Y al fin he retornado, sinceramente mil disculpa por la tardanza, pero el tiempo se me hizo muy corto y me costó terminar este capítulo. Gracias a quienes se preocuparon por mi desaparición y por desear que volviera con la historia, como también muchísimas gracias a todos sus comentarios desde principio a fin.

Tengo algunos anuncios, primero este es el capítulo final... no se asusten no corte la historia ni nada por el estilo, pero todo tenía que terminar en algún momento y las cosas se dieron así. Debido a mi retraso y para compensarlas por esta largaaaaa espera, este nuevo capítulo es de todos modos más largo que cualquiera que haya escrito, digamos que por su extensión abarcarían al menos dos capítulos normales.

Ojalá sea de su agrado y puedan disfrutar del final de esta larga historia. Para ser justa con todos o al menos con la mayoría, este capítulo tiene de todo un poco o eso es lo que yo creo, pero no les digo nada para no arruinar la lectura. Por favor, ahora comiencen a leer y juzguen ustedes mismas.


26.- DESTINO

La verdad de sus orígenes cayó con avasalladora realidad sobre su tambaleante vida tan potente y desastrosa como sería estar entre una avalancha de nieve en pleno invierno. Se hallaba avanzando en un limbo incierto con las emociones descontroladas sin realmente sentir nada, no sabía como afrontar esta aturdidora información de su pasado y como haría para mirar a su futuro, de repente todo se torno brumoso al punto de cegar su entendimiento.

En su recorrido hacia el cuarto que ocupaba como prisionera, sus pensamientos divagaban en las profundidades de un abismo oscuro y tenebroso incapaz de calmar su desasosiego por el inestable porvenir. Sakuno era un descendiente de los Atobe y eso en definitiva cambiaba todo su mundo ¿Qué diría Ryoma con respecto a esto? Sabía de la rivalidad y odio aberrante entre los clanes desde mucho antes que ellos nacieran, entonces ¿Era posible que Ryoma aún así la amara o desde ahora la miraría con total desprecio?

Quería creer que solo ella se vería afectada con esto y que su hija fuera perdonada por lo que no estaba a su alcance, pero era un asunto que no conseguía asimilar ni mucho menos aceptar con tranquilidad. Sakuno amaba a Ryoma más de lo que pudiera expresar con simples palabras por eso pensar en olvidarse de él si la despreciaba era un hecho que despedazaría su corazón ¿Cuánto realmente la amaba Ryoma? ¿Qué tanto estaba dispuesto a sacrificar por ella?

Sakuno reconocía la personalidad de Ryoma cargada de orgullo, arrogancia y exceso de indiferencia por lo que no es de su interés. También el carácter de frialdad con el cual solía tratarla cuando decía odiarla, aquellos insondables ojos con llamas azules de fuego invernal que la hicieron temblar en más de una ocasión… no, no quería eso… Si pudiera estar segura que Ryoma estaría con ella sin importar quien era, tendría valor de sobra para seguir.

Podría entender Ryoma aquel concepto de amor siempre destacado en las novelas románticas, en donde aseveran que amar a alguien hasta el punto de ser capaz de entregar su propia existencia con tal de salvar a su ser amado. En eso sus temores fueron interrumpidos por un grato balbuceo infantil, alzó sus ojos carmín que escocían pronto a derramar un llanto y diviso a la mujer que sostenía a Ranko.

Recuperando gradualmente el control de sí, se percató que había caído de rodillas, que su pecho martillaba con ritmo incierto y todo su cuerpo temblaba en espasmos que la hicieron abrazarse con protección… Ranko, se repitió en su cabeza las veces que fueron necesarias para hacerla entrar en razón, no era momento de cuestionar ningún miedo por lo que podría suceder, sino de asegurarse que al menos su hija tuviera un futuro que vivir. Con aquel solo incentivo se paró revitalizada, haría lo que fuese para escapar.

-Señora, ¿se encuentra bien? – su tono urgente le decía que hace un rato le hablaba.

-Casi – murmuró intentando ponerse en pie y ordenar sus ideas.

-¿Necesita alguna cosa? – expresó con cierta amabilidad.

-Salir de aquí – afirmó Sakuno repuesta mirándola fijamente.

-L-lo siento – dijo la mujer bajando su rostro.

Sakuno resto importancia a esas palabras, pues toda su concentración estaba en acercarse a su hija para verificar su estado y darse la última bocanada de aliento. Con suavidad la acunó en sus brazos aferrándola con ternura en su pecho, enterró su rostro para exhalar aquella inocente fragancia y saber que Ranko era su fortaleza para enfrentar hasta al mismísimo demonio. Depositó un maternal beso en sus manitas y alzó su vista decidida a salir de allí.

-Ayúdame – anunció suplicante – solo dime como puedo salir de aquí… por favor.

-Se-señora – dijo revolviendo sus dedos nerviosa – no creo que sea buena idea.

-¿Acaso no sabes que me mataran una vez obtengan lo que quieren? ¿Piensas que quedarme aquí es buena idea? – haciendo un esfuerzo por ser convincente y a la vez enérgica como esa voz de mando que tanto Ryoma como Keigo usaban.

La mujer titubeo sin lograr refutar aquellos cuestionamientos sabiendo que si estuviese en su lugar haría lo mismo. Sakuno observó el cuarto con detenimiento buscando un punto flaco que indicara la debilidad de aquella fortaleza, un gran ventanal semicircular que abarcaba la mitad de la habitación y estaba protegida con un bello tramado de hierro, dando una vista panorámica a un simétrico jardín custodiado por un par de guardias, frunció el ceño decepcionada, aunque pudiese romper el cristal los impedimentos siguientes eran difíciles de sortear.

En el cuarto no existía ningún espacio franqueable, era una excelente prisión sin ser notoriamente una mazmorra, si deseaba escapar su única posibilidad era la puerta resguardada por un hombre tan imponente como lo era el mayordomo y eso sin considerar que el largo pasillo era una vía interminable a la sala principal. Necesitaba ayuda o sus opciones serían nulas.

-Por favor – rogó con ojos vidriosos – debo salir de aquí.

-Señora

-Si al menos pudieras distraer al guardia – suplicó, imaginando una brecha para huir – nadie te culpara, solo dime como encontrar la salida.

-Es peligroso – afirmó la mujer – al terminar el pasillo se encuentra un grupo de guardias, no podrá escapar. Será mejor que acepte…

-¿Acepte? – farfulló con desgano – Me pides que acepte ser asesinada junto a mi hija ¿Tú lo harías? – la mujer bajo su rostro avergonzado por tal propuesta – Quiero salvar a mi hija.

-Hay una forma – murmuró cabizbaja no soportando la mirada angustiada de Sakuno – hay una manera que pueda huir.

-¿Cuál? – exigió esperanzada de ver una alternativa – por favor, dime.

-Este castillo esta lleno de pasadizos secretos, a veces los empleados debemos escabullirnos por esos lugares para no molestar al jefe – comentó con voz tenue – pero si entra en uno de ellos podría perderse.

-Dime por cual entrar y comos salir del castillo – se acercó con paso firme decidida a todo.

-Ve aquel espejo – apuntando a un costado de la entrada se veía un ovalo de cristal de cuerpo entero, enmarcado con un borde de bronce en color dorado – es una puerta que la llevara directo a la parte de atrás del castillo, cerca de los depósitos de basura. Solo tiene que ir en línea recta y jamás doblar, todo en completo silencio, por que esta no es la única entrada y podría ser oída desde otras habitaciones.

-Entiendo, gracias – sonrió Sakuno – no te preocupes, si necesitas algo de mí…

-No hay problema, usted me cae bien y la pequeña es una hermosura no se me hace justo lo que el señor quiere hacerle – respondió sincera – Tiene que irse ya, en poco podrían venir por usted. Una vez yo salga del cuarto fingiré que necesito ayuda del guardia para alejarlo unos pocos pasos y no se percaté de su escape.

La mujer se apresuró a enseñarle a Sakuno como abrir la puerta oculta y como debía seguir su recorrido dándole detalles para que no fuera a perderse, le afirmó que no era complicado si solo caminaba recto fijándose en un camino de piedras que adornaba el techo. Urdiendo todo el plan se preparó para arrancar junto a su hija, la cual envolvió perfectamente en una manta rosa, para felicitarles el viaje. Agradeció a la mujer prometiéndole que si lo deseaba podría ir por ella en busca de ayudar o lo que fuese.

El tiempo había pasado de prisa y una vez lista se aprestó a salir por aquel espejo, que en una punta del borde dorado tenía una cresta que al empujarla hacia la pared emitía un crujido como si hubiese girado una llave. Aplicando un poco de fuerza consiguió que la puerta se abriera dejando ver un largo camino con poca visibilidad y si no fuera por la urgencia jamás se habría aventurado por ese tenebroso sitio.

