Capítulo 25.

Fujino Shizuru. II.

No fue nada sencillo ni agradable estar ahí, no sabía coreano, las clases que tenía no las entendía, el sujeto cada vez era más difícil de seguir, lo primeros meses fueron sin duda los más difíciles. Tuvimos que rentar un pequeño departamento y convivir, era muy pequeño y solo había una cama que compartíamos, en diferentes horarios, pero la compartíamos, un cuarto de baño estrecho y una cocina apenas decente, todo empeoro cuando un residente se unió a nuestro grupo de vigilancia, porque, para estar en la misma frecuencia, teníamos que estar los tres juntos. Al principio me dije: no quiero a esta mujer aquí, pero hablaba japonés, era accesible y amable con todo.

El departamento se volvió más apretado de lo que ya era por la estancia de Kim Eun-Kyung, pero ella siempre estaba disponible para ayudarnos, incluso, de no ser por ella casi no podríamos descansar. Así que poco a poco todo comenzó a mejorar, con su ayuda comencé a entender el idioma, la caligrafía y a avanzar en mis clases. Ella fue de gran ayuda, un soporte que nos ayudó tanto a Reito como a mí para no vivir en la neurosis. Gracias a ella comprendí que de verdad un equipo es perfecto cuando son tres, no dos, ni uno. Siempre nos habían dicho que los equipos de trabajo deben ser de tres, y solo hasta ese momento entendí que llevaba toda la razón. A pesar de que estudiaba medio día y lo demás lo pasaba trabajando, a pesar de que eran días muy pesados, a pesar de todo eso. Disfruté mi estancia en Seúl y no pensé en Natsuki. Tal vez fuera por el lugar diferente, el trabajo o Kim, pero lo cierto es que fue una estadía agradable, pude olvidar parte de mis problemas hasta que me vi envuelta en una situación demasiado cercana con Kim.

Estábamos de guardia, Reito dormía, era de madrugada y tanto ella como yo vigilábamos la bodega que había rentado el sujeto, el lugar donde pasaba la mayor parte de su tiempo, recibiendo personas. Creímos que sería una noche aburrida como todas hasta que de la nada, y en verdad, literalmente de la nada, apareció un sujeto de un momento a otro, que entro directamente a la bodega, sin siquiera llamar o pedir permiso. De igual forma, el que entro era extranjero, pero rubio de ojos azules, como todo el estereotipo de europeo. Pronto vimos a la distancia y por medio de una ventana como discutían, para mayor sorpresa nuestra y sin contemplaciones, el hombre rubio se transformó en un enorme hombre-lobo blanco. La pelea alcanzo dimensiones exageradas y casi absurdas, destruyendo todo a su paso, y aunque estábamos casi a cien metros de ellos, nos vimos en la necesidad de correr a escondernos. Al final, nuestro objetivo asesino al hombre rubio, le atravesó el estómago con las garras, y una vez en el suelo lo pateo a pesar de estar agonizante. Pero la escena lúgubre no termino ahí, el pelinegro algo sospechaba porque veíamos como olía el aire y miraba en derredor. ¿Nos estaría buscando? No éramos rivales decentes para ese sujeto, al menos yo no. En ese momento vi lo peligrosa que era esta misión.

Kim Eun-Kyung y yo nos miramos a los ojos en nuestro escondite, no dijimos una palabra y tratamos de afinar nuestro oído para saber si se había marchado ya. Pasaron cinco minutos y aun lo escuchábamos merodear. Luego diez más, luego quince, y finalmente no se oía un solo ruido. Pero no salimos, probamos el aire buscando su rastro químico, estaba cerca. Fueron tres largas y angustiantes horas escondidas hasta que finalmente nuestro objetivo se marchó y pudimos salir. Eran las cinco de la mañana y Reito iba llegando al lugar de vigilancia. Había ya pasado lo peor y nos marchamos, dejándolo a él en nuestro puesto. Casi sin palabras llegamos a nuestro reducido departamento y nos sentamos en silencio. Me sentía sobrecogida, quizás demasiado impactada ¿Cómo había podido asesinar a un miembro de su propia raza? No podía entenderlo, quizás era una cuestión de raza, quizás… los hombres-lobo tienen mala reputación después de todo.

Me senté en la orilla de la cama y ella también. Nos hacía falta ese silencio y a la vez nos hacía falta un poco de ruido para no estar tan alertas. Pero nadie quería decir nada, yo no quería ser quien dijera algo y empezar una conversación estúpida y sin sentido. Entonces Kim tomo mi mano, hundió su rostro en mi cuello, yo le pase la mano por el cabello. La cercanía resulto confortante, pero no fue suficiente. Se apartó solo un poco y me miro a los ojos como si deseara preguntar algo. Kim no era fea, era muy guapa, no era Natsuki, pero… podía imaginar que era ella. Deslice mi mano por el contorno de su rostro y me acerque a besarla. Era la primera vez que experimentaba esa sensación. No era mala, pero creo que podía ser mejor. Sin embargo, la situación vaya que avanzaría con rapidez. Horas después acordamos que no hablaríamos del tema, simplemente había pasado y no valía la pena pensar más en ello.

Luego de aquel suceso el sujeto cada vez hacia menos movimientos hasta que un día, después de año y medio de monitorear todas sus actividades, una mujer llego, compartía los rasgos únicos de su raza o país, era alta, de piel blanca, cabello negro y ligeramente ondulado, ojos negros y penetrantes, con elegancia refinada en cada uno de sus movimientos, y con una altivez y soberbia que jamás abandonaban su rostro. Pero su aspecto físico no era tan sorprendente como lo parecía ser ella misma. Sabíamos que el extranjero era un cambiante, sabíamos que era un hombre-lobo, sabíamos su nombre y a que tribu pertenecía, pero no sabíamos que estaba bajo las órdenes directas de la líder de su tribu. Solo cuando apareció aquella mujer, pudimos entender que tramaban. Por alguna razón que no podía entender, la mujer estaba planeando derrocar al rey de su raza para colocar a otro individuo, uno que seguramente podía manipular o que le convenía de alguna forma. Pero ¿Por qué mandar a su mano derecha a hablar con todos los cambiantes de Tokio y luego Seúl? Si derrocar a su líder supremo era una cuestión interna; a menos que se sirvieran de otras razas para lograrlo. Cuando se lo informe a mi tío, y él a su vez se lo informo a los Sesha, pronto quede relevada de mi misión, fue entonces momento de despedirnos de Kim Eun-Kyung.

Cuando mi tío me informo que debía retirarme de mi misión, terminar el año en la universidad y volver, me sentí robada. Había trabajado tanto en ese caso para que al final, me quedara a medias y todo mi trabajo fuera desechado. Todos nos sentimos heridos al respecto, pero no podíamos hacer nada, debíamos acatar las órdenes y volver. Nos quedaban unos cinco meses más que pasamos con demasiada calma, diría yo. Tanto Reito como yo volvimos a ser estudiantes aparentemente normales y Kim se marchó. No es como que me hubiera deprimido por ello, pero de alguna forma, iba a extrañar aquellos días. Tuvimos que sobreponernos, ambos, y ya que estábamos en Seúl, aprovechamos para conocer bien la ciudad y sus alrededores. A pesar del fiasco de la misión, pasamos buenos momentos en aquella ciudad y por fin podía permitirme un poco de libertad.

