Ranma ½ no me pertenece.
Mas en momentos de desasosiego quisiera ser como Rumiko y portarme mal con los fans.
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Fantasy Fiction Estudios presenta
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El año de la felicidad
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Istanbul (not Constantinople)
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Akane giró en la cama y al mismo tiempo probó de nuevo la suavidad de las sábanas de seda y el rico bordado de la colcha. ¡Oh, cuánto derroche en aquel majestuoso palacio! Nunca en su vida había visto tanto oro y plata en adornos por todas partes, nunca había podido ver madera de tan buena calidad en los muebles. Toda la vajilla era finísima, la mejor porcelana, y los cubiertos tenían los mangos adornados con piedras preciosas.
Ella era apenas una criada antes de llegar al palacio. Creyó servir en una casa rica, con unos amos que la trataban bien, incluso con demasiadas atenciones, porque le daban dos platos de comida al día, y toda el agua que quisiera. ¡Qué tonta había sido! ¡Qué equivocada! Aquello no era nada en comparación con lo que vivía en el palacio de aquel jeque, el gran conquistador Ranma. Allí había probado por primera vez los postres, que eran una delicia dulce, azucarada, que deshacía en la boca como si fuera un manjar de los cielos enviado por el mismísimo Kami-sama para deleite de sus súbditos.
¡Qué fortuna había tenido al caer en las manos del poderosísimo Ranma! ¿Qué hados del destino obraban en su favor? No lo sabía, siempre se había creído muy poca cosa, una mujer insignificante, una criada más en la importante casa de sus patrones. No destacaba en nada; era inútil en la cocina y por eso la habían puesto a fregar cuando entró a servir, tenía fuerza, podía sacarle brillo a las cucharas de plata como nadie. Algunos criados de la casa la miraban más de una vez, eso era cierto, pero esos trúhanes miraban a todas de la misma forma pues cualquier otra mujer les serviría de la misma forma para desahogar sus pasiones. Ella era solo Akane Tendo, la hija de un hombre pobre de la ciudad.
Sin embargo ¡oh, gracias alabado Kami-sama de los cielos! cuando el ejército de Ranma invadió la ciudad para reclamarla como suya y bajo su imperio, había matado a los ancianos, capturado a los hombres jóvenes para ingresarlos a su ejército y tomado como esclavas a todas las mujeres.
¡Ella! ¡Una esclava! ¿Había algo más delicioso que ser tomada prisionera y subyugada por un gran señor? Akane volvió a contonear su cuerpo sobre las sábanas de seda recordando la ardiente noche en que Ranma la tomó por la fuerza, como todo jeque hacía con sus esclavas.
Al principio entró al palacio como una más, destinada a servir en la cocina o a abrillantar los grandes pisos de mármol. Allí no había distinciones de ningún tipo, los hombres de Ranma habían capturado a todas las mujeres por igual; la que antes había sido su señora marchaba ahora a su lado, podría llegar a ser su compañera de labores o dormir junto a ella en el suelo.
Claro que Akane no esperaba que le sucediera eso, porque toda mujer con dos dedos de frente sabía lo que le ocurría cuando era capturada por un jeque poderoso.
¡Enamoraba al jeque y se convertía en su esposa, por supuesto! Era idolatrada por su marido y compartían grandes noches de pasión, porque el jeque al verla caía rendido a sus pies sin poder contenerse.
Y en el caso de Ranma no había sido la excepción. Desfilaba por su palacio a grandes zancadas seguido por su séquito de hombres de confianza cuando vio entrar a un grupo de las nuevas esclavas e hizo detener la marcha porque algo llamó su atención. Entre las mujeres, algunas vestidas con harapos y otras con ricas ropas traídas de más allá del mar, había una especial, de largo cabello negro con reflejos azules y ojos castaños del color de la canela en rama. Era Akane.
Ella lo supo, por qué el jeque Ranma detenía la marcha, y en su fuero interno se sonrió de dicha y placer anticipado. Placer, tanto placer.
Ranma dio órdenes a sus hombres y Akane fue tomada por los brazos y encerrada en un amplio aposento donde dos mujeres la bañaron, la perfumaron y la vistieron. Ella estaba más nerviosa a medida que las horas pasaban y se acercaba la noche, se sentía ansiosa y expectante. Sabía lo que pasaría, sería un delicioso abuso, porque todos los abusos eran deliciosos, claro está. Y, como ya todos sabían pues era de dominio popular, si los abusos eran cometidos por un hombre poderoso y rico, más deliciosos se volvían.
Ranma entró al cuarto cerca de la medianoche. Akane se había quedado dormida sobre la cama sin deshacer, con su vestido de exquisito tul y seda. El jeque la sacudió con algo de delicadeza por un hombro para que despertara. Al abrir los ojos Akane creyó que todavía dormía y soñaba. Ese hombre era magnífico, de brazos y piernas fuertes y musculosas; con el cabello negro y lustroso, que ahora traía suelto sobre los hombros y no trenzado como lo había visto antes, conservando todavía la humedad del baño. Sus ojos eran dos preciosos zafiros, brillantes e inteligentes, más oscurecidos en aquel momento por la pasión.
