Decisiones
Hoy iniciamos el viaje. Esto parece una absurda mezcla entre novela de caballería con un poema épico mal traducido y una leyenda nórdica narrada en una noche de excesos. Tan improbable que parecería un suceso imposible, pero que aun así, se volvió factible en esta extraña realidad que vivimos. Una hechicera de hielo, un hechicero de fuego y un hombre criado por criaturas mágicas vamos en camino al Valle de las Rocas Vivientes. Si le contáramos esto a cualquier persona normal de un lugar "x" del mundo, no nos creería ni en un millón de años. No importa, de todos modos, es nuestra vida, tocada permanentemente por lo sobrenatural y lo extraordinario, somos un desafío a cualquier lógica posible.
Me cuesta digerir el que estemos buscando trolls, sólo voy porque Elsa al parecer cree que son reales, y bueno, yo le creo a ella. Es la única de nosotros que es lo bastante cuerda para seguir el sentido natural de las cosas, y a la vez, ser parte de este mundo de maravillas vueltas realidad. Hablando de ella, llevamos varias horas cabalgando sin decir nada, ella montada en una yegua blanca, con un vestido celeste y una gruesa capa blanca con piel de zorro ártico, tan hermosa y melancólica como uno la imaginaría al escuchar su historia.
Por mi parte, también llevo un abrigo de piel grueso, no que lo necesite todavía, pero recuerdo el frío que sentí durante la noche en las faldas de las montañas la última vez que estuve allí, con apenas una capa como protección. Preferí asegurarme, ahora que pasaremos cerca de ese lugar. Se supone que está pasando el estrecho entre los montes que separan las mitades norte y sur de Arendelle, en una ruta que no aparece en ningún mapa. Vamos por un camino desierto, acompañados sólo por los aullidos de los lobos a la distancia, algunos cuervos y otras aves que pasan de vez en cuando, y la luz de la luna a través de las nubes. Hay poca luz natural gracias a los árboles, así que cumplo la función de ser una linterna humana alumbrando con una llama en la palma de mi mano.
Nos detendremos a descansar en un rato, cuando lleguemos al final del bosque, armando una carpa rudimentaria con los pocos implementos que trajimos. Viajamos ligero, porque entre el reno y los caballos no podíamos transportar tantas cosas. Sitron es fuerte, mas lo necesito en su mejor forma si queremos llegar a tiempo, y para eso necesita no estar sobrecargado. Podríamos haber usado un trineo, pero no iríamos tan rápido y sería fácil que le sucediera algo y nos quedáramos varados en medio de terrenos por los que nadie transita.
Serán cerca de las diez de la noche cuando nos detenemos. Ahora viene la parte incómoda: dormir los tres en una misma carpa. El grandote ha estado ignorándome todo el viaje, cosa que se agradece y espero que siga así esta noche. El problema no es tanto él, sino Elsa. La última vez que dormimos juntos fue hace varias semanas, y de una manera que oscilaba entre lo inocente y lo que habría terminado con nuestros cuerpos desnudos enredándose entre las sábanas. Demonios, ¿cómo se supone que duerma junto a ella sin tocarla?
Es lo que más quería y que ahora está prohibido. Diablos, si antes la deseaba, ahora acaba de empeorar. Saber que está tan cerca y no poder tocarla. Pensar en su cuerpo, en lo fría que está y que yo podría calentarla con una facilidad impresionante. Como solía hacerlo antes de que todo este asunto del regreso de su hermana pasara. Y nunca llegamos a hacer el amor. Me arrepiento profundamente de eso. No lo haría más sencillo, pero sí tendría el recuerdo de cómo se siente estar con ella. De cubrir de besos su piel, de tomar puñados de cabello claro, acariciarla como nadie… ¿por qué sigo alimentando este tipo de pensamientos? Ah, verdad, porque soy un imbécil masoquista que todavía no la supera.
Con lo que queda de mi incipiente fuerza de voluntad, evito mirarla cuando se quita algunas prendas de ropa antes de usar la capa como manta. Hay medio metro de distancia entre nosotros… sería tan sencillo cerrarlo… y tan suicida. No, no debo. Tengo que dejarla en paz. Tengo que dejar de verla dormir, tan calmada, tan hermosa… es realmente preciosa sin ese ceño fruncido por las preocupaciones. La he descrito tantas veces, intenté dibujarla también en varias ocasiones, pero nunca queda como quiero, los ojos del dibujo jamás serán lo suficientemente celestes, su piel nunca será tan delicada y luminosa, sus labios no tienen la forma exacta… es lo último en lo que pienso antes de dormir.
