Buenas noches:

Que lo disfruten

Publicado: 23 de septiembre de 2018

.

.

Capítulo 25

Díselo con una canción.

.

.

Los días más fríos se fueron alejando con el paso de las semanas, la nieve y el hielo que habían cubierto a las tierras y al agua se fueron derritiendo dándole oportunidad a los ríos fluir y a las plantas despertar al igual que a los animales y demás criaturas que vivían en la isla.

En el castillo, los pequeños dragones poco a poco también se empezaron a acostumbrar a los cambios que había en la naturaleza y con la ayuda de sus padres, las hadas, la reina y demás habitantes comenzaron su aprendizaje de cómo volar y a cómo valerse por sí mismo, aunque fueran muy pequeños.

Por el lado de Hiccup, después de haberse recuperado de la caída en el lago había regresado a sus habituales actividades: recolectar, reconstruir y ayudar en lo que fuera; y por las mañana y tardes salir a volar en Toothless, pues este lo necesitaba ya que decía que si no volaba lo suficiente su cuerpo lo resentía.

Y precisamente eso se encontraban haciendo, Toothless surcaba los cielos en compañía de Hiccup y su colado hijo, volando un poco más allá de los límites de la isla hacía un punto donde solo estaba el mar y el cielo. Ahí presenciaron juntos la puesta de sol.

—¡Es increíble papá! —Exclamó el fascinado Pihc, viendo como el sol se iba ocultando lentamente en el horizonte

—¿Verdad que sí? Te dije que era hermoso. —concordó el feliz Toothless.

—Papá… ¿Me dejarías intentar volar por mi cuenta a esta altura?

—Mmm… no sé, creo que puede ser peligroso hijo, ¿tú qué opinas Hiccup?

Ambos dragones pusieron su atención al herrero que desde el despegue había estado en silencio, y ese momento no era la excepción, Hiccup este estaba ausente viendo aparentemente hacia la puesta de sol, pero sus pensamientos estaban en otra parte.

— ¿Cómo estará mamá en estos momentos? Ya casi es un año desde que llegué aquí, ¿Estará bien? ¿Gobber seguirá en la herrería? ¿Camicazi o Heather seguirán detrás de Eret? ¿Liris será ya una respetada seid?

Desde que Astrid le había mencionado lo de la aniquilación de av de svakeste, no había dejado de pensar en aquello y una vez que se recuperó investigó en sus ratos libres en la biblioteca, encontrandose con un libro que contenía información acerca de esos métodos de matanza. Escrito por Hofferson I, el desgraciado narraba como se había librado de una flotilla a la que servía para seguir su propio camino, deshaciéndose de los fieles seguidores de su antiguo líder, así como de los débiles e incitando a los fuertes a seguirlo; y una vez que llegó a la isla el cómo ahuyentó, destruyó y aniquiló a muchas familias de dragones, osos, lobos y muchas otras criaturas sin considerar ni un poco el equilibrio de la vida y la naturaleza.

Raramente, leer de Hofferson I hizo que Hiccup se lo imaginara con la apariencia de Drago, ya que como lo había sido ese rey, así podía llegar a ser Drago: avaro, peligroso, orgulloso, insensible; sin embargo, al considerar que este último protegía al pueblo durante los ataques lo hacían dudar. ¿Drago era realmente el enemigo? ¿Y si había algún traidor entre ellos? Fuera lo que fuera, lo tenía muy confundido y lo ponía a pensar si era el momento de regresar a donde pertenecía.

—¿Hiccup?

Pero ¿cómo hacerlo? Pensó el herrero cabizbajo, le gustaba mucho vivir ahí, con Astrid, Toothless, todos los dragones, trolls y demás criaturas. Además, que el solo hecho de pensar que no podría jamás poder volar y sentir lo que sentía con los habitantes del castillo hacía que su corazón sintiera tristeza.

—¡¿HICCUP, HICCUP, HICCUP?! ¡DESPIERTA!

El herrero se sobresaltó por tremendos gritos de parte Pihc y Toothless, quienes llevaban algunos minutos llamándolo.

—Ah, lo siento… creo que me dormí con los ojos abiertos ¿me estaban diciendo algo?

—Sí. Le decía a papá que si podía probar mi vuelo desde esta altura.

—Y yo le dije que podía ser peligroso… pero que de igual manera lo podía intentar…si nosotros vigilábamos sus escamas. —contó Toothless pausadamente, tratando de ver de reojo a su distraído amigo.

—Ah, bueno… Pihc, desde esta altura el viento puede lanzarte lejos, pero si quieres intentarlo no hay problema, Toothless y yo te cuidamos.

—¡Que bien! —gritó el dragoncito saltando de la cabeza de su padre, pero en lugar de mantener el vuelo cayó al vacío.

—Lo que me imaginaba que pasaría, vamos por él Hiccup. —se apresuró Toothless a salvarlo.

Hiccup movió el pedal de la prótesis del dragón para mantener su vuelo; y mientras salvaban al pequeño e intrépido Pihc, el herrero volvió a ausentarse de la realidad, al considerar que si se iba Toothless no podría volar, por lo que era mejor que empezara a pensar en una manera de que la prótesis fuera autónoma de él.

.

.

.

Volviendo ya muy tarde al castillo, Toothless y Pihc acudieron con Stormfly en los jardines para la cena y para contarles las novedades de su entrenamiento de vuelo, mientras que Hiccup vería si tendría el placer de tener la compañía de Astrid durante la cena, como acostumbraban a hacerlo. Sin embargo, nuevamente no iba prestando atención y caminaba totalmente ido por los interiores del castillo.

—Llegaron muy tarde ahora. —escuchó decir detrás de él.

El distraído herrero en un sobresaltó se giró viendo que se trataba de Astrid, quien por sus facciones esperaba explicaciones.

—Ah, sí… le dimos unas cuantas lecciones de vuelo a Pihc para que lo pasó en el lago no se repita otra vez.

—Claro, no me molesta… solo si pueden hacerlo más temprano y cerca del área. ¿Se lo podrías decir a Toothless? Porque creo que si se lo digo yo saldrá con una "BestiAstrid es cosa de dragones" o algo así por el estilo. —pidió con una risita nerviosa.

—Claro Astrid, se lo haré saber a Toothless. —prometió Hiccup sin muchos ánimos de reír, al contrario, su preocupación era muy notoria.