Aquellos fueron unos cinco agradables y tranquilos meses. Si, los pasaba con Reito, salía con Reito, hablaba con Reito siempre, no nos quedaba más, no había mas. Gracias a eso me di cuenta de que extrañaba de verdad a mi país, a mi familia, incluso la voz retumbante de Suzushiro. Conforme se acababan los días para regresar, tanto Reito como yo estábamos cada vez más ansiosos. Habíamos estado fuera por casi dos años, algo simplemente sorprendente. Lo único malo de la situación, es que para cuando regresara, no tenía una buena noticia que dar a mis padres, la misión a la que había sido enviada había quedado incompleta, así que no tendría ninguna recompensa de los Sesha, por lo tanto, seguía aún siendo casi principiante y eso me irritaba un poco.

Los días pasaron rápido, terminamos las clases, arreglamos nuestros papeles de vuelta y tomamos el vuelo de regreso. Al llegar al aeropuerto, nos esperaba Suzushiro para recibirnos. Ella no era una cambiante como nosotros, pero tenía un poco de un poco, de sangre sobrenatural, así que podía enterarse de algunas pequeñísimas cosillas. Nada más regresar y sin descanso alguno, tuvimos que reportarnos con mi tío. No le hacía mucha gracia que quedáramos relegados, pero eran órdenes superiores y la base de que todo funcione es que se sigan las ordenes. Al terminar nuestro reporte, pude ver a mis padres, tenían la misma opinión que mi tío. No se puede hacer más, decían, y su simple actitud me fastidiaba. ¿Estaban decepcionados? ¿Qué creían que sentía yo después de haber perdido tanto tiempo? Había hecho lo que se me había pedido y simplemente no podía complacerlos. A este paso jamás podría tener algún tipo de libertad.

Aunque de una u otra forma, la tuve, inesperadamente. Luego de regresar a la ciudad, tuve que movilizarme con mis papeles. Fueron apenas unas semanas las que estuve gestionando todo y al cabo de otras dos semanas más obtuve el título. Un poco complicado, pero, sospecho que gracias a mi tío lo había logrado, no sería de extrañar. Entonces, dos días después de que hubiera obtenido mis papeles, mi tío volvió a asignarme una misión. Tuve ganas de mandarlo muy lejos, estaba harta de las misiones, estaba harta de ser informante, de vigilar sin descanso, pero me convenció diciéndome que nada de eso tendría que hacer. Él quería que entrara a trabajar a una corporación y que poco a poco, con el tiempo, fuera la informante base de la planta. En pocas palabas, algo así como una célula durmiente. Solo tenía que ser una trabajadora común en la empresa y de vez en cuando informar si pasaba algo fuera de lo normal. Tranquilo y sencillo. Tanto que me convenció. Sin embargo, cuando estaba a punto de terminar la reunión…

-por cierto, recibí una propuesta de matrimonio para ti -la sangre me abandono el rostro y sentí frías las manos.

- ¿matrimonio? -no era algo desconocido, pero ya casi había podido olvidar aquel tema.

-es muy conveniente porque ya no tendré que buscar candidatos -dijo él como si nada, ojeando unos papeles en su escritorio, su actitud desinteresada me encrespaba, era mi vida de la que estaba hablando ¿Cómo podía tomarlo así?

- ¿de quién es la propuesta? -tenía que agarrarme a lo que fuera para poder rechazarla.

-no te preocupes por eso, es el mejor candidato que podría pedir, buena casta, buen nivel social y económico, buen cuadro astrológico, buena genética, buen candidato sin duda - ¿Por qué no podía simplemente decir quién? -sin embargo, la decisión es tuya -alce las cejas sorprendida, ¿de verdad? Pensé con sarcasmo, eso no me lo esperaba -pero debes recordar que tarde o temprano te tienes que casar con alguien de nuestro culto, o al menos de nuestra raza -en pocas palabras, elige porque de todas maneras tienes que hacerlo, eso va más con lo que imaginaba.

Y podía ser alguien que les conviniera o que me conviniera, o simplemente que sea de fácil trato, yo sola me tocaba ponerme la soga al cuello. Algo así como, no importa que tan lejos corras, no puedes escapar. Tuve ganas de pelear, de decir algo, de revelarme, de largarme, abandonar todo, pero guardé silencio, hice una reverencia al tío y me fui. Supongo que ahora que había regresado y teniendo en cuenta mi edad, les urgía encontrarme a alguien. Me lleve una mano al puente de mi nariz, esto es tan fastidioso.

Estuve de mal humor el resto del día, pero al siguiente, me convencí de que las cosas mejorarían, ¿Cómo? No sabía, pero seguro mejorarían, habría algo, sucedería algo, estaba segura, porque no quería casarme… al menos no con un extraño por el que no sintiera ni siquiera simpatía, alguien ajeno a mí, a mi vida, a mis sentimientos, a mi persona, ¿Cómo podría compartir mi vida sin más? Además, para nosotros, el matrimonio nos une durante siete vidas. ¿Por qué algo tan trascendente debía ser tomado tan a la ligera? ¿Por conveniencia? ¿Por qué su familia era apta? ¿Por qué lo era la mía? Desearía no casarme y vivir sola el resto de mi vida.

Ni bien había terminado de desayunar, el timbre de mi departamento sonó. Pregunte quien era por el interfón, y la voz de Reito me pidió pasar. Reito no solía venir sin avisar ¿se habría enterado de la propuesta? ¿Qué tendría para decir? Espere cerca de la puerta hasta que oí abrirse las puertas del elevador, luego toco mi puerta y lo invite a pasar. Nos saludamos y mantuvimos una conversación bastante banal, pero por su lenguaje corporal sabía que quería decir algo, fui paciente por un largo rato hasta que mi paciencia se terminó y le pregunté porque estaba aquí.

-me entere de que te hicieron una propuesta -asentí en silencio -solo quiero decirte que no fue así -lo mire confundida -tu tío me estaba haciendo unas preguntas y una cosa llevo a la otra y le dije que me gustaría casarme contigo, pero no fue una propuesta -no tenía que decir, más bien, no sabía -primero quería preguntarte a ti… -se hizo el silencio -Shizuru -su tono fue un poco más serio de lo común -siempre te he amado, incluso antes de nuestro primer cambio, antes de saber todo… ¿te casarías conmigo?

Era Reito el que estaba detrás de esa aparente propuesta de matrimonio, era Reito el buen candidato, era él, mi amigo, mi compañero, mi… ¿futuro esposo? Tuve que sentarme momentáneamente. Así que todos estos años él no se había dado por vencido. Todos estos años estuvo ahí para mí, respetándome y esperándome. De cierto modo me sentí identificada con él, porque yo esperaba algo de Natsuki, ya fuera una amistad o una relación sexual, igual que él conmigo, y de la misma forma en que yo no tenía oportunidad con Natsuki, él no la tenía conmigo, pero lo entendía, entendía aquella parte de esperar y querer, aunque sea una mirada de la persona que tanto has idealizado, que tanto has querido sin poder mostrarlo. Todo era una cadena, él me quería a mí, yo quería a Natsuki, y Natsuki quien sabe que quería, pero a mí no era.

