Bueno, nuevamente vengo con una disculpa colgada de este capítulo.

Lamento el retraso, aunque intenté demorar menos que la última vez. Este es crucial y definitivo, se sabrá todo, así que espero que al menos esta espera sí haya valido la pena.


Capítulo XXV

El Alquimista

De todas las posibilidades que existían Harry eligió no hablar. No sabía qué había sucedido, no entendía si era demencia a causa del frío, o alguna alucinación causada por la desesperación, sin embargo, el calor de los labios de la mujer aún en su boca resultaba tan real que no tenía palabras para describir la situación.

Finalmente llegó a su habitación tirándose sobre la cama. Empujó los zapatos lejos y contempló el cielo gris que comenzaba a descascararse en las esquinas. No sabía si decirle a Kingsley lo que había ocurrido, ni siquiera sabía si decirle a sus hijos. Tal vez mantener el silencio era una buena idea para aclarar su mente. Si abría la boca Kingsley no solo lo dejaría encerrado en la habitación sino que además le colocaría un bozal.

Se sentó en la cama y se desvistió de a poco hasta ponerse el piyama. La chimenea como siempre lo recibía llenando de calor toda la estancia, no obstante los escalofríos lo carcomían. No tenía frío, aquel estremecimiento sólo lo había sentido cuando Voldemort andaba cerca. Sacudió la cabeza para quitarse ideas no apropiadas para ir a dormir y se sacó los lentes. Sentado al borde de la cama contempló la lluvia golpear la ventana. Siempre le gustó el sonido de la lluvia, pero ésta en especial traía un desagradable presentimiento. Así que sólo por precaución, guardó la varita bajo la almohada, algo que no había hecho en años.

Sus sueños se desbocaron en infinitas imágenes que no lo dejaron dormir en paz, Ginny fue la principal protagonista.

Los gritos, los besos, la sonrisa sicótica y el semblante pasivo se interrumpían continuamente, uno sobre otro, y la mancha negra hacía acto de presencia invadiendo el cuerpo de su mujer como si fuese brea. Ginny se ahogaba en alquitrán, estiraba sus manos tratando de escapar pero el líquido la absorbía desde el suelo como arena movediza.

Harry intentó correr para rescatarla, pero cuando su mano estaba apunto de agarrar la de ella despertó sentado en la cama. El sudor empapaba su camisa y su cabeza, la chimenea estaba apagada, la habitación congelada y una leve resolana invadía el entorno indicando el amanecer.

Se pasó ambas manos por la cara y se tiró contra las almohadas. Ya no sabía distinguir si era un sueño o alguna visión.

Entonces algo se removió muy dentro de él y las preguntas brotaron como si hubiese encontrado un libro con todas las respuestas. Algo ahí no estaba bien.

¿Si había tenido visiones con anterioridad, cómo podían ocurrir?, ¿podía alguien introducirle imágenes en su cabeza?

Su ceño se frunció con rabia y lentamente se llevó la mano a la frente. Sólo una vez en su vida había sufrido las consecuencias de no ser buen Oclumantico, y fue cuando Voldemort aún estaba con vida.

Se sentó de golpe en la cama y tomó una decisión. Le iba a contar a Kingsley sobre el beso, no importaba si lo encerraba o no en la torre. Ahí algo estaba realmente podrido.

/

Scorpius se colocó su capa esa madrugada. Ya no llovía, de hecho, el sol iluminaba radiante pero el frío calaba los huesos. Se reacomodó los guantes y se enfundó el cuello con su bufanda carmesí. Sus labios temblaban, pero no por el frío. Ya se había metido en la jaula del lobo y de hecho lo tenía domado, pero ahora tenía que entrar en la boca y temía salir lastimado.

Un ruido sordo llamó su atención y se giró asustado, dos ojos claros como lo suyos lo miraban con insistencia.

—¿Qué haces levantado tan temprano? —la dulce voz de su hermana le dibujó una sonrisa, estaba parada en el umbral de la habitación y en sus manos llevaba un vaso de agua.

—¿Sed? —le preguntó de vuelta. Calisto sonrió torciendo los labios.

—No me contestes con otra pregunta—dijo con sueño— ¿tienes que ir al ministerio hoy? Creí que el señor Valmorian no estaría en el país esta semana.

La espalda del chico se erizó al oír de la inocente boca de su hermana semejante respeto hacia ese sujeto. A pesar del tiempo que ella llevaba hablando del mismo modo aún no podía acostumbrarse, pero tampoco podía decir nada.

—Es por eso que tengo que salir—mintió—. Él no está en el país así que tengo trabajo que cubrir.

—¿Tan temprano?

Scorpius rodó los ojos.

—Sí—contestó. Calisto frunció el ceño y él avanzó hacia la puerta, ella no le quitó los ojos de encima.

—¿Al menos desayunaste? —le preguntó con aquella mirada que delataba lo poco que le creía, Scorpius cerró los ojos y suspiró con una sonrisa.

—No, no he desayunado, comeré algo en el camino.

—Ten—le dijo, y le entregó el vaso mientras bostezaba enérgicamente—buena suerte en el trabajo—agregó, y se giró desapareciendo en el cuarto contiguo.

Scorpius sonrió con dulzura, se llevó el vaso a los labios pero de inmediato lo alejó al sentir algo cremoso en la punta de su lengua. Debió haberse confundido, seguro que Calisto había llenado el vaso con leche y sus ojos lo habían engañado.

/

Kingsley, ataviado con su impecable tunica bordada, lo miraba sin inmutarse. Harry le contó todo lo vivido la noche pasada con detalle temiendo por su integridad física. Para cuando terminó el director no le quitó los ojos de encima. En realidad, ni siquiera dibujó expresión alguna en su rostro. Así que mientras esperaba que éste le dijera algo se dejó distraer un momento contemplando la habitación donde el querido Kingsley Shacklebolt dormía. Nunca se le había ocurrido pisar ese lugar, pero ya que los cuadros de los antiguos directores habían retornado al despacho era mejor reunirse ahí. La habitación era circular, como la suya, pero diez veces más grande, con un ventanal gigante que dejaba ver la espectacular vista del lago y las montañas. La chimenea era igual a todas pero estaba decorada con un estandarte en la parte superior que plasmaba los cuatro escudos de Hogwarts, y algunos estantes repletos de libros. Toda la habitación estaba forrada en tapices de diversos colores y un armario abarcaba todo un extremo de la pared. Pero lo más lujoso sin dudas eran los muebles, todos de caoba pulida, el escritorio era tan grande como el del despacho y en aquella cama de dosel púrpura podían caber por lo menos cinco personas con total facilidad. Ambos estaban sentados en cómodas butacas de cojines afelpados y mullidos, Harry se juró a sí mismo dormir en uno de ellos algún día.

Por fin, Kingsley expiró todo el aire que había acumulado en sus pulmones. En algún momento Harry creyó que no estaría respirando pero jamás imaginó que fuera cierto.

—¿Qué quieres que te diga? —dijo finalmente, Harry parpadeó sin comprender.

—¿Me estás tomando el pelo, cierto?

Kingsley resopló.

—Son las seis de la mañana, no sé qué esperas que te diga… ¿bien por ti?

Harry abrió la boca sin saber exactamente qué decir, le costó un par de segundos encontrar las palabras porque no se esperaba esa clase de recibimiento por parte del director.

