26. Orgasmo.
El deseo y el placer crecen de forma proporcional en su cuerpo, revolcando sus sentidos y mandándolos al mismo demonio. ¿Puedes sentirlo?... Lo siente debajo de él, tan pequeño, tan frágil, tan suyo. Gime en su oído de forma ronca y excitante. Deidara tiembla y le encanta. ¿Puedes sentirlo?...Haré que lo sientas…yo ya puedo sentirlo.
Dos movimientos más son más que suficientes. Lo sabe, esta justo allí. Los músculos se contraen, el placer explota como una efímera obra de arte, el tiempo se detiene solo para ellos y sus labios. Se juntan, se besan, se lamen, se chocan.
Y entonces Madara comprueba, una vez más, que la mejor explosión que Deidara puede crear es justo esta. Un orgasmo en el cuerpo de ambos que ninguno podrá olvidar.
