¡Hola amigos! Aquí reportándome con la actualización semanal de "Mala Sangre" en su entrega número 26 de título denominado "Romeo, Julieta y otros demonios" Este será un capítulo con intriga, emociones desbocadas y destrucción muahuahua. Nos acercamos a los episodios finales por lo que espero se le haga justicia a la recta final de esta historia.
Quiero agradecer encarecidamente a la Beta Oficial de esta historia y mi amiga Addie Redfield que sin su ayuda y consejo esta historia sin duda no serÍa la misma.
Sin más ¡a leer!
GeishaPax: Hermana no te enfades conmigo jajaja! Hubo lemmon que es lo que importa jajaja pero tú quieres ver el mundo arder y ambas lo sabemos jajaja Lo de la muñeca si fue algo… interesante, por no decir que macabro, pero en este episodio espero que no haya cosas escalofriantes, aquí sólo el mundo comenzará a arder ya lo verás. Saludos hermana, se te quiere!
Zhines: Comadre! Me alegro que no te hayas infartado con el capítulo jajaja, este episodio fue de amor, como debe de ser en toda historia siniestra jajaja Muchas gracias por las felicitaciones en la escena del lemmon, debo decir que parendí mucho de ti cuando me ayudaste en "Juego de Villanos", aprendí mucho en ese fic. Y en este episodio, esto se va a descontrolaaaaar. Un abrazote comadre!
Frozenheart7: Hermana menor del mal! Claire y Jake?! No soy tan siniestra jajaja al menos no en este fic, pero quizás en un futuro (If you know what I mean)
Jessica perra en mode on! Hoy también la verás haciendo de las suyas. Ya era justo que empezara a actuar después de tantos episodios en las sombras.
Los buenos ya tuvieron mucha paz y tranquilidad es momento de perturbarlos, todos estarán en líos mi estimada, ya verás que la espera surgió por que hubo muchas emociones involucradas… Weskerfield… Hummm…Quizás…
Espero y te guste el episodio hermanita, te quiero!
Paola Watson: Hola! Gracias de nuevo por leer y dejar review! Muchos lectores me han pedido un acercamiento de ese tipo entre Claire y Wesker aunque es un poco complicado considerando que Claire le teme a Wesker aunque al rubio no le molestaría divertirse un poco con la pelirroja. Lo consideraré, pero por lo pronto, aquí verás un poco de Wesker en acción. Espero y te guste este episodio!
"Dos cosas anhela el hombre de verdad; el peligro y el juego, por eso quiere a la mujer, que es el juguete más peligroso."
—Friedrich Nietzsche.
CAPÍTULO 26: ROMEO, JULIETA Y OTROS DEMONIOS
— ¿Qué sucede Jake? —Preguntó Leon S. Kennedy acercándose al lugar donde yacía el más joven.
—Hay un problema, Leon. —Respondió seriamente el chico de ojos grises y continuó: —Hay un infectado de entre los aldeanos.
— ¡¿Pero qué…?!
—Será mejor que lo veas por ti mismo.
Y entonces Jake se abrió paso entre el oficial de la D.S.O. que lo siguió de cerca y removiendo una especie de cortina hecha de tela delgada se adentró en una de las chozas, donde yacían varios hombres de la tribu y el anciano que era el líder.
Leon no daba crédito a lo que veía Había allí tendido sobre la colchoneta un habitante de la aldea, actuando como si fuese un animal salvaje mientras varios sujetos lo sostenían de los brazos y piernas, pero por la fuerza que expresaba, sabía que duraría mucho tiempo. De su piel morena quedaba bien poco, ya que poco a poco iba coloreándose de manchas negruzcas y grises que infectaban toda la dermis, para a continuación sus ojos comenzaran a rellenarse de un color rojo sangre.
Totalmente ajenos al bioterrorismo, los habitantes trataban de ayudarlo rodeándolo de mezclas herbales que actuaban como agentes medicinales y llenando la habitación de incienso para que según sus creencias, "el mal" saliera de su cuerpo.
—Wesker está cerca. —Pronunció Jake Muller con tono sombrío.
—Debemos actuar rápido o el infectado terminará de mutar y va a atacarlos.
Todavía no terminaba de articular su frase cuando el sujeto se liberó de sus agarres y con violencia azotó a sus compañeros contra las paredes, sin que estos pudieran hacer nada contra su fuerza descomunal.
Antes de que lograra atacarlo, Jake arrastró lejos al hombre anciano que era el líder de la tribu, salvándolo del ataque directo del infectado. Y entonces, el no-muerto se lanzó contra Leon.
Los demás aldeanos miraban aterrados como su compatriota atacaba enloquecido a cualquiera que estuviera a su paso, y enseguida se apresuraron a auxiliar a su viejo líder que yacía al lado del más joven.
Jake trató de comunicarse con los demás para que no entraran en pánico y los alertó sobre la necesidad que tenían de exterminar a su compañero por el bien de la pequeña población, a la vez que Leon luchaba por defenderse sin lastimar al aldeano.
Después de ver que efectivamente, el lugareño ya no era un ser humano, sino una criatura malvada, los integrantes de la tribu Jasiri asintieron para que Leon terminara con su existencia.
— ¡Leon acábalo! —Instruyó el mercenario a su compañero.
Haciendo uso de sus habilidades de pelea, Leon toma del brazo a su adversario que trata de embestirlo y con la otra mano, enreda su brazo en el cuello para inmovilizarlo y finalmente dejarse caer con todo su peso, estrellando el cuello del infectado contra el suelo, dándole una muerte instantánea.
El oficial de la D.S.O. comenzó a hiperventilar por el esfuerzo requerido durante la lucha, dejando detrás de él ese cadáver en el suelo, mientras los demás hombres se apresuraban a recoger el cuerpo.
—No estaban muy de acuerdo con que eliminaras a uno de los suyos, pero al notar que era un peligro latente, tuvieron que aceptar. —Explicó el chico de ojos grises.
—Esto es una señal que debemos darnos prisa, Wesker está más cerca de lo que creemos.
—Le diré a Sherry que le comunique lo sucedido al equipo de Chris. —Dijo Muller alejándose con premura.
—Yo le informaré a Josh y Helena. Tenemos el tiempo contado.
Albert Wesker se encontraba tecleando algo muy rápido en su ordenador gigante que era parte del laboratorio de experimentación, cuando de repente su hombre de confianza irrumpió en el lugar.
—Señor, le tengo noticias. —Informó con su usual tono de voz militar.
— ¿Qué sucede? —Preguntó con tranquilidad el tirano.
Y sin decir una sola palabra, el soldado le entregó un pequeño CD de video. El rubio tomó el disco con sus manos enguantadas y lo colocó en la bandeja del ordenador para que se reprodujera en la pantalla gigante.