—¿Bien…?—sacudió la cabeza— Kingsley, ¿qué rayos te ocurre? ¡Ginny se apareció ayer! ¡Me besó! ¡Me besó Kingsley! ¿Qué clase de respuesta es "bien por ti"?

—El que Ginny haya recuperado en algo su cordura y se haya aparecido sin tener esa posibilidad en los terrenos de Hogwarts me hace suponer dos cosas—dijo, Harry lo miró intrigado—. Primero, que tenemos que aumentar la barrera de seguridad, es probable que la adrenalina producida por las hormonas le haya dado fuerzas para aparecerse y atravesar el límite, y segundo—agregó— no tengo cabeza para andar haciendo teorías a esta hora, necesito desayunar.

Harry se desplomó en la butaca y cerró los ojos implorándole a Merlín.

—Necesito respuestas Kingsley, Ginny se está volviendo loca, literalmente—dijo preocupado—. Algo le pasa con Whitemore, para la reunión dijo que le gustaban sus ojos. Kingsley, en algo debo recordarle aunque esté con el disfraz.

—Le pediré a Albus que la mantenga vigilada, ahora que Valmorian no está en el país será más fácil tenerla bajo custodia.

—Te olvidas de James—dijo afectado—, su mano derecha.

Kingsley bostezó.

—Pero es menos peligroso, James deja que Albus se acerque a su madre, siguen siendo hermanos. Existe esa fraternidad aún, Valmorian no ha podido romperla.

Harry dudó un segundo pero finalmente terminó aceptando.

Cuando salieron de la habitación del director y se encaminaron hacia el comedor para desayunar a Harry se le había pasado por alto que era lunes, y ciertamente no tenía ganas de dar clases, había cosas más importantes en las que pensar. Así que con todo su pesar apenas divisó a Nordieth sentada en la mesa de los profesores se acercó a ella.

—No pedí compañía—Le dijo sin mirarlo mientras leía El Profeta, Harry se sentó a su lado y mágicamente un plato con cereales apareció frente a él.

—Necesito pedirte un favor—dijo derrotado, nada podía parecerle más humillante que pedirle un favor a esa mujer. Una sonrisa seca salió de los labios de ella—es en serio.

Ella lo miró de reojo con una expresión de burla que rápidamente se transformó en una de impacto.

—¿Estuviste con ella?

Harry la miró ceñudo y asintió.

—¿Cómo lo…?

—Nunca has sido buen Oclumantico—le dijo con la voz dura, Harry suspiró profundamente y comenzó a comer su cereal sin tener hambre.

—Necesito que tomes mi lugar hoy en las clases, —le pidió y se sintió fatal por todos sus alumnos— si es posible toda la semana.

Nordieth apenas se inmutó.

—¿Qué les estás pasando?

—Hechizos de desarme y Patronus—ella volvió a reír pero esta vez con burla, él siguió mirando al frente y agregó con dureza—: No te lo voy a volver a repetir. Te lo pido con cordialidad Cardinni, esos chicos necesitan un profesor que esté siguiéndoles los pasos. Si llego a saber que reprobaste a cada uno por no hacer lo que tu haces con los avanzados, yo…

—Descuida—dijo parca— No puedes estar presente en todos los lugares Yo haré mi trabajo y tú preocúpate de salvar a tu familia.

La sola mención de su familia le revolvió el estómago y se vio obligado a dejar el cereal de lado. Se levantó, la miró fijamente, y sin despedirse se alejó con elegancia del gran salón ondeando su gabardina vieja.

Escuchó que lo llamaban pero no quiso saber quien, simplemente necesitaba respuestas y para eso tenía que hablar con su hija. Cuando dobló en una esquina alguien lo agarró el brazo

—¡Jhon! —gritaron más cerca, Harry se detuvo bruscamente y lo tomaron por el codo.

—¿Qué ocurre Neville? —le preguntó con hastío, quitó su brazo con rudeza y luego se rascó los ojos bajo los lentes— lo lamento, ando algo nervioso—le confesó.

—Eso ya lo notamos—dijo el otro blanqueando los ojos—, ¿me puedes decir que te pasa? Acabas de llamar la atención de casi todo el comedor, los profesores están murmurando. ¿Qué discutías con Nordieth?

Harry sintió sus palmas húmedas, un grupo numeroso de alumnos pasó alrededor de ellos, ambos se hicieron los desentendidos para escapar de las miradas escrutadoras.

Cuando estuvieron solos nuevamente, Harry habló.

—¿Hablaste con Kingsley?

—No lo he visto desde que llegué al comedor, —sacudió la cabeza y su bigote aleteó— ¿qué diablos está ocurriendo?

Harry miró alrededor y tomó a su amigo del brazo ocultándose al interior de un aula vacía.

—Anoche me encontré con Ginny—dijo muy, muy bajito. Neville abrió los ojos como platos.

Harry le contó la historia e incluyó además las pesadillas y lo que él creía eran conexiones con imágenes reales. Para cuando terminó Neville estaba con la mandíbula desencajada.

—La iré a visitar.

—¡No! —lo atajó, y lo agarró por los brazos— no hagas nada, no podemos. Albus se encargará de eso, es mucho más normal verlo a él en la casa que a cualquiera de ustedes, más aún ahora que Valmorian no está. James le contará todo si te ve por ahí.

Neville suspiró y asintió con la cabeza.

—¿Y qué piensas hacer mientras tanto? ¿Esperar que las respuestas aparezcan solas?

—No, necesito a Lily—contestó con rapidez, Neville apretó los labios— ¿sucede algo?

—Lily no está en el colegio—le contó. Harry sintió que algo muy pesado le caía sobre los pies y desestabilizaba su peso.

—¿Cómo dices?

—La vi salir esta mañana acompañada de Hagrid, llevaba una capa de viaje.

Harry apretó los puños y se giró con fuerza saliendo del aula mientras Neville lo llamaba en vano.

Se detuvo en el umbral del Gran Salón pero no divisó a Kingsley en la mesa. Caminó con rapidez a través de los pasillos esquivando alumnos mientras sus ojos se mantenían fijos en la pared del fondo. Sabía que Kingsley estaría encerrado en su despacho ahora que los cuadros habían retornado a sus lugares, y que probablemente se mantendría impávido y sin abrir la boca gracias a eso.

—Maldito cobarde—masculló cuando llegó a la gárgola, Neville le había dejado de seguir el paso varios pisos atrás.

Cuando apareció la escalera de caracol la subió a zancadas y golpeó la puerta con fuerza. No le sorprendió encontrarse con el rostro ceñudo de Draco cuando le abrió, pero sólo asomó la cabeza.

—Ya no tengo quince años para que me oculten cosas Malfoy, ¿sabes?, mis piernas realmente se cansan cuando subo las escaleras así que, ¿podrían dejarse de jueguitos con Kingsley y contarme qué mierda está sucediendo? No tengo ni el ánimo ni la energía para andar persiguiéndolos.

Draco frunció aún más el ceño.

—No puedes entrar—le chistó—hay directores aquí que pueden reconocerte. Sus cuadros están en el ministerio e incluso en Azkaban.

—¡Entonces salgan! —le exigió, desde adentro la voz de Kingsley sonó pesada y lenta.

—¿Qué ocurre Draco?

Draco se quedó en silencio. El pecho de Harry subía y bajaba. Definitivamente ya no tenía edad para andar corriendo.

—Nada—contestó, y a Harry le entraron ganas de asestarle un puñetazo en ese mismo instante, pero entonces agregó: — es un elfo. Tengo un mensaje importante de mi familia, ya regreso.

