Hoooooolaaaaaaaaa a tooooooodoooooooos! siento el retraso, los ordenadores del instituto no van muy bien que digamos y como en casa estoy castigada sin ordenador...
Zoe: a saber que hiciste
ya lo sabeis, suspender un examen con 0,53 de nota =.=U
Takuya: te he ganaaaaaado! yo no he sacado nunca una nota tan baja
no me jodas, que ya me lo se
Kouji: bueno, hoy damos la bienvenida a Leire, una de los nuevos personajes de Code Frontier, que nos va a ayudar a controlar (o no) a Takuya
Leire: hola a todos! Como es mi primer dia aquí, en esta zona, me van a dejar comentar los reviews. A ver…. Nipijilguera: a partir del capi pasado ya salimos, a var como te portas, "primita". Jaadee: me alegro de que te gusten mis peleas con el tonto ese (por no decir otra cosa). A partir de hoy hay "sucesos extraños" a ver si adivinas quien esta detrás de ellos
Muy bien, gracias, Leire. Una ultima cosa, os recomiendo pasaros por el ultimo capitulo de APHI, pasaron el otro dia Timy y Ace por aquí y me hicieron una entrevista…. Al final salieron corriendo, no se por que…
Capítulo 26: Charlas y encuentros desagradablesAquella no iba a ser la primera vez que el grupo se enfrentaría a XANA a la luz del día y ante todo Kadic. En las siguientes tres semanas, todos habían ido turnándose para enfrentar al molesto grupo de clones y el resto de monstruos que les eran enviados desde el Digimundo. Por suerte, no habían sido enviados a la Tierra más digimons poseídos; los seis rookies habían sido instalados en la fábrica, con Bokomon, Neemon, Patamon y Lopmon, los cuales continuaban investigando la forma de acceder al Digimundo desde el último piso de la fábrica.
Las últimas noches, Gatomon solía salir de Kadic para ver cómo iban los de la fábrica. Cuando las chicas despertaban a medianoche y no la veían, no se alertaban. Pero por las mañanas, algunas clases amanecían trastocadas: pizarras enteras llenas de dibujos a tiza, mesas amontonadas en un rincón, material de gimnasia dejado de cualquier manera en el gimnasio…
-Esto me huele a digimon encerrado –dijo una mañana Gatomon. Todos los espejos de todos los lavabos habían sido pintados como si estuviesen rotos.
-¿Y qué vamos a hacer? –preguntó Sissi.
-Me pasearé por Kadic esta noche y vigilaré todos los rincones –respondió la digimon.
Aquella noche, en cuanto Jim hubo hecho su ronda por los dormitorios de las chicas, Gatomon salió con cuidado tras él y empezó su búsqueda. Sin embargo, poco rato más tarde, Chiaki se levanto para ir al baño y, al abrir la puerta, se encontró de frente con un digimon.
-¿Pasa algo, Salamon? –preguntó en susurros. Como asustada, Salamon salió corriendo hacia la puerta de nuevo.
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Se notaba la alegría en el cuartel de los Guardianes desde el exterior. Después de mucho tiempo esforzándose al máximo, una de sus miembros había logrado alcanzar el nivel supremo de la digievolución.
-¡Felicidades, Dianamon! –gritó una digimon parecida a una chica-gato con dos colas mientras se abrazaba a la otra.
-Se nota que te has esforzado mucho –sonrió una digimon humanoide con una flor a su espalda.
-Gracias Lilamon –habló Dianamon −. Persiamon, por favor, suéltate.
-Ah, ahora que has crecido me vas a ayudar, ¿verdad? –preguntó Persiamon aún enganchada.
-Sí, pero suéltame, anda, que no puedo moverme.
-Así que lo que decía Gao era cierto –las tres se giraron hacia la puerta, encontrándose con las otras tres digimons femeninas −. Enhorabuena, Dianamon.
-Gracias, Sakuya.
-Ahora sólo quedáis vosotras dos –señaló la sirena.