Es el segundo día cabalgando, ya estamos mucho más cerca. Quedarán uno o dos kilómetros más antes del valle, y el paisaje de Arendelle cambió radicalmente. No hay nieve en un radio de cientos de metros, el cielo está totalmente despejado, se observan un millar de estrellas y el clima es cálido como en una noche de verano. Es como un microclima que milagrosamente escapó al invierno de Elsa. Es fascinante, hemos visto una manada de renos, de menos tamaño que el del gigantón, eran como mínimo unos veinte. Y a lo lejos se observa la aurora boreal. Nunca antes la había visto, dado que la última vez que estuve cerca de esta zona, la nevazón impedía ver más allá de diez metros hacia delante.
Es increíble poder estar aquí, con las luces del norte haciéndose cada vez más grandes, iluminando de verde el paisaje del estrecho montañoso. Parecen olas de colores en el firmamento, moviéndose en un vaivén incesante, son como un punto medio entre la danza del fuego y la de la marea. Todo parece cobrar vida en este lugar, entre las criaturas salvajes, la aurora que brilla sobre las rocas de las montañas, la vegetación meneada por el viento tibio y húmedo.
Pasamos por un camino escarpado, probablemente era un río pedregoso que al secarse dejó este paso abierto por entremedio de las prominencias rocosas que de otro modo no podríamos atravesar. El reno y Sitron andan con facilidad, a diferencia de la yegua que Elsa monta, la cual apenas puede mantener el ritmo.
—Podrías dejarla acá por mientras, no le sucederá nada si amarras su brida a un árbol—le sugiero luego de unos minutos.
—Está bien, ella puede—me responde.
—Recuerda que todo lo que avanzamos, tendremos que recorrer de vuelta. No se recuperará tan fácil.
— ¿Y cómo esperas seguir con un caballo menos?
—Sube conmigo o con el gigantón.
— ¡Oye! —hablando del sasquatch…
—Ya quisieras que subiera contigo.
—Si quisiera toquetearte, lo hubiera hecho mientras dormías.
—Cerdo.
—Déjala en paz—gruñe el gigantón.
— ¿Le he hecho algo?
—Lo pensaste.
—Como tú con su hermana. Quién sabe qué habrán hecho ustedes dos antes de ir al palacio.
—Eso no es problema tuyo.
—Esto tampoco es asunto tuyo.
—Elsa es la reina y además es familia de mi prometida, eso te deja fuera del caso.
— ¿Y qué? ¿Acaso no puedo pensar en ella por eso?
—No, no puedes. Después de lo que le hiciste deberías dar gracias porque te sigue tratando decente.
—Créeme, la prefería cuando no era decente.
—Eso es todo—se baja del reno y me agarra del cuello de la capa.
— ¡¿Quién te crees que eres?! —imbécil, podría matarlo con sólo pensar en subir mi temperatura corporal.
— ¡Deténganse ahora mismo! —grita Elsa—Kristoff, bájalo ya. Y tú, compórtate como persona civilizada y no como un animal en celo.
—Si sabes como soy, ¿para qué me provocas?
— ¿Provocarte? Sólo dormí contigo porque no había otra opción.
—Lo que calme tu consciencia, mi reina.
—Subiré con Kristoff.
—Como quieras—maldito sasquatch con suerte. Qué ganas de tenerla cabalgando conmigo, aferrada a mí.
Luego de una hora, finalmente llegamos al valle que buscábamos. Es un lugar no más grande que el castillo de Arendelle, cercado por las montañas, con géiseres humeantes en el suelo y una gruesa capa de musgo cubriendo gran parte de las rocas. Hay runas talladas por todo el lugar, en formas concéntricas que contienen un tipo de cristales en el centro. Me acerco a una para examinarla de más cerca y ver si puedo traducir algunos escritos. En cuanto toco una de las gemas, ésta se ilumina de color anaranjado y comienza a irradiar calor. Es fascinante, como si absorbiera una pequeña chispa de mi poder con el tacto.
—Hola, chicos—el gigantón se baja del reno para hablarle a las rocas. Perfecto, lo que faltaba para completar esta espiral de sucesos extraños—. Creí que no los vería en un tiempo, pero ya me tienen de vuelta.
—Sólo para aclarar las cosas, son rocas, ¿verdad? —le pregunto a Elsa, mitad burla y mitad curiosidad.