Con mucho cuidado Draco salió cerrando la puerta. Se apoyó en el marco y se rascó los ojos.

—¿Qué está pasando, Malfoy? —quiso saber Harry inspirando profundamente para apaciguar sus pulmones.

El otro lo miró cansado.

—No sé de qué me estás hablando—contestó, y pareció decirlo honestamente aunque estaba acostumbrado a no creerle ni una sola palabra.

—¡No te hagas el imbécil! —Escupió furioso agarrándolo por las solapas de su chaqueta—¿Por qué sacaron a Lily del colegio sin decirme?

Draco se quitó sus manos de encima y se alisó la chaqueta mirándolo con rabia.

—Si te controlas, te cuento—le pidió arrastrando las palabras, Harry lo soltó dándole un leve empujón. El otro se alisó la chaqueta y lo miró con altanería— la sacó Kingsley esta mañana después de que hablaste con él. Llamó a Albus, le contó sobre tu situación y ahora tus dos hijos se encuentran encerrados en la cabaña haciendo experimentos.

—¿Qué…? ¿Y por qué no me dijo nada? —exigió saber agarrándose la cabeza. Definitivamente era la edad lo que lo tenía al borde del colapso, al menos cuando joven podía tolerar ciertas situaciones.

—Porque te necesita aquí en el colegio—le reprochó Draco con los dientes apretados— te lo iba a decir más tarde, pero por lo visto prefieres perder el tiempo y dar espectáculos en lugar de hacer clases.

—No te debo explicaciones, Malfoy—le contestó malhumorado. Draco resopló.

—Mira, Lily y Albus tienen cosas importantes que hacer, Kingsley les asignó una misión o algo.

—¿A mis hijos? ¿Con el permiso de quien?

—¡De nadie! ¡Potter, baja de la nube! ¡Diablos! Tus hijos ahora son parte de la estrategia, Kingsley los necesita para descubrir cómo eliminar la poción de Azufre.

—¿Y por qué no me dijo nada? —preguntó molesto, Draco levantó los hombros.

—Después de lo que viviste ayer tómalo como un favor, no te habrá querido dar más problemas.

—Pero son mis hijos de quienes estamos hablando, ¿cómo es posible que los meta solos en este lío de adultos?

Entonces Draco soltó una carcajada, pero fue tan honesta que a Harry le dieron ganas de reír también.

—¡Merlín, Potter! Eres divertido.

—No te entiendo—dijo incrédulo.

Draco lo miró como si no pudiera creer lo que escuchaba.

—Temes que tus hijos se metan en este lío cuando son parte de él, y además, ¿no fuiste tú quien salvó al mundo a los diecisiete años?

Harry sintió que su cara se calentaba, se humedeció los labios e intentó mantener una compostura seria aunque sabía que no lo estaba logrando.

—Esto es diferente…

Draco se puso serio.

—Nada es diferente. Es lo mismo. Un sicópata que anda suelto está a la cabeza del ministerio y tu familia es parte del plan. ¿Entiendes? Todos tenemos que ver, es como un dominó, las fichas caen bajo su propio peso llevándose a las otras consigo. Tus hijos son algunas de esas piezas y están intentando no caer. Por eso están metidos en este embrollo.

Harry lo miró atónito, la expresión de Malfoy era tan sabihonda que era difícil creer que era el mismo idiota que había conocido cuando joven.

—¡Está bien! Ya entendí.

—Vuelve a tus clases Potter, te hará bien distraerte un rato—Draco se dio vuelta y agarró el pomo de la puerta, pero Harry lo detuvo.

—Espera, ¿qué haces tú aquí? ¿Por qué están encerrados?

Draco frunció el ceño.

—¡Diablos Potter! Eres peor que Skeeter—dijo enojado— lo que haga con Kingsley es asunto mío, ¡deja de perseguirte! Nadie está confabulando en tu contra.

—¿Dumbledore está ahí? —preguntó entonces. Si los cuadros habían retornado a su lugar el que había estado en su habitación tenía que estar ahí. Draco pareció dudar.

—Potter, Dumbledore ya no existe, es simplemente un cuadro—dijo con frialdad, aunque Harry sintió un leve tono de compasión.

—No es solamente un cuadro—dijo ofendido— su alma lo interviene, necesito hablar con él—insistió intentando pasar, pero Draco lo detuvo empujándolo en el pecho.

—Ya basta—lo atajó—, no puedes hablar con Dumbledore, al menos no ahora.

—¿Qué? ¿Por qué? —quiso saber, Draco blanqueó los ojos.

Porque ahora está en reunión conmigo, ¡vuelve más tarde!

Y antes de que Harry pudiera decir algo Draco desapareció tras la puerta. Se apoyó de espaldas a la pared y se pasó una mano por la cara. Tal vez podía tomarse el día libre, después de todo no tenía ninguna intención de dar clases cuando su mente estaba aún en los labios de Ginny. ¿Por qué siempre existían secretos? ¿Había algo que él no podía saber, o simplemente Malfoy lo estaba jodiendo?

Salió de la oficina con mal humor. Cruzó con velocidad el pasillo hasta que se detuvo frente a un socavón en la pared cuyo paisaje al otro lado vibraba como si fuera una televisión mal sintonizada. El hechizo que le había propuesto a Thomas para impedir que se filtrara el frío funcionaba a la perfección con la temperatura, pero no dejaba ver con claridad las bellas imágenes que ofrecía el bosque prohibido bañado por los rayos de sol.

Entrecerró los ojos, miró el horizonte soleado y tomo una decisión. No quería estar en el colegio, necesitaba salir, tenía que ver a sus hijos, para eso había dejado a Nordieth a cargo, para que el pudiera estar con Lily. Así que optó por la opción más sana: ir a la cabaña del bosque.

/

—¿Estás segura que funcionará?

—No—contestó Lily frunciendo los labios.

—¿Y por qué insistes en usar…—Albus entrecerró los ojos y acercó la nariz a un grueso libro—…veneno de Chei…qué?

—Cheiranthus Cheiri—corrigió su hermana—, Alhelí amarillo, tengo una teoría—agregó mientras extraía unas demacradas hojas amarillentas de un frasco.

—¿Y es…?

Lily dejó caer una hoja al interior del caldero hirviendo bajo la chimenea, la poción comenzó a hervir y a expeler una burbujeante ola de humo anaranjado, Albus se alejó con rapidez.

—No, definitivamente esto no era—dijo la chica entrecerrando los ojos mientras con su varita hacía un rápido movimiento que de inmediato hizo desaparecer el vapor.

Albus se acercó a ella con la nariz fruncida, Lily se sopló el flequillo con frustración.

—Claramente no—aceptó su hermano y dejó el libro a un lado para recoger otro que estaba marcado en una página sucia— ¿Por qué no pruebas las demás recetas? Todas hablan sobre "cortar los efectos"

Lily se rascó la nariz con el brazo y se sentó en el suelo cruzando las piernas.

—Porque ninguno es tan potente como para cortar el azufre, necesitamos algo que lo iguale en esencia—contestó Lily rascándose la cabeza con una mano y agarrando un libro al azar con otra. Ojeó las páginas con rapidez y lo volvió a dejar a un lado mientras recogía otro.

Albus la miraba desde arriba.

—Creo que te estás estresando, no piensas con claridad, estás buscando con desesperación, ¿no sería mejor leer con calma cada receta?

