Callejón Diagon
Tomó su taza de café y le dio un sorbo rápido. Frunció el ceño inmediatamente, alejándose la taza de los labios. Estaba ardiendo, casi se le quema la lengua. Dejó la taza de nuevo sobre el plato y alzó la mirada a su alrededor. El callejón Diagon estaba repleto de magos, brujas, y otros seres mágicos que pululaban en todas direcciones a gran velocidad. El bullicio evidenciaba la alegría general, las compras, el ambiente tranquilo.
El aire calmo lleno de paz.
El moreno se arremangó algo la túnica y observó su reloj. Frunció algo más el ceño, se estaba haciendo tarde. Bajó la mano y volvió a mirar en rededor, curioseando los rostros del resto de magos y brujas que se sentaban en aquella pequeña terraza, buscando a alguien familiar o quizá simplemente husmeando para pasar el rato.
No había nada que llamara lo suficiente su atención, de modo que sus ojos se dirigieron de nuevo hacia la persona con la que compartía mesa.
El niño en cuestión estaba tomándose un helado enorme con auténtico deleite, saboreando con tanta tranquilidad la cuchara que hasta él mismo se sentía tentado de pedir otra copa de helado para sí mismo. Sonrió divertido inevitablemente al recordar cómo había conseguido aquel niño su helado.
Acababan de llegar a la terraza de aquel pequeño café en el callejón Diagon, sentándose en una de las mesas laterales. El pequeño se sentó inmediatamente, levantando la mano y moviéndola para llamar la atención de alguien para que le atendiera. No tardó en conseguir su objetivo.
-Hola- saludó una camarera acercándose al poco rato. Sonrió al niño con ternura, y Blaise esperó con malévola y oculta diversión lo que llegara a continuación- Dime pequeñín, ¿querías tomar algo?
El pequeño mago parpadeó, mostrando en sus ojos grisáceos una sorpresa manifiesta ante las palabras de la camarera.
-Sí- sentenció como si fuera algo evidente- ¿Para qué iba a levantar la mano sino?
Parecía sorprendido, como si la pregunta le resultara digna de alguien retrasado o para un niño de tres años. Pero desde luego no para él.
-¡Qué ricura!- sonrió la camarera mirando a Zabini, que sólo asintió para no echarse a reír.
-No soy ninguna ricura- replicó el niño mostrando molestia.
La camarera sonrió aún más, riendo y haciendo que el niño empezara a enfadarse.
-¡Por supuesto!- dijo poniendo ese tono de voz condescendiente que Scorpius detestaba en los adultos sobre todas las cosas- Eres un niño muy grande- le concedió la bruja- ¿Cuántos años tienes?
-Cinco- respondió Scorpius con sequedad aunque claramente orgulloso.
La camarera tembló de la emoción. Aquel niño era una monada, era tan achuchable.
-Este niño es divino- exclamó la bruja riendo- ¿Es suyo, señor?
Blaise a punto estuvo de atragantarse con la café. Dejó la taza de nuevo sobre la mesa por si acaso mientras negaba con la cabeza. Merlín, ¿pero cómo iba a ser ese niño suyo?
-No, sólo me encargo de él durante un rato.
La bruja asintió, volviendo de nuevo la mirada al niño que la observaba como si ella fuera una especie de animal sumamente extraño.
-¿Y qué quiere este hombrecito de cinco años que le traiga?- inquirió ella dándole un golpecito con su varita en la nariz.
El rubio parpadeó de nuevo, bufando. Observaba a la mujer como si padeciera algún problema mental potencialmente peligroso para su persona.
-Quiero un helado de chocolate con menta- respondió tras fulminarla con la mirada- Y que sea rápido, no tengo ganas de estar esperando, porque si tarda luego mi helado estará derretido y ya no me gustará.
Esta vez fue la camarera la que parpadeó confundida. Su sonrisa menguó ostensiblemente y dejó de agacharse junto al "adorable" niño que seguía mirándola ahora cruzando los brazos. La bruja vio que el rubio enarcaba una ceja al ver que ella no se movía, todavía demasiado sorprendida por la respuesta como para procesarla.
