XXV

Salimos temprano en la mañana despidiéndonos de todos antes de partir, mi madre soltó unas cuantas lágrimas, de alguna manera yo logré mantener la compostura, aunque cuando llegó el momento de despedirme de mis abuelos no fue mucho lo que pude hacer. También nos despedimos de Shippo que soltó sorprendentemente unas cuantas lágrimas alegando que no quería que me marchara y amenazando a su primo de odio perpetuo si llegaba a hacerme daño lo cual me pareció muy tierno.

Las nueve horas de viaje pasaron volando, en realidad fueron menos horas ya que Inuyasha no bajo de 100 kilómetros por hora en ningún momento, mis quejas no fueron escuchadas ni siquiera por el hecho de que llevábamos un remolque a cuestas.

Llegamos antes de lo pensado a casa de la madre de Inuyasha, la cual salió corriendo a recibirnos encerrándonos en un gran abrazo a ambos al mismo tiempo.

-¡Me alegra tanto verlos!- exclamó con lágrimas en los ojos lo cual sin duda me tomó por sorpresa, se separo de nosotros para tomarnos por el rostro individualmente, entonces pude ver la sonrisa acompañada de unas cuantas lágrimas.

-Bueno verte ma- dijo Inuyasha sonriente –Iré a buscar lo que necesitamos- habíamos preparado un pequeño bolso con lo necesario para pasar la noche allí. A penas Inuyasha bajo por las escaleras, la señora Izayoi me escoltó hasta la cocina en donde parecía estar horneando algún postre.

-Aome me alegra tanto ver que ya estas bien, todos estos días he estado muy preocupada- dijo después de verificar el pastel en el horno, se acercó a mi tomando mis manos viéndome fijamente a los ojos –No vuelvan a asustarme asi por favor, estaba muy preocupada- sonreí nostálgicamente, pobresita. La verdad habíamos pensado solo en nosotros sin importarnos si preocuparíamos a nuestra familia.

-Nunca más, lo prometo- respondí abrazándola de nuevo.

-Huele delicioso- dijo Inuyasha rompiendo nuestra unión.

-Es un regalito de bienvenida para ambos- dijo la señora Izayoi limpiándose las lágrimas -¡Oh tengo algo que enseñarles!- exclamó corriendo a la sala, nosotros la seguimos, al llegar a nuestro destino la encontramos sentada en el sofá con un álbum de fotos sobre la mesa y una especie de marco entre las manos –Son las fotos de la boda de Hana- sin importar lo que había pasado esa noche tenía curiosidad de ver las fotos, de seguro eran muy hermosas –Pero hay una en especial que mande a sacar copia, una para ustedes y otra para mi, tómenlo como un regalo a su nuevo hogar- nos dio aquel portarretratos boca abajo y al voltearlo tomé una bocanada de aire. Allí estábamos Inuyasha y yo viéndonos a los ojos que parecían tener diamantes incrustados, con una sonrisa en nuestros labios, ambos perdidos uno en el otro, llevé mi mano al cristal que protegía la foto y sonreí sosamente –El fotógrafo dijo que era no era una foto oficial pero le pareció muy especial así que decidió entregármela-

-Gracias- dije abrazándola dejándole la foto a Inuyasha que la veía sonriente.

Pasamos una buena tarde con la señora Izayoi, al parecer habían unas cuantas cosas que quería que nos lleváramos a nuestro nuevo hogar así que la mayor parte del tiempo estuvimos empaquetando cosas, entre ellas algunos álbumes familiares.


Salimos al medio día de Nashville prometiendo visitar pronto. Cuatro horas después habíamos llegado a Atlanta, de pronto me sentía en casa de nuevo. Inuyasha manejó y manejó hasta que de pronto me di cuenta que nos encontrábamos en Athens que es la zona en donde está la Universidad de Georgia, comencé a prestar atención a la ruta y sin darme cuenta ya nos habíamos salido de la autopista encontrándonos en un área residencial. Inuyasha se metió por unas cuantas calles hasta llegar a un conjunto residencial de townhouses muy parecidos a los de Kiawah Island en donde él solía vivir solo que estos tenían un aire más europeo y eran más pequeños, lo miré con el ceño fruncido pero él no se molestó en verme. Seguimos rodando hasta llegar al final de la calle ciega en donde habían unos tres edificios de apenas cinco pisos, estaban hechos de ladrillos acompañados de amplios ventanales, Inuyasha se metió por un porton el cual nos llevó a un estacionamiento en donde habían más carros.