Sin ningún preámbulo la cinta comenzó a reproducirse mostrando imágenes de calidad media. En la pantalla se observaban una especie de cuevas iluminadas escasamente por antorchas, y luz que se filtraba a través de las grietas naturales en medio de las rocas. Durante los primeros minutos, todo mostraba un panorama perfectamente normal con el paisaje de las cavernas tranquilo, cuando de repente aparecía en escena la silueta de dos personas; un hombre y una mujer. El varón era un sujeto alto, de piel oscura, y barba incipiente que vestía un uniforme militar que el ex capitán pudo reconocer de inmediato. Su compañera, se notaba a leguas que era una mujer joven, alta, esbelta, cabello castaño y tez clara. Vestía pantalones marrones con botas que le llegaban hasta las rodillas, camiseta blanca y un chaleco de combate rojo.
A pesar de la poca calidad de las imágenes, el audio era bastante bueno y aunado a la resonancia de la zona, Wesker pudo distinguir perfectamente la conversación que ambos sostenían.
—Recibido. —Pronunció la mujer dando la impresión de dar por terminado un mensaje que acababa de recibir en su radio.
— ¿Qué sucede? —Preguntó con interés el mayor.
—Leon acaba de informarme que encontraron un infectado en la aldea. Bastante agresivo y al parecer un poco más inteligente que las especies comunes.
— ¡Maldita sea! ¡Tenemos que apresurarnos para llegar a ese jardín subterráneo antes de que utilicen todas las flores para propagar una infección! —Anunció el hombre empuñando nuevamente su arma.
— ¿Crees que Wesker ya nos esté pisando los talones? —Cuestionó la chica avanzando a través del suelo polvoriento.
—No lo creo. Estoy seguro. ¡Vámonos!
Finalizando la breve conversación, el par de agentes se movieron del lugar para rápidamente desaparecer de la vista de la cámara, cortándose enseguida el breve video.
— ¡Vaya! Esos dos extraños me conocen. —Mencionó el rubio con sarcasmo cuando finalizó el video. —Al menos no me subestiman.
El militar permaneció con los labios sellados como si de una estatua de mármol se tratase, mientras el villano continuaba con su monólogo.
—Veo que a Chris no le bastó con invitar al ex policía de la R.P.D., sino que también se dio el lujo de traer a toda la B.S.A.A. y a los amigos del novato. Mejor para mí. Me alegro profundamente que hayan recibido nuestro regalo que amablemente les hizo llegar mi querida Ada Wong. Me lamento un poco de no hacerles llegar más infectados. —Pronunció con voz solemne mientras se dio media vuelta para esta vez dirigirse directamente a su hombre de confianza.
—Esos dos van al jardín subterráneo, alcánzalos y asegúrate de que no vivan lo suficiente para destruir un solo ejemplar de las flores.
El soldado asintió y antes de que desapareciera de entre la penumbra, su superior lo detuvo indicándole antes otra instrucción.
—Antes de que te vayas, prepara el instrumental de combate. Quiero que mi Samurai Edge esté lista para esta noche.
Finalizando todos los detalles, el militar se retiró para irse a preparar sus encomiendas sin perder tiempo. Toda palabra que salía de la boca del tirano, era una ley para él.
—Ya veremos si pueden conmigo.
En otro lugar de las instalaciones subterráneas, en una oficina amplia y alfombrada, la más excéntrica de todas, yacía Jessica Sherawat sentada sobre su enorme silla de negocios, bastante entretenida tecleando algo en su pequeña computadora portátil.
Sin despegar su vista de la pantalla, se notaba como poco a poco iba frunciendo el ceño con impaciencia, como si algo de lo que leía la estuviese exasperando de sobremanera.
—No entiendo porqué tanto alboroto causado por una ciudad extinta. —Murmuró en voz baja mientras leía un informe detallado sobre la caída de Raccoon City, en el cuál muchas personas, entre ellas su actual jefe, estaban muy involucrados.
Bajando un poco más la página del informe encontró una lista con los nombres de los sobrevivientes.
—Kevin Ryman… Leon Scott Kennedy… Jillian Valentine… Esa infeliz debió haber muerto en esa ciudad. —Maldijo la de ojos claros cuando leyó de entre la lista de sobrevivientes el nombre de la ex teniente de S.T.A.R.S, cuando de repente otro nombre llamó su atención. —Claire Redfield… Redfield… ¿Será pariente de Chris?
No era una sorpresa que todo lo relacionado con Chris Redfield fuera de sumo interés para la fémina y movida por la curiosidad instó por investigar un poco más acerca de la chica.
En el navegador encontró varias coincidencias al teclear el nombre de "Claire Redfield", pero en ninguna parte había algún resultado convincente, hasta que encontró el nombre de la susodicha en un directorio virtual de la página perteneciente a la organización no gubernamental Terra Save.
"Claire Redfield, Los Ángeles California, Supervisora General."
—Demasiada coincidencia. —Habló para sí misma la ex agente que empezaba a atar cabos suponiendo que efectivamente, la supervisora general de Terra Save era familiar de su antiguo sueño frustrado Chris Redfield.
Continuó escribiendo algo en el teclado de su computadora y dio un clic en la sección de noticias en donde halló un artículo interesante.
"Claire Redfield es nombrada nueva Supervisora General de Terra Save después de su ardua labor como activista contra el bioterrorismo en Terragrigia."
Sherawat continuó leyendo el encabezado de la noticia en donde la prensa local anunciaba el nuevo nombramiento de Claire en Terra Save, y fue en un costado de la página en donde miró una foto de la activista junto a Chris Redfield, que lo reconoció de inmediato.
—"Claire Redfield junto a su hermano el reconocido capitán de la BSAA Christopher Redfield." —Leyó Jessica en voz alta el pie de foto confirmando su teoría. — ¿Así que la tal Claire Redfield es hermana de Chris?
Posó sus ojos claros en la fotografía que acompañaba la nota periodística y observó con detenimiento primero al capitán de la BSAA que vestía un elegante traje color negro con una corbata azul marino. Miró por largo rato al militar para finalmente centrar su atención en la mujer que según el artículo informativo, era su hermana. Era una fémina que daba la impresión de estar en los últimos años de sus veinte o en los principios de sus treinta. Estatura media y figura estilizada. Usaba un vestido azul turquesa de una sola pieza y tirantes delgados que se ceñía perfectamente a su cintura delgada y caderas voluptuosas, dejando en la falda una fina caída que le llegaba hasta los tobillos. El peinado sencillo consistía en recogido simple que dejaba a la vista uno que otro mechón rebelde de su cabellera intensamente roja.
Prestó más atención a la pariente consanguínea más cercana de su ex compañero y estudió detalladamente sus facciones. Fácilmente se podía percibir que la mujer era muy guapa, perfil delicado, nariz respingada y labios finos que se adornaban de una mirada aguamarina que se acentuaba con el color de su atuendo azul.
Esos ojos celestes, esa melena inconfundible tan roja como la sangre, estaba segura que ya la había visto antes en alguna parte. ¿Pero dónde?