-Eh, Mer, que aún quedan chicos también –se defendió Lilamon.
-Sí, pero recordad que no sé por qué decidimos apostar que nosotras lograríamos digievolucionar al último nivel antes que ellos –suspiró la última de aquel grupo.
-Irismon tiene razón, ¡la apuesta! –dijo Persiamon dándose una palmada en la frente −. Bueno, mañana me pondré a entrenar. ¡Hoy es día de fiesta!
-Suerte que no has sido tú la que ha digievolucionado, porque si ahora estás feliz…
-Mejor no queramos saberlo –rió Lilamon.
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Aelita despertó muy animada. A los pies de su cama, Gatomon seguía durmiendo, aprovechando la mañana del domingo del mismo modo que Emily y Mikemon. En silencio y con cuidado de no despertarlas, la pelirrosa cogió su albornoz, su neceser y guardó en él su D-Tector antes de salir hacia el lavabo. El pasillo estaba desierto, pero aun así, aceleró el paso hacia las duchas.
-Perfecto, no hay nadie –sonrió observando el baño de las chicas.
-¿No hay peligro para hablar? –preguntó la voz de Lunamon.
-Ninguno –sonrió entrando en una de las duchas y dejando sus cosas donde no se mojaran.
-Estás muy contenta. ¿Ha pasado algo más a parte del recuerdo? –preguntó la digimon.
-No, aún no. Es que… en cierto modo, parecíamos una familia.
-Tienes razón. Pero ahora también es como una familia –señaló la digimon mientras Aelita acababa de quitarse la ropa y empezaba a ducharse con agua caliente.
-Sí… Aunque no sé, es como si tuviera ganas de regresar a ese momento –dijo pensativa Aelita.
-Pero no se puede, Aelita. No se puede viajar al pasado –negó con la cabeza Lunamon.
-Lo más parecido que he hecho han sido las vueltas al pasado –rió la pelirrosa enjabonándose −. Pensándolo bien, creo que necesitaría muchas para poder regresar a ese momento.
-Aun así, no se puede –siguió Lunamon −. Tu presencia en el pasado podría cambiar el futuro y las cosas no sucederían como ves ahora.
-Tienes razón… Perdóname, Lunamon.
-No pasa nada. Hasta yo quiero volver a ese momento. ¡El fiestón que volveríamos a tener! –rió la digimon.
-¡AAAAH!
-¿Qué tienes, Aelita? –la digimon salió rápidamente del D-Tector.
-El agua, que se ha puesto helada de repente –dijo mientras movía la llave del agua caliente −. ¿Eh?
-¿Pasa algo?
-En ningún momento he abierto el grifo del agua fría, sin embargo, el que está cerrado es el del agua caliente…
-Pero estamos tú y yo solas aquí. Y aunque hubiese alguien más, estabas con la cabeza vuelta hacia los grifos –razonó Lunamon −. ¿Y si es cosa del enemigo?
-¿XANA intenta matarme con una ducha de agua fría? –Aelita miró a su compañera varios segundos antes de empezar a reír. Volvió a dejar el agua a su gusto y acabó de ducharse.
La puerta se abrió y ambas permanecieron un momento en silencio averiguando quién había entrado.
-¿Seguro que no voy rara?
-Claro que no, Chiaki –respondió otra voz.
-Eh, Aelita, ¿son Chiaki y Zoe? –preguntó susurrando Lunamon.
-Espera –respondió susurrando también Aelita antes de aclararse la garganta y alzar la voz −. ¿Quién va?
-¡Anda! ¡Buenos días, Aelita! –saludó Chiaki mientras unos pasos se acercaban a la ducha.
-¡Bu! –Zoe se asomó con cuidado de no mojarse demasiado −. Pilladas –dijo señalando a Lunamon.
-Oye, te veo algo diferente –señaló la digimon.
-Ah, sí… Aunque el pesado de Xana-Lucemon ha parado un ratito de incordiar, no me fío de cuándo volverá a hacer de las suya, así que me he puesto ropa más cómoda –dijo dando una vuelta para que la viesen mejor.
