Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomo prestados un ratito.

Capítulo XXVI

Advertencia: Capítulo muy largo.

"¿Amigos? Ya no lo creo"

— ¿Ahora ya te arrepientes de haber dicho sí? —Interrogué con la voz más dulce que pude encontrar. Maliciosamente disfrutaba con los celos de Edward. Lo había convencido luego de algunos sobornos… bueno, solo diré que al volver a casa de Alice tenía la boca y garganta muy, muy seca. Dejando eso de lado, esperaba con ansias ver su rostro al conocer al tierno de Jake. Ya había hablado con Leah sobre el asunto y no le molestó que Ed fuera conmigo.

Justamente ahora nos dirigimos hacia la Push y afirma bien fuerte el volante, como si la simple idea de ir le desagradara, más risa me daba, si soy completamente sincera.

— No. — Contestó sin mirarme.

— Ayer parecías más encantado con la idea— susurré retirando unos mechones de su cabello de los ojos verdes.

— Ayer utilizaste tu cuerpo para incitarme, perversa. — Ahí si que me miró y mis mejillas se encendieron

— Nada que ver, yo solo te di unos besitos locos. Si tú creíste que te incitaba estás realmente mal— sacudí la cabeza de forma dramática y le arranqué una sonrisa

— Si supieras. — Fueron sus únicas palabras, pero sus ojos se encargaron de decirme las restantes. Conocía su código, conocía el deseo.

Carraspeé, volviendo a mi asiento y apartando ciertos pensamientos un tanto sucios.

— ¿Por qué eran tan necesarios los patines? — Preguntó echando una mirada al asiento trasero. Sonreí ampliamente

— Porque lo son— me encogí de hombros— podría enseñarte ¿sabes? — Reflexioné

— ¿Yo? No gracias— negó

— ¿Por qué? — Hice un puchero

— Porque terminaría todo fracturado— rodé los ojos

— Seguro que es mucho más difícil que saltar y rodar por los aires— ironicé y rió

— Tú lo haces genial— fruncí el ceño— en el concurso de talentos diste una voltereta y caíste con las piernas extendidas, lo que me dice que tienes una excelente elongación— me dio una mirada que erizó mis vellos y puso en alerta mis sentidos.

— Bueno, eso es simple. Practicábamos yoga y los saltos te vi haciéndolos muchas veces y algo de tu técnica quedó en mi cerebro. Y a mí me cuesta el doble que a ti, así que no hay punto de comparación. A ti te fluyen naturales y yo debo entrenarme— medité en voz alta

— Por eso lo hace tan especial, Bella— me sonrió de manera cálida y sentí las mariposas ridículas en mi estómago nuevamente.

— En ese caso, gracias— volví sonriente la mirada a la ventana y el resto del camino nos la pasamos conversado de cosas triviales. Era agradable sentir esta sensación otra vez, más que todo la familiaridad, aunque nuestros sentimientos y ejem, cuerpos eran diferentes.

Cuando la cabina se me estaba volviendo demasiado pequeña y muy calurosa, aparcó en donde le indiqué.

Sonreí, sacando los patines y colgándomelos al hombro. Además suspiré aliviada de alejarme un poco de Edward. En serio debía poner más control en mi eco perverso, decía una de cosas… uff, que hasta Alice se alteraría.

— ¿Y bien? ¿Dónde está el famoso Jake? — Lo nombró con desdén y apreté los labios para no romper en carcajadas.

— Oh, seguro que sale en cualquier momento— le guiñé un ojo y bufó, metiendo con brusquedad las manos en sus bolsillos.

Entonces cuando le iba a molestar un poco más, la puerta de casa de Leah se abrió

— Hola Bella— me saludó abrazándome con energía y sonreí complacida

— Hola— ella miró hacia Edward que la contemplaba lo mejor que podía, ocultando su enfado. La tentación de risa era casi insoportable — Él es Edward y ella es Leah, una amiga muy querida del trabajo— los presenté y asintieron cada uno en la dirección correspondiente.

— Gusto en conocerte— dijo Ed y sonrió forzosamente

— Lo mismo digo— frunció el ceño y luego me miró, sonriendo con los ojos negros— Jake sale en un instante, está terminando de cambiarse— me palmeó el hombro y noté por el rabillo del ojo que el cobrizo parecía confuso.

— ¿Y qué tal todo? Ayer no pude venir, lo siento— me excusé

— Ah, solo que Seth apareció por aquí medio desnudo con una chica— rió y abrí los ojos sorprendida

— ¿De qué hablas? —

— Eso, creo que alguien le hizo una broma y tuvieron que ayudarle a sacar su ropa de un árbol. La muchacha se llama Claire— me sentí entre complacida y malvada.

— Oh… ¿y sabes qué pasó después de eso? — Se acercó a mí

— Creo que ahora andan de novios— comentó como una confidencia y sonreí

— Ah, ya veo. Eres bien cotilla ¿eh? — No tuvo tiempo de responderme nada puesto que oímos los apresurados pasos de Jake.

El pequeño de cabello negro salió y cuando me vio corrió feliz hacia mí, rodeándome las piernas.

Me incliné para corresponder su abrazo

— ¡Bella! ¡Qué gusto verte! — Exclamó entusiasmado y le correspondí la ancha sonrisa

— A mí también me da mucho gusto verte, Jake— le desordené el cabello y rió juguetonamente, sosteniendo el skate a su costado. — Traje a un amigo conmigo, espero no te moleste— y entonces dirigí mi mirada hacia Edward que parecía totalmente desconcertado. Su boca por poco y tocaba el suelo y miraba a Jake de forma apenada. Procuré aguantarme la risa— hey, Edward Bella llamando tierra— me burlé porque hasta aquí parecía oír los engranajes de su cerebro funcionar.

— Eh… ¿el es Jake? — Me miró sin poder unir las piezas todavía

— Pues claro, es mi amigo ¿No es así? — Jalé la mano de Jacob para llamar su atención y asintió con ganas

— Bella me cuidó el otro día. Es increíble— le contó con ilusión y el tarado de Ed todavía no dejaba de mirarlo como si estuviera imaginándolo

— Pero yo creí que era… y tú… y él… y— me reí sin pena de su cara de idiota

— Bueno querido Jake, este retardado es Edward. Edward, este es Jake, el chico que se quedó conmigo la otra noche— puse mi mano entorno a la pequeña espalda del niño. Y el ojiverde pareció reaccionar

— Eh… hola— le sonrió a duras penas y Jacob entrecerró los ojos

— Eres extraño. — Le dijo al cabo de un rato mirándolo y Edward únicamente me observó con duda. Sí, esto era muy gracioso. Jamás iba a olvidar la cara de sorprendido y de no creer mierda del cobrizo. — Así que seguro eres simpático— el pequeño sonrió ampliamente y le tendió la mano libre

Aún un poco atontado, Ed se la estrechó.

— ¿Sabes patinar? — Noté que Leah disimuladamente había entrado.

— No, ¿tú logras pararte en eso sin caerte? — Preguntó el cobrizo agachándose a la altura del pequeño

— Pues claro ¿O qué? ¿Crees que la cargo de adorno? — Rió Jake y le acompañé, mirando de reojo a Edward que parecía ahora relajado y contento, como de buen humor repentinamente.

— Vaya que listo — sonrió

— ¿Quieres que te enseñe como patino? Bella ya me ha visto, salimos juntos el otro día ¿verdad? — Me jaló de la chaqueta reclamando mi atención

— Sí y lo haces de maravilla. ¿Te apetece practicar hoy? — Meneé los patines y vi su carita iluminarse y juro que me dieron ganas de abrazarlo con fuerza

— ¡Sí! — Saltó entusiasmado, pero pronto pareció recordar algo— ¿Y qué hará él por mientras? — Señaló a sus espaldas donde el cobrizo me observaba de forma atenta.

— Ah, de él no te preocupes. Nos seguirá, además sabe dar giros en el aire, podría ensayar ¿No crees? — Me dirigí a él y asintió, con una media sonrisa

— ¿En serio sabes? — Jake se volvió con la boca abierta

— Sí, algo así— comentó rascándose la nuca

— Muéstrame ¿sí? — Le pidió

— Anda, enséñale. Los chicos buenos siempre tienen su recompensa al final del día— bromeé mordiéndome el labio inferior

— Está bien. Apártense un poco— hicimos lo pedido y agarré la manito de Jake. Uy si podría apretarlo.

Entonces retrocedió unos pasos y me dio una mirada significativa antes de hacer algo llamado "la rueda" y una voltereta hacia atrás, aterrizando sobre sus pies con la misma precisión de un felino.

Jake quedó asombrado y aplaudió

— ¡Eso es increíble! — Admiró y las mejillas de Ed se tiñeron de un ligero tono rosa. No pude controlar una risita que captó su atención

Alcé mi pulgar y le guiñé un ojo, ocultando mi diversión

— Pues gracias, no es tan difícil. Cualquier día de estos te enseño ¿te parece? — Volvió a agacharse para quedar a la altura del niño y me dio una ternura tremenda, conjunto a ese deseo maternal tan poderoso en mí. Sacudí la cabeza

— Sería genial— respondió de inmediato— y podrías traer a Bella. ¿Sabías que es una muy buena niñera? — Le contó y fue mi turno de ruborizarme

— Oh, ella es muy buena en todo lo que se proponga hacer y estoy segura que es una excelente niñera— me miró con cierta nota perversa que me hizo mirarlo con reproche

— En eso si estoy de acuerdo— asintió repetitivamente

— Pero bueno ¿vamos? Se nos hará tarde y no alcanzaremos a hacer mucho— di un aplauso para llamar sus atenciones

— ¡Sí! — Exclamó Jake, agarrando su patineta con entusiasmo

Edward simplemente se puso de pie y caminó a mí

— Tendrás que contarme más sobre Seth, ¿eh? — Susurró a mi oído poniéndome la piel de gallina

— Basta de hacer esto— le golpeé el hombro— El niño está presente, por el amor de Cristo— reprendí a lo que simplemente conseguí unas risitas

— Vamos Bella, ponte los patines pronto— apuró Jake y asentí, sentándome en el piso. Tardé muy poco en ajustarlos y me puse de pie sin percances. Debo reconocer que hacerlo frente a Edward me ponía bastante nerviosa, por lo cual comencé a moverme con mucho cuidado de no tropezar o cometer una estupidez.

— ¿Voy más lento para que vayas conmigo? — Le pregunté al verlo apoyarse contra un tronco de un árbol frondoso.

— No, prefiero observarlos desde aquí. Al rato me les uno— me guiñó un ojo mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. Traté de controlar mi corazón

— De acuerdo— asentí, metiéndome el cabello tras las orejas y evitando ruborizarme. Vamos, esto me gusta.

— ¿Estás lista? — Interrogó Jake ya posicionado para partir

— ¡El que llegue último a aquel almacén es un huevo podrido! — Grité y de inmediato ambos nos pusimos en movimiento.

No me costó demasiado omitir el pequeño e insignificante detalle de Edward a mis espaldas, probablemente mirando mi trasero. Le puse energía al asunto aunque no tuve que dejar que Jake ganara, él lo consiguió por su propio mérito.

— ¡Bella es un huevo podrido! — Exclamaba sonriendo— aunque me lo pusiste difícil, me gusta competir y que no me dejen ganar, mamá siempre lo hace y lo detesto— comentó un poco enfurruñado

— Seguramente no sabe que tú te das cuenta, sé bueno con ella y finge no saberlo hasta que crezcas— le desordené el cabello y asintió

— Vale, lo haré— comenzamos el regreso que en realidad era bastante largo, así que me entretuvo contándome que Emily comenzaba a decir sus primeras palabras y era la cosita más tierna porque no sabía decir Jacob y a cambio solo pronunciaba "Aob", aunque mamá le salía de maravilla y Sam estaba enfadado porque por más que se sentaba frente a la pequeña ella solo lo miraba y sonreía sin decir lo que él quería.

