Planes de boda y algo más… (Segunda parte)

Bella POV

No podía creer lo que me estaban haciendo.

¡No podía creerlo!

Gracias a dios, las dos copas que me había tomado me habían hecho entrar en calor. Porque aunque fuese finales de primavera, hacía demasiado frío.

Estábamos las chicas – excepto Alice que se había ido a hacer algo "importante" – en plena calle esperándola. Algo que ya habíamos hecho muchas veces, tiempo atrás sin importarnos el tener que esperarla, pero hoy, precisamente hoy me molestaba su tardanza.

Me habían disfrazado de hawaiana con un velo blando que caía sobre mi cara. Llevaba una mierda de falda de "paja" que apenas me cubría los muslos. Intenté negociar con ellas para poder ponerme una malla, para no pasar tanto frío, pero me fue imposible. Gracias a… no a ellas precisamente, al menos, no me habían quitado las bragas, estaba segura de que lo hubiesen hecho si no llega a ser porque les mentí diciendo que estaba con el periodo.

Al menos… me habían puesto una fina camiseta de color carne antes de ponerme los cocos en las tetas como sujetador.

¡Gracias al cielo!, nótese el sarcasmo.

Había estado helada hasta que me tomé las dos copillas.

Eso sí, los pies, con nada más que unas sandalias, estaban helados. Estaba segura de que si no nos movíamos ya, me los iban a tener que amputar. Comenzaban a ponerse rojos. Y mejor no hablemos de la corona de flores que llevaba por encima del velo rodeándome la cabeza.

- Deja de moverte – gruñó Rose.

- Estoy empezando a helarme – bramé de vuelta. - ¡Hace mucho frio coño! – me quejé.

- La boca Isabella – me regañó mamá.

- Tengo frío – me quejé de nuevo como si tuviese diez años, golpeando el suelo con la sandalia.

- Aun así no tienes por qué hablar así. ¡Mal hablada! – alzó la voz un poquito.

Rodé los ojos, como se notaba que mamá también había bebido un poco. Ella era peor hablada que yo…

- ¡Pero qué novia taaaaaaaaaaaaaaan guapa! – gritó Alice en mi oído derecho cortando de cuajo todos mis pensamientos y porque no decirlo… reventándome el tímpano.

- Joder – gruñí tapándome la oreja y frotándola, intentado calmar el dolor.

Se abalanzó sobre mi cuerpo y me abrazó besando toda mi cara por encima del velo.

- Deja de besarme – le pedí alejándola de mí. Se separó de mi cuerpo y me miró de arriba abajo, estudiándome, analizándome, hasta que volvió a mis ojos. - ¿Dónde has estado? – le pregunté antes de que me dijera nada.

- En un sitio que tú no quieres saber – me sonrió maliciosamente.

- Prueba a decírmelo – la piqué.

- No. Por cierto, estas maravillosamente… anoviada – rió de su estupidez.

Esme, Rose y mamá, nos miraban divertidas, no entendía por qué, porque yo no estaba disfrutando nada con esto.

- Nena, relájate y disfruta de tu despedida de soltera – dijo Rose agarrándome de la mano y empujándome para comenzar a andar. – Vamos o llegaremos tarde y ya sabéis como es Tanya.

- ¿Tanya? – pregunté sin detenerme. - ¿También viene?

- Claro y Kate – contestó Alice.

- ¿Alguien más? – pregunté repasando mentalmente a todas las chicas que conocía en Seattle.

Pocas, realmente muy pocas. Solo compañeras del trabajo y dudo mucho de que ellas fueran a mi despedida de soltera cuando ni siquiera las había invitado a la boda… no tenia por qué hacerlo, solo eran compañeras de trabajo, ¿no? Además, quería una ceremonia tranquila y sólo con mi gente, nadie más.

- No sé – Rose se encogió de hombros. – Ya sabes cómo es Tanya, puede aparecer sola, como puede aparecer con sus amiguitas.

- Son todas lesbianas – bufé.

No porque me molestara su condición. Si no porque, ¿qué hacían en mi despedida? Iban a pasárselo mejor en la de Edward…

¡Un momento!

¿Dónde estaba Edward?

- A ti no te importa – me dijo Alice adivinando mi pregunta mental, supongo.

La miré con los ojos entrecerrados.

¿Cómo que a mí no me importaba?

¡Claro que me importaba!