-Pues te sienta bien –sonrió Aelita acabando de aclararse y poniéndose el albornoz. Zoe llevaba una camisa morada y tenía las mangas a tres cuartos, sobre la que se había puesto una chaqueta de punto negro. Había cambiado su falda por un pantalón vaquero ajustado y calzaba unas bailarinas blancas −. ¿Y tu gorro?
-He decidido quitármelo.
-Sin contar que los otros dos que tienes no te pegaban –añadió Chiaki mientras ambas salían de la zona de duchas. Ésta llevaba una camisa similar a la azul de cuello blanco que solía llevar pero con la manga algo más larga y algo más oscura, un pantalón marrón y unos zapatos negros
-Bueno, eso también –rió la rubia −. Creo que ahora vamos más cómodas para movernos.
-Sí, eso es verdad. Bueno, me voy a vestir –señaló Aelita −. Lunamon, deberías regresar al D-Tector.
-Ahora mismo –respondió la digimon obedeciendo.
-Más tarde habría que ir a un lugar tranquilo donde puedan estirar las piernas todos los digimons –dijo Chiaki.
-Podríamos ir a la fábrica, que están los otros investigando, aunque parece que aún no tienen nada –explicó Zoe.
-Vale, yo me apunto a ir –sonrió Aelita −. Nos vemos en un ratito.
Media hora más tarde, todos estaban desayunando reunidos en el comedor. Aelita les explicó el recuerdo que había tenido, así como lo ocurrido en las duchas.
-¿No te habrás confundido de llave? –preguntó Teppei.
-Pero de haberme equivocado, jamás habría salido agua caliente –señaló Aelita.
-Yo también he sufrido una congelación en la ducha –dijo de pronto Odd −. Lo que a mí me han caído varios cubitos y todo –dijo frotándose la cabeza −. Y sigo pensando que ha sido cosa tuya, Ulrich.
-Ya te he dicho que es imposible que haya podido colar cubitos de hielo en el baño y tirártelos desde arriba sin llamar la atención –respondió el otro.
-Sí, claro… Pues esa clase de bromas no me gustan.
-Hablando de bromas –interrumpió Tommy −. Parece ser que a Jim también le han gastado una broma.
-¿Le han enviado un aviso falso del FBI para que colabore en un caso ultra importante de espionaje? –preguntó William.
-No. Estaba en su cuarto y alguien golpeó la ventana de su cuarto –explicó.
-Le tirarían una piedra para llamar su atención –se encogió de hombros Katsuharu.
-Da lo mismo. Lo que sé es que cuando abrió la ventana para descubrir al gamberro, en el alféizar de la ventana estaba la calavera de maniquí de clase…
-Lo habrían dejado antes –interrumpió Jeremy −. Si sabes abrir puertas, lo demás es fácil.
-Bueno, eso sí, aunque no sé cuántos podrían abrir una puerta, pero ¿cómo te las arreglas para que esa calavera esté moviéndose? –le preguntó haciendo callar al grupo.
-¡Eh! Eso suena bien para un documental del gran Odd –sonrió el rubio −. "El ataque de las calaveras vivientes".
-¿Seguro que era el del maniquí y no un juguete o robot? –preguntó Sissi.
-Al de clase le falta precisamente la cabeza… Y parece ser que sí, la cabeza salió a despejar su mente –respondió Tommy, haciendo chillar a Sissi.
-Bueno, no hace falta ponerse así. A mí me parece que el fantasma de ese esqueleto quiere vengarse por las veces que hemos gastado bromas utilizándolo –dijo Odd.
-Y por eso ataca a Jim, ¿no? –preguntó Takuya.
-¿Qué? No tiene ojos, por lo que va al primer sitio que encuentra.
-¡AAAAAAAAAAAAAAH! –un grito en las cocinas alertó a todos los allí presentes.
-¿Habrá visto Rosa una rata merodeando por la cocina? –preguntó intentando ver algo desde su sitio JP.
