Disclaimer: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.

¡Disfrútenlo y comenten!

Capítulo 26

Éstas últimas semanas de hacer todo lo que esté a mi alcance para evitarla, me han quitado hasta la última gota de mi fuerza y no puedo hacerlo más. Pensé que estar lejos de ella me estaba siendo fuerte, pero no estar cerca suyo me está haciendo más débil de lo que he sido nunca. Sé que no debería estar aquí y que no me quiere aquí, pero tengo que verla. Tengo que escucharla, tocarla y sentirla contra mí, porque ese fin de semana que pasé con ella fue la única vez desde que me alejé hace trece años que en realidad miré hacia adelante. Nunca antes he mirado hacia adelante. Siempre he mirado atrás. Pienso demasiado en el pasado, en lo que debería haber hecho y todo lo que hice mal, nunca en mi vida he mirado hacia adelante. Estar con ella me había hecho pensar en el mañana y el día después, y el día después de eso, y el próximo año y para siempre. Necesito eso en éste momento, porque si no llego a abrazarla una vez más… Tengo miedo que voy a mirar de nuevo hacia atrás y el pasado me va a tragar por completo.

Agarro el alféizar de la ventana y cierro los ojos. Inhalo varias veces en un intento de calmar mi pulso y el temblor recorriendo mis manos ahora mismo.

Odio que siempre deje la ventana abierta. La empujo hacia arriba y deslizo las cortinas, luego trepo hacia dentro. Contemplo decir algo para que sepa que estoy en su habitación, pero no quiero asustarla si es que está dormida.

Me doy vuelta y cierro la ventana. Camino a su cama, y lentamente me inclino. Está mirando a otro lado, así que levanto la colcha y me recuesto a su lado, su postura de inmediato se pone rígida y se pone las manos en la cara. Sé que está despierta y que sabe que voy subir a la cama, pero el hecho de que tenga miedo me rompe completamente.

Tiene miedo de mí. No esperaba que el miedo sea una reacción suya en absoluto. La ira, sí. Me gustaría mucho más que esté enfadada conmigo en vez de asustada. No me dice que salga y no creo que yo pueda, incluso si me lo pidiera. Tengo que sentirla en mis brazos, por lo que me muevo más cerca y deslizo mi brazo bajo la almohada. Envuelvo mi otro brazo a su alrededor, deslizo mis dedos en los suyos, y luego entierro mi cara en su cuello. Su olor, su piel y la sensación de los latidos de su corazón en contra de nuestras manos es exactamente lo que necesito, más que nunca antes, ésta noche sólo necesito saber que no estoy sola, incluso si ella no tiene ni idea de lo mucho que me ayuda.

La beso suavemente en el lado de la cabeza y la tiro más cerca. No merezco estar de vuelta en su cama o en su vida después de todo lo que la he hecho pasar. En éste momento me permite estar aquí, no voy a pensar en lo que podría suceder en los próximos minutos. Ni a pensar en lo que sucedió en el pasado. No estoy mirando hacia adelante o hacia atrás. Estoy sosteniéndola y pensando en el ahora. Con ella.

No ha hablado en casi media hora, pero tampoco le estoy pidiendo disculpas, porque no merezco su perdón y porque no es por eso por lo que estoy aquí. No puedo decirle lo que pasó ese día en el almuerzo ya que no quiero que sepa todavía. No tengo ni idea de qué decir, así que la sostengo. Beso su cabello y en silencio le agradezco por ayudarme a respirar de nuevo.

Doblo mi brazo y la abrazo fuerte. Estoy tratando de no derrumbarme en estos momentos. Estoy luchando tan duro. Inhala una bocanada, entonces me habla por primera vez en casi un mes. —Estoy muy enojada contigo —susurra.

Cierro los ojos y presiono mis labios desesperadamente contra su piel. —Lo sé, Rachel. —Deslizo mi mano a su alrededor para atraerla más cerca—. Lo sé.