— Ahora está durmiendo, mamá dice que debe dormir mucho para que así crezca muy grande y pronto le pueda enseñar a jugar y a trepar árboles— comentó emocionado

— Pues Leah tiene toda la razón, debes dormir tú también. Aunque no tanto, mira que si te vuelves más alto que yo te cortaré las piernas— bromeé y se rió con ganas

— Los dos han estado estupendos— dijo Edward, despegando su deliciosa espalda del árbol, quien fuera árbol ¿no?

— Sí, pero Jake me ganó. Soy un huevo podrido— me lamenté dramáticamente, ocasionado unas risitas alrededor

— Pero eres un huevo podrido muy bonito ¿cierto Edward? — El pequeño codeó las piernas del cobrizo porque era lo que alcanzaba

— Sí, un hermoso huevo podrido— me miró con intensidad y tuve que carraspear para que dejara de hacerlo y mi estúpido corazón se quedara quieto.

— ¿Sigamos? — Propuse y asintieron.

Dejé que Jake se me adelantara y me fui junto a Edward. A menudo el pequeño avanzaba y retrocedía para decirme que si lo había visto hacer ese giro.

— En serio podría comérmelo a besos— suspiré mirándolo mover su pierna pequeña con entusiasmo

— Hey, no arruines lo bien que me ha caído— se quejó mi acompañante y reí— ¿No podrías habérmelo dicho? Parecía un verdadero idiota mirándolos a ambos. Nada te costaba decirme que se trataba de un niño— me miró con un poco de enojo

— Claro que me costaba. Me costaba la entretención de ver tu cara de aturdimiento, pagaría mil quinientos millones de dólares para verla de nuevo— confesé riéndome. — No, la verdad tu rostro en ese minuto cuando lo viste salir no tiene precio— traté de callarme, resultándome del todo imposible

— Es agradable que te rías a mi costa, en serio. Lo amo— ironizó y me transportó a aquellas veces en las que se picaba porque yo tenía la razón sobre un problema o jugaba tanto que su paciencia pasaba del límite

— Te picaste— meneé mis caderas al ritmo de la melodía que puse en esa frase.

— No. — Contestó con voz hosca.

— Claro que sí— le piqué la costilla

— Bella…— advirtió con voz contenida luego de brincar con mi cosquilla

— ¿Qué? ¿El que te busca te encontrará? — Me burlé, provocando una mirada enfadada.

— Pues sí. — Dijo con los brazos cruzados de forma tensa

— Ves que si estás enojado— continué, y volví a poner mis dedos contra sus huesos. Entonces me agarró la mano

— Yo te lo advertí— dijo moviendo sus dedos de forma siniestra. Oh, no.

Me zafé y emprendí la huida, moviéndome mucho más de prisa gracias a mis patines.

Lo hice como si no hubiera mañana porque él venía tras de mí, y era rápido.

Finalmente llegué a Jake

— ¡Jake! ¡Edward nos invitó un helado! ¿No es así? — Le pregunté a un agitado muchacho

— Sí— exhaló dándome una mirada de "más tarde te las vas a ver"

Ignorando eso, nos fuimos por ese helado.

-o-

— Ha sido un gusto patinar contigo— hice una reverencia frente a Jake que se mató de la risa

— Para mí más, y te agradezco mucho el helado. ¡Me lo pasé muy bien! — Nos miró a ambos con una ancha sonrisa— y esperaré a que vengas a enseñarme a saltar— le recordó

— Claro— el aludido le guiñó un ojo

— Cuídate mucho y estudia ¿eh? — Me agaché a su altura y le golpeé ligeramente la nariz— Y por cierto, gracias por el hermoso dibujo y la grandiosa tarde— se lanzó a mi cuello, dejándome un tierno beso en la mejilla

— Que bueno que te haya gustado. — Pareció un poco ruborizado y la puerta de su casa se abrió

— ¿Qué tal Bella? — Me saludó Sam con la pequeña Emily en brazos

— Muy bien. Aquí te dejó al pequeño, gracias por prestármelo— reí suavemente y noté que su mirada reposaba en Ed— Oh, por cierto. Este es Edward un…amigo— determiné por fin, aunque sabía de sobra que los amigos no trataban de violarlos a la primera oportunidad.

— Un gusto. — Habló firmemente

— Sí, lo mismo digo— por el contrario, Sam parecía satisfecho de verme junto a él y sonó muy agradable. — tú, muchachito, ve a bañarte, mañana tienes clases. Anda— alentó a su hijo con voz suave

— Sí, papá. Hasta pronto Bella y Edward— batió la mano y corrió dentro de su casa con el skate a rastras

— ¿Se portó bien? — Emily jugaba con sus cabellos y él simplemente la dejaba. Que paciencia, pensé.

— Sip, como siempre—

— Bueno, ya le toca la leche. — Acomodó a la pequeña entre sus grandes y morenos brazos— Nos vemos. Adiós Edward y Bella— se despidió

— Adiós—

— Hasta pronto— sacudí mi mano y después de sonreír, entró cerrando tras de sí.

Suspiré con un extraño deseo en la boca del estómago.

— ¿Ese es tu otro amigo, no? — Las manos grandes y cálidas de Edward abarcaron con delicadeza mis hombros, haciéndome estremecer

— Sí, es el esposo de Leah. A Emmett ya lo conoces y Jasper es el novio de Alice— le expliqué, volteándome lentamente— Y Emmett sale con Rose, que es mi amiga. — Continué

— ¿Así que los únicos disponibles son Seth y Jake? — Preguntó con humor, tomándome de la cintura

— Hm… solo Jake. Creo que a Seth le resultó con la chica que le gusta— comenté, dejándome llevar por sus brazos más cerca de su cuerpo. — Y creo que mi hombre ideal es Jacob— comenté, poniendo los míos por sobre sus hombros, lo cual no nos dejaba con mucho espacio disponible

— ¿Ah, sí? — Interrogó acariciando su nariz con la mía. Comencé a sentir el conocido calor y el aleteo de mi corazón.

— Sí. Es muy dulce, y me dio un dibujo hermoso— conté

— Yo soy muy dulce también — murmuró y me hizo creer que besaría mis labios, pero los dejó pasar y besó mi mejilla con suavidad. Me gustó, sí. Pero no era lo que quería justo ahora— Y podría tratar de hacerte un dibujo— se encogió de hombros y sonreí. Continuó besando mi nariz y frente, muy suavemente.

— No creo que logres hacer algo como lo que hizo él, lo siento— y como no me daba lo que quería me aparté dejándolo confuso. Lo miré con una expresión arrogante, aunque yo solo deseaba que me besara ¿era mucho pedir? No lo creo.

Pareció captar mi juego y metió sus manos en los bolsillos del jeans que le quedaba pecaminosamente bien

Perfecto, me dije. Así que esto sería una guerra de voluntades y yo si que podía contenerme, claro siempre y cuando me encontrara sobria, de otro modo no respondía de mis actos.

— Ya es hora de irnos— miré hacia atrás donde el mar rugía furioso, estrellándose contra las rocas. El cielo comenzaba a teñirse de colores anaranjados y rosas, pues el sol comenzaba a meterse. Era justo la hora del crepúsculo y el paisaje era simplemente hermoso.

— ¿En serio quieres irte? — Preguntó abrazándome por detrás y poniendo en contacto sus tentadores labios en mi oreja. Me retorcí presa de una ligera cosquilla interna y él rió quedamente

— No es gracioso— reproché, a pesar que mis manos cubrían sus antebrazos que rodeaban mi cintura firmemente sin hacerme daño en lo absoluto

— Claro que lo es— besó suavemente mi lóbulo y supe que me estaba provocando y yo le dejaría hacer hasta que decidiera que era suficiente. Sí, era perfecto.

Nos quedamos ahí, contemplando la puesta de sol, mientras me daba tímidos y fugaces besos en la parte posterior del cuello y cerca del oído, dinamita pura para mí que a penas y fui consciente que ya era de noche y corría un viento frío. No fue necesario que me pusiera la piel de gallina al rozarme, Edward ya había provocado esa reacción en mí, conjunto a un serio problema de calor asfixiantemente adictivo.

Gemí con una voz desconocida cuando sus dientes me mordieron el lóbulo

— Lo siento— se disculpó de inmediato y lo miré sorprendida y… bueno, un poco, nada más tantito deseosa. Hombre, él me había provocado y eso no hace.

Así que sin darle tiempo a que dijera algo más lo empujé hasta que su espalda impactó contra un árbol y me abalancé a sus labios sin darle oportunidad de asimilar lo que sucedía.

Ataqué con todo en mi escaso arsenal, lo tenté con mi aliento y uno que otro susurro algo subido de tono, además de mi lengua que descubrí lo hacía apretarme sin darse cuenta y gemir al dejarlo con las ganas.

Metí mis manos bajo su camiseta, jugando con sus estremecimientos a cada roce que producía o simplemente las dejaba ahí. Y sabía que era terreno peligroso y desconocido, porque yo tampoco me podía controlar demasiado y perdía la noción de espacio y tiempo.

— Bella— gimió, besándome el cuello y tratando de ir más abajo de mi clavícula. Abrí los ojos en medio de mi éxtasis y recordé donde estábamos

— ¡No! — Exclamé y me aparté, lo que produjo un gruñido de mi eco perverso y de Edward. — No podemos hacer esto aquí— miré a los lados, acomodándome la camiseta que él había bajado de un costado.

Él todavía me miraba con deseo y noté su cuerpo sumamente rígido. Y supe el por qué al bajar mi mirada.

Silbé por lo bajo y sentí un potente rubor cubrir mis mejillas

— Eh… yo…tú y…— vi que Edward también se había ruborizado y trataba de ocultar su 'problema' con la camiseta, lo cual solo desviaba más mi atención. — No hagas eso— pedí con vergüenza pero sin poderlo dejar de contemplar

— Entonces tú no me veas de ese modo— replicó— me siento como una rata de laboratorio— comentó con las mejillas enrojecidas

— Uhm… creo que lo mejor es irnos, ya es tarde— traté de cambiar el tema y decidí que las hojitas en el piso eran sumamente interesantes.

— De acuerdo. — Oí que abrió la puerta del coche y alcé la mirada. — Anda, sube— sonrió y me sentí sumamente importante al darme cuenta que sostenía la puerta para mí.

Así que como si estuviera flotando, caminé y subí

— ¿Podrías darme unos minutos? Enseguida subiré— asentí mirándolo confusa. Cerró mi puerta y se sentó en el capó.

Contemplé su espalda, y el cómo parecía estar respirando profundamente.

Decidí no comprometer más mi escaso juicio sobre lo que era correcto o no, así que busqué entre sus Cd's algo para escuchar.

Sabía de sobra lo que tenía y me contenté al saber que nada había cambiado en ese aspecto por lo menos.

Opté por uno de varios temas mezclados.

Así que por esa razón me sorprendió cantando una canción de oasis al ingresar al coche

— Amo su voz— comenté encogiéndome de hombros y sonrió, junto a él se metió una brisa fresca que me hizo sentir de pronto muy animada

— ¿Y la mía? — Preguntó juguetón

— No, la tuya la detesto— bromeé y noté que me dirigía una mirada cargada de arrogancia

— Sí, seguro— casi me reí… si no hubiera sido porque reconocí la canción que inundaba ahora la cabina del coche. — Es…—

— Stuck on you— terminé por él e inconscientemente cerré los ojos — hace tiempo no la escucho— comenté con una sonrisa un tanto triste— me hacía pensar demasiado y ponerme nostálgica— me encogí de hombros

— Lo lamento. — Dijo y alargó la mano para cambiarla, pero se la atajé

— No, déjala. Después de todo me encanta— le sonreí y solté.

— Uhm, de acuerdo— se limitó a guardar silencio, bastante tenso.

— Lo que contó Leah acerca de Seth fue obra mía, así que date por vengado, ya sabes… lo del secuestro— comenté tratando de evadir esa grieta de la cual hablaba.

— ¿De verdad fuiste tú? — Asentí

— Alice me ayudó— reí al recordarlo.

