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"Juro que esta es la última vez que nos sucede algo así," dijo Harry hacia sus amigos, vestidos apresuradamente en interiores. Ron con la insignia de Auror colgada de su playera de dormir.
Los demás Aurores mirando consternados el cuerpo aturdido de un oso y un hombre de unos treinta años que había caído de las escaleras cuando Jack le había hecho una zancadilla. El sujeto había sido manipulado con un Imperius por lo que se dedujo, habían sido varios días.
"Lo siento, mucho Harry. Las barreras no fueron suficientemente fuertes," se disculpó Hermione de nuevo con insistencia, preocupada.
"No había manera de saber que se trataba de Lucius."
"Si había una manera," interrumpió Draco mirando el fuego en la chimenea. Harry le dio de nuevo la copa con el Brandy doble que los Aurores les habían dado para superar el trauma. El joven rubio lo tomó con agradecimiento y le dio un fuerte trago a la bebida.
"Él intento decirme."
"¿Decirte?" preguntó Harry confundido.
"Sabía que había algo extraño en el oso, pero no relacioné el nombre de ningún modo. Ahora tiene mucho sentido, "¡Abby!" me dijo Sam. Ese era el diminutivo que mi abuelo usaba para llamar a mi padre porque estaba orgulloso de que fuera una pequeña y malévola copia de sí mismo. Lucius Abraxas Malfoy."
"Y pensar que intentaste ponerle ese mismo nombre a Sam," se quejó Harry frunciendo el ceño aunque tratando de aliviar la tensión que se había extendido por la habitación. Draco apreció su esfuerzo y le sonrió débilmente. Debía hablar con Harry. Después. Cuando estuvieran solos.
"Disculpen mi interrupción, pero han llegado los análisis de destilación en poción reveladora," comentó el Auror Howy, uno de los primeros en llegar. Ron levantó la vista de inmediato, buscando la mirada de su mejor amigo.
Harry espero paciente los resultados de tan eficientes exámenes.
"Se trata de Jacobs Michaels, trabaja en el Ministerio. Su esposa Aneth Michaels no reporto su desaparición hace dos días porque pensó que su marido había escapado con su secretaria," explicó.
"¿No ellos son los padres de Liz Michaels?" preguntó Draco mirando a Harry.
"Sin duda, su hija juega con Jack al Quiddicht," aclaró Harry volviendo al vestíbulo donde los Sanadores de campo habían comenzado a llegar para atender al hombre.
"Aneth siempre va sola a los partidos, de todas formas. No lo habíamos visto antes," divagó Draco.
"Un matrimonio que tiene una conexión con ustedes y, sin embargo, el examen reveló que Michaels realmente estaba actuando en contra de su voluntad. La conclusión podría ser ahora que el objeto poseído tuvo ayuda dentro de las paredes del Ministerio para manipular a Michaels. En cuanto a esa pista, está más fría que el próximo invierno. Lo siento," declaró Ron.
"Así de fácil pueden llegar a nosotros," murmuró Harry.
"Harry, escucha, sobre el profeta, puedo sacar a mi gente del caso antes de la última edición," dijo Hermione apurada
"Hermione, está bien," sonrió el hombre. "Estamos bien, sólo censura un poco, en realidad no hay pruebas o sospechas de que alguien en el Ministerio haya conspirado con Lucius para hacer esto," apuntó. "Y que no mencionen nada sobre los niños," añadió al final.
"Él tiene razón linda, podría resultar un caos si se llega a insinuar algo así," dijo Ron mirando al Auror Howy que asentía vehemente. El pelirrojo había llegado a la casa momentos después que el primer Auror, con su esposa apuntando la varita detrás de él. Habían estado apunto de irse a dormir cuando la llamada por Flu se conectó con Ron mostrándoles la dirección de los Potter. Hermione no había aceptado quedarse en casa a esperar.
"Entonces debo ir de inmediato," exclamó la castaña dándole un beso rápido a su joven marido; se despidió de Harry con un abrazo y a Draco le dio un apretón en el hombro, que ella sabía, él no apreciaba. Parecía que el joven estaba aún perturbado por la inesperada experiencia, porque asintió y no articuló ninguna queja.