Sus dedos se entrelazan con los míos y aprieta mi mano. Todo lo que hizo fue apretar mi mano, pero ese pequeño gesto hace más por mí en éste momento de lo que podría darle a cambio. Saber que me reconforta, incluso en lo más mínimo, es más de lo que merezco de ella.

Presiono los labios en su hombro y la beso suavemente. —Lo sé nena —le susurro otra vez a medida que continúo besando su cuello. Está respondiendo a mis caricias y mis besos, y quiero quedarme aquí para siempre. Me gustaría poder congelar el tiempo. Quiero congelar el pasado y el futuro, sólo centrarme en estar aquí en este momento con ella para siempre.

Me alcanza y pasa la mano por la parte posterior de mi cabeza, me tira contra su cuello aún más fuerte. Me quiere aquí. Me necesita aquí, tanto como tengo que estar, y sólo saber eso es suficiente como para congelar el tiempo por un momento.

Levanto el brazo y la tumbo sobre su espalda, así está mirándome. Aparto el pelo de sus ojos y la miro. La he echado tanto de menos y me asusta que sus sentidos regresen y me pida que me vaya. Dios, ¿cómo pude haber pensado que alejarme de ella sería bueno para cualquiera de las dos?

—Sé que estás enojada conmigo —le digo, corriendo la mano por su cuello—. Necesito que te enfades conmigo, Rachel. Pero creo que necesito aún más que todavía me quieras aquí contigo.

Continúa manteniendo sus ojos fijos en los míos y asiente ligeramente. Dejo caer mi frente en la suya y tomo su rostro entre mis manos, ella hace lo mismo conmigo.

—Estoy enojada contigo, Quinn —dice—, pero no importa lo loca que has sido, nunca por un segundo dejé de quererte aquí conmigo.

Esas palabras me quitan el aliento a la vez que me llenan por completo los pulmones de nuevo con su aire. Me quiere aquí y es la mejor maldita sensación del mundo. —Jesús, Rachel. Te he extrañado tan malditamente mal. —Siento que es mi línea de vida y si no la beso de inmediato, voy a morir.

Hundo la cabeza y presiono mi boca en la suya. Las dos inhalamos una respiración profunda en el segundo en que nuestros labios se encuentran. Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y me atrae hacia sí, dándome la bienvenida de nuevo en su vida. Nuestras bocas se presionan desesperadamente juntas, pero nuestros labios están completamente inmóviles y las dos estamos tratando de inhalar otra bocanada de aire. Me echo un poco hacia atrás porque la sensación de ella debajo de mí y tener su boca voluntariamente presionada a la mía me es completamente abrumador.

En todos mis dieciocho años, nada se ha sentido más perfecto. Tan pronto como mis labios se separan de los suyos, me mira a los ojos y envuelve sus manos alrededor de mi cuello. Se levanta de la cama ligeramente, por lo que su boca está de nuevo en la mía. Ésta vez, me besa suavemente, despidiendo mis labios con los de ella. Cuando nuestras lenguas se encuentran, gime y empujo su espalda contra el colchón, besándola ésta vez.

En los próximos minutos, estamos completamente perdidas en lo que parece pura perfección. El tiempo se ha detenido completamente, y todo lo que estoy pensando mientras nos besamos, es como esto es lo que salva a la gente. Momentos así con personas como ella son los que hacen que todo el sufrimiento valga la pena. Son momentos como éstos los que mantienen a la gente mirando hacia el futuro y no puedo creer que haya dejado que se me escapara por un mes entero.

Sé que dije que realmente nunca ha besado antes, pero hasta el momento no tenía ni idea de que realmente nunca he sido besada antes. No así. Cada beso, cada movimiento, cada gemido, cada toque de su mano contra mi piel. Ella es mi salvación. Mi esperanza.

Y nunca me alejaré de nuevo de ella.


Oigo la puerta de su dormitorio cerrarse, así que sé que está a punto de caminar hacia mí y verme preparándole el desayuno. Todavía no he explicado qué demonios he hecho con ella durante el mes pasado y no estoy segura de que pueda, pero voy a hacer todo lo necesario para que lo acepte sin dejar que me perdone. No importa lo que pasó entre nosotras anoche, todavía no merezco su perdón y honestamente, no es el tipo de chica que se ponga al día con la mierda que la he hecho pasar. Si me perdona, siento como que estaría comprometiendo su fuerza. No quiero comprometer nada de ella por mí.

