- Me preocupa tanto no saber nada de él –dijo Winter mientras cerraba la puerta de madera de la habitación.
Estaban a punto de salir de ese complejo de departamentos en el cual vivía Winter, algo sencillo, por no decir feo e incómodo, por casi nada de renta, bajaron por las escaleras viejas y destintadas, para adentrarse al mundo acelerado de la ciudad.
Por temor a perder el control sobre sí mismo, Ashley había pasado esos últimos días con ella, y de una manera tan extraña pasaron de ser completos desconocidos a buenos amigos compañeros de habitación en sólo cuestión de días. Para él era sumamente extraño convivir con una mujer siempre, ya que poco estaba acostumbrado a ello, mientras que por su parte a Winter le daba igual aquella situación y la constante presencia de Purdy en sus actividades.
Era tan extraño formar ese vínculo con alguien desconocido.
- El mejor plan que todos pueden tener es hacer pensar al enemigo que no estas presente… –comentó el pelinegro saliendo detrás de ella.
- Tienes razón –giró la cabeza para mirarlo—. Él siempre lo hace, y precisamente por eso me preocupa más –comenzó a caminar por la acera—. Cada que toma estos tiempos, vuelve con algo peor.
- Esperemos que aún no sea su tiempo de aparecer. De todas formas hablaré de eso con Andy y… Bill –se notó pensativo—. ¿Estarás bien si yo me ausento por unas horas?
Ella soltó una risilla divertida y lo miró irónica.
- Claro que sí Ashley Purdy, he sobrevivido sola más de cien años en este maldito mundo lleno de amenazas.
- Cierto –sonrió algo apenado—, es que bueno… creo que ya me he acostumbrado a tu compañía.
- Pues no deberías de acostumbrarte tanto –le dio un golpecillo juguetón en el brazo—. Las cosas de repente pueden cambiar.
- Lo sé –resopló mirando hacia la acera—. Créeme, vivir un cambio tan radical es como hallarse perdido en el mundo –mencionó con un tinte de tristeza en la mirada.
- Pronto te adaptarás. Es cuestión de tiempo. –ella observaba con sumo interés los aparadores de cristal que iban pasando.
Estaban cerca del centro de la ciudad, en donde toda la locura comercial, fiestera y trabajadora se concentraban, vivir allí como una persona normal parecía ser completamente distinto a como Ashley creía las cosas.
Después de todo ellos siempre frecuentaban lugares especiales y la parte hermosa y tranquila de lo que era esa ciudad de California, el mundo se notaba distinto, quizá era porque él cambio de cierta manera o quizá la perspectiva que estaba viendo era terriblemente contrastante a lo que él pensaba.
Miró de reojo a la rubia que caminaba a su lado, ahora permanecía callada y observando su camino con todo y sus alrededores. Se sentía bien estar a su lado, ella le brindaba esa impresión cálida y amistosa que más necesitaba en esos momentos, sabía que debía ir con sus amigos a hablar sobre lo que estaba sucediendo, pero esas terribles ganas de permanecer al lado de esa mujer eran un poco más fuertes.
Winter sin duda era hermosa, sexy y misteriosa, todo esto comenzaba a atraerle de manera casi animal, quería conocer más sobre ella, y poder romper esa cápsula de hielo que siempre la cubría al dirigirse a él, se preguntaba si ella era así con Andrew, o si acaso había algo más entre ellos. Esa mujer comenzaba a inquietarle, y podía tomar la opción de alejarse de ella o permanecer hasta intentar romper ese escudo de frialdad que embargaba siempre su carácter.
Llegaron a la avenida en donde se separarían ella lo miro y sus labios formaron la curvatura de una débil sonrisa que pronto se desvaneció.
- Bien, iré a buscar algunas cosas… y tal vez te alcance allí. –dijo más bien como si fuese una orden.
- De acuerdo, de todas formas esperaré por ti, por si apareces.
Ella asintió y cruzó la calle, Ashley la vio caminar y perderse entre la gente que transitaba a esas horas, incluso cuando sonreía, por muy efímero que esto fuera, era hermoso.
Sacudió su cabeza, y refrenó sus pensamientos, el hecho de que ella le hubiese abierto los ojos hacia otra vida diferente no quería decir que esto significase que ellos dos serian una especie de pareja o algo así. A él nunca le gustaron los compromisos con las mujeres, siempre había sido así, y el interesarse de esa manera en ella no iba a hacer que él cambiara su forma de ser ante las relaciones románticas. Tenía que frenarse y marcar esa línea invisible entre ellos antes de que las cosas llegaran a más.