Tome aire en un corto suspiro. Subí los ojos a ver a Reito que esperaba impaciente por una respuesta. Ya lo conocía, ya sabía cómo trabajaba, como actuaba, como era durante las misiones, conocía a su familia, éramos amigos y nos teníamos confianza, tal como lo había dicho mi tío, era el mejor candidato.

-Reito… -le dije mirándolo a los ojos -eres mi amigo y no te voy a mentir -él frunció las cejas -esta relación jamás funcionaria porque… -estuve a punto de arrepentirme de lo que iba a decir, pero era mi amigo y debía ser tan sincera con mis sentimientos como él había sido con los suyos -no me gustan los hombres… -no pareció sorprendido y era lo que realmente esperaba.

-me di cuenta -dijo él, con una mirada tranquila -para mí era evidente tu interés por Kuga -momentáneamente retiré la mirada al lado contrario, el que él se diera cuenta me hacía sentir expuesta.

-bueno, supongo que… a veces no ocultamos tan bien las cosas -le dije, queriendo deshacerme de la incomodidad que sentía.

-no, no las ocultaste bien para mí, ni con tus chocolates -así que si se había dado cuenta de los chocolates -ni con ninguna de tus atenciones, pero ella jamás se dio cuenta, o quizás… -lo mire entonces -quizás si -me quede mirando esos ojos dorados ¿estaba siendo honesto o deliberadamente cruel conmigo? lo mire aún más y no pude saberlo con certeza.

-lo que haya sido quedo en el pasado, cosas de adolescentes -dije, intentando ocultar mis sentimientos una vez más -ahora somos adultos, y eso conlleva responsabilidades… -respire en un corto suspiro -sé que tengo que casarme, y por ti siento afecto, respeto, compañerismo, confianza… ¿aun así quieres casarte conmigo?

-eso es más de lo que había esperado -dijo con una tenue sonrisa.

Al día siguiente le informamos a mi tío que había aceptado la propuesta de Reito. Y al día siguiente visitamos los tres al sacerdote que dio el visto bueno para el matrimonio y él eligió la fecha y hora en función de la posición de las estrellas. Inesperadamente, debíamos esperar hasta el próximo veinte de marzo, ya que esa era la fecha adecuada de acuerdo con el sacerdote y no se podía refutar. ¿Por qué tendría que ser justo en el equinoccio? ¿sería bueno o malo?

-debe ser por su sangre -dijo mi tío cuando estábamos ya en el auto -en esa fecha el día durará lo mismo que la noche, dará equilibrio tanto a su matrimonio como a su descendencia, además la luna será de un perfecto cuarto menguante, es una fecha perfecta.

Antes de terminar junio, mi destino estuvo sellado. Cuando inicio julio ya era una mujer comprometida y empecé con mi empleo en las oficinas centrales en la ciudad. Debido a aquello, mis padres me regalaron un auto. Te servirá ahora que ya eres una adulta, me dijeron. Para ellos adulta, significaba tener empleo y prometido, sobre todo lo último. Unas semanas después Reito recibió una misión que lo llevo a Taiwán. Antes de irse, me dio el anillo de compromiso que había comprado, aun no teníamos la celebración por el compromiso, pero no quiso irse sin antes dármelo. Me pidió usarlo en todo momento y le dije que sí, sin embargo, usarlo en el trabajo no sería conveniente además de que, la gente de mi trabajo, entre menos sepa de mi vida personal, mejor.

Mi trabajo en las oficinas centrales fue bastante sencillo, era ayudante de la jefa de recursos humanos, ella estaba encargada de ver por las instalaciones, las medidas de seguridad y que todo fuera adecuado para los trabajadores, sin embargo, a decir verdad, era un trabajo vacío porque ¿Qué problemas de seguridad podría tener una oficina en la ciudad? O al menos las medidas de seguridad eran considerablemente exageradas, pero no dije nada y me limite a hacer mi trabajo, que, gracias a mis estudios, lo hacía bien. Cuando sales de la universidad, a pesar de todo, sientes que no sabes nada y te preguntas si de verdad vas a hacerlo bien, tal vez simplemente tuve suerte. Quizá por eso solo dure dos meses en aquel puesto. Pronto recibí la oferta de cambiarme a un sitio donde pudiera demostrar mis capacidades, o al menos fue lo que dijo mi jefa de recursos humanos. Casi inmediatamente se lo tuve que contar a mi tío, no le fue agradable en un principio, pero luego dijo que estaba bien, que volvería a meter a alguien para que estuviera al tanto de lo que ocurría en las oficinas centrales, mientras que yo fui mandada a la planta en Kanagawa.

Casi iniciando septiembre fui transferida a la planta y me vi en la incomodidad de que mi departamento estaba realmente lejos de mi nuevo empleo, pero no estaba dispuesta a abandonarlo por uno más cercano, me gustaba mi lugar, así que no importaba que tuviera que levantarme muy temprano. Al principio fue difícil acostumbrarme, pero uno siempre puede adaptarse a todo. Curiosamente, ahora que Reito estaba lejos, y aunque estaba comprometida, me sentía con libertad, mis padres no insistían en el matrimonio, eso ya estaba arreglado, estaba en una misión, así que eso también les complacía, ya estaban arreglados todos los aspectos que les preocupaban de mí, solo les quedaba esperar, por lo tanto, ya no estaban sobre mí, ejerciendo presión, ni siquiera tenía que reportarme diario, solo una llamada de unos minutos semanalmente.

Fue un agradable mes, salía con Suzushiro, hablaba con ella, me llevaba bien con mis compañeras, podía salir de compras y hacer con mi dinero lo que quisiera, tampoco tenía que vivir ajustadamente como en corea, me sentía tan libre y tan ligera, sentí que podía hacer lo que quisiera, por primera vez me sentí dueña de mi destino, aunque fuera tal vez temporal. Embriagada de la libertad, decidí aceptar las insinuaciones de Yakushiji, una compañera bastante linda, lentes, figura esbelta, bonito rostro y con fachada intelectual. Sí, no estaba mal como pretendiente, además, no tenía más que hacer, no tenía obligaciones con mi prometido, ni estaba sujeta a alguna relación ya que él estaba lejos. Me involucre con ella, porque al final de cuentas, como decía Suzushiro, es normal que dentro de un matrimonio como este haya amantes. No le vi mayor problema porque después de todo, yo estaba cumpliendo con lo que querían, y Yakushiji era un bonito pasatiempo.

Pero no estaba preparada para encontrarme a Natsuki en mi trabajo. No lo esperaba e incluso, a pesar de que tenía la esperanza de algún día encontrarme con ella, era tan, tan repentino que resultaba incómodo y alarmante. Aquella mañana, cuando entro a la oficina de Serizawa, y escuché al gerente nombrar su apellido, sentí que mi mundo se detuvo, no podía ser, me dije, tiene que ser una coincidencia, no conozco a nadie con ese apellido más que ella, pero, no podía ser. Enseguida detuve mis manos que estaban ocupadas tecleando y moviendo papeles. Despegue mis ojos de la pantalla y ahí estaba ella, sentada frente a mi jefe con unas ropas holgadas y un poco manchadas, le daban un aire salvaje, más aún si veías su expresión ceñuda y concentrada.