-Pues de momento, parece no salir –dijo preocupada Chiaki −. ¿Nos asomamos a ver?
Poco a poco, fueron acercándose, como el resto del comedor, hasta alcanzar a ver la cocina. El caos reinaba en aquel lugar: una olla hirviendo, el grifo abierto, varias sartenes por el suelo, el rodillo de amasar a los pies de la cocinera y una Rosa completamente blanca de harina.
-¿Estás bien, Rosa? –se oyó tímidamente, aunque la mujer no estaba para muchas palabras.
Mientras algunos salían en busca de ayuda a algún profesor, otros entraron a la cocina para apagar el fuego de esa olla que ya empezaba a rebosar, recoger el estropicio y ayudar a levantar a la mujer.
Ocultos en un árbol, dos figuras encapuchadas observaban la escena: una permanecía en silencio mientras que a la otra se le escapaban unas risitas.
-¿No crees que te has pasado con eso del rodillo? –preguntó la voz más calmada.
-Eh, le he frenado la caída, así que sólo tiene un susto en el cuerpo –se defendió entre risitas la otra figura.
-Por ese detalle te vas a librar.
-Pues anda que tú… Cuando vean lo que has dejado en la fregadera –los gritos desde la cocina hicieron reír nuevamente a aquella figura −. Dices de mí, pero tus bromas son más macabras.
-Sólo es un pescado –dijo el primero mientras empezaba a alejarse.
-Y lo has cogido horrible… Hasta a ti te da asco cuando lo pescas –rió la otra siguiéndole.
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Xana-Lucemon estaba furioso. En todo aquel tiempo, todos los ataques habían resultado un fracaso. Ni se lograba eliminar a las dos traidoras ni la Scyphozoa tenía ocasión para robar datos a aquellos niños. Había algo que se le estaba escapando de las manos. Aunque enviaba los ataques repentinamente, parecía que esos niños y sus digimons sabían claramente cuándo actuarían y estaban preparados para atacar antes que Duskmon y los demás clones llegasen a esa academia donde los creía tener acorralados.
-Mi señor –la voz de Myotismon le devolvió al Digimundo −, llevamos varios días sin atacar. ¿Ocurre algo?
-No, Myotismon –respondió tranquilo el ángel caído. Después de varios segundos en silencio, se volvió hacia el vampiro digimon −. Quiero que traigas ante mí a un Phantomon para entregarle una misión.
-Como ordene, mi señor –Myotismon hizo una breve reverencia y salió de la sala −. Un Phantomon para una misión… ¿Yo soy su mensajero y ya está? –protestó avanzando por los pasillos.
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-¡Extra! ¡Extra! ¡Después de este largo mes sin noticias frescas, el periódico de Kadic entrega su edición especial con los detalles más asombrosos de este tiempo!
-Vaya, parece ser que Milly y Tamiya por fin han podido publicar algo –señaló Emily acercándose a las dos reporteras para coger unos cuantos periódicos.
-¡Adelante! ¡Los resultados de todas nuestras investigaciones sobre los personajes más populares de Kadic! ¡Asombroso especial de "Los domadores de monstruos"! –chillaba Milly agitando un ejemplar.
Emily regresó con cinco periódicos que repartió para que todos leyesen.
-Oh, cielos –la voz de fastidio de Jeremy hizo alzar a todos la vista −. Sólo se habla de nosotros… Maldito XANA –dijo pasando las páginas de aquel ejemplar.
-Bueno, están nuestras entrevistas –dijo Takuya −. Eh, esto no lo dije yo –señaló una frase.
-"Al parecer, y aunque son muchas las que van tras nuestro nuevo compañero Kanbara, ya hay alguien que le ha robado el corazón" –leyó Koichi.
-Ui, ¿y quién es la afortunada? –se acercó JP.
-Está claro que su amiguita del alma. ¿A que sí, Takuya? –rió Odd.