Tenía la certeza de que jamás en su vida se había topado con Claire Redfield, pero su rostro le era tan familiar…
Divagó un buen rato de entre los recuerdos e imágenes que guardaba en su mente cuando de repente una chispa de intuición brilló en sus ojos almendrados y rápidamente se levantó de su silla como un resorte y corrió hacia su abrigo de piel que estaba colgado sobre uno de los percheros.
Buscó en uno de los bolsos interiores y sacó de allí la vieja fotografía que había sido propiedad del tirano e inmediatamente la colocó frente a la imagen que mostraba la pantalla del ordenador y las comparó con detenimiento.
La mujer entreabrió los labios por la sorpresa causada a su reciente descubrimiento.
— ¡No lo puedo creer! —Exclamó fascinada cuando se percató que la hermana de Chris Redfield y la chica de la fotografía de Albert Wesker eran la misma persona.
No sabía duda que se trataba de la misma mujer. Los ojos azules y la melena de fuego era la misma, la facciones dulces y expresión traviesa tampoco habían cambiado, sólo la sombra de la madurez había hecho eco en el rostro de la Redfield, siendo el retrato de Wesker una imagen en la flor de su juventud y la perteneciente a la prensa, mostraba su ya notable madurez.
— ¡Pero qué historia de amor más dramática! ¡Albert Wesker enamorado de la hermanita de su peor enemigo! ¡Ni al mismísimo Shakespeare se le hubiese ocurrido una novela más trágica! El odio entre Albert y Chris supera con creces al rencor entre los Capuleto y los Montesco… Y Claire, la pobre Julieta, la mártir de la historia. —Comentó burlona la de cabellos castaños, sin dejar de mirar los retratos y prosiguió:
—Ahora todo tiene sentido. El atentado a Terra Save, la fotografía, el interés de Wesker por querer encargarse personalmente de los "héroes" —Relató ella, haciendo un énfasis sarcástico en la palabra "héroes" y agregó: —Entonces la tal Ada Wong no es la mujercita del temido dictador, sino la pelirroja… ¡Cuánto provecho le podrá sacar a esta fotografía! —Expresó con malicia con mil y un ideas perversas atravesando su mente letal y vengativa tomando entre sus manos la imagen que había pertenecido al ex capitán, como si fuese un tesoro muy valioso.
—Este retrato es mi as bajo la manga para ganarle la partida a Albert Wesker. Veremos si después de esto la suerte sigue estando de tu lado, querido…
El agente Kennedy yacía sentado en la pequeña silla de su respectiva choza mientras se estrujaba las sienes tratando de encontrar una explicación en su cabeza.
¿Y si Jake y Helena tenían razón? ¿Y si en verdad Wesker había tenido un aliado poderoso todo el tiempo y él no lo había notado?
Todos esos cuestionamientos merodeaban en la cabeza del agente cuando de repente sintió unas manos pequeñas acariciarle el cabello por la espalda.
— ¿Estás bien? —Preguntó Claire Redfield dándole un beso suave en la mejilla.
—Sí. Sólo estaba distraído por el asunto del infectado, es todo. —Mintió el agente.
La Redfield se colocó frente al rubio y con seguridad lo tomó por el rostro y lo obligó a mirarlo a los ojos.
—Todo a salir bien, Leon. Lo logramos en Raccoon City, lo lograremos también ahora. —Dijo con voz firme la mujer de ojos azules y depositando un beso lento en los labios del ex policía.
Leon correspondió muy despacio al gesto de su compañera pero no por ello menos gustoso. La beso sin prisa mientras que con sus manos la acercaba más a él sentándola a horcajadas sobre su regazo. Se separaron unos instantes para tomar aire y el de ojos azules tomó la barbilla de la chica entre sus manos.
—Gracias. Quisiera tan optimista como tú. —Murmuró el integrante de la D.S.O.
—Es fácil serlo cuando confío en alguien como tú. —Respondió ella con una sonrisa radiante.
El ex policía de la R.P.D. fingió una sonrisa. Le preocupaba en demasía que Claire confiara tanto en él, cuando ni siquiera él mismo tenía le certeza sobre si podía confiar en sí mismo.
—Tengo que ir con los aldeanos. Quedé en enseñarles algunos métodos básicos de supervivencia por si los necesitan cuando nos vayamos. —Informó la pelirroja poniéndose de pie.
Leon asintió y su pareja de retiró de la choza rápidamente, dejándolo nuevamente a solas. Enseguida la alarma de su radio comenzó a sonar.
—Aquí, Harper. Leon, ¿me recibes?
—Aquí, Kennedy. Fuerte y claro. —Contestó Leon a través del intercomunicador.
—Leon, Josh y yo hemos llegado a la entrada del jardín subterráneo, estamos por ingresar. —Informó la mujer a su compañero de agencia.
—Bien, Helena. Nosotros esperamos las indicaciones del comando dirigido por Chris, es cuestión de un par de días o quizás horas para que nos retiremos de la aldea. —Respondió.
—Recibido. —Contestó la chica confirmando el mensaje y agregó: —Leon, hay algo más que quiero hablar contigo.
— ¿De qué se trata?
—Recibí información de la D.S.O. acerca del robo de la muestra del virus crisálida. Al parecer no todo le salió bien al ladrón. Encontraron un cabello en la cámara de congelación, y después de examinarlo, los estudios arrojaron que se trataba de una mujer probablemente de ascendencia oriental…
Leon sintió un escalofrío al escuchar esas palabras dichas de la voz de Helena, uno de sus grandes temores se estaban confirmando. Se había quedado totalmente sin palabras.
—Leon, considero prudente que comencemos una investigación y de ser posible girar una orden de arresto en contra de la espía asiática.
—No. —Se negó enseguida el rubio.
— ¡¿Pero por qué no?! —Refutó la chica de ojos castaños a través del aparato.
—Aún no tenemos evidencia suficiente, Helena. —Argumentó el ex policía a su favor.
— ¡¿Pero qué más prueba quieres, Leon?! ¿Qué estás esperando? ¿Qué Ada se aparezca frente a nosotros y nos confiese una a una sus fechorías?
El agente permaneció callado, con el ceño fruncido.
—Leon, si no inicias una investigación en contra de esa mujer, yo misma le pediré a Hunnigan que lo haga y solicite una orden de detención. ¡Joder, Leon! ¡Esa mujer está metida en todo esto hasta el cuello!—Amenazó Harper estando bastante molesta.
— ¡No vas a hacer nada en contra de Ada! —Bufó el rubio estando bastante enfadado.
— ¿Qué has dicho? —Preguntó la pelirroja que estaba justo a espaldas del agente.
Cuando Leon volteó a mirar el rostro de Claire, era la viva imagen de la decepción. En su cara se pintaba la increudilidad, la desilusión y la duda. La hermana de Chris Redfield había regresado en algún momento a la choza sin que el varón se diera cuenta y había estado escuchando toda su conversación por radio con Helena.