— Fue muy astuto— sonrió con los ojos

— La verdad yo trepé el árbol, también aprendí a hacer eso— le conté y alzó las cejas

— Wow, vaya de cosas que has aprendido en este tiempo— sacudí la cabeza riendo.

— Algunas y mayoritariamente se las debo a Alice y Rose, son muy perseverantes—

— De Alice si que puedo esperarlo— confesó meditabundo— Pero a Rose no la conozco— frunció el ceño

— Y mejor, ella es muy guapa y no quiero que la andes mirando como un estúpido— bromeé

— ¿Muy guapa? — Me miró detenidamente, inspeccionando mi cuerpo. Me estremecí— No creo que pueda serlo más que tú— dijo al fin y tuve que controlarme de no hiperventilar. ¿Cómo es que él conseguía hacerme estas cosas? Debería ser ilegal.

— Oh, seguro que sí. Ella es rubia, alta, escultural, con ojos de color y piel perfecta, además de ser una excelente persona—

— Creo que la conozco, sí— asintió para sí mismo— la vi en esa fiesta en donde…— apretó el volante de pronto

— ¿Qué te pasa? —

— Nada— respondió, soltando el aire lentamente— es solo que recordé cuando te vi besándote con ese chico— confesó

— Ah— ni recordaba eso, vean que importante es para mí— fue una estupidez— le resté importancia

Se quedó en silencio.

— ¿Irás a echarle un vistazo a la gatita? — Preguntó

— Sí, me encantaría— sonreí

— Perfecto. — Aceleró, tomando la ruta hacia su casa. ¿Hacía cuanto que no llegaba allí con él a mi lado?

Al bajarme, como que me sentí un poco extraña y él pareció notarlo, así que enganchó su mano en la mía, confortándome. No hicieron falta palabras, solo me apoyé en Edward y caminamos hacia dentro.

La casa era la misma a la que tantas otras veces entré, sin embargo, ahora él no era lo que diría amigo, era algo más y la sensación era nueva.

Por ello en cuanto Esme apareció, solté su mano como si estuviera haciendo algo malo

— ¡Bella! Que gusto el verte— me abrazó con energía y le correspondí de igual modo

— Para mí también, créame— sostuvo mis manos y luego besó en la mejilla a su hijo

— Hola mami— noté el júbilo en la mirada de Esme al oírlo llamarla de ese modo, y más todavía al vernos juntos. Sus ojos de pronto se empañaron

— Voy a…— pestañeó varias veces antes de continuar sonriendo. La entiendo, quise decirle. — Prepararles algo— nos dio una última ojeada antes de dar media vuelta y desaparecer en la cocina.

— Creo que ella siente exactamente lo mismo que yo— comenté con la mirada perdida y él volvió a tomar mi mano para depositarle un tierno beso que me hizo espabilar

— Yo no era el único que te echaba de menos, Bella— fue lo que respondió antes de jalarme suavemente como en los viejos tiempos hacia su cuarto. Era como retomar ese episodio olvidado y había cierto dolor en ello, claro que no se comparaba al saber que todo podría volver a ser bueno y mejor.

Abrió la puerta y me dejó pasar primero. El orden volvía a estar presente, su música se encontraba organizada y la gatita maullaba desde la cama.

Sonreí, caminando hacia ella y tomándola entre mis manos. Ronroneó junto a mi rostro

— ¿Cómo estás bonita? — Como respuesta ronroneó más fuerte.

— Decidió quedarse aquí— susurró Edward a mis espaldas y me volteé acariciando la cabecita de Chii

— Es el mejor lugar de la casa ¿no? — Me mordí el labio inferior al recordar esas veces que lo decía

— Ahora lo es— afirmó y la gatita quiso bajarse, así que la dejé. — ¿Has revisado tu bolso? — Interrogó

— Es la segunda vez que me lo preguntas ¿Qué sabes que yo no? — Lo miré con sospecha

— Nada— mintió. — Pero ¿lo has hecho? — Lo tomé con curiosidad y me senté en su cama.

— No— lo vacié y comencé a meter las cosas una por una— aquí no hay nada fuera de lo común— observé su rostro con el ceño fruncido— me tomaste el pelo ¿verdad? No lo puedo creer, no tienes vergüenza y además tienes la desfachatez de sonreír… en cuanto termine con esto vas a…— me callé al tomar algo delgado, muy delgado. Le pregunté con la mirada y solo se limitó a encoger los hombros. Miré el objeto con detenimiento hasta que comprendí. — ¡No puedo creerlo! — Era un Cd con tres películas que amaba de Bill Murray— "Los cazafantasmas", "Lost in Traslation" y "Groundhog Day" — a medida que iba leyendo le pronunciaba los nombres — ¡Es perfecto! ¡Gracias! — Ni siquiera podría explicar cómo fue que terminé colgada de su cuello.

— Que bueno que te haya gustado — le besé sonoramente la mejilla y me alejé, notándolo tenso y algo ruborizado

— ¿Qué te pasó? — Interrogué bajándole un poco a mi entusiasmo, aunque era bien difícil porque me había encantado su regalo de cumpleaños.

— Oh, nada — respondió y vi que su mirada se detenía en la parte delantera de mi cuerpo. Y comprendí

— Lo siento — me mordí el labio inferior al darme cuenta que probablemente lo había chocado con ellas.

— No te disculpes — sonrió, dejando de lado su perturbación. Entonces respiré aliviada

— ¿Podemos ver una por lo menos? ¿Por favor? ¿Sí? — Alargué el "sí" provocándole una sonrisa

— Sí, si podemos. Aún es temprano — me guiñó un ojo y exclamé un wo ho antes de correr al DVD. Seleccioné la que más me gustaba— Bella… esa ya le hemos visto muchas veces— se sentó en el sofá frente a su televisor, a mi lado.

— Calla, tú me dejaste escoger— pulse play

— Debí haberlo imaginado— susurró acomodándose, poniendo su codo en el brazo del sillón y sosteniendo su cabeza.

Comenzó como siempre, ya me la sabía de memoria pero simplemente no dejaba de gustarme y tener esas ganas locas de quererla ver cada vez que se pudiera.

No sé cuanto rato habremos llevado, pero de a poco me fui dejando caer por el sofá hasta que terminé con la cabeza apoyada en las piernas de Edward. No debió parecerle raro ni alterarlo de ningún modo, puesto que solía mirar de este modo las películas. Era como la guinda del pastel, era necesario para un disfrute completo. Además, era bastante inocente ¿no?

Así que ahí me quedé por largo tiempo, y solo me levanté cuando Esme apareció para dejarnos algo de comer, como solía hacer. Luego volví a mi posición, sin embargo, al cabo de unos veinte minutos, fui consciente de la tensión de Edward y de un respiro ahogado.

Pensando que le había causado algún daño, me volteé y pasé a tocar con mi mano algo que parecía muy, muy despierto. Él gimió bajito y sentí una descarga eléctrica bajar por mi columna y perderse en lo profundo de mi vientre, casi como una cosquilla de tipo más bien… ejem, erótica. Y sí, lo he dicho, vete a la mierda vergüenza.

— Lo siento Bella… te juro que traté de…— no podía dejar de mirar esa parte en concreto y sabía que no era correcto, que era perverso, que no debía hacerlo porque hacía apenas un día que le había dicho que lo perdonaba y todo… pero joder, era más fácil decirlo que hacerlo. Así que no lo dejé continuar y me levanté para plantarle un beso que jamás pensé que sería capaz de dar.

No era yo la que lo incitaba de esa forma, no era yo la que se sentó a horcajadas sobre él y lo besaba como desesperada, moviéndose de forma pecaminosa. No era yo, lo juro.

O bueno, no era mi yo normal y tímida. Era mi lord Voldemort, aquel perverso mago. ¡Sabía que no debía escucharlo! Sin embargo, aunque lo sabía, no dejaba de gemir ante los roces fortuitos entre su cuerpo y el mío. Es que hombre, cuando te toca así es imposible pensar.

Le urgí a quitarse la camiseta y me obedeció a los segundos, lanzándola lejos y permitiéndome deleitarme con mi pecado favorito. Amaba hacerlo, amaba perderme en sus caricias y amaba por sobre todas las cosas, que fuera Edward quien me hiciera experimentarlas.

— Bella… no te muevas…así— jadeó entrecortadamente cuando dejamos de enfrentarnos en una lucha por el dominio de la boca del otro. Claro que nadie ganó, pero los dos gozamos de probar nuestro sabor. Yo apenas podía pensar y ¿él me pide que no me mueva?

— Jódete Edward— susurré con el aliento agitado, y los ojos cerrados ya que mis caderas buscaban por si solas el movimiento, la fricción. Y era increíble la manera en la que uno se podía humedecer, muy curioso de verdad. Además, me gustaba, adoraba la forma en que él se arqueaba a cada roce. Pero me detuvo, poniendo firme sus manos en mi cintura impidiéndome mover.

— Si sigues así no podré parar— advirtió con las labios rojos y los ojos negros

— ¿Y quién habló de parar? — Gruñó ante mi respuesta y buscó mi boca con desesperación. Nos besamos de manera brutal y sé que juré que jamás iba a dejar que alguien me besara de este modo, pero Dios sabe que a veces uno debe romper sus juramentos por fuerza. Porque no podía controlarme ni pensar racionalmente.

Continuó haciendo un camino de fuego por mi mandíbula y cuello, mientras sentía sus dedos soltar los botones de mi blusa. Estaba segura que él podía percibir mi corazón así como yo era consciente del suyo bajo mis manos que lo recorrían sin descanso. Nunca había experimentado esta sensación de calor tan intensa, ni siquiera cuando tenía fiebre. Esto era diferente, sublime, increíble y desesperante. No podía dejar de besarlo, de acariciarlo y exigirle más, yo no tenía hambre, mi cuerpo sí.

Nos separó, haciéndome gemir de protesta y me abrió la blusa, dejando que los botones salieran de sus costuras

— No colaboraban— se encogió de hombros y jadeé, cuando él embistió con fuerza contra mi intimidad. Fue como un estallido, una sensación indescriptible, era algo como doloroso y delicioso… era placer. — Joder es que nunca me voy a acostumbrar a verte así— ahí me aclaró el por qué de su repentino movimiento. Me había roto la blusa y ahora mi estómago y sujetador de color negro quedaban a su total inspección y volvía a sentir aquellos aguijonazos en mis senos y supe que era una reacción involuntaria de una chica al deseo. Así que en serio crean cuando les dicen que todos los días se aprende algo nuevo, es jodidamente cierto. — Me gustas tanto Bella, me descontrolas por completo— susurró poniendo sus manos calientes en mi piel.

Me estremecí.

Aprovechó que me sostenía firmemente de la cintura para acercarme a sus labios y encontrarnos en un beso apasionado, un combate, una lucha maravillosamente salvaje. Sentí sus manos escurridizas acariciar mi estómago y hacia arriba. Me agité contra su boca cuando por fin sus dedos alcanzaron esa zona que se comenzaba a erguir por su calor. Gemí entrecortadamente, incapaz de seguirlo besando en el momento en que bajó las copas del brasier y acomodó mis pechos en sus palmas.

— O-ovejas… santas— sentí una descarga eléctrica tan poderosa que mis labios se entreabrieron y mis caderas se movieron por si solas, buscando algo que desconocía.

— Cristo…— gimió ante mi movimiento. Sus dedos buscaron aquellas crestas erguidas, para tocarlas con sumo cuidado; muy suavemente despertando un torbellino en mi interior. Podía sentirlo, podía y quería sentirlo. Apreté mis ojos al ser mucho más consciente de lo que me estaba haciendo. Él se encontraba tocándome de un modo que debería ser ilegal y mi cuerpo le correspondía.

Podía sentir en la parte de mi anatomía que se encontraba en relativo contacto con la suya un calor abrasador que partía desde lo profundo. Nunca había sentido esta clase de fiebre y menos ahí ¡Por Dios! ¿Acaso me estaba enfermando? Pues si era así, debía ser una enfermedad realmente placentera.

