios, sí… Amaba a Edward Cullen, de la forma en que no había amado a nadie.

Estaba llena de sentimientos contradictorios.

Y bien jodida, también.

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El tiempo pasó de forma lenta, entre todas las visitas solo permití las que sabía eran reales. Esme, Alec y hasta su hermana, por ningún motivo permití que Aro y su familia, o incluso Carlisle entraran a la habitación de la clínica y menos a mi casa.

Ya cuando llegamos a la mansión, Edward hizo los arreglos para que Sue y los niños vinieran un fin de semana a visitarnos y conocer a Charles. Sí ya creía que me había puesto hormonal con el embarazo… Dios, ese día lloré al verlos entrar con maletas. Salté a los brazos de Edward mientras Charles dormía en su cuna luego de comer y cambiarle los pañales. No esperaba tantos gestos de él, cosas sencillas para un hombre como Edward pero el mundo para mí, tampoco esperaba que durante la noche cuando llegaba del trabajo insistiera en ocuparse de Charles. La primera noche en casa, casi no dormí y él tampoco, ambos nos levantábamos al mínimo sonido emitido por nuestro bebé, tanto que incluso pensé que sería mejor dormir en su pequeña habitación conectada a la nuestra y así no ahorraríamos salidas de cama por falsas alarmas.

Esme solo se reía cuando le comentaba, decía que era lo normal al ser padres primerizos. Todo me asustaba, hasta un sonido diferente o que durmiera tanto. Todo lo normal me asustaba porque era nuevo, esta pequeña personita era mi responsabilidad y moriría el día que por mi ineptitud le pasara algo. ¿Y si le pasa algo malo, algo realmente malo? ¡Dios! De solo imaginarlo tiemblo.

-Ha costado menos hacerlo dormir- comentó abriendo la cama para invitarme a entrar en ella.

-Ha sido solo el pañal que le molestaba, no tenías que acompañarme.

-Quería hacerlo.

-Aún así, tienes que levantarte temprano y…

-¿Vas a dormir o a seguir discutiendo?

-No estoy discutiendo - respondí entrando en las frías sábanas, con mi pijama de algodón. El hecho de ya no estar como una ballena favorecía mi agilidad y comodidad al andar, así como también mi closet. Aún tenía que bajar unos cuantos kilos para volver a mi peso normal, pero no estaba apurada por perderlos, la verdad era que estaba orgullosa de poder decir que después del embarazo había quedado con más curvas de las que jamás había imaginado, empezando por el tamaño del busto y terminando por mis caderas.

¿Edward verá la diferencia?

¡Que importa!

-Ahora lo estás haciendo

Miré a mi lado a Edward mientras nos acomodábamos en nuestra cama por cuarta vez de lo que iba de la noche. Había pasado algo más de un mes desde que Charles nació y notaba por las ojeras y el mal humor de Edward que había sido un mes duro para ambos.

-No es cierto.

-Isabella - dijo mirándome fijamente.- Duérmete, ahora.

Con un bufido y una horrible mueca de desprecio le hice caso.

Nada había cambiado en nuestra rutina a la hora de dormir, siempre terminábamos abrazados de un modo u otro, entrelazados en un sueño ligero atentos al menor sonido proveniente del monitor que teníamos a la mesa de noche. Conversábamos un poco antes de dormir al momento de ir a alimentar a Charle o cambiarle los pañales, compartíamos el baño diario cuando él lograba llegar de la oficina haciendo que mis defensas se bajaran más de lo que ya estaban…

Giré mi cuerpo como cada noche dándole la espalda a Edward y esperando que apagara la luz y me rodeara con sus brazos antes de volver a dormir un poco más esa noche antes de ir al trabajo.

Digo, se estaba dando el tiempo para estar con su hijo y no solo era un padre de papel y genética. Lo tomaba, le hacía caras extrañas, lo hacía reír y hasta intentaba cambiarle pañales de vez en cuando… estaba impresionaba y confundida.

No quería sentir lo que sentía por él, era tonto, ilógico, estúpido. Él jamás me correspondería y tampoco yo estaba para rogar por algo que debía ser dado libremente. ¿Verdad? Edward lo había dejado claro, había dicho que no volvería a enamorarse jamás.

Me gustaría que me contara alguna vez, así podría entenderlo un poco y dejar morir mis esperanzas otro tanto. Idiota.