Al menos de su parte.
Winter había capturado a un hombre que salía de una de esas tiendas departamentales, unas miradas, sonrisas y él ya la estaba siguiendo hasta ese callejón alejado del bullicio urbano de la noche. Su propia mirada le había hecho una invitación provocativa a aquel hombre, algo que no cualquiera del sexo masculino se atrevería a rechazar al ver esas elegantes piernas pasar e invitarles a tener un buen rato.
La sujetó de la cintura poniéndola contra la pared, estaba a punto de besarla cuando ella puso la mano sobre su boca y meneó la cabeza indicándole que así no era el juego, le dio un beso en la mejilla mientras aquel comenzaba a acariciar su espalda creyendo que toda esa mujer estaría dispuesta a ofrecerse ante él, Winter fue directa y para ahorrarse el estorboso momento de carisias que no deseaba, mordió su cuello sintiendo el sabor embriagante de la sangre, él, por puro instinto intentó apartarse, pero ella, estando enganchada a su víctima sería imposible separarla, comenzó a succionar desesperadamente intentando calmar su sed, sabía que sólo sería una pequeña parte, y que ese hombre al separarse de ella habría olvidado el porqué de su presencia allí, lo apretó de la nuca forzándolo a quedarse quieto a lo que él echó un lánguido quejido, por ese efímero instante ella recordó aquella noche en la cual conoció a Andrew, sus caricias y sus besos que por primera vez en su existencia le hicieron perder la razón, se imaginó que era él el que tenía en sus brazos y que lo estaba fundiendo a ella de una manera más visceral, más profunda que aquella calurosa noche.
Escuchó un estruendo de los botes de basura y en un parpadeo su víctima desfalleció entre sus brazos ya muerto. En un instante.
Alzó la vista al tiempo que el cuerpo cayó, y se topó con los ojos ambarinos y feroces de William quien la miraba con una sonrisa cínica.
Con la rapidez que los caracterizaba Winter intentó escapar, pero aquel alto hombre de ropas negras interceptó su movimiento sujetándola fuertemente del cuello.
- Vaya, vaya, creo que este es mi noche de suerte. –dijo él con un ánimo asesino.
Apretó con más fuerza el cuello de Winter, sus pies dejaron de tocar el asfalto y comenzaba a patalear al tiempo que le clavaba las uñas a su atacante.
Intentaba apartarlo de ella lanzando golpes hacia su cara e intentando patearlo, pero él parecía más rápido y fuerte que ella, su sonrisa mordaz le indicaba que esto le estaba divirtiendo.
- Creo que ya no podrás escaparte ni una noche más. Pequeña zorra. –le dijo en un gruñido que significaba completa alerta para la rubia.
Tenía que escapar o si no iba a morir.
Echó hacia atrás la mano que tenía libre y Winter rasgo con las uñas su casi perfecto rostro, él la soltó cubriéndose de inmediato, le lanzó una patada que lo tiró contra la fría y dura pared haciendo que parte del concreto se cuarteara ante el impacto, entre atacar o huir, ella decidió atacar, mientras intentaba reponerse, Winter le dio otra patada en el abdomen y seguido a esto se lanzó con todas sus fuerzas sobre él tomándolo de la cabeza para poder quebrarle el cuello pero, William con su fuerza más elevada le dio un golpe en el estómago que la hizo soltarlo de inmediato.
En fracciones de segundos la tumbó sobre el piso sucio y húmedo colocándose sobre ella, le propinó un fuerte golpe en la quijada que la hizo perder el control de sus manos que intentaban golpearle, la sujetó fuertemente de las muñecas para evitar sus futuros golpes, ella forcejeaba por liberarse y él sosteniendo sus manos se acercó a ella perforando su cuello comenzando a beber de una manera bestial, Winter gritó pero no salió más que un débil chillido, podía sentir sus colmillos dentro de ella quemarle como si fuera ácido que comenzaba a corroerle, la estaba agotando sumamente rápido, Winter se retorcía por debajo de su cuerpo que estaba como piedra aferrado al suyo, ¿acaso eso era posible?, su visión se nubló dejándola casi ciega ante ese terrible depredador, sintió que soltó sus muñecas ya entumecidas por su fuerte agarre y su cuerpo ya no reaccionaba con la rapidez que ella quería, apartó sus labios de su vena y escupió un poco de su sangre; sin más miramientos, de su espalda, debajo de la gabardina oscura saco una punta filosa de madera.