—Algo así. Recuerdo que de niña los vi rodar de todos lados y convertirse en trolls.
—Absolutamente normal.
—Tan normal como nosotros.
De pronto las rocas vibran y ruedan hasta llegar al centro del valle, al círculo central donde estamos. Tal como ella dijo, se desarman como armadillos y toman una forma antropomórfica desfigurada, bajos como enanos, pero más robustos, cuyas narices y orejas son demasiado grandes para esos rostros rechonchos. Tienen pasto y musgos por ropa y collares de cristales brillantes. De todas las cosas extraordinarias que he visto en la vida, esta se encuentra entre mi top de primeras cinco. Quizás top tres.
Hay uno más grande que los demás, de aspecto anciano, con una melena de pastos similar a la de un león, cubierto por un manto de musgo y un collar con cientos de cristales amarillos colgando de él. Asumo por el porte y su postura que él es el líder del grupo.
— ¿Dónde está Anna? Creí que le gustabas—le dice a Kristoff una mujer-troll, en un tono entre decepción y reprimenda.
—Ella está en el palacio, donde pertenece. Y no, no la espanté.
—Todavía—acoto yo.
—No me ayudes—responde el sasquatch.
—Vinimos por un asunto más importante—dice Elsa con su voz autoritaria.
— ¡Es la reina! —exclaman en conjunto los trolls.
—Has regresado después de tantos años, Elsa. ¿Qué te trae de vuelta? —pregunta el anciano jefe.
—Supongo que ya saben lo que sucedió con mi poder, que creció hasta que ya no lo pude controlar y congelé a mi reino entero.
—Es lo que escuchamos. Pero, ¿qué te trajo hasta aquí? Ya no eres la misma niña aterrada de su poder, puedes manejarlo mejor que eso.
—Puedo, pero no sé cómo deshacer mi hechizo.
— ¿Eso es todo? ¿Buscas cómo deshacer tu magia?
—Así es.
— ¿Y por qué traes a otro con poderes contigo?
— ¿Cómo…?—comienzo a tartamudear una pregunta.
—Sentimos tu magia y el de ella apenas entraron en el valle. Poderes así de fuertes no pasan desapercibidos. Está en su esencia, y nosotros, como guardianes de la naturaleza, podemos sentirlos.
—Entonces han sentido poderes como los nuestros antes—concluyo.
—Ven aquí, hijo—me acerco, sin saber muy bien por qué. La criatura toma mis manos entre las suyas—. ¿Son de nacimiento?
—Los tengo desde que puedo recordar.
—Y son casi tan fuertes como los de Elsa, sin duda, puede que hasta sean equiparables—toma uno de sus cristales y lo coloca sobre la palma de mis manos, hasta que adquiere el mismo tono anaranjado incandescente que el otro—. Tú sí los controlas, puedo verlo con claridad.
— ¿Y por qué Elsa no puede? —pregunta Kristoff.
—Son muy parecidos, mas no iguales. Funcionan de manera distinta. Él nunca le ha temido a su poder, la única forma de que pierda el control es por su temperamento. Elsa, en cambio, el miedo es su punto débil, y no puede suprimir su magia por voluntad propia.
— ¿Y qué hago entonces? —pregunta ella, aterrada. Es lo peor que podían hacerle, confirmar que no es capaz de tomar control de su poder.
—Son tus emociones la clave para deshacer tu hechizo.
—Ya lo intenté, tantas veces—se escucha abatida.
—Vengan conmigo, hay algo que deben saber.
Se abre paso entre los trolls y hace una señal para que le sigamos. Elsa va junto a él, yo les sigo a unos cuantos metros. Siento la mirada de cientos de ojos diminutos sobre mí, atentos a cada movimiento. La sensación persiste hasta que nos perdemos de vista, el silencio se rompe y se escucha el murmullo de las conversaciones simultáneas que interrumpen la tranquilidad de la noche. Aunque es un poco molesto en un principio, no tardamos en llegar a un punto en el que se hacen imperceptibles y dejan de ser una distracción.
Subimos por los escalones de piedra hasta llegar a una cueva. Estamos bastante alto, una caída desde este lugar sería letal. Intento no entretener mi mente con esos pensamientos. Me concentro en lo que tenemos en frente, y en lo oscura que está por dentro.
—Asumo que están esperando que sea su linterna humana.
—No es necesario, hijo. Sólo toca las paredes.