Por un momento pensé en preguntarle a alguien por ello, pero pensando en el Edward que conozco quizás haya sido tan reservado que ni su madre sabría del hecho ¿Podría ser? Tendría que preguntárselo a Esme la próxima vez que venga de visita… sí, definitivamente va a la lista de cosas que hacer, porque a menos que fuera de importancia vital, nosotros no íbamos a la casa de Carlisle. Edward lo había dejado claro el día que impidió a su padre visitarme en la clínica y el día que salimos de ella a casa. Todo parecía remontarse a aquella conversación a puertas cerradas entre los tres hermanos y su padre…

Me gustaría saber que hablaron allí, que tan importante fue lo que pasó que Edward decidió cortar toda relación con su padre. No puedo negar que me aliviaba un poco, ese hombre… no merecía el título de padre, al ver como trataba a su propio hijo delante de todos... todas esas palabras y además del miedo que parecía tenerle en el pasado… todo eso había quedado atrás, el Edward de ahora había tomado las cosas en serio y se había plantado frente a su padre. Estaba orgullosa de él, orgullosa de saber que por fin tomó el valor para decir lo que pensaba, de hacer lo correcto y de… vivir su vida.

Por él, por Charles y… por mí. Quizás es muy egocéntrico decirlo pero así lo siento.

Luego de este mes había tomado la decisión de confiar en él. Era un buen padre y eso me debería bastar, yo estaba aquí en primer lugar por Charles, por su futuro… y en segundo lugar por estar estúpidamente enamorada de ese idiota hecho hombre. Mal humorado, egocéntrico, mandón, a veces irrespetuoso y otras obstinado… sí, enamorada.

Y tonta.

Además durante todo este tiempo en que habíamos estado adaptándonos a esta nueva vida para ambos, me había respetado. Quiero decir, luego de todo ese tiempo de tener esta amistad con ventajas "carnales" y de las advertencias del ginecólogo de darme el periodo de 'cuarentena', pues de besos no habíamos pasado…

No es que estuviera preocupada por eso, sus besos eran… suaves, cariñosos, sensuales pero retenidos al momento justo en que empezaba con esos soniditos de placer. ¡Me avergonzaba pero no arrepentía!

Aún así la verdad era una sola...

¡Estar enamorada del padre de tu hijo era una tortura! Todo beso o caricia era una tortura, me volvía loca tan solo de saber que tenía que dejar a mi cuerpo descansar luego de dar a luz porque, por muy fácil que pareciera, solo quería sentir su cuerpo y mostrarle con el mío un poco de mis sentimientos.

Por muy patético que sonara.

¿Dónde estaba la fuerza y seguridad de Isabella Swan ahora Cullen?

Parecía que hubiesen pasado unos segundo cuando la alarma comenzó a sonar en el lado opuesto a mi en la cama, ese sonido solo podía indicar que era tiempo de prepararse para que Edward se levantara para el trabajo. Había formado otra rutina por mucho que él se negara al principio a aceptarla, pero había sabido hacer valer mi postura obstinada como siempre.

Todos los días, por muy cansada que estuviese, me ponía mi bata y bajaba con Charles en su silla nido y nos instalábamos en la cocina con las chicas para prepararle el desayuno a Edward.

Quería que a pesar de todo, fuésemos una familia normal y haría lo que estuviese en mis manos para lograrlo. Que él nos viera como parte importante de su vida, que nos esperara y que nos extrañara cuando no estuviésemos ahí… ¿Qué nos amara? Yo sabía que amaba a Charles. Lo de nosotros era comodidad. ¿Cierto?

Por lo menos por parte de él.

En todo caso, disfrutaba nuestro día a día como jamás lo había hecho. Las batallas diarias eran lo más entretenido del día, junto con ver crecer y sonreír a mi bebe. Incluso cuando no había motivos para pelear, no me avergüenza decir que los inventaba… solo para ver como poco a poco Edward se preparaba para dar respuestas cada vez mas ingeniosas ¡Lo amaba!

Okay, borren lo anterior, sonó tan… extraño.

Llegué a temblar mientras preparaba unas tostadas y vigilaba que Charles estuviera tranquilamente dormido. Al poco tiempo Edward bajó duchado y vestido para la oficina, se detuvo un momento con Charles, le acarició su mejilla y se sentó en su lugar en la encimera. Pasó sus manos por su rostro, tratando de despejarse un poco. Mi pecho se estrujaba un poco al verlo tan cansado, deseando solo querer pasar mi mano por su cabello y confortarlo un poco.