Sé que está de pie detrás de mí. Antes de que todo lo que he hecho la abrume de nuevo, trato de explicar qué hago en casa y en su cocina, de nuevo.

—Me fui temprano esta mañana —le digo todavía de espaldas a ella—, porque tenía miedo de que tu madre entrara y pensara que tuvimos sexo. Luego, cuando me fui a correr, pasé por tu casa de nuevo y me di cuenta de que su auto no se encontraba en casa y recordé que dijiste que hace esas ventas el primer fin de semana de cada mes. Entonces decidí recoger algunos comestibles porque quise cocinarte el desayuno. También casi compré comida para el almuerzo y la cena, pero tal vez hoy deberíamos tomarnos una comida a la vez.

Me doy la vuelta para mirarla y no sé si es porque me he pasado las últimas semanas tan lejos de ella o qué, pero es la cosa más hermosa sobre la que he puesto los ojos. La miro de arriba abajo, reconociendo que ésta es la primera vez que me he enamorado de una prenda de vestir. ¿Qué demonios está tratando de hacerme?

—Feliz cumpleaños —le digo casualmente, tratando de no mostrarle lo nerviosa que estoy mirándola con esa ropa—. Realmente me gusta ese vestido. Compré leche de verdad, ¿quieres un poco? —Tomo un vaso y vierto la leche, luego la deslizo hacia ella. Mira la leche con cautela, pero no le doy tiempo para beber. Al ver esos labios y esa boca y… mierda.

—Tengo que besarte —le digo, caminando rápidamente hacia ella. Tomo su rostro entre mis manos—. Tu boca estaba tan malditamente perfecta anoche, tengo miedo de haber soñado todo el asunto. —Espero que se resista, pero no lo hace. En cambio, me encuentro con su ansiosa perfección cuando me agarra por la camisa con ambas manos y me besa de nuevo. Saber que aún me quiere después de todo lo que la he hecho pasar me hace apreciarla aún más.

¿Y saber que todavía tengo una oportunidad con ella?

¿Qué todavía puedo besarla así?

Es casi demasiado.

Me separo de ella y retrocedo, sonriendo. —No. No lo soñé.

Me enfrento a la cocina de nuevo para que pueda dejar de concentrarme en su boca el tiempo suficiente para hacer un plato de comida. Hay tantas cosas que debo decirle y ni siquiera sé por dónde o cómo empezar. Preparo nuestros platos y los llevo hasta la mesa donde está sentada.

—¿Estamos autorizadas a jugar Preguntas Cena, a pesar de que es hora de desayunar? —pregunto.

Asiente. —Si tengo la primera pregunta.

No está sonriendo. No me ha sonreído en más de un mes. Odio ser la razón por la que ya no sonríe.

Pongo mi tenedor en el plato y mis manos en alto, juntándolas bajo mi barbilla. — Yo estaba pensando en permitirte tener todas las preguntas —le digo.

—Sólo necesito la respuesta a una —dice.

Suspiro, sabiendo a ciencia cierta que necesita más de una respuesta. Pero el hecho de que sólo quiera la respuesta a una pregunta me lleva a creer que está a punto de preguntarme por el brazalete. Y esa es la única respuesta que no estoy dispuesta a compartir por el momento.

Se inclina hacia adelante en su silla y me preparo para su pregunta.

—¿Por cuánto tiempo has estado consumiendo drogas, Quinn?

De inmediato levanto la vista hacia ella, sin esperar que esa haya sido su pregunta. Estaba tan lejos de lo que esperaba, que mantengo los ojos clavados en ella, pero la aleatoriedad de la pregunta me da ganas de reír. Tal vez debería estar preocupada por el hecho de que mi comportamiento ha dado una idea tan absurda, pero en vez de eso, no siento más que alivio.