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Ryoma sentía la desesperación desbordarse en su interior por cada minuto transcurrido sin saber de Sakuno y su hija, no confiaba que Atobe tuviera buenas intenciones o que buscara una especie de acuerdo, conocía que era un hombre de ambiciones desproporcionadas dispuesto a hacer lo que fuese por obtener lo que deseara y eso habría quedado de manifiesto al atreverse con frialdad calculada a matar a su propio abuelo con tal de convertirse en el líder de la Hyotei.

De mala gana había aceptado seguir las órdenes de su padre y ahora se encontraba viajando junto a su hermana al famoso castillo Atobe, en compañía de toda una cuadrilla, entre ellos su primo con sus mejores hombres y Tachibana comandando a la Fudomine. Sin expresarlo agradeció el apoyo, así él se podría concentrar en buscar a sus dos preciadas mujeres. Escuchaba el interminable parloteo de Ryoga que insistía en confirmarle como se desempeñaría, pero sus palabras no lograban tocarlo.

Ryoga sabía que su hermano no oía ninguna de sus ideas y eso lo comprobó cuando con burlones dichos le afirmó lo mucho que disfrutó acostarse con Sakuno, a lo cual Ryoma solo emitió un ligero gruñido de aprobación. No podía culparlo si los pensamientos del oyente viajaban muy lejos del presente, estaba invadido por sentimientos sofocantes que presionaban su pecho de forma dolorosa casi al punto de sentir que su músculo de vida se desgarraba.

Por mucho que no deseaba imaginar escenas pesimistas y destructivas su mente se empeñaba con arrebatarle de escenas en donde Sakuno no volvería a su lado, en que su vida quedaba vetada de la presencia de la fémina que fue capaz de robar su amor y que solo lo esperaba una existencia solitaria en las profundidades de sus tenebrosas pesadillas. El lo sabía, Sakuno junto a su hija se habían transformado en el motor de su vitalidad, en lo que permitía que su persona descansara sereno por las noches y despertara satisfecho por las mañanas.

¿Cómo vivir sin lo que daba luz a su oscura existencia? Jamás lo admitiría públicamente, pero tenía certeza que no tenía caso seguir viviendo si aquellas dos personas no estaban a su lado. Si hubiese tenido elección y conocimiento de esto, hubiese puesto toda su fuerza de voluntad para impedir que Sakuno tuviera tanto influencia sobre su persona, era mejor nunca haber profesado aquel sentimiento a tener que sufrir por amarla en exceso. Fue demasiado arrogante e ingenuo al pensar que podría controlar sus emociones con tanto cinismo y facilidad, convenciéndose a sí mismo que su deseo sería satisfecho sin mayores consecuencias.

Sakuno se había transformado en la absoluta fortaleza y debilidad que gobierna su vida, sin proponérselo le había robado la clave para derrumbarlo al infierno y alzarlo al cielo al mismo tiempo en un solo instante, desconociendo su poder. Lo que nunca imaginó que le ocurriría ahora era el pilar de su existencia, su amor por Sakuno era un sentimiento irrefutable, irrevocable e imperecedero y lo peor de todo era que no se arrepentía de sentir aquella emoción tan opuesta a su habitual indiferencia.

-¡Hey! Chibisuske – lo remeció su hermano – ya estamos aquí y al parecer nos estaban esperando.

Le señaló un grupo de hombres en la entrada que se notaban alistados a impedir su ingreso. Ryoma al divisar la residencia se tensó por completo y tuvo deseos de corres sin considerar el peligro, era bueno que estuviese ahí su hermano para detenerlo ya que ser cubierto por una lluvia de disparos no conseguiría nada. Intentó poner atención a las palabras de Ryoga, sin embargo, su mente parecía inepta para cualquier información que no fuera rescatar a Sakuno.

-Ya veo que es inútil hablar contigo – murmuró, meneando la cabeza – no pensé que vería el día en que mi hermanito se transformara en un idiota enamorado.

-¡Ryoga! Ya esta todo listo – dijo Kintarou acercándose a ellos con una reluciente sonrisa como si fueran a una fiesta en vez de un enfrentamiento – La Fudomine entrara directo por el portón principal, eso servirá para sorprenderlos al menos un instante.

-Correcto. Entonces, nosotros – refiriéndose a los de Seigaku – nos dirigiremos por el costado entre el bosquecillo y ustedes se quedaran a darnos apoyo desde afuera.

-Yo preferiría ir con ustedes – reclamó Tooyama en tono infantil – sería más emocionante.

-Kintarou-sama, sabe que nosotros solo podemos ser un apoyo – interrumpió Shiraishi.

-Kinta, él tiene razón. Sabes de sobra que tu responsabilidad esta primero con la Shitenhouji y así como mi viejo tienes que velar por tu seguridad – afirmaba Ryoga compasivo.

-Koshimae – rezongó su primo – yo quiero ir contigo.

-¡Ryoma! – exclamó su hermano cuando lo vio alejarse – ustedes hagan lo suyo.

-Pero…

Lo voz de Kintarou fue acallada cuando en la entrada principal se abrió la contienda y rápidamente todos tomaron sus puestos con diligencia militar. Los hermanos Echizen junto a un grupo de sus mejores hombres se aventuraban por el bosquecillo de cerezos, que gracias a la intromisión de la Fudomine había quedado sin vigilancia. El objetivo de este grupo era avanzar hasta el mismísimo castillo y enfrentarse de lleno con la cabecilla y sus aliados traidores.

-Escuchen, ustedes acaben con cualquiera de la Hyotei, pero aquellas ratas traidoras son mías – haciendo referencia a Fuji, Kaouru y Tezuka – En cuanto a Atobe… lo quiero suplicar por su vida.

-Sí, señor.

-Ryoma, solo preocúpate de hallar a Sakuno y Ranko no malgastar tiempo en peleas absurdas, de eso me encargo yo – le dijo a modo de advertencia, sabiendo que su hermano no dejaría pasar la oportunidad de enfrentarse a Atobe.

Ryoma lo miró con desdén aunque deseó hacerlo con indiferencia tenía un conflicto de interés que taladraba su mente en lo que debía y quería hacer. Por supuesto, encontrar a Sakuno e hija era su prioridad, pero la idea de buscar a Atobe para retorcerle el cuello era un pensamiento demasiado tentador, tenía la necesidad de descargar su furia con alguien y que mejor que ese sujeto, por otro lado, si se topaba con uno de los traidores tampoco era malo.

Prácticamente no tuvieron dificultad de llegar al castillo con uno que otro individuo insignificante que les hizo frente. Lograron reducir a los guardias de la entrada que estaban desprevenidos, al ni siquiera imaginar que los enemigos hubiesen sobrepasado la entrada. No obstante, aquella facilidad de acceso inquietaba a Ryoga y le causaba cierta desconfianza, conociendo la fuerza de la Hyotei le parecía extraño que no tuvieran mucha resistencia, si hasta parecía que los guardias no eran más que novatos.

-Algo no anda bien – afirmó una vez entraron en el salón – creo que… ¡Qué exasperante!

-Ryoma-sama – le llamó Eiji - ¿piensa que esto puede ser una trampa?

-No lo sé – musitó – es como si hubiéramos llegado demasiado tarde.

-¿Qué quieres decir? – cuestionó Ryoma sintiendo esa palabra como un puñal en las entrañas.

-Será mejor que nos demos prisa – anunció Ryoga no dispuesto a dar mayores explicaciones – Tengo un mal presentimiento. Eiji ve con un grupo a la parte de atrás y asegúrate que limpien bien la basura.

-Sí, señor – emitió Eiji saltando sobre un sillón para cortar camino - ¡A limpiar se ha dicho!

-Ryoma, tú…

-Yo iré por allá – caminando hacia la escalera que subía a la torre.

-Ok. Entonces yo buscaré por este sector.

Las palabras de Ryoga solo provocaron desazón en su hermano que sentía como caminaba por una densa neblina, el único sonido que escuchaba eran los retumbantes latidos de su corazón. ¿Qué le sucedía? Olía el peligro que no podía dilucidar dónde caería, quizás fue la voz inquieta de Ryoga que le había menguado su seguridad.

Sakuno… Ranko… Necesitaba encontrarlas y aferrarse a ellas para reconocer que estaban junto a él, subía a toda prisa las escaleras de piedra en un interminable camino de caracol, no sabía por que escogió aquel camino, probablemente, por imaginar que una princesa siempre es encerrada en lo alto de una torre. Al final una única entrada que se hallaba entre abierta y por un segundo temió cruzarla, como si de repente una escabrosa visión le advirtiera que su peor pesadilla se viera reflejada tras esa puerta.

Sacudió su cabeza espantando las absurdas ideas reprendiéndose por su actitud cobarde y pesimista, carente de suavidad pateo la puerta para usar el factor sorpresa a su favor, empuñando su arma recorrió cada recoveco de la amplia habitación sin encontrar señales de ninguna persona. Entre alivio y desesperación al no ver a Sakuno, pero con decisión se dirigió al escritorio para indagar por alguna pista y logró dar con los documentos que anteriormente le habrían enseñado a Sakuno.