"Eh, Malfoy, sobre tu padre…" comenzó Ron.
Draco reaccionó alzando una mano. "Weasley, mi padre está muerto," luego sin decir otra cosa, se marchó escaleras arriba.
"Tendrás que hacerlo tú, entonces," mencionó Ron sorprendido, volteando hacia su amigo. "Debes firmar estos pergaminos para el departamento de Inefables. Han mostrado gran interés en el horrorcrux, después de las pruebas de Poción Reveladora."
"Deberían destruirlo," gruñó Harry.
"Tiene que haber una investigación previa, es el segundo caso en un mismo siglo después de todo."
Harry tomó la paleta que su amigo le ofrecía y firmó. Sabía que nunca volvería a ver al oso, como pasaba con la mayoría de la evidencia que se reunía en los casos y en la que el Departamento de Misterios se mostraba interesado. Los Inefables se habían convertido en una sección aún más hermética y más misteriosa a lo largo de los años.
Ron asintió, le dio una fuerte palmada en la espalda y lo empujó hacia el pasillo.
"¡Ve a dormir amigo! Yo me encargo de lo demás."
Harry ni si quiera respondió. Se arrastró hacia la planta alta, acariciando las heridas recién curadas. El equipo de Aurores se había encargado de eso y no había marcas sobre sus muñecas, o un dolor físico justificable. Sin embargo, sentía el fantasmal rastro de aprehensión. Como una quemadura latente.
Al mirar el pasillo, encontró a Draco recargado en la puerta del cuarto de Jack. Harry se apresuró a alcanzarlo y se colocó en el marco para presenciar la escena. El niño estaba ya dormido por lo que podía apreciar, con la luz que entraba entre ellos desde el corredor, sus propias sombras reflejadas apenas un metro sobre el infante durmiente.
"Es tan arrojado," dijo Draco rompiendo el silencio con suavidad. No suficientemente alto como para perturbarlo, pero más claro que un murmullo. "No es difícil suponer a quien se parece." El rubio se detuvo un momento pensativo, con la mirada perdida en la silueta durmiente de su hijo y después agregó en voz aún más baja: "Sobre lo de antes… lo siento, Harry. Yo no…"
Harry negó con la cabeza, suspirando con suavidad y una de sus manos se posó sobre la cintura de su compañero. El dolor fantasmal había desaparecido de pronto y una especie de orgullo aleteaba como mariposas dentro de él.
"Tan bueno, tan valiente, tan…idiota…"
Al final, Harry sonrió divertido. Sabía que Draco era un caso perdido pidiendo disculpas. Pero en su interior, estaba seguro de que no necesitaba más. Sólo se necesitaban el uno al otro.
"Bueno, creo que podemos empezar a hacernos la idea de que dejará de ser nuestro pequeño tan pronto como cruce el lago de Hogwarts."
"Qué desgracia," murmuró Draco.
"¿Qué has dicho?" preguntó Harry alzando la voz.
"Shh, guarda silencio, apenas se ha acostado," le recordó el rubio alejando la mano de Harry de su cintura y caminando sin mirar atrás a la siguiente puerta. Harry miró a Jack por última vez, admirando a su hijo primogénito con una sonrisa sobre sus labios. Luego, cerró la puerta detrás de él, dirigiéndose hacia donde Draco había ido.
El rubio ocupaba la silla junto a la cama de Sam. El niño también estaba arropado y dormía plácidamente. La luz de la lámpara había permanecido encendida a petición del menor y podían verlo bien en la claridad que le bañaba el cabello rubio y brillante.
"Mi pequeño Sam," dijo Draco para sí mismo. Sin embargo, Harry, sintiéndose excluido, se acercó hasta ellos y se arrodilló junto a la cama.
"Nuestro," murmuró quitando el cabello rubio de la pequeña frente.
"¿Y si mi padre tiene razón?" sus ojos brillaban con una esperanza que Harry odiaba ver destruida. Incluso cuando él mismo hubiera deseado que las palabras de Lucius fueran reales. Así que sin decir una palabra, negó con la cabeza lentamente, regresando su mirada a su segundo.
"Lucius probablemente realizó magia más oscura para determinarlo, pero podemos buscar el equivalente en base blanca," dijo intentando Draco.
