CAPÍTULO 26
NOCHE DE HALLOWEN
Y LAS DUDAS
El avión estaba ya por aterrizar, y el ruido hizo que Kenji abriese los ojos. Con más de quince horas de vuelo tenía para echarse una buena cabezadita. A su lado, con la cabeza apoyada sobre sus piernas, Kari dormía plácidamente, y al otro lado dormía Sora, apoyada sobre su hombro. Al que no podía ver era a Tai que se suponía que tendría que estar sentado al lado de Sora.
Teniendo cuidado de no despertar a ninguna de las dos, dejo a Kari apoyada sobre el cojín, igual que a Sora. Probó a buscarlo si estaría en la zona del bar, y no fallo. Allí estaba tomándose un zumo. Tras estirar bien los brazos, se sentó a su lado.
- Una cola, por favor – pidió al barman, que se lo sirvió enseguida.
No tardó ni dos segundos en darle un trago a la bebida cuando la tuvo delante, estaba sediento.
- Me cuesta aún creer que lograses convencer a mamá para que nos dejase venir – comenzó Tai la conversación.
- No fue tan difícil, al menos también te pidió disculpas, ¿no?
- Si…
Kenji le dio otro trago a la bebida y retrocedió en su mente dos días atrás, cuando estaban en el hospital con Kari ingresada. Les había dicho a sus padres que se llevaría a la pequeña a América, y claramente su madre se había negado.
- ¡¿Pero qué estás diciendo Kenji? ¡¿Cómo vas a llevarte a Kari?
- Quiero que la vea el mismo médico que me ha tratado a mí. Igual puede decirnos algo más.
- ¿De qué hablas…?
- Lo he escuchado mamá, a Kari se le detuvo el corazón, ¿verdad?
Su madre enmudeció y palideció al mismo tiempo. Si su hijo lo había escuchado todo, era el que más al corriente de la situación podía estar de todos en ese lugar.
- Hijo, ¿estás seguro? – Intervino su padre – Llegaste hace poco y…
- Solo van a ser unos días, no va a quedarse allí cinco años como yo – lo tranquilizó – Será como unas vacaciones. También quiero que Tai venga conmigo, y se lo diré también a Sora.
- ¿A ellos por qué?
- Bueno… tendré que hacer cosas allí, y no podré llevarme a Kari a todos lados, me gustaría que hubiese alguien para cuidar de ella. Y si son dos mejor.
- Supongo que… aunque nos neguemos harás lo que quieras, ¿verdad?
- Es por su bien, mamá – le respondió – Confiad en mí.
Volviendo al presente, le dio el último trago al vaso y pidió al barman que se lo llenase de nuevo.
- Me sorprendió que nos hicieras venir a Sora y a mí.
- ¿No quieres conocer algo fuera de Japón? América no está tan mal como la pintan.
- No es eso, pero… ellas te quieren mucho más a ti que a mí. Creo que sobro aquí.
- No digas tonterías anda. A Kari la hizo muy feliz saber que vendrías también.
- No sé yo…
Le dio un golpe en la espalda, lo que lo sorprendió.
- No digas más tonterías, ¿eh? Y deja de culparte por lo que le pasó a Kari el otro día, no fue culpa tuya.
Por el comunicador una voz de mujer avisó, primero en japonés y luego en inglés, que el avión ya estaba llegando al aeropuerto y había que prepararse para aterrizar.
Dark Phantomon temblaba de tener tan cerca a su señor. Por primera vez en mucho tiempo había abandonado su trono tras la cortina, y nunca acababa de acostumbrarse a la enorme presión que provocaba la energía que desprendía su cuerpo.
- ¿Está preparada ya la puerta?
- Dentro de muy poco señor, pero ya puede ir al túnel si lo desea. En unos días, podrá ir al mundo humano.
- Muy bien.
Se giró para ver a su espalda múltiples sombras oscuras, algunas más pequeñas y otras más grandes, todas de digimon a su servicio.
- ¡Vamos, mis lacayos! ¡Vayamos a destruir el mundo humano y tomemos el control!
Todas las criaturas rugieron al unísono y comenzaron a seguir a su señor que se dirigió hacía su carruaje, listos para dirigirse a la puerta que en unos días los llevaría al mundo real.