-Llegamos- dijo sin más sonriente.

-¿Este es el hotel?- pregunté muy inocente, él simplemente sonrió mientras sacaba el teléfono de su bolsillo y se bajaba del auto -¿Inuyasha?- pregunté mientras me bajaba de la camioneta viendo como Sango corría de pronto hacia mi.

-¡Por fin!- exclamó abalanzándose sobre mi. Mientras nos abrazábamos Inuyasha y Miroku se saludaban con un apretón de manos y un medio abrazo -¡Vamos!- estaba un poco desorientada todo pasaba muy rápido pero decidí no preguntar y ver que pasaba. Sango me haló por el estacionamiento hasta llegar a la entrada del edificio, seguidas de los chicos nos montamos en el ascensor, ella marcando el piso dos. El usual "ding" anunció nuestra llegada al piso y al salir vi que tan solo habían dos puertas, una a la derecha y otra a la izquierda, nos dirigimos a la de la izquierda que marcaba en la puerta 2-B.

-Inuyasha harías los honores- escuché decir a Miroku junto que el sonido de unas llaves, me giré a verlo cuando entonces caminó hasta la puerta deslizando una de las llaves por la cerradura girando el pomo abriéndonos paso en aquel lugar. Ambos entramos viendo el amplio lugar, las paredes estaban pintadas de blanco, el piso era de madera flotante, a mi izquierda había una modesta cocina y un mesón para comer, a la derecha un espacio inmeso y un balcón con puertas de crital corredizas, frente a nosotros un pasillo. En eso Inuyasha tomó mi mano y yo lo miré un poco perdida.

-Bienvenida a casa- me dijo sonriente, entonces entendí que aquel sería mi hogar, que ese era mi apartamento, nuestro apartamento. Sorprendida me abalancé sobre él y agradecí a sus reflejos ya que me agarró sin problemas.

-¿Cuándo lo compraste?- pregunté sonriente.

-Unos días atrás- respondió sonriendo viendo de soslayo a Miroku y a Sango, de inmediato los vi notando la complicidad en sus rostros.

-¿Esto era lo que estaban haciendo?- pregunté sonriente.

-Así es- respondió Miroku.

-¡Nosotros estamos en el piso cuatro!- exclamó Sango emocionada y sin poder evitarlo corrí hasta ella abrazándola y cual adolescentes saltamos gritando mientras girábamos en círculos.

-¿Qué les parece si Sango le muestra lo demás a Aome e Inuyasha y yo nos ponemos a desempacar- sugirió Miroku, sin más indicaciones salimos corriendo por el pasillo, asumí que de alguna manera Inuyasha ya lo había visto.

Al final del pasillo habían tres puertas, una en el frente, una a la derecha y otra a la izquierda. La que se encontraba frente a nosotras era el único baño de la casa según la información de Sango el cuarto de la derecha era la habitación principal era algo así como la de huéspedes en nuestro caso ya que generalmente estos apartamentos los compraban las personas de la universidad así que normalmente serían dos compañeros de cuarto.

Con ayuda de unos vecinos terminamos de subir las cosas del remolque, todos fueron muy amable y la mayoría estudiarían en la universidad o ya estaban en eso. La casa estaba llena de cajas y cosas fuera de lugar, Inuyasha, Miroku, Sango y yo nos encontrábamos desplomados sobre el sofá y el suelo cansados, se había hecho de noche entre tantas cosas, como ninguno de nosotros tenía fuerzas decidimos pedir pizza para la cena la cual llego luego de un rato. Comimos con bastante desespero ya que no habíamos almorzado, al terminar Sango y Miroku se fueron a su propio apartamento, era tan genial poder estar tan cerca.

-¿Qué te parece nuestro hogar?- preguntó Inuyasha luego de cerrar la puerta volviendo a sentarse en el sofá junto a mi mientras pasaba un brazo por mis hombros y yo me acurrucaba sobre su pecho.

-Perfecto- respondí sonriente reposando mi barbilla en su torso para verlo a los ojos –Solo tengo una pregunta-

-Dime- dijo un poco asustado.