Él…

- Joder Bells – gritó Rose deteniendo nuestros pasos. Aun iba agarrada de su mano. – Deja de pensar y disfruta – se puso delante de mí, cogió mi cara con sus manos y fijó sus ojos en los míos. – Esta noche es toda tuya, es tu despedida de soltera coño. Deja de pensar en él por una noche y disfruta.

Como siempre, o como últimamente sucedía… tenia razón. Tenía que dejar de pensar en todo, de quejarme por todo, ellas estaban aquí, llevándome a quien sabe dónde, festejando conmigo mis últimas semanas de soltera. Me habían ayudado en todo lo de la boda, y yo, yo las estaba tratando como mierda.

- Lo siento – murmuré avergonzada.

- ¿El que cariño? – preguntó Esme con su tono maternal.

- Haber estado así todo el día. Sé que estáis haciendo esto por mí y yo llevo todo el día de morros, de brazos cruzados y quejándome como si tuviese diez años.

- Es normal que estés así si te hemos secuestrado de tu casa cuando tenias el maravilloso plan – miré a Alice con los ojos abiertos, solo ella sabía lo que iba a hacer con Edward hoy, no quería que nadie más lo supiese, aunque eso a ella no se lo había dicho… ¡mierda! – de estar todo el día fornicando con mi hermano.

- ¡Alice! – le gritó Esme regañándola y completamente sonrojada a la vez que miraba a su alrededor, percatándose de que nadie ajeno a nosotras hubiesen escuchado a su hija.

- ¿Qué? Es verdad – se defendió ella.

- Es bueno que lo hagan Esme – dijo Rose con dulzura. – Emmett y yo nos pasa…

- ¡Ya! – gritó de nuevo Esme tapándose las orejas con las manos y comenzando a andar.

Mi madre y yo, miramos la escena entre divertidas y avergonzadas, ya que no estábamos solas en la calle y la gente se para y nos miraba extrañamente. Normal… una vestida de hawaiana con velo y las otras gritando a los cuatro vientos…

- Primera parada – anunció Rosalie con los ojos divertidos.

No entendía su reacción, por más que miré a la fachada del local, no vi nada raro.

Pero lo comprendí en cuanto entramos.

- Tanya dijo que quedáramos aquí con ella – se excusaron mis amigas.

Que mejor sitio para quedar con Tanya que un bar de lesbianas.

- ¿Queréis algo para beber? – inquirió Rose dejándonos en una mesa antes de ir a la barra.

- Lo mismo de siempre – le contesté yo.

- De eso nada – dijeron ella y Alice al unísono.

- Entonces no preguntes – bufé rodando los ojos y sentándome en uno de los altos taburetes.

Estuvimos tomándonos una copa – no quiero saber que era lo mío, pero sabía deliciosamente bien – hasta que Tanya apareció con cara de perro y un par de bolsas en las manos, y Kate detrás de ella con el mismo rostro.

- Problemas en el paraíso – susurró Alice antes de que Tanya se acercara.

- Buenas noches – saludó seria.

- Hola – saludamos todas.

- Hola chicas – dijo Kate un poco más animada que su compañera. – Esta noche será un desmadre Bella. ¿Estás preparada para sufrir?

- No – contesté.

Aunque qué más daba si estaba preparada o no. Iba a disfrutar como Rose me había pedido.

- Bueno, por mí no te preocupes, aun quiero conservar mi trabajo, así que no te trataré mal – rió mi secretaria.

- Es bueno saber las cosas que te importan de verdad – gruñó Tanya taladrándola con la mirada.

- Eso mismo digo yo, que sigues enamorada de…

- ¡Cállate! – gritó Tanya acercándose a su chica o a la que fue su chica. – Ya te dije que no estoy enamorada de nadie excepto de ti. Deja de repetírmelo – le pidió entre dientes.

- Demuéstramelo Tanya. ¡Demuéstramelo! – bramó enfrentándola.

- Chicas, tengamos la fiesta en paz – se metió mamá entre ellas y las separó. – No sé que habrá pasado entre vosotras, pero esta noche es para divertirnos y le estáis quitando el protagonismo a mi pequeña – rodé los ojos a la vez que mi madre señalaba a las personas que había alrededor nuestro que estaban mirándonos curiosos.

- ¿Has traído eso? – preguntó Alice acercándose a Tanya.

Tras un largo suspiro, Tanya apartó la mirada de Kate y contestó a Alice.

- Sí, todo lo que me pediste.

- ¡Sácalo! – dijo entusiasmada dando pequeños saltitos alrededor de Tanya.