"Los resultados de San Mungo resultaron positivos," Harry cerró los ojos, cuando recordó el contenido de la carta vía lechuza del examen basado en edad, peso, historial médico y muestra de sangre.
"Tiene que haber una segunda opinión," insistió Draco, asintiendo con renovada esperanza creciendo dentro de él.
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"¿Un aumento?" dijo Blaise con esa media sonrisa de incrédula felicidad. Casi sorpresiva, pero al mismo tiempo moderada.
Draco asintió con una sonrisa petulante y orgullosa. Harry meneó la cabeza como si tampoco pudiera dar crédito a la noticia.
"Ahora gano oficialmente el doble que Harry," anunció el rubio con petulancia.
Blaise se despegó de la barra de la cocina y le dio una palmada en la espalda. "En hora buena amigo, yo digo que esto llama a una celebración."
"Por supuesto," dijo Harry buscando en las gavetas, de donde sacó un licor de aroma suave y frutas. Sirvió en tres vasos una cantidad pequeña y espero pacientemente a que su invitado le siguiera en el brindis.
Las mejillas de Draco se tiñeron de un suave color rosado que se extendió mucho más hacia su cuello, sus orejas y, Harry estaba seguro, incluso debajo de la camisa. El líquido espeso y dulce quemó su garganta, pero no fue por eso que tosió ligeramente.
Harry sonrió con alegría, por un lado, una parte de él quería reventar de ira y celos. Pero mientras más veía las mejillas de Draco, más se daba cuenta de que no tenía por qué estarlo. Después de todo, Draco merecía ese aumento más que cualquier otro empleado y su propio egoísmo no iba arruinar el momento.
Incluso aunque esto encendiera el modo arrogante, tonto e infantil; el sentido de supremacía desagradable y ridícula que nacía muy parecido a un verdadero monstruo de ojos verdes dentro del rubio, pero al mismo tiempo se sentía tan indulgente con él en ese momento, que Draco realmente le podría pedir cualquier cosa y Harry estaría de acuerdo en conseguirla.
Sintió que necesitaba tocarlo para transmitirle el sentimiento cálido que se revolvía dentro de su propio cuerpo, acariciar las líneas masculinas de su figura o de aspirar el aroma suave de su cabello. De inmediato se sintió consiente de sí mismo y de la compañía de Blaise. Así que termino abriendo la ventana para permitir que la ventisca fría del exterior entrara a la casa.
Afuera, corrían Sam y Aliena, la hija de Blaise, tenían la misma edad y el mismo tamaño, con la misma risa descontrolada y contagiosa que le hizo sonreír. Luego, Jack se unió a la persecución activando la cuenta regresiva en la mente de Harry. Pues en algún momento después de su cumpleaños, él no había podido dejar de pensar en el tiempo que les quedaba junto a él antes de que llegara la carta de Hogwarts.
Era una locura total el tratar de asimilar que ya habían pasado diez años. Como si tratara de encontrar pruebas de que había pasado el tiempo, miró a Draco fijamente por un momento. Y si bien ya no era aquel rubio engreído y estirado al que había odiado en Hogwarts con todas sus fuerzas, su rostro aún mantenía esa aura de juventud y vitalidad que le daban un aire atractivo. Él mismo no se sentía viejo todavía y tampoco físicamente diferente.
No tenía sentido y, sin embargo, quedaba tan poco tiempo para que Jack abordara el tren a Hogwarts. Harry sabía que después el tiempo se esfumaría cada año durante siete grados, haciendo que cada verano y cada invierno regresara a ellos un niño diferente. Y así, hasta que un día sin darse cuenta, Jack regresaría hecho todo un hombre.
Era fácil, entonces, lamentarse por los días que no lo verían crecer. Y en los que su vida escolar opacaría la presencia de su familia dentro de su día a día, remplazándola con amigos inseparables y conexiones laborales. Y al final, sólo les quedaría aceptar el hecho de que no podían privar a su hijo de independencia, incluso aunque él no fuera a Hogwarts.
En el jardín, también se encontraba Pansy sentada en una banquita a la sombra de un árbol, su rostro en perfil inclinado sobre la pequeña bebé que sostenía en sus brazos, apenas a unos meses de su nacimiento. Harry secretamente adoraba tener a la pequeña Dalia en sus brazos porque, desde hace ya un tiempo, Sam no se deja acurrucar en los brazos de nadie.