Retomé mis besos y caricias por su espalda porque había olvidado el placer que me otorgaba tocarlo. Mis yemas se deleitaban con la suavidad de su piel y los espasmos que mis besos en la oreja le provocaban, aunque tal vez él no estaba en las nubes como yo. Sus masajes delicados me tenían justamente ahí, alucinando, agitándome y gimiendo cada vez que hacía algo nuevo… pero no pude evitar el gritito que se me escapó al recibir una caricia mucho más húmeda y placentera, definitivamente no me hallaba preparada para eso.

Pegué la frente a la suya y traté de no moverme tanto sobre él, porque parecía dolerle. Yo no tenía ni idea de si eso era lo que le sucedía, pero no quería lastimarlo, menos cuando era tan atento conmigo.

Además, aunque me quisiera mover, no podía. Sus besos húmedos en esa zona tan sensible no me dejaban razonar y mientras me torturaba de esa forma con su boca, con su mano continuaba dándome masajes gentiles.

— Edward yo…— gemí sin coherencia, besando su frente y agarrando sus cabellos, rogándole silenciosamente que no parara

— ¿Te duele? — Me apresuré en negar y me estremecí completa cuando apretó suavemente entre sus dientes mi pezón rígido. Me provocó cierto dolor, pero uno que mi cuerpo clamaba. Jadeé y pronto comenzó una lenta succión que me hizo apretar los ojos y lanzar un juramento.

Era tan delicioso y más de lo que mi cuerpo inexperto podía soportar, fue por esto que comencé a moverme nuevamente y soltó mi pecho para gemir roncamente. No es que así no se puede, si él gime así no me pidan control.

Lo aferré por la cabeza, pegando mi cuerpo al suyo mientras mis caderas se movían a un ritmo constante y él me apretaba los muslos.

Y de repente me hizo parar y como si fuera una muñeca de trapo me alzó sin dificultadas y me dejó en la cama. Todo esto en un fluido movimiento que apenas y me dejó procesar el por qué, ya que de inmediato exigió mi boca y a mí no había que rogarme.

— Me vuelves totalmente loco… no sé qué haces… no sé— susurró dejando que sus manos vagaran por mi cuerpo. Acarició mi vientre y sentí sus dedos filtrarse debajo de mi pantalón.

El corazón latía en las orejas de forma ensordecedora acallando mis pensamientos y solo dejando que mis más primitivos instintos comandaran mi cuerpo que se alzó ante su osado toque.

— Eres tan condenadamente suave— fue lo que dijo antes que su boca volviera a mi pecho, haciéndome enterrar la cabeza en las almohadas, arqueándome con los labios entreabiertos.

Cuando sentí sus dedos avanzar más, junté de forma inconsciente mis muslos y él lo notó, así que sacó su mano y se contentó con acariciarme el estómago. Yo continué agitándome en contra suya y recorriendo su espalda y pecho con avaricia.

Y en esas estábamos cuando mi celular comenzó a sonar. Primero tratamos de ignorarlo y cada vez se fue poniendo más sobre mí, alternando mis senos para recibir sus besos húmedos y las ligeras mordidas. En serio jamás, nunca imaginé que el placer pudiera ser tan… delicioso y que en el momento dado no sentiría vergüenza de dejar que me viera así. Y menos que lo iba a disfrutar tanto.

Ascendió hacia mi boca otra vez luego de una larga ronda de gemidos y jadeos, aunque el hecho de moverme en la cama no cesaba.

Y fue ahí que el celular volvió a sonar y mi mente despertó, ¿qué tal si era algo importante?

Suspiró, dejando sus labios en mi cabeza al captar el cambio.

— Lo siento— me disculpé

— Yo lo traigo— se levantó de mala gana y lo buscó en mi bolso. Mientras él estaba ahí, me puse el sujetador de forma correcta y evité ruborizarme.

Se acomodó a mi lado tendiéndome el móvil.

— ¿Hola? — Sentí sus dedos juguetear en mi ombligo y me estremecí ligeramente.

— Bella, ¿dónde estás? — Preguntó Alice y traté de ignorar que Edward ahora me besaba el cuello de forma perezosa

— Uhm…— intenté volver— Con Edward— se me quebró la voz y lo miré mal porque soltó una risita suave

— Ah. Necesito que te vengas pronto, tengo que contarte algo y es respecto a él— le presté entera atención

— ¿A qué te refieres? — Me senté, ignorando la mirada lujuriosa de Edward

— No es malo, creo. Pero apresúrate no te voy a decir por teléfono. Nos vemos— y la grandísima hija de su mami me colgó. Traté de mantenerme impasible y le sonreí apenada intentando disimular la llama de incertidumbre que Alice había encendido en mi interior. ¿Qué sabía? ¿Era algo malo o bueno? No podía esperar más para saberlo, así que me levanté.

— ¿Qué sucede? — Me preguntó con la mirada preocupada

— Es que me tengo que ir— me encogí de hombros— es una emergencia— le di la espalda, metiéndome de lleno en su armario hurtando una camiseta. Saqué mi cabello atrapado y recogí mi bolso, sacando la película del DVD

— ¿Qué ha pasado? — Interrogó llegando a mi lado, poniéndome más difícil la tarea de mentir.

— Es… Alice no me lo quiso decir por teléfono— no era del todo una mentira. Entonces miré sus rasgos confusos y un poco tristes— prometo llamarte para decir qué ha pasado— ¿Qué tal si todo era una mentira? ¿Y si yo misma decidía no volverlo a ver? Fue por esto que lo tomé con delicadeza de la nuca y le di un tierno y suave beso, solo por si acaso. — Adiós, Edward. — Esperaba que no fuera algo definitivo. Dejándolo por completo aturdido, me escabullí silenciosamente a la salida, agarrando mis llaves de la camioneta en el proceso.

-o-

Él es sincero, me aferré a ese pensamiento durante todo el trayecto a la casa Masen y prácticamente corrí al interior.

— ¿Dónde está Alice? — Pregunté a una mujer que limpiaba cuidadosamente un florero

— Está en su habitación— le sonreí

— Gracias— subí de dos en dos y llegué con el aliento atorado.

— No esperaba verte tan pronto— me miró sorprendida

— Dime que es lo que sabes— mi corazón palpitaba fuertemente, y sabía que si todo era una treta no lo soportaría. No, no podía ser.

— Primero respira y pasa— se hizo a un lado y cerró la puerta. Le hice caso y tomé un profundo respiro.

— Por favor, ya dime— prácticamente supliqué

— Ya sé por qué la escuadra se fue y también sé por qué le dieron esa paliza— se sentó junto a mí y fruncí el ceño

— ¿De qué hablas? —

— A Edward lo golpearon los animadores porque él los iba a delatar— cada vez comprendía menos

— No entiendo— exhalé frustrada

— Ya, espera, calma— la miré mal— igual lo hizo y por eso los otros se largaron con Tanya incluida—

— ¿Pero por qué? — Ella me tenía enferma de los nervios

— Es que es muy fuerte Bella— respondió y primera vez que la veo vacilar entre ser franca o no

— Creo que seré capaz de soportarlo. Anda, dime— suspiró largamente

— Ellos querían hacerte daño. Tanya quería que los hombres de la escuadra te…— se mordió el labio inferior— te violaran— contuve el aliento— fue porque le pegaste, quedó enojada y como es tan coscolina ni se lo pensaron— miró al frente con severidad y coraje— Edward los escuchó y dijo que se lo iba a decir todo a tu padre— continuó y mi mente parecía no querer afrontar nada más aparte del shock inicial… o eso era hasta que comencé a captar para donde iba el asunto— y fue a la estación, pero él no estaba. Entonces decidió ir al concurso de talentos solo para protegerte… no hizo falta, porque ya se encontraban tramando un nuevo plan para él— me llevé las manos a la boca— le hicieron creer que en la fiesta de Karen iban a cumplir el asunto… y cayó en la trampa. — Me observó brevemente y juro que solo podía sentir un intenso sentimiento de culpa y tristeza. Un nudo se formó en mi garganta impidiéndome hablar— casi lo mataron a golpes… bueno tú ya sabes eso— se encogió de hombros y guardó silencio por unos segundos. — Al final fue con Charlie y él se encargó de decirles a los padres de los animadores que si ellos no se alejaban, él personalmente se iba a preocupar de pudrirlos en la cárcel por intento de violación y por la golpiza de Edward— no sabía que decir. Solo entendía por fin el motivo de que Ed no me lo dijera, y es que ¡era terrible! ¡Me sentía fatal por haber sido la culpable de todos esos golpes que recibió!

— Yo…— lo primero que pude pensar, aparte de lo del cobrizo, era en Charlie. Ahora comprendía el comentario que Edward me hizo el otro día. Pero yo necesitaba saber el por qué. En modo automático me levanté con el bolso a cuestas

— ¿Para dónde vas? — Interrogó Alice agarrándome del brazo

— A… hablar con Charlie— asentí

— No. Tú te vas directo a tu cama. Estás pálida y fría— comentó preocupada— No fue buena idea decírtelo… pero no te lo podía ocultar así sin más— explicó

— ¿Cómo lo supiste? —

— Lo oí de un policía. No preguntes por qué terminé en la estación— sus mejillas se sonrojaron aunque mi cerebro parecía no volver y no le prestó mucha atención

— Vale— respondí

— Anda, vamos a tu cama. — Me jaló y me dejé guiar.

— Gracias— dije atropelladamente y asintió.

Se quedó hasta que salí del baño con pijama y lista para dormir.

— Trata de descansar, mañana nos veremos ¿de acuerdo? — Sonrió y simplemente sacudí la cabeza de forma afirmativa. Entonces se fue y dejé que mi máscara se desbaratara… no podía con tal muestra de amor de Edward porque eso era y mierda, no tenía que ser tan extremista ¿o si? Como que me comencé a sentir un poco confusa. Entre enfadada y muerta de cariño por él.

Me volteé en la cama y suspiré, cerrando los ojos. Sé que mis últimas cavilaciones fueron sobre Charlie, aunque me hallaba segura que al día siguiente no conseguiría recordarlo.

-o-

— Así que… ¿por qué estuviste en la estación de policía? — Le pregunté de camino al instituto y ella se tensó

— Ah…pues…— se rascó la nuca y sonreí. Ya había logrado guardarme todo respecto a lo de los animadores y pronto hablaría con mi padre; con Edward… aún no sabía que haría.

— Anda, dime— apremié y me echó una mirada breve

— Ash, igual tengo que sacarlo— suspiró largamente— nos encontraron a Jasper y a mí en una situación poco decorosa a un costado de la carretera. Ya, te lo he dicho— volvió a ruborizarse y yo estallé en carcajadas

— Por Dios… que tremenda eres— no podía parar mis risotadas, a pesar que notaba cómo la pelinegra comenzaba a cabrearse.

— No fue gracioso, me dio verguenza— explicó— y para que lo sepas cuando a ti te enseñen lo lindo que te la puedes pasar, vas a ser peor que yo porque eres mucho más hormonal, se refleja en que siempre quieres llorar— me sequé los ojos con cuidado de no arruinar mi maquillaje

— Tuché— asentí derrotada— pero soy menos osada que tú, así que no me hables de hormonas, mira que las tuyas funcionan de puta madre. — Moleste y torció la boca, quedándose en silencio

— Isabella Swan, conmigo no te hagas la santa, eres callada y todo lo que quieras, pero de que piensas y quieres cosas perversas, las quieres y a mí no me engañas con tu apariencia de no mato ni una mosca ni quiero sexo— me reí a pierna suelta

— No quiero sexo, quiero hacer el amor. Y joder, sé que soy una romántica empedernida pero tú también, así que no me critiques— le lancé un beso que fingió tomar y lanzar por la ventana. De verdad ella a veces se comportaba como una niña. Así que nos quedamos en silencio los cinco minutos restantes para llegar a nuestro destino

— De acuerdo, tenemos cosas en común— concedió Alice, cerrando con fuerza su puerta.