Edward POV

No diré que no me lo estaba pasando bien, porque mentiría. Las primeras horas habían sido fatídicas. Los zapatos me estaban matando, el can can del vestido me hacia cosquillas en las piernas, las dichosas plumas…

- ¡Vamos Edward! – me gritó Emmett sacándome de mis pensamientos.

- No puedo correr – me quejé mirando mis pies. – ¡Putos zapatos me están matando! – gruñí.

- Última parada hermano y podrás quitártelos, lo prometo.

- ¿Puedo fiarme de él? – le pregunté a Jazz.

Éste se tambaleó hasta donde estaba yo, había bebido un poco más que nosotros o el alcohol le estaba sentando realmente mal. No recuerdo a ver visto a Jasper en este estado de embriaguez nunca.

- Yo no me fiaría ni de mi sombra – sonrió maliciosamente a la vez que se apoyaba en mi hombro.

Gruñí y lo aparté de mí. Bastante tenia con mantener mi equilibrio como para aguantarlo a él también.

- Vamos Ed, te dejaré quitártelos, no creo que quieras bailar con los zapatos puestos – rió. – Tengo aquí tus deportivas, no te preocupes – alzó la bolsa que llevaba en la mano, mostrándomela.

Caminamos unos metros más hasta que llegamos a un local que estaba abarrotado de gente, casi no podíamos ni movernos. Solo había un pequeño hueco libre, nos apoderamos de él. Emmett, por una vez, no me había engañado y me dejó ponerme mis deportivas, mis pies lo agradecieron enormemente. Mis piernas incluso se relajaron.

No sé el tiempo que pasamos allí metidos, bailando y bebiendo, riendo y hablando. Estábamos realmente… contentos con la cantidad de alcohol que habíamos metido en nuestros cuerpos.

- ¿Dónde está Emmett? – le pregunté a Jazz por sobre la música.

- No lo sé, dijo que iba a por algo de beber hace como – miró su reloj de pulsera, intentando enfocar la vista, lo acercó y lo alejó de sus ojos. – Hace un rato – rió y siguió bailando.

Miré a mí alrededor, alzándome sobre mis pies, mirando sobre las cabezas que había allí, buscando a Emmett. Lo vi donde los baños, con una mano apoyada en la pared e inclinado hacia adelante, parecía que estuviese hablando con alguien. Fruncí el entrecejo y me dirigí hacia allí.

- Ahora vengo Jazz – le dije en vano.

Seguía bailando a su ritmo con una copa en la mano y los ojos cerrados.

Según me iba alejando de nuestro lugar e iba hacia los baños, la música sonaba más baja, aquí, incluso se podía mantener una conversación sin necesidad de alzar la voz dos octavas.

- Joder nena, me estas poniendo duro – le decía mi hermano.

No conseguía ver quién estaba entre su cuerpo y la pared, sólo podía verle el pelo, y la chica de rubia no tenia nada, más bien tenia el pelo como el de Bella...

Fruncí el ceño preocupado y furioso.

¡¿Qué coño hacía Emmett ligando con una chica que no fuese Rose? !

No era por meterme, pero quería a Rose como una hermana y Emmett había sobrepasado la línea cuando le dijo:

- Tócame y mira lo duro que me has puesto – agarró la mano de la chica y se la llevó a la entrepierna.

No pude evitarlo…

Le agarré del hombro, lo giré y le golpeé en la cara con mi puño, provocando que se trastrabillara hacía atrás.

- ¡Emmett! – gritó la chica acercándose a él.

- ¿Qué coño te pasa Edward? – me preguntó furioso limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.

- ¿Qué crees que estás haciendo? – rugí de vuelta. – ¡Rose no se merece esto! – me abalancé sobre él de nuevo pero sus brazos fueron más rápidos y fuertes.

Me dejó bloqueado entre su cuerpo y la pared, con la cara sobre ella y agarrándome de los brazos por la espalda.

- Mira con quien estoy – me dijo en el oído.

- ¡Vete a la mierda Emmett! – le grité intentado quitármelo de encima.

- ¡Que mires con quién estoy gilipollas! – agarró mi barbilla y me giró el rostro hasta que mis ojos se toparon con los de la chica, la cual me miraba divertida y orgullosa.

- ¿Rose? – pregunté en un hilo de voz. – ¿Qué haces… qué haces… – aclaré mi garganta y lo intenté de nuevo. – ¿Por qué coño llevas una peluca castaña? – los brazos de Emmett aflojaron su agarre y me soltó.