Serizawa le dijo que sería transferida a planeación y control, Natsuki tomo el traslado bastante bien, con bastante calma, quizás ya lo esperaba, o quizás no le importaba. Cuando termino su corta charla con el jefe se giró hacia mí y nuestros ojos se cruzaron. Mi corazón se paralizo por la adrenalina, o quizás por eso me pareció sentir que el tiempo se detuvo por unos instantes en los que nos miramos. Por fin volvía a ver aquellos relucientes ojos verdes, aquel rosto bello y estético, hecho únicamente para atraer, con esas finas hebras de cabello sedoso. Me parecía casi imposible de creer, sin embargo, apele a mi fuerza de voluntad y me levante a saludarla, luego de devolverme el saludo, sentí un nudo en el estómago ocasionado por su vibrante voz, tan, tan vibrante y estimulante voz. Quizá por toda su presencia y la reciente sensación de libertad, me permití ser un poco audaz, pidiéndole almorzar juntas.

Pase el resto de la mañana ansiosa y feliz. Sin pararme a pensar en las cosas que desencadenaría aquel encuentro. En aquellos momentos no importaba el futuro o el pasado, importaba el presente, importaba que, una vez que entre al comedor, dejaron de existir las demás personas, solo estaba Natsuki ahí, solo ella, su voz, sus ojos, las finas líneas de su cara, su perfecta estructura ósea, su adecuada estatura, sus hermosas y suaves manos de piel blanca, solo eso, eso y su agradable y amena personalidad que distaban tanto de la gente común.

Después de aquella platica, o más bien con ella, sentí que algo había cambiado con Natsuki, desde el inicio imagine que solo hablaría yo, pero me dio una sorpresa, e indiscutiblemente me conquistaba cada vez que hablaba de si y de sus pensamientos y percepciones propias, porque me confirmaba que era lo que esperaba de ella, que era lo que había imaginado, que podía conectar sus ideas con las mías o al menos podíamos discutirlas. Además, siempre que le soltaba alguna cosa sobre ella, el color subía a su rostro, era fascinante, nunca creí que Kuga fuera tan sensible a aquello.

Luego de que nos despedimos, experimente cierto sentimiento de pérdida, sentí que se marchaba una vez más de mi vida, pero debía mantenerme fuerte, volvería a verla, y tal vez dentro de tres días. Pero no fueron tres días, me encontré con ella casi al final de la semana, una semana casi agónica solo porque tuve la oportunidad de volver a verla, acompañada de una inesperada recompensa: me invito a comer con ella. Mi corazón dio un brinco e inmediatamente traté de calmarme y con la voz más suave y calmada, respondí que sí.

A cada momento que estaba con ella, sentía que no podía controlarme, desbordaba en ganas de flirtear con ella descaradamente, y esa no era yo, pero mi cuerpo, mi naturaleza erótica pugnaba por salir. Solo cuando hablamos de cosas más personales pude calmarme. Aparte de atraerme, Natsuki tenía las posibilidades que tanto deseaba para mí, en cierta forma me daba envidia darme cuenta que ella podía hacer lo que de verdad quisiera teniendo un futuro libre para sus decisiones, mientras que yo estaba atada a un mismo futuro por el resto de mis días: sirviendo a mi tío hasta que, él o yo muriéramos, solo entonces seria libre mi espíritu para buscar nacer una vez más, a ver que me esperaba en aquella vida.

Pero ahora no servía de nada pensar en aquello, porque estaba a muchas décadas de suceder, mi situación actual aún era comprometida, aún tenía una responsabilidad, a pesar de toda la libertad que sentía. El peso del matrimonio con Reito se sintió incómodo y angustiante.

Deje de ver a Natsuki durante unos días en los que me sentía agobiada por la realidad de mi situación, sin embargo, después de un par de días me dije: podrías no volver a tener esta oportunidad, podría ocurrir cualquier cosa y desperdiciaste el tiempo, entonces, volví a tomar la iniciativa a invite a almorzar a Natsuki. Hubo muchas veces como esa y nos mantuvimos en esa distancia hasta que me atreví a invitarla al cine, mentí descaradamente al decir que me los había dado Serizawa, él no sabía nada, aunque, a decir verdad, bailaba al son que yo tocaba, pero esa es otra historia.

Y finalmente, se hizo realidad una de esas fantasías que tenía con Natsuki, le pedí que llegara a mi departamento y aproveche la oportunidad para subir con ella a su motocicleta, a decir verdad, utilice ciertas artimañas, primero sugiriéndolo y luego negándolo, Natsuki tenía buen corazón así que caía fácilmente en mis palabras. Una dulce treta. Termino comprándome un casco solo para mí, y en verdad me hizo sentir especial, pues era algo que únicamente compartiría conmigo y también algo que solo podía usar con ella. Más tarde entramos al cine, fuimos a cenar y en el camino de regreso la lluvia hizo de las suyas, oportunidad que utilice astuta y ventajosamente para ver que reacción tenia Natsuki para conmigo. Con satisfacción me di cuenta de que casi se le salían los ojos para repasar cada parte de mi cuerpo. La lujuria encendió mi cuerpo. Estaba lista para saltar sobre Natsuki luego de ducharme. El agua fría no nos hacía bien, de hecho, me hacía sentir un poco débil, pero con una buena ducha de agua muy caliente recupere mis energías. De no ser porque vi como ella trataba de trazar cierta línea o distancia entre nosotras dos, ¿o acaso tenía dudas? Sí, eso podía ser, eso tenía que ser.

Toma las cosas con calma, me dije. Tengo prisa, pero eso no nos hará nada bien. Quizás simplemente no está segura de sus sentimientos, o las sensaciones que está teniendo, o quizás estaba yendo demasiado rápido, quizás estaba forzando demasiado la situación. Tome un poco de aire y platique con ella hasta que su ropa estuvo lista. Trate de ser lo más mesurada, mostrarme como tranquila y afable. Luego, se fue y con ella, mis ánimos. De pronto me sentía desanimada y un poco tonta, demasiado apresurada, como si olvidara todas las cosas que había aprendido y me volviera una tonta impulsiva. Natsuki era eso para mí, solo ella me hacía olvidar la cautela y la frialdad que debían caracterizarme.

La siguiente vez que la vería, seria en una celebración, a la que sería invitada personalmente por Sugiura-sensei, cosa que me saco de mi estado común de comodidad y tranquilidad. ¿Qué rayos hacía en la planta? ¿en qué momento había empezado a trabajar aquí? Y… aspire aire con la boca abierta, analizando los rastros químicos cerca de la profesora… si no me equivocaba, y nunca lo hacía, había un poco de su esencia en el atuendo de Natsuki el sábado pasado. Me controle para no mirarla con furia, además de que, ella estaba siendo demasiado simpática. Espere para ver qué información soltaba, hasta que dijo: ¿ya has visto a Kuga aquí? Cuando ella me vio se sorprendió mucho.