Lily achicó los ojos y lo fulminó con la mirada desde el suelo.

—Claro, no es mala idea—dijo con una sonrisa apretada— recoge un par de libros y léete las quinientas páginas receta por receta, cuando encuentres algo interesante me avisas.

Albus achicó los ojos.

—Era una sugerencia—masculló sentándose a su lado y recogiendo un grueso libro de tapa quebrada.

—Si no vas a sugerir algo más inteligente cierra la boca—zanjó Lily enojada, Albus la encaró.

—¿Quieres dejar el drama de lado? —exigió— me tienes bastante cansado con esa actitud de mártir.

—¡Entonces ayuda!

—¡Es lo que estoy haciendo!

—¡No parece!

—¡Eres una…!

—¿Qué ocurre aquí?

Harry se apareció en la puerta de la cabaña con su verdadera forma y mirando con sorpresa a sus dos hijos menores. Sabía que las discusiones entre hermanos se daban en las familias casi como si fueran genéticas, pero le parecía raro encontrarse con Lily y Albus discutiendo sin mirarse a la cara, como si le gritaran a la pared.

—¿Papá? —inquirió Lily con el ceño fruncido.

—¿Qué haces acá? —agregó Albus, Harry entró a la cabaña y cerró la puerta.

—Me imaginaba otro tipo de recibimiento, pero bueno…—dijo con una sonrisa torcida, Albus se levantó del suelo y se acercó a abrazarlo.

—¿Qué dices viejo? ¡Es genial que estés aquí!

—¿Qué pasó con tus clases? —quiso saber Lily que mantenía un libro sobre sus piernas cruzadas, Harry se deshizo del abrazo y se sacó la gabardina.

—Dejé a Nordieth a cargo—masculló no muy contentó colgando el abrigo en un perchero, Albus y Lily abrieron los ojos como platos.

—¿Dejaste a Madame Cardinni a cargo de tus clases? —se impresionó Lily, Harry sintió un terrible vértigo carcomerle el estómago cuando escuchó a su hija hablar así sobre la mujer que menos soportaba en esos instantes, Albus asintió con la cabeza.

—Creí que no te caía bien—comentó como si le leyera el pensamiento.

—No es algo que quiera conversar ahora—masculló agitando las manos como si le restara importancia—tengo que contarles algo importante—agregó seriamente, y se sentó en uno de los sillones frente a la chimenea. El caldero hervía precariamente y expelía un dudoso aroma.

—¿Sucedió algo? —preguntó Albus preocupado, Harry juntó sus manos inclinándose hacia delante, suspiró y les contó todo lo sucedido las últimas horas.

Cuando finalizó el relato Lily y Albus tenían la misma expresión de no poder creerlo, Harry se pasó una mano por la cabeza y sonrió.

—Creo que puse la misma cara que ustedes.

—¡Lo sabía! —saltó Albus eufórico— ¡mamá te recuerda! Muy dentro de ella te quiere… o a Whitemore… ¡Claro! —exclamó dándose un golpe en la frente— ¡Le pasan cosas con Whitemore porque te siente dentro de él!.

Lily se removió nerviosa.

—No lo sé—murmuró—, suena romántico, pero mira la circunstancia—le dijo a Albus—, se está volviendo loca, Al. Si sigue así no va a poder distinguir lo real de lo falso.

Los tres Potter se quedaron en silencio. Harry escuchaba quedamente el murmullo del fuego bajo el caldero. Lily tenía razón, Ginny estaba perdiendo la razón y su situación como el 'conquistador Whitemore' no la ayudaría en nada. Tenía que volver a ser Harry y recordarle quién era.

—Tenemos que destruir a Valmorian—dijo resueltamente golpeándose ambas rodillas—. No puedo hacer nada como Whitemore, creí que sería buena idea conquistarla siendo otro pero Lily tiene razón, —dijo mirando a Albus— como Jhon sólo la confundo más. Ella debe saber que soy Harry, no sentirme como Harry. Y para eso tenemos que acabar con la peste que la contamina.

Albus apretó los puños.

—Entonces hay que leer—dijo recogiendo los libros en el suelo—. Dijiste que son quinientas páginas y cientos de recetas, bueno… aquí tienes un par de ojos extra y dos varitas que pueden ayudar a apurar el proceso—le dijo a Lily, la chica torció una sonrisa y levantó las manos.

—Está bien… está bien, pero si esta noche no encuentran nada volveremos a mi método—dijo amenazándolos con el dedo, Harry arqueó una ceja.

—¿Qué es lo que necesitas precisamente?

Lily frunció la nariz.

—Veneno—dijo suspirando—la receta más potente que puedan encontrar.

/

Sus ojos celestes estaban mirando el jardín que se extendía ante sus ojos. Dibujó una sonrisa mientras leía un libro de poemas escoceses que le había regalado su madre.

Las nubes se agolpaban como nubes de algodón y proyectaban sombras sobre los árboles. Sonrió y siguió leyendo. Estaba sola, siempre aprovechaba de relajarse cuando sucedía. La creatividad y la belleza de lo sencillo la envolvían y no podía evitar saborearlo y sentirlo hasta transformarlo en algo tangible.

Repentinamente el suave calor que se filtraba de los rayos del sol por la ventana se apagó. La casa se congeló y las nubes que le otorgaban una deliciosa sombra al árbol del jardín se esfumaron uniéndose al cielo pálido.

Dejó lo que estaba haciendo para cerrar la ventana, pero entonces a través del rabillo del ojo confirmó que no estaba sola.

Se giró asustada y se aferró al marco con las uñas. El libro resbaló de la mesa y cayó al suelo liberando cientos de pétalos que volaron alrededor. El invitado sonrió e inclinó la cabeza.

—¿Usted? —preguntó intrigada— ¿qué hace aquí, cómo entró?, ¿vino con mi madre?

—Querida mía… qué escondido te lo tenías—dijo acercándose con cuidado. Ella intentó retroceder pero sólo logró agazaparse contra la ventana.

—No sé de qué me habla… ¿qué… por qué está aquí? Papá no llega hasta la noche—dijo nerviosa ante esa sonrisa macabra que emanaba del sujeto—, ¿usted no debería estar viajando?

Valmorian amplió aún más su sonrisa, sus piernas temblaron.

—Tengo mejores cosas que hacer…

Y antes de que pudiera hacer o decir algo, la oscuridad se hizo ante sus ojos cegándola completamente. Los pétalos desaparecieron y junto a ellos, su rastro.

/

Scorpius se deslizó con lentitud entre los callejones. Su cabeza estaba cubierta con la capucha de su capa. Se detuvo pegando la espalda a la pared y sonrió triunfante cuando descubrió la entrada del antiguo Herbolario como fachada de aquel ruinoso edificio. Miró hacia arriba, las nubes estaban cubriendo de a poco el cielo azul que había despejado esa mañana, el edificio estaba repleto de ventanitas cuadradas con los vidrios sucios, claramente una señal de que estaba abandonado. Sonrió y se escabulló hasta una gran entrada bloqueada por un portón viejo y desteñido, sacó de debajo de su cuello de tortuga un collar y deslizó una gruesa llave por la cerradura oxidada. Costó empujar la puerta infestada de telarañas, esa entrada no se había usado en años y se preguntaba qué habrán visto los muggles cuando ejerció presión en ese antro.