Todo eso lo hacía más valioso a mis ojos. Él podía dormir, podía descansar si lo deseara pero prefería estar con su hijo y hacerse cargo de él lo más que pudiera y así también, ayudarme un poco con ello.

Le serví su desayuno sentándome a su lado, mientras las chicas nos dejaron solos en la gran cocina, excusándose para ir a avanzar con sus quehaceres del día.

-Me gustaría tomarme unos días libres.- dijo mientras tomaba su taza llena de café de grano de selección humeante.

Mi corazón dio unos saltos en mi pecho. Alegría, supuse.

-¿Puedes?- pregunté esperanzada. Él me miró y sonrió antes de volver su atención a su desayuno.

-Lamentablemente no por el momento, pero prometo tomarme unos días el mes que viene - respondió alargando una de sus manos para tocar mi mejilla. Creo que me sonrojé, pero no podría estar segura ya que me alejé con la excusa de ir a ver a Charles.

Podría estar enamorada pero no sería patética. No señor.

Pasó un rato mientras Charles se despertaba, lo cargaba y paseaba por la cocina haciéndolo reír y saltar, o acercándoselo a Edward mientras él comía para que jugaran unos segundos antes que partiera al trabajo. Cuando recogí la mesa después de comer mi propio desayuno, Edward se acercó como todas las mañanas y le dio un beso a Charles y otro a mí.

Cuando sentí su auto salir por la gran puerta, solté un gran suspiro. Charles compartió mis sentimientos pues emitió un gorgoteo jubiloso, antes de dejar hacer la bomba en sus pañales.

-Momento de cambiar los pañales, bebé.- junté mi nariz con la de él y besé sus mejillas mientras caminaba a la habitación.

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Dejé a Charles recién alimentado en su cuna antes de bajar a la cocina a hablar un momento con Tía. Ya era tarde, pero sentía que hablaba muy poco con la amable mujer que me recibió tan bien mis primeros días en esta monstruosa mansión. Llevé conmigo el monitor de bebé antes de cerrar suavemente la puerta y bajar.

Me había puesto una de mis viejas camisetas, de esas que había logrado rescatar antes de venir a vivir aquí, de las que me hacían sentir yo misma y a la vez una persona totalmente nueva a la vieja Bella. Había cambiado, sí… porque había madurado y me sentía bien por ello. Era una madre ahora, Charles dependía de mí y juntos éramos una familia. Esperaba que Charles pronto creciera y fuera más fuerte, para que podamos ir juntos a visitar a mi padre a su tumba pues se lo debía, lo recordaba todos los días pero prefería mantener a mi hijo sano y fuerte antes de exponerlo al frío de la ciudad de los vientos. ¿Era muy sobreprotectora? No me importaba, bueno… quizás un poco, pero prefería mantenerlo sano antes que todo.

Al bajar, sin saber por qué mi vista se fijó en la última puerta del pasillo. Me quedé estática mirando el estudio de Edward por un largo rato sintiendo que la curiosidad me invadía poco a poco… ¿Sería muy malo ir a echar un vistazo? ¿Quizás pueda descubrir quién fue esa mujer de la que se enamoró antes y lo dejó devastado? ¿Podría hacer algo así…?

¡Rayos! Quería... quería saber algo más de Edward… quería conocerlo más allá de su hermética personalidad, de sus crípticas palabras, realmente quería hacerlo.

¿Era correcto? Mierda no, pero era su esposa… tenemos esas facultades… ¿Cierto?

¿Cierto?

-Señora Bella, ¿está usted bien?

-¿Ah?

Tia sonrió antes de indicarme que la siguiera a la terraza. Ya había ahí un gran tazón con jugo y frutas, junto con otros bocadillos.

-La iba a ir a buscar para que merendara, supuse que el pequeño ya estaría en su siesta de la tarde.

-Gracias- comí un trozo de manzana antes de saborear el jugo de mango que extendía frente a mí. Siempre me sorprendía la variedad de fruta exótica que había en esta casa a todas épocas del año. Prefería no preguntar, la verdad. Me preocupaba como buena ama de casa que todo estuviera disponible, lo esencial y vital, los útiles de aseo y demás … no dejaba que nadie me impidiera realizar esta tarea, no por nada había aprobado mi curso de economía y ponía en práctica lo que aprendí allí y en Cisne, aunque durante este mes poco había hecho más que leer los informes semanales que Jasper me enviaba, confiaba en él, así que… sí Edward confiaba en él era porque, este tipo era bueno. Me había llamado la atención que el capital había aumentado y que se estaba invirtiendo mucho, supongo que era bueno para ayudar a las personas si se tenía el dinero, ¿no?