En una ojeada superficial consiguió comprender la finalidad de las intenciones de Atobe y esos documentos tan elocuentes, saber que aún no eran firmados lo calmo un poco… Sakuno todavía era necesaria para Atobe, debía encontrarla. Un ruido a sus espaldas lo hizo voltear alerta y al instante apuntó su arma a cualquier peligro.

-Echizen, así que has venido – la inconfundible voz de Tezuka.

-¿Dónde está Sakuno? – ignorando sus ganas de combatir con él.

-Es tú deber encontrarla – expresó con la superioridad de un adulto – aunque puede ser demasiado tarde – su tono fatalista provoco que una fría corriente atravesara las venas de Ryoma.

Ryoma lo desafió con la mirada sin dejar de apuntarle directo al pecho, por alguna razón sentía cierto respeto por el hombre que una vez fue la mano derecha de su abuelo. Tezuka solo lo observaba impertérrito despojado de cualquier tipo de emoción, probablemente, estaba convencido que no sería capaz de matarlo, aunque no eran amigos en algún momento de sus vidas habían sido cercanos como una especie de alumno y maestro, vínculo que desapareció cuando el abuelo de Ryoma murió.

-Si vas a disparar deberías hacerlo ahora – lo miró confiado como si hubiese leído los pensamientos vacilantes de su contador.

-Quien peleara contigo seré yo – la interrupción de Tachibana los sorprendió.

-No estoy hablando contigo – afirmó con tono desinteresado.

-Pero yo sí – vociferó con desdén acumulando desde tiempo – Ryoma-sama, usted busque a la señorita Sakuno, yo me encargo de este bastardo – anunció con cierto satisfacción.

Por unos instantes Ryoma asimiló la situación hasta que unos disparos lejanos lo hicieron reaccionar, su misión como había dicho su hermano era rescatar a Sakuno y Ranko. Olvidándose de sus deseos de matar a Tezuka confió en Tachibana y salió ignorando lo que ocurriría en aquel cuarto una vez fuera. Al bajar un estrépito sucumbió tras sus espaldas… la lucha entre aquellos dos rivales había comenzado.

Caminó por todo el largo, ancho y alto del castillo buscando con desespero cualquier rastro de Sakuno, pero nada daba señales de ella ni de su hija y ahora que lo meditaba la presencia de Atobe también estaba ausente. Se había topado con varios de sus hombres y hermano que a su vez le indicaron que lo único que encontraban eran escasos guardias y sirvientes ¿Qué estaba sucediendo? Entonces las palabras de Tezuka invadieron su mente "aunque puede que sea demasiado tarde".

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Sakuno cruzo un umbral tras unos arbustos florecidos que la ocultaban levemente, gracias a las certeras indicaciones de la mujer y a su inusitada concentración y dirección logró llegar fuera del castillo. Se permitió unos minutos de alivio para respirar aire fresco y estabilizar el palpitar de su pecho alterado, se aseguró que la pequeña estuviese bien y así comenzó a distinguir su alrededor.

El sol ya estaba en lo alto bañando intensamente con su manto de llamas ardientes, sorprendente a principios de la primavera, los árboles entregaban una grata sombra formando difusas imágenes sobre el suelo, aquella calmada escena le permitió sentirse triunfadora casi convencida que ya estaba segura en su casa. Se reprendió por su confianza carente de fundamento, aún no había escapado del territorio de su primo que irónicamente también le pertenecía.

A lo lejos se escuchaba un gran alboroto e imagino que su desaparición ya había sido descubierta, eso la alertó y se preparó para continuar. Como le hubo dicho la mujer debía ir por el costado de los arbustos con flores lilas, que la llevaría hacia una puerta poco transcurrida que solía ser usada por los sirvientes y que rara vez era custodiada, por ser tan insignificante. Sentía sus piernas temblar y el fuerte palpitar de su pecho causándole difícil la tarea de respirar, que debido al persistente calor aumentaba la dificultad.

Cada vez más alterada, cualquier pequeño ruido la hacía saltar y cada paso era un susto de muerte. Si tenía algo de fortuna lograría cruzar el jardín sin ser vista, pero si ya se percataron de su huída las cosas podrían colocarse más tenebrosas que el infierno, convencida que Atobe no perdonaría su osadía y el solo imaginar su ira la hizo tropezar con sus piernas, por un pelo no cayó y alcanzó a sostenerse en una rama rasgándose la manga.

-¡Gracias al cielo! – pronunció al verificar que su hija permanecía ausente del peligro a pasos de la salida – Sigue durmiendo, pequeña. Pronto podrás descansar en tu cuna.

-Lo dudo – una voz sardónica que paralizó hasta el más mísero de sus músculos - ¿Pensabas huir, princesa?

-F-fuji-san – balbuceó cuando sus ojos se encontraron.

Volteó con la sutileza que habría tenido un robot mecánico, sus ojos no pudieron ser más expresivos al demostrar el terror que le producía ver a Syusuke, fue un instante en que creyó que su corazón había dejado de palpitar y de no ser por el calor desprendido por Ranko habría sucumbida al pánico, dejándose derrumbar por sus tambaleantes piernas que no soportarían mucho más su peso. En aquella milésima de segundo distinguió la sádica sonrisa en el rostro de Fuji, unos abiertos ojos azules que anunciaban la dicha de su escape como si le hubiese dado la oportunidad de su vida.

Fue un tormentoso momento que Sakuno divisó ante sus acuosos ojos los frágiles hilos rojos de la vida, solo bastaba un leve corte para no volver a ver la luz del día y peor aún nunca más disfrutar de lo que Ryoma le daba. Observó a su hija con pesar y culpabilidad, es su desesperación rogó por que perdonara su torpeza, cobardía y fracaso, pero también por no haber sido capaz de regalarle una vida mejor. Un "algo" en el semblante de Ranko que parecía relumbrar casi cegando su vista, la animó atiborrándola de valor y atrevimiento… Tienes razón, no puedo darme por vencida, no ahora.

-Si estas pensando escapar, olvídalo – anunció Fuji como leyendo los fugaces pensamientos – no volverás a salir de este castillo.

-Si le… ruego que me… deje ir – decía con dificultad y nerviosismo apretando los puños sin dañar a su hija - ¿Me lo permitiría? – su desilusión fue patente ante la negativa en los ojos de su opresor - ¿Por qué… hace esto? ¿Es dinero? ¿Qué?

-Mis razones no le incumben y nada de lo que diga servirá.

-Yo no firmaré, aunque me obliguen – quiso parecer imponente, pero la sonrisa divertida en Fuji la desmoronó – no pueden forzarme.

-Asumo que fue aquella ingenuidad lo que deslumbro a Echizen – expresó pensativo y con aire pícaro – Creo que fue bueno haber permanecido lejos de tu encanto. Pero estás equivocada si crees que no podemos obligarte.

-No lo permitiré – aseveró con labios temblorosos.

-Existen muchas maneras de convencerte – dijo mirando el bulto entre sus brazos con perverso interés – Sin embargo, yo tengo una mejor idea y es menos problemática.

-No dejaré que la toquen – aferrándose a la pequeña con la ferocidad de una leona a sus cachorros.

-Cuando estés muerta no podrás impedirlo – afirmó satisfecho como si estuviese viendo su triunfo.

-Si me mata… también, pierde. Mientras no firme…

-Jajaja… realmente eres tan ingenua – provocando un sonrojo intenso como la grana en Sakuno – Es cierto que no podrás firmar, pero sabes ese no es la única forma de validar esos papeles.

-¿Q-qué dices? – musitó con temor al ver esos ojos exultantes.

-Solo necesito que coloques tu huella digital y todo arreglado – dijo con clara intención de retarla a contradecirlo.

-E-eso… tampoco lo tendrá – retrocedió unos pasos algo perturbada.

-No te preocupes, solo voy a requerir que me regales tu pulgar – anunció como si se tratase de obsequiarle un insignificante cabello – vez, no es tan complicado, primero te mato, luego corto tu dedo y todo terminara bien.

-E-en… entiendo – murmuró cabizbaja en una pose derrotista.

Sakuno sabía que no podía hallar una salida con facilidad y era seguro que su decisión arriesgaba más de lo que debía, pero estaba atrapada con el agua hasta el cuello y en cualquier instante dejaría de respirar, una sensación asfixiante como para ignorarla. Entonces, ¿qué podría ser peor? Cualquier cosa que hiciera valía la pena por su hija, de todos modos quedarse allí parada no la salvaría de la muerte que Fuji pronosticaba para ella. Su única salida era luchar.