A decir verdad, y dejando mis sentimientos de lado, era sumamente sospechoso que Sugiura estuviera en la misma empresa que Natsuki, que hubieran estado en la misma universidad, sin contar claro ese último año en la preparatoria. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Por qué tantos deseos de permanecer a su lado? Si de verdad no había nada entre ellas, no podía entenderlo. ¿Sería amistad de verdad?

Más tarde, ese mismo día, me topé con Natsuki y cuando le pregunté si ya sabía que estaba la profesora trabajando aquí, lo negó. Pero era un hecho inconfundible de que Natsuki ya la había visto antes, porque había percibido rastros químicos de Sugiura y mi lengua no me engañaba, además del ligerísimo pero persistente rastro químico de otra persona, que más adelante supuse era su madre, claro que lo importante no era eso en ese momento, sino ¿Por qué lo negaba entonces? La vieja teoría de una relación existente entre ellas dos volvió a mi cabeza con más fuerza y sin ganas de irse. Pensé entonces en decirle directamente a Natsuki lo que yo sabía, sin embargo, no era posible ¿Cómo le explicaría el origen de mi información sin darle a conocer mi naturaleza? Por esa parte estaba atrapada.

Estuve dándole muchas vueltas al asunto, pero, aunque quería encontrar otras respuestas, temo que mis sentimientos impedían hacerme ver más allá de una posible relación entre ellas. Si solo eran amigas ¿porque tanto apego? si no eran amantes, ¿porque tanto apego? En esos momentos me hubiera gustado poder hablar con una persona que tuviera una visión más amplia de las cosas, pero no podía decirle esto a mi tío, probablemente estaría en contra. Así que, simplemente llame a Suzushiro.

- ¿y si son familia? -me dijo por el teléfono. Solo por esta vez, Haruka resulto un poco más inteligente. Lo cierto es que la posibilidad estaba en el aire, a pesar de que no tenían ningún rasgo en común, sin embargo, si tomamos en cuenta las probabilidades que se pueden dar por genes dominantes y recesivos, obviamente hay muchos resultados.

La idea me rondo largas horas, y aunque parecía una buena teoría, una parte de mí se negaba a aceptarla. Por ese motivo, en cuanto tuve la oportunidad y con cierta tirantez, no me quedo de otra más que preguntar lo que había dicho Suzushiro, y Natsuki lo negó, no fue sorpresa, después de todo, algo me decía que no podían ser familiares, y luego, una vez más pregunte lo que ya había preguntado anteriormente, y Natsuki negó por segunda vez. Me sentí tan celosa en ese momento que no estaba segura de poder creer en las palabras de Natsuki, y el ver su actitud tan despreocupada me hacía dudar de mi misma, de si estaba exagerando o no. Bien, si no son pareja, no habrá problema en que se vaya conmigo ¿no? lance el anzuelo y Natsuki acepto a ir conmigo. Solo entonces pude empezar a creerle, solo cuando demostró verdadero interés por mí, sin importarle nada más, tanto que hizo lo que yo quería: llevarme a mi departamento y quedarme con ella el fin de semana. Esto último no paso, pero no fue por decisión suya.

La estábamos pasando tan bien, no sabía que a Natsuki le gustasen las series extranjeras, a mí no me gustaban mucho, pero por ella las miraría. Todo estaba saliendo como deseaba, quería que se quedara a dormir, primero mencionando el sofá y luego apelaría a que no sería cómodo, para así llevarla a mi cama y… ¿Quién podría culparme de las cosas que sucedieran estando ebria? No estaba ebria, pero podía fingir, si es que no salían las cosas bien, sin embargo, el celular de Natsuki comenzó a sonar y a sonar, su madre seguramente estaba preocupada, al final, Natsuki tuvo que volver, con claros signos de estar furiosa, aunque se esforzó por no mostrarlos ante mí. A mí también me dolía el rumbo que habían tomado las cosas.

La siguiente vez que la vi, por supuesto que note el cansancio y el agotamiento en ella, probablemente había tenido problemas con su madre y problemas fuertes, me sentí mal, aun a pesar de que Natsuki decía que no era mi culpa, y aunque me hubiera gustado profundizar en la conversación, no pude, últimamente tenia demasiado trabajo, más que nada porque había detectado ciertas irregularidades en la planta, había algo turbio, fondos que habían sido desviados hacia cuentas desconocidas. Una vez que pase esa información a mi tío, el trabajo de investigación fue relegado a otra persona.

Pasaron algunos días hasta que recibí una orden de mi tío, si bien, ya tenía bien vigilado a Serizawa, ahora debía vigilar los movimientos de un tal Yoshimura. Y con tanto trabajo que tenía, sin contar mis preocupaciones por Natsuki, había olvidado por completo a Yakushiji. Nos veíamos todos los días, pero había dejado de tener interés desde que oí e apellido de Natsuki en la oficina de Serizawa, y un día de esos, cuando había trabajado un poco más de lo necesario, ella aprovecho la oportunidad, y ciertamente yo también aproveche la oportunidad de deshacerme de ella. No quería que por ningún motivo o situación Natsuki se llegara a enterar. Seria incomodo, molesto y penoso.

Yakushiji no quería dejar las cosas por la paz así que, tuve que utilizar la autoridad que me brindaba mi sangre, solo así pude deshacerme de ella tranquila y pacíficamente. Bueno, un problema menos. Sin embargo, al día siguiente me encontré con Natsuki, claramente en ella había algo que le molestaba, algo que le afectaba ¿sería lo mismo que había notado con anterioridad? Al parecer si, había discutido con su madre y se había ido de su casa. Hasta ahí todo bien, no así cuando me dijo que se había quedado con Sugiura. Me pasé la lengua por los labios y comprobé que toda Natsuki estaba imbuida de los rastros de Sugiura. Sentí unos celos que me carcomían por dentro, quise reclamarle, aun sabiendo que no tenía derecho, quería, pero no lo hice, en lugar de eso apelé a la manipulación emocional, culpa dirigida hacia ella, aunque todo se arregló cuando me dijo que tenía un nuevo sitio al que quedarse, incluso me pidió ayuda, que aunque no me la hubiera pedido, me hubiera ofrecido gustosamente.

Más tarde acompañe a Natsuki hasta su nuevo domicilio y ayude con muy pocas cosas, a decir verdad. Lo cierto es que era más fuerte que un humano cualquiera, así que me hacía gracia a la vez que me daba ternura, que Natsuki se molestara en darme cosas ligeras. Cuando por fin terminamos, sensei apareció con una caja de latas de cerveza. Bebimos un poco, solo Natsuki y yo, porque sensei bebió casi todo. Entonces decidí retirarme, para respetar su espacio y no hostigar demasiado, así también sensei.

Al siguiente sábado la invité al teatro, ya que, ahora Natsuki aparentemente gozaba de libertad, me propuse quedar con ella cada fin de semana, sin importar qué. A las siete de la noche pasé por ella, lucia tan salvaje y sexy, me abstuve de suspirar. Pasamos una bonita noche de teatro y luego cenamos, cada vez nos conocíamos más, nos entendíamos más, y si no me equivoco, nos gustábamos más, aunque es posible que solo hable por mí misma. Por ello, cuando tuvimos que despedirnos, sentí que en ese momento mi voluntad flaqueaba, sentí tantas ganas de estrecharla en mis brazos, de hundir mi lengua en esa boca, de apretarme contra de ella… no podía ser, mi libido luchaba por salir. Casi abruptamente me despedí, porque de seguir ahí, habría cometido un acto impulsivo. Aunque quizá, eso era exactamente lo que necesitaba.

Pasaron algunos días luego de haber salido con Natsuki, cuando me llego la orden de eliminar por vez primera a un objetivo. Cuando me lo comunico mi tío, me quede sin habla. ¿Acaso lo había estado haciendo bien todo este tiempo? Era lo único que podía pensar, ya que liquidar a un objetivo no es una tarea dada a cualquiera, tienes que contemplarlo todo, el sitio, la persona, la hora, y los utensilios. Le pregunte a mi tío si no sería apresurado para mí, él dijo que estaba seguro. Pero así yo no. No quería matar a una persona.

Mi objetivo fue Yoshimura, al que estuve monitoreando con anterioridad. Me dieron la información más cercana a él y tuve que planearlo todo bajo supervisión, claro está. Mi tío dio visto bueno, y luego de unos días, para que quedara ajustado el tiempo a lo que queríamos, me introduje en la casa del sujeto. Mi corazón latía rápidamente, pero me decía, relájate, es un simple humano, no hay nada que temer. Me puse guantes de látex y caminé con sigilo a su habitación, el sujeto dormía. No había mucho honor en asesinar a alguien mientras duerme, pero, tenía que hacerlo. Después de todo nuestro trabajo no está basado en el honor, sino en la necesidad de quitar obstáculos nocivos.

Tome la daga de plata que me había dado mi tío, le puse una mano en el mentón, sosteniéndolo para evitar que se moviera, y luego, con rapidez y precisión, corte su cuello de lado a lado, rebanando la carótida y la yugular, instantáneamente la sangre broto, el hombre comenzó a ahogarse, tuve que sostenerlo con fuerza, no demasiado tiempo, solo unos segundos hasta que murió, entonces clave la daga en el pecho del hombre, como simple tarjeta de presentación. El asesinato serviría como una advertencia e incriminación para otro grupo que se interponía a nuestros intereses.

Me asegure de que estaba muerto, tomando sus signos vitales, mi oído no era mejor que el de un humano cualquiera, pero la sensibilidad de mi cuerpo me permitía sentir con total claridad cualquier vibración. Luego de unos minutos donde reafirmé que no había puso, di por cumplida mi misión. Salí con el mismo sigilo de la propiedad y subí al auto que se me había asignado, me quite los guantes y los guarde en una bolsa sellable; en el auto había otro como yo, que, en su momento, me había tocado la simple tarea de conducir. Tal vez, ya comenzaba a avanzar un poco como cambiante. Sin embargo, la hora de la verdad, fue cuando todos los que estábamos involucrados con la misión fuimos convocados por los Sesha, solo después de explicar mi forma de proceder y lo que había hecho, se me dio permiso de que el Wani* me otorgara un nuevo don.

Los dones, son, hablando precisamente, habilidades únicas, enseñadas algunas veces por mentores o espíritus. Yo pedí que los espíritus convocados por el Wani, me enseñaran a utilizar veneno incluso en mi forma humana. Siempre que lo quisiera, tendría veneno a mi disposición. Parecía extraño, pero supongo que sería útil en cualquier momento de desesperación. El que se me otorgara este don, era casi como un regalo de cumpleaños, porque la fecha estaba cada vez más cerca.

Cuando el esperado día en el que cumplía mis veintitrés inviernos llego, no esperaba que fuera tan bueno como lo fue. Primero que nada, al llegar a la planta me topé con Natsuki, me invito a almorzar, y en el almuerzo, luego de que Natsuki se quejara de Sakomizu, repentinamente su corazón comenzó a latir más rápido, lo percibía con todo mi cuerpo, seguramente tendría algo que decirme, espere con impaciencia hasta que menciono mi cumpleaños, invitándome a cenar. Me sentí animada inmediatamente, tenía un fastidioso compromiso con mis padres y mi tío, pero me libraría de ellos cuanto antes, así que acepte salir con ella, obviamente.

Quería que fuera un bonito día, o más bien, una bonita noche, antes de la invitación de Natsuki, había pensado en vestirme simplemente con un vestido liso, sin detalles, algo sencillo de poner, pero salir con Natsuki ameritaba ir a comprar un vestido, así que en cuanto termino mi turno fui a una boutique muy a la moda donde seleccione un lindo vestido. Luego en la comodidad de mi departamento me arregle apropiadamente, ducha de sales, jabón perfumado, vestido nuevo, zapatillas en combinación, juego de aretes y gargantilla, un poco de maquillaje y un lindo arreglo en el cabello, y finalmente perfume. Me vi en el espejo bastante conforme con mi apariencia.

A las siete de la noche salí para reunirme con mis familiares. La cena fue aburrida y fastidiosa. Debía celebrarse mi cumpleaños, pero estaban más preocupados porque Reito aún no volvía de su misión en Taiwán. Supere la cena con el pensamiento de que, era una tortura momentánea, terminaría y entonces iría a ver a Natsuki. Luego de casi tres horas de lenta tortura, pude liberarme del martirio e ir a ver a Natsuki. No habíamos quedado a una hora, ni siquiera con un plan ya acordado, pero esperaba que de una u otra forma estuviera en su departamento, quizás, de alguna manera, nuestras formas de pensar nos ayudaron a encontrarnos sin problemas. Aunque todo eso quedo en el olvido en el momento que Natsuki abrió la puerta y me miro de abajo a arriba, sorprendida y sin palabras; si, esa era la reacción que quería en ella, quería impactarla, quería seducirla silenciosamente, quería que me mirara solo a mí, que fuera mía, que todas sus miradas y sus suspiros me pertenecieran, que se agitara única y exclusivamente por mí.

Tardamos solo unos minutos en llegar a Shibuya, maneje muy rápido, no quería que la noche terminara antes de poder estar con Natsuki. Solo cuando nos sentamos a ordenar, sentí que de verdad podía empezar a disfrutar. Y claro que disfrute su compañía, aunque no fue tan agradable enterarme de que Kikukawa compartió habitación con Natsuki. ¿Cómo pude no saberlo?

El sake llego antes de poder hacerle más preguntas; luego de servirnos, Natsuki me obsequio un perfume, la esencia hacia una perfecta reacción química con mi cuerpo, y a decir verdad, era difícil de conseguir, Natsuki me sorprendió demasiado con ese regalo. ¿Cómo podía ella saber que era perfecto para mí? Quizá había una comunicación extrasensorial… solo tal vez.

Sin embargo, el rato en el restaurante-bar, no fue tan agradable e impactante, como la despedida. Me atreví a decirle Natsuki y ella me llamo por mi nombre. Mi corazón en seguida se aceleró, pero percibir el agitado corazón de Natsuki, era motivante, quería decir que a ella también le provocaba una emoción, quizás agradable, quien sabe, pero si la hacía agitarse, no podía ser algo negativo, después de todo estaba ahí, conmigo. Sentía sus latidos fuertes y claros, pero cuando la estreché en mis brazos en ese corto abrazo, sentí sus vibraciones por todo mi cuerpo, demasiado fuertes, demasiado agitadas, un ritmo demasiado acelerado. Tuve que forzarme a soltarla para evitar tener más sensaciones estimulantes en mi hipersensible cuerpo.

Después de aquel día, la relación con Natsuki, no hizo más que estrecharse cada vez más y más, así que para cuando llego navidad y me pidió salir, me propuse seducirla. Era navidad después de todo, navidad y con Natsuki. La navidad casi siempre se pasa con tu amante, o pareja, lo que sea. Si quería estar conmigo, es que me estaba dando una señal muy grande ¿no? quería decirlo sin tener que decirlo ¿verdad? La invité a mi departamento con esa idea, pero en toda la noche tuve incertidumbre. ¿Me ve cómo amiga? ¿Cómo algo más? ¿debería seducirla? Debería intentarlo y ver cómo reacciona. Pero Natsuki muchas veces parecía inmutable, de no ser por los latidos de su corazón, no podría notar algo diferente en ella, pero también los latidos de su corazón podía ser engañosos, la mayoría de las veces, su ritmo cardiaco era casi siempre alto, solo unas cuantas veces variaba, así que no podía estar totalmente segura, y lo más curioso es que, algunas veces, aunque utilizaba la persuasión en mis palabras, no funcionaba con ella, sabía que no era una humana común y corriente, pero eso era más de lo esperado.

Al final, aunque la pase muy bien y creía que tendría buenas posibilidades, no quise intentar nada con Natsuki. Quizás fueran dudas, quizá fuera falta de confianza o no tener la seguridad de lo que pensaba y sentía Natsuki, haya sido lo que haya sido, no me atreví, pero claro que disfrute de su compañía. Al otro día, mientras la miraba dormir, me sentí una cobarde. Me arrepentí, porque tal vez si hubiera forzado un poco las cosas, habría resultado una noche por mucho estimulante. Quizás debía hacer las cosas bien, si bueno, intentar seducirla, pero después de decirle mis sentimientos.

En mi condición, más bien, en mi situación ¿sería adecuado? Quedan casi tres meses hasta la boda con Reito, como podría decirle que la quería, que la deseaba y que la amaba tanto cuando estaba a meses de casarme ¿Cómo? Si Natsuki llegaba a enterarse después no me lo perdonaría, menos sabiendo lo particular de su personalidad, es más, yo no lo podía perdonar.

Pero, lo cierto es que no podía negarme a nada de ella. Cuando me pidió vernos el fin de año, quise en verdad no ir a esa estúpida asamblea y quedarme para complacerla, pero era ineludible, lo único que pude hacer, fue prometer verla al día siguiente. Salí muy temprano para verla, la casa que tenían mis padres en Tokio, estaba casi a hora y media del templo en el que había quedado. Le pedí al chofer que me llevara. Mientras iba en el auto, cada vez hacia más frio, el frio no me gusta, hace que me sienta débil y sin fuerzas, a pesar de que es la estación en la que nací, no me gustaba demasiado, en invierno siempre prefería estar dentro, en la calefacción. Pero estar con Natsuki valía la pena.

Aquellos días que tuvimos fueron los mejores que habíamos pasado hasta el momento. Había una sensación de comodidad, de intimidad y confianza entre las dos. No quería romper ese ambiente, pero con cada momento que estrechábamos nuestra relación, el compromiso con Reito salía de alguna parte de mi cabeza. El ultimo día que nos vimos, estuve a punto de decírselo, pero mi miedo a su reacción fue más fuerte. Tenía tantos conflictos debido a ambas situaciones, tenía sentimientos ambivalentes que me hacían dudar, no me sentía en la posición de ser objetiva, mis sentimientos me impedían tomar una decisión racional.

O más bien, sabía cuál era la decisión que debía tomar, pero no la quería. Mi mejor opción era olvidarme de Natsuki, casarme con Reito y vivir lo más tranquilamente posible y sin problemas. Pero, sabía que podía tener una oportunidad con Natsuki, lo sabía, lo sentía muy en mi interior y no quería dejarla ir, no después de tantos años. Me sentía frustrada y no ayudo en nada que Reito, después de meses sin saber nada de él, llamara repentinamente para saber cómo me encontraba, pero eso no fue lo peor, lo más grave es que regresaría en unas semanas, ¿Qué iba a hacer? Mi libertad estaba a punto de terminar. Entonces, llego la resolución final, Natsuki fue reubicada. No pude sentirme sinceramente feliz por ella. Aunque llegue a pensar, que quizás, era eso lo mejor.

No vi a Natsuki en casi dos semanas, y de cierta forma, eso me ayudo a pensar. Si me involucraba con Natsuki, tarde o temprano, lastimaría sus sentimientos, tarde o temprano se enteraría de mi relación con Reito y la malinterpretaría… lo que podía hacer, tal vez, seria adelantarme a que lo descubriera y decírselo yo misma, y con mucha suerte que ella lo aceptara. Sería capaz de jurarle cualquier cosa, de decirle que no tocaría siquiera a Reito, que sería solo en apariencia y que para mí ella sería la única, pero, ¿sería suficiente? ¿podría aceptarlo? Después de todo, no tenía ninguna certeza en cuanto a sus sentimientos.

No, no, todo en mi sistema me decía que no, que era una mala idea, porque, cuando me ponía a pensar mejor en mi situación, recordaba a mi familia, a mi tío, y a su forma de pensar… para mi tío, el pensamiento primordial que prevalecía en su mente, era hacer a un lado los obstáculos, si llegara a enterarse de Natsuki, la mataría. Si me involucraba con ella, estaría en peligro, estaría en peligro yo, incluso Reito. Entonces, elegí la mejor decisión que podía tomar dadas las circunstancias, aun en contra de mis sentimientos, aun en contra de mis instintos y mis necesidades, en contra de todo por el bien de Natsuki. Decidí ser únicamente su amiga. Era una decisión que me dolía y que no quería, no ahora que sentía una conexión de verdad en ella, pero la ponía en riesgo.

Antes de cumplirse las dos semanas de la llamada de Reito, él regreso a Tokio, pero no lo vi en cuanto llego, como él deseaba; en cambio, tuvo que presentarse en una audiencia ante los Sesha, al parecer la misión había sido muy importante, debía sentirme feliz por él, es mi amigo y mi futuro esposo, pero… no lo estaba, en lo más profundo de mi ser, deseaba que hubiera durado más la misión, no tan pronto, no ahora. Quería tiempo para superar la decisión que había tomado, tiempo para asimilarlo y de una vez por todas, decirle adiós al amor que sentía por Natsuki. Pero no hubo tanto tiempo como habría deseado. Y sin apenas sospecharlo, una vez que volví a ver a Natsuki, ahí estaba el sentimiento, tan floreciente como las flores en primavera, y como la vi cansada, un sentimiento de preocupación que jamás había tenido despertó en mí, quería ayudarla, protegerla, ser amable y atenta.