- ¿Y por qué no llevarla? – inquirió alzando una ceja y acercándose a mí. – Sólo te lo diré una vez Edward – me picó en el pecho con su dedo. – No vuelvas a golpear a Emmett o… – se acercó a mi oreja y me susurró. – Gracias por preocuparte por mí – su tono de voz sonó suave y sincero.

Una sonrisa involuntaria se formó en mis labios.

- ¿Ya te ha quedado claro? – se burló Emmett mirándome con una sonrisa estúpida en su cara. – ¿Cómo voy a cambiar a Rose, Edward? – rodó los ojos. – Algunas veces creo que eres un tanto estúpido. ¡Mírala! – gritó señalándomela con el dedo. – Además de un bellezón, tiene carácter y protege lo que es suyo con uñas y dientes – se acercó a Rose y le plantó un beso muy propio de una película porno, al que ella, respondió gustosa.

Intenté ignorarlos todo lo que pude, estaba deseando que se separaran ya para poder preguntarle a Rose sobre Bella. Quería verla, necesitaba verla…

- ¿Rose? – preguntó una dulce voz a mis espaldas.

Conocía esa voz como si hubiese sido el canto que me arrullaba para quedarme dormido por las noches. Parecía que había escuchado mis pensamientos.

Me giré en lo que me pareció demasiado tiempo y me encontré con sus ojos. Me miraron con desconfianza al principio, después con reconocimiento y al final, con diversión.

- ¿Edward? – preguntó ahogando una carcajada. – ¿Qué te han hecho amor? – se acercó a mi después de mirarme de arriba abajo.

Imité sus movimientos, y la miré de la cabeza a los pies. Ella tampoco tenia muy buena pinta.

- ¿No te gusta como hemos disfrazado a Claudia? – inquirió Emmett pasando un brazo por mis hombros.

- ¿Claudia? – ya no pudo contener la carcajada y explotó delante nuestro, doblando medio cuerpo, agarrándose el estomago con ambos brazos y riéndose como una descosida.

- Ya basta Bells – le pedí avergonzado.

- Lo siento, lo siento… – repetía una y otra vez sin dejar de reírse. – Es que no puedo creer que Tanya al final haya logrado su cometido.

- ¿Qué cometido? – preguntó Rose.

- Que me pase a la otra acera – soltó con otra carcajada. – No sabía que me estaba tirando a una tal Claudia… siempre pensé que eras Edward, el Edward de Forks, el que tiene entre las piernas… – rió sin acabar la frase.

- Ya te voy a enseñar yo lo Edward que soy – la agarré del brazo y la arrastré hacía el baño.

- ¡Protegeros! – gritaron mi hermano y Rosalie a la vez.

La metí en el baño de señoritas ignorando a todas las chicas que había dentro. No dejé sus labios desde que había abierto la puerta del servicio hasta que la arrastré hasta uno de los cubículos, libre… por suerte.

- ¡Joder Claudia!, si Edward besará así… – sonrió burlonamente en cuanto la dejé respirar.

- Deja de llamarme Claudia – gruñí apartando el sujetador de cocos que tenia puesto.

- ¿Por qué?

- No me gusta.

- A mi me pone – detuve el camino de mi cabeza hacía sus pechos y alcé la mirada hacia sus ojos.

¿Cómo que le ponía?

- No me mires así preciosa – dijo en tono serio.

- Dime que estás bromeando – le pedí casi en una súplica.

- ¿Por qué? Podríamos hacer un trío… tú, Edward y yo. Estoy segura de que a Edward le encantaría montárselo con dos chicas y…

- ¡Ya! – le bramé entre dientes. – No me está haciendo ni puta gracia Bella. Eres mía y no te comparto, así como no me comparto yo.

- Ven aquí tonto – rió acercándose a mi boca para capturar mis labios con los suyos.

Dejé que me besara durante unos segundos, sólo unos segundos, porque aun quería demostrarle lo Edward que era Claudia.

Dejé su boca y me trasladé a sus pechos. Le quité los cocos dejándolos caer al suelo y aparté la camiseta que llevaba puesta antes de introducirme un pezón en la boca.

- Joder – susurró agarrándome de la cabeza y pegándome más a ella. – No pares.

Pellizqué el pezón libre con la mano a la vez que mordía el otro con los dientes. Descendí con mi mano libre por su estomago hasta que la introduje en la falda de paja que llevaba puesta. Gemí en su pecho al tocar su humedad.

Introduje dos dedos y jugué con ella, tentándola a que me pidiera más.