Observó el lugar buscando con ojo escrutinio un espacio seguro donde poder resguardar a la dormida Ranko, besó suavemente su frente y murmuró dulces palabras acompañada por unas débiles gotas de sal, que se apresuró a secar de su contorsionado rostro. Se alzó y tomó su cabello para formar una larga trenza que después de enrollarla, la sujetó con una banda elástica. Se paró a unos metros de Fuji – quien la miraba interesado – sin intimidarse se enfrentó con postura desafiante como toda una guerrera.

-¿Qué pretendes? – dijo con ojos incrédulos y algo de diversión al notar su atrevimiento - ¿No pensarás luchar conmigo?

-¿Y por qué no? – con un tono asombrosamente seguro, aunque sentía como su cuerpo tambaleaba.

-Sabes que no tienes oportunidad contra mí – afirmó casi con piedad al estar convencido que no tardaría más que un suspiro en cortar su frágil existencia.

-Si de todas… formas me va a matar… ¿qué importa? – expresó alzando sus hombros como si no le afectara aquel desenlace.

-Eres atrevida – aseveró con una obscena sonrisa – está bien, si quieres pelear… acepto.

-Bien – dijo tragando con dificultad.

Al notar la postura de combate de Fuji toda su valentía pareció evaporarse sin remedio, la lucidez comenzaba a empañar a su atrevimiento y comenzó a cuestionarse ¿Qué rayos estaba pensando? ¿Es que acaso tenía instintos suicidas? Ni con toda la suerte del universo completo sería capaz de herirlo, si es que antes no la mataba. Casi podía ver como de un solo golpe la dejaba lista para el otro mundo. Una brisa fue el anunciante que no había vuelta atrás, era hora de hacer lo que fuese aunque fuese un total disparate.

Sakuno miró una vez más a su hija para echarse a correr contra su oponente, en escasos segundos arremetió con todo lo que aprendió con Kintarou y Ryoma, pero no tardo mucho en darse cuenta que era como una niña queriendo derrumbar a un gigante, la frustración iba en ascenso y no hallaba manera de siquiera arañar esa fastidiosa sonrisa. Estaba tan furiosa al ver realzada su impotencia que de súbito se detuvo y con los ojos acuosos abofeteó a Fuji, marcando su palma con rencor.

-Eso no me lo esperaba – emitió bastante sorprendido, mientras se sobaba la mejilla enrojecida – Ya te has dado por vencida, veo que has recuperado la cordura.

La mano de Sakuno temblaba y ardía por aquel arrebato que a claras luces solo divertía a su rival, empuñó sus manos a cada lado para tratar de recuperar la calma, lo sabía desde el inicio era evidente que no tenía ninguna posibilidad contra ese sujeto. ¿Pero qué más podía hacer? Quedarse como un buen cordero a la espera de ser degollado… de seguro esa era la peor de las opciones.

-No te enfades, princesa – le susurró cerca de su rostro con tono insinuante para amilanarla – Todavía me gustaría divertirme un rato más contigo.

-N-no… es gracioso – refutó cabizbaja casi mordiendo las palabras – esto… no es… un juego.

-Lo sé – peinándole un mechón suelto que caía por su frente – Pero no crees que así puede ser más entretenido, si te hubieses dado por vencida en un principio me habría significado un enorme aburrimiento. Por que no hacerlo…

-¡Cállese! – chilló irritada al darse cuenta que Fuji solo se mofaba de ella – Yo… no estoy… jugando – alejándose unos pasos para evitar el contacto directo y poder atajar el llanto que estaba pronto a estallar.

No deseaba parecer una niña llorona que al primer tras pie corría asustada en busca de ayuda y la rabia que sentía al ver que su oponente disfrutaba de esto como si fuera un espectáculo circense era el colmo, sobre todo por que para ella era un asunto de una inconmensurable importancia, tanto su vida como la de su hija estaban colgando de un tan delgado hilo que al mínimo esfuerzo sería cortado. No estaba en Sakuno profesar sentimientos de odio hacia ningún ser humano, por mucho que lo mereciera, pero para su asombro era la única palabra posible para describir lo que Fuji le hacía sentir.

-Admiro tu determinación. Por tanto, te concedo mi más sincero respeto – dijo con voz enronquecida, aunque esa declaración solo le hizo estremecerse al notar la connotación de seria gravedad – Así que desde ahora pelearé en serio ¿Te parece? – abriendo sus ojos azules como desafío – Fue un agrado conocerte y no te preocupes por tu hija, nosotros nos encargaremos de ella.

No pudo siquiera pensar en el significado de la última frase, pues Fuji avanzó con presteza hacia su persona y con un certero golpe en el vientre la mandó lejos, directo a comer polvo. La caída fue violenta y dolorosa, dejándola un tanto aturdida y con las manos raspadas cuando intento sostenerse. Se puso de cuclillas para ir poco a poco estabilizándose, su respiración se tornó forzosa y su cuerpo pareció no responder.

-Vamos, princesa. No te darás por vencida ahora – emitió mordaz, mientras contemplaba a su victima con deleite - ¿Quieres que te ayude a pararte? – dijo en tono amistoso, pero claramente en sus ojos se veía la diversión de verla opacada.

-N-no – dijo ya casi de pie y con su orgullo sangrando al saberse una completa inútil.

Limpió su rostro algo empolvado y manchado con una leve línea roja, se atrevió a volver a mirarlo con una mezcla inconfundible de emociones, un odio por querer que en ese mismo instante cayera muerto y a su vez el inmenso miedo que reflejaba su tembloroso cuerpo. Era como esperar que de golpe un rayo cayera sobre una montaña, pero con la certeza que un cálculo fallido significaría que aquel estruendo caería sobre ella. Las probabilidades que todo eso ocurriera eran ínfimas y de ser posible, en un día tan soleado como hoy, imposibles.

Sakuno sentía el temor correr por sus venas a una velocidad vertiginosa, con la habilidad absoluta de quemarle cada célula de su cuerpo. El aire casi no alcanzaba a llegar a sus pulmones, mientras su corazón estaba al borde del colapso de tanto martillar contra su pecho y que decir del maltratado cuerpo que con un solo golpe no parecía tener la fuerza para volver a sostenerse.

Un ligero rezongo de la pequeña Ranko sirvieron para avivarle el deje de coraje que aún no perdía para tener el valor de saltar acantilados, con energía renovada y esperanza en que la suerte algún día debía estar de parte suya se aventuró a la pelea. Lo que pudo haber sido un minuto entero, no fue más que un lapso insignificante de tiempo en donde ni siquiera uno de los manotazos de Sakuno llegó a su oponente, y solo basto un puñetazo en su estomago para hacerla derrumbarse sobre sus piernas.

-Lo siento, princesa, pero el juego acabó – sentenció con frialdad – Debo decir que has sido la contrincante más bella con la que me he cruzado…

La única respuesta de Sakuno fue una sofocada tos, mientras se retorcía del inmenso dolor provocado por los dos golpes. Se sintió acalambrada, asfixiada y a punto de perder la conciencia… realmente, Fuji la tomó en serio… pero, no puedo morir… no… mi hija… Ryoma… Las lágrimas invadieron su visión y nada del discurso maléfico de Syusuke llegó a sus oídos.

El pánico comenzaba a bloquear sus sentidos con lentitud, cada segundo la despojaba de un gramo de cordura… Ryoma… Ranko… Ryoma… repitió una infinidad de veces en su cabeza, deseaba que al menos sus rostros fueran su última imagen, se abrazó a sí misma tratando de evocar el calor de ellos cuando estaban en contacto con el suyo… Te amo, Ryoma, Ranko… Si solo pudiera verlos una vez más.

Un leve chasquido le hizo suspirar entregándole un rayo de lucidez y reconocer entre sus dedos que aún tenía el arma que Kintarou le había dado, eso era una pequeña luz esperanzadora en medio de las perturbadoras tinieblas, de reojo miró a Fuji que sonreía satisfecho, apuntándole con un amenazador revólver. Sakuno se paralizó en el acto y todo a su alrededor se transformó en un tenebroso silencio, como si fuera el preludio de una tragedia memorial.

-Princesa, ha llegado tu hora – le sonrió exultante e hizo girar el seguro.

-N-no… lo creo – dijo al instante que alzó su arma casi a ojos cerrados y sin pensarlo apretó el gatillo.

Un ruido que atravesó el mutismo de la escena primaveral, trayendo de vuelta el sonido normal de la naturaleza, el revoloteo de los pájaros, el susurro fresco del viento y el suave balbuceo de su hija. Solo fue una fracción de segundo para que Sakuno reaccionara y se atreviera a levantar la vista, miró con temor, ante ella una mancha carmesí se expandió por el estomago de Fuji.

Con los ojos desorbitado y claramente absorto por el inesperado giro, se palpó perplejo el sito que se teñía a muerte, Fuji aun sin creerlo notaba como sus manos eran humedecidas por aquel líquido de vida que con rapidez alarmante escapaba de su cuerpo. En un agónico movimiento enfrentó a Sakuno, gruñendo algunas palabras incomprensibles y clavando sus ojos con odio palpable la apuntó con vehemencia, afirmándole que no sería el único en irse al infierno o a donde sea que se fueran.