—¿Pasa algo?

Desde días atrás, Astrid notaba distraído a su herrero, precisamente desde el incidente en el lago cuando muy atrevidamente ella lo toqueteó para luego cuidarlo, desde ese entonces tenía la sensación de que Hiccup ya sabía lo que ella sentía por él, pero dado a que él no se confesaba, ella había optado por adelantarse, aunque era algo difícil ya que siempre terminaba balbuceando o diciendo una tontería.

—No, ¡nada! no pasa nada… ¿y tú cómo estás? ¿Alguna novedad?

—No, pero… eh… Hiccup, ¿crees que podamos hablar a solas?

—Eh… ¿a solas? Estamos solos. —observó a su alrededor.

—Bueno, más bien… no aquí… ¿podemos… salir… a…caminar? —pidió titubeante.

—Eh… bueno… seguro.

No diciendo nada más, la nerviosa Astrid guio a Hiccup hacía uno de los corredores del pasillo teniendo como espectadores sigilosos a los curiosos trolls, hada y gnomo que no los descuidaban desde que Astrid había tomado su decisión.

.

.

—¿De qué quieres hablar? —preguntó Hiccup una vez que salieron a los pasillos exteriores que llevaban al camino de las estatuas abandonadas.

En el exterior, el lugar estaba casi oscuro salvo por la luna que en pocos días llegaría a ser completamente llena, así como unas antorchas que estaban a lo largo del pasillo.

—Yo…

"Vamos Astrid, díselo, ¡es tu oportunidad!"

—Yo…

—¿Sí?

—Yo quería, yo quiero…

"Anda cobarde"

—Yo quiero…¡argggg ¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL DECIRLO?! —gruñó frustrada.

—Calma Astrid, ¿qué pasa? ¿Qué es tan difícil?

—¡QUIERO DECIRTE QUE…!

.

.

—Vamos Astrid, tú puedes. —alentaba la acechadora Poppy que oculta detrás de unos arbustos con Lavander, Cooper, Bo y los demás trolls veían entretenidos al par de humanos.

—Ya díselo… —rogaba el hada con los puños apretados.

—Shalalala qué pasó… no se atreverá. —empezó a canturrear Cooper.

—Cierra la boca, es un momento muy crítico. —silenció el nervioso Bo.

—No, claro que no… sigue Cooper, esa canción puede llegar a ser un éxito. —motivó Poppy tomando notas.

—¡¿Sí verdad?! Entonces ¡NyaNYANYAAA!

—¡Que cierres la boca! —llegó rápidamente Branch a cerrar su boca.

—Hola amargado. ¿qué haces aquí? —saludó la risueña Lavander.

—Evitando que arruinen las cosas

"¿Escuchaste eso?"

—¿Lo ven? —señaló el troll amargado cuando Hiccup y Astrid empezaron a buscar lo que los había distraído.

.

.

—Tal vez es una rata o una ardilla o algo así. —rio Astrid con nerviosismo, aunque muy por dentro sospechaba quien pudiera ser el que había gritado de esa manera.

—Tal vez… en fin, ¿qué es lo que quieres decirme?

—Ah… que yo, yo…quiero decirte que…¡la sopa de hoy estuvo muy buena! ¿qué le echaste?

Astrid se golpeó mentalmente, nuevamente había dicho una tontería.

—¿Qué? Pero yo no cociné, fueron las hadas… ¿Astrid te encuentras bien?

Hiccup notó que su amiga estaba más azul de lo normal un gesto que últimamente notaba en ella y lo confundía; quiso tocar su frente a sabiendas de qué no podría saber si tenía fiebre o no, pero la bestia dio un paso hacia atrás antes de que pudiera tocarla.

—¿Ah, sí? ¡Que tonta! Entonces… ¿qué hago aquí preguntándote estas cosas? ¡iré con las hadas! ¡Con permiso!

Se retiró Astrid corriendo, queriéndose dar de golpes contra la pared o deseando que la tierra se la tragara por tanta torpeza.

Mientras que el herrero, nuevamente se quedó atónito con la mano estirada y con sus intenciones de ayudar.

.

.

—Otro intento fallido. —se lamentó Poppy con el desenlace.

Tanto ella como los presentes llevaban la cuenta de los intentos de Astrid por declararse, en total: 20 veces. Y siempre terminaba igual Astrid diciendo una estupidez, Hiccup ni en cuenta y regresando a sus labores.

—Poppy déjala… ya verás que ya lo dirá.

—Pero Branch, creo que es momento de intervenir… ¿no lo crees?

—La reina dijo que no quería ayuda.

—Ella muy apenas sabe lo que quiere, por lo menos debemos ofrecerle nuevamente nuestra ayuda.

—No estaría de más hacerle el ofrecimiento. —opinó Lavander como no queriendo.

El troll amargado negó con la cabeza no opinando lo mismo.

—¡Por favor Branch! hemos seguido tu método, pero falta… ¡oh, por los trolls más felices del mundo! ¡Falta exactamente un mes para que se rompa el plazo de la maldición! —exclamó dramáticamente la rosada.

—¡¿Qué?! ¿Cómo? ¡¿Cuándo será eso?! —exclamó Bo tembloroso.

—En el solsticio de primavera… ¡su vigésima primera primavera!

—¿Cómo sabes eso? —preguntó el hada curiosa.

—Poppy estuvo ahí cuando el dios Amaru castigó a la reina. —contó Cooper cabizbajo.

Los demás se lamentaron al escucharlo, hasta Branch que aún no se decidía si debía ayudar a la nueva petición de la princesa.

—Sí, queda poco tiempo ¡Por favor Branch!

—Poppy… yo… ¡¿Qué es eso?!

La respuesta de troll quedó de repente pausada ya que un haz de luz salido de la nada cayó como estrella fugaz en los arbustos que hizo que los espías se agitaran por dentro de las ramas.

—¡¿Pero? ¡¿qué es eso?! —trató Poppy ver de entre aquel resplandor.

—¡SIR ALLARD! CÁLMATE. —gruñó la cegada Lavander, la única que podía percibir de quien se trataba.

Al mencionar aquel nombre la luz dejó de se tan fugaz y se concentró en solo la pequeña masa que comprendía al fantasma, que aun alborotado giró sus ojos por todos lados.

—¿Qué le pasa a ese loco? —se peinó Bo, pues casi perdía su zacate/cabello del susto.

