Dragon Ball H.S
El Gran Torneo
(Capítulo 26)
- ¡Apresúrate Gokú o no llegaremos! –Decía Son Gohan a su pequeño nieto.
- No abuelito, no quiero ir a eso que llamas escuela, es muy aburrido, déjame dormir cinco minutos más, por favor –Pidió el pequeño tapándose de nuevo con las cobijas. Ante aquella petición, Son Gohan sólo pudo sonreír.
- Pero hijo, esta vez no iremos al colegio.
- ¿Entonces para qué quieres que me levante?
- ¡Pero qué distraído eres¿No recuerdas que te prometí que iríamos al torneo de Artes Marciales?
- ¡Es cierto! –Recordó Gokú saltando emocionadísimo de su cama-. ¿Por qué no me lo dijiste antes, abuelito?
Lo más a prisa que pudo, Gokú se preparó para salir de su hogar junto con Son Gohan hacia la isla del Sur donde se celebraba cada cinco años el fabuloso Torneo de Artes Marciales. Sería la primera vez que Son Gohan lo llevaría al evento, aunque muchas veces antes lo había mencionado, sin embargo por motivos que superaban las posibilidades de Son Gohan, no habían podido asistir al evento. Pero esta ocasión era diferente. Son Gohan había tenido la posibilidad de conseguir algo de dinero, lo suficiente para pagar el pasaje de ambos hacia la isla.
Gokú había insistido a su abuelito que le dejara participar en el torneo, sin embargo, Son Gohan se negó rotundamente, alegando que aún era muy pequeño para participar en un evento como ese. Sería mejor que se preparara mucho tiempo más, pues con el entrenamiento tan básico que él le había dado, no sería suficiente para pasar ni siquiera las preliminares. O al menos eso pensaba Son Gohan.
No se daba cuenta, quizá el cariño de abuelo que le tenía a Gokú, de que su nieto ocultaba dentro de sí un poder mucho más allá de su imaginación y lo único que estaba haciendo al negarle la participación, era que este poder no se desarrollara de forma adecuada.
Listos para partir, Son Gohan paseo la mirada por su pequeña morada antes de ponerse en camino hacía la isla del Sur, examinaba todo cuidadosamente mientras pensaba en si llevaban ya todo lo necesario para el viaje, repasando mentalmente lo que se suponía ya llevaba en su maleta.
- ¡Ya vámonos abuelito! –pidió Gokú un tanto desesperado por la tardanza innecesaria de su abuelito.
- De acuerdo, de acuerdo –concedió Son Gohan, sonriendo al ver el entusiasmo de su pequeño nieto.
Caminaron bastante tiempo, mientras Gokú iba adelante corriendo y jugando con cualquier cosita con la que pudiera distraerse, Son Gohan pensaba si esa, era una buena idea. Le atemorizaba el pensar que su nieto pudiera perderse o sentirse extraño en un lugar que seguramente, estaría lleno de gente desconocida. Pensaba si había hecho bien en tenerlo tanto tiempo aislado de la civilización. Pensaba que quizá sería mejor regresar a casa donde Gokú estaría seguro por siempre sin que nadie lo molestara o le hiciera daño, donde él podría protegerlo de los peligros del mundo.
- ¡Abuelito! –Gritó de pronto Gokú y Son Gohan alzó la vista, sin darse cuenta se había perdido en sus pensamientos y había perdido de vista a su nieto. ¿Y si le había pasado algo?
El corazón del anciano dio un brinco de horror al pensar en esto. Gokú pudo haber caído a un precipicio, pensaba Son Gohan, o quizá uno de esos dinosaurios estaba intentando comérselo, la montaña Paoz estaba llena de criaturas salvajes. Lo sabía, Son Gohan sabía que llevar a Gokú fuera de su casa había sido un error que ahora pagaría con la vida de su nieto.