-Si estás hablando de la Sunshine, ya puedes ir retirándolo. ¡NI EN BROMA ME DIGAS ESO! –protestó Takuya.
-Lo dicho, es ella. Ay, qué rápido nos olvidamos de tu adorada Magnadramon –se unió Zoe quitándole la revista de las manos al chico −. A ver qué han escrito de mí… ¿Que soy qué? –las manos de la rubia cogían cada vez con más fuerza aquel cúmulo de papeles.
-Vaya, parece que apartar de la lista de deseos ajenos a Kouji te ha convertido en el centro de muchas críticas –observó Chiaki, siguiendo desde su ejemplar lo que se decía de Zoe.
-Va, no les hagas caso. Son un grupo de celosas que no saben cómo dividirse a mi hermano para tener todas un poco –dijo Kouji señalando con el pulgar a su gemelo.
-¡Eh! –Koichi iba a replicar, pero se quedó leyendo su entrevista −. "…para muchas, la presencia de Kimura ha sido como caída del cielo…" ¿Pero qué es esto?
-"Tierna y dulce, pero con un mal genio que es mejor no despertar jamás en ella". Así creo que la gente me tendrá miedo –suspiró Chiaki.
-No eres la que peor está –Tommy le pasó varias páginas, a la entrevista de JP −. "Aunque es un experto en trucos de magia, no tiene la misma suerte en el amor o, más específicamente, en hablar con las chicas"
-Ahora recuerdo otra vez que me rechazaron todas –se deprimió el gordito.
-No te preocupes, JP, nos tienes a nosotros, tus amigos –le animó Aelita.
-Mira, también están las entrevistas de las otras tres –señaló William.
-Así que las otras dos acompañantes de la amiguita del alma de Takuya son su hermanita Neila y su prima Arya –observó Odd −. ¿Creéis que ellas dos también tratarían fatal a Takuya?
-Vete tú a saber. A lo mejor incluso cae mejor a las otras dos –se encogió de hombros Teppei.
-¿Y si Takuya se enamorase de una de las otras dos, creéis que Leire se lo permitiría? –siguió bromeando Odd, pero Takuya no dijo absolutamente nada −. ¿Qué le pasa ahora?
-Con que… aprendiéndote de memoria los datos y gustos de Leire pero no las lecciones de clase, ¿eh? –le pilló Ulrich.
-¡NO ES LO QUE PARECE! –respondió lo más rápido que pudo.
-Pues ya me dirás qué haces –sonrió burlona Gatomon.
-Es que… me sorprende que a ella también le gusta el fútbol –se excusó.
-Ya, claro, y por eso babeabas –rió Katsuharu.
-¡NO BABEABA! –todos empezaron a reír con fuerza, excepto Jeremy, que seguía pasando las páginas.
-Maldita sea… ¡Ese par son demasiado detallistas! En cualquier momento podrían relacionarnos con esos "domadores de monstruos" como han decidido llamar al grupo. Y entonces, adiós a todo –protestó Jeremy.
-Tranquilo, ya seremos más cuidadosos. A demás, sólo podrían identificarnos a nosotros ocho. Ellos podrían continuar luchando si sospechasen mucho de la verdad –le intentó calmar Aelita.
-No, no me quedo tranquilo. Son descripciones muy claras aunque nos pongan nombres basándose en nuestro vestuario o nuestras armas –dijo señalando la palabra "elfos" junto a la imagen no muy clara de Jeremy y Aelita con las ropas de Lyoko.
-Pues ya estás inventando un aparato al estilo el que sale en "Men in Black" para borrarles la memoria a todo Kadic, Einstein –señaló Odd.
-¿Crees que serviría después de un mes actuando? –le preguntó el informático, claramente enojado antes de dar media vuelta y marchar.
-Voy con él –corrió Aelita.
-En serio, si se pone así, seguro que nos descubren por cómo actúa, no porque relacionan las descripciones –negó con la cabeza Emily −. Bueno, pues sin nada que hacer, ¿qué tal si aprovechamos y vamos "de paseo" hasta la fábrica?