Mientras tanto, Lavander trataba de atinar lo que decía el apresurado fantasma.

—Mi hermana Mala… mandó a Sir Allard… ¡emergencia!... ¡Algo raro pasa con las estatuas!

El grupo de agitó con el mensaje del fantasma, Poppy fue la primera en salir del escondite para dirigirse al santuario donde reposaban las estatuas, seguida de Lavander, Sir Allard y el resto.

.

.

—No sabemos qué pasa… ni siquiera los tocamos, pero notamos que la consistencia de su material comenzó a hacerse más arenosa. —relató Mala dándoles un recorrido a los trolls y a su hermana por el santuario.

Lavander acudió a donde estaban las estatuas de los amigos de Astrid, viendo con sus propios ojos lo arenosas que estaban, en especial la estatua de la chica a la que alguna vez le dio voz.

—¿Por qué estará pasando esto? —se preguntó Bo sintiendo miedo.

—¿No es obvio? es una advertencia de que el hechizo esta llegando a su límite. —teorizó Poppy.

—Mala…¿la reina Astrid ya lo sabe? —preguntó Lavander aun analizando las estatuas.

—No, te avisé primero ya que como tú interactúas más con ella consideré que tú debes darle la noticia.

—Como si fuera tan fácil…—resopló el hada.

—¡¿Puedes o NO puedes?! Si no para ir yo en este mismo instante. —cuestionó la mayor con autoridad.

—¡Claro! ¡Válgame Mala… no te agites! Iré en seguida.

Muy a su pesar y bajo la sigilosa y penetrante mirada de su hermana mayor, la cabizbaja hada tuvo que salir del santuario llevando consigo las nuevas malas; los demás la siguieron, pero antes de salir Mala les advirtió no intervenir con la misión del hada menor. Con el temor que le tenían a Mala, los trolls, gnomo y fantasma obedecieron; sin embargo, la única que tenía otros piensos era Poppy, que de ningún modo obedecería tal orden y en cuanto salió del santuario persiguió al hada que por suerte aun no se había alejado demasiado.

—¡Oye LAVANDER espera! —gritó enloquecidamente detrás de ella.

El hada se encontraba volando por uno de los corredores, pensando cómo decírselo a Astrid cuando escuchó aquella vocecilla.

—¿Qué pasa Poppy? ¿Ahora qué? —preguntó desanimada.

Los demás llegaron a donde se encontraban ambas, expectantes de lo que fuera a pasar.

—¿En serio piensas darle esa noticia a Astrid como si nada? —cuestionó Poppy espantada.

—¿Qué más puedo hacer? Si no lo hago Mala lo hará y créeme no tendrá tanto tacto con ella.

—Pero… pero…

—¿Poppy, no me digas que se te está ocurriendo una nueva locura? —intervino Branch al ver el nerviosismo de la rosada.

—Pues la verdad es que sí… Lavander no hay que decirle a Astrid o se sentirá presionada para romper el hechizo. Lo que debemos hacer es apegarnos al plan y ver una forma de ayudarla a confesarle su amor al herrero.

—Pero ¿Y si Mala…?

—Tu dile a tu hermana que lo hiciste y ya… una pequeña mentirilla blanca.

Lavander tragó saliva, su hermana mayor le daba cierto temor y ¿mentirle? Nunca lo había hecho y no estaba segura de atreverse.

—Poppy ¿qué tontería? ¿Escuchas bien lo que dices? —replicó el amargado molesto.

—Branch, por favor una vez más… ¡déjame intentarlo!… ¿Ya viste lo que está pasando? Las estatuas… solo es una advertencia de que algo peor puede pasar.

El amargado troll bajó la cabeza, la noticia de las estatuas ponía todo sobre la cuerda floja, y aunque a una parte de él le daba igual también le causaba cierta nostalgia al imaginarse el cómo reaccionaría la bestia.

—Branch… por favor.

—Ay, está bien. —resopló. — pero iremos solo tú y yo, así evitaremos que haya opiniones de más.

—¡Oye! —refunfuñó Lavander. —Pero está bien, si el experto en el amor ayuda yo… yo le mentiré a Mala. —aceptó rendida.

—¡Gracias! Gracias a todos. —se abrazó Poppy a su amigo troll, el más cercano que tenía en ese momento.

—Ushhh… ¿qué te dije sobre los abrazos?

—Ay vamos, no seas tan amargado. —lo apretó Poppy más, pronto los demás se acurrucaron a ellos.

—Que fastidio. —resopló. —¡Andando!… entre más rápido lo hagamos mejor.

El grupo deshizo el abrazo para permitirle al experto en el amor y a la princesa de los trolls acudir con la frustrada reina.

.

.

.

—Otra vez Astrid, ¡otra vez fallaste!… ¿Por qué no puedes decirlo? si se los dije a los trolls porque con él no puedo…—gruñó echándose en su intento de tocador. —Tal vez si practico me pueda ayudar.

Reincorporándose de su posición, la bestia miró fijamente hacia su escudo/espejo donde su reflejo era claramente visible, sin embargo, gracias a su imaginación no tardó en visualizar la imagen de su querido herrero, quien como siempre esperaba con su radiante sonrisa.

—Hiccup yo…—sonrió Astrid a su imaginación.

Pero pasó lo mismo. A pesar de ser una practica mental Astrid sólo balbuceó, las palabras no salieron, lo único que consiguió fue que su corazón palpitara más de lo normal. Duró largos minutos así, hasta que finalmente quedó agotada y la imagen del herrero se difuminó del espejo.

—Otra vez no pude…—se lamentó con tristeza. —¿Por qué? ¿Será por miedo?

—Es probable. —escuchó de repente cerca de la puerta

Su imaginación fue engañosa, ya que creyó que Hiccup se lo había dicho, pero al volverse a la puerta vio que se trataba de Poppy y su amigo amargado Branch.

—Perdone reina por interrumpir la conversación con usted misma. —dijo el precavido troll.

—¡Astrid, queremos ofrecerte nuestra ayuda! —exclamó Poppy yendo directamente al grano.

—¿Su ayuda? —se azuló la bestia.

—Así es, siento decirle que hemos visto sus intentos inútiles por decirle al herrero lo que siente, por eso es por lo que estamos aquí. —explicó Branch.