Hago lo que me dice, dando una pequeña descarga que hace que las rocas se iluminen, los cristales alumbran rojizos y las runas del interior adquieren un resplandor ambarino. Ya no hace falta que malgaste mi magia cumpliendo el papel de antorcha.
— ¿Por qué nos trajo hasta aquí? —pregunta Elsa.
—Es algo que deben saberlo ustedes, y prefiero que decidan por sí mismos qué hacer sin ninguna otra influencia, hija.
—Y los acertijos continúan—digo—. ¿Por qué nadie puede decirnos directamente qué demonios pasa?
—Paciencia, Hans— ¿cómo diablos sabe mi nombre?
—Creo que ya hemos esperado más que suficiente.
—Hans, deja que hable—dice Elsa, tocando suavemente mi brazo.
—Es importante para ambos. Que exista un humano capaz de controlar las fuerzas naturales es algo raro, pero que coexistan dos y se conozcan es extraordinariamente difícil. Y pese a todos los obstáculos, helos aquí.
—Nos dimos cuenta—digo.
—Tan extraordinario que solamente ha pasado una vez antes que ustedes.
—Se refiere a…—habla Elsa.
—Creo que a estas alturas ya saben de quienes hablo. La Reina de las Nieves, Krasimira, y el Príncipe del Fuego, Nasser. Eran como ustedes dos en cierta forma, mas su crueldad no tenía límites. No quedaba nada humano en sus almas, nada de amor ni de compasión, sólo el odio que los mantuvo firmes por décadas, buscándose el uno al otro para destruirse, creyendo que sólo podía existir uno a la vez.
— ¿Y qué hay de nosotros?
—Dímelo tú, Hans. Has tenido la oportunidad de acabar con tu enemiga natural, y ella la de acabar contigo, pero ambos siguen en pie.
—No somos como ellos—dice Elsa.
—Me alegra que decidieran no serlo. Sólo hay una forma de acabar con tu hechizo, lo dejaré a elección tuya, hija.
—¿Y cuál es?
—No es algo que yo pueda compartir contigo, hijo. Ella decidirá si quiere que lo sepas también.
Se acerca a Elsa y ella se arrodilla para poder hablar en voz baja con el troll. Él le susurra al oído mientras ella escucha atentamente. Son los minutos más largos de la vida. Momentos más tarde, veo la expresión sorprendida, seguida de algo inexplicable con palabras, que naturalmente intuyo, no es una buena noticia. Debe ser realmente difícil de conseguir, ya sea porque requiere de sacrificio o de algún otro método que compromete su integridad.
—La desición es tuya.
— ¿Y qué pasará? ¿Puede deshacer su hechizo, cierto?
—Claro que puede. Sin embargo, será duro para ella sea el camino que tome.
— ¿Qué tanto?
—No puedo saberlo, sólo ella lo sabrá.
No suena bien, en absoluto. Y Elsa tiene la mirada en blanco, como si acabara de dispararle a alguien. En el momento en que nuestras miradas se cruzan, sus ojos parecen clavarse en los míos, en un intento por comunicar un mensaje que no logro descifrar.
— ¿Eso es todo? —pregunto.
—Me temo que no. Debo contarles primero la historia de los otros dos. Al menos lo que supe de ellos. Lamento no poder responder todas sus preguntas, lo que sé de ellos el limitado, su paso por el valle fue breve, enhorabuena.
—Asumo que ninguno estaba domesticado—infiero.
—No, no lo estaban. Ustedes son una sombra débil de su carácter. A Krasimira nunca le importó deshacer sus hechizos, asesinó a miles de criaturas y destruyó aldeas completas en su paso. Los humanos lo recuerdan como la peor tormenta del norte, borramos el recuerdo de ella de sus memorias, por eso no podrán encontrar a nadie que sepa más de ella.
—Suena como una maldita.
—Su corazón estaba lleno de odio y resentimiento, nada le importaba. Era salvaje cuando la encontramos. Se quedó con nosotros por meses, aprendió a usar los cristales y la magia de mi gente. Y con ello, decidió arrasar con lo que quedaba en su camino. Fue la primera gran devastación del valle. Trató de congelar la tierra volcánica que mantiene con vida al lugar. La detuvimos a tiempo, tomó mucha energía expulsarla, mas no fue imposible.
— ¿Entonces, en teoría, también son capaces de detener a Elsa?
—No, sólo podríamos sacarla del círculo y mantenerla allí afuera. Es muy fuerte para nuestra magia, no podríamos detenerla más allá de nuestro dominio.
— ¿Y cómo hicieron para que la otra bruja se fuera?