Jugueteé con sus pechos a mi antojo y con su centro mojado y ardiente, hasta que no pude más. Necesitaba sentirme dentro de ella.

Me aparté de su cuerpo todo lo que el pequeño espacio me dejó y me intenté quitar el vestido por encima de la cabeza bajo la atenta mirada de Bella, pero fui incapaz. Los brazos se me quedaron atrapados por el can can en cuanto traté de quitármelo por la cabeza. Intenté deshacerme de él, pero no había forma de desatascar los brazos.

Gruñí frustrado y miré a Bella que se mantenía con la mirada fija en mí y tapándose la boca con las manos, intentando no reírse.

- Ayúdame – gemí.

- Así te tengo a mi antojo – sonrió antes de reírse a carcajada limpia.

- Como no me ayudes no me tendrás a tu antojo – le advertí.

- ¿A no? – preguntó con voz coqueta.

Se acercó los pocos centímetros que separaban nuestros cuerpos y puso su mano sobre mi erección, presionándola.

- ¿Seguro que no te tengo a mi antojo? – preguntó sobre mis labios sin llegar a tocarlos.

Apartó la mano de mi entrepierna y colocó ambas en la cinturilla de mi bóxer. Con un par de tirones me los bajó hasta los tobillos.

- ¿Seguro? – volvió a preguntar a la vez que yo tragaba toda la saliva que se había acumulado en mi boca.

Besó castamente mis labios y desapareció de mi vista, yendo hacía abajo, hacía a mi entrepierna. Sentí como cogía mi pene con sus manos y como acercó su boca a él y le pegó un lametón, desde la base hasta la punta.

- Bells – jadeé estremeciéndome e intentando de nuevo quitarme el puto vestido.

Succionó, lamió e incluso mordió mi pene como si su vida dependiera de ello. Mis caderas se movían a su compás, no podía evitarlo, se movían solas. ¡Joder!, estaba cerca, muy cerca, y no iba a ser capaz ni de apartarla porque estábamos en un espacio reducido y mis brazos seguían atrapados, y mi voz… mi voz no salía por ningún lado. Estaba centrado en meter aire en mis pulmones todo lo demás me resultaba imposible, no podía centrarme en otra cosa que no fuera, en no dejarme ir. No quería hacerlo así.

- Ya – dijo Bella apartándose de mi pene de sopetón y apareciendo ante mis ojos. – No ibas a correrte sin mí, ¿verdad? – inquirió con los ojos entrecerrados. Solo pude negar con la cabeza, mintiéndole como un bellaco. – Cariño, he sentido tu pene ponerse más duro – rodó los ojos. – Ahora te ayudaré a quitarte el vestido y me lo harás tan rápido y tan fuerte, que tendré que suplicarte por más.

De acuerdo…

Bella había bebido, mucho.

¿Desde cuándo era tan descarada?

No me importaba, en absoluto… me ponía el doble de duro escucharla hablar así.

Sin darme tiempo siquiera a asentir con la cabeza, se deshizo de mi vestido dejándolo caer al suelo y se lanzó a mis labios. Alzó una pierna y rodeó mi cintura con ella. Lo tomé como una señal. Agarré sus nalgas y la alcé hasta que rodeó mi cintura con su otra pierna. La alcé un poco más y sosteniéndola lo suficientemente alta, aparté como pude sus bragas a un lado y coloqué mi pene en su entrada. Estaba tan mojada que me deslicé en su interior sin ningún problema.

Dejé que su cuerpo cayera y me metí de lleno en ella.

- Dios – gemimos los dos a la vez.

Comencé a penetrarla sin compasión, fuerte, rápido como ella me había pedido. Apoyé su espalda sobre la pared de madera del cubículo y seguí embistiéndola.

- Sigue – jadeó. – Joder, no pares – se aferró a mis hombros y echó su cabeza todo lo para atrás que pudo.

Momento que aproveché para atacar su cuello.

Sus gemidos comenzaban a aumentar el sonido, esperaba que el baño se hubiese quedado vacío, porque iba a ser verdaderamente vergonzoso salir después de esto.

Sentí como sus paredes se ceñían a mí alrededor, estaba cerca de su orgasmo y yo estaba camino del mío. Apartó mi cara de su cuello y atacó mis labios, hundiendo su lengua dentro de mi boca de forma brusca. Respondí al ataqué sacando mi lengua y atacando a la suya mientras ella se apretaba alrededor de mi pene, llegando a su orgasmo.

La embestí durante unos segundos más hasta que me vacié en su interior aun cuando su cuerpo seguía temblando debido a su orgasmo. Mis caderas fueron bajando el ritmo al igual que nuestros labios. Mis piernas y mis brazos temblaban.

- Amor, te me resbalas – le dije.

Dejó de rodear mi cintura con sus piernas y se apoyó en el suelo con sus propios pies.

- ¿Estás bien? – le pregunté preocupado al ver cómo le temblaban también las piernas.

- Sí – sonrió. – Estoy bien, ¿y tú? – apoyó su frente en mi pecho y suspiró.

- Sí – le contesté.

Bella POV

Asomé la cabeza por el hueco que había entre la puerta entreabierta del pequeño espacio en el que estábamos encerrados Edward y yo.

- No hay nadie – le dije extrañada.

Demasiado raro era que en un local como éste, con la de mujeres bebidas que había, el baño estuviese vacio.

- ¿Nadie? – Edward asomó la cabeza por encima de la mía. – Que extraño.

Abrí la puerta del todo y salimos del pequeño espacio. Agarré la mano de Edward y sin pensármelo dos veces, abrí la puerta que daba acceso al local.

- ¡Joder, ya era hora! – exclamó Tanya que parecía estar haciendo guardia en la puerta del baño. – No sabéis lo que me ha costado detener a todo tipo de mujer para que no entraran y os jodieran el polvo después de habernos echado de ahí dentro – señalo el baño con su dedo – en cuanto habéis entrado. Pensé que no ibais a acabar nunca y que tendría que ir yo a dar el toque final de vuestro revolcón – rió.

Aunque yo estaba segura de que no hablaba en broma… era Tanya, la misma Tanya que llevaba echándome los tejos desde que me conoció. La misma Tanya que soltaba burradas como ésta, tratando de ser una broma pero que en realidad no lo era. La misma Tanya que… definitivamente, estaba bebida, más que yo.

- No lo dudo – gruñó Edward en su dirección.

- Celoso – creí escuchar de los labios de Tanya. – Tu madre y su madre se han retirado.

- ¿Ya? – le pregunté desilusionada.

Estábamos pasando una noche genial las chicas juntas. Habíamos bebido, comido, reído, burlado, señalado, criticado… en resumidas cuentas, estábamos pasándonoslo de puta madre.

- Ya sabes que la tercera edad no aguanta nuestro ritmo – rió ella moviendo sus caderas, bailando.

- ¿Mi madre estaba aquí? – preguntó incrédulo Edward.

- Sí – le contesté girándome hacía él. – Vino a secuestrarme con toda la tropa a casa.

- Se han largado porque el baño estaba ocupado y tenían ganas de mear – explicó Tanya. – Me costó muchos minutos de mi valioso tiempo convencerlas de que no entraran ahí adentro, así que – se encogió de hombros, – se largaron hacia tu casa. Alice le ha dado la llave a tu madre.

- ¿Desde cuándo Alice tiene una llave de mi casa? – entrecerré los ojos y empecé a pensar en lo que habíamos hecho durante el día.

Puede ser que mi pequeña amiga, hubiese cogido las llaves de mi casa cuando me secuestraron, pero conociendo a Alice como la conocía… sabía que tenia una copia.

- ¿A mí me lo preguntas? – inquirió Tanya con un bufido. – Verás Bella, – se acercó a mi peligrosamente – no estoy al tanto de todo lo que haces tú o las de tu alrededor – pinchó mi pecho con su dedo índice. – Así que si quieres entrecerrar los ojos a alguien – detuvo sus palabras y se giró dándome la espalda. – Busca a Alice y pregúntaselo a ella – escupió rabiosa.

Vale, me había equivocado con Tanya y no es por echarle la culpa a nadie ni a nada, pero es que había bebido más de la cuenta y…

- Lo siento Tanya – agarré su hombro e hice que se girara para que me viera con un pucherito "made in Alice".

- Eso está mejor muñeca – sonrió ampliamente. – Ahora que te has desfogado con él, lárgate de mi vista, necesito entrar al baño y acabar lo que estaba haciendo – miró por encima de su hombro, como buscando a alguien.

Nos alejamos de Tanya dejándola sola y nos pusimos a buscar a nuestros amigos.

- ¿Los ves? – le pregunté apoyándome sobre sus hombros y poniéndome de puntillas.

- No. Antes estaban aquí, dejé a Jazz aquí – respondió extrañado.

- Se habrán movido.

Dejé de apoyarme sobre su cuerpo y caminamos de nuevo, abriéndonos pasos entre empujones, hasta que golpeamos sin querer la espalda de un hombre que había a nuestro lado por culpa de un empujón de otra persona cuando regresábamos hacia los baños.