-¿Por qué no me dejaste pagar mi parte?- pregunté muy orgullosa, él no hizo más que sonreír.

-Considéralo un regalo- fue lo único que dijo, le iba a reclamar pero colocó su mano en mi boca –De verdad no tengo fuerzas para discutir por algo tan tonto si sabemos que al final lo vas a aceptar- sus palabras me enojaron un poco pero tenía razón –Así que porque no vamos a nuestra habitación a descansar, mañana tenemos que ir a comprar las pinturas para la casa y comenzar a arreglar todo-

-Te la dejo pasar porque realmente estoy cansada- respondí derrotada, el me dio un beso en la nariz y se levantó llevándome consigo.

-¿Lista?- me preguntó estando frente a mi, yo lo miré confundida.

-¿Para qué?- no entendía nada. De pronto mis pies dejaron de tocar el suelo, Inuyasha me había cargado de manera nupcial ocasionando un pequeño grito en mi, mis brazos inconscientemente rodearon su cuello. No entendía como aun tenía fuerza para alzarme.

-Para dormir por primera vez en nuestra cama, en nuestra habitación- me dijo sonriente plantando un beso rápido en mi labios para luego caminar por el pasillo que era lo suficientemente ancho para que lo cruzáramos sin problemas. Inuyasha abrió la puerta y allí estaba nuestra pequeña habitación, no era tan pequña pero con la inmensa cama de Inuyasha casi abarcaba todo.

-En teoría ya hemos dormido en esta cama juntos-

-Sh, no arruines el momento- me dijo haciéndome reír, me colocó sobre la cama que tan solo tenía unas sabanas puestas, mientras me acostaba se me quedó mirando –Soy el hombre más feliz del mundo- susurró haciéndome sonreír, decidí actuar en lugar de hablar así que coloqué mi mano en su nuca acercándolo a mí para así poder besarlo como Dios manda –No se tu pero aun me queda un poco de energía para alargar ese beso- susurró encima de mi, yo sonreí y de un solo movimiento cambié los papeles dejándolo bajo de mi.

-Creo que a mi también- y sin más lo besé de nuevo.

Nos levantamos al medio día entre las sábanas desordenadas, mis músculos estaban entumecidos pero me sentía genial al mismo tiempo. Llame a mi madre por skype para así poder mostrarle la casa, con ella estaban los abuelos y las chicas, Eric estaba trabajando.

Habíamos acordado ir a la tienda de pinturas con Sango y Miroku luego del almuerzo pero como aun no habíamos hecho mercado decidimos que haríamos las compras, comeríamos y nos encontraríamos con ellos en la tienda.

Por primera vez en mi vida compraba pintura, la verdad mi habitación siempre había sido verde pastel, o aguamarina en el caso de la casa de mis abuelos, nunca me había preocupado por ello, mi madre siempre se ocupaba de eso, ella era más experta en cuanto a decoraciones, yo era bastante básica por así decirlo. Por suerte Miroku y Sango estaban allí para ayudarnos, de lo contrario habríamos regresado con las manos vacías, con una pintura de mala calidad o de algún color que después no nos iba a gustar, Inuyasha era tan bueno como yo para estas cosas.

Como si de diseñadores de interiores se tratara Sango y Miroku comenzaron a escoger tonos mientras Inuyasha y yo prestábamos atención para así poder aprender algunas cosas.

Luego de comprar lo necesario para comenzar a pintar la casa, regresamos al departamento con las manos llenas entre bolsas de supermercado e implementos de pintura. Al final compraron un balde de marrón y beige para la sala y el pasillo, nuestro cuarto tendría una pared de color cobrizo y lo demás beige y el baño sería gris me pareció interesante la escogencia de colores pero ni de broma me iba a quejar.

Las siguientes dos semanas fueron de decoración y arreglo del departamento, por el momento utilizábamos la segunda habitación como una especie de vestier ya que nuestras cosas no entraban en el pequeño armario de nuestra habitación. También comencé a ir a la universidad para ver en donde quedaba mi facultad, recoger mis horarios y conocer los alrededores, de pronto todo se hizo muy real y me encontraba a punto de comenzar clases.