Rodeó una piedra de gran tamaño y entonces pudo ver a su nieto siendo sometido por una especie de reptil que le doblaba en tamaño. "Se lo está comiendo" pensó el anciano aterrorizado. Su pequeño nieto se retorcía incontrolablemente debajo del reptil que, al parecer, lo saboreaba con su pegajosa y larga lengua que rodeaba en aquellos momentos el cuello del pequeño Gokú. Sin embargo y para sorpresa de Son Gohan, Gokú en lugar de estarse quejando, se carcajeaba sin poder controlarse.
- Abuelito, JAJA, mira, JAJA este dinosaurio es muy gracioso, JAJA –intentaba confesar el pequeño, que no podía hablar debido a las carcajadas incontrolables que provocaba en él el pequeño reptil.
De forma cancina, Son Gohan meneó la cabeza, pensando que Gokú jamás podría ser corregido en la forma en la que iba, seguramente el muchacho jamás maduraría.
Siguieron andando a través de la espesa selva, bajando por la montaña, con los primeros rayos del sol abriéndose paso entre las montañas. La fresca brisa les alborotaba los cabellos y el pequeño Gokú corría entusiasmado frente a su abuelito, quien sonreía, satisfecho por el buen humor de su pequeño nieto, y sus ansias locas de llegar al Torneo.
Cuando llegaron a la estación del autobús que los llevaría hacía el aeropuerto, la gente en esta era mucho más numerosa que en la ocasión cuando Gokú asistió al colegio. La mayoría de las personas en la estación, no podían disimular su emoción por asistir al gran evento que se llevaría a cabo al día siguiente en la isla del sur.
- Estate quieto –pidió Son Gohan a su nieto, pues Gokú no dejaba de saltar de gusto en su asiento, mirando hacía todos lados.
- ¿Ya llegamos? –Preguntaba constantemente, las personas que los acompañaban en el mismo autobús, lo miraban sonrientes. La ilusión del pequeño les causaba una alegría de la que ninguno se acordaría dos horas después.
- Oye abuelito –llamó Gokú la atención de Son Gohan, quien muy disimuladamente, iba mirando a unas jovencillas sentadas dos asientos más adelante.
- ¿Qué sucede hijo?
- ¿Ya llegamos?
- Aun falta otro poco.
- ¿Mucho?
- No, casi llegamos
- ¿Y hay muchos peleadores en el torneo?
- Sí, y con cada uno, el número de peleadores aumenta, por lo que las habilidades de todos ellos, son mucho mejores, pues se preparan arduamente durante los cinco años que pasan entre cada torneo –explicó Son Gohan.
- ¿Alguna vez has participado tú, abuelito? –Preguntó Gokú repentinamente poniéndose de pie sobre su asiento, con el rostro lleno de ilusión. Son Gohan se sorprendió un poco por esta pregunta.
- Sí –respondió un poco apenado-, en alguna ocasión… de hecho, fueron dos veces en las que yo participé en el torneo –orgulloso de que las demás personas lo escucharan, Son Gohan se sintió orgulloso de sí mismo.
- Y en ambos ganaste el primer lugar¿verdad abuelito?
El ego se le cayó a los pies a Son Gohan. Recordó que en alguna ocasión, su maestro le había dicho que las artes marciales no eran para presumir lo fuerte que uno se ponía cuando las practicaba, sino para que el cuerpo estuviera en perfecta armonía con la mente y sobre todo, se mantuviera siempre saludable.
La gente del autobús, aguardaba impaciente por la respuesta del anciano.
- No –contestó al fin y pudo ver algunas sonrisas de satisfacción en algunos rostros. Era esa la razón principal, por la que uno no debía de alardear de "lo bueno" que era.
- Pero eras uno de los más fuertes… ¿verdad? –preguntó Gokú, sentándose lentamente.
Esta vez, Son Gohan pensó un poco antes de responder.