Kenji les abrió la habitación que iban a ocupar en la residencia de estudiantes. La habitación era más pequeña que la de Tai y Kari, con una cama a cada lado y un par de escritorios pegados, uno oculto por revistas de deportes y otro con un ordenador.
- ¿Esta era tu habitación, hermanito?
- Yeah, y aquí es donde vamos a dormir.
- ¿Y qué pasa con tu compañero?
- Por mi no os preocupéis.
Ninguno de los tres se esperaba que alguien hablase de pronto a su espalda, lo que los asustó. Kenji no pudo evitar reir.
- Lamento ocupar tu espacio, Apollo.
- Don´t worry. De todas formas me vuelvo a Japón.
- ¿Ah, si? – Preguntó perplejo - ¿Y eso?
- He conocido a una chica de Japón. Como tengo que ir a ver a mi abuela, pues de paso la conozco en persona. Llevamos dos meses chateando ya.
"Deberías dejar ese rollo de conocer chicas por internet", pensó, pero no se lo iba a decir a su mejor amigo.
- Bueno, pues me tengo que ir. Espero que os lo paséis bien.
Y con un gesto de mano se despidió, dejando a los nuevos ocupantes solos.
- ¿Y cómo vamos a dormir aquí los cuatro? – Preguntó Tai algo que era obvio al ver solo dos camas.
- Sora y Kari dormirán en la mía y tú y yo en la de Apollo – le explicó.
- ¿Qué? Jo… yo quería dormir contigo hermanito… - se desanimó – Y seguro que Sora-san también.
- ¿E-E-Eh? – Se ruborizó – N-No, para nada, a mi me parece bien lo que ha dicho Kenji.
- Bueno… pues…
Se acercó a la cama de su compañero de habitación y sacó otra de debajo de esta y la puso al mismo nivel.
- Así si que podrían dormir tres juntos, ¿no?
- ¡Es genial! – Se emocionó Kari – Así podremos dormir con Kenji, Sora-san.
- S-Si yo ya he dicho que…
- A mi no me importa, ¿eh? – Intervino en la conversación Tai, que llevaba un tiempo sintiéndose fuera de lugar – Prefiero dormir solo, así me puedo estirar más en la cama.
Sora se molestó un poco, pero le enterneció saber que Tai lo hacía por las dos chicas, para que pudieran dormir con la persona que querían, aunque lo dijera de una forma tan borde.
- Venga, ya hablaremos de eso luego cuando nos vayamos a dormir. ¿Damos una vuelta por el sitio?
- Por cierto, ¿por qué Apollo-san tiene otra cama debajo de la suya? – Preguntó la niña, sin entender porque en una habitación de dos chicos había otra cama.
- Ah, eso es para cuando se trae alguna chica – le respondió su hermano, aunque enseguida se tapó la boca sabiendo que había dicho algo que no debía.
- ¿Y para qué quiere otra cama si viene una chica? – Parpadeo la niña interrogante.
Los tres se sonrojaron y miraron en otra dirección. Kenji había metido la pata, e igual Sora y Tai si que se imaginaban la respuesta, de ahí igual su reacción, pero, ¿cómo se lo explicaba a la niña?
- E-E-Es para estudiar, ¡si eso es! – Le respondió su hermano – Como se quedaban hasta tarde para estudiar así podían dormir más cómodamente.
- Ah – rió – Apollo-san es muy previsor entonces.
"No sabes cuanto", pensaron los tres a la vez.
- En fin, ¿vamos?
- Yo estoy muy cansada… ¿me puedo acostar un ratito, hermanito?
- Claro, la cita con el médico es mañana. Si quieres algo – le da un aparato con un pequeño interruptor – toca este botón. Me llamará a mi busca del recinto y vendremos a por ti.
- Vale, gracias.
Se despidió de los tres y la dejaron sola en la habitación, cerrando la puerta tras de si.
Tras oír sus pasos lo bastante alejados, Kari le pidió disculpas a sus hermanos. Había mentido, en verdad no estaba cansada, ya había dormido bastante en el avión. Pero, estar en ese lugar para ella era como un sueño. El lugar donde su hermano mayor había pasado cinco años de su vida.
Se tumbó en su cama y dio varias vueltas de un lado a otro. Era bastante cómoda, y las sábanas tenía algo de la fragancia de su colonia. También en su lado de la habitación había un montón de posters pegados en la pared, así como muchas fotos. La niña las miro con curiosidad. Había de todos los tipos: con Apollo en la habitación cuando era más pequeño, jugando al fútbol, estudiando para un examen, los dos disfrazados de payaso haciendo el tonto (lo que le hizo mucha gracia), jugando a los videojuegos… pero había otras más especiales, otras que estaban pegadas a un lado de la pared, más apartadas que el resto: fotos de su familia.