-¿Qué harás cuando no este?- pregunté acariciando su brazo, nos encontrábamos acostados en la cama la noche antes de que comenzara la universidad.

-A demás de extrañarte, trabajar- me apoyé en un codo y lo miré curiosa.

-¿Trabajar en qué?- pregunté sintiendo un ataque de pánico ¿Ya tenía que irse?

-¿Ser Marine no es solo estar en el campo de guerra sabes?- me respondió colocando un mechón de mi cabello tras mi oreja –También me mandan a hacer cosas vía internet, conferencias, etc- la verdad no sabía nada de eso –Miroku también me hará compañía, aunque claro no lo puedo comparar contigo- aquello me hizo reír un poco al igual que a él, de pronto me abrazó enterrándome en su pecho -¿Estás asustada?- preguntó luego de un rato.

-Un poco- la verdad si me atemorizaba comenzar la universidad.

-No te preocupes, recuerda que tu novio es un Marine, nadie va a tener las bolas de meterse contigo- me reí ante sus palabras aunque le di un golpecito leve por la grosería –Es cierto, es más te voy a sacar una copia de mi carnet para que la tengas y se lo estampes en la frente a cualquier idiota que te moleste-

-¿De verdad crees que mostrarles tu carnet funcione?-

-Ni te lo imaginas, puedo mover masas con ese pedazo de platico- seguimos con los chistes por aproximadamente media hora más hasta que nos cansamos y nos quedamos dormidos.

Le pedí a Inuyasha que me llevara a clases ya que iba tarde como cosa rara, siempre llegaba tarde cuando estaba en la secundaria. Como Sango estaba en otra facultad nos despedimos al salir del edificio.

-Ya sabes, recuerda el poder Marine- me dijo Inuyasha mientras me bajaba del auto haciéndome reír.

-Nos vemos más tarde- le dije cerrando la puerta para encontrarme con el inmenso edificio de ladrillos que era la facultad de Literatura me quedé allí parada sintiéndome muy insignificante de pronto viendo a las personas a mi alrededor que por alguna razón parecían mucha cosa en mis ojos. Me giré cobardemente encontrándome con los ojos confundidos de Inuyasha, sin pensarlo corrí hasta su lado del auto, salté guindándome de la ventana para plantarle un beso en los labios –Necesitaba eso- le dije cuando me quedé corta de aire.

-Todo estará bien, ahora anda o de verdad vas a llegar tarde- con una sonrisa beso mi frente y luego mis labios.

El período de la mañana de clases fue más reconfortante de lo que esperaba no fue tan traumático como había imaginado y la verdad me había encantado, había hablado con algunas chicas ya que la mayoría de las clases éramos mujeres y parecían ser muy agradables, unas cuantas me vieron besando a Inuyasha en la mañana así que tuve que desvelar el secreto de que era Marine dejándolas asombras y encantadas al mismo tiempo. Había acordado almorzar con Inuyasha pero me pidió disculpas diciendo que tenía una conferencia urgente y que no podía posponerla al igual que Miroku por lo que Sango y yo nos encontramos en uno de los cafetines y comimos.

-¿De qué crees que sea la conferencia?- pregunté dándole un sorbo a mi refresco, Sango me miró y suspiró.

-No lo sé- aunque Sango era buena mentirosa de vez en cuando tiritaba y esta era una de esas veces, yo me le quedé mirando.

-Si sabes- le impliqué deteniendo el mordisco que estaba por darle a su comida. Colocó el tenedor con el trozo de pollo en el plato y me miró.

-Usualmente esas conferencias significan misiones- de pronto todo mi sistema se detuvo, mis pulmones, mi corazón, mi cerebro, todo –Pero la verdad no lo se Aome, acaban de llegar de una misión al comienzo del verano, su jefe nunca los manda tan seguido, espera por lo menos seis meses antes de la próxima misión, pero de verdad que no lo sé- recobrando la compostura respiré profundo y tragué el nudo en mi garganta, de un solo golpe perdí el apetito –Aome- le escuché decir sintiendo su mano sobre la mía –Mente positiva- yo asentí y aunque Sango me sonreía podía notar la tristeza en sus ojos.