—Una vez que obtuvo lo que quería, dejamos de interesarle. Lo último que supimos de ella es que se había asentado en el norte del mundo, que construyó una fortaleza y planeaba expandir su dominio.
—Y murió antes de lograrlo.
—Así es. El príncipe Nasser la derrotó, según dicen algunos…
—No me siento bien—dice Elsa con apenas un hilillo de voz.
—Descansa hija, sal y siéntate un momento—habla el anciano—. El príncipe Hans y yo debemos seguir hablando un poco más.
Ella asiente y se retira lentamente, envolviéndose con la capa de piel. Desearía poder acompañarla, tenerla en mis brazos y asegurarle que todo estará bien.
—Ahora, de seguro querrás saber acerca de Nasser.
—De un supuesto hechicero de fuego cuyo nombre curiosamente tampoco es mencionado en los libros, podría decirse que sí.
—Su recuerdo también fue eliminado de la memoria de los hombres. No deben saber que existen criaturas como ustedes, o como mi pueblo. Tratarán de acabar con nosotros, odian lo que no conocen, creen que deben aniquilarlo para estar fuera de peligro.
— ¿Y no es así? Es la magia la que causó este invierno y de esa bruja Kasira.
—Krasimira. Joven príncipe, estás lleno de ideas mundanas, creciste creyendo que tu poder era destructivo. Pero aprendiste a crear en el camino. Tienes la facultad de traer luz al mundo, no sólo reducirlo a cenizas. Sabes bien que son nuestras elecciones las que definen si somos o no un peligro para quienes nos rodean.
—No es tan sencillo. Ya vez que Elsa y yo somos epicentros del desastre.
—Ambos están asustados, de muchas cosas. Incluyendo la que es clave para poder vivir en paz con sus dones. Son jóvenes, tienen muchos años por delante, tantos como un troll si así se lo proponen. Sólo lo lograrán si aceptan su magia, como ya lo hiciste, pero Elsa todavía tiene que terminar su tarea. Los dos pueden fundar un estado de paz para el reino, o matarse entre ustedes, como lo intentaron Krasimira y Nasser hace siglos.
—Hablas como si fuésemos un paquete.
— ¿Acaso no lo son? Hijo, ¿no crees que son muchos indicios para que sea algo incidental que los dos se conozcan?
—Pues…
—Sus poderes son los dos opuestos de la naturaleza, igual que sus personalidades. Mas se combinan a la perfección. Su edad es cercana, sus tierras natales también, ambos nacieron de sangre noble y han tenido una vida dura desde niños.
—Muchos nobles la tienen.
—Pero no muchos tienen sus habilidades especiales. Ni una conexión particular. Tu vida y la de ella han estado entrelazadas desde el instante en que se conocieron, la noche de su coronación.
— ¿Cómo sabes si nos conocimos esa noche?
—Ya se los dije, dones tan fuertes como los suyos no pasan desapercibidos. Toda la tierra cobró vida en el valle en ese momento. Cada cristal, cada planta, incluso el cielo, la naturaleza entera despertó con ustedes. Volvieron a unir lo que se separó en el inicio de los tiempos.
—Se oye bastante profético, casi me conmueve.
—Ahora te burlas, en el futuro no lo harás. En especial sabiendo que aquella que amas es el único poder capaz de destruirte.
—Eso no es -
—No tienes motivos para negarlo estando aquí, ella no te escucha. Podrás ocultarlo bien ante los ojos de los demás. Sin embargo, yo soy más viejo, sé reconocer a un hombre enamorado en cuanto lo veo, aún sin pronunciar una sola palabra.
—No es algo de lo que quiera hablar.
— ¿Por qué no? El amor es intenso, hermoso, y en tu caso, te ha moderado bastante. Solías ser una pésima persona antes de conocerla. No seas necio, una mujer como ella no la encuentras en cualquier lugar.
—Es cierto, es la única… pero ¿de qué sirve que lo sepa? Nunca me perdonará por lo que hice. He cometido tantos errores en el pasado… no puedo pedirle que ignore mi historial de infamias.
—No lo olvidará, pero sí te perdonará. El vínculo que comparten es poderoso, sus futuros están entrelazados, tarde o temprano lo hará.
—No podría aceptarlo. Hubo un tiempo en que la habría asesinado a sangre fría sin pensarlo dos veces.
— ¿Y ahora?
—No soy capaz de hacerle daño. No lo resistiría. Por eso debo alejarme de ella antes que sea tarde.