— ¿Así que has estado encubriendo a Ada? —Cuestionó la menor con voz ahogada.
—Claire esto no es lo que estás pensando. —Contestó el policía acercándose lentamente a ella.
Y sintiendo que la rabia subía a su mente como espuma, la chica de ojos azules le propino una fuerte bofetada a su compañero mucho antes de que pudiera reaccionar.
— ¡Eres un maldito inconsciente! ¡Proteges a Ada Wong a costa de la seguridad de todos!
— ¡Yo no estoy protegiendo a nadie! —Se defendió el rubio llevándose una mano a la mandíbula.
— ¡Escuché toda la conversación que tuviste con Helena! ¡¿O vas a negarme que le prohibiste arrestar a la espía?! —Retó la obstinada motociclista.
— ¡Es porque no tengo pruebas suficientes para arrestarla! —Respondió Leon agitando los brazos.
Claire dio una sonrisa sarcástica y colocó ambas manos en sus caderas.
—¿Qué acaso no lo ves, Leon? ¡Esa mujer estuvo Raccoon City, en España con las plagas, en Tall Oaks! ¿No te parece demasiada coincidencia que siempre que haya un peligro global bioterrorista esa mujer siempre esté involucrada?
Leon se quedó en silencio. Claire lo estaba cuestionando duramente y sabía perfectamente que la pelirroja tenía razón en sus argumentos.
— ¡Por favor, reacciona! ¡Estás cometiendo los mismos errores que cometiste en China! ¡Peleaste con Chris por defenderla! —Reclamó la Redfield con la voz ahogada echándole en cara al agente el altercado que tuvo con Chris en aquel caos que fue ocasionado por Simmons, unos cuantos años atrás. —Y ahora, no sé qué pueda esperar yo de ti… —Finalizó la activista de Terra Save conteniendo las lágrimas que estaban inundando sus ojos, y dándose media vuelta salió rápidamente de la habitación, negándose a derramar una sola lágrima delante del ex policía.
Ahora el agente Kennedy se sentía peor que nunca. En el fondo sabía que Ada era culpable no había hecho nada para evitarlo, le dolían profundamente las duras verdades que su compañera en Raccoon City le había hecho ver, pero sobretodo; se sentía una basura por haber decepcionado a Claire. No podía ser posible que le hubiese vuelto a fallar de la peor forma. Quizás y después de todo, Helena y la pelirroja tenían razón y Ada no era lo que él creía.
—Bien hecho, idiota.
Helena llevaba en la mano su radio, tratando de obtener alguna respuesta sin éxito.
— ¿Todo en orden? —Preguntó Josh Stone mirando el ceño fruncido de su compañera.
—Creo que provoqué una tormenta. —Respondió sarcásticamente la agente de la D.S.O.
Josh se quedó callado al desconocer los motivos de tal respuesta. Y acercándose a la enorme entrada de piedra, le pidió ayuda a su pareja para poder abrirla e ingresar al jardín subterráneo que estaba detrás.
Cuando finalmente la puerta cedió, Josh y Helena se adentraron con premura hacia su objetivo dando una mirada retrospectiva al lugar.
La estancia sin duda era un sitio enorme. Se notaba a leguas que en algún momento de la historia el jardín subterráneo había sido una especie de centro ceremonial o de rituales, a juzgar por la estructura de las ruinas, contando con una especie de escalón gigante, en cual era iluminado por un tragaluz natural en el cual se filtraban unos cuantos rayos de luz. A pesar de la ambigüedad del invernadero, había también muchas cajas metálicas ocultas entre el ramaje que parecían ser las fuentes de electricidad. Todo el lugar olía a humedad y a tierra mojada, quizás porque la vegetación así lo requería. Y finalmente habían hallado lo que habían venido buscar; justo en el centro del jardín, habían sembradas decenas y decenas de flores de pétalos naranjas y pistilos amarillos. La flor "ascensión al Sol" seguía siendo cultivada.
— ¿Entonces son estas flores las causantes de tanto alboroto? —Murmuró Helena en voz baja mientras sostenía su arma con una mano.
—No imaginas el poder que tienen. —Contestó el capitán observando con precaución a su alrededor.
De repente, ambos agentes detectaron una silueta moverse rápidamente entre las sombras.
— ¿Qué fue eso? —Preguntó Harper preparando la escopeta hydra.
—No lo sé, pero será mejor que lo averigüemos ya. —Ordenó Stone alzando su arma con la mano derecha.
Y justo antes de que pudieran reaccionar un militar que cubría su rostro con un pasamontañas se colocó en medio de los dos, aterrizando en una voltereta perfecta.
Con una velocidad sobrehumana, tomó por el cañón la escopeta de Harper y arrojarla hacia el suelo, para después derribar a la mujer con una patada en el estómago. Enseguida hizo lo mismo con Josh Stone estrellándolo contra una de las paredes de roca producto de un poderoso puñetazo en la mandíbula.
—Será mejor que se marchen por donde vinieron. —Amenazó el militar que cargaba entre sus manos un rifle de francotirador.
— ¿¡Quién coño eres?! —Objetó el moreno reincorporándose con dificultad.
Helena continuaba recuperando el aire mientras yacía en el piso, detectando que ese timbre de voz le era vagamente conocido.
—No digan que no se los advertí.
Diciendo esto, el misterioso soldado volvió a atacar a Josh Stone, pero esta vez, el capitán de la BSAA pudo esquivar el duro golpe.
Como podía el militar veterano trataba de esquivar a toda costa los duros ataques de su oponente que parecía tener intenciones de pretender aniquilarlo con sus propios puños.
Mientras la lucha se llevaba a cabo, la joven agente volvió a incorporarse con sigilo y tomó entre sus manos la hydra, apuntando directamente hacia el hombro de su rival, buscando herirlo por la espalda.
Cuál fue su sorpresa de la castaña cuando miró que a pesar de que su tiro había sido certero, su enemigo lo había logrado esquivar con pericia, como si tuviese un sexto sentido o algún tipo de habilidad sobrenatural. Entonces, el enigmático hombre al darse cuenta que la chica estaba de nuevo en pie, se lanzó nuevamente contra ella.
Sin dificultad la tomó por el cuello con el propósito de asfixiarla. Helena comenzó a patalear y manotear para intentar zafarse pero el agarre de su captor parecía ser de acero. La chica comenzó a sentir la ausencia de aire en sus pulmones cuando su compañero tomó al agresor por el cuello haciéndole una llave y se dejó caer con él al suelo, liberando al instante a la agente de la D.S.O.
Al sentirse liberada, la sobreviviente de Talk Oaks comenzó a toser frenéticamente mientras que con una de sus manos tomó su radio y trató de comunicarse con Leon.
—Leon, aquí Helena. ¿Me recibes? ¡Estamos en una situación de peligro! —Informó la de ojos cafés a su compañero de China, mientras que Josh trataba de contener a su enemigo.