Imposibilitada de moverse, intentó volver a manipular su arma entre sus dedos tiritones que parecían recién salidos del hielo. Fue tal su desesperación que dejó caer su última esperanza y un sonoro disparo retumbó en sus oídos, con la sonrisa enmarcada en el rostro de Fuji. Las gotas de dolor corrían por sus mejillas al tiempo que veía como aquel hombre se derrumbaba sobre ella y ambos yacieron inmóviles bajo aquel infernal calor.

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Ryoma que había recorrido el castillo con precisión milimétrica, revisando aquel vejestorio de hito a hito sin dejar de ver ningún recoveco disponible a sus ojos, se sentía cada vez más exasperado al no hallar ni la más mínima señal de Sakuno e hija como si jamás hubiesen estado allí. Por más que Ryoga le insistió que no estaban por ninguna parte y que era mejor irse para continuar la búsqueda en otro lado, Ryoma se negaba a ceder... llámese intuición o lo que sea, no se iría hasta levantar cada piedra si fuese necesario.

El hecho que ellas no estuvieran allí y que coincidentemente Atobe tampoco estuviera en el castillo, era sin duda un pésimo augurio. Y justo en el momento que pensaba retomar la inspección en contra de los dichos de Ryoga, recibió una llamada de Kintarou que lo obligó a replantearse sus deseos y hacer caso a su hermano para volver a la entrada. La voz preocupada de su primo y la urgencia de sus palabras lo hicieron desistir de dar otra repasada al lugar.

Atravesando aquel majestuoso portón de hierro forjado como si fuera su propia casa, se veía a Ryoma avanzar a trancos retumbantes hacia su primo, quien lo esperaba con una postura enhiesta tal cual una estatua de piedra en el parque, su expresión era indescifrable y eso provocaba que Ryoma no supiera a que atenerse exasperándolo al máximo. Solo las escasas palabras de Kintarou que en sí nada decían "Koshimae, tienes que venir rápido a la entrada, hay un gravísimo problema" y luego corto sin darle chance de preguntar razones.

Al ir aproximándose a donde estaban reunidos sus hombres y con la desagradable presencia de Ryoga que venía reclamando por el bastardo de Kaoru que lo había herido, aunque no era grave insistía que se estaba muriendo. Ryoma concentraba toda su atención en tratar de leer la mirada de Kintarou y agudizando sus sentidos una incierta preocupación en esos ojos de tono grisáceo siempre llenos de alegría le hicieron detenerse.

-Ese cobarde de Atobe escapó – vociferó enervado Ryoga – seguro fue alertado de nuestra presencia.

-Tooyama – interrumpió Ryoma deseando que la angustia no se notara en su voz.

-Koshimae… verás – musitó nervioso – lo que pasa… es que Sakuno… Lo siento, Koshimae – dijo agachando su rostro con pesar sin tener la fuerza para más palabras.

Sakuno… ¿Qué le paso a Sakuno?... de pronto esas palabras adquirieron el dramático tono de fatalidad en su mente, fue un segundo en que su vida se paralizó y no consiguió decir ni expresar absolutamente nada, solo permanecer de pie mirando hacia un punto indefinido y vacío. Era imposible moverse cuando dentro de su cuerpo un torbellino avasallador arrasaba con cualquier atisbo de cordura, sentía que cada parte de su existencia se rompía con dolorosa precisión y toda calidez de sentimientos era consumida por el hielo que comenzaba a dominar sus venas.

Para Ryoma fue el principio de una nueva era glacial alrededor de su corazón, músculo indiscutible del nacimiento de sus sentimientos, ahora entrando en una etapa de petrificación sempiterno por que nunca más tendría la capacidad para dejar que aquellas doloras emociones volvieran a reinar en su vida. Si el destino se empeñaba con apartar a Sakuno de su lado, él perdía cualquier posibilidad de ser un hombre apto para entregar amor, sólo perdida y desolación corría por su cuerpo.

Cuando descubrió lo mucho que significaba la luz de la sonrisa de Sakuno para él, se dio cuenta que su oscuridad interna era perturbadora y sofocante al punto de no importarle en lo más mínimo si estaba destinado a morir joven. Debido a su temeraria actitud se había convencido que esa posibilidad era tan real y próxima que lo tenía completamente asumido, así que no se reprimía nunca a enfrentar el peligro.

Pero todas sus teorías se derrumbaron cuando Sakuno apareció ante él, aunque nunca imaginó que llevarla a su casa esa noche implicaría el estallar de sus emociones dormidas. Cuando la vio a la luz del día, no dejaba de ser una mujer insignificante con una belleza común que en ningún caso habría volteado a verla o para ser más exacto ni siquiera la habría notado. En ese momento solo era una fémina cualquiera que sin duda no tenía ni el más leve poder para afectarlo.

No obstante, por algo que no sabría explicar sus deseos se inclinaron a tener que molestar y discutir con ella por las razones que fuesen, aunque insistía en acusarla de haber matado a su abuelo y de un sin fin de cosas más, en el fondo sabía que eso era imposible y absurdo. A simple vista era fácil deducir que Sakuno era una mujer incapaz de hacerle daño a nadie, pero Ryoma sentía un impulso descontrolado por querer provocarla y obligarla a que se enfrentara a él.

Sobre todo, cuando se dio cuenta que Sakuno poseía un poder desconocido que de cierta forma logró inquietarlo. Aquella mañana cuando permitieron que ella volviera a su casa luego de esa fatídica noche, Ryoma estaba furioso por verse obligado a protegerla y no encontraba cabida a sentirse aún más enfadado por que ella se marchara, era un sentimiento de perdida extraño que se coló en su mente para perturbar su equilibrio ¿Por qué deseaba que aquella mujer no se fuera?

En aquellos días intentar entender sus propias emociones hacia Sakuno era imposible, se sentía tan amenazado con la sola presencia de ella que lo mejor era acusarla de cualquier problema, aunque fuera un acto propio de un infante. Pero todo cambio cuando reconoció aquella dulce sonrisa, una luz intensa que desbordaba de ella con tanta calidez que logró atravesar su glacial corazón ¿Cómo había atravesado esa eternal frialdad?

Ya no importaba el cómo ni el cuándo, era inservible cuestionarse los motivos en el momento en que su vida se derrumbaba por haber permitido que aquellos sentimientos se adueñaran de sí. Todo a su alrededor dejo de tener valor, sus sentidos no reaccionaban a ningún estímulo, percibía como su hermano y primo intentaban comunicarse con él, no oía en medio del alboroto, no sentía calor a pesar de estar bajo el intenso sol, solo un hielo punzante que invadía cada espacio de su cuerpo.

El sofocante calor se reflejaba en el pavimento en ondas transparentes que parecían hervir y distorsionaban las formas en su paso, todo era una amorfa escena de indescifrables líneas. Entonces, entre esa desfigurada imagen, una silueta tambaleante se aproximó a Ryoma que a cada paso permitía que sus contornos le fueran familiares, era una sombra que contrastaba con la luminosidad del día… ¿Eres tú?

La radiante sonrisa de Sakuno destruyó hasta el más rebelde de sus temores y derritió al instante cualquier espacio de hielo en su interior. Era ella, su Sakuno, quien cargaba un bulto que de inmediato asumió como su hija, no pudo reprimir el acto impulsivo de su corazón al saltar colérico cuando reconoció su fuente de energía, su impresión al verla caminar hacia él, lo petrificó por completo ¿Era una ilusión debido al calor? ¿O era un espejismo de sus propios deseos?

Tuvo que darse unos segundos para analizar la silueta de sus sueños, temía moverse y descubrir que era solo una fugaz imagen de esperanza. Allí estaba frente a él, Sakuno con sus cobrizos cabellos hechos una maraña colosal a juego con sus ropas, que más bien parecían harapos de pordiosero y en ese minuto diviso el mayor de sus temores. Una mancha marrón que cubría gran parte de su abdomen… ¿Estaba herida, otra vez?... Busco sus ojos para hallar respuesta, los rubíes de intenso brillo dejaron caer cristales perlados por sus pálidas mejillas, desbordando sin control hasta la curvatura de su boca.

-S-sakuno – murmuro Ryoma, alzando una mano como para tocarla - ¿Estas…her…?

-R-ryo… - sus labios resecos se entreabrieron con pesar.

-Koshimae – interrumpió Kintarou – Ella esta bien, solo esta un tanto aturdida con todo lo que ha pasado. Gracias a que Kamio llegó a tiempo, el bastardo de Fuji no logró herirla. Esas manchas de sangre no son de ella, quedo así cuando Fuji cayó muerto y Sakuno-chan debido a la impresión se desmayó, pero esta bien y Ranko igual. Ya no tienes que preocuparte.