— Claro que sí, después de todo por algo teníamos que ser amigas— y entonces recordé un asunto— en una de mis conversaciones con Edward… me dijo que tú fuiste mucho más inteligente que él, y algo de apestar y que se alegraba que fueras mi amiga porque eras valiosa— ella se interrumpió y me miró realmente confusa

— ¿Te dijo eso? —

— Sí, pero se supone que no debes saberlo— me apresuré en agregar y contrariada retomó la marcha

— También debo confesarte esto— me tomó por los hombros una vez que nos encontramos en los casilleros— y si te pones en plan de "soy mala" te cachetearé hasta que me salgan varices bajo la lengua— amenazó confundiéndome— Tanya me corrió porque yo decidí hablar contigo antes que seguir con ellos— me miró directo a los ojos y mi boca se abrió sin permiso por segunda vez en un lapso de doce horas. No podía concebir semejante cosa, ¿por qué? ¿Acaso toda la gente que estuviera alrededor de mí tendría que renunciar a lo que le gustaba hacer? No lo consideraba justo— Hey, vuelve aquí. ¿Tendré que hacer uso de la violencia? — Me sonrió y sacudí la cabeza

— Es que no es justo…— susurré

— No, pero así es la vida y yo elegí lo que quería hacer, así que no te sientas culpable ni responsable— aclaró

— Pero…—

— Voy a cachetearte, lo juro— alzó la mano a modo de amenaza aunque su voz era risueña.

— Okey, okey— alcé las mías para calmarla y finalmente me soltó— solo diré una cosa, gracias— ella asintió, ensanchando más su sonrisa… y logré comprender que había tocado el lado sensible de Alice, y eso era difícil.

Luego de meter las cosas en los bolsos nos encaminamos a la sala de clases. Y miré alrededor para ver si lo encontraba por ahí… aunque no sucedió.

Acababa de salir del baño cuando me agarró de la cintura por detrás, dejándome un beso en el cuello que me hizo suspirar y a mi corazón brincar.

— Hola— sonreía deslumbrantemente y una imagen intermitente de su rostro enrojecido y magullado nubló mi visión.

— Hola— respondí con un hilo de voz

— ¿Qué te pasa? — Me sostuvo con delicadeza del hombro

— Nada— mentí

— ¿Estás segura? — Él solo fingió creerme. Y la verdad, no estaba lista para preguntarle el por qué y decirle que lo sentía con el alma.

— ¿Qué tienes? — Pregunté

— Lengua, ¿vamos? — Asentí, poniendo de forma automática una sonrisa en mi rostro en el momento en que me tocó, enredando sus dedos largos y cálidos entre los míos. Él seguía conmigo, él me había defendido. Él me quería.

Así que con eso me contenté el resto del día. Edward se sentó con Alice y conmigo, aunque las cosas no estaban del todo relajadas entre estos dos… había menos tensión que en sus otros encuentros, y sabía que mucho tenía que ver con lo que la pelinegra sabía sobre el cobrizo. Además, ella solía respetarme y apoyarme en mis decisiones; era una gran amiga y jamás me cansaría de agradecerle al cielo por habérmela enviado en el peor momento de mi vida, en realidad… no me importaba las formas por las cuales llegó, solo lo agradecía infinitamente.

— Te cuidas eh— Alice me abrazó al despedirse en el aparcamiento. Como había viajado con ella, no traía mi camioneta y Edward se ofreció a llevarme e ir a buscar a lo que mi turno terminara… lo cual era a las once.

Le dije que sí, y finalmente me encontré en el coche de Edward, impregnándome de su aroma que no hacía más que incitar ciertas hormonas a trabajar con increíble afán. Si mis neuronas fueran tan aplicadas en sus labores como ellas, sería un jodido genio.

— Estás rara, Bella— comentó al cabo de unos veinte minutos en completo silencio, por lo menos en la cabina, ya que mi cuerpo y mente eran cosa aparte. Por un lado solo quería besarlo y por el otro, eran preguntas a viva voz que resonaban en mis oídos repetitivamente

— ¿Yo? No— me apresuré en negar y sostuvo mi mentón con delicadeza. De inmediato sentí un agradable cosquilleo en el vientre.

— Puedes confiar en mí— aseguró con una sonrisa un poco torcida.

— Lo sé— suspiré, deshaciéndome de su agarre. — Ya lo sé todo— confesé por fin, cerrando los ojos. — Sé porque te golpearon y porque la escuadra se fue— volví la mirada a sus tensas manos en el volante. Sus nudillos estaban blancos por la presión. — Y lo siento, actué como una tonta irracional y no pensé en las consecuencias… aunque no debiste entrometerte. ¡Diablos no! ¿Qué tal si te hubieran matado? ¿Es que no entiendes lo angustioso que fue verte así? Y es mucho más duro ahora que sé que es mi culpa— finalicé con las rodillas en el pecho y las manos en mi cabello enmarañado

— No Bella, no lo es. — Dijo con voz suave— yo tomé mis decisiones— afirmó— y jamás me arrepentiré de ellas, así que por favor respétalas y no te sientas culpable de algo que realmente no lo es. Es de esos cabrones, a ellos si puedes culparlos— arguyó luego con rabia apenas contenida.

Puse mi mano en su espalda esperando que la rigidez en ella se borrara y surtió efecto, ya que se relajó un poco.

— Está bien. — Dije al fin, dejándole un beso ligero en el hombro.

Mantuvimos el silencio porque ambos lo necesitábamos.

Así que no albergué esperanzas de un beso al bajarme del coche

— Bella— me llamó suavemente y alcé la mirada

— ¿Qué? — Mi humor no era muy bueno.

— Ven— pidió

— Ven tú. — Repliqué poniendo mis manos en las caderas. Y soltó una risita antes de hacerme caso y ponerse frente a mí. Contemplé sus ojos recorrer mi rostro y detenerse en mis labios que mordí con un poco de ganas de tentarlo. A quién quiero engañar, solo deseo su boca sobre la mía.

Lentamente despejó mi cara del cabello, y metió sus manos en mi cuello, provocándome un placentero escalofrío.

— En serio eres muy suave— susurró con voz ligeramente ronca

— En serio eres muy hablador. Solo ve al punto— pedí con impaciencia y rió antes de obedecerme y darme eso que anhelaba. Como siempre, no pude hacer menos que cerrar los ojos y apresar su nuca entre mis dedos para poderme perder en el fuego que su boca emanaba. Entreabrí más mis labios, pudiendo captar parte de su esencia que encendió mi interior como un árbol de navidad.

— Bella— murmuró entre un jadeo y gemido cuando mis manos con vida propia se metieron dentro de su camiseta acariciando su pecho en lentos círculos. Sentí unas puntitas rígidas contra mis palmas y me despegué de sus labios para mirarlo confusa, mientras mis dedos las acariciaban con delicadeza y curiosidad. Él se estremeció y su agarre en mi cintura se endureció hasta hacerme perder el aire— no hagas… eso— gimió con voz quebrada lo último y sonreí, dejándolo para después. Seguro que algo divertido podría hacer.

Me levantó casi con brusquedad la cara a la suya atrapando con rudeza mis labios, impidiéndome pensar o hacer algo coherente. Así que solo traté de seguirle… aunque no pude evitar gemir en parte dolor y en parte placer cuando me mordió con fuerza el labio inferior.

— Será mejor que te vayas— dijo con el aire atorado y yo solo pude relamerme la marca que sus dientes me habían dejado— lo lamento… perdí el control, de verdad lo siento mucho— se apresuró en disculpar una vez que nuestras respiraciones se calmaron un poco

— No me has hecho daño… me ha gustado— confesé con las mejillas encendidas. Eso si era masoquismo, pero no por eso dejaba de sentirme ligeramente húmeda en lugares que bueno… solo lo dejaré ahí.

— Eso no me evita sentirme mal— susurró acariciándome tiernamente la mejilla— ve a trabajar, vendré por ti a las once— aseguró dándome un fugaz beso que me dejó con ganas de más.

Sabía que me veía mientras ingresaba a la cafetería y por eso procuré no tambalearme como una borracha. Estúpidos sean sus poderes místicos contra mi cuerpo.

Dentro la cosa ya estaba animada y correspondí varios saludos con alegría. El haber venido a la Push fue sin duda otra de las mejores cosas que pude haber hecho.

— Hola Bella— saludó una voz muy familiar. Me volteé congelada— me divirtió mucho pasearme por todas las calles en paños menores buscando mi ropa— comentó sonriendo ampliamente y simplemente tragué. — Y lo mejor creo que fue chocar a Claire. Sí, seguro que mi cara de querer llorar fue lo que la terminó por ablandar y que ofreciera su ayuda— no pude evitar una risa que controlé nada más salió. La mirada de Seth ahora era severa— ¡Pero gracias! — Y entonces me abrazó desconcertándome.

— ¿Eh? — Mi cara era el perfecto reflejo de esa pregunta

— Gracias a ti ella tuvo oportunidad de declararme su amor ¿te lo puedes creer? Que bruto soy, yo debía habérselo dicho primero— sonrió animado y pronto le seguí— Y por tu venganza terminé ganando novia… ¡y ella es tan linda! Tenías razón, iba a aparecer "la chica" y es genial— me volvió a dar un abrazo y esta vez le correspondí

— Me hace tan feliz oír eso. Te merecías encontrar el amor— le palmeé la mejilla y Sue informó de una orden nueva así que tuve que caminar hacia ella excusándome con Seth y se repitió de ese modo por el resto del tiempo.

Había mucha gente y todos adoraban tanto la comida que ingerían más de un solo plato. Al final ni cuenta me di que ya era hora de irme, si no es porque Edward me llamó recordándomelo. A la rápida fui por mis cosas y corrí fuera donde Seth me tomó de la muñeca

— Lo siento, me tengo que ir— lo miré apenada

— No te preocupes. Solo quería decirte que tienes estilo para vengarte. Estuvo buena— asintió de forma despreocupada y solté una carcajada.

— Oh, eso lo sabía. Hablamos mañana, adiós y salúdame a Claire ¡ya quiero conocerla! — Exclamé emocionada antes de darle un beso en la mejilla y saltar hacia el Volvo.

Abrí y me dejé caer en el asiento y ni siquiera recuperé el aire cuando tuve unos labios moviéndose insistentes contra los míos. Pero había algo distinto, no eran tiernos ni dulces… parecían más bien rudos y como tratando de demostrar una cosa.

Me sostuvo con fuerza de la mandíbula y me intenté alejar porque no era agradable.

— Edward, para— pedí poniendo mi mano en su pecho donde su corazón daba violentos tumbos. Le costó alejarse y al hacerlo no me miró— ¿Qué pasa? — Le pregunté

— Nada. — Respondió de forma dura.

— ¿Cómo que nada? — Exigí con un poco de enojo.

— ¿Quién es? — Me preguntó mirándome por primera vez con fastidio. Y al entender su motivo me dio entre risa y rabia. Aunque solté una carcajada breve

— Es Seth, Edward— respondí— y es mi amigo, solo mi amigo. Además él tiene novia— le conté y pareció relajarse un poco, hasta que su mirada cayó y lució arrepentido.

— Lo lamento… es solo que no sé cómo controlar esta sensación… es tan fuerte y no sé cómo…— puse mi dedo sobre sus labios

— Ssh, ya no importa. Solo ten más confianza en mí, si yo no te engañé cuando fuiste un cabrón conmigo y no éramos nada, menos lo haré ahora. Deberías saberlo— sentencié con humor— y esta vez será así, pero no voy a permitirte que te pongas como salvaje de nuevo ¿eh? — Asintió.

Nos puso en marcha en silencio

— De verdad estoy arrepentido. Me he comportado muy mal contigo el día de hoy— me dio una breve mirada

— Déjalo, Edward. Además, debemos explorar todos los lados ¿no? — Sonrió

— Eres increíble—

— Me lo han dicho un par de veces— me sentí complacida al oírlo soltar una risita. Y al acercarnos a la casa de Charlie las palabras brotaron antes que pudiera procesarlas— desvíate aquí— me miró con el ceño fruncido

— ¿Qué? —

— Sí, llévame a casa de mi padre por favor— me observó confuso— por favor— pedí mirándolo con intensidad. Debía ponerle un fin a esto, ya fuera para bien o para mal, no podía vivir con las cosas sin resolverlas.