Y más a mis cercanos, Leah tenía su beca para estudiar lo que quisiera, Seth también… y aunque Jacob no estuviera a la vista o no estuviera en Chicago, el día que volviera tendría toda la ayuda para iniciar su negocio. Luchaba por eso y luchaba por un futuro asegurado para Charles. No eran malas metas.

-¿Tia?- Llamé mientras levantábamos de la terraza.

-¿Dígame?

Decidí dejarme llevar por mi curiosidad. Por mi futuro y el de mi hijo.

¡Vamos Bella!

-¿Tienes la llave del estudio de Edward?

-Sí, tengo la copia para hacer aseo.

-Necesito que me pases la llave, quiero revisar unas cosas…- Me estaba poniendo un poco nerviosa ¿Pero, por qué? Estaba en mi derecho. ¿No? – Edward me dijo que te la pidiera a ti.

-Sí, señora, como no. – Sacando un manojo de llaves desconectó una pequeña y me la extendió.

Me sentí un poco mal por la mentira pero me convencí que por alguna razón era lo mejor. Traté de no verme impaciente y con el monitor de bebé bien firme en mi mano, emprendí rumbo hacía el estudio de mi esposo.

Lo abrí con cuidado, temiendo que el movimiento más mínimo podría delatarme ¿Por qué me siento tan asustada? ¡No debería! Con más valor del que inicialmente tenía, entré a la habitación con la mirada firme y decidida. Solo quería conocer un poco más al hombre con el que estaba casada, eso no era un crimen ni nada… ¿Qué escondería? Quizás algo malo por eso no me dejaba entrar sin motivo alguno.

No.

Si Edward quería esconder algo no lo haría aquí, no lo consideraba tan tonto… además hasta el momento había sido honesto y directo.

Su oficina estaba como la recordaba, la última vez que había entrado había sido porque había llamado a comer a Edward, y estaba exactamente igual que esa vez… solo que un poco más desordenada pero igual. De todas formas, ¿por qué tendría que cambiar de aquí a un mes?

Me reí al momento que cerré la puerta y caminé hacía su escritorio, me irritó un poco el desorden y como tal, me acerqué a tratar de ordenar un poco todo ese cúmulo de hojas esparcidas por el escritorio de fino caoba. Dejé el monitor a un costado y le subí el volumen para no perderme de nada en caso que me distrajera buscando cosas. Sonreí al percatarme del marco de fotos que ocupaba un lugar importante en su escritorio y sentí como me sonrojaba al verme en la foto sosteniendo a Charles en su primera semana en la casa.

¿Era importante para él? ¿Podría corresponderme en algún momento?

Quizás si descubriera esa historia de amor frustrado podría…

Con un nuevo sentimiento mis ojos se posaron en todos esos papeles antes de amontonarlos en hojas, por lo menos ordenadas a un costado de su escritorio. Estados de cuenta, inversiones, saldos, adquisiciones…

-¿Cisne?

Una carpeta con el logo de mi fundación reposaba al final del desorden, una carpeta con el nombre de Edward Cullen y no con el mío. Eso llamó mi atención… bueno, Edward me ayudaba con la fundación pero jamás tomó parte de nada. Abrí la carpeta y mis dedos comenzaron a indagar en las hojas que estaban en esta carpeta.

Poco a poco mi corazón comenzó a latir más rápido, mi respiración a fallar… y mis ideales a romperse uno a uno junto con mi corazón.

¡Oh Dios!

Dejé la carpeta en la mesa y me dejé caer en la silla a mi espalda, sin poder tolerar poder estar en pie un momento más. Todo se destruía en mi interior, ¿cómo fui tan tonta?

Me limpié una de las tantas lágrimas en el preciso momento en que Charles se despertó en su habitación, dándome la excusa perfecta para dejar la habitación e irme, recomponerme y sacar fuerzas de donde no las tenía, pero siempre las encontraba.

De mi amor por mi hijo que era lo único real que parecía tener ahora.

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POV Edward

Bajé del Audi con un poco de prisa, más de la acostumbrada sin saber muy bien la razón. No creía en presentimientos, ni tampoco en cosas tan superfluas como la intuición, eso era cosa de las mujeres. Los hombres teníamos los hechos y las razones, sin embargo algo el día de hoy me tenía más borde de lo común.