Ryoma giró hacia aquella conocida voz, algo confuso lo miró haciendo un esfuerzo enorme por asimilar la información. Al darse cuenta de lo ocurrido su corazón comenzó a trabajar a ritmo normal, fue como si al saberlas sanas y salvo el oxígeno indispensable para respirar tuviera de nuevo acceso a sus pulmones. Volvió a fijarse en Sakuno que permanecía torpemente frente a él y sus ojos opacos lo miraban como pidiéndole algo, una respuesta… Sus ruegos no podrían haber sido más audibles para Ryoma que comprendió la pregunta entre sus sollozos.

-Sakuno, todo acabo, ya nadie les hará daño – afirmó con esa voz de mando inconfundible.

-Q-que… bien – balbuceó esbozando una esplendorosa sonrisa.

Sakuno acortó la distancia entre ellos, levantó con manos temblorosas a su pequeña hija e incitó a Ryoma a que la recibiera. Un tanto confundido y emocionado por tenerlas a las dos accedió a tomar en brazos a Ranko y en ese mismo minuto el cuerpo de Sakuno colapsó, derrumbándose de lleno sobre su amado Ryoma. El agotamiento de estas últimas horas la llevo hasta el límite de su resistencia, pero ahora que se sentía segura en los brazos de Ryoma permitió que sus sentidos dejaran de funcionar sin preocuparse de nada más, su misión había sido cumplida que su hija estuviese a salvo y que mejor que en los brazos de su padre.

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Esponjosas nubes eran el soporte de su cuerpo que parecía tan ligero como el agua, con una respiración acompasada retozaba entre aquel suave colchón de algodón que se amoldaba perfecto a su figura. El cielo de un azul intenso le entregaba una paz abrumadora que nunca había conseguido sentir, el sol la bañaba con delicada calidez entregándole una vigorosa energía.

Poco a poco su cuerpo se tornó menos etéreo y más real, su peso se hizo evidente cuando las nubes dejaron de parecer seguras y acogedoras, aferró sus párpados con cierto temor al vacío rogando por no caer. Antes que aquella tragedia tuviera lugar, logró percibir la suavidad de su mullida cama que acogía todo su ser, vacilante fue abriendo sus ojos para darse cuenta que estaba a salvo.

Sakuno permaneció un tiempo reconociendo el espacio cercano y poder notar que se hallaba en su cuarto, recostada en su cama. El día ya había sido devorado por la tibia noche, solo una mínima luz se dispersaba en una esquina del lugar, no hizo esfuerzos en levantarse y su vista se perdió en aquella aureola de luz que se dibujaba en el techo.

Los recuerdos evocaron en su mente a pasos violentos y estremecedores, el rapto, el encierro, las amenazas, la fuga y la lucha con Fuji, toda una aventura que esperaba nunca más tener que vivir. Lo único que no podía enfocar con claridad era como había huido de la muerte, solo fugaces imágenes y fuertes emociones que habían cubierto esos hechos, por un instante pensó en forzarse a traer esas memorias, pero se negó rotundamente ¿Para que recordar los horrores cuando ya estaba bien?

¡¿Ranko?! El susto de tener a su hija en sus brazos la hizo sentarse con brusquedad sobre la cama. La luz anterior captó su atención en esa esquina cerca de la ventana, era el lugar donde se ubicaba el cómodo sofá de Ryoma y en el que varias veces ella se durmió soñando con tener a su hija en brazos, cuando aun la pequeña permanecía segura dentro de su vientre.

Una escena que calo hondo en su ser, sus ojos rubíes se asombraron al distinguir la varonil silueta de Ryoma recostado en aquel sofá y en su pecho yacía tranquilamente el pequeño cuerpo de Ranko, ambos parecían disfrutar del mismo ritmo de sus respiraciones. El pecho de Ryoma se alzaba en un vaivén leve y pausado, mientras Ranko se adaptaba a ese ligero movimiento como si estuviese acostumbrada a tal suceso.

Era una imagen enternecedora en donde padre e hija compartían un instante en su propio mundo, era una intimidad secreta solo entre ellos en la que ni siquiera Sakuno se atrevería a interrumpir. Ver a las dos personas más importantes para su vida durmiendo con esa pasividad tan confiada, como si en ningún instante hubiesen pasado algún peligro, permitió al fin que ella pudiera sentirse por entero feliz.

Se dio permiso para deleitarse con esa bella escena y por largos minutos fue gravando en su interior las emociones que sentía al notar esa compenetración entre ellos, casi podía contar los intervalos de cada rítmica respiración. Se hubiese dormido nuevamente ante aquella calma si no tuviese tantos deseos de ser participe de aquel momento, necesitaba estrecharlos en sus brazos y asegurarse que no era un sueño.

Sigilosamente, se acercó al sillón y colocándose a un costado miró con fijeza los varoniles rasgos de Ryoma que contrastaban con las sutiles líneas inocentes de su hija, era una bella escena en donde la pequeña niña era una luz blanca como la nieve que alumbraba la bronceada piel de su padre. Sakuno apartó un mechón rebelde de la frente de Ryoma para abarcar en una tierna caricia hasta su mejilla, el suave contacto sirvió para que los penetrantes ojos ámbar la enfocaran en una inquisitiva mirada.

-¿Te encuentras bien? – un tono urgente se filtró en las palabras que no quisieron parecen importantes.

-Sí – respondió con una dulce sonrisa – gracias.

-Pensé… que te perdería nuevamente – gruñó al notar su desesperación, aunque era lo que sentía no tenía intenciones de ser tan expresivos y demostrar lo vulnerable que era con ella, casi no se reconocía.

-Yo… también – susurró acariciándole las mejillas – temí que no volvería a verlos…

-Ambas están a salvo. Y ella a dormido profundamente desde que llegamos – aseguró en voz baja – Ya no tienes de que preocuparte.

-L-lo sé – musitó al dejar que una lágrima cayera por su rostro –. Ha sido un largo día.

-Tres días – le informó Ryoma – llevas durmiendo casi tres días.

-¡¿Tres días?! – alzó la voz asombrada – pero, por que no me despertaron y…

-Sakuno, calla – ordenó al verla desesperada – todo esta bien.

-L-lo siento – dijo avergonzada.

-Será mejor que la pongamos en la cuna – afirmó cuando se paraba del sofá, sin tomar en cuanta las palabras anteriores de Sakuno.

Para Ryoma lo importante era que ambas estuvieran bien y como Sadaharu le había confirmado, Sakuno solo necesitaba descansar mucho debido al gran estrés que vivió estos días. No había tenido sosiego desde que despertó del coma, más el embarazo y todas sus complicaciones, luego pasar días en el hospital rogando que Ranko siguiera junto a ella. Y, por último, todo el desenlace de su pasado, eran hecho no menores.

-Déjame, yo quiero llevarla.

Ryoma accedió a pasársela y Sakuno la acunó con fuerza entre sus brazos, cuando quedo conforme de su estado se encaminó para dejar a Ranko en su diminuta cama a un costado de sus padres, con suavidad y algo de temor la depositó sin despertarla sobre las acogedoras mantas con bordados rosas, Ranko parecía percibir que el peligro se había esfumado y que su sueño ahora sería placentero mientras eran velados por sus padres.

-Sakuno, estará bien – le dijo Ryoma al verla tan reticente a querer dejarla.

-Pero…

-Ven – acurrucándola en su pecho – ella no ha tenido problema de dormir en esto días, así creo que merecemos descansar.

Lo que Ryoma no le había contado era que quien necesitaba descansar era él, pues desde que todo terminó había estado velando por ambas mujeres y dormido un tanto incómodo en el sofá, ya que Ranko parecía no querer estar sola y encontró que los brazos de su padre eran bastante acogedores. Por mucho que trato que durmiera en su cuna, la pequeña se negaba a cerrar sus ojos hasta que éste volvía a tomarla. Pero ahora la niña ni chisto cuando fue dejada sola.

A pesar de la renuencia, logró que Sakuno se recostara bajo las sábanas y como si sospechara que ante cualquier descuido huiría, en ese mismo lugar se despojó de sus ropas para quedar en interiores y recostarse a su lado. La abrazó protectoramente, fusionando su calor con el de ella y permitiendo que sus cuerpos se amoldaran a la perfección, dejar que la femenina fragancia invadiera su nariz le recordó con urgencia el tiempo que había transcurrido sin tenerla entre sus brazos.

Un tanto embriagado por ese viciante perfume de mujer dejó que sus sentidos se avivaran como las llamas de una chimenea, con anhelo acarició sus cabellos enredando sus dedos sobre aquella mata castaña y ayudándoles a invadir la nívea almohada. Sakuno se tensó al reconocer esas tentadoras aunque sutiles caricias, cerró sus ojos e inclinó su cabeza hacia el lado opuesto de Ryoma como invitándole a recorrer su largo cuello, comprendiendo la señal dejo vagar su cálida lengua en húmedas pasadas por esa blanquecina esbeltez. Y llegando al lóbulo sensible de su oreja le ronroneó como un niño a punto de hacer una travesura.