Una vez adentró cerró la puerta a su espalda y tosió un par de veces cuando el polvo flotante reaccionó a la corriente. Sacó la varita y apuntó a la nada.

Lumus Maxima—susurró.

La varita encendió toda su potencia iluminando algo que parecía una antigua botica. Un largo mesón abarcaba la mitad de la habitación desde un extremo de la pared hasta donde había una segunda puerta. Caminó con cuidado abanicando los brazos cada vez que se enredaba con telarañas colgantes e hilos de polvo. Agarró el pomo de la puerta llenando su mano de tierra, pero no se abrió. Resopló e hizo crujir sus hombros, se alejó un par de metros y apuntó nuevamente con la varita.

Alohomora—susurró. Para su sorpresa la puerta abrió con total facilidad, frunció el ceño, aquello no podía ser tan fácil. Valmorian debía tener algo oculto con mayor cuidado.

Detrás de la puerta había una escalera que ascendía hasta una claraboya en el techo. Se sujetó con cuidado del pasamanos y subió mirando bien el suelo donde pisaba. Encontró curioso que a pesar de la suciedad de todo el lugar la escalera estuviera impecable. Sonrió, se estaba acercando.

Cuando llegó al techo empujó la puerta trampa y se sujetó con un brazo para darse impulso hacia arriba. Lo que encontró delante de sus ojos no se lo esperaba. Ahí arriba existía una completa habitación decorada con muebles cubiertos por sábanas blancas. Las cortinas estaban sucias y amarillentas, el sol apenas entraba a través del vidrio opacado por el tiempo, y la cantidad de cajas que se amontonaban en las esquinas daban la sensación de que alguien se había preparando para embalar pero nunca volvió por las cosas.

Caminó a través del cuarto que terminaba en dos puertas más. Ambas las abrió y se encontró con nuevos cuartos y nuevas escaleras que seguramente llevaban a los pisos superiores. Se alejó untar de pasos hasta quedar al centro de la habitación. Aquel edificio completo debía haber funcionado como el orfanato que tanto habían comentado.

Recorrió cada rincón del lugar, nada indicaba que ahí se ocultara algo más que mugre. Camas viejas, muebles desvencijados y libros para colorear raídos por el tiempo eran los únicos testigos silenciosos de que ahí había vivido alguien. Se pasó una manga por la frente para quitarse el polvo y se metió en una tercera habitación cuya puerta era la más elegante de todas: una oficina principal.

La pared estaba atestada de diplomas y de permisos ciudadanos firmados por el ministro que otorgaban al lugar la posibilidad de encontrarles hogar a niños huérfanos.

Scorpius contempló cada escritura y documento hasta que terminó por encontrar un mueble atiborrado de objetos: juguetes, linternas, cepillos para el pelo y muñecas. Recogió un libro que se titulaba "Los Mejores Cuentos de Oscar Wild" y apenas lo elevó una fotografía cayó al suelo. Se agachó a recogerla y la miró con detención. En ella había un muchachito cercano a los ocho años que miraba a la cámara con una sonrisa siniestra, parecía que se burlaba del fotógrafo. Tenía el cabello desordenado y una camisa deportiva sin mangas. En sus manos cargaba el libro que él había encontrado. No podía deducir bien sus facciones ya que la foto llevaba años ahí y debido a la descomposición de los colores no podía adivinar si el niño tenía los ojos claros u oscuros. Abrió la tapa del libro para dejar la foto pero sus ojos fueron directamente hacia el extremo derecho de la primera hoja.

—Athos Valmorian—leyó en un susurro. Su corazón se desbocó y sus ojos comenzaron a jugar tenis yendo de la fotografía al libro sin parar. ¿Aquello podía significar algo? Seguramente en todo ese maldito edificio debía haber información de la estadía de Valmorian en el orfanato.

Se guardó el libro en el bolsillo interior de la capa y se giró yendo directamente hacia los archiveros que estaban tan sucios como los diplomas. Los abrió con la varita pero se llevó una gran decepción al encontrarlos vacíos.

—Sacó todo…—masculló decepcionado, y su voz hizo eco en toda la oficina.

Un estremecimiento lo invadió de pies a cabeza y una duda lo alarmó. ¿Por qué alguien tan meticuloso como Valmorian habría quitado toda pista de su pasado dejando dentro de un armario olvidado su libro favorito con una fotografía? Intentó comprender cómo podía funcionar aquella mente siniestra, pero la única respuesta a la que le encontró sentido fue que alguien como él jamás se apegaría a una posesión emocional, si el libro fue algo importante en su época de huérfano aquello sólo implicaba recordar un doloroso pasado. Y Athos Valmorian jamás, jamás miraría algo con nostalgia, aunque hubiese sido una posesión valiosa.

Miró hacia todos lados esperando encontrar alguna respuesta en el techo o en la pintura maltrecha, pero lo único que sintió fue que estaba perdiendo su tiempo. Se lamentó, tanto trabajo para entrar en el herbolario sólo había servido para descubrir una foto de la infancia del sujeto, ninguna sola pista existía en todo el lugar, y maldijo su mala suerte.

Decidió que era hora de marcharse. Intentó desaparecer pero como había previsto el lugar estaba hechizado para que no se entrara ni saliera de él con magia. Hizo todo el recorrido de regreso caminando hasta llegar a la estrecha escalera que lo conectaba con la entrada. Cuando finalmente salió y el frío del exterior le dio la bienvenida suspiró soltando las tensiones. Un gran autobús pasó por la avenida que colindaba con el edificio haciendo mucho ruido, y fue gracias a eso que no escuchó el grito de auxilio proveniente del lugar que había dejado atrás.

/

Harry se había desplomado en el sofá después de leer al menos tres libros ayudando a Lily a buscar ese veneno que tanto necesitaba. Se dijo a sí mismo que descansaría los ojos hasta que cayó rendido a los brazos de Morfeo. Albus lo imitó recostando la cabeza en la mesita ratona y no volvió a despertar, hasta que un grito de alarma proveniente de la chimenea los despertó a todos, incluso a Lily que cabeceaba sobre un libro. El caldero casi salió despedido de no ser porque la chica lo alcanzó a detener antes de que lo poco que llevaban de poción quedara desparramado sobre el suelo.

Harry dio un salto al igual que Albus, todos se miraron aturdidos mientras la cabeza de Draco Malfoy gritaba cosas incoherentes.

—¿Malfoy qué…?

—¡Tienen que venir, no está por ningún lado, Merlín!

—¿De qué rayos estás…?

—¡Calisto! ¡Marlín, Calisto!

Harry se espantó al ver en los ojos de Malfoy una mirada que jamás habría esperado ver en él. Estaba totalmente perdido y fuera de sí.

—¿Tú hija? ¿Qué…?

—¡Desapareció! ¡No está, Merlín!

—¿Cómo que no..? —la expresión de Lily se transformó en una de pánico que Harry no logró descifrar.

—¿Qué ocurrió con Calisto? —preguntó Albus más nervioso de lo habitual, Harry le dedicó una mirada preocupada mientras Malfoy chillaba desde el suelo.

—¡Tienen que venir a la mansión, ya!

No alcanzaron a reaccionar cuando la cabeza desapareció de las brasas. Lily se levantó con rapidez y cogió de un sillón una larga capa negra, Albus la imitó recogiendo su chaqueta de cuero del perchero, Harry era el único que no se movía.

—¿Alguien me puede explicar qué rayos pasa?