— ¿Qué está pasando, Helena? —Preguntó Leon con notable preocupación.
—Josh y yo estamos en el jardín subterráneo y un militar desconocido nos ataca. Es muy fuerte y necesitamos su ayuda. —Informó la mujer con la voz entrecortada.
— ¡Maldita sea! ¡Resistan, Helena! ¡Iremos por ustedes!
—Apresúrense Leon, dense prisa porque…
Antes de que pudiera terminar la oración, el hombre de vestimenta oscura ya estaba a un lado de Helena, arrebatándole el radio con facilidad y destrozando el aparato con la sola fuerza de su puño.
—Bella dama, esto es entre usted yo.
Y entonces Harper se puso en posición de combate junto con Josh Stone, mientras que su atacante de ojos claros se disponía, si ambos agentes se lo permitían, a destrozarlos con sus propias manos.
En las afueras de la petrolera, en donde solía establecerse el ex campamento de Tricell, yacían sentados sobre una roca el equipo compuesto por Carlos Oliveira y Jill Valentine, que esperaban pacientemente a que Chris y Sheva llegaran al punto de reunión.
— ¿Crees que les haya sucedido algo? —Preguntó la mujer con cierta preocupación.
—No lo creo. Quizás sólo se retrasaron un poco. Esperemos un poco antes de buscar comunicación con ellos. —Sugirió el mercenario que sacaba de uno de sus bolsillos un paquete con galletas de canela y las abría rápidamente. — ¿Quieres una galleta?
Jill sonrió por la espontaneidad del hombre que le hacía compañía y aceptó una de las galletas.
—En cuanto salgamos de aquí, lo primero que quiero hacer es ir a comer una hamburguesa con doble queso y papas fritas. —Comentó la castaña mientras la daba un mordisco a su bocadillo.
—Anotado. Te llevaré por una hamburguesa. —Afirmó el brasileño con seguridad.
—Ya tenemos muchas planes para cuando todo esto termine, ¿no crees? —Habló la ex teniente de los S.T.A.R.S. mientras tomaba otra galleta.
—Podría planear toda una vida contigo. —Respondió ladeando una sonrisa el varón y ladeando una sonrisa.
Jill soltó una risita divertida, cada día le gustaba más la compañía de Carlos y cada vez le era más difícil disimular su agrado por el moreno. Quizás y él era lo que tanto había necesitado en su vida.
Permanecieron sentados por un rato más sobre la roca de proporciones colosales, cuando miraron venir a lo lejos a los compañeros restantes de su equipo.
Chris y Sheva miraron con sorpresa que Jill y Carlos ya los esperaban en el ex campamento, y al juzgar por la apariencia, parecía que ya llevaban un buen rato allí.
— ¿Hace mucho que llegaron aquí? —Preguntó la de ojos avellana a la pareja que los esperaba.
—Unos cuantos minutos. —Contestó Valentine rápidamente.
—Horas, querrás decir. —Interrumpió Oliveira mientras mordisqueaba otra de sus galletas.
Sheva miró un poco apenada a Chris, esperando que él diese una explicación por el evidente retraso.
—Tuvimos una complicación en la zona de pantanos, nos desviamos por el camino equivocado y tuvimos que movernos por la aldea. —Inventó Chris llevándose una mano a la nuca.
La explicación que el mayor de la BSAA se había sacado debajo de la manga parecía convincente. Obviamente no explicarían a sus colegas la razón por la cual se habían demorado ya que un amorío a mitad de una misión peligrosa era más que irresponsable y ambos agentes lo sabían, pero ya había sido inevitable mantener la tensión por más tiempo. De mutuo acuerdo habían decidido no mostrar ni sacar a la luz la nueva relación que acababan de iniciar, sino esperar a que toda la pesadilla acabara para al fin dar a conocer su romance. Por ahora y por el bien de la misión, esconderían sus sentimientos.
Jill asintió y sacó de su pequeña mochila un trozo de papel doblado en cuatro partes que al extenderlo reveló que se trataba de un viejo mapa. Sus compañeros se acercaron y la chica de cabellera castaña les contó su objetivo.
—Este es un mapa viejo de la petrolera, pero aún nos puede servir. —Informó ella mostrando el papel corrugado que tenía también unos pequeños trazos hechos a lápiz. —Tracé las coordenadas en donde recuerdo que se ubicaban los accesos a los túneles subterráneos que conducían a los laboratorios. Si en verdad Wesker decidió permanecer aquí, es casi imposible que nuestra ruta falle, ya que la obtención de energía para abastecer el complejo científico sólo puede obtenerse por medio de las instalaciones subterráneas.
— ¿Cómo entramos? —Preguntó Chris Redfield con la frente fruncida.
—Primero debemos atravesar el muro metálico que usaron como clausura para la petrolera. Una vez adentro descenderemos a la parte más baja de la planta y en el lado derecho unos cuantos metros al este, hay un pasillo que conduce a una entrada subyacente. Es una especie de sótano, pero que con seguridad nos conducirá a los túneles que estamos buscando. —Informó la de ojos grises a los demás.
—Copiado. —Respondió el mayor en automático.
El equipo se puso en marcha con Carlos y Chris posicionándose cerca de la entrada, listos para impulsar por los aires a sus respectivas compañeras para que pudiesen acceder a la planta petrolera. Ambas mujeres dieron unos cuantos pasos hacia atrás para después saltar hacia el otro lado de la pared metálica. Sheva y Jill aterrizaron con agilidad al exterior de la petrolera y la imagen que percibieron, sin duda era muy distinta a la que recordaban.
Los esqueletos metálicos compuestos por tubos y material de hierro metálico, ahora tenía el aspecto de una vieja estructura oxidada, con un olor particular a humedad y metal viejo. La zona estaba en ruinas casi en su totalidad con montañas de escombros por doquier y vegetación creciendo indiscriminadamente. En tal situación, las plagas de animales como ratas de campo y serpientes no se hicieron esperar para tomar las viejas instalaciones del yacimiento de Tricell como madriguera.
—Este lugar es totalmente diferente a lo que recordaba. —Comentó Sheva mientras daba una mirada retrospectiva al sitio.
—Wesker es inteligente, seguramente decidió dejar el sitio en aparentes ruinas para que nadie sospechara que aquí sigue habiendo actividades por debajo del agua. —Explica Valentine mientras busca una manera de abrir la entrada a sus compañeros.
Las mujeres encuentran la forma de abrir la puerta que está atorada por un pestillo metálico que al juzgar está bastante oxidado.
—Déjamelo a mí. —Pide la agente Alomar que con una fuerte patada, parte en dos la cerradura con todo y candado.
—Excelente.
Ambas féminas toman la pesada puerta y haciendo uso de su fuerza de combate, logran empujar la hoja de metal que con mucho esfuerzo logra abrirse para que Carlos y Chris puedan entrar.