Estaban demasiado altas para poder verlas, pero algunas estaban a su altura desde la cama y las podía ver perfectamente. La mayoría pertenecían a Tai y Kari en sus fiestas de cumpleaños, festivales deportivos del colegio, disfrazados para una obra de teatro y, la que estaba más abajo del todo y que parecía haber sido la más usada, porque estaba más arrugada, salían ella y Tai cinco años atrás, con una pancarta donde ponía: Recupérate pronto en japonés.
- ¿Recupérate… pronto…? – La niña se quedó en silencio.
Si lo pensaba bien, ¿cuál era la razón por la que su hermano se había ido al extranjero? ¿Por qué se había ido cinco años de casa? ¿Cómo es que nunca había oído hablar de la razón por la que estaba fuera? Lo intentaba, pero no era capaz de recordarlo. ¿De qué se tenía que recuperar su hermano?
Tras más de media hora dando vueltas por ahí, Kenji termino de enseñarles el recinto; la cafetería, el salón de actos, los baños, el campo de fútbol y baloncesto, etc., incluso se encontró con algunos conocidos a los que presento a los nuevos huéspedes temporales del dormitorio.
- Es un sitio muy grande, y hay mucha gente – comentó Sora, sorprendida. Aunque se sentía fuera de lugar, porque había visto mucha gente pero parecía casi como si fueran los únicos japoneses allí.
Tai se detuvo al ver un cartel. Su inglés no era muy bueno, así que no pudo entender bien lo que decía.
- ¿Qué es esto, Kenji?
- Ah, es que hoy se celebra Halloween y van a hacer una fiesta en la residencia.
- ¿Halloween? ¿Qué es eso?
- El día de los difuntos. Se celebra el 1 de noviembre. En Japón es en otras fechas y se celebra de forma distinta pero estos día la gente se suele disfrazar de cosas relacionadas con el terror y sale a pedir dulces puerta por puerta. En la residencia se organizan conciertos de los grupos que residen aquí, bailes, etc.
- Parece divertido – supuso Sora, que se sorprendió al descubrir que fuera de Japón no se celebraba el día de los difuntos de la misma forma.
- Si queréis podemos ir, seguro que a Kari le hace ilusión.
- A mi no me gusta mucho disfrazarme.
- Venga, será divertido Tai. A ver que le parece a Kari.
Solamente se lo explicó por encima, sin entrar en muchos de talles, pero a la niña se le iluminaron los ojos, emocionada.
- ¡Yo si que quiero ir! ¡¿Puedo?
- Claro que si.
- ¡Viva!
Viendo que le ganaban por mayoría, a Tai no le quedó más remedio que aceptar. Tras la comida, y como la fiesta iba a empezar a las ocho, las dos chicas se fueron a las duchas.
Era algo distinto a lo que estaban acostumbradas, un cuarto rectangular con un montón de duchas para todas por igual. Como no estaban muy preparadas, usaron una ducha para las dos. Sora ayudó a Kari a lavarse y ella se marchó primera. Mientras se estaba enjabonando el pelo, alguien más entró. No le iba a prestar atención, hasta que le dirigió la palabra.
- Vaya, ¿no eres la novieta de Kenji?
Sora pensó que había oído mal, y que la voz no podía ser de quien pensaba, pero al girarse se confirmaron sus sospechas.
- ¿Maeda… Ai-san?
- ¿Qué haces tan lejos de casa pequeña? Un momento… si tú estás aquí, ¿Kenji también?
- E-Eh… - solo asintió.
La idol juvenil se puso en la ducha de su lado y comenzó a disfrutar cuando el agua caía por su cuerpo hasta llegar al suelo. Sora se fijo entonces en su cuerpo, mucho más esbelto y desarrollado que el suyo, con bastante pecho e incluso ya bello en sus partes intimas, por no decir más guapa.
- ¿Y bien? ¿Lo has hecho ya con Kenji?
- ¿E-E-Eh?
- Ya veo… aún no, ¿eh? Entonces te dejará pronto.
- ¿De qué hablas?