Pero era muy pronto para también comenzar a contar el tiempo de Sam. Lentamente y saboreando el contenido final de su licor, volteó a ver a Zabini. Físicamente cansado por la llegada de su nueva hija. Ese era un aspecto que Harry no extraña de ser padre.
"¡Harry!" gritó la voz de Hermione desde la chimenea.
Draco rodó los ojos y él abrió la boca para decirle algo sobre la presencia de Zabini, pero casi de inmediato lo consideró con derrota y sólo suspiró cuando cruzó la cocina para atender a su amiga.
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Draco soltó una carcajada, justo después de que Harry había salido del salón.
"Así que estás en tu etapa amo a Potter," dijo Blaise rodando los ojos.
"¡No es verdad!" se quejó Draco.
"Por favor, Draco," dijo dando un trago a su licor. "Sé cuando te da esa etapa. La he visto muchas veces en los últimos años," luego, movió la mano en círculos. "Derretido como un chocolate hasta que el idiota te hace enojar."
El rubio sonrió derrotado. "Me hace reír."
"Sí, como sea."
"¿Estás bien?" preguntó Draco finalmente, levantándose para terminar la ensalada abandonada desde que su amigo había llegado, revolviendo sus contenidos con paciencia.
"Perfectamente, sólo que no duermo mucho últimamente."
"¿Por la bebé?" medito Draco, alzando la vista para mirar a su amiga Pansy en el jardín. "No te preocupes, Blaise. No es como si no supieras que después todo es más fácil. Trata de disfrutar que ahora puedes arrullarla," Draco soltó un suspiro profundo.
"Espero que tu etapa no termine como siempre," dijo Blaise con una sonrisa torcida, meneando las manos sugerentemente encima de su estómago.
A Draco le tomó un momento entender a qué se refería. Y, luego, sonrojado volteó a mirar hacia el jardín. Su propio anhelo interno le cerró la garganta por la fuerza con la que lo atacó, como si un recuerdo cobrara vida dentro de él, tan vivido que de hecho podía sentir como si Sam nunca hubiera abandonado su vientre, sus pequeñas piernas pataleando en lo más profundo de su ser.
Era tan fuerte la sensación, la nostalgia que el simple pensamiento le producía, que era casi una tentación albergar a una nueva presencia dentro de sí. De permitir que Potter lo tuviera en la cama durante días para lograr unirse y crear algo que sabía que a pesar de las dificultades, siempre cambiaría sus vidas para bien.
Su pecho latió con fuerza y su deseo reclamaba, de pronto, los besos de Harry. Su entrepierna amenazaba con cobrar vida por sí misma. Pero no lo hizo porque sabía que si Zabini lo notaba, se doblaría de risa ante su reacción. El solo pensamiento hizo que su sonrojo tornara en furia.
Draco se preparó para soltar un inteligente y largo insulto, en caso de que fuera necesario. Pero fue interrumpido por Harry, quien entró a la cocina azotando la puerta.
"¿Qué demonios te pasa?" exclamó ya incitado hacia el coraje.
La sonrisa de Harry era espectacular. Se dirigió hacia él en dos pasos y, como poseído, le sujetó el rostro con ambas manos; sin avisarle o darle tiempo a nada más, le dio un beso apasionado, explorando con efusividad cada centímetro de su boca, mientras sus manos acariciaban el cabello rubio de su compañero. Draco se encontraba tan perplejo que tardó algunos segundos en responder la caricia.
Pero en cuanto lo hizo, Harry lo sujetó de los hombros y lo levantó levemente para encerrarlo dentro de sus brazos. Draco pasó de inmediato los suyos por su cuello y sintió las manos posesivas de Harry cerrarse sobre su cintura. Era extraño e inesperado y parecía que, por un momento, la voluntad de Draco se había fundido con su propio deseo. Tardó varios minutos para darse cuenta de que necesitaba saber el motivo de tan peculiar asalto, en especial por que su mejor amigo simplemente los acaba de presenciar en un momento muy íntimo y ahora estaba muerto de risa. Sin embargo, Harry no estuvo dispuesto a soltarlo hasta que estuvo satisfecho y, sólo entonces, como si le costara trabajo dejar de besarlo, se separó con dos pequeños besos lentos y perezosos.