—Entiendo… —Astrid bajó la cabeza y se levantó del asiento del tocador para ir hacia la ventana. —Me es muy difícil decirlo, y es muy tonto, y más que nada creo que sigo esperando a que a que él lo diga primero.

—Mmmm… No quiero sonar más amargado de lo normal… pero ¿cómo es que cree que eso pueda pasar?

—Dah… es obvio Branch, porque Hiccup está enamorado de ella. —respondió Poppy como si fuera lo más obvio.

—Te dije que no dijeras eso… aun no lo sabemos con exactitud. —murmuró el troll solo para ella, pero Astrid alcanzó a escuchar.

—Pero lo sé, es decir creo que él me ama… ¡Hay una posibilidad! —se volvió Astrid hacia ellos con esperanza.

—¿Por qué está tan segura?

Astrid resopló con fastidio, era el momento de revelar su secreto, con la confianza que ya depositaba en aquel par, se quitó la venda que tenía en el brazo y les mostró su piel de humana, y con lujo y detalle les contó que todo eso pasó después del mágico Snoggletog.

—¡WOOOOOW, Astriiiiiiiid, que emoción! —exclamó la extasiada Poppy al ver aquella piel.

—Esto creo que cambia todo.

Branch estaba boquiabierto, y por primera vez en su vida creyó que Poppy podía tener la razón, que el hechizo podría incluso romperse con un beso de amor.

—Por eso me decidí a decírselo, pero cada vez que lo intento… bueno… ustedes lo saben…—volvió a lamentarse Astrid.

—Bueno, tal vez solo debamos cambiar el método reina. —pensó Branch con una mano en la barbilla. —Que tal si en lugar de decírselo sólo se lo escribe, tal vez así le resulte más fácil.

—¿Escribir? ¡Esa es buena idea! —felicitó Poppy. —Astrid, anda debes intentarlo… ¡escribe todo lo que sientes por él!

—¿Escribir lo que siento por él?! —lo consideró esta. —Pero luego de eso ¿qué más? Ay no sé, soy tan torpe para estas cosas.

—Tranquila. mmmm… entiendo que quieres decir, todo esto debe ser especial, creo que investigaré un poco de algún lugar o de no sé, algo que podamos hacer para que sea tu momento perfecto y el del herrero. ¡la declaración de amor perfecta! —saltó Poppy con su típico entusiasmo.

—¿Harían eso por mí? —preguntó la bestia enternecida y ofreció las palmas de sus manos a los trolls para que estuvieran en la misma altura.

—Claro, eres nuestra amiga. ¿No Branch?

—Eh… yo…—dudó este tímidamente, pero al ver los esperanzadores ojos de Astrid resopló rendido. —Así es reina.

—No saben cuánto se los agradezco. —quiso esta estrecharlos en sus manos, aunque no lo hizo ya que parecería más que lo quisiera ahorcar. — Tomaré su consejo y escribiré lo que siento.

—Ah… muy bien, si no le importa y no quiero sonar apresurado, pero vendremos nuevamente a ver los avances. ¿si le parece bien? —preguntó precavidamente Branch, pues el asunto de las estatuas no podía esperar demasiado

—Claro. —los bajó Astrid sin tener idea de lo que pasaba en el santuario.

—Bien, entonces nos vamos para que te concentres; recuerda: respira, concéntrate y ¡escríbelo! —salió la apresurada Poppy llevándose a Branch a rastras.

Astrid se despidió sintiendo renovados ánimos y pronto comenzó a buscar un pedazo de papel y tinta donde pudiera plasmar todo lo que sentía.

.

.

.

—Bien, la primera parte creo que ya esta hecha. —dijo el cansado Branch una vez abandonaron la torre. —¿Qué será lo siguiente que debemos hacer?

—Buscar el momento adecuado para la declaración, Pero ¿qué puede ser? —pensó Poppy caminando de un lado a otro, hasta que se detuvo con una idea en mente. —¿Y si hacemos una fiesta?

—¿Una fiesta? ¿Y con qué motivo?

—No sé, pero Astrid dijo que sus escamas se cayeron después del Snoggletog ¿no? Tal vez una fiesta mueva más las emociones de ambos.

—Entiendo, pero repito ¿con qué motivo?

—Me pregunto ¿si el herrero tendrá otro festejo como el Snoggletog?

—No lo sabremos si no se lo preguntamos, déjame ese trabajo a mí, creo que se quién me puede ayudar. —se frotó Branch las manos pensando en cierto dragón.

.

.

Al día siguiente.

—¡¿Qué tú quieres qué?! —exclamó Toothless.

—Quiero que me ayudes a saber si el herrero tendrá otra festividad como el Snoggletog, que gran festividad esa ¿no? —explicó Branch con nerviosismo.

—Bueno sí, fue muy especial, ese día nació mi hijo… y lo que hizo Hiccup en conjunto con ustedes estuvo genial. Pero ¿por qué te interesa saber más?

—Ah… bueno es que…

—Me ocultas algo…—acusó el dragón con sus enormes ojos.

—Eh… bueno cómo te digo…

—¿Es por esa BestiAstrid? O ¿me equivoco?

—Ush… para que te digo que no, sí es así… pero ¿tu dijiste una vez que la ayudarías no? ¿Dónde quedó esa promesa? —regañó el troll.

—Calma pequeñín, sé lo que dije, no me retracto, sólo que me alejé un poco después de mi unión con Stormfly… y pensé que ellos estaban bien. —explicó el dragón más calmado.

—En parte sí, pero a la vez no… ¡es difícil de explicar! En fin… ¿entonces me ayudarías? —exclamó el pequeño sin entrar en mucho en detalles.

Toothless resopló.

—Se lo debo a BestiAstrid por cuidar bien de mis amigos, de mi hijo y dragona… así que…. —admitió como no queriendo. —Lo haré…

—Qué bien, ¿cuándo crees que puedas informarnos?

—Esta misma tarde. —aseguró el dragón.

.

.

Con la nueva misión que tenía encargada, Toothless fue al encuentro con Hiccup, quien como siempre esperaba en el taller para poder colocarle toda la montura que usaban para que pudiera volar.

El dragón era directo, iría al grano y le preguntaría por una festividad que tuvieran los humanos de su pueblo; sin embargo, cuando llegó a la herrería encontró a su amigo como en los días anteriores, ausente, pensativo y nostálgico.