Y aunque el período de la mañana había sido una maravilla el de la tarde fue sin duda un desastre, estaba distraída, me preguntaron varias cosas las cuales no pude responder por estar pensando en Inuyasha, sabía que ese momento llegaría y aunque aun no estaba cien por ciento segura de que iría mi sexto sentido o tal vez mi paranoia me tenían al límite. Para ponerle la cereza al pastel comenzó a llover lo cual aumentó mi angustia y mi mal presentimiento.

Al terminar las clases salí ausente por los pasillos revisando mi celular, Inuyasha había dicho que me avisaría para que saliera a esperarlo. Me senté en las escaleras techadas de la entrada, al cabo de veinte minutos Inuyasha apareció con la camioneta, se bajo con un paraguas y me buscó en las escaleras, desesperada busqué sus ojos viendo lo que temía, ausencia. Algo había pasado. En silencio me dejé escoltar hasta el auto.

El recorrido a casa fue mudo, solo las gotas de agua sobre el techo eran audibles lo cual era una tortura, necesitaba saber y su silencio me estaba matando. Al llegar a casa deje mi mochila en el perchero de la entrada para ver a Inuyasha sentado en el sofá viendo al suelo, no me di cuenta en que momento había llegado allí, sin decir nada caminé hasta sentarme a su lado, coloqué una mano sobre las suyas que estaban entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

-¿Cuándo?- logré preguntar respirando profundo sintiendo como me picaban los ojos y el pecho se me comprimía. Vi como Inuyasha cerró los ojos en forma de derrota apretando la mandíbula, estaba en lo correcto, Inuyasha se iría.

-Logramos convencerlos que nos dejaran ir en Enero- solo tres meses me quedaban con él. Tragué el nudo en mi garganta que no me dejaba respirar sin embargo volvió a formarse. Inuyasha subió la mirada, y sorprendentemente como yo tenía los ojos cristalinos –Aome…no quiero ir- susurró como un niño asustado lo cual me partió el corazón. De inmediato lo encerré entre mis brazos –¡No quiero dejarte…ya esto no tiene sentido, mi padre está muerto, ya no hay nada que pueda hacer seguir con esta tradición es estúpido!- Inuyasha me había dicho en una de las tantas noches que esto lo hacia por estar cerca de su padre, por sentirse cercano a él de alguna manera después de su muerte a demás de que era tradición familiar.

-Inuyasha no digas eso- él se alejó de mi y yo misma me sorprendí de mis palabras –Lo que quiero decir es que recuerda porque escogiste esto desde un principio- aunque me doliera sabía que era lo correcto.

-¿Qué quieres decir?- preguntó muy confundido -¿No quieres que me quede?- ahora era yo la confundida.

-Eso no…-

-Es exactamente eso ¿Por qué otra razón no me apoyarías en lo que acabo de decir?- Inuyasha se levantó abruptamente haciendo que apretara mis manos en el sofá por el miedo que tenía -¡Quieres que me vaya, eso es todo, realmente no te importo, estoy aquí diciéndote que no quiero hacer más esto y tu me empujas a que lo siga haciendo, qué demonios te pasa!- me exclamó y aunque sentía un poco de miedo el sentimiento pronto se desvaneció haciendo que me enfureciera, me levanté del sofá quedando frente a él y aunque era más alto que yo lo miré a los ojos.

-¡Para empezar en ningún momento he dicho que quiero que te vayas y que estúpido eres por si quiera pensar que eso es lo que quiero. Simplemente estoy diciendo lo que sé que es correcto para ti, no quiero que dejes de estar con tu padre por estar conmigo porque se que a la larga me vas a odiar por ello, así que deja de decir idioteces!- Inuyasha se quedó callado viéndome, no podía entender la expresión en su rostro. De pronto se alejó de mi y caminó hasta la puerta tomando su sudadera del perchero -¿A dónde vas?- pregunté siguiéndolo.

-A tomar aire- respondió secamente dejándome paralizada a unos diez pasos de él, sus ojos me congelaron, eran como dagas que me clavaron en donde estaba. De un manotón cerró la puerta haciendo que el impacto hiciera eco en todo el apartamento a su vez pude escuchar como golpeaba las paredes lo cual era un poco estúpido teniendo en cuenta que recién le habían quitado el yeso. Recordando la noche en que tuvimos aquella pelea comencé a hiperventilar, mis piernas me fallaron así que caí en el suelo llorando, pronto sonó el teléfono que habíamos instalado hacia unos días, me arrastré hasta él y atendí temblando.