- Eres igual que todos los que son como tú. Asquerosa. –dijo con repugnancia limpiando su boca con el dorso de su brazo.
Se sentía en un estado de completa debilidad, veía la figura borrosa y sus sentidos le indicaban que estaba a punto de atacarle, William levantó el mortal pedazo de madera dispuesto a clavarlo en el centro de su pecho, un grito de guerra se escuchó entre la noche y Ashley Purdy se arrojó contra William en una tacleada poderosa que hizo rodar a ambos por el pavimento, el objeto se perdió entre los montones de basura que habían en una esquina del callejón, William apartó violentamente a su atacante emitiendo un gruñido de cólera, Ashley alzó la vista notando esos filosos caninos que sobresalían de su boca aún manchada de sangre.
El momento de desconcierto fue tal que no notó los movimientos ágiles de su atacante quien ya le estaba propinando unos fuertes golpes, él iba dispuesto a matar, a quien sea que se interpusiera en su camino.
Ashley intentaba defenderse pero parecía que aquel hombre endemoniado era mucho más rápido y fuerte que él, su mirada iba y venía del lugar en donde se encontraba Winter, se estaba alzando del piso y se notaba débil, muy débil y descompuesta, Ashley quería ir hacia ella pero el hombre de los ojos ambarinos no lo permitía. Lo arrojó al frío concreto, golpeó unos botes de basura que cayeron cerca de él despertando ese fétido olor a descomposición, lo vio venir como una fuerte ráfaga de viento contra su cuerpo dispuesto a darle el ataque final, en sus ojos y en ese amarillo encendido se notaban el creciente deseo de acabar con él.
Ashley intentó ponerse en pie cuando otro grito de esfuerzo se escuchó y el atacante maldito detuvo sus pasos cerca de él, sus ojos perdieron ese brillo animal al instante y cayó de rodillas al piso intentando recuperar el equilibrio, soltando un poco de sangre de la boca, inclusive las venas en su rostro se podían ver en un azul casi negro que alarmó terriblemente a Purdy quien al observarlo entre las sombras de la oscuridad notaba lo espeluznante que era en verdad.
Aquel parecido a su manager desaparecía en un instante.
Atrás de él se encontraba Winter, quien tambaleante le había atacado con aquella filosa arma que momentos antes él había estado usando, Ashley rápidamente la sostuvo antes de que cayera de nuevo y llevándola en brazos huyó despavorido sin saber en realidad qué fue lo que le pasó a ese vampiro endemoniado que casi le mata.
Entre la oscuridad se quedó como una estatuilla de rodillas sobre el asfalto, sus pupilas se dilataron considerablemente haciendo ver sus ojos casi negros y vacíos, su energía se había paralizado, sus músculos se contraían casi involuntariamente, y el material de madera parecía quemarle.
La estaca se había clavado cerca de la altura de su corazón, levantar la mano para sacarlo ahora le resultaba una terrible labor. Aquello había sido un ataque de muerte para un vampiro como Winter o los que deambulaban por el resto de la ciudad, pero menos para él, que bien sabia el alcance de sus diferencias con esos otros seres similares a él.
Esperó unos tantos minutos que le parecieron interminables para reunir las energías necesarias para poder levantar la mano y liberarse de esa tortura de madera que se le había clavado profundamente en la espalda, al sacarlo un dolor paralizador contaminó el resto de su espalda haciéndolo caer por completo al piso con la respiración agitada y las fuerzas suspendidas. Maldijo, maldijo mil veces y los maldijo a ellos, quienes simplemente se interponían, queriendo modificar algo inmodificable.
Algo así como su instinto de venganza y odio que su creadora le había heredado.
- Andrew, lamento mucho lo que sucedió –Bill comentó mientras cerraba la puerta detrás de sí.
Andy estaba sobre en la orilla de la cama con la cabeza baja y las manos en la cabeza, pensativo, abrumado, desesperado, con una terrible carga de tristeza que Bill bien pudo percibir, sobre la cama yacían dos cajas de madera finamente talladas, pulidas y adornadas en donde se encontraban las cenizas de sus progenitores que días atrás habían sido cruelmente asesinados.
Bill sintió un nudo en la garganta al imaginarse a sí mismo en esa terrible situación.
- ¿A qué vienes? –dijo él aun sin mirarlo.
- Quería saber si necesitabas algo y a reiterarte que cuentas con mí apoyo en esto. –dijo permaneciendo a unos pasos frente a la puerta.