¿Sería por BestiAstrid? ¿O por alguien más? ¿o sólo era que Hiccup pensaba demasiado? Toothless se sentía intrigado y preocupado, el herrero después de todo era su mejor amigo y lo que le pasara le importaba demasiado, incluso más que a Astrid, creyó.

—Hey Hiccup, mi amigo! ¿estás listo para el vuelo? —llamó sutilmente para despertarlo.

—¡Ah, Toothless!... eh… claro que sí. —despertó este en un sobresalto y se bajó de su asiento para recibirlo. —Pero antes quisiera hacer algo, ¿podría?

—Sí, por supuesto…

Toothless se extrañó de aquella petición, pero más cuándo Hiccup empezó a tomar medidas de la aleta de su cola.

—Mmm… ¿qué haces?

Hiccup rio.

—Sólo una idea para una nueva prótesis… ¿te interesaría?

—Sí…claro. ¿qué tendría de diferente con la actual?

—Ya lo verás… si es que logró acabarla.

Hiccup no entró en detalles y siguió tomando medidas y notas. Viendo que podía perderlo en su arduo trabajo Toothless se apresuró con su misión.

—Oye Hiccup… ¿recuerdas la fiesta de Snoggletog que hiciste para nosotros?

—Sí, ¿qué hay con eso? —respondió este concentrado en sus notas y diseños.

—Bueno, me preguntaba si tendrías una festividad igual… es decir, de dónde vienes ¿tienen otras festividades?

—Mmm… no, en realidad no, en muchos sentidos la mayor parte de la gente es muy áspera, el Snoggletog lo celebran muy apenas.

—Entiendo. —resopló Toothless para sus adentros.

—¿Por qué el interés amigo?

—Ah… es que… aquí fue muy especial, es decir… mi hijo nació ese día y ¡hey! En dos días cumplirá dos meses humanos. —recordó con felicidad.

—¡Es cierto! —concordó Hiccup de la misma forma dejando de lado las notas. —¿Cuánto equivaldría en años dragones?

—Mmm… alrededor de cinco años, creo… no estoy seguro.

—Es muy pequeño como quiera. —sonrió Hiccup volviendo a los apuntes. —Yo también en unos días cumpliré años.

—¡Eh…! ¡cumples años! ¿cuántos? —preguntó Toothless sorprendido, no esperaba para nada esa clase de información.

—22 años amigo, y no quiero saber cuánto equivaldrían en años dragones porque de seguro son muchos. —dijo con una risita.

—Oh… y eh... ¿y lo celebran de algún modo eso de los aniversarios de nacimiento en tu pueblo?

—En realidad no, solo les damos las gracias a los dioses que nos hayan permitido "sobrevivir" otro año. —explicó riendo. —¿Y ustedes?

—Eh… como te digo, creo que con los dragones es lo mismo. —admitió el dragón, ya que generalmente los dragones hacían una oración por haber sobrevivido otro año, aunque era más que nada con alegría.

Sin embargo, sabía que los trolls era una cosa diferente, lo sabía por la cantidad de invitaciones rechazadas por parte de Branch: los trolls festejaban de otra manera los aniversarios de vida. Tal vez eso podría ayudar de alguna manera.

—Listo amigo, ya terminé. —avisó Hiccup ocultando sus apuntes. —¿Listo para el vuelo?

—Eh… sí. —asintió este con su sonrisita chimuela, era ahora o nunca. —Hiccup, ¿en cuántos días cumplirás años?

.

.

.

Ese mismo día por la tarde.

—¡Siete días! —exclamaron Poppy y Branch después del informe de Toothless.

—Sí, no le entendí muy bien lo que me explicó de un día que se agrega más al año lunar o algo así, total, su cumpleaños es en siete días.

—¿Un cumpleaños? —suspiró Poppy. —Es excelente y definitivamente le haremos una fiesta al herrero al estilo troll.

—Me lo imaginaba, ustedes locos tiene festividades por todo. —rodó Toothless sus ojos.

—¡Oh vamos! En nuestras fiestas de cumpleaños celebramos la vida de los trolls y damos obsequios al cumpleañero, ¿no te gustaría darle algo a Hiccup? Es tu amigo, ¿no? —insinuó la princesa.

Toothless se sobresaltó pensante, y lo consideró, era cierto, Hiccup desde que había llegado a la isla no había hecho más que ayudar, por lo que creía que se merecía toda la felicidad del mundo y el aprecio de todos.

—Tienes… tienes razón. —admitió con dificultad.

—¡Está excelente! —saltó Poppy. —Está decidido haremos una fiesta de cumpleaños para Hiccup, así Astrid podrá decirle lo siente y de pasó todos lo festejamos. Toothless ¿crees que puedas distraerlo durante estos días? Siete días es muy poco tiempo para una gran fiesta.

—Ush… está bien, pero sólo lo hago por él y a esa BestiAstrid díganle que más vale que no lo arruine, mira que les estamos poniendo todo en bandeja de plata para que salga con sus tontadas.

—Por supuesto, le pasaré el mensaje. —sonrió la cómplice Poppy.

—Entonces hay que avisarle de una buena vez, supongo que como todos va a querer darle un obsequio especial al herrero. —creyó Branch.

—Por supuesto. ¡Gracias Toothless! ¡Andando amigo!

Poppy se fue dando saltitos en compañía de Branch rumbo a la torre del castillo, dejando a Toothless un poco fastidiado, pero también pensativo, era el cumpleaños de Hiccup y los trolls daban regalos. ¿él que clase de regalo le podría dar?

.

.

Al siguiente día, faltando sólo seis días para el cumpleaños de Hiccup. Poppy y Branch se apresuraron a buscar a Astrid, la noche anterior no habían podido comunicarle su idea puesto que la bestia ya se encontraba cenando con el cumpleañero y luego más tarde ya no dieron con ella en la torre por lo que acordaron buscarla al día siguiente.

Siendo el día siguiente, nuevamente Branch y Poppy se encontraban haciendo el maratón hasta la habitación de la torre más alta, pero a diferencia de muchos otros días, Astrid no se encontraba haciendo vigilancia.

—¿Dónde estará esa niña?

—Ay no sé Poppy, pero creo que si vuelvo a subir corriendo todas las escaleras de la torre me va a dar algo. —dijo el cansado Branch.

—Descansa lo que puedas, porque tenemos que seguir buscándola, queda seis días para la fiesta de Hiccup y ella tiene que ayudarnos y también debe pensar en lo que va a decirle y a regalarle.