Lo estoy intentando. Estoy tratando tan duro no reírme, pero la ira en sus ojos es adorable. Es adorable, hermosa y honesta, y estoy tan aliviada. Tengo que apartar la mirada, porque estoy malditamente tratando de no sonreír. Está siendo tan seria y directa en estos momentos, pero maldita sea. No puedo.

Mi sonrisa finalmente cede y me río. Sus ojos se vuelven más furiosos, lo que sólo me hace reír más. —¿Drogas? —Estoy tratando de parar, pero cuanto más pienso en lo mucho que nos ha afectado todo el mes pasado, me río aún más—. ¿Crees que estoy consumiendo drogas?

Su expresión no cambia en absoluto. Está cabreada. Aguanto la respiración en un intento por detener la risa hasta que sea capaz de mantener una cara seria. Me inclino hacia delante y tomo su mano en la mía, mirándola directamente a los ojos. —No estoy consumiendo drogas, Rachel. Te lo prometo. No sé por qué podrías pensar eso, pero lo juro.

—Entonces, ¿qué diablos está mal contigo? —se rompe.

Mierda. No me gusta la expresión de su cara. Está herida. Decepcionada. Agotada. No estoy segura de a qué parte de mi comportamiento inexplicable, errático se está refiriendo, pero sinceramente, no tengo idea de cómo responder a eso. ¿Qué está mal conmigo? ¿Qué no está mal conmigo?

—¿Puedes ser un poco más específica? —pregunto.

Se encoge de hombros. —Por supuesto. ¿Qué pasó con nosotras y por qué actúas como si nunca hubiera pasado?

Maldición. Eso duele. ¿Piensa que sólo barrí bajo la alfombra todo lo que pasó entre nosotras? Quiero contarle todo. Quiero decirle lo mucho que significa para mí y cómo éste ha sido uno de los meses más difíciles de mi vida. Quiero hablarle de Les, y ella y yo, y lo mucho que jodidamente duele que no lo recuerde. ¿Cómo puede olvidar una parte tan importante de su vida?

Quizás Les y yo no éramos tan importantes para ella como pensaba. Miro mi brazo. Trazo la H, la O, la P y la E, con el deseo que recuerde. Pero, de nuevo, si se acordara… también sabría el significado de este tatuaje. Sabría que le fallé. Recordaría que todo lo que ha pasado en su vida durante los últimos trece años es mi responsabilidad.

La miro a los ojos y le respondo con la respuesta más honesta me permito darle. —No quería defraudarte, Rachel. He defraudado a todo el que me amó en mi vida, y después de ese día en el almuerzo, supe que también te defraudaría. Así que... te dejé antes de que puedas empezar a quererme. De lo contrario, cualquier esfuerzo por tratar de no decepcionarte estaría perdido.

Sus ojos se nublan con decepción. Sé que estoy siendo vaga de nuevo, pero no puedo decirle. No en este momento. No hasta que sepa con certeza que va a estar bien.

—¿Por qué no pudiste decirlo, Quinn? ¿Por qué no pudiste pedir perdón?

El dolor en su voz tira de mi corazón. La miro directamente a los ojos, por lo que va a ver lo importante que es para mí que ella no acepte la forma en que la traté. —No voy a pedirte disculpas… porque no quiero que me perdones.

Inmediatamente cierra los ojos, tratando de contener las lágrimas. Nada de lo que pueda decir puede hacer que se sienta mejor acerca de lo que pasó entre nosotras. Libero su mano y me paro, y luego camino hacia ella y la tomo entre mis brazos. La dejo en la parte superior de la barra de modo que nuestras miradas están al mismo nivel. Sé que no puede creer las palabras que salen de mi boca, pero necesito que me sienta. Necesito que vea la sinceridad en mis ojos y en mi voz para que sepa que no quería hacerle daño. Quería protegerla de sentirse de esta manera, pero sólo lo he hecho peor.