- Mírate bien: no tienes nada de pecho, aún ni siquiera tu cuerpo ha empezado a crecer, y solo eres una cría, contigo no puede hacer lo que haría con una chica como yo. ¿Cuánto creer que durará lo vuestro? ¿Un mes? ¿Dos? A Kenji solo le queda un año de vida, en cuanto vea que contigo no puede obtener la diversión que puede darle alguien como yo, te dejará plantada.
Eso dejo a Sora en estado de shock. Satisfecha, Ai se marchó de las duchas, dejando sola a la niña, que permaneció un buen rato ahí parada, debajo del agua que no paraba de caer. No reaccionó hasta que Kari fue a buscarla.
Al dar las ocho en punto, fueron al salón de actos, y los tres recién llegados se sorprendieron al ver la cantidad de gente que allí había, disfrazados de hombres lobo, vampiros, momias, zombies… en cuanto a los nuevos, Kari estaba disfrazada de una pequeña brujita, Sora de una vampiresa con orejas y cola de gato y Tai de jugador de futbol zombie. En cuanto a Kenji, iba de cantante rockero de los ochenta, aunque a los niños les dijo el nombre a ninguno les sonó.
- Es increíble cuanta gente – se emocionó Kari.
- Ahora darán un concierto y luego…
Un chico vestido de esqueleto palpo el hombro de Kenji llamando su atención.
- ¿Qué pasa Michael? – Le preguntó en inglés, lo que los otros tres no entendieron.
- Tio, es que se ha puesto malo Timy y nos hemos quedado sin guitarrista. ¿Nos echas un cable?
- Pero, no puedo he venido con otra gente.
- Solo será para la primera actuación, venga.
Y desapareció entre la multitud. Kenji suspiró, porque no se podía negar, le debía mucho a Michael y hacerle ese pequeño favor no era nada en comparación con lo que él había hecho durante esos cinco años.
- Hermanito, ¿qué pasaba? – Preguntó la pequeña – No me he enterado de nada.
- Es que tengo que hacer una cosa, pero volveré enseguida, ¿vale?
Así desapareció, dejando a los tres solos. Ninguno sabía de que habían estado hablando, pero no podían más que esperar a que volviera.
Las luces se apagaron de pronto y unos focos iluminaron el escenario. La voz de un chico joven sonó por los múltiples altavoces que estaban colgados por las cuatro paredes del recinto, a todo volumen, hablando por supuesto en inglés, por lo que el grupo no entendió nada.
- ¡Pequeños monstruos y seres horrendos del infierno, ¿estáis listos para la mejor fiesta de Halloween de vuestras vidas? ¡Pasamos al concierto de Death Murdereds!
Una cortina de humo cubrió el escenario y cuando una enorme corriente de aire, provocada por un ventilador, la hizo desaparecer, aparecieron cuatro figuras sobre el escenario. En la batería, alguien vestido con una máscara que simulaba una piel requemada y una mano con garras, a la derecha alguien en el teclado vestido con una gabardina y sombrero negro, en el centro alguien a quien conocían bien con la guitarra, y en el micrófono estaba la chica a la que Kari tanto adoraba y con la que Sora había tenido su encuentro en las duchas, Maeda Ai.
- ¡Muy bien chicos, hagamos temblar este sitio a más no poder!
La idol comenzó a cantar una canción, pero al contrario de lo que hizo en el cumpleaños esta vez estaba cantando en inglés. Aún así, la niña se sabía la canción y como otros muchos seguía el ritmo y la cantaba en voz alta.
Tai se tenía que tapar los oídos, todo ese sitio estaba demasiado cargado para su gusto y la música a toda pastilla nunca le había gustado, aunque, mirando sobre el escenario, tenía que admitir que su hermano tocaba la guitarra bastante bien, cosa que no sabía que supiese hacer.
Sora por su parte, miraba a Kenji también, si, pero le dolía mucho el corazón. Las palabras de Ai le habían dejado una enorme herida en el corazón, pero porque eran una verdad como un templo: ella no podía hacer feliz a Kenji. Era aún una niña, sin experiencia en el amor, sin un cuerpo desarrollado, sin ser capaz de comportarse como una chica adulta como a veces podía hacer Kari. Jamás entendía porque Kenji se le confesó.