—¿Pero ¿cómo la encontraremos?

La princesa troll pensó, necesitaría la ayuda de un buen rastreador.

.

.

—¿Qué si he visto a Astrid? —preguntó Stormfly mientras cuidaba junto con otras dragonas las lecciones de nado que estaban teniendo los pequeños.

—Sí, desde ayer en la cena no la vemos, y en estos momentos no se encuentra en la torre.

—Eso es extraño. —miró la nadder hacia la ventana de la torre la cual cada día se envolvía más entre las enredaderas de rosas.

—¿Crees que puedas ayudarnos? Eres una dragona rastreadora, pero si no puedes se lo pediremos a Kaiser.

La dragona miró en ese momento al lobo, quien desde el nacimiento de los pequeños de dragones también fungía como un niñero que gustaba de contar sus anécdotas de lobo vegetariano y sus anhelos de volar a los dragoncitos.

—Creo que puedo acompañarlos, sólo le avisaré a Pihc.

Los trolls festejaron el poder tener la ayuda de la dragona, mientras tanto Stormfly se dirigió al estanque donde su hijo revoleteaba con sus amigos. (los hijos de Hookfang)

—Pihc, mamá tiene que hacer una misión para la reina. ¿Podrías quedarte aquí? Kaiser y las hadas te cuidarán.

—¿Qué clase de misión mamá? —salió el curioso dragón del agua.

—Una importante misión. Algo que ayudará a la reina.

—¿Qué cosa mamá? ¿La reina Astrid tiene algún problema?

—No. Pihc, ya lo sabrás por lo pronto vuelve al agua, tu padre te pondrá a prueba después.

Viendo que no podría sacarle más información a su progenitora el pequeño dragón regresó al estanque, pero una vez que su madre se fue siguió intrigado, ¿qué era eso que ocultaban los mayores?

.

.

Con la ayuda de los dotes rastreadores de la dragona, Branch y Poppy dieron con una ubicación en las afueras del castillo. Algo muy extraño para ellos ya que Astrid generalmente no salía salvo que tuvieran que hacer una expedición, siendo la última cuando fue la época de apareamiento de los dragones.

—Este lugar se me hace conocido. —observó la nadder alrededor del bosque.

—Ya lo creo, aquí es donde acampamos la ultima vez. —observó Poppy las rocas que el herrero había puesto para hacer la fogata. —Pero ¿dónde estará Astrid?

—Creo que saber dónde.

Stormfly se internó al bosque siendo seguida por trolls, la nadder los guio en dirección al rio, aquel lugar donde la dragona en compañía de su dragón escuchó la platica de Hiccup y Astrid acerca de los bebés.

—Oh, miren… ahí está Astrid. —observó Poppy a lo lejos.

La bestia se encontraba exactamente en lugar donde había tenido la charla con el herrero, y tal como esa vez se encontraba sentada abrazando a sus piernas, la diferencia de aquella vez es que ahora su única compañía era una hoja de papel.

—Astrid…—llamó Stormfly saliendo del escondite.

La bestia se sobresaltó y se giró para ver a los recién llegados.

—Stormfly, Poppy, Branch… ¿qué hacen aquí?

—Pues ¿qué parece? Te estamos buscando, hay algo que debemos decirte. —respondió Poppy.

Astrid asintió y se puso de pie para escuchar las nuevas, ocultando por detrás de su mano el pedazo de papel que desde el día anterior llevaba con ella. Quería mostrársela al experto en el amor, pero cuando Poppy le dijo sobre lo del cumpleaños de Hiccup y su idea de hacerle una fiesta y aprovechar la ocasión para la declaración, hizo que Astrid dudara de lo que había escrito en el papel y en sí de toda la idea de declararse.

—Ay no, ¿qué debemos hacer?

—Bueno, ya te dije Astrid… haremos una fiesta. ¿no crees que Hiccup se la merezca? —preguntó Poppy a su aturdida amiga.

—Por supuesto, él se merece toda la felicidad… pero… —vio de forma insegura su papel. —No puedo decírselo, no aun… es que no puedo.

—¡¿Cómo qué no?! —regañó Branch. —Ya le dijimos que si no podía hablar lo escribiera. ¡¿Lo hizo?!

Astrid tragó saliva, era la primera vez que se sentía intimidada por un pequeño troll, pero no podía mostrarle lo que había escrito, era demasiado tonto a su parecer lo que había puesto.

—¿Es ese papel? —insinuó Branch señalando lo que tenía en la mano.

—Ah… yo… bueno.

—¿Puedo verlo?

—Es que… está muy feo, no creo que lo que escribí sea suficiente. —respondió esta arrugando el pedazo de papel.

—Ay vamos, Astrid cualquier cosa sería buena en este momento. ¿Déjanos verlo? —pidió Poppy.

La bestia resopló y con pesar entregó el papel mal doblado a los pequeños.

—Esta la letra muy fea, hace mucho que no escribía.

—De eso ya no dimos cuenta. —refunfuñó Branch empezando a leer en silencio con el entrecejo fruncido.

Poppy se le juntó para leer lo que decía el papel, y tanto la expresión de ella, así como el entrecejo de Branch se fue suavizando conforme leían el papel, hasta que sus facciones denotaron demasiado sorpresa.

—¿Está mal? —preguntó Astrid preocupada de que los pequeños no hicieran comentario alguno.

Poppy y Branch terminaron la lectura boquiabiertos, mientras que Stormfly y la bestia esperaban expectantes.

—Bueno, es que cómo decirlo. —rio Poppy con nerviosismo.

—Ay dios, lo sabía… está todo mal, ahora debo hacerlo de nuevo.

—¡No, claro que no! —detuvo rápidamente Branch. —Lo que quiso decir Poppy es que… dios, lo que escribió…

—Son… unos sentimientos muy hermosos. —sinceró Poppy sorprendida. —la verdad no tenía idea de cuánto amabas a Hiccup y lo que sientes por él.

—¿Entonces está bien?

—Astrid, son tus sentimientos, si tú los plasmaste así, nada puede estar mal. —comentó la nadder que, aunque ignoraba lo que decía el papel sabía que debía de tratarse de algo muy especial

—Stormfly tiene razón, y de hecho ¿sabes? —saltó Poppy. —¡Creo que hasta podría ser una canción!