- Debes de entender, que no importa lo fuerte que seas, siempre habrá alguien mejor que tú. Además, el torneo es un evento en el que, si participas, lo haces para mejorar tus habilidades y no para demostrar algo. Durante el torneo, siempre habrá algo nuevo que aprender, inclusive, puedes, y debes, aprender de tus derrotas, que son las que más conocimientos te darán a lo largo de tu vida.
Gokú estaba muy atento a las palabras sabias de su abuelito y al igual que él, las personas más cercanas a ellos. Cuando Son Gohan se percató de esto último, todos volvieron las cabezas hacia el frente, para disimular que no estaban escuchándolo.
Son Gohan sonrío y miró a su nieto, quien seguía mirándolo con expresión interrogante.
- ¿Qué sucede?
- ¿Ya vamos a llegar?
- Por favor Gokú, no seas impaciente –respondió Son Gohan, perdiendo la calma un poco.
- ¡¡Es que ya quiero ver a todos esos peleadores!! –Gritó el pequeño, apretando los puños frente a él.
El autobús lanzó un chillido protestante cuando los frenos lo obligaron a detenerse por completo.
- ¡Aeropuerto internacional! –Anunció el conductor con voz jovial y todas las personas comenzaron a descender del vehículo, apresuradas y deseosas de llegar pronto a la isla.
- Vamos Gokú –apuró Son Gohan y juntos bajaron al gran aeropuerto, en el que había mucha más gente que en la estación del autobús-. No te retraces, hijo.
Ambos, caminaron por el recinto, en el que la gente iba apresurada de un lado a otro, cargando enormes maletas repletas de cosas que seguramente no les servirían de nada en su viaje. Gokú caminaba tomado de la mano de su abuelo para no perderse, pues iba mirando en todas direcciones, sorprendido de algunas cuantas cosas que hasta entonces, jamás había visto.
"¡Próxima salida a la isla del sur; Torneo de las Artes Marciales, andén 5!"
Anunció una mecánica voz femenina que se escuchó por todas partes. Son Gohan y Gokú se dirigieron rápidamente hacía el andén número 5, para abordar el avión que los llevaría hasta la isla del sur.
- ¿Ya llegamos?
- Nos acabamos de subir Gokú, tendrás que esperar otro poco –contestó Son Gohan a la respuesta de su nieto, con los ojos cerrados y respirando profundamente para no perder la paciencia. Sería un viaje muy largo y dentro de él sabía que Gokú preguntaría lo mismo alrededor de 5 mil veces más.
Y así fue.
Si alguna vez Son Gohan había gozado de tener una cabeza llena de cabellos, ahora eso era tan sólo una parte pasada de su vida. Con cada vez que Gokú preguntaba si ya habían llegado, después de la vigésima vez, Son Gohan, desesperado, comenzó a llevarse las manos a la cabeza, cerrar los puños y arremeter contra los descansa brazos, sin importarle en lo más mínimo el dolor que le provocaba el hacerse una depilación en la coronilla.
Cuando por sin bajaron del avión, Son Gohan estaba realmente fatigado, jamás se habría imaginado que Gokú sería tan terrible en periodos largos de tiempo en un lugar reducido.
Pero por fin habían llegado.
La espera para Gokú había terminado y el descanso para Son Gohan había comenzado. Al día siguiente el gran Torneo de Artes Marciales daría inicio y sería entonces cuando el largo viaje valdría la pena. Por ahora, ambos, nieto y abuelo, se retiraban a un hotel cercano a donde se llevaría a cabo el torneo, para descansar y relajarse antes de vivir la emoción que traía consigo aquel evento.
Recostado sobre la cama, Son Gohan sintió la frescura de las sábanas que cubrían su cuerpo viejo y cansado, miró el techo iluminado a la luz tenue que entraba a la habitación desde la calle y sintió que el dolor de cabeza se alejaba lentamente.
- ¿Falta mucho para que empiece el torneo, abuelito?
La noche para Son Gohan, duraría una eternidad.
«-( H.S )-»™