"¿Que sucedió?" dijo el rubio saboreando sus labios brillosos y al mismo tiempo admirando el color verde intenso de los ojos de Harry, que estaban muy cerca aún de su rostro.
"Nada," contestó Harry con falsa inocencia.
"¿Nada?" preguntó Draco formando una pequeña sonrisa. "¿Qué festejas?"
Harry se rió divertido por algunos momentos y, luego, derrotado, admitió.
"Hermione está embarazada."
La sorpresa se apoderó de Draco, quien no podía creer lo que acaba de escuchar.
"Pero ella…" comenzó impactado.
"¡Lo sé!" terminó Harry con emoción. "¡Debe ser alguna clase de milagro!"
"Los milagros no existen," aseguró Draco de inmediato, aun no convencido de que existiera una fuerza mayor que cumpliera este tipo de maravillas sin sentido u explicación.
"Magia, entonces," respondió Harry divertido. "Estoy muy feliz. ¡Van a tener un bebé!"
"Y seguro que con uno no se detienen," murmuró Blaise desde de su lugar en una silla de la cocina.
Pero Harry no se molestó por el comentario; de hecho, tomando el vaso aún lleno de Draco, lo alzó en alto y dijo: "¡Ojalá que no se detengan nunca!"
Blaise compuso una pequeña sonrisa sobre sus labios y asintió. Alzó su segundo trago con alegría y lo bebió en un brindis con Harry. La sorpresa se apoderó de Draco por segunda vez.
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Draco odia la madriguera Weasley, sobretodo en este momento en el que se encuentra abrumado por la presencia de cientos de pelirrojos y niños y gritos y más adultos de los que se pueden contar a simple vista. Todos festejando y vitoreando. Está tan cansado de tanta celebración insulsa, que si vuelve a escuchar una vez más acerca del dichoso milagro, como insisten en nombrar al embarazo de la sangre sucia, tomará a sus dos hijos y saltará dentro de la chimenea para escapar a casa.
Incluso Harry, revoloteando como un idiota alrededor de su amiga, procurando dejarle el mejor asiento, el plato más lleno, haciéndola reír con sus bromas y pequeños toques que son suficientemente discretos y cariñosos, apropiados para su amiga y su esposo, ha logrado tocarle por completo las narices.
Los celos arden. Ni siquiera la noticia del aumento de sueldo de Draco es suficientemente buena para llamar la atención de los asistentes. En su fuero interno, el rubio se siente muy satisfecho y cree que deberían festejar, además, el hecho de que Potter no trabaje más para su tío muggle. Por fin, después de tanto tiempo de precariedad y sufrimiento, ahora progresan como familia a pesar de que los Weasleys no hubieran creído que lo superarían, cuando salieron de esta misma casa, de esta misma pobreza hace diez años ya.
Al final de cuentas, Draco se retira a la otra punta del salón y espera. Con esa poca paciencia característica que ya les ha traído un centenar de problemas antes. Suspira hondo, pero aguarda, después de todo, porque sabe que Potter, no puede dejar de mirar el intenso brillo que rodea a su amiga con buena fortuna.
A pesar del silencio que a veces reina entre ellos, Draco ha aprendido a adivinar con los años qué es lo que Harry desea. Aunque, de alguna manera, siempre lo ha sabido, porque es parte de quien es y de quien fue: el niño que vivió, el solitario sobreviviente de una tragedia griega. Como adulto, lo que Harry más desea es una familia. ¿Pero es que acaso dos no son suficientes?
Draco recuerda con pesar lo difícil que fue traer a Sam a la vida y lo incierto que fue tener a Jack; y se pregunta si es como una maldición que sus embarazos hayan sido tan delicados. ¿Qué sucederá si intentan tener otro? ¿Acaso surgirá un nuevo señor oscuro? ¿Habrá otra guerra mágica?
Él no es ningún estúpido para ignorar el brillo que inunda los ojos de Harry siempre que la infanta Zabini duerme en sus brazos. Harry Potter detesta todo acerca de los Zabini, pero la bebé hace que sus ojos brillen como no lo hacen desde hace un tiempo.