— Está bien— se rindió. Ojalá todo saliera lo mejor posible.

-o-

— Espérame aquí ¿puedes? — Interrogué acomodando de forma despreocupada mi cabello tras las orejas

— Bella…—

— Por favor— volví a decirle y apretó los labios, asintiendo.

— Estaré esperándote, tomate el tiempo que necesites— le besé suavemente la mejilla y salí del coche. De inmediato advertí el frío y abracé mi torso con fuerza. ¿Era realmente necesario? Sí, lo era.

Suspiré e inhalé una importante cantidad de aire antes de tocar con los nudillos la puerta.

El golpe resonó en la estancia y en mi pecho, donde mi corazón aceleraba paulatinamente su ritmo. Aunque si sus palabras eran muy duras y frías, solo pretendería ignorarlo y más tarde, en la soledad me derrumbaría, no enfrente de él.

Aguardé por lo que me pareció una eternidad hasta que lo oí acercarse y abrir.

Esperaba una cara de indiferencia, altanera y quizá un portazo… pero no su mirada triste y su rostro demacrado.

— Hola— fui capaz de musitar en voz muy baja

— Bella— sonrió, marcando sus arrugas. Era doloroso verle de ese modo— ¿cómo has estado? ¿Te hace falta algo? — A él le faltaba un corte de cabello, una afeitada y comer debidamente.

— No, solo quiero hablar contigo. — Me relamí los labios— ¿Puedo pasar? — Pregunté y de inmediato se hizo a un lado. Entré y contemplé la sala…o lo que fue la sala. Era un desastre de muebles, de botellas, cajas y cosas rotas, incluida la televisión. Apenas oí la puerta al cerrarse— Lamento lo de la televisión, voy a pagártela— aseguré volviendo la mirada a su rostro porque no soportaba ver el resto. Aunque él también lucía igual de desastroso. Ni de asomo se parecía al fuerte Charlie que yo conocía.

— No hay necesidad de hacerlo, no tengo que fingir más— se encogió de hombros, recogiendo un par de sillas e invitándome a sentar.

— ¿A qué te refieres? — Pregunté dándole el gusto

— Olvídalo— me observó— Te ves bien, Bella. Eso me pone contento— sonrió otra vez. Y solo lo complicaba… porque con esto no sabía lidiar.

— No puedo olvidarlo, Charlie. — Ignoré su otro comentario— Creo que ya no es necesario que restringas lo que sientes o pienses, después de todo sé la verdad— me encogí de hombros

— No, no la sabes— se pasó las manos por el cabello— la verdad es que… me arrepiento de muchas cosas que he hecho en mi vida, pero nada se compara al remordimiento que sentí al decirte esas cosas— desvié la mirada— porque no te las merecías. Y lo cierto es que yo solo estaba cegado de enojo, pero no contigo. Tú nunca hiciste nada más que tratar de ser amable y ser la hija ideal… y Bella, lo eres. El problema jamás fuiste tú, siempre fui yo. — Crucé los brazos sobre el pecho y forcé al nudo en mi garganta a retroceder. — Y cuando Renée vino por ti… yo solo…— se cubrió el rostro con sus manos y soltó un largo suspiro— perdón, Bella. Perdón por no haberte cuidado y querido del modo que te merecías… y sé que es tarde para decirlo… pero si te quiero, por Dios, sería imposible no hacerlo— me sonrió de forma triste y poco me faltó para derramar una traicionera lágrima.

Nos quedamos en silencio por prolongados segundos

— Yo… en realidad no sé que decirte. Solo que te perdono, pero necesito mi tiempo y espacio, es mucho para afrontar y creo que en realidad tú también lo requieres. Tienes que poner en orden tus ideas porque vamos… tú no eres esto— abrí los brazos para abarcar el entorno completo

— Te equivocas. Yo soy esto, Bella. La casa era un hogar solo por ti… yo no sé vivir de otro modo y nadie puede ni querría estar a mi lado porque soy un idiota que no es capaz de decir algo amable hasta que sé que no hay vuelta atrás. Y ya he aprendido a vivir con eso— se apoyó en la silla y suspiré

— Yo solo venía a preguntarte algo— me alentó con un movimiento de cabeza— ¿Es cierto que tuviste que ver con la expulsión del pueblo de los animadores? — Me miró de la misma forma que aquella tarde cuando me dio el spray pimienta que por cierto se encontraba debajo de la cama y la comprendí por fin. Ese día él se había enterado de todo.

— Sí— contestó— aunque dijera no quererte, me preocupabas y no iba a permitir que te hicieran daño, por lo menos en eso sí me comporté como un padre— soltó una risa cínica

— Gracias. — Dije al fin

— No tienes nada que agradecer, era mi deber protegerte— asentí.

— Bueno, creo que eso era todo. — Me levanté y él también

— Espero estés bien. Cuídate— volví a sacudir la cabeza de forma afirmativa.

— Tú debes ser un poco más digno, compórtate como el hombre que eres Charlie— dije cerca del pomo de la puerta— no puedes hundirte en la miseria y deprimirte. No eres así y aunque te duela, el pasado es pasado y Renée nunca volverá. Deberías comenzar a preocuparte de ti mismo y no caer en remordimientos y tristezas antiguas, eso no es vivir. Es simplemente caer en un juego vicioso que no hará más que lastimarte más. — Y dicho esto salí de la casa, cerrando tras de mí.

Solté el aliento y me sentí estremecer del frío y de la pena al verlo tan destruido.

— ¿Estás bien? — Edward pasó su brazo por mi espalda de forma delicada y escondí mi rostro en su pecho

— Lo estaré— aseguré, sorbiendo mi nariz— lo estaré. — Repetí.

Y la verdad, así fue. Los días fueron pasando en una agradable y maravillosa lentitud aunque al final al mirar hacia atrás pareciera como si no fuese nada.

Edward se sentaba con nosotras, y comenzaban a llevarse mejor, por lo menos se saludaban y eso ya era un avance importante. Mis calificaciones iban bien, y todo parecía ir de puta madre. Lo cual de cierta forma me daba miedo… ya sabes, el lado pesimista.

El trabajo era excelente, mi vida se encontraba de nuevo de la forma correcta y me sentía tan contenta, sobre todo al saber que se podrían poner mejor.

Todos los días o cuando alcanzaba un ratito después de clases antes de ir a la Push, pasaba a echarle una ojeada a Chii. Ya la había llevado al veterinario y le había comprado comida. Edward se encargaba de manera muy preocupada de racionarla y cuidar de ella. Debía reconocer que era la cosa más tierna cuidando a un gatito y claro que ella se dejaba querer. ¿Quién no?

Aunque me lo pasaba bien y disfrutaba de muchas cosas… no había nada como los besos con Edward. Había aprendido a besar de forma bastante osada y al final terminábamos jadeando por aire y con las manos ardiendo de tocarnos más a fondo, por no decir otras partes.

Y se estaba volviendo un verdadero problema porque a veces sentía que no podía más, que iba a explotar si no terminábamos lo que iniciábamos y creo que no era la única que lo pensaba, ya que a pesar que él siempre me sonreía de forma tierna al apartarnos cuando las cosas se ponían demasiado… calientes, igualmente notaba aquel bulto en sus pantalones que de cierta manera me llamaba en códigos secretos. Sí, lo sé. Soy una perversa con todas sus letras y no sentía vergüenza.

— Bella— me mecieron del hombro y espabilé pestañando

— ¿Sí? — Edward me miró confuso y yo le sonreí

— Estás un poco ida, si quieres dejamos esto para otro día— él me había invitado a su casa para cenar y luego me iría a dejar al hogar de Alice a un horario aprobado por Emmett, claro.

— Nada de eso— sacudí de inmediato la cabeza— solo divagaba. Estoy perfectamente— asintió al cabo de unos segundos

— De acuerdo. — Pareció pensar— por cierto, Esme y Carlisle salieron de última hora a no sé dónde. A papá le dieron el fin de semana libre y decidieron aprovecharlo… espero no te moleste que estemos solos— me miró por el rabillo y una extraña cosquilla que sacudió todo mi cuerpo me hizo brincar confusa

— No, para nada— musité y mordí mi labio inferior.

Solos. En su casa. Nada iba a pasar ¿Cierto?

-o-

— Si me caigo te voy a patear— amenacé cuando me cubrió los ojos con su mano al entrar.

— No vas a caer— aseguró con una risita en mi oído que me hizo estremecer. En realidad, cualquier roce fortuito me ponía los vellos de punta y la piel sensible. Algo que ver con las hormonas, supongo. — Ahora, quédate aquí unos segundos— cerré los ojos y crucé los brazos con impaciencia. Se alejó y volvió.

— ¿Ya? — Pregunté

— Solo una cosita más…— y sentí sus labios ponerse en contacto con los míos, fue breve pero eso no impidió que mi corazón aleteara en mi pecho y me pusiera ansiosa de recibir más. — Ahora sí— los abrí para verlo sonreír juguetonamente.

— Si quieres besarme, bésame bien— regañé en broma

— No seas tan enojona, Belli Bells— me acarició suavemente la mejilla y luego tomó mi mano guiándome hacia el comedor. Ahí noté la mesa y unas velas encendidas sobre ella.

— Se ve tan bonito— exclamé sonriendo ampliamente

— ¿Te gusta? — Parecía un poco nervioso cuando retiró la silla para que me sentara.

— Está precioso— el mantel de color crema caía hasta el piso y las velas rojas brillaban con intensidad iluminando distinto los rasgos de Edward. Bajé un poco más la mirada y noté una rosa sobre mi plato. — Que detallista— observé tomándola entre mis dedos.

— Oh, espera a ver la cena— retiró una tapa sobre una fuente, revelando una pizza que lucía exquisita.

Solté una carcajada

— Es perfecto, simplemente perfecto— dije mientras él me servía una rebanada. — Gracias— nuestras miradas se chocaron unos segundos en donde fui capaz de recibir el fuego de sus ojos, por lo que supuse que él recibió el mío.

Debía controlarme, sí. Eso tenía que hacer.

— Aún falta algo— tomó una botella

— Prometí no volver a beber— expliqué poniéndome el cabello tras los orejas

— Ni pensaba que lo hicieras— sonrió enseñándome la etiqueta. Era una bebida, solo eso.

Me sirvió y finalmente se sentó.

Había un aire familiar, agradable y… una tensión que no reconocí hasta dentro de un rato luego que la cena comenzó e iniciamos una charla superficial. No lográbamos seguir el hilo de lo que el otro decía porque más nos importaba contemplarlo hablar y mover los labios así que la tensión era de un tipo erótico y mi cuerpo lo sabía. El frío de la bebida no conseguía regular mi temperatura interna y mi piel parecía arder ante sus miradas. Él no se hallaba mejor puesto que no parecía encontrar la postura correcta y apenas había probado la pizza, solo se había tomado unos cinco vasos de bebida.

— Entonces… ¿qué tal si escuchamos algo de música? — Pregunté carraspeando y rogándole a mi cuerpo que no me traicionara. Aunque no quería colaborar el muy puto.

— ¿No quieres comer más? — Su voz era ronca y seguía cada uno de mis movimientos, haciéndome temblar.

— No… ¿tú si? — Negó y se levantó de forma abrupta, soplando las velas.

— No. Vamos— me ofreció la mano y por alguna razón mi corazón saltó en mi pecho al aceptarla.

Lentamente subimos la escalera

— ¿Tú…?— Mi cerebro no lograba procesar mucho

— ¿Sí? — Me miró directamente por primera vez y más lo olvidé

— No lo recuerdo— sinceré nerviosa

— ¿Estás preocupada de algo? Estás como tensa— comentó llegando al pasillo

— No… bueno, me siento rara— confesé

— ¿Por qué? ¿Te cayó mal la pizza? — Interrogó con preocupación

— No, para nada, estuvo delicioso. Gracias— sonreí y asintió

— Gracias a ti por aceptar— abrió la puerta para mí y pronto nos encontramos en su habitación. Ignoré deliberadamente la amplia cama y las cosas que se podían realizar allí

— ¿Tienes algo nuevo? — Caminé hacia su música y lo oí moverse cerca

— Hm… no, no he dedicado mucho tiempo a esto— indicó— Digamos que hay cosas mucho más interesantes— jugó con mi cabello, pasando las puntas por mi cuello. Temblé con el escalofrío.