Ella ahogó una exclamación mezcla de desconcierto e inocencia.
Ranma no habló mucho. De hecho, no habló nada, le indicó con un ademán que se quitara las ropas; pero Akane no entendió la seña, o estaba demasiado somnolienta aún, o quizá el pudor se lo impedía. Como fuere, Ranma procedió entonces a sacarle el vestido, que no eran más que capas de tul muy bien envueltas y sujetas, pero él era hombre de armas, de caballos, guerrero poderoso, de luchas, sangre, comida y bebida en exceso, así que no fue delicado.
Rasgó las vestiduras lo suficiente para liberar los pequeños senos de la mujer, blancos y perfumados, y procedió entonces a degustarlos deleitándose, a veces sin ser demasiado amable. Akane se contoneaba debajo de él sin saber bien qué hacer. ¿Debía gemir? ¿Debía exultarlo con palabras? ¿Debía tocarlo? ¿Se lo permitiría él?
Tantas preguntas sin respuesta.
Ranma siguió rompiendo la tela del vestido de Akane con una mano, mientras con la otra se abría sus propias ropas. Las mujeres que la prepararon no le habían puesto ropa interior porque era una barrera innecesaria, así que en pocos segundos Akane estuvo expuesta. Su virginal cuerpo entre la cama deshecha, aunque sin abrir aún.
Ranma pasó las manos por su cuerpo, de forma solemne, como si acariciara una de sus espadas queridas. Luego procedió a desvirgarla.
Akane, los brazos abiertos descansando en el colchón, la cara de felicidad porque había enamorado a un jeque, ni se imaginó lo que venía. Sintió la invasión, un dolor agudo, y luego las embestidas. ¡Oh, el delicioso abuso!... Aunque no era tan delicioso, pero no importaba. Su cuerpo ya no le pertenecía, era de su amo y señor ahora.
Aquel cuerpo poderoso se movía sobre ella y Akane creía sentir, de a ratitos, algo agradable, pero que no llegaba a ser y luego se esfumaba. De a poco algunos grititos (no de placer) escapaban de sus labios. Empezó a quedar ajena a la situación, se dio cuenta de que si se quedaba quieta o no, a Ranma le daba lo mismo, concentrado en su tarea, gruñendo y gimiendo sobre ella. Akane se lo imaginó de pronto como si estuviera cabalgando un caballo raudamente rumbo a la batalla. Pero no era agradable imaginar que el caballo era ella, así que lo sacó de su mente.
Mujeres casadas, de más edad que ella, le habían contado que la primera vez solía ser así. Los hombres son brutos por naturaleza, decían, y nunca se preocupan de una cuando el llamado del instinto los aflige. Luego, con el tiempo y la costumbre, los cuerpos que se conocían y reconocían, las cosas solían mejorar.
Aquello recordaba Akane en ese momento y así se consolaba, pensando que quizá el problema era ella, tan inexperta que no podía hacerse y hacer gozar. Pero no importaba porque después mejoraría, claro que sí, y cuando fueran marido y mujer Ranma la complacería en todo, la tocaría donde a ella le gustaba, incluso, quizá y si tenía suerte, la dejaría estar encima. Comenzó a ilusionarse y soñar con esa posibilidad cuando de pronto Ranma se detuvo en lo alto, gruñendo más todavía y a continuación se desplomó sobre ella resollando.
El corazón de Akane comenzó a latir como loco, porque sabía lo que venía ahora. Él la miraría a los ojos, le diría lo hermosa que era y la besaría dulcemente, luego más profundamente, y hasta quizá repitieran el acto amoroso, con mucho mejor resultado para ella.
Esperanzada, con el cuerpo temblando, entreabrió los labios, levantando apenas la cabeza, dispuesta a recibir aquel beso, que sería el primero de toda su vida; alegrándose de que también fuera para aquel hombre, así como para él había sido su cuerpo y sería su corazón.
Ranma levantó el rostro, la miró a los ojos brevemente y luego bajó los labios para susurrar en su oído.
—Yo soy tu amo y señor.
El cuerpo de Akane vibró de emoción. ¿Él se declararía ahora?
—Estarás dispuesta para mí en cualquier momento que te reclame y me servirás —siguió susurrando, haciendo que la piel de Akane se erizara y los pelitos de la nuca se le pararan—. ¿Has entendido?
Akane asintió apenas, inundada de emociones.
—¿Quién es tu amo y señor, entonces?
—Usted… oh, gran jeque… Ranma —respondió ella con voz entrecortada.
Él asintió complacido y le acarició la cabeza como a una niña pequeña. Después se levantó y comenzó a vestirse.
—Duerme —le ordenó antes de salir del cuarto.
Akane se quedó quieta y desnuda sobre la cama, sin entender lo que había ocurrido, con un dolor agudo entre las piernas, en el bajo vientre, y extendiéndose por sus pechos, donde había sido tocada sin miramientos.