—¡¿una canción?! —exclamaron todos, Astrid en especial que azuló más de pies a cabeza.

—Así es. Ya hasta tengo la melodía en mi mente, ¡anda! ¿qué tal si le cantas esto al herrero como regalo de cumpleaños?!

—Poppy ¿qué no ves que muy apenas lo pudo escribir? ¡¿Y tú quieres que cante?! —refutó el amargado.

—Decir, escribir, cantar… si me lo preguntan lo último es lo más fácil. Lo sé por experiencia.

—Poppy, no gracias… yo no canto. —rechazó Astrid entre dientes.

—Todo el mundo puede y te lo probaré.

La rosa entonces sacó de entre su cabello un libro llamado "Lo grandes éxitos de los trolls", y a un pequeño papelito lo hizo rápidamente un gran papel cuyo contenido era toda la letra de una canción. "Ojos de ángel" se llamaba.

—Ten toma esto, apréndetelo en lo que yo vuelvo.

—¡Espera! ¡¿qué?! —replicó esta.

—Tú sólo léelo. —Pidió la rosada subiendo en Stormfly. —Amiga, vamos por el resto del equipo conquista.

—A la orden. —sonrió la nadder expectante de lo que fuera a pasar, pues en algo concordaba con Poppy, era hora de Astrid saliera de su zona de confort para atreverse a hacer cosas nuevas tal como ella lo había hecho.

—¡Poppy, Stormfly! ¡Esperen! —siguió llamando Astrid, pero fue inútil, estas se fueron dejándola junto con el gruñón de Branch. —¿Ahora qué hacemos?

El troll resopló con cansancio.

—Por lo que sé, Reina Astrid, sólo quedan de dos: la primera, darle la razón a Poppy o dos: demostrarle que se equivoca. Por lo pronto lea la canción, no pasa de que no pueda cantar y ya…—dijo cabizbajo.

Astrid tembló de solo pensarlo, ¿ella cantando? Ni en sus sueños más tenebrosos se veía haciendo eso, pero de seguro Poppy insistiría día y noche y eso no le permitiría concentrarse en lo que de verdad era importante.

.

.

Pasados unos minutos, el revoloteo de las alas de un dragón sacudió el área donde Astrid y Branch esperaban, Stormfly y Poppy habían traído a todo el equipo, donde estaba incluido todo el sequito de trolls, Lavander, Bo y hasta Sir Allard los había acompañado.

—¡Ya nos contaron Astrid! ¿Qué vas a cantarle una canción al lindo herrero? —preguntó la entusiasmada Lavander.

—Aun no es algo viable. —respondió Astrid entre dientes.

—Así es, primero debemos saber si esta señorita es capaz de cantar. —comentó Poppy preparando a toda la banda.

—Créeme que no seré capaz.

—Y yo digo que sí, pero hagamos la prueba, yo junto con Lavander y demás trolls cantaremos.

—¡sí, que sí! —aplaudieron Lavander y Cooper al mismo tiempo.

—¡Oigan! ¿Y nosotros qué? —preguntó Bo, señalándose, así como al fantasma y a Branch.

—Serán los jueces, ¿a menos que Branch también quiera cantar? —insinuó Poppy con una sonrisita.

—Yo pasó, pero seré juez yo les diré si la reina canta horrible o no.

—Lo mismo, tengo buen oído para detectar las horribles voces. —presumió Bo.

Sir Allard asintió aparentemente opinando lo mismo.

Aquellos comentarios ciertamente molestaron a Astrid. ¿Acaso por ser una fea bestia también suponía que debía cantar horrible? Les demostraría a esos tres que se equivocaban, pronto la inocente idea de cantar sus sentimientos se volvió como un reto y con más afán leyó la hoja de Poppy le había dado.

—Astrid… ¿estás bien? —detectó Poppy cierta aura roja alrededor de su amiga.

—Sí, yo se los demostraré. —gruñó furiosa.

—Ay que rara… pero está bien, ya vamos a comenzar, Lavander y yo empezaremos, tu seguirás a partir del segundo coro en adelante, y Astrid, para que esto funcione debes pensar que le cantas esto al herrero, imagínate como si alguien te lo quisiera quitar y tu única forma de retenerlo es cantando.

—¡¿qué dijiste?! —se azuló Astrid olvidándose de su reto personal, pero Poppy ya no la escuchó ya que se puso en posición para cantar.

—en 1, en 2..

Antes de que se terminara la cuenta regresiva, Astrid se volvió hacia el papel con la letra, no sabiendo qué hacer… ¿qué le había dicho Poppy que debía de hacer?

—Descuide reina, aquí estamos para ayudarla. —escuchó decir en la superficie a Cooper, quien junto con los demás trolls corearan con ella. —Y empezamos.

—¡a las tres! —gritó Poppy.

Pronto los trolls alrededor de Astrid comenzaron a cantar.

"Ah, ah, hermosos ojos de ángel, que bonitos"

"ah, ah, no puedo dejar de pensar en ellos"

"ah, hermosos ojos de ángel, ah"

El coro inicial terminó, Astrid estaba más que confundida, hasta que tomó su papel y leyó lo que seguía. era el turno de Poppy y Lavander.

"El otro día, estaba paseando"

"Por alrededor del rio"

"Y lo vi"

"Con una hermosa joven"

"Y la forma en que la miró"

"Me hizo temblar"

"Porque esa era forma en que él me solía ver…"

"Y pensé, tal vez debía acercarme y presentarme"

"ah, ah… arriesgarme a jugar este juego"

La letra de la canción pronto le quitó la ansiedad a Astrid por cometer errores a pasar a un estado de inseguridad; sin querer, recordó a la tal Liris, el antiguo amor de Hiccup, esa chica que él aseguraba ya no amar, pero al imaginar a esa chica que ni siquiera conocía junto con su Hiccup le hizo un nudo en el estómago, pero así como decía la canción tenía que arriesgar todo o no sabría lo que le depararía el futuro.

"Ver a esos hermosos ojos de ángel"

"Con una sola mirada te hipnotiza"

"Y él tomará tu corazón y tú deberás pagar el precio"

"Verás esos ojos de ángel, y pensarás que estás en el paraíso"

"No mires tan profundamente en esos ojos de ángel, no, no, no"

Los jueces tanto los que cantaban, quedaron boquiabiertos al escuchar el leve canto de la reina, que ida un poco de la realidad parecía susurrarle melódicamente a la nada, pero lo que alcanzaban a escuchar le pareció precioso, Astrid tenía una hermosa voz, como la de un ángel, como solía decir la abuela de Branch.