- Lo sien… – dejé mi disculpa a medias en cuanto vi contra quien habíamos chocado.

- Hombre, hombre, hombre – dijo sobre la música baja. – Mira a quien tenemos aquí – miró nuestras manos entrelazadas. – La pareja del año – después reparó en nuestra vestimenta. – Veo que has conseguido engatusarla y hacer con ella lo que quieres – le ladró a Edward.

- No ha hecho nada que yo no quiera James – le escupí.

- No tienes por qué darle explicaciones Bells – me dijo Edward ignorándolo.

- Claro, no me las tiene que dar, ¡así como no me las tuvo que dar cuando me dejó tirado! – gritó.

- ¡Me engañaste! ¿Qué querías que hiciera?, ¿vivir una mentira contigo? – bufé.

- No me hables de engaños Bella… – contestó James entre dientes.

- Isabella para ti – le interrumpí.

- Te llamo como me sale de la punta de la polla – bramó. – Sé que tú me engañaste con él. Seguramente el mismo día que llegó de Londres. ¿Por qué no te quedaste allí puto imbécil? – dejo de mirarme a mí para mirar a Edward.

Imité sus movimientos, Edward parecía muy tranquilo con la situación.

- Porque vine a por lo que es mío – le respondió él como quien no quiere la cosa, rodeando mi cintura de forma posesiva con su brazo.

- Ella era mía – James se acercó peligrosamente a Edward y lo agarró del vestido. – No sé cómo has podido fijarte en algo como esto – dijo con asco en su voz. – Ni vestido de mujer vales para algo.

- Discúlpanos, pero tenemos prisa. Quiero llegar a casa y acabar nuestra fiesta de solteros como es debido – le dijo Edward divertido.

Me fijé en James, su mandíbula se apretó hasta que sus dientes rechinaron. Estaba segura de lo que iba a pasar en cuanto se inclinó hacía abajo un poco y alzó su puño. Edward intuyó lo mismo que yo, porque justo cuando el puño de James iba a golpear su cara, él se apartó hacía atrás y alzando su mano, le propinó un derechazo a James, el cual se tambaleó hasta casi caer al suelo.

James se llevo la mano al labio sangrante y tras limpiarlo, miró su mano llena del líquido rojo.

Apartó la mirada de su mano ensangrentada y se abalanzó sobre Edward. Él me apartó de un empujón y trastrabillé hacia atrás hasta que choqué con mi espalda contra algo duro. Miré hacia arriba para pedir disculpas, pero la sonrisa socarrona de Emmett me alegró tanto que me olvidé de hacerlo. Él iba a poder separarlos si se ponían a darse de ostias, cosa que no dudaba.

- ¡Detenlos! – le pedí a mi futuro cuñado agarrándome a su camiseta y mirando sobre mi hombro como Edward y James se golpeaban el uno al otro.

- ¿Por qué? – ¿cómo que por qué? – Es divertido ver como mi hermano pequeño le parte la cara a aquel que dijo ser tu fiel novio.

- ¡Emmett! – golpeé su pecho con mis puños.

Quizás para él resultaba divertido ver como su hermano y mi ex se partían la cara, pero para mí no, a pesar de que Edward parecía ir en cabeza ya que estaba sentado a horcajadas sobre el cuerpo de James mientras le golpeaba en la cara con sus puños y un corrillo de gente nos rodeaba.

- ¡Para loco o lo mataras! – gritó una voz femenina que yo conocía muy bien a nuestras espaldas.

Una chica de pelo rojo se abalanzó sobre Edward apartándolo de James que se llevaba las manos a la cara. Victoria se acercó a James y le ayudó a levantarse del suelo tras besar sus labios suavemente.

- ¡Mira como le has dejado la cara! – le gritó a Edward que comenzaba a levantarse.

- Y peor se la tenia que haber dejado – le escupió Edward con toda la rabia del mundo. – ¡Te la debía puto desgraciado! – le gritó a James a apenas unos centímetros de su rostro.

- ¡Aléjate! – volvió a gritar Victoria interponiéndose entre el cuerpo de James y el de Edward, protegiendo al rubio.

- Tenia que haberlo imaginado – musité. – ¡Tenia que haber imaginado que era ella con quien me engañabas! – le grité a James. – Estaba prácticamente todo el día en tu casa.