— ¡Qué rápidas! —Felicita Oliveira al mirar que en pocos minutos las chicas pudieron encontrar una manera de que ellos accesaran a la petrolera.
—Hacemos buen equipo. —Contestó Jill con rápidez y agregó: —Vamos.
Los tres agentes siguen a la ex teniente de los S.T.A.R.S. que se mueve de entre las ruinas de lo que alguna vez fue un yacimient petrolero con singular astucia, como si fuese un sitio que conociera de toda la vida.
—Por aquí. —Señala la de ojos grises a sus compañeros y ellos caminan detrás de ella que baja por unas escaleras que estaban cerca de una de las bodegas semicirculares donde solían guardar el instrumental de embarcaciones.
—Fue en este sitio en donde casi nos mata el loco de la motosierra. —Murmuró la chica con el tatuaje de "Shuuja" al capitán de la BSAA.
—No quiero volver a toparme con otro de esos dementes, nunca. —Habló Chris en voz baja recordando en su memoria aquella vez que por poco eran aniquilados por un majini desquiciado.
—Es aquí. —Indicó la castaña deteniéndose al final de las escaleras, a un costado de las bodegas.
—Parece un callejón sin salida. —Dijo Oliveira sosteniendo su arma firmemente.
—Sólo en apariencia. —Refutó la ex cautiva de Wesker que removió un poco de tierra con el pie, y agachándose descubrió en el piso un pequeño acceso bloqueado por una especie de plancha de hierro. —Tenemos que buscar la manera de abrirlo.
Lógicamente, aquella era una entrada que no podrían abrir haciendo uso únicamente de sus manos por lo que comenzaron a idear alguna manera de poder descomprimirla. Entre los alrededores, Carlos encontró una barra de metal que fácilmente podrían utilizar como palanca y así lograr quitar la tapadera de acero.
El brasileño colocó la barra entre una de las orillas de la portezuela, y estando correctamente insertada, comenzó a tirar de ella con ayuda de Chris. Ambos hombres lograron quitar la tapa que recubría la entrada subterránea y efectivamente como Valentine lo había predicho, había allí unas escaleras que se asemejaban demasiado a las entrañas de alguna alcantarilla.
—Será mejor que saquen sus linternas, probablemente esté muy oscuro allí abajo. —Ordenó la sobreviviente a Raccoon City sacando su lámpara de diadema, mientras los demás hacían lo mismo.
La primera en descender por la escalera fue Jill Valentine seguida por Sheva Alomar, Chris Redfield y Carlos Oliveira.
Cuando los cuatro estuvieron en tierra firme, todos encendieron sus linternas ya que el terreno estaba escasamente iluminado. Una vez que la luz de sus linternas le daba un poco de claridad a la zona, descubrieron que estaban en una especie de almacén, con cajas enormes de madera que parecían pesadas, además de muchos desperdicios de oficina, como papelería, viejos monitores y demás residuos de computación.
—Será interesante atravesar todo este laberinto. —Habló Oliveira mirando todos los pasillos y anaqueles de la bodega.
—Parece un almacén de archivo muerto. —Comentó Sheva tomando unos cuantos papeles que estaban esparcidos por el suelo.
—Sea lo que sea, tenemos que encontrar rápido a Wesker. —Ordenó el mayor Redfield que buscaba un camino para salir de aquel cobertizo.
—Antes de que él nos encuentre a nosotros. —Mencionó Valentine con aire sombrío.
Los cuatro asintieron en que debían darse prisa, y siguiendo las instrucciones de la castaña, se adentraron en las instalaciones subterráneas dispuestos a irrumpir en los dominios del tirano.
— ¡Maldita sea! ¡No logro restablecer comunicación con Helena y Josh! –Se quejó el hombre de ojos azules dándole un pequeño golpe a su radio.
—Seguramente es el mismo bastardo que atacó a Sheva y a Carlos cuando estuvimos en Brasil. —Comentó Jake Muller apretando los puños.
—Deberíamos comunicarnos con Chris. —Insistía Birkin con la desesperación marcada en sus ojos esmeralda.
—No por ahora. —Negó Kennedy moviendo la cabeza. —Informar al equipo de Chris sólo nos haría perder tiempo y entorpecer su expedición a los laboratorios. Debemos actuar nosotros primero y después informar a Chris.
—Estoy de acuerdo con Leon. —Asintió el mercenario.
—Por la localización satelital del GPS en el radio de Helena, detecto que el jardín subterráneo no está lejos de aquí. Si usamos uno de los jeeps y buscamos una ruta adecuada, estaremos con ellos en muy poco tiempo, pero debemos actuar ya. —Sugirió Leon poniéndose de pie y preparando su arma en el cinturón.
—Iré contigo, Leon. —Se ofreció el joven pelirrojo tomando también su Elephant Killer.
—No. Yo, iré con Leon.
Entonces a sus espaldas, escucharon la voz de una mujer que se acercaba con paso firme a la pequeña reunión.
—Claire… —Pronunció Leon tragando saliva, ya que después de la discusión que había tenido con la pelirroja, no se la había vuelto a topar en el resto del día.
—Jake, Wesker y su sicario te están buscando, no es seguro que te expongas. Leon y yo somos ajenos a la situación en los blancos de búsqueda de esos maniacos y eso nos puede dar unos puntos de ventaja. —Sugirió la hermana de Chris hablando con esa seriedad y solemnidad característica de los Redfield.
Jake iba a rebatir la postura de la chica de ojos azules, pero resolvió por quedarse callado. Sabía perfectamente que la mujer tenía razón aunque la sola idea de que tuviesen que "protegerlo" no le agradaba ni un poco. Por su parte, Leon se quedó sorprendido. No esperaba que la Redfield le volviese a dirigir la palabra y no mencionara ni hiciera referencia al pequeño incidente que habían tenido unos momentos antes, además de que esa actitud fría y decidida de la activista, era una faceta que no conocía de su amiga de antaño.
—Entonces será mejor que nos vayamos antes de que caiga la noche. —Sugirió el agente de la D.S.O. mirando los tintes rojizos y naranjas en el cielo, señal de que la luz crepuscular comenzaba a hacer estragos.
El cuarteto se retiró hacia las afueras de la aldea a prepararse. Jake, Leon y Sherry preparaban las armas para la partida de los sobrevivientes a Raccoon City asegurándose de que no les faltaran en su equipaje ni cartuchos o granadas insuficientes, mientras la pelirroja fue hacia su choza para cambiarse su atuendo por ropa más cómoda para luchar.
Sherry y Jake se quedaron comprobando algunas de sus herramientas del improvisado arsenal y Leon buscó una excusa para separarse de ellos e ir en búsqueda de su compañera.
Con cierta timidez y congoja, el sobreviviente a las plagas se acercó a donde yacía la hermana menor de Redfield, que vestía unos pantalones ajustados, blusa roja con manga larga y botas de combate que se abrochaba subiendo una de sus piernas al asiento de la silla.