—Si se trata de Calisto…—balbuceó Lily sacando el caldero para meterse a la chimenea— todo.

—¿Cómo dices…?

Pero se quedó con la pregunta en la boca, porque su hija había tomado el frasco que contenía polvos Flu de la repisa y había desaparecido en un parpadeo. Albus la siguió y a Harry no le quedó otra que tomar su gabardina, transformarse Whitemore y desaparecer tras su hijo. Cuando tuvo los polvos verdes en su mano pensó cuánto se estarían divirtiendo los Dioses con él, miró hacia el cielo y se preguntó si había hecho algo realmente malo en otra vida como para que nadie nunca le dijera nada y le escondieran la información hasta el último momento. Sacudió la cabeza y lanzó los polvos a sus pies a la vez que gritaba al igual que sus hijos: —¡Mansión Malfoy!

Sintió aquella presión en el estómago que no sentía desde que Draco lo sacó de Azkaban, apretó los labios para impedir las nauseas y cerró los ojos, hasta que finalmente cuando la velocidad comenzó a cesar preparó sus pies y acuclilló sus piernas para salir elegantemente del otro lado.

Con un poco de suerte no alcanzó a tropezar. Le costó adaptar la visión al salón donde se encontraba porque estaba en penumbra. No se había dado cuenta cómo había pasado el tiempo en la cabaña y ahora lo notaba al ver por la ventana el atardecer. Frente a él tenía un cuadro muy singular, una mujer llorando con terribles convulsiones sentada en un largo sillón de cuero mientras Lily le acariciaba el cabello y la abrazaba por los hombros. A su lado Draco se frotaba las manos con nerviosismo mientras Albus abrazaba a Scorpius, ataviado aún con su capa de viaje.

—¿Alguien me puede explicar qué está pasando? —pidió Harry, Draco lo miró de soslayo y la mujer lanzó un alarido.

—¡Mi niña, mi niña! —lloró, Lily se abrazó más a ella y también derramó un par de lágrimas.

—¿Qué pasó con tu hija? —preguntó compasivo a Draco que miraba a su mujer sin decir nada. Lo miró débilmente, Harry había visto esa expresión antes: en él mismo.

—Desapareció…—murmuró.

—¿Cómo que desapareció?

La mujer suspiró cortadamente y lo miró.

—¿Quién es usted?

Harry se sonrojó y se pasó una mano por la cabeza.

—Jhon Whitemore, amigo de Draco—se presentó, y rió internamente de su propio chiste.

—Ah…—balbuceó ella y luego miró a su esposo— ¿qué hace aquí?

Draco se removió incómodo.

—Es el profesor de Defensas en Hogwarts, podrá ayudarnos—le dijo con una ternura que no parecía propia de él.

—Por supuesto—asintió Harry sintiendo compasión por Astoria, a quien por fin conocía de cerca— haré todo lo que esté a mi alcance para ayudar, pero necesito saber qué está ocurriendo.

La mujer se enderezó distanciándose de Lily levemente y se sonó la nariz con un pañuelo blanco.

—Draco, le…—tembló—… ¿le contó Draco sobre mi hija?

Harry lo miró.

—Sólo que es Squib—confesó, Astoria cerró los ojos con una mueca de dolor y agitó la cabeza.

—No… No, no es Squib—lloró, Harry frunció el ceño.

—No comprendo—admitió, Draco suspiró incómodo y se pasó una mano por la cabeza.

—Yo tampoco—dijo Scorpius visiblemente sorprendido saliendo de su silencio, Albus lo imitó, parecía tan intrigado como su amigo.

Astoria lanzó un grito, Harry notó que Lily intentaba tranquilizarla.

—Lo lamento tanto…—se disculpó la mujer mirando a Scorpius—te lo íbamos a decir, pero…. Sólo nostras lo sabíamos y… era mejor así.

Harry no entendió nada y sólo pudo mirar a Draco quien parecía molesto.

—Hasta que tuviste las agallas para confirmármelo— murmuró, Astoria lanzó un quejido y Lily la volvió a abrazar.

—Draco, si quieres que te ayude necesito que me digas qué está pasando—le pidió Harry, la cabeza estaba comenzando a dolerle, no estaba de ánimos para procesar más información de la necesaria.

—Calisto no es bruja—explicó Draco, o eso le pareció a Harry, sólo que lo dejó con más dudas si era posible.

—¡Pero me acabas de decir que tampoco es Squib! ¿Cóm…?

Sus ojos se desviaron de Draco a Astoria y de Astoria a Lily. Su cabeza había comenzado a atar cabos sin fundamento, sólo, por recordar ciertas cosas que había estudiado cuando se preparaba para Auror.

—¡Alguien me puede decir qué ocurre con mi hermana! —estalló Scorpius derramando lágrimas— ¿Lily? —le preguntó a la chica, pero ella lo esquivó con la mirada.

—Diles tú…yo…—le pidió Astoria que se tapó la cara con ambas manos y lanzó un grito de dolor.

Lily se acongojó, parecía realmente pequeña vista desde la posición sobre el sillón.

—Calisto hace un par de años descubrió una… habilidad—contó muy bajito, Harry tuvo que acercarse para oír mejor, la chica le hablaba al suelo probablemente para escapar de la mirada acusatoria de su novio—. Yo y la Señora Malfoy fuimos las únicas que estábamos presentes, prometimos guardar el secreto para protegerla.

—¿Qué secreto? —exigió saber Scorpius, Harry no pudo evitar sentir compasión por él.

Lily arrojó un par de lágrimas.

—No nos culpen, sólo intentábamos protegerla.

—¡Habla de una maldita vez! —le gritó Albus, Harry pegó un salto al ver a su hijo tan enojado.

—Es una alquimista—reveló con rapidez, y el silencio se hizo presente en

La habitación. Scorpius se dejó caer en el brazo del sillón y Harry procesó la información sin poder creer lo que oía. Calisto era una persona capaz de convertir la materia.

—¿Qué..:? —murmuró Scorpius, Harry notó que hacía gestos con la cara como si recordara algo— esta mañana me ofreció un vaso de agua—contó— pero luego era leche.

—Eso no es nada—dijo Lily compungida, Astoria sollozó a su lado— la hemos visto transformar el jardín completo, todo a su paso se transforma sin que ella lo quiera.

—¿Por eso no la metieron a Hogwarts? —preguntó Albus, a Harry le apreció curioso que su hijo sudara tanto, parecía incluso más preocupado que la propia familia.

—No, —dijo Draco finalmente— Calisto nació Squib, y yo lo creí así hasta que la descubrí transformando la maleza en un rosal—Astoria lo miró de soslayo— creíste que no estaba en casa.

—Yo…

—Lo terrible no fue saber que mi hija es lo que es, fue saber que me habías ocultado semejante secreto—le espetó a su mujer, y Harry reconoció con un estremecimiento lo mucho que se parecía a Lucius.

—¿Y qué pasó? —Preguntó Scorpius con un hilo de voz, Lily lo miró— ¿por qué la ocultaron, por qué nunca me dijo nada?

—Ni ella misma sabía lo que hacía, se tenía miedo—explicó nerviosa—, pero además, el que la comunidad mágica sepa de la existencia de un Alquimista es…

—Lo peor que le puede pasar a una familia—interrumpió Harry, todos los ojos se fijaron en él—. Es una bendición y una maldición—explicó—. Alguien que puede transformar la materia puede ser tan peligroso como heroico. Si el ministerio se hubiese enterado de que una Malfoy es alquimista probablemente la habrían encerrado en Azkaban sin presentar cargos.