-Te extrañe – mordisqueando la tierna piel, a su vez que Sakuno sofocaba un gemido – Te necesito.

-T-también… yo – susurró con timidez – pero… Ranko…

-Ella duerme – dijo al deslizar una de sus manos por el borde de sus caderas – Solo no hagas ruido – resoplo en su oreja.

Sakuno se estremeció por entero mientras se sonrojaba de vergüenza al comprender las palabras de Ryoma ¿Cómo guardar silencio si él la tocaba de esa forma tan exquisita? Sintió como un urgente cosquilleo resurgía como lava ardiente en su vientre y amenazaba con viajar por todo su cuerpo, si hubiese querido seguir negándose no habría podido pues su boca fue captura en una fogosa y entrañable caricia, arrasando con cualquier atisbo de cordura.

En un acto por detener aquel avance, Sakuno, colocó sus manos en el pecho de Ryoma sin mayor convencimiento, pero su defensa fue derrumbada al instante con un certero empuje de Ryoma quien la jaló por las caderas acoplando su cuerpo llameante de deseo. Sakuno no pudo evitar que un rubor rojo como la grana cubriera su rostro al percibir un bulto chocar contra sus muslos.

Al ver la timidez de Sakuno reflejada en su rostro, una orgullosa sonrisa surgió en Ryoma y un deseo aún mayor corrió por su sangre a punto de bullir. La miró con los ámbares derretidos en fuego para intimidarla, cuando un fugaz titubeo cruzó los rubíes no demoró en capturar los labios de Sakuno con el hambre de mil noches sin comer aquellos apetecibles manjares.

Necesitaba saciar la sed de su boca, probar aquel delicioso elixir que producían los labios de Sakuno, tantos días sin embriagarse en sus brazos como una sequía prolongada que lo tenía deshidratado. Disfrutó de la cavidad húmeda, tímida y que poco a poco avivaba su calor, recorrió hasta el más escondido de los rincones con la ambición de un pirata que quiere llevarse hasta el último tesoro.

Ryoma en un suspiro ahogado abandonó su boca con renuencia y así continuar su camino por la rojes de sus mejillas, mientras sus ávidas manos viajaban cual dueño de fundo por las curvas tentadoras de su amante. Enredando sus piernas con las de ella, obligándola a separarlas para dejar espacio a sus seductores avances. Los labios de Ryoma avanzaban hambrientos por el cuello sintiendo como el pulso de Sakuno aceleraba el ritmo, incitándolo a no detenerse.

-Ryoma – un leve gemido que fue acallado por su boca, sintiendo la forzosa respiración de Sakuno.

Escuchar su nombre con tanto anhelo encendió su instinto masculino con violencia, sintiendo como su cuerpo quemaba al mas leve roce con Sakuno. Añoraba sentirla por completo, de todas las formas posibles e imaginables, percibir su piel sedosa sobre la suya, abrazarla cuando el climax atravesara su cuerpo y llenarla con lo más íntimo de su persona, remarcando lo que consideraba solo suyo.

Degustando su piel en fogosas caricias, saciaba sus labios que le exigían más. La apretó contra su cuerpo para besarla con desbordante pasión y lujuria. A su vez sus manos liberaban los obstáculos indeseados con experta maestría, al fin libró las cumbres que anhelaba devorar y que lo llevaría a la locura. Sus dedos quemantes trazaban el borde de las deliciosas colinas y un desliz hacia la altura frotó con delicadeza el botón rosa que se erguía al contacto.

-Eres deliciosa – gimió en el camino desde su oreja al cuello.

-Ryoma – jadeo al percibir la calidez de sus dedos sobre ella y única respuesta posible en la nebulosa de deseos.

Ryoma se deleitó masajeando las vanidades de Sakuno para escucharla suplicar por más contacto, la inminente explosión de deseo aumentaba en cada segundo. Sakuno enredó sus dedos en los oscuros cabellos con vehemencia y casi exigiéndole que bajara de su cuello. Ryoma marcando una vía húmeda besó el valle entre sus pechos y apretó con malicia la enhiesta cima sonrosada.

Adoraba torturarla e insinuarle lentamente que pronto llegaría a los lugares que desbordarían su pasión. Pero, Ryoma, poco tenía de aguante y al percibir la fragancia femenina golpear su rostro le fue imposible no querer probarla. En segundos capturó uno de sus turgentes pechos en un beso anhelante por hacerla vibrar, succionó el néctar embriagante que no tardaría en llevarlo a la cima más alta, disfrutando aquellos pecaminosos bocados su cuerpo se tensaba por entrar en sus dominios.

Sakuno percibía como la masculinidad de Ryoma reclamaba por entrar en ella, no pudo evitar entrelazar una de sus piernas sobre Ryoma para tener mayor contacto, sentía la fiebre aumentar en cada palpitar y su cordura esfumarse rápidamente, deseaba ser invadida en todo su ser y perderse en los disfrutes de sus pasiones. Un leve estremecimiento la asaltó cuando la mano de Ryoma cruzó por sus piernas, tanteando el ascenso al despertar de su feminidad.

Acarició con firmeza la entrada al oculto secreto que guardaba Sakuno en una zona palpitante entre sus piernas, que ansiaba por ser invadido y llenado hasta el desborde de sus lujuriosos deseos. Deslizándose en su escondida feminidad palpó con sus dedos la creciente humedad, que le anunciaba su bienvenida. La besó con fiereza sofocando los gemidos que le arrebataba mientras invadía la tierna piel y presionaba con destreza los puntos sensibles de Sakuno, la conocía y sabía que despertaba en ella a la amante desinhibida.

La espera había sido larga y las ansias de sentirla en todo su ser eran urgentes, el juego de seducción no podía ser más prolongado y notaba que Sakuno estaba a un paso de llegar a la cima. Al percibir aquel roce tan íntimo y exquisitamente excitante, Sakuno se estremeció en una combinación de vergüenza y deseo. Apreciaba como su cuerpo ardía sin pudor alguno, su pulso y palpitación estaban descontrolados, ensordeciendo a su entendimiento. ¿Cómo había sido posible pasar tanto tiempo sin estas caricias que tanto le gustaban?

Perdiendo el control de su mente, Ryoma intentaba alargar esos instantes de seducción como si temiera que esta fuera la última vez. Habías sido tantos peligros que tenerla al fin entre sus brazos le aturdía ¿Qué pasaría si al despertar no estaba? Aquel fugaz pensamiento lo paralizó y tuvo que enfrentar su miraba.

-Ryoma – susurró desconcertada por la reacción de él, mientras que este acariciaba sus cabellos ensimismado en su mundo - ¿Pasa algo?

-No volveré a perderte – musitó más para sí que para ella.

-Ryoma – expresó confusa ante el brusco cambio de humor - ¿Te sucede…?

Interrumpió sus palabras cuando la besó deliciosamente e intensificó la caricia saboreando la cavidad húmeda de su boca, aunque era un beso profundo, Sakuno distinguió la magnitud del sentimiento y el significado de las palabras no dichas. A su modo, Ryoma le declaraba su amor y a pesar de ser un tanto brusco, por no decir, nada romántico ella le amaba así.

-T-te amo… y siempre… estaré contigo – musitó con una dulce voz - ¿Si tú… quieres?

-Tú me perteneces – respondió con arrogancia, pero Sakuno descifró la sinceridad cálida en sus ojos y le sonrió, terminando por desarmarlo – También, te amo – gruñó fingiendo estar molesto como si hubiese sido obligado a tal confesión.

-Lo sé – dijo coqueta, Sakuno rodeó su cuello y la atrajo hacia él – Ryoma-kun, tú también eres mío.

El menor de los Echizen no pudo evitar sonreír cuando escucho la declaración de Sakuno y sentir como se le henchía el pecho de orgullo al saber que ella le comprendía al punto de entender su falta de romanticismo. Y, sobre todo, la inmensa felicidad que recorrió su cuerpo con esas palabras de posesión de parte de ella hacia él. Para Ryoma era claro que pertenecía a Sakuno aunque nunca lo afirmará públicamente, mas ella era y sería la única dueña de su persona.

Se besaron ardientemente durante largos segundos como si ese fuera el sello de un compromiso secreto entre ambos. El comienzo de un rito que los uniría perpetuamente en un lazo invisible e imperecedero y con ellos dos como testigo se compenetraron en un solo cuerpo, para danzar con total entrega al ritmo sublime de sus lujuriosos deseos.

Para Ryoma volver a estar dentro de la calidez de Sakuno había sido subir a un etéreo paraíso, sentirla tan dispuesta abrasando su masculinidad con urgencia y escuchar entre jadeos desesperados su nombre, hicieron que los pocos pensamientos que guardaba chocaran brutalmente en su cabeza, podía concentrarse en un solo objetivo… emborracharse con los encantos de Sakuno hasta caer rendido a la absoluta locura, asimismo conseguir saciar a su amante para sus deseos fueran únicamente para él.