La activista ya se había percatado de la presencia del ex policía en el recinto, pero tenía tan pocas ganas de hablar con él, que decidió continuar con su labor de ajustarse las botas y los guantes de cuero e ignorar a su visitante. Pero el de ojos azules no iba a rendirse.
—Claire… Yo… Gracias por… Por ayudarnos a rescatar a Helena y a Josh. —Tartamudeó con torpeza el varón.
Con aire altivo, la chica pelirroja se plantó frente a Kennedy y le contestó con desmedida obstinación.
—No hago esto ni por ti ni por mí. Helena y Josh nos necesitan y no iba a armar un drama frente a Jake y Sherry cuando en este momento lo que menos necesitamos son problemas. No he olvidado lo de la presunta responsabilidad de Ada en el asunto, pero de eso hablaremos en su respectivo momento. —Soltó la activista con veneno y dándose media vuelta agregó: —Tenemos un trabajo que hacer.
Los viejos compañeros de Raccon City se unieron a Sherry y Jake que ya los esperaban con las armas listas y los equipos de combate.
—Vayan con cuidado, por favor. —Suplicó la rubia a sus salvadores de la infancia dándoles un cálido abrazo a ambos.
—Estaremos bien, Sherry. Traeremos sanos y salvos a Josh y a Helena.—Se despidió la motociclista dándole un suave abrazo a la chiquilla
—Jake, Sherry. —Llamó el agente de la D.S.O. a los más jóvenes que se acercaron inmediatamente.
Leon tomó un par de magnum y las cargó debidamente para después ponerles el seguro y entregárselas a sus amigos.
—Si algo sale mal, no duden en usarlas.
Jake tomó la pistola calibre 45 entre sus manos firmemente y la ojiverde tomó la suya con manos temblorosas.
—Si no volvemos, no dejes que los atrapen. —Finalizó Kennedy dando sus últimas instrucciones.
Los más jóvenes asintieron mientras que la activista de Terra Save y el agente de la D.S.O. permanecían listos para partir cuando de repente escucharon un gran alboroto provenir de las profundidades de la aldea.
— ¿Pero qué carajo? —Exclamó Jake Muller en voz alta al escuchar gritos y conmoción en el interior de la conmoción.
—Algo malo ha pasado. —Dijo Sherry con el temor reflejado en su voz.
— ¡Tomen sus armas, vamos a averiguar qué es lo que pasa! —Indicó el de cabellera rubia a los demás que empuñaban sus armas.
Mientras se fueron acercando el panorama se pintaba cada vez más mal. Observaban que los aldeanos corrían por todas direcciones, con crisis de tos y debilidad evidente como si algo estuviese afectando su sistema respiratorio. Algunos se desmayaban, otros se arrastraban, y algunos definitivamente caían desvanecidos en el suelo como si hubiesen muerto al instante.
— ¿Pero qué es lo que está pasando? —Habló la pelirroja totalmente desconcertada por el comportamiento extraño de los habitantes de la región.
De repente se acercó arrastrándose el hombrecillo que los había recibido el día de su llegada a la aldea y como pudo llegó hasta donde se encontraba Jake Muller.
— ¿Qué es lo que está pasando? —Preguntó el mercenario tomando entre sus brazos al hombre, hablándole en su idioma nativo.
El nativo trató con todas sus fuerzas articular palabra, cuando de repente empezó a convulsionar en los brazos del más joven, desvaneciéndose en agonía y perdiendo el conocimiento.
— ¡Jake, qué le pasa! —Preguntó Birkin acercándose a su compañero en China para intentar auxiliarlo.
— ¡No lo sé!
Entonces, todo sucedió muy rápido.
De repente, el varón que sostenía el joven de ojos grises entre sus brazos comenzó a retorcerse descontroladamente como si estuviese sufriendo algún ataque epiléptico, pero más violento. Y sin darles oportunidad de hacer algo, el aldeano mutó.
— ¡Jake cuidado! —Gritó Claire cuando notó que el lugareño se lanzó contra el mercenario, dispuesto a arrancarle la yugular.
Con un movimiento rápido, el más joven logró esquivar el ataque de su agresor y tomando su arma, el sobreviviente a Raccoon City disparó directo a la cabeza. Por ahora se habían librado de esa agresión, pero la amenaza apenas comenzaba. Para cuando se dieron cuenta, el equipo integrado por Sherry, Jake, Leon y Claire estaba totalmente rodeado por una horda de hostiles que en algún momento habían sido los habitantes de la tribu Jasiri.
— ¡Maldita sea, están mutando! —Profirió el superior de la D.S.O. cuando contempló el espantoso panorama.
El cuarteto se acomodó en posición de combate y se prepararon para luchar. Con una serie de ataques cuerpo a cuerpo, Jake Muller comenzó a quitar de su camino a una serie de hostiles, repartiendo una serie de patadas y codazos. Claire Redfield hizo lo propio usando sus habilidades como artista marcial basándose en ataques de disparo rápido combinados con golpes. Leon y Sherry fueron contundentes con las armas, tratando de derribar a la mayor cantidad de atacantes mediante las armas largas… Pero aún así eran demasiados.
— ¡No se rinden! —Exclamó Jake a la vez que daba un puñetazo a un adversario para lanzarlo lejos.
— ¡Larguémonos de aquí antes de que acaben con nosotros! —Indicó el agente Kennedy.
El equipo se desplazó de entre las chozas para poder encontrar una vía por la cual huir de los nativos infectados, ya que con creces los superaban en número y luchar contra todos ellos no era una opción factible.
— ¡Por allá! —Gritó Birkin al mirar que uno de los pequeños callejones estaba despejado.
Corrieron con velocidad hasta el callejón que topaba con una pared que conducía al exterior y enseguida buscaron la manera de trepar.
— ¡Debemos apresurarnos antes de que nos rodeen! —Presionó la Redfield a sus compañeros.
Leon y Jake se prepararon para impulsar con las manos a sus respectivas parejas al otro lado y les ayudasen a huir de la aldea cuando de repente escucharon una voz grave hablarles a sus espaldas.
— ¿Se van tan rápido?
—Wesker… —Pronunció con voz débil Claire Redfield que junto con Jake, eran los únicos que habían conocido al demonio en persona.
—Un placer volver a verte, Dearheart. —Habló el tirano ladeando una sonrisa que estremeció a la activista. —Hijo, ¿te alegras de verme? Prometí que nos volveríamos a encontrar. —Puntualizó ahora dirigiéndose a Jake Muller.
El mercenario recordó en su mente el último encuentro que había tenido con su padre en la península Arábiga, donde tuvo que saltar de un acantilado para salvar su vida. El más joven permaneció callado y con los puños apretados a los costados, demostrando la misma altivez que su padre en sus mejores años.
—Muy bien, creo que ya te dejé jugar mucho tiempo con tus amiguitos, así que ya es hora de que nos vayamos.
