Pistola
Tenía la pequeña costumbre de guardar las piezas de su trabajo.
Las más resaltantes y sin precedentes, pilas de hojas arrugadas y sucias con cálculos complejos que le llevaron al descubrimiento de nuevos venenos, piezas irreconocibles de prototipos que más adelante se convertirían en sus más fructíferos inventos, especímenes genéticamente modificados que a pesar de haber considerado fracasos conservaba criogenizados.
Sin embargo, guardaba con especial cariño una pistola.
Era una simple pistola, un arma de fuego como cualquier otra que ni si quiera era funcional, modificada para ser capaz de contener en mayor cantidad una munición mucho más letal que las existentes.
El experimento fracasó rotundamente, el tambor no pudo contener la chispa del primer disparo y todas las cavidades se encendieron a la vez, explotando el arma y lastimando su rostro con pedazos de metralla.
Recordaba su propia voz en un grito aterrador, el ardor en su cara y las heridas tan graves que sabía que el accidente causó.
Recordaba aún claramente en su piel el terrible dolor que le provocó y cómo la fuerza del impacto lo arrojó al suelo, sus ojos enrojecidos por la sangre, desmayándose al no poder resistir más.
Demencia al conocer la historia no pudo más que sentirse mal al observarla, preguntándose para qué guardar tan funesto recuerdo.
Claro estaba, ella no sabía que simplemente era la pistola fallida que causó, por primera vez, que su jefe lo consolara sujetándolo en brazos, tratándolo con cuidado y con genuina preocupación en su rostro cuidando su desvanecido cuerpo, tratando las heridas, haciéndole estremecer el corazón.