Sakuno sentía que todas sus emociones bullían en un solo punto y que pronto estallarían desde sus entrañas para perder toda vergüenza. Aquellas manos enfebrecidas recorrían el cuerpo bien formado de Ryoma, sin mayor experiencia lograba incitarlo para que los movimientos se tornaran frenéticos y exigentes. Ambos con caricias y besos desenfrenados buscaban alcanzar la cumbre del éxtasis.

La intensidad en los embistes de Ryoma enardecían sus sentidos elevando riesgosamente la temperatura de sus cuerpos, tal cual sería en los segundos previos a una erupción volcánica. Sus cuerpos sudorosos se estremecieron y en una última arremetida un frenesí de emociones explotó vorazmente arrasando con la más ínfima evidencia de cordura.

Permitiendo que sus cuerpos rebosantes de excitación retornaran a un estado sereno, se abrazaron en un silencio íntimo y cómplice que no necesitaba palabras para transmitirse las emociones vividas. Mientras un lapso de tiempo pasaba, Sakuno dejó volar su mente hasta el más profundo de sus sueños y aun cuando quería gritarlos, optó por aferrarse a Ryoma como si tal acto fuera capaz de traspasar sus desconocidos pensamientos.

Sakuno sentía que su amor por Ryoma era infinito y ahora que estaba feliz a su lado todo era perfecto o casi. No deseaba pensar en ese mínimo detalle que le faltaba para que la historia fuera completa, pero no podía fingir ignorancia y ser demasiado ingenua como para decir que no le importaba. ¿Por qué después de tanta felicidad, tenía que recordar esto? Estaba segura que Ryoma le amaba más de lo nunca nadie le amó, entonces ¿Por qué exigirle más, cuando lo tenía todo?

La transparencia en los rubíes era descifrable a kilómetros, principalmente, para quien ya conoce el código de lectura en esos ojos carmín. Sakuno no se percató que para Ryoma sus pensamientos podrían ser tan evidentes, que parecían audibles. La vio radiante entre sus brazos, pero logró percibir la leve sombra que cruzó esos sinceros ojos, ese "algo" que le impedía la absoluta dicha. Le besó la frente con ternura y le alzó el mentón para que no pudiera esquivarlo.

-¿Qué sucede? – su tono aunque tranquilo era exigente.

-N-nada – le dijo incómoda.

-No me mientas – le advirtió entrecerrando sus ámbar.

-E-en… serio – emitió al desviar su vista a un interesante lugar de la barbilla de Ryoma. No podía confesar lo que realmente anhelaba – No sucede… nada, solo estoy cansada.

-Como quieras – expresó indiferente y dejándola desprovistas de sus brazos abandonó la cama.

De repente, Sakuno sintió un pánico desquiciante al ver que Ryoma se alejaba de ella, se le comprimió el pecho y estuvo a punto de gritarle que no la dejara. Pero en una fracción de segundo, Ryoma volvió a su lado como si nada. Cuando notó el rostro asustado en ella alzó una ceja dudoso.

-¿Qué pasa? – habló, mientras volvía a cubrirla con sus brazos.

-P-pensé… que – se sonrojó por su estupidez – nada.

-¡Dímelo! – exigió con voz de mando, pero sin elevar el tono más allá que un suave susurro.

-Creí… que te… irías – murmuro temerosa sin enfrentarlo.

-¿Y dejarte sola? – inquirió algo molesto por la falta de confianza.

Sakuno no quiso mirarlo pues noto aquel tono algo dolido por su poca fe en él. Deseaba creer en él sin miedo, pero no entendía por que era tan insegura cuando Ryoma ya le había demostrado cuanto le amaba y a pesar de todo lo ocurrido todavía estaba a su lado. Percibió un gran suspiro de parte de Ryoma, obligándose a levantar sus ojos y verlo, este le sonrió.

-Toma – Ryoma le paso una bolsita de terciopelo rojo oscuro, que estaba amarrado con un delgado cordel trenzado en color dorado.

-¿Y… esto? – cuestionó inquieta - ¿Qué es?

-Es tuyo, ábrelo – la instó a tomarlo – hace días que lo tengo.

Con dedos titubeantes logró desamarrar el delgado nudo y dejar rodar por su mano el contenido. Sakuno se quedó observando aquel objeto como hipnotizada, era un anillo de un único brillante en el centro en una argolla de platino y que extrañamente se le hizo familiar, pero de una tamaño inferior ¿Dónde podría haber visto una alhaja como esa? Giro la joya y un suave brillo le iluminó sus dudas, era el mismo anillo que Ryoga le había obligado a usar esa vez en la playa, recordaba que era de Rinko. Pero, este le quedaba a la medida.

-¿Esto… no es de… tu madre? – cuestionó confusa.

-Sí, pero ahora es tuyo – le anunció entrelazando sus dedos con los de ella – Tuve que mandar a ajustarlo a tu tamaño y hace unos días me lo entregaron.

-N-no puedo, es de tu madre – dijo mientras intentaba quitárselo.

-Sakuno – llamó con tono serio, como si estuviese a punto de tener que explicar un asunto desagradable – Este anillo estaba destinado a ser de la esposa de Ryoga o mío, mi madre nos dijo que el primero que se casara tendría que obsequiarlo a su futura mujer. ¿Entiendes?

-¡¿S-su esposa?! – tartamudeo como si hubiese bebido alcohol y luego lo miró dubitativa no alcanzando a comprender lo que significaba el anillo o temía imaginar cosas y parecer una demente.

-Sakuno – dijo al negar con su cabeza – Mada Mada Dane – esas palabras sarcásticas la hicieron reaccionar.

-Me… me… estás diciendo – su emoción era tal que sintió como la garganta se le cerraba atragantando las palabras – que te quieres… casar conmigo.

-¿Tú no quieres? – aferrándola con fuerza a ella.

-No… o sea… C-claro que quiero – sollozó ya no aguantando más sus lágrimas – es que… pensé que tú… no querías.

-¡Tooorpe! – expresó arrogante y le golpeó la punta de la nariz con dulzura.

Sakuno enfada y con la cara crispada le miró ceñuda para responder a su burla, pero Ryoma capturó sus labios con rapidez acallando las inminentes protestas y, en un instante, Sakuno olvidó su enojo para perderse nuevamente entre las apasionadas caricias que le otorgaba su ahora futuro marido. Este era solo el inicio de una larga noche que ambos tendrían para amarse, la primera de una eternidad por delante.

Así como la noche que alberga a las estrellas y a la luna no pueden vivir sin la

Constante presencia del día y la luminosidad del sol, un ciclo eterno e indispensable.

ooo

Así Ryoma con su oscuro y frío corazón no podría existir sin

La luz cálida y permanente de la sonrisa de Sakuno.

ooo

Él necesita saber que existe la luz para no perderse en su vacía oscuridad;

Mientras ella debe conocer que hay tinieblas para que su resplandor

Perdure como único camino a la felicidad.

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¿Pueden dos personas tan distintas y diametralmente opuestas,

Convivir con un amor puro y sincero por toda la eternidad?

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Probablemente, no exista una respuesta correcta a esto,

Solo los más valientes y osados tendrán el valor para inmiscuirse por los caminos inciertos del amor,

Y solo los más perseverantes lograran descubrir la respuesta,

Una vez hayan enfrentado inviernos y primaveras, días y noches, paraísos e infiernos,

Muchas situaciones indispensables para decir que este amor es verdadero y sempiterno.

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Quizás, Ryoma y Sakuno sean uno de estos valientes guerreros

Que están dispuestos a luchar con las innumerables posibilidades que el destino les presenta;

Quizás, sean ellos los protagonistas de un atípico cuento de hadas,

Que por razones desconocidas terminan enamorados y unidos de por vida

Quien sabe…

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Pero, de seguro servirán de ejemplo para quienes aún buscan el amor,

En cada rincón de este basto universo y como dice un sabio dicho

"La esperanza es lo último que se pierde" y el amor es…

Bueno, solo quienes lo conocen pueden comprender lo que es y,

Posiblemente, tampoco podrían explicarlos con palabras…

Es mejor vivirlo y descubrir cada uno que significa amar como aman

Ryoma y Sakuno.

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- Final -


Espero que les haya gustado y no decepcionado, quizás faltaron algunos detalles o cosas por decir, pero creo que abarque todo lo que desde un principio pretendía poner. Estoy pensando en agregar un epílogo para redondear la historia, esta en veremos, aún no decido que contar en esa parte, si el matrimonio o unos años después o mezclarlos... pensándolo bien una ayuda de ustedes sería bien recibida, ¿que desean ver en el epílogo?

Bueno, gracias a todo su apoyo conseguí concluir la historia de "Amor en Yakuza"... haber que sucede ahora, me despido y espero no tardar tanto para el epílogo, cuídense y hasta pronto.