Y, ahora, Hermione Granger está embarazada y Draco cree que morirá de celos. No puede ni siquiera pensar en los siguientes nueve meses que Harry, aún sin saberlo, pasará a lado de sus amigos, ignorando por completo a su propia familia.
No él no lo sabe, es demasiado tonto para predecir este tipo de cosas. Pero Draco recuerda cómo se siente ser ignorado por Potter a causa de los amigos que nunca serán los mismos para Draco.
Discretamente, toca su vientre plano, mientras mira a Harry tocar el de Hermione.
Finalmente, suspira derrotado, preguntándose qué color de ojos tendría el nuevo bebé. ¿Verde esmeralda como Sam o gris plateado como Jack?
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Harry pasó una mano por el volante del auto. "No tenías que hacerlo tío Vernon."
"No, no tenías por qué hacerlo," farfulló Draco enfadado.
El tío Vernon lo ignoró, sin embargo. "Es usado," dijo despreocupadamente.
"¡Es semi-nuevo!" contestó Harry con alegría.
"Los magos no necesitamos este tipo de chatarras," se quejó Draco de nuevo.
Harry lo manoteó alzando la vista hacia la casa de los vecinos. La tía Petunia había gritado de la sorpresa y él había hecho lo mismo al escuchar el comentario soez de Draco. Dudley gruñó junto a su padre. No había nadie en la calle, por supuesto. Pero era una paranoia general siempre que Draco acompañaba a Harry a Privet Drive, pues el rubio se negaba a bajar la voz para hablar.
Por un minuto, Harry pareció fundirse tanto en aquel aterrador cuadro familiar que Draco quedó bastante turbado.
"Muchas gracias, tío Vernon," dijo Harry. "Por todo," explicó Harry, haciendo referencia a su antigua trabajo en la fábrica de taladros.
Quizá Vernon Dursley no le quería como un hijo. No, nunca. Y era cierto que lo había privado de afecto cuando era un niño. Pero Harry sabía que había algo que los unía; que los Dursley no le habían dado la espalda cuando había estado desesperado por conseguir un empleo para mantener a la familia; y ahora estaba contento de que, al final de cuentas, se hubiesen limado algunas diferencias que tenía con su familia sanguínea. El único vinculo real que le quedaba con su madre.
Se dieron un apretón de manos y Harry puso en marcha el automóvil. Al dar la vuelta a la esquina, miró por el retrovisor a su familia.
"Estúpidos muggles," gruñó Draco. "Vivimos a cuatro horas y media de aquí. ¿En serio pensaron que era una buena idea que manejaras esta chatarra todo el camino hasta Great Lake?"
"Draco," dijo Harry apretando los labios. "Si quieres puedes tomar a los niños en el Autobús Noctámbulo. Yo, en cambio, tendré que manejar el auto hasta casa porque no hay otra manera."
"¿Y dejarte solo manejando en medio de la noche?" espetó Draco.
"Entonces cállate de una vez," lo atajó Harry, sin ganas de continuar la pelea.
Los niños estaban en silencio en la parte trasera. Unos instantes antes del amago de pelea de sus padres, habían estado subiendo y bajando los vidrios traseros emocionados con el auto.
"Fue un lindo detalle de ellos," Harry quiso explicarle a Draco, quien no entendía que sus tíos nunca le habían dado un regalo y que el hecho de que en su último día de trabajo en Grunnings, la compañía de tío Vernon le había obsequiado un Volvo S40 semi-nuevo.
Semi nuevo era casi tan genial como nuevo, hasta donde Harry podía decir. Incluso el kilometraje relevaba que nadie lo había conducido excesivamente. El interior estaba precioso y el color le gustaba mucho. Para Harry, quien se había acostumbrado a manejar un golf viejo y rayado cuando iba a las obras de la empresa, el motor de este auto era tan silencioso que podía escuchar sólo las respiraciones de su familia.
Suspiró en un silencio contenido. ¿Por qué ellos no lo comprendían?
"Lo siento, no debí gritar," dijo Harry cuando se giró para mirar a Draco. Quien tenía la vista perdida en la vetanilla y no le dejaba ver su rostro. "Bueno, di algo, ¿quieres?"