— ¿Sí? — Todavía no era capaz de voltearme así que le di play a su equipo— ¿cómo qué? — interrogué animándome a enfrentarle. Se encontraba más cerca de lo que creí, por lo que su aroma me impactó duramente.

— Tú— me acerqué los centímetros que faltaban para que nuestros cuerpos estuvieran en contacto. Mis hormonas fluían por mi torrente sanguíneo a una velocidad asombrosa.

— ¿Y qué hay de Chii? Seguro que ella es muy interesante también— jugué con sus cabellos y pronto sentí sus grandes manos acariciarme la cintura con suavidad. Adoraba esa delicadeza que ponía el tocarme.

— Sí… es cierto, sobre todo cuando trato de quitármela de encima y chilla, es muy interesante— reí, pero pronto él cambió su expresión a una seria— Bella… en serio necesito besarte— murmuró y alcé los ojos hacia los suyos.

Y así mismo fue acercando su boca a la mía. El toque era el mismo de siempre pero en esa oportunidad sentía que perdía la paciencia porque mi cuerpo pedía a gritos por más. Fue por esta razón que no logré reprimirme y apuré los movimientos de sus labios que trataban de ser lentos. Joder, yo no lo quería lento.

Me aferré a su cuello parándome de puntitas para obtener lo que deseaba, sin embargo no parecía suficiente. Tenía hambre de Edward, mucha hambre.

— Bella… con calma— susurró sobre mis labios

— No quiero. — Respondí de inmediato— No sé que me pasa, pero necesito esto. De verdad lo necesito sino me volveré loca— expliqué con las mejillas sonrojadas.

Su mirada se tornó oscura de un momento a otro y me acercó más hacia él. Lo dejé hacer

— Sé lo que te pasa, Bella. Me he sentido así durante años por ti… desde que te comenzaste a convertir en una mujer y creciste… había veces que sentía que perdería el control y te besaría mientras dormías. Y tú ni cuenta te dabas— sonrió y tragué saliva, pensando en aquellos años donde solía despertar en la misma cama que él siendo que yo dormía en el sofá porque lo amaba. A pesar que Edward siempre se molestaba en que lo hiciera y no prefiriera su cama. Yo tenía una obsesión por el sofá ¿vale?

— No eras el único. — Fue todo lo que dije antes de exigirle un beso más rudo y me complació con creces. Sentí que comenzaba a humedecerme y el hecho que sus manos se pasearan libremente por mi espalda solo aceleraba este proceso que jamás admitiría en voz alta. En esas estábamos cuando su lengua pidió acceso y por lo general se lo permitía hasta la tercera vez que trataba… sin embargo esta vez lo acepté de inmediato.

Aún no me acostumbraba a lo placentero que era si se dejaba de lado lo de las bacterias y demases. Era sencillamente excitante y todavía más los movimientos que él comenzó a ejecutar. Salía de mi boca, para volver a entrar a los segundos después. Le demostraba cuanto me gustaba apretándome contra él y gimiendo lastimeramente.

Me dejó respirar en el momento que traté de despegarme de sus labios porque necesitaba aspirar aire… ¿él no?

De inmediato Edward pasó a mi cuello, resiguiendo su extensión con besos algo más que mariposa, dejando un rastro de calor. Por mi parte me fui a su estómago y espalda, abarcando todo lo que mis pequeñas manos me permitían tocar. Era tan delicioso que no podía evitar el soltar suspiros de placer a cada minuto

No tuve que hablarle para que se quitara rápidamente la camiseta y reclamara mis labios como pago. Jadeé en su boca cuando sus dedos pasaron a tocar directamente mi piel que se encendió.

— En serio eres condenadamente suave— susurró en mi oído mientras mis labios besaban su cuello

— Y tú muy cálido— era injusto porque cuando consiguió colar sus dos manos bajo mi prenda, abarcó todo mi tórax excluyendo mis pechos que ya se agitaban erguidos contra el suyo, aunque tampoco lo iba a decir en voz alta.

— Déjame quitártela— pidió con la respiración acelerada y alcé mis brazos para que lo hiciera pronto. Necesitaba que me tocara, en serio.

Traté de lanzarme de inmediato a besarlo pero me retuvo para que sus ojos me escrutaran. Sentí el conocido rubor y tirón algo doloroso en mis senos que parecieron hincharse y amenazaban en escaparse de sus copas

— Son tan jodidamente hermosos— dijo roncamente, estimulándome.

— ¿Solo vas a mirar? — Me mordí el labio inferior y arqueó las cejas sorprendido

— Oh, no. Claro que no— antes que pudiera decir pío, él me acercó y agarrándome del trasero me instó a poner las piernas alrededor de su cintura, lo cual realicé con gusto. Gemí ante el contacto con su rigidez y él maldijo por lo bajo.

Caminó conmigo hacia la cama para depositarme en ella con cuidado, sin dejarnos de besar en ningún momento. Sentía mi cuerpo enfebrecido, mis pensamientos eran de todo menos inocentes o buenos y eso solo incrementaba la electricidad que parecía circular por todos mis poros.

Entonces él descendió suavemente por mi cuello hasta alcanzar mis senos que ya reclamaban contacto. Cerré los ojos, suspirando ante sus caricias algo tímidas. Fue ahí que sentí sus brazos ponerse por detrás de la espalda desabrochándome el sujetador.

Me estremecí porque estábamos cruzando nuestras propias reglas.

— Di no y pararé— aseguró con el aliento entrecortado y mirándome de forma lujuriosa. Lo besé y esperé comprendiera que decía sí. Así que mi prenda interior voló por los aires y nuestro gemido resonó por las paredes al sentir el contacto directo de piel con piel. Podía sentir mis pezones sensibles contra su pecho suave y comencé a moverme involuntariamente en la cama buscando fricción.

Perdió el control gimiendo roncamente y ayudándome en el movimiento que logró encontrar el roce perfecto que involucraba nuestras intimidades y pechos. Traté de pensar, pero no pude. Solo sentía que algo poderoso se construía en mi vientre y deseaba saber qué era.

— B-basta— pidió agarrándome las caderas obligándome a quedar quieta. A pesar que su orden fue áspera sus besos fueron suaves. Y siguieron siéndolo hasta que llegó a mi pecho. Una vez ahí me agité y sentí su boca húmeda acariciarlos con premura, otorgándome un placer inimaginable para mí hasta ese momento.

Jalé de sus cabellos retorciéndome cuando comenzó aquella succión que me llevaba a lo profundo del placer y me devolvía sin aire.

— Edward…— jadeé apretando mis ojos y tratando de encontrar más fricción.

— Quieta Bells— pidió antes de pasar al otro seno, reemplazando su boca con la mano. No me descuidaba y se preocupaba que disfrutara y me pregunté ¿cómo sería lo otro? Yo quería descubrirlo. Y lo haría hoy.

Se entretuvo por largo rato en mis pechos que comenzaban a arder de tantas caricias pero aún así no quería que se detuviera, nunca lo querría. En la habitación solo se oían nuestros gemidos ahogados y los pecaminosos sonidos que hacía su boca al abandonar uno de mis pechos. Pegué un gritito al sentirme al borde de algo que no conocía, pero que estaba ahí y si no fuera porque se apartó al sentir mi tensión, habría caído.

— Edward— gemí en protesta y mirándolo mal

— Oh, tranquila cariño… aún no— sonrió y descendió muy lento a mis labios. Mi propósito era decir no y negarme… pero al primer contacto mi cuerpo insatisfecho se rindió. Porquería sexual.

Mis manos se deslizaron sin mi total permiso por su espalda y ascendí por su estómago que se estremeció a mi toque

— No sabes lo que eso me hace sentir— suspiró en mi oído. Y sonreí satisfecha de poderle retribuir algo de placer. Recordé entonces aquellas puntitas que se clavaron en mis palmas la otra noche y comprobé que se encontraban del mismo modo ahora. Él dejó que su cadera bajara a la mía y se moviera en círculos un segundo antes de apretar los dientes y volverlas a elevar cuando mis dedos pasaron una y otra vez por sobre sus crestas erguidas. Así que al ver su reacción, me aventuré a descender con mis labios hacia ellas a través de besos que fui desparramando en su cuello y pecho

Al principio no estaba muy segura que le agradaba ya que los sonidos que escapaban a sus labios parecían quejidos… aunque al sentir su cadera presionando contra la mía nuevamente, no tuve que pensármelo más.

Encerré uno en mi boca y se estremeció. Sus brazos se aflojaron un poco pero no me dejó sentir su peso, pero si su gemido.

— ¿Te hago daño? — Interrogué temerosa y negó rápidamente. Por lo que más tranquila ahora lo repetí un par de veces más, alternándolos en mi boca y jugando con mi lengua.

En realidad no creía que darle placer, me lo daría también a mí. Joder, yo lo estaba disfrutando el doble porque involuntariamente dejaba que su miembro arremetiera contra mí, haciéndonos gemir con desesperación; y además disfrutaba de su cuerpo y los sonidos eróticos que abandonaban su garganta.

Entonces sin previo aviso se agachó retirando su pecho de mi rostro y me besó con ardor y sin esperar mi respuesta a su requerimiento introdujo su lengua en mi boca. Gemí arqueándome contra él cuando sus manos amasaron mis senos.

— ¿Ves como van perfectamente bien conmigo? Ellos responden a mi toque Bella— habló roncamente a mi oído, y yo solo podía estremecerme por sus caricias menos suaves ahora— así como yo respondo al tuyo— me besó el cuello y solté un suspiro prolongado.

Entonces sus manos viajaron por mi vientre que se contrajo hacia mis jeans. Y esta vez fue directo a quitármelos y lo permití. No podía pensar y si pensaba, todo diría que sí porque lo quería, lo deseaba y confiaba tanto en él como para entregarle mi cuerpo.

Así que solo quedé con mis braguitas negras que probablemente estaban algo mojadas… como que me dio un poco de vergüenza y traté de cerrar mis muslos pero su rodilla entre ellos me lo impidió.

— Ssh, tranquila Bells. No voy a hacerte daño— aseguró mirándome apoyado en sus manos

— Lo sé— me ruboricé al pensar en el motivo de mi vergüenza

— Eres preciosa. No tienes que avergonzarte— aseguró acariciándome la mejilla con delicadeza. Y suspiré.

Nos besamos unos segundos con calma y pronto ya estuvimos como desquiciados moviéndonos uno contra el otro, así que le urgí a que se quitara los pantalones y de forma torpe lo hizo.

Fue mientras me besaba que su mano se aventuró a mis secretos y en primer lugar me encogí, cerrándole el acceso. Y cambió de rumbo, acariciándome los pechos. Y mientras lo hacía volvió a tratar y yo me encontraba por completo entregada a lo que le hiciera a mi cuerpo, así que le dejé seguir.

Y gimió al tocarme

— Estás tan— le cubrí la boca interrumpiéndolo

— No lo digas— pedí avergonzada y solamente rió.

Y yo enterré la cabeza entre las almohadas cuando sentí que presionaba superficialmente para luego tocar algo que me hizo estremecer, encoger las piernas y gemir como una loca.

Yo quería saber qué me hacía y por qué no me avergonzaba, pero él solo se concentraba en eliminar mi razón con sus suaves caricias en ese nudo de nervios que me hacía agitar y apretar las mantas en puños.

— Te ves tan hermosa— gimió al arquearme contra su pecho, presionando los míos

— Edward…— conseguí sacar de lo profundo de mi garganta. Sentía algo crecer en mi vientre y concentrarse en un pequeño punto que estallaría más temprano que tarde.