-Genial, así veremos qué tal van los digimons –saltó Chiaki.
-Le enviaré un mensaje a Aelita para avisarla –Sissi sacó su móvil y empezó a escribir mientras el grupo se ponía en movimiento.
-Oye, Takuya –Teruo cogió de la chaqueta al chico, haciéndolo voltear −, ¿te importaría que vayamos por otro lado para hablar con calma?
-Podemos ir más atrasados…
-No, es que me apetece hablar a solas –dijo agachando la cabeza.
-Está bien… Chicos, Teruo y yo nos iremos por el bosque, que tenemos temas de qué hablar –sonrió Takuya pasando un brazo por los hombros del otro y arrastrándolo hacia otro camino −. Nos vemos allá.
Ambos empezaron a caminar en silencio. Takuya esperaba tranquilamente que Teruo decidiese hablar, aunque transcurridos cinco minutos de completo silencio no pudo aguantar más.
-¿Qué es lo que ocurre, Teruo?
-¿Eh? –la mente del chico todavía trabajaba en formar frases con las que expresarse a una velocidad vertiginosa −. Verás, tengo un problema y quiero algo de consejo…
-¿Has apostado algo que sabes de sobras que vas a perder?
-No, no es nada de apuestas ni peleas… Se trata de… A ver, supón que te gusta una chica desde hace tiempo, pero esa chica está con otro y tú no logras olvidarla, y de pronto aparece otra chica en tu vida que te gusta pero tú no logras olvidar a la primera. ¿Qué harías?
-Oye, por un casual la chica no será Zoe, ¿no? –preguntó temeroso Takuya.
-¿Eh? No es ella… ¿Por qué lo preguntas?
-Es que eso de que está con otro… Zoe sale con Kouji, y no se me ha ocurrido nadie más.
-Bueno, en realidad, esa chica no está saliendo con nadie, pero está mucho con ese chico… Y aunque hay otra chica, no logro sacármela de la cabeza.
-Es sencillo: tienes que sacártela de la cabeza –sonrió Takuya −. Las chicas se nota mucho cuándo están enamoradas de alguien por cómo le miran o le hablan.
-¿Y tú eso lo sabes ver? –preguntó no muy convencido Teruo.
-Bueno, si tú estás enamorado de esa chica, te es algo difícil porque tiendes a pensar "¿se estará fijando en mí?" –rió tontamente el otro.
-Oh, vaya…
-Pero si me dices quién es esa chica que no te puedes sacar de la cabeza, yo me pego a su sombra si hace falta para decirte lo que siente hacia ti.
-Está bien… Es Chiaki.
-¿En serio? –se sorprendió −. Pues no me he dado mucha cuenta, la verdad.
-Ya, es que lo disimulo bastante bien…
-¿Y en quién crees que se fija? –preguntó Takuya.
-Pues no sé, más bien habla mucho con todos los demás… Y parece como si no sintiera nada por mí –respondió sonrojándose.
-La verdad, no le veo una mirada de enamorada cuando habla con los otros… Ni que busque de reojo… Puede que ella te vea como un gran amigo en el que confiar cualquier problema.
-Aun así, me resulta difícil quitármela de la cabeza. Es tan dulce…
-Ah, hay otra forma de saber si siente algo por ti. Habla con esa otra chica, busca cosas en común, y si le gustas a Chiaki, se notará porque estará celosa.
-¿Tú crees?
-¿No pasó eso entre Zoe y Kim?
-Pero Kim son datos extraídos de Zoe…
-Aun así, ¿no viste cómo se puso porque Kazemon besó a "su" Lobomon?
-¿Crees que Chiaki haría eso?
-Todos hemos visto esa faceta furiosa suya cuando ese grupito ruidoso le robó a su ayudante de deberes –aquellas palabras deprimieron con fuerza a Teruo −. Eh, eh, que está bien que tengan su toque rabioso las chicas…
-No, no es por eso…
-Ah, bueno… Venga, que yo te ayudaré a saber si Chiaki está o no interesada en ti. Y si no lo está, tendrás vía libre para conocer a esa otra chica que aún no me has dicho cómo se llama.