—Sólo por el hecho de ser mi hija—admitió Draco con repulsión.

—Pero alguien tiene que haberlo sabido…—dijo Astoria con los ojos hinchados— mi hija ha desaparecido, Profesor.

Harry sintió una incomodidad en la boca de su estómago, las manos le sudaron y la boca se le secó. Intercambió una mirada con Draco, ambos habían llegado a la misma conclusión, sólo que el padre de la víctima se había puesto más pálido delo habitual.

—¿Sucedió algo en la reunión de padres? —preguntó Harry con cuidado, Astoria se llevó una mano al pecho.

—Salimos a almorzar con el asistente del ministro, ese caballero… Valmorian—murmuró, Draco cerró los ojos, Harry sabía que se debería estar mortificando por ser tan idiota y exponer a su hija así frente a una serpiente como ese sujeto.

—¿Calisto hizo algo en ese almuerzo que no debía?

Astoria miró hacia el suelo y luego se fijó en Harry asustada.

—A mi niña le gusta transformar las emociones en algo tangible—explicó apretando el pañuelo entre sus manos, se veía realmente acabada—, cuando presencia un amanecer todas las flores del jardín florecen.

Harry no comprendió, Lily se dirigió a Astoria.

—¿Hizo algo esa tarde que podría haber alertado al… asistente? —padre e hija intercambiaron una mirada y Scorpius no tardó en ponerse pálido.

Astoria frunció el ceño tratando de recordar.

—No, no lo sé…—dijo agitando la cabeza.

—Sí, lo hizo…—interrumpió Scorpius y se llevó ambas manos a la cabeza—¿Cómo fui tan estúpido?

—¿De qué hablas? —le preguntó Draco, el chico se puso de pie y se movió de un lado a otro con desesperación.

—Ese día Calisto le contó sobre las cosas que le gustaban, ella habló de sus poemas y repentinamente el lugar comenzó a apestar a perfume porque el árbol de grosellas al lado de la ventana comenzó a florecer.

—Eso no es prueba para que Valmorian sospeche que Calisto es alquimista—soltó Albus—, las grosellas son perfumadas por naturaleza, cualquier ráfaga de aire podría haber soltado el aroma.

Pero Harry no creía eso. Valmorian no era idiota, era un genio. Si conocía cómo funcionaba la alquimia era muy probable que hubiese descubierto a Calisto ese día incluso en medio de su conversación.

—Ahora que lo recuerdo—dijo Astoria interrumpiendo los pensamientos de Harry—, ese día cuando nos despedimos a ella le sostuvo la mano por más tiempo.

Harry cerró los ojos con pesadumbre.

—Para ver su reacción—explicó—. Si Calisto no sabe controlar lo que hace es muy probable que con cualquier emoción todo lo que la rodea se transforme sin quererlo.

—Y si le sostuvo la mano más tiempo fue para ver si se ponía nerviosa y cambiaba algo del entorno—comprendió Lily.

—¡Entonces ese sujeto tiene a mi bebé! —Volvió a gritar Astoria, se llevó las manos a la cara y lloró con desesperación. Lily tembló y la abrazó acomodándose en su hombro.

—Calma mamá, la vamos a rescatar—Intentó consolarla Scorpius sentándose al otro lado, Harry pudo ver en sus ojos la furia y la venganza plasmada.

—Pero ¿por qué?, ¿por qué ella? ¡La van a encerrar! —lloró Astoria, Draco se pasó ambas manos por la cabeza mientras Albus permanecía lívido.

—Nadie va a encerrar a Astoria—dijo Harry decidido— sé cómo funciona la alquimia—mintió, pero tenía que parecer profesor de Defensas—, y sé cómo funciona el ministerio. La encontraremos y alejaremos de ellos.

Astoria lo miró con una sonrisa triste, sus mejillas estaban irritadas y sus ojos hinchados.

—¿En serio haría eso por nosotros, profesor?

Harry suspiró.

—Créame, es lo que sé mejor hacer—dijo a modo de ironía, sus hijos sonrieron pero Draco blanqueó los ojos. Astoria sonrió y Lily le tomó la mano.

—Venga señora Malfoy, vamos a prepararle un té.

La mujer se levantó temblando y dejó que Lily la guiará por un pasillo largo hasta perderse en el interior. Harry se acercó al sillón y se desplomó sobre él. El silencio reinó por largos segundos.

—No puedo creer que Valmorian tenga a mi hija—susurró Draco—, si ese hijo de puta le toca un solo pelo…

Harry se rascó la cabeza y sin quererlo se pasó los dedos por la cicatriz. No sabía cómo consolar a Scorpius o a Draco, nada para él tenía sentido en esos momentos.

—Necesitamos saber quién es este sujeto…—dijo para romper el hielo—, ¿por qué necesitaría un alquimista?

—Algo no debe estar saliendo acorde a sus planes si necesita cambiar la materia—dijo Albus mirando el suelo fijamente, Harry frunció el ceño.

—Tenemos que sacar a mi hermana de ahí antes que le hago algo—dijo Scorpius desesperado pasándose ambas manos por la cara.

—No le va a hacer nada—dijo Draco con un poco más de calma—, mientras no consiga lo que quiera va a mantenerla con él—todos lo quedaron viendo con curiosidad—mentalidad de Mortifago—explicó señalando su propia cabeza.

—Hablando de Mortifagos…—Scorpius se acomodó en el sillón y se levantó la capa sacando del bolsillo el libro que había encontrado en el orfanato— si podemos partir con algo tal vez esto sirva para llegar a este desgraciado.

Harry recibió el libro en sus manos y lo miró ceñudo.

—¿Por qué un libro de Oscar Wild tendría pistas sobre Valmorian? —quiso saber, Scorpius levantó los hombros.

—Porque tiene su nombre—explicó, los tres hombres lo miraron—, hoy fui al orfanato, esa supuesta guarida de Valmorian no tenía nada excepto ese libro y una fotografía.

Harry abrió la tapa y cogió la foto. Por un instante le costó creer lo que veía, pero entonces ya no pudo controlar el impulso nervioso que le hizo temblar por completo. La imagen estaba desgastada, los colores habían sido carcomidos, y sin embargo esa mirada y ese rostro…

—La puta madre…—susurró enderezándose de golpe, el corazón bombeó hasta su cuello y la cabeza comenzó a hervirle, Albus se acercó a él.

—¿Qué pasa?

Harry alejó la fotografía y la miro a la distancia, la boca se le había secado. Su hijo la tomó y la miró ceñudo.

—Parece conocido—dijo Draco frunciendo el ceño viéndola desde atrás.

—Lo es…—masculló Harry. Se pasó la lengua por los labios y un estremecimiento lo removió de pies a cabeza. Cientos de imágenes pasaron delante de sus ojos, cada una se conectaba con otra armando un desordenado puzle. Se giró para ver a Draco, no sabía qué cara podría haber tenido porque el otro arqueó una ceja.

—Cielos Potter, ni que hubieras visto a un fantasma, ¿qué ocurre?

—Ocurre que… —tragó saliva— creo que ya sé quién es Valmorian.

—¿Y? —insistió Albus, Harry volvió a tomar la fotografía y la miró fijamente, dejó de respirar.