El día había sido un caos total en la empresa, mi padre… Carlisle estaba nervioso y asustado ladrando órdenes desde la cama, aunque su doctor de cabecera se lo hubiera prohibido rotundamente. Le había ordenado vacaciones, pero mi padre no creía en los días libres y por lo tanto aunque pudiera morir mañana, reposaba con su computador en la cama y su teléfono en la otra.

-Un Cullen no es un flojo, ni un mediocre.- Decía cada vez que mi madre le pedía que descansara.

Pero yo sabía que no lo haría, no cuando su Holding estaba cayéndose a pedazos por su descuido.

Diablos.

Mi estómago se retorcía de algo extraño cada vez que pensaba en todo lo que estaba pasando en mi vida, todo lo que había planeado estos meses estaba en su punto culminante, entonces… ¿Por qué sentía que todo era incorrecto?

Quizás por esa pequeña criaturita que había conocido el mundo hace tan solo un mes atrás. Mi hijo, era extraño y correcto a la vez, tenía que darle el ejemplo, ser mejor persona para Charles… y también para su madre. Pero no podía dejar pasar la venganza contra el hombre que me crió con mano de hierro, se merecía un poco de sufrimiento, un poco de temor… que perdiera lo que más quería y se diera cuenta que no era lo más importante.

Yo me había dado cuenta, quizás tarde pero a tiempo. Gracias a Bella y Charles sabía que lo importante era la familia y el cariño, el dinero llegaba a segundo nivel cuando tenías lo que realmente valía, cuando tenías personas que te esperaban y recibían con una sonrisa, no con la mano estirada para pedir dinero para un nuevo vestido, o recibir los mejores dividendos y utilidades de la empresa que lideras.

Todo ese tiempo perdido. Pensaba en todas esas mujeres que me utilizaron, y como yo también las utilicé a ellas, recordé cuando era un crío y pensaba que el amor existía y también cuando dejé de creer en él, el mismo día que me rompieron el corazón.

Había pensado durante mucho tiempo que ese día me había convertido en un hombre, pero todo dio un giro de 180º el día que entré a ese pabellón sosteniendo la mano de Bella, para darle la bienvenida a nuestro hijo. Ese mismo día Carlisle le había cedido verbalmente todo C.E.E Holding a Emmet y sus propiedades a Alice, dándome como limosna C.E.E Petroleum por haber deshonrado el nombre Cullen con mis malas decisiones.

Lo odiaba, había vuelto a relucir todo ese deseo intenso de demostrarle lo bueno y competente que era, de demostrarle que no había hecho nada malo porque no lo sentía así. Era por eso que había estado trabajando tan duro este mes, para demostrarle lo contrario.

Bella por su parte era valiente, honrada y una gran mujer, y llevaba en su vientre a mi hijo ¡Mierda! No lo había abortado, ni abandonado cuando todo el plan de Ángela se había descubierto. Poco a poco había entendido sus razones, bajo toda circunstancia había escuchado su historia y respaldado su versión con los hechos investigados. Su historia no era mejor que la mía, su padre había sido asesinado por involucrarse con las personas equivocadas y usaba eso a mi favor utilizándola como todo el mundo lo había hecho desde un principio… aunque después me demostró mi error con palabras justas y peleas tontas.

De tan solo recordar sus ataques y revueltas, sonreía. La vida era divertida con ella a mi lado.

-Buenas tardes, señor Cullen.

-Buenas tardes, Tia.- saludé de vuelta sacándome mi abrigo y dejándolo en el perchero.- ¿Dónde están Bella y Charles?

-La señora Bella está en su estudio- levanté mi cabeza rápidamente al escuchar eso. ¿Qué rayos hacía Bella en mi estudio? Ella no tenía permitido entrar, es decir… era mi lugar de trabajo y…¡Mierda! No podía entrar, no cuando…

Maldición.

Sin mirar siquiera a Tia, seguí a paso apresurado a mi estudio.

¿Por qué mierda tenía de pronto tanto miedo? Nada había pasado, nada debía de haber pasado. Mi mente realizó miles de excusas en el poco tiempo que demoré en llegar allí, una parte de mi sabía que todo estaba jodido y otra lo negaba.

Quizás por eso era que sentía esa sensación en mi estómago, porque sabía que lo que le estaba haciendo a Bella era en cierta manera una traición. Pero, si la había utilizado todo este tiempo, desde el principio ¿qué era diferente ahora? Desde el inicio se lo había dejado claro, entonces, ¿qué hacía rogando porque no descubriera lo que estaba haciendo en venganza contra mi padre?