-¿Es que es usted sorda?- preguntó con su aguda voz infantil- ¿O es que tengo que repetírselo más veces? Quiero un helado de chocolate con menta. Y lo quiero ahora. Ya.
La bruja frunció el ceño mientras apuntaba el pedido en una libreta con un golpe de varita.
-Por supuesto- dijo despacio y con la voz forzadamente amable- ¿Deseará algo más el señorito?
-Sí- respondió el niño, que ahora parecía complacido por la actitud más servil- Quiero que mi helado tenga virutas de chocolate por encima.
-Desde luego- asintió en un gruñido la camarera, y sin mediar una palabra más se alejó de la mesa con un halo de furia a su alrededor, murmurando algo que sonó a "Estos niños de hoy…".
Zabini volvió a sonreír al ver cómo Scorpius dispersaba las virutas de chocolate de una forma milimétricamente ordenada sobre la superficie del helado con la cucharilla. Una de esas manías perfeccionistas que probablemente habría heredado de su madre. En cierto modo, una de las pocas cosas que demostraban que era hijo de la castaña. Scorpius era una copia casi literal de su padre. De cabello rubio muy claro, quizá de un matiz algo más oscuro que el de su progenitor, los ojos grises de brillo metálico, la piel pálida y la soberbia serpenteando por sus venas en un caudal nada despreciable.
Sí, incluso a la tierna edad de cinco años, Scorpius Malfoy ya apuntaba maneras.
Se lo había llevado consigo a tomar algo mientras sus padres se dedicaban a hacer gestiones en Gringotts. Según Hermione, era poco ético que un niño tan pequeño estuviera expuesto a observar el dinero de esa forma tan descarnada, por lo que lo habían dejado a su cuidado mientras tanto –la última vez que lo dejaron solo, el pequeño se había escabullido para aparecer horas después peligrosamente cerca de Ollivander's, local que lo tenía obsesionado desde que tenía uso de razón quizá porque tenía prohibido por ley debido a su edad tener una varita todavía, y lo prohibido, como a todos los Malfoy, lo perdía-. Lo cierto era que ese razonamiento tenía poco sentido, sobre todo teniendo en cuenta que era un niño claramente consentido, especialmente por su padre.
Y por él, que no por nada era su padrino y una de sus principales obligaciones era malcriarlo tanto como pudiera.
-Míralo, ¿no es adorable?- escuchó decir a un par de ancianas brujas que tomaban cerveza de mantequilla unas mesas más lejos.
Scorpius no parecía darse cuenta, ajeno al resto pues estaba demasiado atento a su helado, pero Zabini tuvo que admitir que aquel niño ejercía ese encanto propio de los infantes de su edad con una maestría que rayaba en el abuso. Por Merlín, le había visto entrar en Zonko y salir minutos después con los bolsillos repletos de dulces sin haber pagado ni un mísero sickle. Si eso no era manipulación de la ternura infantil, que le dijeran qué lo era.
-¿Podemos ir a Ollivander's?- preguntó de repente la infantil voz de Scorpius de forma casual sin dejar de tomarse su helado.
Zabini contuvo su impulso de enarcar una ceja con sorna. Bien, aquel niño era un manipulador, pero todavía le quedaba mucho para ser sutil. Esa misma petición la había escuchado cada vez que habían estado en el callejón Diagon. Y esta vez la respuesta no sería diferente.
-Creo que tus padres no están muy de acuerdo con que nos acerquemos a sitios que sabes que tienes prohibidos.
-Ah, es cierto- dijo el niño sorprendido.
O más bien haciéndose el sorprendido.
-Espero que lo recuerdes para la próxima vez- le advirtió Zabini falsamente serio.
-Lo haré, tío- le aseguró el rubio.
Volvió a tomar una cucharada de su helado y sonrió levemente. Casi parecía de lo más inocente, pero a Zabini no iba a engañarle. Aunque lo cierto era que le resultaban muy entretenidos sus pueriles intentos de rebeldía.
-Tus padres están tardando mucho- comentó Zabini mirando de nuevo el reloj.
