Cuando Marinette le dijo que sus padres lo habían invitado a comer no pensó que las cosas serían así.
-¿Quieres más jugo cariño?
-Por favor, Sabine.
¿Y cómo pensarlo? Se había pasado toda la noche preparándose mentalmente para dar una buena impresión a pesar de que ya los conocía y, por lo que había entendido, no hacía falta presentarse como el novio de Marinette, ya que los mayores los consideraban una pareja desde hace mucho tiempo atrás.
Eso era ganar, ganar... ¿no?
-¿Qué tal tu, Adrien? ¿Te sirvo más jugo?
- Se lo agradecería mucho, señora Cheng.
Aún así se lo repitió hasta el cansancio: un cumplido a su madre por la casa tan acogedora que tenía, preguntarle al señor Dupain cómo estaba marchando el trabajo, pequeñas preguntas que les haría ver que estaba interesado en ellos y en su hija.
Simple, ¿no?
¿Entonces por qué no le salían las palabras?
-E-es muy agradable está parte de la casa -Intentó seguir su plan, recibiendo una mirada confundida de Sabine que no pudo evitar reír ligeramente.
-Marinette se ocupa te mantenerlo odernado.
Le confesó, provocando que Adrien se pusiera nervioso. ¿Cómo iba a elogiar a la madre de su novia en ese lugar?
-No es la gran cosa, solo me ocupo de barrer y regar las plantas.
-Amor, ¿subimos el quiché? -Preguntó Tom que observaba la comida sobre el mantel.
-¿Lo olvidamos? Ahora bajo por el.
-No te preocupes mamá, yo lo traigo.
-¿Y cómo ha ido el trabajo? -Tom sonrió ladinamente, ilusionado.
-Horneando cosas dulces en compañía de mis dos terrones de azúcar significa que nada puede ir mal, hijo.
-¿Cómo aprendió el oficio?
-El hermano de mi madre tenía una panadería en Italia, en vacaciones iba de visita y ayudaba en ella.
Un ligero silencio se formó, provocando que Adrien tragara duro. Estaba seguro de sentir a Plagg removiendose en su camisa, intentando no reír por lo tontas que sonaban sus preguntas.
-¡Aquí está el quiché! -Anunció Marinette, sentándose a lo indio a un lado del modelo para después darle el platillo a su madre que empezó a repartirlo.
Todos actuaban tan despreocupados a su alrededor que no pudo evitar pensar que se estaba esforzando demasiado.
Quizás, sólo necesitaba dejarse llevar.
-¿Alguien quiere un macarron?
-Eso es para después, Tom.
-¡Pero es un picnic! ¿Qué caso tiene que esperemos si están ahí?-Tom tomó un macarron y lo mordió, sin darle tiempo a su esposa a reprochar -No me dejes sólo en esto, hijo.
Pidió ayuda el mayor al rubio, que se apresuró a seguir la acción mientras sentía la mirada ligeramente molesta de Sabine sobre su marido.
Por su parte, Marinette tomó otro macarron, siguiendo a su padre en esa pequeña rebelión.
-¿Pero qué voy a hacer con ustedes? - Se quejó Sabine, antes de seguir el ejemplo de todos los que estaban sentados en la azotea.
Porque cuando Adrien llegó a casa de Marinette se encontró con la cesta de mimbre sobre la mesa y con los padres de la chica listos para salir al parque para comer.
Momento en el cual recordaron que la salida era un despropósito, ya que, con la joven pareja de nueva cuenta en tendencias en internet era fácil imaginar que no llegarían a poner un pie en el parque.
-Sigo pensando que era una gran idea ponerme unos lentes de sol mientras el guardaespaldas de Adrien me seguía por el parque.
-No harás algo como eso cariño, deja de meter al señor en tus "visiones".
-¡Pero sería genial, Sabine! Sólo imaginalo.
Los adolescentes empezaron a reír, disfrutando de esa pequeña tarde con los padres de la chica.
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Tom les dice terrones de azúcar a su esposa e hija. XD