Juro que vi estrellas de colores tras mis párpados cuando sentí otro de sus dedos tanteando más profundo en mí hasta que resbaló suavemente, dejé de respirar, dejé de hacer cualquier otra cosa que no fuera deshacerme en un largo y extenso gemido.

— Joder— maldijo al ver mi reacción y sin dejar de acariciar mi nudo de nervios inició un lento proceso de meter y sacar muy despacio su dedo de mi interior. Mi cuerpo ardía y latía por todos lados y dolía de una forma increíblemente maravillosa que sabía podía ser calmada únicamente por Edward, y su cuerpo.

Quise morir ahí mismo cuando percibí otro dedo acompañando al primero de forma muy lenta y sentí una ligera molestia que rápidamente fue reemplazada por ondas interminables de placer.

— Si te haga daño— se interrumpió a mitad de frase y mis manos se fueron a su cabello, acariciándolo con algo de rudeza. — Solo dímelo— asentí perdida y sumergida en lo que mi cuerpo experimentaba por primera vez. Sé que puso sus labios sobre los míos porque fui consciente vagamente de su calor que se vio obnubilado por ese pequeño punto de concentración en mi vientre que estalló por fin, con una onda expansiva que alcanzó cada partícula dentro de mí. Mi boca se abrió y mi espalda se despegó por completo de la cama en un grito silencioso.

No podía dejar de estremecerme porque él todavía no se detenía y seguía moviendo sus dedos en mi interior que palpitaba y se contraía hasta casi el dolor contra ellos.

Finalmente mi espalda fue capaz de volver a su lugar y Edward se retiró de mi interior con delicadeza, poniéndose sobre mi cuerpo apoyado en sus codos. Al abrir los ojos lo primero que vi fue su cara de fascinación

— Yo…—

— Eso ha sido tan erótico y bello— dijo provocándome una sonrisa algo perturbada. Todavía sentía las pulsaciones en mi centro que me obligaban a juntar los muslos para revivir la sensación tan intensa.

— Quiero seguir, Edward— le susurré al oído y miré sus ojos llamear

— ¿Estás segura? Yo puedo esperar— notaba que su mirada parecía hecha de fuego fundido

— Yo no— crucé las manos tras su nuca, atrayendo su boca a la mía— quiero hacerlo— confesé rozando sus labios y luego bajando por su cuello, y besando sus hombros después. — Quiero estar contigo de ese modo, Edward y estoy segura— planeaba seguir mis besos suaves pero tomó el control rápidamente, poseyendo mi boca de forma invasiva y me encantaba.

Sus manos estuvieron abrazándome y en todos lados a la vez. En mis senos que se agitaban contra sus dedos, mis piernas que se enredaron con vida propia en su cintura incitándole a ir a ese rincón secreto.

Comencé a jadear y dejé de acariciar su espalda cuando nuevamente sentí sus dedos en mi intimidad, tocándome con suavidad y paciencia enviándome de regreso al nudo en mis entrañas.

Al considerar que me encontraba preparada, lo cual era jodidamente cierto porque ya no daba más y solo lo quería dentro de mí ya, se retiró. Aunque flaqueé algo en el momento en que se quitó la última prenda y vi su cosa de niño por fin… pero de niño eso no tenía nada.

Intenté juntar mis piernas como acto reflejo, sin embargo su pierna rápidamente lo evitó.

— E-eres muy…— arqueé una ceja para que comprendiera de lo que hablaba

— Eres tan linda— sonrió y me besó, haciéndome olvidar la razón por la cual le temía hacia unos segundos.

Me relajé tanto con su tacto dulce que no me importó que me quitara las bragas dejándome por completo desnuda frente a él. Aunque estábamos en igualdad de condiciones. Apenas y noté que rápidamente se ponía algo y volvía a acomodarse sobre mí apoyado en sus codos a cada lado de mi cabeza.

— Te quiero tanto— susurró y despegué mis labios de su cuello

— Yo te quiero mucho más que eso— rió suavemente y bajó a mis labios. Su mano volvió a tocarme de forma íntima, preparándome, supuse. Y me arqueé respondiéndole de inmediato, mi cuerpo siempre lo haría, al igual que mi corazón.

— No lo creas— yo no pude sonreír— Si te hago mucho daño o si te lastimo… solo dime y me detendré— seguro te lo voy a decir, pensé.

Pero para dejarlo tranquilo asentí y se retiró de mi interior que de inmediato le extrañó. Colocó su mano al costado de mi cabeza y se posicionó en mi entrada. Lo sentí y me estremecí de inmediato con las promesas que eso avecinaba.

Empujó ligeramente y me tensé de forma involuntaria… era muy grande.

Entonces él me besó, distrayéndome aunque no lo consiguió del todo y percibí el empuje que realizó para poderse meter varios centímetros. Gemimos y noté que ahora él se tensaba y respiraba con dificultad

— Estás tan… tan…— se mordió el labio inferior y le urgí por más con mis caderas que le salieron al encuentro.

Me complació un poquito más aunque no del todo, ya que aún le faltaba. Y no lo soporté más, me moví contra él obligándolo a invadirme por completo.

Él gimió de forma casi animal, asiéndome de la cadera con fuerza. Por mi parte sentí un dolor bastante alto pero no tanto como para gritar a viva voz, solo me quejé en voz baja y apreté los ojos. Ni siquiera le presté atención a las lágrimas involuntarias que empaparon mis sienes, a mí solo me interesaba Edward y el hecho que le había regalado mi virginidad y jamás iba a arrepentirme de esa decisión. Porque hacerlo por amor era simplemente hermoso, y perfecto… y…

— ¿Estás bien? — Preguntó con esfuerzo con los brazos temblando por lo que le costaba quedarse quieto.

— Sí…— me estreché contra él a modo de prueba y gimió. Y yo lo hice cuando se movió ligeramente aunque sentía que todavía no era suficiente.

— Lo siento…— se disculpó y yo no supe por qué.

— Edward…— yo moví mis caderas para indicarle lo que necesitaba, necesitaba que se moviera. Lo ansiaba de verdad.

— Déjame a mí, amor. — Me sostuvo dulcemente de la cadera y escondió su cara en mi cuello donde oía claramente sus gemidos y jadeos cuando le salía al encuentro.

Partió saliendo muy despacio para volver a introducirse en mi interior palpitante con delicadeza. Solo le duró tres estocadas y fui culpable de eso. Yo deseaba más, mi piel, mi cuerpo y mi todo me pedía más así que prácticamente lo forcé a hacerlo más duro y de prisa con mis piernas apretando su cintura

— Bella— yo lloriqueaba del placer tan grande que me hacía sentir el tenerlo dentro, el pensarlo como una parte de mí, como si fuéramos uno solo.

— Ugh… Edward… más— pedí entre jadeos y él apuró sus caderas, arremetiendo con más fuerza. Pegué un gritito al sentirlo mordiendo mi labio inferior sin delicadeza alguna.

— No me digas… esas cosas…yo— gimió largamente cuando enterré mis uñas en su espalda, probablemente dejándola roja. Es solo que no podía con esto, no podía con la tensión en mis miembros, con los nervios y músculos tan tensos. Jadeó como si le faltara el aire y comenzó a estremecerse entre mis brazos. Yo sentía esos espasmos producirse en mis entrañas y quería obtener una liberación para mi tensión.

Y fue ahí, cuando me encontraba al borde que sentí sus dedos frotar mi nudo de nervios que no pude más y me arqueé incluso más que antes. Esto si que era inconcebible, no podía creer tanto placer junto. No podía ser cierto, no era de este mundo.

Grité su nombre perdida en mi propio mundo de estrellas coloridas y a los segundos lo oí gritar el mío con esa voz que me hacía temblar las piernas.

Se tensó y luego gimió entrecortadamente mientras llegaba a la cumbre de su placer.

Mi pecho subía y bajaba como loco contra el suyo. Todavía sentía los deliciosos remanentes del increíble orgasmo que acabó con mis reservas. En efecto, era como correr. Se sentía igual, los músculos latiendo aunque uno en especial no dejaba de pulsar de una forma totalmente pecaminosa y mi corazón aleteaba como un colibrí en mi pecho.

Y al recordarlo, solo podía sonreír. No encontraba nada malo ni que pudiese arruinar el momento, para mí había sido más de lo que había soñado.

Acaricié perezosamente su espalda que se movía agitadamente, hasta que se alzó

— Lo siento, debo estar aplastándote— sonrió y se retiró de mi cuerpo con suavidad aunque no pude evitar el sentir una ligera molestia.

— No lo hacías— contesté. Él se levantó un minuto y procuré mantener mis ojos en la cama y no en su trasero desnudo. Aunque ya saben, fue imposible.

Se metió brevemente al baño y más tarde regresó a mi lado con un bóxer puesto. Me tendió una camiseta suya y me la puse con las mejillas sonrojadas.

— Bella, gracias— dijo una vez que se sentó y me miró sosteniendo mis manos— gracias por este increíble momento, gracias por dármelo a mí y quererme tanto como para permitirme estar contigo de esta manera— me puse más roja, si era posible.

— Yo... no podía pensar en nadie más, Edward. Y sé que es algo patético pero es lo que siento— confesé y me abrazó con fuerza, besándome la cabeza

— Te quiero, amor— me derretí contra su cuerpo.

— Yo también. — Y me besó delicadamente antes de retirar unas cosas de la cama y cubrirnos con las que dejó. Me acurruqué en su pecho y él me envolvió con ternura en sus brazos. Sí, Dios. Esto si que me salió bien, ¡es perfecto! Me sentía tan feliz, tan completa… tan yo.

Lo amaba, lo quería para siempre.

— Ya en cristiano, ¿somos amigos? — Preguntó al cabo de unos segundos, en donde comencé a sentir sueño y cansancio.

— ¿Amigos? — Levanté la cabeza hacia él y acaricié su pecho donde me hallaba recostada y negué riéndome de su cara estupefacta— ya no lo creo, Edward— besé suavemente sus labios— nosotros somos mucho más que amigos. — Y dándonos un beso tierno fue como sellamos esa promesa que esperaba durara para siempre.

Fin.


¡Hola, hola! ¿Qué les pareció el cap, aparte de muy largo? Aw… y al final terminaron juntos *-* ¿qué dicen? ¿Les gustó o lo odiaron?

Me siento tan apenada por haberme desaparecido durante tantos días, pero en serio no he tenido tiempo de nada. Imagínense que en esta semana tuve dos pruebas diarias, mi cerebro dijo basta… y sé que a lo mejor no es excusa, pero es la verdad y bueno, aquí está el final de esta trama u.u me da mucha tristeza que se termine, porque en serio nunca había recibido tanto apoyo con una historia y debo reconocer que se siente hermoso, muchas gracias por eso. Gracias por esperar por los capítulos, por leer y comentar, por agregar a sus favoritos y alertas. Por acompañarme en este proceso y gracias a aquellas personas que estuvieron todo el tiempo, a las que se incorporaron recientemente, a las que recomendaron este pedacito de mí y también a aquellas que comenzaron y lo dejaron, y más que nada por ser tan lindas y preocupadas conmigo. Infinitas gracias por eso.

Y bueno, ahora solo me falta el epílogo que escribiré lo más pronto que pueda, y me gustaría pedirles si es que se me quedó algún cachito pendiente me lo hagan saber para aclararlo, es que mi memoria es realmente mala jaja y chicas, ya me tengo que ir… ando con el reloj en la espalda, triste realidad u.u y espero de todo corazón les haya gustado este capítulo, y que este finde sea muy genial para ustedes. Nos estamos leyendo a la brevedad posible… aunque sospecho que caeré en depresión por un día o dos… jaja, nah, mentira pero me pone triste que acabe :l

En fin, no les doy más la lata y me despido

Un abrazote al estilo Emmett y para ti, Gabymuse de Jasper jaja! Y muchas bendiciones, ojalá les vaya bien en sus estudios ;)

Chau, chau

PD: Perdónenme si se me pasó algún error ortográfico y/o de gramática por favor.