-Pues…
Unas risas hicieron callar a ambos de golpe. Se detuvieron y se miraron el uno al otro hasta que por un camino a la derecha aparecieron dos chicas.
-¡TÚ! –chilló Takuya señalando a una de las dos.
-Oh, vaya, me vengo al bosque a hablar tranquilamente con mi hermana y ¿qué me encuentro? Al más ruidoso del planeta. Hola, Kanbara, encantadas de verte.
-¿QUÉ TE CREES QUE HACES POR AQUÍ? –chilló aún señalando Takuya.
-Oye, que el bosque no es tuyo –respondió con cara de pocos amigos la otra.
-Leire, por favor, cálmate… Cielos, nos lo acabamos de encontrar y ya están así –negó con la cabeza la otra chica.
-A ver, Miss Perfección –empezó Takuya −, estaba teniendo una conversación de hombres con mi amigo Teruo, aquí presente. Y tú has interrumpido con tu aparición.
-¡Pues id a hablar a un cuarto y encerraos allí! –le chilló Leire −. Mi hermana y yo también tenemos derecho a salir de paseo, ¿no?
-Ay, cielos…
-Hola, Neila –saludó Teruo.
-Hola. ¿Crees que los podemos separar?
-Mmm… No. Déjales que se chillen un rato… Seguro que pronto se separará cada cual para un lado –respondió metiendo las manos en los bolsillos.
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-¿Ordenó que me llamaran, mi señor? –preguntó un Phantomon.
-Sí –respondió el ángel caído levantándose de su puesto −. Tengo una misión que espero que cumplas perfectamente –el digimon asintió en silencio y esperó aquella orden tan importante que tenían que darle −. Voy a enviarte a la Tierra y quiero que secuestres a alguno de esos niñatos.
-¿Alguno en especial?
-Al que sea: el más pequeño, el más débil, el que primero veas… Me lo traerás aquí y será el cebo para hacer caer al resto en mi trampa.
-Así lo haré, mi señor –el Phantomon hizo una leve inclinación con la cabeza y abandonó el lugar.
-Mi señor –habló Myotismon −, ¿les hará venir hacia aquí?
-No, Myotismon. Les dejaré un portal en aquella casa donde atacamos primero… Para que puedan acceder a los calabozos de este lugar, de donde no podrá escapar nadie –rió Xana-Lucemon satisfecho por su idea.
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Teruo y Neila decidieron sentarse en una gran roca del camino a observar la inacabable discusión que mantenían los otros dos. Sin que ellos se diesen cuenta, por encima de sus cabezas, otras dos figuras menudas observaban la escena de forma pensativa antes de alejarse prudencialmente.
-¡Te aconsejo que vayas de nuevo hacia Kadic, te encierres en la biblioteca y estudies, pedazo de vago! –chilló Leire.
-¿Y tú qué harás? ¿Irte a tiendas a comprar nuevos modelitos? ¡Porque has de saber que lo necesitas! ¡Anda que no tienes mal gusto vistiendo! –le gritó Takuya
-¡Mira quién fue a hablar! ¿Te miras por las mañanas al espejo? ¡Estás hecho un desastre!
-Vaya –suspiró Neila −, ahora critican las ropas… Ya llevan los estudios, el peinado, los hobbies y la ropa…
-Dios, envíanos algo para que se callen –dijo con los brazos hacia el cielo Teruo.
-Deseo concedido –rió una voz tras ellos.
Sobresaltado, Teruo se levantó y cogió de la mano de Neila para apartarla de aquella roca justo cuando una guadaña se incrustaba en donde habían permanecido sentados.
-¿Qué es eso? –preguntó asustada Neila. Tras ella, Leire y Takuya habían dejado de gritar y observaban −. ¿No podías haber especificado lo que querías? –le preguntó a Teruo.