Cruzando el umbral de mi estudio, estaba ella, sentaba en mi silla de cuero reclinable con la mirada perdida y fija en unos papeles esparcidos sobre el escritorio de caoba, con el monitor de bebé que siempre cargaba cuando Charles dormía en su cuna y ella bajaba al primer piso. No podía ver sus ojos ni su expresión pero la postura de sus hombros era tensa y cansada a la vez.

-¿Bella?- la llamé haciendo que su rostro se encontrara con el mío mientras me acercaba a ella.

Ninguno habló por unos segundos, parecía enojada pero triste haciendo que mi corazón latiera con rapidez y mi pecho se estrujara un poco. Mi sistema de defensa se activó de inmediato, así que sin pensar siquiera en lo que salía de boca, sabía que empezaría a pelear con ella, a retarla por cosas estúpidas.

-¿Qué rayos haces en mi estudio? No tienes permitido el acceso a este lugar, es personal.- mi voz salió dura y fría, pero por dentro estaba en tensión esperando una respuesta favorable.

-No sabía que habían partes prohibidas en esta casa.

-No me gusta que hurgues en mis cosas - me acerqué a Bella y me instalé a su costado irguiéndome sobre ella para intimidarle un poco, y a la vez para echar un vistazo a los documentos que tenía delante de ella.

Cuando posé mi vista sobre ellos, sentí como mi temperatura bajaba y comenzaba a sudar en frio.

-Quiero que te vayas de mi estudio ahora, Isabella. Vete y no vuelvas a entrar sin mi consentimiento.

Hace mucho tiempo que no le hablaba así a mi esposa, hace tiempo que había dejado de tener motivos para hacerlo porque sabía que ella no se intimidaba con eso, sabía que era valiente y luchadora, y que ella no merecía ser tratada así…

Pero ahora un miedo inconcebible se apoderó de mi cuerpo y mi boca, haciendo que mi antiguo yo saliera en mi defensa.

'No pudo encontrar esos documentos. ¿Por qué los dejé allí, por qué mierda nos los guarde bajo siete llaves?'

Ella siguió con su mirada la mía con aire dramático y luego la volvió a dirigir a mis ojos.

Desafiante, valiente…

-Quiero una explicación.- Me mantuve firme, mirándola fijamente en mi asiento. Parecía tranquila pero sus manos sobre su regazo la delataron y la extraña brillantez de sus ojos.

Si le pregunto si estuvo llorando lo negaría y eso solo me dio la respuesta que esperaba. Bella lo sabía.

¿Por qué sentía pánico? Tenía el fuerte deseo de abrazar a Charles y susurrarle que todo estaría bien.

Patético, porque también quería abrazarla a ella y decirle lo mismo.

-No es nada que te incumba, no lo toques.

Pero ya era demasiado tarde, lo sabía y aunque alargué la mano para quitarle la evidencia ella ya la había visto.

-Eres un hijo de puta.

-No me insultes, no te atrevas.

-¿Cómo pudiste? ¿Cómo…?- su voz se quebró pero se recuperó de inmediato levantándose de su asiento y pasando bruscamente a mi lado.

-Bella…- la llamé queriendo tontamente explicarle, besarla y llevarla a la cama.

Me dolía de forma estúpida verla así y más aún saber que era por mi culpa.

Dios Santo… todo calzó de un segundo a otro. Tenía miedo a perderla, a ella y a mi hijo, tenía miedo de perder a mi familia, a las personas que amaba.

Llevé mis manos a mi cabeza en el mismo instante que me dejaba caer en el espacio que Bella había dejado al levantarse.

-Confié en ti, llegue a confiarte hasta mi vida…Dios…-Ella solo caminaba de un lugar a otro mientras yo solo pensaba en lo mal que esto se veía ante sus ojos y en lo poco que me creería si le contara todo.

Tendría que hacerlo, quería hacerlo…

-Te odio.- finalmente susurró Bella cuando terminó.

-No me odias, solo…

La puerta de mi estudio se abrió de golpe dejándonos estupefactos a ambos, más cuando notamos que mi padre, Carlisle entraba por ella rojo y enfurecido. Primero identificó a Bella y sin mediar fuerza ni palabras la tomó por sus brazos y la lanzó hacia unos sillones que habían en el camino. Me levanté rápidamente y me detuve al lado de mi esposa para saber si estaba bien, logrando alimentar mi rabia y desesperación poco a poco. Cuando vi que estaba bien, solo un poco aturdida me levanté y posicioné frente a Carlisle con tono y postura amenazante.