—Pueden luchar todo lo que quieran, mas el destino los quiere juntos, no importa cómo. Son el final de sus caminos.
—No creo en eso del destino.
— ¿No? Entonces sólo cree que se necesitan mutuamente. Ella es una voz de razón y de bondad para ti, no puedes darle la espalda a quien te sacó de ese lugar oscuro en el que estabas. Y ella necesita a su protector, su compañero al enfrentar la soledad y las adversidades, incluyendo sus demonios internos.
— ¿Y cómo se supone que lo haga?
—Eso no lo decido yo, sino ustedes dos. Son sus acciones las que cambian el curso de sus vidas, no puedo interferir en eso.
—Genial, otra oportunidad para joderla.
—Sólo te aconsejo que hagas lo que creas correcto, no por mí ni por otros, sino porque es lo que tú crees que debes hacer.
—De todos modos no soy bueno siguiendo órdenes.
—Ahora, ve con ella. Te necesita más que a nadie.
—Ella no quiere verme.
—Eso es lo que cree, pero en el fondo te necesita tanto como tú a ella. Comienza por disculparte.
—Jamás aceptará una disculpa, considerando todo lo que le hice a ella y a su familia.
—Eso no lo sabes. Y no hablo de palabras, hablo de acciones. Demuéstrale que no todo está perdido.
Suena sencillo, hacerlo es lo difícil. Sé que no me arrepiento de lo que quería lograr como motivo ulterior, pero sí de la manera en que lo hice. La princesa Anna no estaba contemplada en mis planes, sólo apareció e intenté infructuosamente sortear ese obstáculo. Tomé una serie de malas elecciones, hasta que colapsó el entramado de mentiras y manipulación con el regreso de Anna. Lastimé a la mujer que amo en el proceso, por tratar, como estúpido, de controlarla, tenerla bajo mis garras como una muñequita de porcelana china, o un trofeo de caza de valor inestimable. Nunca imaginé el giro que podrían dar las cosas. Cómo fue que todo cambió, para ambos, para todo el reino inclusive.
¿O es que esto se suponía que pasara? No, es imposible. No existe algo así como el destino, no hay nada escrito de antemano. Ni siquiera estoy completamente seguro de que exista un Dios que controle todo eso. Es lo que hacemos nosotros, con como actuamos, con las personas que nos relacionamos, lo que realmente define nuestro futuro. El azar y nuestro accionar, son lo que moldea nuestras vidas. Casi logro convencerme a mí mismo. Si no fuera por la casi inexistente probabilidad de que Elsa se cruzara en mi camino. ¿Cómo iba a saber que sería mi contraparte femenina, en carácter y en poder? ¿Cómo iba a saber que seríamos compatibles? ¿Cómo iba a saber que terminaría enamorándome de ella?
Camino absorto en mis pensamientos, hasta llegar a la salida de la cueva, donde Elsa se encuentra sentada mirando al horizonte, distraída con su propia mente que debe estar corriendo a miles de kilómetros por hora. Me siento junto a ella, a una distancia prudente, sin tomar contacto en ningún momento. Sólo nos quedamos así, coexistiendo sin perturbar la calma aparente.
Digo aparente, porque lo más probable es que esté batallando en su interior sin dar una señal de ello más que su expresión vacía. Igual que yo. Pienso en todo y nada al mismo tiempo. Pienso en cómo diablos pasó todo esto, en la vida extraordinaria que llevamos, y en la cuestión que no deja de preocuparme: el anciano dijo, en más de una ocasión, que somos los opuestos exactos, y que ella sería mi enemiga natural. Supongo que siempre lo ha sido, más no puedo imaginarme a mí mismo intentando aniquilarla. Tengo una daga colgando de mi cinturón, sería tan sencillo tomarla y cortar su garganta con ella, o incinerarla viva con solo pensarlo. Sin embargo, no puedo. No lo haré. El Hans del pasado o habría hecho sin dudarlo, pero ya no está aquí. Yo sí.
A/N: Hola, hola! apuesto a que no esperaban que volviera tan luego (yo tampoco)
La verdad es que fue una combinación de tiempo libre, atacazo de creatividad y el que la mayor parte de lo que sigue del fic ya está planeado, es cosa de llegar y escribir.
Aprovecho de mandarles un saludin a la gente que lee desde México, siento mucho lo que sucedió y espero que con esta historia puedan distraerse un momento.
En fin, gracias por leer y por sus comentarios, recuerden marcar como favorite, seguir la historia y dejar un Review c:
