La Orden del Fenix

Aburrido. Así estaba Harry en una de sus últimas noches de su verano, lo peor es que aparte de aburrido esa noche se sentía bastante perezoso, quien sabe porque pero no tenía ganas de mover ni un dedo, y para superar las cosas había comido mucha de la comida que su mamá había hecho esa noche, tanto que sentía que iba a reventar, dándole mucha más pereza de la que ya tenía. Lo cual lo tenía con una gran polémica en su cerebro, se mueve para buscar algo que hacer o no. Una decisión tan difícil que ya tenía una hora acostado en uno de los sillones de la sala, mirando con detenimiento el movimiento de las llamas en la chimenea. Se distrajo tan solo un poco, cuando escuchó que Tori peleaba por no llenar el libro que Hermione le había regalado por su cumpleaños, porque mientras leía comía una barra de chocolate que le habían quitado a su tío Remus. Harry suelta una risita divertida y Tori le manda una mala mirada desde donde está sentada, justo en el momento en el que con un movimiento muy elaborado que casi hace que se caiga del sofá, le da la vuelta a la página. Y para variar un poco sus hermanas le han dado algo en que entretenerse sin moverse de su cómodo asiento, porque cada unos cuantos minutos Tori pelea para no manchar su libro, el libro o su chocolate, en especial porque ese chocolate le gusta mucho. Al final Tori arroja el libro al otro extremo del sillón y comienza a chuparse los dedos.

Harry suelta un suspiro risueño, pero su diversión no termina allí, porque Lily y Lyra empiezan a corretear al pequeño gatito negro de Tori a través de los muebles de la sala. Lily quería amarrarle un listón rojo, Lyra quería amarrarle un listón azul. Una lámpara y un adorno de porcelana caen al suelo -¡Lily Lyra, ya dejen a ese gato! -viene el grito de Kathy desde el piso de arriba, pero sus dos pequeñas gemelas están imparables. Para el asombro de Harry y Tori, Lily y Lyra se suben a un sillón y luego saltan por la ventana persiguiendo al pobre gato.

-¡LILY! ¡LYRA! –gritan Harry y Tori al unísono mientras ambos saltan de sus sillones y salen tras las dos hermanas.

En el patio todo está oscuro, llaman a las dos niñas pero ninguna responde, de las luces de la calle pueden ver las siluetas de las dos pequeñas correteando alrededor. Es sorprendente como las dos pequeñas han corrido tan lejos, ya es muy noche y no es hora para que dos pequeñas como Lily y Lyra anden corriendo por todos lados. Harry y Tori salen corriendo tras ellas, dejando un tanto la casa atrás. Y de repente las risas de las dos niñas se detienen, el lugar se pone horriblemente helado, Harry y Tori detienen su camino, y ambos intercambian una mirada, saben lo que ese frío significa: dementores.

Con varita en mano los dos corren todo lo que pueden cuando escuchan el grito de terror de las dos pequeñas gemelas, las dos pequeñas están paralizadas en media calle, el lugar está totalmente oscuro y la visión del espectro frente a ellas las tiene aterradas.

-Especto Patronum –grita Harry y el dementor que está más cerca de las dos niñas se eleva.

Lily y Lyra se abalanzan sobre Tori, tirándola al suelo y abrazándose a ella mientras las dos sollozan en los brazos de su hermana mayor -¡HARRY! –grita Tori al momento en que su varita sale volando por el impacto de los cuerpos de sus dos hermanas y se pierde en la oscuridad. Ella misma se asusta en ese momento, sin poder moverse y con el miedo de las otras dos niñas sobre ella no las va a llevar a ningún buen lugar.

Harry trata por todos los medios de alejar a los dementores, pero de verdad está preocupado por sus hermanas, tiene miedo de no poder detener a los dementores y que ellas salgan perjudicadas. Un patronous diferente se une a la batalla, el de un perro enorme y negro que trae todo de nuevo a la calma y la temperatura aumenta a un nivel mucho más considerable.

-¡Papi! –gritan Lily y Lyra corriendo una hacia los brazos de Sirius y otra hacia los de Kathy que venía justo detrás del animago.

Harry suelta el aire que ha estado conteniendo, se acerca hacia Tori que tanto como él aun está tratando de pasar la sorpresa de toda la situación. ¿Cómo es que puede haber dementores en ese lugar? Con una mano fría Harry ayuda a su hermana a ponerse de pie, Tori le da una sonrisa forzada como para darle las gracias.

-Vamos a dentro –dice la voz ronca de Sirius cuando una ráfaga de viento frío recorre el lugar y los envuelve a todos –compraremos una varita nueva –le ordena a Tori y con esas palabras da la vuelta y dirige el camino hacia su casa.

Harry cruza un brazo alrededor del cuello de Tori, siguiendo a los dos adultos hacia la casa. Se sientan en la sala en silencio, tan cerca del fuego de la chimenea como pueden, para olvidar la horrible experiencia que acaba de suceder. Kathy les entrega una barra de chocolate a cada uno, el silencio se hace grande, tan solo los últimos sollozos de las dos niñas asustadas, aun con la imagen del horrible espectro que acaban de ver. El ulular de una lechuza hace que Harry de un brinquito y salga de sus pensamientos, una carta con el sello del ministerio cae en su regazo, con curiosidad y extrañeza la abrió –Papá –llama Harry leyendo la carta por una segunda vez como para creer en el contenido, es que a él no lo pueden expulsar de Hogwarts, fue autodefensa, él y sus hermanas no estarían allí si él no hubiera usado el encantamiento.

Sirius toma la carta de las manos de Harry, su propia aflicción por salvar a sus hijos no había recordado que Harry era un menos y había hecho magia. Además de que le sorprendió mucho verlo hacer un patronous, aun cuando Remus ya le había comentado que él fue quien se lo había enseñado –arreglaremos esto Harry –dice dándole la carta a Kathy y sin decir nada tomó su abrigo y salió de la casa sin decir palabra.

Tori abraza a Harry, que momentáneamente se ve muy pálido, como para darle apoyo, si hay alguien que tiene más problemas que Harry es quien fuera que haya mandado esa lechuza, Sirius Black enojado es mucho peor que los tres dementores. El tiempo pasa muy lento para él, solo que en realidad la noche avanza con rapidez, una segunda lechuza llega, el Profesor Dumbledore le pide que se quede donde está. Harry la ignora por completo, ¿es que para donde más piensa que va a agarrar? Esa es su casa y si lo expulsan de Hogwarts no tiene otro lugar en donde estar.

Kathy se sienta en el sillón más cercano a los dos y les da dos tazas de chocolate caliente, muy inútil será tratar de mandarlos a dormir algo, con la preocupación encima de todo lo que ha sucedido. Harry se recuesta su espalda en las piernas de su madre y ella le revuelve el cabello con suavidad, haciéndolo sentir un poco más tranquilo –hay leyes Harry, tú papá tiene razón, esto se va a arreglar –le dice Kathy y Harry asiente con la cabeza.

Sirius entra pasada ya la media noche, con un portazo en la puerta principal y arrasando con todo a su paso hasta que llegó a uno de los sillones de la sala. Kathy, Harry y Tori se desemperezan y dejan que el hombre se tranquilice frente a ellos, Tori puede escuchar como el corazón de Harry se acelera continuamente esperando buenas o malas noticias. Ella se siente culpable al dejarlo en esto solo, aunque suene tonto debido a la situación en la que su hermano se encuentra, pero al menos no estaría solo.

-Tendrás un juicio pronto –informó Sirius a Harry una vez que soltó un suspiro de cansancio –la posibilidad de que hayan dementores fuera de Azkaban no es fácil de manejar, pero saldrá bien –Harry suelta un suspiro de alivio, Sirius suelta una media sonrisa de cansancio –a la cama los dos –ordena y ninguno de los dos jóvenes discute la orden, es ese tono que tiene Sirius y que conocen muy bien, se levantan los dos al mismo tiempo –hablaremos de esto mañana –agrega antes de que los se retiren. Kathy ve como Sirius pone el rostro entre sus manos, apoyando sus codos en sus rodillas, lo escucha soltar un gruñido, desde muy en el fondo de su pecho. Ella se levanta cuando está segura de que los dos están completamente solos, porque tiene el presentimiento de que no solo es cansancio lo que su esposo tiene. No, hay algo más que no le ha dicho y que aun no puede decirle a los niños. Extiende su mano y le acaricia el cabello con la misma ternura con que se lo ha hecho a Harry hace algunos momentos atrás, y con su otra mano la coloca sobre la de Sirius, acariciando suavemente la piel de su mejilla. Sirius levanta la mirada y bajo las manos de Kathy sus músculos se relajan lentamente –renuncie –le dice Sirius, Kathy lo entiende, ve el pesar en sus ojos y a la vez la impotencia y la rabia que puede sentir. Sirius adora su trabajo, no tiene que estar atrapado en una aburrida oficina, pueden enseñar muchas cosas que a él le gustan, ser parte de la acción sin perjudicarse a él y su familia, y por supuesto estar en casa cuando él quisiera. Era en resumen, el trabajo perfecto para él. Pero por ese trabajo podía comprometer a su familia ahora, de no tener un trabajo en el que prácticamente todo el ministerio sabe donde vive ahora no estarían en ese rollo. Sirius rodea con sus manos la cintura de Kathy, esconde su cabeza en ella y la abraza con fuerza –nos mudamos –decide cuando se siente con ánimos suficientes de alejarse un poco de ella, Kathy asiente, sabe a que se refiere, Sirius ha estado trabajando con la Orden del Fénix todo el verano, han pensado mucho en vivir en Grimauld Place, por seguridad y porque así podrían estar todos juntos. Después de esa noche y aunque el número 12 de Grimauld Place no es tan acogedor como su casa, es al menos más seguro que donde viven ahora.

-Quien envió esos dementores sabían en donde vivíamos –le aseguró Kathy con pesar, pero era al menos lo mejor que podían hacer para proteger a su familia –le diremos a los chicos mañana – Sirius se pone de pie, pensando en irse a la cama por el resto de la noche. Kathy enrolla los brazos en el cuello de su esposo, se levanta con la punta de los pies –estaremos bien –le dice antes de besarlo en los labios, y él esperaba de verdad que así lo fuera.

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El número 12 de Grimauld place era un lugar increíblemente viejo, lleno de cosas que ni el mismo Sirius podía explicar. Kathy pretendía que el enorme cambio no le afectara, al menos no en frente de sus cuatro hijos, a Sirius podía manejarlo, pero la increíble cantidad de limpieza que se tuvo que hacer era suficiente para mantener a los seis sin ganas de mover un dedo al final del día. Tuvieron la suerte de que la cocina ya estaba limpia, así que solo tuvieron que ocuparse de todas las habitaciones de la casa, y de todas porque pronto vendrían los Weasley a quedarse allí también, además de algunos miembros de la orden.

-Esto es como si hubiéramos hecho algo malo –le susurró Harry a Tori una mañana mientras limpiaban en órdenes de su madre.

-Y lo peor es que no hemos hecho nada –le dijo Tori sentándose en el suelo al lado de él, realmente agotada con todo lo que estaban haciendo, guardan silencio por varios momentos, y luego los dos se vuelven a ver con una sonrisa traviesa en los labios. Con una aclaración de garganta los dos levantan la mirada, para ver a Sirius de pie frente a ellos con la diversión en el rostro – ¡Nos aburrimos! –protestó Tori en autodefensa pero Sirius no les dijo nada.

A ellos les gustaba disfrutar de las comodidades muggles cuando estaban de vacaciones, y en Grimmauld Place aun no encontraba la forma de si quiera conectar el televisor. Al final la única diversión que encontraron fue burlarse de cualquier retrato con el que se cruzaran, en especial del enorme retrato de la Señora Black. Incluso el mismo Sirius los acompañó un rato enseñándoles morisquetas, eso fue claro hasta que a Kathy le dio jaqueca por tantos gritos. Era muy incómodo en cierta parte vivir en aquella casa, en especial porque Lily y Lyra aun tenían pesadillas de lo que había ocurrido con los dementores, el lugar era lo suficientemente horrible para mantener a los otros cuatro despiertos y tratando de hacer dormir a las gemelas. Además de eso, las continuas y extrañas apariciones de Kretcher no solo le producían escalofríos a Lily y Lyra, sino que a Harry, Tory y Kathy también. Y al final después de una semana la casa estuvo más o menos habitable, lo cual les daba algo de descanso mientras el resto de los habitantes llegaran y los ayudaran con la horrenda tarea.

-Así que voy a conocer al novio de mi hija mañana –dijo Kathy con alegría, Tori se sonrojó considerablemente y solo se quedó callada, Harry rió solo para que Kathy agregara empujando el hombro de Harry con suavidad –aprende de ella que al menos me lo va a presentar.

-Cuando tenga una lo haré –le dijo Harry mirando hacia el suelo mientras llevaba los platos hacia la mesa.

-¿Qué es un novio, mami? –preguntó Lily con curiosidad dando brinquitos en su asiento, Lyra miró atenta también esperando la respuesta.

-Es un chico que le puede causar a papá un ataque al corazón –respondió Harry antes de que Kathy pudiera hacerlo.

Kathy y Tori ríen con la respuesta de Harry –es un chico que piensa que eres muy bonita y lo quieres mucho y él te quiere a ti –añade Kathy para mejor entendimiento de sus pequeñas y curiosas gemelas.

-¿Cómo tú y papi? –pregunta Lyra.

-¿De que hablan ustedes, traviesas? –pregunta Sirius entrando a la cocina, deja un beso en la cabeza de las dos gemelas y va directo a su asiento.

-Del novio de Harry –contesta Lily.

Lyra niega con la cabeza –no el de Tori –corrige sonriente.

La sonrisa que una vez tuvo Sirius al entrar a la habitación se borra de momento, su mirada se posa sobre su hija mayor, Kathy, Harry y Tori esperan la reacción del hombre en silencio –yo creí que eso era una broma –dijo con voz ronca. Kathy roda los ojos, Harry ve de reojo a su hermana, que nerviosa mueve sus manos tras su espalda –Tori no puedes tener un novio si no me pides permiso.

-Pero yo si lo hice –dice Tori en voz baja, aun así todos los presentes la escuchan a la perfección.

Sirius se endereza en su asiento, con la espalda recta y la mirada severa sobre Tori –Katherine Victoria Black… -y la sola mención de su nombre completo hace que ella cierre los ojos, cuando los abre de nuevo, unos ojos idénticos a los de ella la miran con fuerza –como se supone que lo que hiciste equivalga a un permiso si yo pensaba que era una broma.

-Sirius…

-Además ni siquiera se quien es ese chico –continua Sirius como si hace unos momentos Kathy no había tratado de detenerlo –no puedes tener novio, lo siento –terminó con seriedad y las últimas dos palabras las dijo de verdad sin sentirlas.

El silencio del comedor en ese momento era grande, tanto que hasta era aterrado solo escuchar las seis respiraciones de los presentes en ese momento. Tori quiso decir algo, pero el nudo en la garganta no se lo permitió, el rostro de su padre era realmente serio y nunca había visto que él la viera de esa manera por algo, ni cuando creyó que ella y Harry habían tenido que ver con la misteriosa desaparición y aparición de su motocicleta. Ella solo pudo sentarse sin hacer sonido alguno a la mesa y tragar aire hondamente para que las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos no lo hicieran. Era una cobarde, si fuera de verdad una Gryffindor hubiera dicho, sin embargo su naturaleza no dejó que lo hiciera. Harry se sentó a su lado y apretó su mano bajo la mesa, de alguna forma ya se había esperado eso y más. Todos comieron sin decir palabra alguna, Tori comió lo que pudo y con una mirada de Kathy tuvo la aprobación de dejar la mesa primero. Harry se levantó minutos después, pensaba que su hermana no debía de estar sola, y ellos dos siempre se apoyaban en lo que fuera.

-Papi –llamó Lyra con una vocesita tierna pero con el ceño fruncido, cuando tuvo la atención de su papá continuó -¿Porqué no quieres que nadie quiera a Tori?

-Tori es bonita –añadió Lily mientras Sirius se confundía aun cada vez más con lo que sus dos gemelas decían – mami dijo que los novios son chicos que piensan que eres bonita y Tori es muy bonita –Lyra asintió energéticamente en ese momento, pero las dos tenían el ceño idénticamente fruncido y en un movimiento rápido las dos se cruzaron de brazos sobre su pecho –entonces…. -¿Porqué no quieres que nadie quiera a Tori? –preguntan las dos en coro.

Sirius se queda momentáneamente sin palabras, mira desde una sonriente Kathy hasta sus dos pequeñas y furiosas hijas, cuatro años y ya lo dejan sin palabras. ¿Qué van a hacer cuando tenga diez más? Pero es que simplemente no se puede dejar ganar por ese par de pequeñas traviesas, no, que algún día les tocará a ellas estar en la situación de su hermana mayor y él no va a permitir que salgan con cualquier pelmazo –niñas no es que yo no quiera que alguien quiera a Tori, tener un novio no es solo eso… -y cuando vio que las dos pequeñas aun no dejaban de mirarlo amenazadoramente soltó un gruñido –ustedes son muy pequeñas para esto y Tori también.

-Buenas noches papi –dijeron Lily y Lyra en coro, se bajaron de la mesa y tomadas de la mano salieron casi corriendo del lugar.

Sirius de la sorpresa no pudo decir absolutamente nada, en lo que iba a terminar, ese par niñas lo iban a volver loco. Al fin se distrajo al escuchar todo la risa que Kathy había estado conteniendo, la miró enojado, es que ella no debería de estarse riendo en una situación así. ¿Qué no miraba que todo eso era por el bienestar de su hija? Pero a pesar de que la fuerte mirada de Sirius podía dejar a Tori sin palabras, a Kathy no le intimidó ni un poco, es más rió hasta que ya el estomago le dolió. Y quizás se detuvo porque Sirius estaba a punto de echar humo por la cabeza si ella seguía riendo. Se limpió las lágrimas que le habían salido de tanto reír y miró a Sirius con una sonrisa.

-¿Ya terminaste? –preguntó Sirius en un gruñido.

Kathy asintió levemente –sabes que no es tan pequeña y que en algún momento tenía que suceder –comentó Kathy guardando las sobras de la comida de sus niñas, lo hizo sin magia, como para darle más tiempo de seguir sentada allí y hablar con Sirius. Lo miró de reojo y él tenía la vista fija en algún punto de la mesa –yo eh escuchado de él –continuó como tratando de tranquilizarlo –yo no lo conozco tampoco, pero eh escuchado varias cosas, jugó con Lily y Lyra el día en que visitamos a Harry por el torneo –dejó las cosas que hacía y se giró a ver a Sirius –yo creo que si no fuera el novio de tu hija –con la sola mención de eso Sirius hizo una mueca de disgusto, causando una risita a Kathy –te agradaría. Es curioso Sirius, cariño, porque aun no conozco a los gemelos Weasley, pero por alguna razón me recuerdan a dos merodeadores que conocí hace mucho. Yo me casé con uno y hasta ahora no ha sido nada malo –se pone de pie sonriente -¿vas a comerte eso? –le pregunta señalando el plato de comida frente a Sirius, el animago niega con la cabeza, se había quedado sin hambre desde hace mucho tiempo. Kathy murmura algo y moviendo su varita para que todos los platos vuelen desde la mesa hacia la cocina, pasa los brazos por los hombros de Sirius y lo besa en la mejilla antes de susurrarle al oído –dale una oportunidad, o no será George Weasley el que le rompa el corazón a Tori.

Y con eso dejó a Sirius solo, tenía mucho que pensar.

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-Hola conejita mía, ¿Puedo pasar? –saludó Sirius desde el marco de la puerta de la habitación de su hija, Tori levantó la mirada y le dio una leve sonrisa, asintiendo con la cabeza como respuesta. Y aunque había una sonrisa en los labios de su hija, sus ojos grises no mentían, y a Sirius le dolía saber que era él quien había causado eso en ella. En esos momentos ser padre no era tan fácil como parecía. Con las manos en los bolsillos, Sirius caminó lentamente dentro de la habitación, hasta que se sentó en la cama de Tori, justo al lado de ella, una noche entera pensar en lo que Kathy le había dicho y al fin había llegado a una conclusión aunque esta no le gustara mucho.

-¿Estás enojado conmigo? –le preguntó Tori antes de que él pudiera decir palabra alguna.

Y allí fue cuando Sirius sintió como si lo rompieran en dos, una lágrima traviesa se salió de los ojos de Tori y ella bajó su cabeza como era su costumbre, su cabello cubrió su rostro –Ven aquí, preciosa –le pidió extendiendo su mano y haciendo que Tori se sentara en su regazo, como cuando lo hacía cuando era una pequeña, solo que Tori ya no quedaba perfecta sentada en sus piernas –no estoy enojado contigo, estoy asustado Tori, mi pequeña conejita está creciendo muy rápido –desde su hombro izquierdo, Sirius escuchó una leve risita, justo del lugar en donde ella tenía oculto su rostro. Alzó una mano y la pasó por la larga cabellera negra, sintiéndose un poco mejor ya que al menos ya había conseguido que sonriera -¿alguna vez te ha contado tu mamá sobre mi antes de que empezara a salir con ella? –Tori se enderezó un poco para poder ver el rostro de su papá, se limpió el rostro con las mangas de la camisa y negó con la cabeza –yo no era precisamente un joven de una sola chica, la verdad es que me costó mucho tiempo sentar cabeza, una vez que me di cuenta que sentía algo por tu madre fue realmente difícil.

-¿Hablas por mis tíos? –le pregunta Tori acomodándose bien en los brazos de su papá, como si fuera un cuento para dormir el que le estuviera contando, y lo curioso era, que ella aun no se había quitado la pijama.

-En gran parte –respondió Sirius sonriente –también estaba el papá de Harry, él la quería mucho, y porque ella no podía creer que yo la quisiera de verdad, no después de que yo no tuviera a nadie estable por mucho tiempo. Tú madre es una mujer hermosa, valía la pena que la protegieran tanto –se hizo un silencio corto, pero no incómodo entre los dos, hasta que Sirius volvió a hablar con tranquilidad –yo tengo una hija tan o mucho más hermosa que su madre, y no quiero que un idiota venga a jugar con ella solo por un rato –soltó un largo suspiro –ahora yo no voy a aceptar a tu novio, ni te lo voy a negar, digamos que este chico George Weasley está a prueba, ya veré yo si realmente merece a mi pequeña coneja.

Tori le sonríe y enrollando sus brazos en el cuello de su papá lo abraza –gracias papá –dice con voz suave.

Sirius le devuelve el abrazo, sintiéndose un poco extraño, era feliz si ella lo era, pero aun no estaba tan dispuesto a abandonar su opinión de que su pequeña Tori aun no estaba lista para tener un novio. Aunque si lo pensaba con más detenimiento, ella nunca debería de estar lista para tener un novio, nadie debería de ser capaz de quitarle a su hija de su lado, no a su pequeña conejita. Porque aunque crezca sea toda una mujer, para ella siempre será su traviesa y tímida conejita.

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La cena en esa noche se vuelve un reverendo caos, con todos los de la Orden comiendo allí, aunque para variar a Harry le pareció menos tétrico que estar solo los de su familia allí, al menos había un sonido más familiar que el crujido extraño de aquella vieja casa. Casi todos los de la Orden son conocidos para él, quizás las nuevas caras son muy poca y ya le agradan bastante, como Tonks, la prima de su papá que es uno de los miembros más jóvenes de la Orden y que en ese momento le hace caras y cambia de color su cabello para entretener a Tori, Ginny y Hermione. Cuando Harry ya está satisfecho y cree que ya está a punto de que termine bien su verano ya que todos sus amigos están allí, y sin importar que aun tenga que ir a juicio, se siente un tanto confiado acerca de eso.

Harry hace su plato a un lado, la mezcla de la comida de la Señora Weasley y su mamá es de lo mejor, tan buena que se ha comido dos platos. Mira a su alrededor y siente como de pronto ya no se siente tan bien, no, toda eso que ah reprimido por no haberse enterado de nada de lo que la Orden esté planeando contra Voldemort surge de nuevo. ¿Cómo diablos es posible de que Cedric Diggory esté en la Orden y él no? Y él que creía que Tonks era la más joven allí y ahora resulta que Diggory le ha quitado el puesto. Es que no tiene sentido, si alguien como Diggory que no ha tenido contacto alguno con Voldemort y que solo está allí porque él lo salvó, si… Cedric Diggory no estuviera sentado frente a su hermana mayor en ese instante babeando como estúpido.

Y Harry se detiene y por primera vez tiene ganas de ser un hermano celoso, pobre Tori que aun no ha notado que Diggory se la está devorando a ella con la mirada, y no el plato delicioso que Molly con gentileza le ha servido. Pero eso no se queda allí, no, todo va a empezar con decirle a su papá, claro, Sirius lo va a poner de patitas en la calle nada más se de cuenta. Y gira la vista hacia Sirius y ve que ya no tiene un rostro amable hacia Diggory, Harry sonríe enormemente. Pero no se va a quedar allí, no lleva en las venas la sangre de un merodeador de puro gusto. ¡Merlín que no! Luego le dirá a George para que usen a Diggory para probar todos los artículos de la futura tienda de bromas. Si es que ya ocurrió el milagro de que Sirius haya aceptado a George como el novio de Tori y él no va a permitir que venga el señor cara bonita de Diggory a querer quitarle el puesto, si a Harry no le gustaba como para cuñado. Además, Kathy ya miraba a Tori con ternura cuando George la tomaba de la mano bajo la mesa sin que Sirius se diera cuenta; y Molly tenía la misma mirada en el rostro que Kathy, lo cual solo significaba de que Diggory no cabía en esa escena. Que Harry no será un hermano celoso pero al menos a su hermana se le respeta, y hasta se imagina los pensamientos de Diggory en ese momento.

Y le causa aun mucha gracia que Sirius y George tengan la misma cara de descontento y que seguro por educación no se han levantado a romperle la cara a Cedric. Y al final incluso Fred puede ayudar, si Diggory tan solo es un año mayor que los gemelos, es injusto que ellos queden fuera de la Orden también, si incluso ya tienen edad para saber muchas cosas.

-¿Y él porqué está en la Orden? –pregunta Harry sin poder contenerse en realidad, una vez que ya planeó como matar y revivir a Diggory para hacerlo pagar por todas, incluso porque lo dejó sin pareja para el baile del año pasado. Se hace un silencio a su alrededor, todos dejan sus conversaciones y miran con curiosidad a Harry, que está prácticamente tirando humo en su puesto –no me vengan con eso de que estoy muy pequeño, evidentemente la edad no es un problema –dice fulminando a Diggory con la mirada.

-Ya salió del colegio y es el problema de otro padre –responde Sirius enderezándose en su asiento, aunque mira de mala gana a Cedric al igual que Harry –no puedes estar en la Orden si aun tienes que ir a Hogwarts.

Harry suelta un gruñido –pero no soy un chiquillo, yo estuve frente a Voldemort… –y no se detiene a pesar de que varios han hecho muecas al escuchar el nombre –no veo porque tengan que hacer reuniones encerrados.

-Harry tiene razón –interviene George compartiendo una mirada con Harry, apretando la mano de Tori con fuerza, como en señal de posesión –no somos unos chiquillos.

-Si Diggory puede dormir de noche entonces nosotros también –apoya Fred que no se quedaría atrás en esa discusión.

Los adultos intercambian una mirada, Molly está renuente, Arthur prefiere no intervenir, Sirius y Kathy ya han tomado su decisión, Harry debe de saber, aunque no debe de estar en la Orden. Y en ese momento Molly se enfureció, apreciaba tanto a Harry y a Tori y creía que Sirius y Kathy no estaban tomando la mejor decisión para sus hijos. Aun así los adultos discuten hasta por un buen rato, hasta que Remus se pone en pie y decide ayudar en la discusión –sería conveniente que la Orden escogiera si los menores deben de ser informados.

-¡Ginny a la cama! –protestó Molly una vez que se dio cuenta de que no iba a ser escuchada, la menor de los Weasley se levantó de la mesa a regañadientes, con una mirada significativa dirigida hacia Tori, como para asegurar de que ella se enteraría de todo eso luego. Una vez que Molly hubo regresado se sentó en la silla malhumorada y no dijo nada en toda la conversación.

-¿qué ha estado haciendo Voldemort? –preguntó Harry de inmediato, ansioso por obtener respuestas.

Todas las miradas se concentraron en Sirius, como si él fuera el indicado para responder a todas las preguntas que Harry tuviera –está reuniendo seguidores, sin salir a la luz pública, los que lo apoyaban antes, se está aprovechando de que Diggory aun está con vida –involuntariamente Harry suelta un bufido –las personas piensan que si Voldemort estuviera de regreso es muy lógico que Harry Potter salga con vida, pero Diggory no debió tener ninguna oportunidad.

-¿Pero la Orden ha tratado de advertirles sobre esto? –preguntó Hermione antes de que el mismo Harry pudiera si quiera pensarlo.

-De algún modo si –respondió Sirius con tranquilidad –no es fácil saber a quién confiar y quién no. Tenemos personas de la Orden en el Ministerio de Magia, Tonks es de los pocos que ha quedado en contacto con todos los aurores.

-¿Y tú trabajo? –preguntó Harry una vez que él y Tori se habían mirado realmente confundidos.

-Era muy fácil encontrarlos a ustedes con ese trabajo –contestó Sirius ocultando perfectamente lo que le molestaba esa situación –los dementores fueron enviados directamente desde la oficina de aurores, alguien que sabía muy bien en donde vivimos. Pero eso no es lo menos importante –dijo como para tener que dejar de hablar de eso –Voldemort está buscando algo, algo que no tenía antes…

-¡Pero ya es suficiente por hoy! –exclamó Molly de una vez y en esta ocasión más furiosa que nunca.

Kathy detuvo a Sirius antes de que este pudiera iniciar una nueva pelea, Sirius asintió simplemente y con un gruñido de molestia todos los adolescentes se levantaron para ir directo a la cama. Harry se acerca lentamente a Sirius y cuando da las buenas noches a su madre le dice muy disimuladamente –siento mucho lo del trabajo papá, es por mí, lo siento.

Sirius negó con la cabeza –me gusta más ser tú papá que ser un auror, por algo me hicieron tú padrino.

Harry sonrió y con un sabor agridulce en su interior subió las escaleras en silencio.