Nadie. Toca. A. Mi. Familia.

-¿Qué mierda crees que haces? No vuelvas a tocarle un pelo.

Su rostro se desfiguró de rabia y mi cara tuvo que tener la misma trasformación. Sentía toda la rabia fluir por mis poros y esperaba que mi padre lo sintiera. Había tocado a Bella, la había lanzado, atacado y… ¡Maldición! Nadia la tocaba, a ella o a mi hijo.

Todo ese miedo, todo ese temor a no ser lo suficientemente bueno para él se esfumó ante la posibilidad de que él hiriera a Bella como lo había hecho con mi madre cuando yo solo era un niño.

¡A Bella no le pondría un dedo encima!

Lo mataría antes de permitirlo.

-Vete de mi casa.- siseé, empuñando mis manos con fuerza.- No vuelvas a poner un pie en mi propiedad, ya no eres bienvenido.

-No te metas en esto, bueno para nada - su cara estaba roja y sus pies dieron un paso hacia delante con clara intención de acercarse a mi mujer.

Me interpuse en su camino, empujándolo con mi pecho hacia atrás… se enfureció, cambiando su postura y tratando de avanzar. Lo detuve empujándolo con mis manos.

-¡Deja que le ponga las manos encima a esa hija de puta! ¡Deja que la mate!- Gritaba, mientras lo empujaba.

-Bella, vete a nuestra habitación.- ordené mientras la veía levantarse asustada.

Carlisle parecía poseído y enloquecido.

Algo me decía que Bella no había sido la única en descubrir mis planes el día de hoy.

-Es una vil ladrona, se hizo con todo mi patrimonio ¡Mi fortuna! ¡Ladrona! Te meteré a la cárcel, perra.

-¡Te dije que te callaras y te fueras! ¡Vete! - seguí ordenándole y empujándolo contra la pared más cercana.

-Metiste a nuestra familia a esta…- parecía faltarle el aire pero aun así seguía botando veneno.

Parecía una escena sacada de alguna película mala, este día se había trasformado pronto en el peor de mi vida y por solo una razón.

Miré sobre mi hombro y vi a Bella, mirarnos ya más compuesta y desafiante… me miró antes de dirigir sus ojos castaños a mi padre.

-Déjalo, Edward, deja que muestre su verdadera cara. ¿Qué sucede señor Cullen? ¿Qué le he robado? – nunca la había escuchado tan amargada y prepotente. Me dolió, porque sabía que era mi culpa.

Mierda.

-Ya recuerdo…- caminó hacia mi escritorio y tomó los documentos, lanzándolos hacia nuestra dirección. Sabía que sus palabras también eran para mí.- Sus acciones, su empresa. Yo no he hecho nada de eso…

¿Qué mierda hacia? Me miró con su expresión dura y fría, con un despecho que llegaba a sentir con tan solo mirar su posición y escuchar el tono de su voz. Yo era el culpable, yo había arrebatado de las manos de mi padre su empresa sin que él se diera cuenta, mediante Cisne, había comprado acciones, poco a poco hasta conseguir un porcentaje importante… y combinado con mi porcentaje de la empresa, me convertía en el principal accionista de C.E.E Holding. Era yo o Aro, quien por su lado y con menos discreción planeaba hacer lo mismo. Me adelante a él y a mi padre, y la había utilizado para eso haciéndole creer que Cisne era solo de ella y para fines de beneficencia cuando era todo lo contrario. Cisne estaba a nombre de Isabella Swan, por lo que mi nombre no aparecía en las transacciones ni por asomo, dándome el camino libre para hacer y deshacer con ella hasta lograr mi objetivo, hasta llegar a este día…

¿Por qué no me sentía pletórico, feliz, realizado? ¿Por qué sentía que estaba perdiendo lo más importante de mi vida?

Porque lo estoy perdiendo…por eso.

-Usted…- Continuó Bella, firme y estoica. Mi pecho se infló de orgullo por un momento, esta era mi mujer… la mujer que amaba.- Usted descuidó su empresa como si no valiera nada. No me costó nada porque estaba tan seguro de todo, que pensó que nada le podría pasar en su magnífico trono, ¿verdad? Pero dígame, ¿qué es lo que más le duele: que yo, la pobretona, le hubiera quitado todo por lo que luchó toda su vida, o porque usted que se creía tan capaz e invencible, que le exigía perfección a sus hijos no es más que un fracaso? Su hijo… Edward, me eligió a mí y esa fue la mejor decisión de su vida. Ahora todo el mundo sabrá que yo le compré toda su estúpida empresa frente a sus narices…

-Bella, por favor...- dije casi en un susurro.