Entonces, me dije, porque no. Tiempo después, aunque me arrepienta, serán recuerdos hermosos. La acompañe a su departamento, no tenía calefactor, pero estar a su lado era más que suficiente, emitía suficiente calor, de hecho, tanto calor proveniente de su cuerpo, me atraía sin siquiera quererlo, pues mi sangre no era tan caliente como la de cualquier humano, necesitaba calor y abrigo. Me senté a su lado y la miré dormir luego de que comió, reprimí un suspiro, reprimí las ganas que tenia de pasarle la mano por el cabello, por el contorno de su rostro, por la línea de la mandíbula, las ganas de besarla y pegarme a su cálido cuerpo, porque, tenía que ser su amiga.

Cayo dómida y en determinado tiempo se acomodó de lado, era demasiada tentación, se veía demasiado linda, demasiado tierna e indefensa. La acomodé en mis piernas y me permití acomodarle los cabellos. Largas pestañas, piel suave y esponjosa, reluciente de juventud, le pase el envés de mi mano por sus mejillas, entonces comenzó a despertar. Sentía el corazón acelerado, silenciosamente le pedí que se quedara acostada, estaba dudando de mi propio autocontrol, pero todo se fue a la basura cuando la vi suspirar mientras me miraba, me acaricio con las puntas de sus dedos, mi pecho vibro y trague dificultosamente.

No nos dejamos de ver a los ojos hasta que ella se levantó, estaba demasiado cerca de mí, demasiado, ¿acaso ella…? No, no… no… por favor no… no ahora, no… pero mis suplicas quedaron olvidadas cuando me beso en la mejilla. La sensación de sus suaves labios contra mi piel quedo grabada en mi mente. Quería negarme, quería correr, pero mis deseos, mi propio cuerpo no quería, luego me beso en los labios, casi no parecía real. Mi corazón se agito demasiado, un calor que nunca antes había sentido me invadió el cuerpo y finalmente correspondí sus besos con el hambre contenida por años. ¿En qué momento me había puesto contra el tatami? ¿en qué momento puso su mano sobre mi pecho? Quizás al tiempo que yo disfrutaba de su boca, de aquella boca inquieta que me estaba incitando cada parte donde se posaba, así que debía detenerla, debía hacerlo, no quería, de hecho, quería lo que estaba sucediendo, lo había esperado tanto, pero sé que, si me rendía a mis deseos, después sería más difícil alejarme de ella.

Estaba por desabrocharme la blusa cuando detuve sus manos. Tuve que mantenerme firme, aunque por dentro mi fuerza de voluntad estaba por romperse. Entonces me miro con ojos de cachorro, quería ceder a esa mirada, quería hacerlo, quería decirle, hazlo fuerte y duro, pero apreté los dientes y fruncí las cejas. Retrocedió un poco y pude incorporarme. Luego rompió mi corazón cuando me dijo que me quería y me pedía una oportunidad.

-no sigas… -le dije, no quería escuchar más, no quería porque cedería, haría lo que ella deseaba, la pondría de espaldas al tatami y nos arrancaría la ropa, pero no, requerí de toda mi fuerza de voluntad -no digas más Kuga -me dolía poner distancia de esta forma, más porque siempre había querido llamarla Natsuki -no puedo darte ninguna oportunidad…

Había deseado tanto escuchar esas palabras, que me dijera que me quería, a mí, solo a mí, lo había soñado, fantaseado, imaginado y cuando por fin ocurría, todo era tan complicado y peligroso, pero, si con la negativa y la distancia, Natsuki estaría bien, entonces tenía que hacerlo, porque mi amor por ella es más grande que mi necesidad de su cariño, mi amor sirve para protegerla, para pensar en su bienestar y en lo que le convenía. Amar no solo es compartir un sentimiento, es sacrificio.

-Kuga… yo te quiero como amiga -decir esas palabras me costó tanto… tanto, tanto.

-yo no -dijo ella con una voz más profunda de la normal. La había herido con mi respuesta y podía entender que ella reaccionara negativamente, yo sentiría lo mismo.

-tengo que irme -ya no era apropiado permanecer ahí, ya no debía estar, porque solo le estaba haciendo daño, debía alejarme.

Me levante, tome mi abrigo, mis llaves, me coloque los zapatos y salí de su departamento, de igual forma intente salir de su vida. No volví a encontrarme con Natsuki, la evite intencionalmente, bloquee su número, en cuanto terminaba mi horario salía inmediatamente de regreso a mi departamento. A sentirme miserable.


*Wani: Los grandes espíritus dragón que actúan como patrones de los Nagah, los únicos espíritus que conocen el Secreto Sagrado; también conocidos como los "Reyes Dragón" o "Lu Lung". Los Nagah sirven a los Wani en lugar de a Tótems o espíritus patrón.


Muy bien, creo que con este capítulo compenso mi ausencia y el tiempo que me tarde, so sorry, pero era por trabajo, por otro lado, el siguiente será en dos semanas, como ya era costumbre.

Quiero agradecer que sigan el FF, y lo pongan como su favorito, es muy lindo eso, también agradezco sus comentarios y la gran cantidad de vistas y visitas (aunque me gusta más cuando comentan :v), es genial que sigan leyendo mis inventos.

Gracias lezamab01, que diligentemente lees cada capítulo, y si, no es la típica historia de amor, pero a fin de cuentas, si es de amor, solo que me gusta darle sabor, realismo y énfasis a los sentimientos.

Gracias Setsuna M, si, resulta que estuvo enamorada casi desde el inicio, a veces pasan esas cosas, y a veces, simplemente, no. Hay que disfrutar de lo que si pasa.

Gracias Hookedonreading, por fin puedo responderte de alguna forma a todos tus comentarios, ya que no puedo responderte por mensaje privado; en verdad gracias por leer mis FF, me gustaría responderte en inglés, pero no quiero estresarme tratando de escribir en inglés, y no quiero usar el traductor para una traducción mediocre, y si has leído mis FF, seguro entiendes el español. Esperare hasta que llegues a este capítulo, por mientras, muchas gracias por tus enormes comentarios y decir tanto (que más o menos le vengo entendiendo a todo lo que dices, no ando tan mal en inglés :3).

Gracias Chat'de'Lune, ya entendí a que te referías, jajaj, yo imaginando otra cosa, si recuerdo a ese personaje de los Simpson. En realidad, Mandíbulas-sangrantes es un personaje que cree en una de mis narraciones y que suelo ocupar con frecuencia, su nombre es en referencia a una mancha roja que suelen tener ese tipo de lobos (todos los Garras Rojas tienen una mancha roja en alguna parte del cuerpo), y la de este es precisamente en el hocico. Por otro lado, ya has entendido porque no había un capítulo del punto de vista de Shizuru jejej, le habría quitado todo el misterio.

Gracias Liz, por seguir leyendo y comentando, solo el tiempo y los capítulos dirán que sucederá con ellas dos, espéralo.

Sin más por el momento, nos leemos en el siguiente.