-¿Aló?- dije lo mejor que pude sin ver el número en la pantalla.

-¿Aome estás bien? Escuchamos un portazos y unos cuantos golpes- Era Sango.

-Inuyasha se fue…- le dije llorando más fuerte.

-¿Cómo dices?- preguntó muy preocupada –Sabes qué, enseguida bajo- Y en menos de lo que canta un ruiseñor Sango estaba en la puerta de mi casa. Le conté lo sucedido mientras ella secaba mis lágrimas.

-Sango yo no quiero que me odie por eso se lo dije- culminé mi historia secando mi rostro con el dorso de mi mano.

-Ya, ya, lo sé amiga. Inuyasha es un poco sensible en ese tema, Miroku y yo también hemos tenido estas peleas pero siempre las superamos y estoy segura de que ustedes podrán hacerlo- y aunque fueron tan pocas sus palabras de alguna manera lograron reconfórtame, así fuera solo un poco -¿Qué te parece un baño caliente?- yo sonreí aun llorando y me levanté seguida de ella para luego abrazarnos –Anda, mientras yo te preparo un té- ¿Qué sería de mi sin Sango?

Entré al baño viéndome en el espejo que estaba sobre el lavamanos como siempre que lloraba tenía los ojos hinchados y rojos al igual que mis labios y mi nariz. Templé el agua de la ducha lo suficientemente caliente como para que sacara vapor, nuestro apartamento tenía aire acondicionado así que hacía frío la mayor parte del tiempo ya que a Inuyasha le gustaba así. Me bañé lentamente buscando relajarme terminando de llorar lo que tenía que llorar, esta era tal vez la única parte "mala" de una relación, las peleas pero como me dijo Baba una vez, si no hay peleas entonces no vale la pena, una relación no es siempre color de rosas, no te preocupes cuando peleen, preocúpate cuando no lo hagan, nada es perfecto. Salí de la ducha enrollando mi cabello en una toalla e inconscientemente agarré la bata de baño de Inuyasha, era azul marino, más o menos tres veces mi talla pero no me importaba, en ese momento solo quería tenerlo cerca, me resguardé dentro de la bata oliendo el aroma de su colonia.

Caminé hacia la cocina y justo al salir del pasillo Inuyasha cerraba la puerta tras de si. Estaba empapado como si se hubiese lanzado en la piscina y después salido, el cabello le goteaba y había formado un pequeño charco bajo de si, lo miré a los ojos sintiendo un gran alivio al ver que en ellos no había más que disculpas y remordimiento. Respiraba agitadamente como si hubiese estado corriendo. Con pasos lentos me dirigí hasta él quedándome parada a tan solo centímetros de su cuerpo. Quité la toalla de mi cabeza y la coloqué sobre la suya secando gentilmente su cabello, la dejé reposar en su cuello al terminar para quitar la sudadera empapada dejándola caer al suelo, nuestros ojos conectados en todo momento. Lentamente quité su camisa deteniéndome a secar cada parte de su piel cuando entonces me detuvo colocando ambas manos en mis mejillas atrayéndome a su rostro para besarme de la manera más apasionada la cual solo él sabía hacer. Cada movimiento de nuestros labios era un perdón ahogado, en nuestro idioma, como solo podíamos entendernos. Sus manos comenzaron a descender por mi cuello viajando a mi clavícula removiendo con delicadeza su bata de baño. Las caricias era un "te amo", un "te extrañaré".

De alguna manera estábamos comenzando nuestra despedida y aunque aun faltaban tres meses, para mi era muy poco tiempo.


Hey chicas! Un poco tarde pero seguro, he estado ocupada pero hoy me pegó la inspiración y logré este cap que resultó ser como el dicho: "No todo es color de rosas". No he recibido muchos comentarios de ustedes lo cual me entristece un poco y la verdad me desanima a escribir, así que por fa díganme que les pareció! Y sus ideas son bienvenidas con todo gusto ya que últimamente estoy teniendo un poco de estanque. Gracias Danita-inu por tu apoyo incondicional! Y a todas ustedes chicas que leen y siguen esta historia! Nos leemos pronto! Xoxo V