-La verdad duele, Edward- sollozó un poco pero pronto volvió a su fachada implacable, tanto que me recordó a mí mismo por unos instantes.

-Acabarás en la cárcel donde perteneces…- amenazó a mis espaldas Carlisle, colmando mi paciencia. Me giré, lo tomé por su cuello y lo arrastré hacía la puerta.

-¡No amenaces a mi familia!, ¡No te atrevas siquiera a pronunciarlo!

-No puedes echarme, soy tu padre.

-Claro que puedo, es mi casa y ya no eres bienvenido hasta que te retractes de todas las cosas que les has dicho a mi esposa- Abrí la puerta y llamé a Benjamín quien apareció de inmediato con Tia a sus espaldas -. Escolta a este hombre a la salida.

-Ya no te atrevas a llamarte un Cullen.

-Nunca fui uno, ¿no es cierto?

Lo único que escuché fue como gritaba cosas sin sentido e importancia al salir por la puerta, no le presté atención, tenía cosas más importantes que hacer, que decir… que explicar.

Me giré.

Ambos nos miramos, ninguno habló, el único movimiento en la habitación fue la gota que corría por la mejilla de Bella.

Si tuviera el valor de abrazarla y decirle que la amaba, quizás podría acortar la distancia que nos separaba y arreglar todo esto.

Pero sabía que no era tan fácil, nada era fácil con ella. Ni las excusas, ni las razones, ni los sentimientos.

Nada lo sería de ahora en adelante, porque lo quisiera o no, lo negara o no… me había vuelto a enamorar y a esta mujer no podía perderla. No quería.

Y otra vez la estupidez le ganó a mi razón como siempre que estaba con ella.

-Tú sabes como soy, todas las cosas que dijiste de mí son ciertas. Soy un bastardo, manipulador y egoísta y nunca lo oculté de ti. Te di lo que querías, ayudaste a tus amigos ¿no? Yo solo saqué un poco de provecho de eso, no tenías por qué saber y estresarte de más. No soy un buen hombre, Bella, y eso lo sabías desde el momento en que te obligué a casarte conmigo. No te he mostrado nada de lo que no soy.

-Merecía saberlo, Edward.- se defendió.- No puedo creerlo…- se paseaba por el despacho mientras pasaba su palma por su rostro, y sin aviso soltó una risa seca y sarcástica- Pero, ¿de qué me sorprendo? Todo esto, todo este matrimonio es una estrategia, me usaste desde el principio. Tienes razón – me volvió a mirar directamente a los ojos, buscando algo en mí que no encontró – Pensé que podía valer para ti algo más, no valgo más que uno de tus lápices – Su voz se volvió a quebrar pero esta vez no logró recomponerse a tiempo y terminó llorando sin poder controlar los hipidos. Los deseos de abrazarla y reconfortarle aumentaron pero sabía que ella no lo deseaba – O… uno de tus autos… No, menos.

No debería doler tanto.

-Bella.

-Yo y mis estúpidas esperanzas. No sé por qué me duele tanto –trató de limpiarse sus mejillas húmedas al hablar, pero no lo logró.

Sin mirarme ni siquiera un segundo corrió fuera de la habitación y estúpidamente mi cuerpo se quedó petrificado en su puesto, viéndola salir sin poder reaccionar.

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NDLA: He resucitado de la arena y ceniza. Espero esten muy bien, las saludo desde la gran isla de Chiloé con el temporal que azota afuera (Esperando que no se corte el internet, que Rob también me espera lol) Ha pasado mucho tiempo, y hace poco gracias a un rr me di cuenta de la cantidad de dias sin actualizar! Perdon por eso, así que cada día escribia un poco, agradezco a Eri como siempre, ella sufrió las consecuencias de esa escritura por fragmentos, tabla me llegó, LOL.

Bueno, que puedo decir... Edward lo tenía escondido, y como que la anduvo 'cagando' ¿Bella lo perdonara? ¿Ahora que ambos han descubierto lo que sienten? Que ironia de la vida.

Besotes enormes, y gracias por todos los rr geniales que escriben y mandan, por la paciencia de esperar a esta loca y por estar ahí siempre.

Abrazos de oso.

Enichepi.