— ¡No te llevarás a Jake! —Se interpuso Sherry dando un paso hacia adelante y apuntando con su arma.
— ¡Joven Birkin! ¡Pero cuánto ha crecido! —Expresó el ex virólogo centrando su atención en la rubia. —William estaría orgulloso de usted, pero si no quiere terminar con el mismo destino de sus progenitores, más le vale no atravesarse en mi camino. —Amenazó el de gafas oscuras dando una mirada intimidante a la chica.
—No te atrevas a tocarla… —Gruñó con los dientes apretados el joven de ojos grisáceos.
— ¡Vaya, hijo! ¿Tú y la hija de mi viejo amigo? ¿No te parece demasiado cliché? —Se burló el mayor que insinuaba una posible atracción entre la hija de William Birkin y su primogénito.
— ¡No le pondrás una mano encima ni a Jake ni a Sherry! —Intervino por primera vez el ex policía de la R.P.D. en un tono que denotaba ferocidad.
Wesker dio unos cuantos pasos con su grácil andar y se detuvo frente al agente de ojos azules, mirándolo de arriba abajo.
—Leon Scott Kennedy. Por fin conozco al sobreviviente de las plagas, Raccoon City y Talk Oaks. Me han hablado mucho de ti.
— ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién te habló de mí? —Demandó el superior de la D.S.O. sin quitarle un ojo de encima al hombre de negro.
—Tengo mis… "contactos" —Respondió con voz aterciopelada el ex capitán de los S.T.A.R.S. haciendo énfasis en esa última palabra y continuó: —Pero en este momento no estoy aquí para hablar de usted y yo señor Kennedy, sino que he venido por mi hijo y justamente, hoy llevo prisa.
— ¡No lo vamos a permitir! —Gritó la chiquilla Birkin frunciendo el ceño.
—Eso está por verse.
El primero en lanzarse contra Albert fue el agente de la D.S.O. que intentó derribarlo haciendo uso de su fuerza para embestirlo, pero al chocar contra su adversario sintió como si hubiese tratado de lastimar a una pared, no logrando si quiera mover al ex capitán un solo centímetro.
—Novato. —Se mofó el científico y con un zarpazo mandó volando al agente de cabellera rubia hacia el otro lado.
— ¡Leon! —Gritó asustada Claire Redfield que enseguida corrió a auxiliar a su compañero que luchaba por ponerse de pie.
Sherry y su compañero comenzaron a disparar hacia su enemigo que ágilmente esquivaba todos y cada uno de los disparos sin inmutarse y mostrando una mueca de satisfacción al mirar la desesperación de los más jóvenes. Con paso tranquilo el ejecutivo de Umbrella se acercó hacia la hija de su camarada y tomó por el cañón su arma, para arrebatársela de un tirón y darla una fuerte patada que la dejó fuera de combate.
— ¡Bastardo! —Rugió furioso el mercenario que se lanzó a atacar a su padre.
Pero Wesker que era infinitamente fuerte lo detuvo con una sola mano y lo levantó por el cuello, despegándolo varios centímetros del suelo.
—Definitivamente te hicieron falta buenos modales. Pero ya me encargaré de educarte bien, hijo. —Comentó sarcásticamente el rubio para finalizar azotando a Jake contra el suelo, haciendo que se golpeara directamente en la cabeza y quedara inconsciente.
— ¡Jake! —Aulló la joven Birkin que todavía no se recuperaba de la patada recibida en las costillas.
Enseguida apareció un pelotón considerable de soldados que claramente se notaba que estaban infectados, al juzgar por la piel grisácea y carcomida.
—Llévense a mi hijo a las instalaciones. Nos largamos. —Instruyó el ex capitán a sus hombres que sin ningún cuidado tomaron el cuerpo del más joven del suelo y se lo llevaban a rastras fuera de la aldea.
Después de que sus militares se llevaban a su primogénito, Albert Wesker continuó su camino hacia los sobrevivientes de Raccoon City, ya que Leon aún permanecía tumbado en el suelo con un brazo dislocado y la hermana menor de Chris trataba de auxiliarlo. Con un paso imponente se detuvo frente a ellos y miró que la chica pelirroja sacó su arma para ponerse en posición protectora frente al ex policía, dispuesta a dispararle si se acercaba para agredir a su compañero.
—La adorable Claire Redfield, veo que los años no pasan por usted. Sigue siendo igual de hermosa y obstinada que cuando era una jovencita. —Felicitó el rubio esbozando una sonrisa radiante.
—No te atrevas a acercarte ni un paso más. Mucho menos tocar a Leon. —Advirtió la chica de ojos marinos, intentando vanamente proteger al agente.
El mayor volvió a sonreír mostrando sus dientes brillantes y amenazadores.
—Corazón, no me interesa en lo absoluto "tocar" a tu compañero.
La chica cabellos de hoguera todavía no comprendía el doble sentido de las intenciones del ex jefe de su hermano cuando rápidamente la tomó por la cintura y la pegó a su cuerpo, arrebatándole su pistola de un manotazo.
— ¡Suéltame, maldito! —Empezó a gritar la menor buscando zafarse del agarre poderoso de su captor.
— ¡Suéltala! —Demandó Leon poniéndose de pie como pudo y sosteniendo su magnum con su brazo sano.
— ¡No se meta en asuntos ajenos, agente!
Con un fuerte puñetazo en la mandíbula que Kennedy no pudo esquivar, Wesker lo mando nuevamente al suelo, sin que pudiera hacer nada por ayudar a Claire.
—Te prometo que esto será mejor que en Rockford, Dearheart.
Y tomando entre sus brazos a la hermana de su peor enemigo, la sujeto bien para que no pudiera soltarse para finalmente salir disparado de la aldea con su velocidad inhumana, dejando heridos y a merced de hordas de infectados a Sherry Birkin y a Leon S. Kennedy.
A/N: ¿Qué les ha parecido? ¿Oportuna la aparición de Wesker? Pobres agentes, en verdad el villano sí que les puso una tunda a los tres, (claro porque de ninguna manera le tocaría un pelo a su Dearheart aunque a saber las intenciones oscuras que tiene este hombre). Jessica tiene un plan para salirse con la suya usando la foto de Claire, ¿qué demonios planeará esa bruja? ¿Helena y Josh podrán librar la batalla contra el misterioso aliado de Wesker? ¿Qué pasará con el equipo de Chris cuando se enteren de los atentados que han sufrido sus compañeros?
Esta y muchas más respuestas en el siguiente capítulo de Mala Sangre titulado "Prodigio"
Como siempre ya saben que su opinión para mí es importante, además de un plus para continuar con mis ideas locas, por lo que cualquier queja, reclamo o sugerencia son libres de comentarlo en los reviews o si así lo prefieren, también respondo mensajes privados.
¡Muchas gracias a Addie por revisar y sobre todo a ustedes por seguir mi historia!
¡Nos leemos pronto!