- ¿Y qué esperabas Bella? Tenia que buscar fuera lo que en casa no le daban – Victoria alzó el rostro orgullosa de lo que había dicho.

- Eres todavía más puta de lo que decían – le dije sonriéndole burlonamente.

Y pensar que ella era mi amiga…

- Y tú una estrecha, zorra – me respondió intentando agarrarme del disfraz, pero el brazo de Edward rodeó mi cintura y me apartó de su mano.

- No la toques – le gruñó desafiándole con la mirada a que acercara su mano otra vez hacía mi cuerpo.

- Suficiente – dijo Emmett a nuestras espaldas. – Vamos, nos están esperando afuera – apoyó la mano sobre el hombro de Edward y nos guió hasta la salida.

- ¿Qué te ha pasado? – inquirió Alice asustada acercándose a Edward una vez salimos del local.

Me giré para mirarlo, en la oscuridad del local no había visto sus heridas, tenia la cara marcada. Su pómulo derecho estaba abierto y sangraba, su labio inferior estaba rojo e hinchado y su ceja izquierda, no tenia mejor pinta, ya que también estaba abierta.

- Le devolvió a James los golpes – rió Emmett.

- ¿James? – preguntó Rose.

- Sí, estaba dentro acompañado de Victoria – le respondí.

No había otros lugares, otros momentos, otras situaciones para encontrarnos, no los había… nótese el sarcasmo, que en nuestras despedidas de solteros.

- ¡Te lo dije! – gritó Alice. – Te dije que te estaba poniendo los cuernos con ella, pero claro, como ibas a creerme – rodó los ojos.

- Siempre fueron amigos – le contesté.

Yo sólo había dicho que estaba acompañado por ella, ¡nada más! ¿Por qué sacaba ella ahora eso a pesar de que era verdad?

- Yo no me tiro a mis amigos – me contestó. – Y a ellos se les notaba muy claramente, todos lo veíamos, excepto tú. Que querías olvidar a Edward como fuese y total, ¿para qué? ¡Para nada! Porque miraros ahora – nos señaló con la mano.

- Alice…

- Ya – me cortó Edward. – Es tarde, me duele todo, quiero quitarme esta mierda de vestido, ir a casa, pegarme una ducha y dormir. Así que, movámonos – agarró mi mano y me empujó para que comenzara a andar.

Al menos estábamos cerca de casa y no nos costó mucho llegar hasta allí andando. El sol ya comenzaba a salir en la cuidad. Tras despedirnos de nuestros amigos en nuestro portal – algunos iban muy mal… Jasper y Tanya, por ejemplo, – nos metimos en el edificio y subimos hasta casa donde Esme y mi madre nos estaban esperando dormidas ocupando la habitación de invitados y el sofá cama que habíamos comprado unos días antes para situaciones como ésta.

Edward y yo nos duchamos juntos, solo una ducha rápida, ambos estábamos muy cansados. Tras curar sus heridas y sin siquiera ponernos el pijama, ni la ropa interior, abrimos la cama y nos metimos dentro. Edward abrió sus brazos invitándome a dormir pegada a él, cosa que no dudé y aproveché para acurrucarme entre sus brazos, apoyando mi cabeza en su pecho.

- Buenas noches amor – susurró antes de besar el tope de mi cabeza.

- Hasta dentro de un rato – le besé el pecho y cerré los ojos, quedándome, casi dormida al instante.


¡Hola!

Bien aquí estoy de nuevo... muertita de sueño pero haciendo un esfuerzo para acabar el capítulo y actualizar :D. Esto es lo que me ha salido, tenía pensado hacerlo gracioso, pero no sé como me haya podido salir... espero vuestras opiniones :P sean buenas o malas.

Antes de daros las gracias por reviews y demás, os doy las gracias por tenerme paciencia... sé que ya no actualizo tan seguido como antes, pero por cosas de la vida... mi tiempo libre se ha agotado y solo puedo escribir a la noche... cuando me dejan... ¬¬ jajajaja.

Ahora sí, muchas gracias por vuestras palabras de apoyo (reviews), por las alertas, favoritos, a los que ya me leíais y a las que os estáis uniendo a esta aventura... la que creo que no le queda mucho. No os molestéis en preguntarme cuantos capitulos quedan, porque ni yo misma lo sé, pero son pocos... jejejeje.

Gracias tlebd por estar ahí y darme tu opinión cuando más lo necesito y... blablablabla... ya sabes... jajajaja. Aunque lleves un par de días "desaparecida"... ¬¬.

Nos leemos lo antes posible ;)

¡Un abrazo!