Pero parecía un canto triste, precisamente lo que buscaba Poppy, sabía que Astrid reaccionaba a esa clase de sentimientos de perdida, era con lo que siempre había vivido su amiga y eso mismo solía motivarla.

—¡Astrid sigue! —alentó cuando terminó el segundo coro.

Y muy por dentro de la imaginación de la bestia, esta se vio interviniendo entre Hiccup y la chica Liris, y la única manera de explicar aquella intervención era mediante el canto, tiró el papel con la letra y se olvidó completamente de todo.

"A veces, cuando me encuentro sola en mi torre"

"Pienso en ti, y en todo lo que podemos ser"

"Y me duele recordar aquellos días cuando pensé que podía vivir sin ti y sin nadie"

"Y pensaba:"

"¿por qué debe ser este modo?""

"En lo más profundo de mi corazón, todo me lastimaba"

"ah ah ahora añoro que seas tú él que me salve"

—Eso no viene en la canción. —leyó Lavander su papel

—Amigos, está improvisando… ¡Hay que ayudarla! —motivó Poppy ante la atónita e incrédula cara de los jueces, cuyos oídos determinaron que la voz de la reina era la más dulce y angelical voz que jamás habían escuchado, pero quedaron aún más sorprendidos cuando esta comenzó a bailar alrededor de todo el espacio.

"Mirar a esos ojos verdes de ángel te hipnotizan"

"Él tomó mi corazón"

"Y con gusto pago el precio"

"Mirar a sus ojos verdes de ángel me hace sentir en el paraíso"

"Me llevan de la tierra al cielo"

"No me importa si veo la profundidad de sus ojos"

"Me vuelve loca tus ojos de ángel"

"Tú tomaste mi corazón y con gusto pago el precio"

"Mirar a esos ojos verdes de ángel te hipnotizan"

"Él tomó mi corazón"

"Y con gusto pago el precio"

"Mirar a sus ojos verdes de ángel me hace sentir en el paraíso"

"Me llevan de la tierra al cielo esos ojos"

"No me importa si veo la profundidad de sus ojos. Oh no, no, no"

"Ah, ah, hermosos ojos de ángel, que bonitos"

"ah, ah, no puedo dejar de pensar en ellos"

"ah, hermosos ojos de ángel, ah"

Y de repente unos aplausos, Astrid abrió sus ojos y la imagen de Hiccup siéndole reciproco y ya sin la compañía de la tal Liris se desvaneció ante sus ojos, se vio en medio del bosque siendo alabada por todas las criaturas que la acompañaban.

De repente se sintió muy avergonzada y su piel se azuló más tanto que ahora casi era como de color negro.

—¡Astrid, eso fue hermoso! Y tienes una hermosa voz. —aclamó Stormfly maravillada.

—La más bella que jamás haya escuchado. —siguió Poppy sin poder dejar de aplaudir.

—Sí, perece que su terrorífica apariencia lo compensa con la voz. —opinó Bo, aunque luego se arrepintió por la mirada de desprecio que le lanzó Lavander. —Lo siento.

—¿En serio?... —respiró la bestia aun sin creer lo que acababa de hacer.

—Ojalá existiera un dispositivo para grabar las voces o las canciones para que te pudieras escuchar hermana. —opinó Cooper dando saltitos.

—Odio admitirlo, pero es la verdad y como diría mi abuela, usted reina canta como los ángeles o las valkirias como ustedes humanos suelen decirles. —juzgó Branch.

Astrid suspiró con las escamas erizadas por lo nervios, sin embargo, al haber cantado parte de sus sentimientos la liberó de cierta presión que recaía sobre ella, tal vez Poppy tenía razón, tal vez en lugar de decirle a Hiccup lo que sentía o escribírselo se lo debía cantar.

—Y bien reina Astrid… ¿en qué piensas? —interrumpió Lavander.

—¡Ya lo decidí! —exclamó con alivio. —Amigos, ¡le cantaré mis sentimientos a Hiccup!

Todos, a excepción, de Branch celebraron la decisión de esta y pronto se reunieron en circulo pues había mucho que hacer; desde poner adecuadamente los sentimientos de Astrid en una melodía, preparar la fiesta de Hiccup y por último librarse de la maldición y vivir felices por siempre.

—Branch… ¿no te unes al equipo? —preguntó Poppy al único que se había mantenido apartado de los alegres planes de los demás.

El troll resopló.

—Felicidades Poppy, volviste a la reina a tu lado feliz y rosado.

—No fue nada. —se auto halagó la princesa.

—Sólo espero que todo salga como tu quieres o será muy doloroso para ella. —señaló a la animada bestia.

—Ay Branch… no seas tan negativo, en este punto ¿qué es lo que podría pasar?

.

.

Mientras tanto, alejado de todos los habitantes del castillo y las conspiraciones de amor, Hiccup se encontraba trabajando arduamente en un nuevo proyecto: un artefacto con la forma de la aleta de Toothless, mientras que en la otra mesa reposaban los planos de un barco.

Continuará.

Notas: desde que salió el nuevo Album de Mamma mia ¡Here we go again! Estoy traumada con la canción de angels ayes, así como de otra en la que estará inspirada los sentimientos de Astrid. En sí todo el álbum está genial, la película mmm más o menos, tiene muchos errores argumentales, pero está pasable.

Ojo: "En este punto ¿qué podría pasar?" como Spoiler sólo diré que la confianza de Poppy ,sin saberlo, pende de un hilo XD.

Reviews :D

Aki: queda poquito para que los planes malévolos de todos salgan a la luz, y también pues para que pasen las tragedias que van con la película de la bella y la bestia. Saludos.

Aglae: Leí sobre la hipotermia antes de escribir y si vi algo de eso, pero como no quería extenderlo pensé: neee son nordicos, aguantan un poco más XDD, para que fuera un poco más rápido. Saludos.

Vivi: que Hiccup se vaya es algo inevitable, en ese aspecto si seguiré lo que pasa en la bella y la bestia. Saludos.

Sorakinomoto:muchas gracias, espero te guste la actualización.

A los seguidores, favoritos y lectores anónimos nos seguimos leyendo, hasta la próxima. Saludos.

23 de septiembre de 2018