—Bebé, metí la pata. Lo he estropeado más de una vez contigo, lo sé. Pero, créeme, lo que ocurrió ese día en el almuerzo no eran los celos o la ira o cualquier cosa que alguna vez te asuste. Me gustaría poder decirte lo que pasó, pero no puedo. Algún día lo haré, pero no puedo ahora mismo y necesito que lo aceptes. Por favor. Y no voy a pedirte disculpas, porque no quiero que te olvides de lo que pasó y nunca debes perdonarme por ello. Nunca. Nunca me excuses, Rachel.

Está asimilando cada palabra que digo y me encanta eso de ella. Me inclino y la beso, y luego la tiro hacia atrás y sigo diciéndole lo que tengo que decir, mientras todavía está dispuesta a escucharme.

—Me dije a mí misma que debía mantenerme lejos de ti y dejar que te enojaras conmigo, porque tengo tantos problemas que no estoy dispuesta a compartir contigo todavía. Y he intentado tan duro mantenerme lejos, pero no puedo. No soy lo suficientemente fuerte para seguir negando lo que sea esto que podríamos tener. ¿Y ayer en la cafetería cuando te abrazabas y reías con Kurt? Se sentía tan bien verte feliz, Rachel. Pero yo quería ser la única haciéndote reír así. Me destrozaba por dentro que pensaras que no me preocupé por nosotras, o que el fin de semana que pasé contigo no fue el mejor fin de semana que he tenido en mi vida. Porque me importa y fue el mejor. Fue el mejor jodido fin de semana en la historia de todos los fines de semana.

Paso mis manos por su cabello hasta la base de su cuello y acaricio su mandíbula con mis pulgares. Tengo que tomar una respiración relajante para decir lo que deseo, porque no quiero asustarla. Sólo tengo que ser honesta con ella.

—Me está matando, bebé —digo en voz baja—. Me está matando porque no quiero que pases un día más sin saber lo que siento por ti. Y no estoy preparada para decirte que estoy enamorada de ti, porque no lo estoy. Todavía no. Pero sea lo que sea que estoy sintiendo, es mucho más que un simple me gustas. Es mucho más. Y durante las últimas semanas he estado tratando de averiguarlo. He estado tratando de averiguar por qué no hay otra palabra para describirlo. Quiero decirte exactamente como me siento, pero no hay una sola maldita palabra en todo el diccionario que pueda describir este punto entre gustar y amar, pero necesito esa palabra. La necesito porque necesito que me oigas decirla.

La beso y la tiro hacia atrás, pero no deja de mirarme con incredulidad. La beso una y otra vez, haciendo una pausa después de cada beso, con la esperanza que va a responder algo. No me importa si me golpea, o me besa de regreso, o me dice que me ama. Sólo quiero que reconozca todo lo que dije. En cambio, sólo me mira y me pone tan condenadamente nerviosa.

—Di algo —suplico.

Sigue mirándome durante mucho tiempo. Trato de mantenerme paciente. Ella siempre es paciente conmigo a pesar de que es tan perspicaz. Qué no daría yo para que sea un poco más perspicaz en éste momento. Necesito una reacción.

Algo. Cualquier cosa.

—Querer —finalmente suspira.

Eso no es lo que esperaba que saliera de su boca, pero al menos es algo. Me río y niego con la cabeza, confundida acerca de lo que quiere decir. —¿Qué?

—Querer. Si mezclas las palabras gustar y amar, obtienes querer. Puedes usar esa palabra.

No sólo me entiende, no sólo me sonríe; sino que alguna manera me dio una palabra de lo que he estado buscando desde el momento en que la vi en la tienda de comestibles.

No la merezco. No merezco su comprensión y estoy segura que no merezco la forma en que hizo que mi corazón se sienta. Me río y la tomo en mis brazos, llevando mi boca a la suya. —Te quiero, Rachel —digo contra sus labios—. Te quiero mucho.

Y por más perfecto que la palabra suene, tan perfectamente como describe el punto en que estamos, sé que es una mentira. No sólo la quiero. La amo. La he amado desde que éramos niñas.


Les:

No voy a leer esa carta. Nunca la voy a leer. Nunca. Y he terminado de escribir en éste maldito cuaderno. Así que supongo que eso significa que he terminado de escribirte a ti también.

Q.