-No creo que Dios me envíe esta clase de cosas –respondió retrocediendo poco a poco.
-Maldita sea, ¿qué hacemos ahora? –le susurró Takuya observando al Phantomon acercándose divertido.
-Lo suyo sería alejarlas a las dos. No podemos digievolucionar ante ellas… Jeremy nos colgaría si se enterase –respondió en susurros Teruo.
-¿Alguien quiere ofrecerse voluntariamente? –preguntó el Phantomon soltando una ruidosa carcajada.
-Llévatelas tú, Teruo –susurró Takuya −. En cuanto estés lo suficientemente lejos, las dejas donde sea y regresas para ayudarme.
-Está bien –respondió Teruo preparado para salir corriendo.
-¡Eh, tú! ¿A que prefieres jugar conmigo? –chilló Takuya empezando a alejarse del grupo.
-¿Pero tú eres estúpido o te crees el héroe? –le gritó Leire.
-Nosotros tres nos largamos –susurró Teruo volteándose y cogiendo a ambas chicas de la mano.
-¿Con que intentando escapar, eh? –el Phantomon estiró de su cadena y la lanzó contra los otros tres, quienes tropezaron con el metal y cayeron al suelo.
-¡Eh, déjales a ellos! –Takuya se lanzó directamente contra el digimon fantasma, sin importarle si acababa atrapado en su capa.
-¡Tú no interfieras, mocoso! ¡Corta almas! –desde aquella distancia, el ataque dejó inconsciente al instante a Takuya ante la aterrorizada mirada de las otras dos chicas.
-¡Vosotras dos, corred lo más lejos posible! –dijo Teruo.
-¿Pero y tú qué?
-¡No puedo dejar a Takuya ahí tirado! –gritó señalando el cuerpo en el suelo de su amigo.
-¡Ja, ja, ja! ¿Y si me lo llevo? –preguntó burlonamente Phantomon.
-Ni se te ocurra tocarle, fantasma de pacotilla –Teruo corrió hacia él.
El digimon se volvió hacia el chico que se le acercaba corriendo y preparó nuevamente su guadaña. Sin embargo, en el último momento, lanzó su cadena en aquella dirección. Teruo se cubrió con ambos brazos, esperando recibir el golpe de aquella bola que jamás llegó a tocarle.
-¡Leire! –el grito de Neila hizo al chico voltearse para ver la cadena atrapando a la otra −. No sueltes mi mano –pidió su hermana intentando estirar de ella.
-Da igual qué intentéis. Me la voy a llevar –rió el digimon estirando de la cadena y atrayendo a la chica a su lado −. ¿La queréis?
-Déjala ir –ordenó Teruo −. Ella no tiene nada que ver en esto.
-Lo siento, pero no puedo hacerte caso –rió pasando su capa por encima de la prisionera.
-¡No! –el grito de Leire se perdió a medida que el trozo de tela la acababa de cubrir y la hacía desaparecer.
-¡Te arrepentirás de esta, Phantomon! –señaló Teruo.
-Sí, claro. ¿Me detienes ahora? –el digimon empezó a desaparecer mientras reía estrepitosamente.
Allí, en aquel cruce de caminos, Teruo continuó con la mirada fija en el punto donde había desaparecido el digimon varios segundos más antes de correr hacia Takuya. Neila también se fue acercando lentamente, aún demasiado asustada como para decir algo. Por encima de ellos, dos felinas observaban con enojo.
-Parece ser que alguien se ha colado aquí –habló la más oscura.
-No debimos haber marchado. Habríamos saltado y llamado la atención del Phantomon, dándoles la oportunidad a los cuatro para huir –dijo la otra.
-Da lo mismo. Habría que ir al Digimundo, ¿no crees?
-Ya estás tardando en moverte –respondió empezando a saltar de árbol en árbol.
En poco más de cinco minutos, ambas gatas llegaron a la fábrica en el río y entraron dispuestas a alcanzar el anhelado portal. Sin embargo, ya había gente en aquel lugar, dificultándoles el paso.