"No, no quiero. Hace un momento me dijiste que me callara y ahora quieres que te hable," espetó Draco.
Harry frunció el ceño. "¿Quieren oír el estéreo?" preguntó conciliador.
"Pon algo alegre," pidió Jack pateando el asiento detrás del conductor.
Dos horas en la carretera y Harry ya comenzaba a cansarse. Nunca había manejado tanto y mucho menos en carretera. Así que se detuvo en una estación de servicio, aunque sabía que era algo tarde para los niños que, por otro lado, se habían quedado dormidos en el asiento trasero, uno apoyado en el hombro del otro.
"Harry," comenzó a decir Draco. Su corazón empezó a latir con fuerza, al parecer el rubio ya lo había perdonado, por que había olvidado decirle Potter.
"Cuando estás con Hermione, ¿pretendes que eres el padre?"
Esa era una pregunta que no esperaba. En absoluto. "¿De qué demonios hablas?" preguntó perturbado.
"Tú sabes. Cuando estas con tu amiga o cuando sujetas a la bebé de Blaise, ¿juegas a que eres el padre?"
"Sinceramente no tengo idea de qué rayos intentas decir," Harry suspiró indignado. "¿A qué viene todo esto?"
"Es que a veces pareces desear tanto un bebé."
"Claro," dijo formando una sonrisa. "Yo siempre voy a desear tener bebés contigo."
Draco se sonrojó.
"Pero sé que es difícil para ti y que no quieres volver a pasar por ello. En especial con nuestras experiencias, hace tiempo decidí que esa es enteramente tu decisión a pesar de lo que yo quiera o desee," terminó Harry.
Draco meditó unos minutos esa respuesta. El corazón de Harry comenzó a latir con increíble rapidez. No podía creer que estuvieran teniendo esa conversación. Cuando, meses atrás, había estado seguro de que Draco nunca iba a considerarlo seriamente de nuevo.
Luego, el rubio sonrió mostrando sus perfectos dientes y los hoyuelos de sus mejillas.
"Tengamos otro bebé," dijo resuelto.
Harry no lo podía creerlo. La alegría se había apoderado de él por completo y había comenzado a tamborilear los dedos sobre el volante con un repetido cantar de festejo. Los niños se despertaron y Sam comenzó a lloriquear; pero no importó, porque Draco había empezado a carcajearse y Harry no podía dejar de sonreír de alegría.
+Notas del LOL+
De verdad que no entiendo a la comunidad latina.
Si uno escribe un fanfic malo…No dejan reviews.
Si uno se esfuerza por escribir un fanfic bueno….No dejan Reviews tampoco.
Creo que esa, es la razón por la cual nuestra amada comunidad no produce grandes clásicos. Como los fics en ingles, que, dios sabe que no exagero cuando digo que son una preciosidad.
En fin. Con estos últimos capítulos, también llega la reflexión y la resignación.
No creo que vuelva a escribir un fic como este. Primero que nada, por el simple hecho de que resulto una historia tan rica en detalles, que serán imposibles de superar por mi misma. En segundo, por lo que significo para mi hacerlo. Y en tercer lugar, por el tiempo y dedicación. La cuarta razón. Es la poca respuesta de un publico de 40 lectores seguros y perezosos en la lista de alerta. De los cuales muy poco son constantes en dejar reviews.
Por ello. Como dije decepcionada meses atrás después de mi capitulo de histeria. No volveré a poner este tipo de calidad en un fic. Seria incluso inapropiado.
Ahora me dedicare en mi conquista por la fama. A escribir lo que si deja muchos reviews. Y esas son, Escenas de desnudos!!. Lemons!!. Muchas diarreas mentales!!. Cero calidad!!. Cero Historia!!. Muchos Cliches!!. Weeee!!.
Me había dedicado a hacer cosas diferentes. Pero una vez mas, resulto la peor opción. Haha.
Solo quedan 3 capítulos aprox. Por favor, en honor a este bello fic que se termina. Dejen reviews. Si me rodaban los ojos en esta historia. En las que vienen no me van ni a leer las primeras líneas.
Att. Su cansada escritora.