- Apoyo, ¿de qué Bill Kaulitz, de seguir mirando como mueren una a una las personas? –mencionó sarcásticamente levantando la mirada hacia la ventana frente a la cama.
- Buscaremos la manera de detener esto. No hay que perder las esperanzas.
- Sí… esperanzas –bufó y lo miró de manera inculpadora casi atravesando su humanidad con esos ojos que parecían acabarle—. ¿A que más personas inocentes sigan muriendo mientras tú… sigues aquí?
- Andrew, por favor no tomes esa actitud…
- ¿Cuál actitud Bill? –se puso de pie y camino amenazantemente hacia él—. ¿Qué acaso no es cierto que todos ellos están muriendo por el simple hecho de que tú sigues vivo?, ¿qué se siente tener todas esas muertes sobre tu conciencia?
- Ninguna de esas muertes fue ocasionada por mí. –respondió seriamente
- Ahora vienes a decirme que eres inocente de eso. ¡Carajo Bill!, eres el maldito culpable –apuntó severamente y Bill sintió el peso de sus palabras—. Si tan solo yo hubiera acabado contigo cuando era tiempo, nada de esto hubiera pasado. Pero tontamente no lo hice pensando que las cosas contigo podrían ser diferentes. Y ahora me vienes resultando un maldito problema más, ocasionando todas esas muertes. –su ira se fijó directamente a sus ojos y Bill supo que hablaba enserio.
- Lo lamento tanto. –se mantuvo firme ante la actitud de Andrew, aunque por dentro también sentía parte de esa culpa abominable.
- Sí, es muy fácil decir eso. Maldita sea –Andrew comenzó a caminar en círculos yendo y viniendo como un animal enjaulado. No sabía qué más hacer, el peso de la culpa caía de manera casi aplastante de su lado, más que en el de Bill—, no entiendo por qué seguimos haciéndote caso, nada pasará si seguimos así. Tal pareciera que lo único que te importa es la maldita imagen que tienen los medios de nosotros. –gruñó mientras continuaba en ese vaivén desesperante.
- Eso es lo que tú crees, en este caso los medios son lo último que me importa, por si no lo sabías Biersack, no eres el único que está padeciendo esta situación –lo miraba ir y venir y él comenzaba a desesperarse también—. Y si me encargo de los periodistas y lo demás, es porque me estoy asegurando de mantener las cosas tranquilas para que nada de esto se sepa, y salvar tu trasero para cuando quieran volver al mundo en el que estaban anteriormente.
- No cabe duda que eres un idiota, nada de eso servirá si ese hijo de puta nos mata a todos, no habrá grupo, no habrá carrera ni más discos por vender. ¡Entiéndelo, tenemos que hacer algo!
Bill permaneció en silencio, siendo de los dos, quien mantuviera la postura en esa discusión, Andrew se puso contra la pared mirando hacia la lamparilla de techo que había en medio de la habitación.
Y hubo más silencio entre los dos.
- Entonces si pretendes hacer algo para acabar las cosas, ¿Por qué no me matas y acabas con tu rabia? –propuso Bill cruzándose de brazos a manera retadora.
Andrew lo miró y negó con la cabeza de inmediato.
- No. No soy un asesino… Aunque quisiera. –espetó ante su comentario mirándolo de la misma manera en que era observado.
- Bien, entonces quédate aquí y sigue llorando tus penas –respondió punzante.
- Idiota. –bufó aun manteniendo el contacto visual.
- Gracias –respondió indiferentemente—. Y mientras estés aquí las cosas se seguirán haciendo a mi manera, por tu bien, por el mío, y por el de todos. Tomaremos medidas ante esto, pero a su tiempo. ¿De acuerdo?
- No pienses que te apoyaré en esto. Ellos –apuntó hacia la cama— están muertos por que tú estés vivo, así que no pienses que te seguiré encubriendo más –se volvió a acercar a él hasta poder estar frente a frente—. Si piensas hacer algo contra ese maldito, es mejor que lo hagas tú solo –lo apuntó golpeando levemente su pecho.
- Perfecto, creo que no podría esperar menos de ti –lo había irritado, sí que lo había hecho, pero bien sabía que ante ese muchachito no debía perder los estribos. No de nuevo–. Con permiso –sentenció para luego salir de la habitación.
Ira y deseos de venganza, era lo único que Andrew podía sentir en esos instantes, quería poder hacer algo contra ese demonio suelto por las calles, tenía que vengar esas muertes, de alguna u otra manera, simplemente no podía dejar las cosas de esa forma.
Ira y ansias de venganza…
¿No se te hacen familiares?