Scorpius miró hacia las corrientes de magos y brujas que pululaban por el callejón Diagon. Su mirada argentada sobrevoló los rostros buscando las dos caras familiares que ya deberían aparecer. Aunque si estaban en Gringotts, podía dar por sentado que tardarían. Siempre había que esperar.
Y eso a Zabini le recordó la primera vez que los Malfoy llevaron a su hijo a Gringotts. Lo habían dejado al cuidado de un duende mientras bajaban a su cámara acorazada, y éste desapareció. Él mismo había dado con él por pura casualidad una hora después mientras hacía algunas gestiones…
-¡Scorpius!
La voz de Hermione resonó en el callejón preocupada y francamente enfadada. El aludido se tensó de inmediato, todavía junto a su padrino con el que acababa de encontrarse.
-Creo que tienes problemas, jovencito- susurró Zabini en voz baja mientras la bruja se acercaba.
El pequeño tragó grueso. Su madre llegó hasta él y lo abrazó con palpable angustia.
-¿Dónde estabas? ¿Acaso no te dije que nos esperaras en la puerta hasta que saliéramos del banco?- preguntó entonces la bruja, separándose del niño y frunciendo el ceño enfadada.
La preocupación que había sentido hasta aquel instante era patente. Y ahora la preocupación había dado paso a un enfado monumental.
-Sí, mamá- respondió Scorpius bajando la mirada.
Parecía avergonzado.
-Me has dado un susto de muerte- le regañó la bruja castaña poniéndose en pie de nuevo- No puedes irte sin decir palabra a nadie, tienes cinco años Scorpius- prosiguió la bruja como si no comprendiera su comportamiento- Por Merlín, ¿cómo has podido escapar de la guardia de un duende? ¡Y de Gringotts! ¡Si es simplemente imposible!
Tras ella había aparecido un mago alto y de cabello rubio muy claro demasiado parecido al niño como para no reconocer el parentesco. Su rostro estaba serio, frío.
-Padre- saludó Scorpius con seriedad al ver aparecer la figura paterna al apartarse su madre.
-Creo que tanto tu madre como yo te hemos dicho que te quedaras quieto mientras tratábamos asuntos en el banco, Scorpius.
El pequeño bajó aún más la cabeza, avergonzado.
-Lo sé, padre.
Su padre le infundía un respeto y un temor evidentes y absolutos.
-Espero que no vuelva a repetirse, tu madre estaba muy preocupada- apuntó con severidad.
-Madre no tendrá que volver a preocuparse por eso, padre- le aseguró el pequeño mirándole a los ojos.
Blaise no pudo evitar impresionarse internamente por la admiración y el respeto que aquel niño sentía por la figura de su padre. Entonces Draco se inclinó también, poniéndose a la altura de su hijo, sus ojos grises reflejándose en los de él como si fueran ambos dos gotas de agua.
-Bien- concedió tras un momento pasándole una mano por el pelo. Esta vez el pequeño sonrió levemente aunque controlándose por estar frente a su padre, le debía respeto- Ahora ve y contenta a tu madre.
-Sí, padre- asintió el pequeño.
Scorpius se alejó de su padre tras hacer un leve gesto con la cabeza. Gesto que su madre se negaba a que hiciera con ella y a cuyo debate Blaise había asistido una decena de veces por lo menos.
El pequeño de los Malfoy pronto llamó su atención deteniendo el hilo de sus recuerdos.
-Padre quería sacar dinero y arreglar algunos asuntos en Gringotts- aclaró Scorpius volviendo de nuevo su atención al helado. A Blaise le dio la sensación de estar oyendo hablar a Draco por la boca de un niño de cinco años- y mamá ha dicho que no tardarían mucho.
Y parecía algo ansioso por verlos aparecer, aunque lo ocultaba con bastante cuidado.
Zabini sonrió de pasada al notar aquel detalle que siempre le había inspirado algo de curiosidad, incluso aunque ya se hubiera acostumbrado. Scorpius siempre se refería a su padre como "padre", pero a su madre como "mamá". Era el único niño que había conocido que lo hiciera, lo cual evidenciaba lo muy distintos que debían ser sus progenitores.