¡Oh, cruel desventura! ¡Eso no era lo que tenía que pasar! O quizá…
Claro, al día siguiente, o la próxima vez que la visitara, Ranma sería cariñoso, amable, le propondría ser su reina (o jequesa, o como se diga), la invitaría a ser su mujer para siempre y la amaría por toda la eternidad, solamente a ella.
Así se consoló hasta quedarse dormida con lágrimas en los ojos.
Sin embargo, no ocurrió. Dos semanas después, Ranma aún no volvía a visitarla y le llegaron murmuraciones de que ya casi se había acostado con todas las esclavas de buen ver que habían llegado junto con ella aquel día. Pronto, decían, el recorrido comenzaría de nuevo y le tocaría otra vez a Akane.
No, no podía ser. Era imposible que el jeque Ranma amara otros cuerpos después de haber probado el suyo. Él la amaba, por eso había abusado de ella, ¿verdad?
Akane lloró de frustración esa noche en su cama, sola nuevamente. Se suponía que las violaciones eran agradables, pero ella no estaba disfrutando nada.
—Estúpido jeque Ranma —susurró entre lágrimas.
Rodó sobre el colchón sollozando.
—Estúpido Ranma. Estúpido Ranma.
Akane se dio vuelta a un lado y al otro.
—Estúpido… estúpido Ranma.
Se despertó de golpe, se sentó en la cama y miró a todas partes, con el corazón golpeándole en el pecho. Sintió tal alivio al ver las cosas de siempre en su habitación, el escritorio con los libros, la silla, más allá su uniforme de la escuela colgado en una percha listo para usar; la luz suave de la mañana entrando por la ventana.
Había tenido el sueño más horrible de su vida.
Se vistió rápido y bajó la escalera dando fuertes pasos hasta llegar a la sala, donde Ranma devoraba tranquilamente su desayuno.
—Hola, Akane —la saludó masticando un trozo de pescado.
Ella lo mandó a volar de un súper puñetazo. La familia ni siquiera le hizo caso a una escena tan usual para ellos.
—¡Ranma idiota! —gritó con todas sus fuerzas.
Después se sentó a desayunar. Ya se sentía mucho mejor.
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FIN
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Nota de autora: ¡Hola a todos! Vamos por partes, diría Jack el destripador XD. El título de este corto es el nombre de una canción, y es la que me inspiró la historia, más por la melodía que por la letra en sí. La versión que me gusta es una actual, de la banda They Might Be Giants, aunque la canción original es de 1950.
Por otra parte, el tema del fic intenta ser una ironía para esas historias donde hay violaciones o maltratos, abusos, pero «no importa» porque al final los protagonistas se aman. O peor, no importa si él te viola o te maltrata, porque es rico y muy guapo, y al final como que se enamora de vos. Pfffft. Digan NO a esto, por Dios. Nadie tiene derecho a maltratarnos, abusarnos, golpearnos o lo que sea. Y hablo a hombres y mujeres. Digan NO a las relaciones tóxicas.
Hubo una época en que este tema abundaba mucho en el fandom; y lamentablemente todavía el tema existe en la literatura de hoy y los libros juveniles que se publican ahora están llenos de personajes así (cof Christian Grey cof, cof). ¡Ah! Pero es tan guapoooooo.
Lo mismo con los cantantes (de cualquier género ¿eh?) donde destratan a la mujer en sus letras, pero no importa porque «es tan guapooooooo».
Bah. En fin. No me agrada la manera en que romantizan las violaciones en la literatura (y en los fics), y mi forma de protestar un poco contra eso fue escribir este fic, pueden estar de acuerdo o no; y puede parecerles bien o no, simplemente es mi postura. Espero que de cualquier forma hayan disfrutado la lectura.
Haruri Saotome: Bueno, era solo una posibilidad y quería darle un poco de lógica dentro de la trama original. Gracias por leer. Saludos.
Akkase-Rainda: Me agrada saber que también se te había ocurrido a vos y no soy la única con ideas raras XD. Gracias por tu lectura. Besos.
Dee-Dee Zednem: Muchas gracias. Para mí tampoco Shampoo ama a Ranma, y esta otra posibilidad podría tener sentido. Besos para vos.
Amigocha: Sí, Ranma es un trofeo para Shampoo, en eso estoy de acuerdo jeje. Saludos.
KityTyKitt: Yo también la shipeo con Mousse (aunque lo trate tan mal al pobre T_T), solo estaba explorando una posibilidad con esta historia. Gracias por leer. Besos.
Litapaz: Bueno, no sé si la quiere… pero podría quererla. Besos.
Akai27: Muchas gracias por tus comentarios. La verdad siempre se me ocurren muchas locas ideas, y veo la forma de encajarlas en la trama original para que se piense «¿y si de verdad…?». Jeje. Besos.
Noham: Al final estaba en lo cierto, los griegos me dan la razón XD. Beso.
Gracias a todos por leer. Nos vemos mañana.
Romina