Ella lo quería, y mucho. Pero pensándolo en frío, no tenía nada que ofrecerle que no fuera su compañía. Como había dicho Ai, ella no podía ofrecerle otras cosas que le podrían dar las chicas de su edad como ella, y menos aún si le quedaba tan solo un año de vida.
El concierto termino y todo el antro se lleno de un enorme eco de los aplausos que daban los aplausos. Antes de que pudieran reaccionar, Sora vio como Ai se llevaba a Kenji al pasillo. No quería separarse de Tai y Kari, pero quería hablar con Kenji.
No tardó en dar con ellos, los dos estaban solos, pero desde su posición podía escuchar perfectamente lo que hablaban.
- Es mi última oferta Kenji… ya sabes que conmigo estarás mejor.
- Deja ya eso, Ai. Te lo dije en Japón, tengo novia.
- Esa niña no tiene lo que hay que tener para darte lo que mereces… ni siquiera lo habéis hecho aún, ¿verdad? Sabes, la he visto en las duchas y…
Kenji le tapo la boca antes de que pudiera decir nada más. Se puso muy serio, más serio lo que le había visto jamás.
- No lo le habrás dicho, pero escucha una cosa: no te vuelvas a meter en nuestra relación, ¿entendido?
Por una vez en su vida, una de las mayores idol del mundo no supo que decir. De vuelta al salón de actos, Kenji se cruzó con Sora, que se le quedo mirando fijamente, sin saber muy bien que decir.
- Kenji… yo…
Antes de que pudiera decir nada, la cogió de la muñeca y la llevó de nuevo al lugar de la fiesta, subiéndose al escenario e interrumpiendo la canción del grupo que estaba allí tocando en ese momento. Eso hizo que todos se fijaran atentamente en ellos.
- Esto… em bueno, ¡lamento mucho interrumpir vuestra canción chicos pero tengo algo que decir a todo el mundo aquí!
Al ver a su hermano sobre el escenario con Sora, Tai y Kari se acercaron. No entendían muy bien lo que había dicho, pero todo el mundo se había callado de pronto, así que algo importante debía ser.
- ¿Veis esta chica que esta conmigo? Su nombre es Sora Takenouchi y es ¡mi novia! ¡¿Está claro?
Sora tampoco se había enterado bien de lo que había dicho, pero si había entendido la palabra "gilfriend". ¿Qué había dicho Kenji? No lo entendía bien pero se sonrojo, porque en el fondo creía que lo entendia perfectamente: la había presentado como su novia.
Por un momento empezó a llorar por tonta, por creerse todo lo que le había dicho esa chica. Se había creído que de verdad no podría hacer feliz a Kenji y, sin embargo, este la presentaba formalmente como su auténtica novia, por lo que confiaba en ella de verdad y la quería de corazón, ¿cómo había podido dudarlo por un momento?
Kenji ayudó a sus hermanos a subir al escenario y continuo hablando en inglés.
- Y estos dos son mis hermanos, Kari y Tai. Si os metéis con alguno de ellos, os la veréis conmigo, ¡¿está claro?
Todos aplaudieron por sus palabras, aunque sus invitados no podían entender bien lo que había dicho. Luego Kenji los besó a cada uno en la mejilla, salvo a Sora que le dio un beso en los labios, cariñoso, ardiente y apasionado, lo que hizo que todo el mundo aplaudiera y silbara aún más fuerte que la primera vez.
El grupo al que habían interrumpido comenzó a tocar y cantar de nuevo, permitiendo a un timido Tai, y a una enérgica Kari, participar en la actuación cantando también, aunque no se sabían muy bien la letra de la canción.
Sora y Kenji seguían el ritmo de la música, y cada uno tenía ojos solo el uno para el otro. Sora ya se había decidido, y quería disculparse con Kenji por haberlo hecho tan tarde. Él se había confesado ante todos que era su novia y la había presentado formalmente, igual que a Tai y Kari, dejando claro que le daba igual lo que pensase la gente, y ella en cambio se había creído las palabras de Ai.
Se sentía una estúpida por haber tenido dudas por un momento de que no podría hacer feliz a Kenji durante su último año de vida, confiaba en ella para eso. Sora lo tenía claro, haría lo que fuera por él, y le daba igual lo demás, aunque tuviera que hacer cosas prohibidas para ella. Para Sora, era como si Kenji le hubiese vuelto a entregar su corazón. Ahora, era su momento de demostrarle que ella estaba dispuesta a hacer lo mismo.