Media hora después Blaise vio aparecer en su campo de visión a dos personas que conocía muy bien caminando entre la corriente de compradores. Levantó la mano para que se dieran cuenta de su presencia, y ambos dirigieron sus pasos hacia él a través de las mesas de la terraza del café.
El pequeño reconoció inmediatamente la figura femenina que se aproximaba. Se levantó de un salto de su silla y se puso en pie, erguido y tan serio que a Zabini le dio que pensar sobre la regia educación de los Malfoy.
-Mamá, bienvenida.
-Hola Scorpius- sonrió con dulzura.
Una mujer de cabello castaño algo desordenado se agachó para quedar a su altura. Lo tomó entre sus brazos y lo abrazó con fuerza. Blaise, todavía sentado, vio que el infante rubio enrojecía levemente y dejaba escapar el aire, tranquilizado ante la vuelta de su madre aunque algo abochornado por sus muestras de afecto.
-El tío Blaise estaba preocupado porque tardabais- informó Scorpius con seriedad.
Zabini se abstuvo de comentar que no había sido él precisamente el inquieto por su tardanza.
-Sentimos haber llegado tarde- le sonrió ella separándose de él un poco pero sin soltarlo todavía- Teníamos mucho que hacer hoy.
El pequeño asintió levemente, todavía algo sonrojado por el caluroso y afectuoso abrazo de su madre.
-Yo también me alegro de verte, Hermione- dijo entonces Zabini levantándose y sonriendo con amabilidad.
-Oh, disculpa Blaise- sonrió ella acercándose al moreno para saludarle- Gracias por cuidar de él.
-Descuida- sonrió el antiguo Slytherin señalándole un asiento para que se acomodara- Es un placer ejercer mis funciones de padrino.
Hermione asintió y se sentó con aspecto cansado en una de las sillas libres frente a le mesa. Zabini se giró entonces a saludar a su viejo amigo. Tenía el ceño algo fruncido, como si estuviera molesto.
-Me alegro de verte, Zabini.
-Lo mismo digo, Malfoy- dijo él, entretenido ante la visible molestia del rubio- ¿Problemas en Gringotts?
-Malditos duendes- murmuró en voz baja Draco, asegurándose primero de que su hijo no llegaría a escuchar semejante comentario- Pretenden cobrarme hasta por el oro que no me guardan. Me ponen enfermo. No sé quiénes se creen que son, malditos…
-¿Los que guardan tus galeones?- inquirió cortándole el moreno, irónico.
-¿Mis galeones?- repitió Draco alzando una ceja- Con lo que pretenden cobrarme, o más bien robarme, pronto no me quedará nada que guardar de mi famosa fortuna- dijo aún molesto, negando con la cabeza- Malditos duendes.
Zabini rió mientras ambos iban de nuevo hacia la mesa, donde Hermione hablaba con su hijo sonriente.
-Padre- saludó Scorpius poniéndose en pie en cuanto lo vio acercarse.
-Hola Scorpius- dijo Draco acercándose con lo que casi era una sonrisa- ¿Se ha portado bien Zabini contigo?
Le revolvió el pelo rubio en un gesto paternal, y el niño contuvo las ganas de sonreír. Frente a su padre debía mantenerse firme.
-Sí- asintió el pequeño- El tío Blaise me ha cuidado bien.
-Eso deberías darlo por hecho, Draco. ¡Me ofendes!
Una mirada sardónica de Draco fue suficiente para que la socarrona sonrisa del moreno se ensanchara. Volvió a mirar su reloj y frunció levemente el ceño.
-Bien, me temo que ya debo irme.
-¡Espera! ¿Qué tal va la familia?- preguntó Hermione- No nos has contado nada.
-Mejorando. Ya sabes cómo es la viruela de dragón, pone a cualquiera de mal humor.
-Es cierto- asintió Draco, recordando cuando Hermione la pasó.
El genio de su esposa se había vuelto simplemente intolerable, inaguantable. Aún se sorprendía de haberla soportada durante una semana entera sin más ayuda que la de un par de elfos domésticos.
-Creo que mi querida esposa me ha dejado salir hoy para asegurarse de que sobrevivo a la doble viruela de dragón que tengo que padecer con ella y mi hijo enfermos a la vez en la misma casa- dijo Zabini encogiéndose de hombros- Si no lo hubiera hecho, creo que estaría ya camino de San Mungo con tendencia a la locura.
-Dales recuerdos de mi parte a los dos- dijo Hermione compadeciéndose.
-Lo haré- dijo el moreno- Por cierto, ¿iremos a cenar el sábado por la noche?
Esta vez fue Draco el que puso cara de disgusto.
-Me temo que esa noche no puede ser. Ya tenemos planes- el tono que utilizó para decirlo dejó en claro que a él no le entusiasmaba en absoluto la idea- Tenemos cena familiar.
Una mirada ceñuda y de advertencia por parte de Hermione le llevó a no decir nada más, aunque siguió frunciendo el ceño evidentemente descontento.
-Yo también voy- dijo Scorpius ante la idea de ir a la Madriguera, no pensaba dar su brazo a torcer.
Zabini contuvo las ganas de reír. Semanalmente los Malfoy comían con los Weasley y los Potter en una cena familiar para pasar tiempo juntos. Sobraba decir que a pesar de todos los años que tenía ya esa tradición, Draco seguía sin disfrutar ni un solo segundo en compañía de Potter y la Comadreja, aunque Zabini había empezado a vislumbrar ciertos detalles que daban a entender que Draco había empezado a tolerar la compañía de ambos Gryffindor y casi a aceptar esas cenas. Casi incluso a empezar a disfrutarlas.
Por supuesto, Draco lo había negado rotundamente, aunque a Blaise sólo le había dado más razones para sospechar que era exactamente tal y como él pensaba.
Se despidió de los tres dejándolos en la terraza y se metió entre la muchedumbre en dirección al Caldero Chorrenante.
Les echó un último vistazo antes de dejar atrás la terraza de aquel café. Parecían felices. De hecho, lo eran. Hermione sonreía radiante y con cariño mientras Scorpius les contaba algo a ambos haciendo los aspavientos propios de alguien de su edad, llamando la atención de sus padres que lo observaban con un aprecio tangible. Draco sonreía de forma más recatada, pero lo hacía. Su mirada pasaba alternativamente de su mujer, a la que parecía devorar en silencio observándola por fin en público sin tener que contenerse, a la figura de su hijo.
Ese hijo que tanto le había costado conseguir y a cuya petición Hermione se rindió pronto.
En ese momento, incluso él desde su posición pudo ver el brillo metálico del orgullo propio de un padre brillando en su fría y arrogante mirada. Esa misma que había heredado su hijo.
Sin duda Draco Malfoy era la persona que conocía que más se merecía haber alcanzado la felicidad, haber conseguido una familia, haber conseguido a Hermione y ese hijo que siempre quiso. Lo que padeció durante la guerra nunca debió sufrirlo nadie. Y verlo de aquella manera le llevaba a agradecerle aún más que le hubiera brindado a él la oportunidad de serlo también.
Hablando de familias.
Apuró el paso y cruzó el muro de ladrillos que llevaba por fin al interior del Caldero Chorrente. Tenía que encontrar una chimenea cuanto antes. Apretó con más fuerza la bolsa con medicamentos que había comprado antes de ir al café con Scorpius. Tenía que darse prisa en llevar las medicinas para la viruela de dragón a su mujer y a su hijo. No quería que sus estornudos con llamas incluidas desintegraran su casa en un incendio provocado accidentalmente.
Por Merlín, su casa.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Fin
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Hoooolaaa una última vez! Ah… Aquí está el epílogo. Como dije, cortito, nadie podrá decir que es largo. Le he dado un toque con algo más de humor que recordara en parte a los capítulos del comienzo, una forma de cerrar el ciclo y el fic en su conjunto. Y, por supuesto, Zabini, del cual no había dado el desenlace y ahora por fin sabemos lo que pasó con él- de una forma un epílogo redondeador, jaja. Como digo, espero que os haya gustado.
Y bueno, hasta aquí ha llegado todo. Quiero dar las gracias a todas las personas que habéis leído el fic y habéis llegado hasta aquí, gracias por vuestro tiempo, vuestra ilusión y vuestra lectura. En especial gracias a todas esas personas que tantas molestias se han tomado dejándome review capítulo a capítulo, mostrándome sus impresiones y sus emociones tanto críticas como halagos en cada ocasión. De verdad, gracias.
Quiero deciros que este fic se ha convertido para mí en algo muy importante, gracias a él he conocido a mucha gente encantadora y muy divertida con la que he disfrutado mucho escuchando sus pareceres o leyendo su emoción. Me llevo a muchas personas en mis recuerdos de las que no me olvidaré fácilmente, por no decir nunca. Mil gracias.
Y pensar que en un principio el fic sólo iba a ser durante el tiempo de Draco y Hermione en Hogwarts y que pensaba dejar un final en el aire… Me divertí mucho escribiendo al principio sobre sus celos, narrando por primera vez para mi escenas algo subidas, la emoción de la primera vez que lo hicieron los dos (madre mía, que hasta el capítulo catorce no ocurrió), o la confesión de amor del uno y del otro (la de Draco hasta el penúltimo cap, otra locura evidente, jaja). Luego lo alargué un poco y pretendí acabarlo poco después de la (no) muerte de Hermione dándole un final feliz –sí, desde el principio quise que fuera feliz, pero obvio no os podía aguar el final mucho antes!-, y luego dejé el fic aparcado mucho tiempo en un olvido vergonzoso. Cuando volví de nuevo me dio una nueva locura y fue algo más largo todavía de lo que pretendía, sin contar con la creciente longitud de los caps que a más de una ha vuelto loca, jajaja. En fin, una locura absoluta este fic.
Como os decía, ha sido un placer poder compartir con vosotras esta historia y haber conseguido que disfrutarais un poco y salierais con ella de la rutina.
Espero que hayáis disfrutado con este final, por fin el auténtico y último.
En respuesta breve por última vez a reviews sin registrar:
Jazzy-chan: Hola! me alegra que te gustara la forma en que se declaró Draco por fin tras tanto tiempo de espera, y que la batalla fuera de tu agrado. Odié cuando Fred muere en los libros, aquí no podía pasar lo mismo, me negaba! Gracias y saludos!
Karla: Gracias! Me alegra que te guste el fic! Bueno, el epílogo debe ser necesariamente corto, y aunque no haya mucho dramione, espero que te haya gustado este final. Un saludo!
Livier: Hola! Tus palabras alargadas de nuevo te delatan! Jeje, me divierte eso. Me alegra que te guste tanto la historia y te gustara el final. Espero también te guste el epílogo, me halaha que aprecies mi forma de escribir. Saludos!
Sofia: Muchas gracias! Qué bueno que te gustara la declaración de Draco, yo también quiero uno, pero qué se le va a hacer. Espero que este epílogo te guste, un saludo y gracias!
Kemmy S: Te gustó la declaración de Draco? Jejeje, muy intensa! Y bueno, en respuesta también a tu otro review, yo adoro el RenxTamao! Me encanta esa pareja, y ire yamichii es mi maestra en ese fandom, por decirlo de alguna manera, sus fics son los mejores de esos dos sin duda. Y bueno, espero que te guste el epílogo y este final. Un saludo!
Bueno, quisiera pediros que si dejáis review, si podéis hacerlo con log mejor, porque de ese modo podré responderos y agradecéroslo personalmente. Si lo hacéis sin log, entonces ya gracias de antemano por leer y espero que os haya gustado.
En fin, qué difícil es despedirse. Os recordaré siempre, no lo dudéis un segundo, en especial a quienes habéis estado leyendo tanto tiempo con una paciencia casi infinita. Yo he disfrutado, he sufrido y me he reído barbaridad. Ha sido un placer pasar tanto tiempo con vosotras- aunque sea de una forma virtual-.
Por última vez, y hasta el próximo dramione si lo hay, saludos a todos -y despedidas-.
Palin Mounet