—Los ojos, esos ojos que tantas veces vi en los recuerdos de Dumbledore…—recitó— ese rostro redondo…esa… sonrisa desquiciada—miró a Draco pálido como la cera— ¿de verdad no lo reconoces de algún lado?

Le entregó la fotografía a Draco y fue el turno de éste de palidecer.

—No… no puede… ¿será posible?... es ¡es asqueroso!

—No, es… demoniaco…—murmuró Harry, Albus y Scorpius se miraron entre ellos.

—¿Alguien quiere decirnos qué sucede? —Exigió Albus, Harry lo miró con la boca a medio abrir.

—Es Voldemort—dijo señalando la foto— Tom Riddle cuando niño, sus ojos, su rostro…. Pero la sonrisa…

Draco soltó una risa seca plasmada de terror nervioso.

—La sonrisa es Black…—dijo con los dientes apretados y arrugando la fotografía con ira.

—Creo que encontramos al hijo perdido de Bellatrix—Anunció Harry sintiendo que un gran peso escapaba de sus hombros a la vez que el deseo de venganza se instalaba en su pecho—Lothus no era Lestrange, era Riddle, Valmorian es hijo de Voldemort.

/

Frente a él tenía su última chance de poder conseguir lo que deseaba. La última prueba.

Quito la cortina que cubría el cuadro y sonrió. Dumbledore dormía y parte de su piel estaba carcomida por quemaduras. El viejo profesor abrió los ojos y le sonrió con arrogancia.

—Buenas noches —lo saludó, pero Valmorian no le hizo caso.

—Te traje una sorpresa—anunció, Dumbledore arqueó una ceja y débilmente se posicionó en la silla mecedora para ver mejor. Sus ojos se abrieron de impresión cuando notaron algo irregular en aquel espacio tan pequeño.

Tras Valmorian parada cual estatua había una muchachita de cabello claro cuya mirada estaba vacía. El sujeto la tomó de la mano y la arrastró lentamente hacia el cuadro, la expresión de Dumbledore se fue transformando lentamente a una muy cansada.

—¿No estás cansado ya de intentar?, ¿para qué quieres a la muchacha?

—El Azufre no ha surtido en ti el efecto que yo deseaba, siempre me pregunté por qué para manipular en el alma de un cuadro no podía usar un Imperius, y claro, es porque no existe una mente física.

—Es muy amable de tu parte comentarme aquello porque honestamente no tenía la menor idea—dijo Dumbledore haciendo una mueca graciosa con los labios—, todos los días se aprende algo nuevo.

—¡Cállate! —espetó— Creí que el Azufre serviría de algo, pero al haber tantas copias de un solo cuadro me es imposible intervenirte completamente, así que, me pregunté, ¿qué pasaría si transformara el azufre en algo más potente… en algo que atravesara esa corteza que protege todas las copias? —murmuró pasando su dedo por la pintura lentamente, Dumbledore sólo lo miró.

—Creo que necesitarías o una persona muy buena en pociones o un…—sus ojos se detuvieron en el rostro de la muchacha y súbitamente recordó lo que una de sus copias había conversado con Kingsley y Draco esa tarde— ¿Es la hija de Draco Malfoy?

—La que viste y calza—dijo sonriendo— ¡tú! —llamó a Calisto, la chica se movió con lentitud sin quitar la vista del frente— haz lo que te pedí, querida.

Calisto caminó con lentitud hasta la pintura, sus dedos finos y pequeños apenas rozaron la tela, Dumbledore la miró con tristeza pero ya no había marcha atrás.

El profesor cerró los ojos cuando el azufre, que ya había quemado la pintura con anterioridad, comenzó a hervir y a corroer cada fibra como si fuera un fino hilo de oro.

Cuando llegó a él se agarró a los brazos de la mecedora hundiendo las uñas, pero no le dio el placer a Valmorian de gritar como lo había hecho hacía un instante Sir Bishap. Se mantuvo impávido, y lo último que hizo antes de arder por completo fue mirar con ternura a la muchacha.

Valmorian rió como desquiciado cuando el cuerpo de Dumbledore se desmayó en la mecedora completamente transformado en algo que no parecía humano. Sus ojos celestes estaban amarillos y su barba negra y quemada. Valmorian se acercó frotándose las manos, completamente sediento de posibles buenas noticias.

—Ahora soy tu amo, me debes respeto y obediencia, así que dime ¿qué sabes de Harry Potter?

Los ojos de Dumbledore, cansados y amarillos apenas pudieron sostenerle la mirada.

—Está en Hogwarts—dijo sin voz, y antes de que pudiera agregar algo más la pintura entera se deshizo en cientos de cenizas que cayeron a los pies del sicópata como el vago recuerdo del director.

La sonrisa de Valmorian se transformó hasta desplegarse por toda su cara, como una verdadera serpiente.

—Te tengo.

/

Volver a la cabaña no fue grato. Sólo él, Lily y Albus. Draco había pedido a Kingsley que se reuniera con él para resolver lo de Calisto, y en cierta forma Harry sentía que tenía una gran deuda con él. No sólo porque le había salvado la vida de manera magistral, sino, porque comprendía totalmente por lo que estaba pasando.

Lily se quedó en la sala, no podía dormir, prefería seguir con la poción mientras que él y Albus se retiraban a descansar de esa alborotada tarde.

En sus sueños rebotaron imágenes inverosímiles y algunas donde veía a Dumbledore ardiendo en fuego. Despertó alarmado cuando escuchó de la sala un grito agudo.

Descendió con rapidez y se encontró con que su hija que se cubría la boca con ambas manos, miró el reloj de pie, eran casi las seis de la mañana. Su sintonización con el tiempo iba de mal en peor, sentía que no había dormido nada, y para variar el amanecer estaba a un par de minutos de hacer su aparición. Y sin embargo Lily seguía ahí, eufórica, con sus mechones rojos levantados en todas direcciones y con un Albus somnoliento agarrado del pasamano de la escalera.

—¿Qué pasa…?—bostezó su hijo. Entonces Lily sonrió y balanceó una botella de soda rellena de un líquido esmeralda transparente.

—Lo tengo, encontré la formula para revertir al Azufre.


Notas

Como ya dije antes de comenzar el capítulo, lamento la demora.

No sé qué más decir, porque, bueno, ¿qué más puedo decir más allá de pedir disculpas descomunales cuando ustedes saben que me demoro alrededor de un mes en publicar?

Como sea, ya se sabe todo. Este capítulo me gustó escribirlo y debo confesar que en un día avancé casi el ochenta por ciento. Seguramente se preguntarán, ¿y cuando hizo el otro veinte?, fue hace un par de semanas, pero como bien les he comentado, yo no vivo de esto, vivo de mi trabajo y a eso claramente le dedico más tiempo.

Sobre el capítulo no sé qué decir, ya que se dijo todo. En el siguiente voy a explicar cómo fue que Lily descubrió la formula del antídoto, y van a pasar algunas cosas con Ginny y Harry nuevamente.

Lo de Calisto seguramente no se lo esperaban, pero la verdad quería darle alguna importancia, no por nada aparece al principio de la historia, pero tampoco se va a llevar el protagonizo, es decir, no va a salir más allá de lo que ya han leído de ella.

¿Qué les pareció la reacción de Astoria? La verdad es que me la imaginé como una madre sobre protectora de esas extremas, que no pueden dejar solos a sus hijos que tienen algún problema (en este caso un tipo de magia inexplicable). Al menos yo siento que me salió bien maternal.

No sé qué más decirles, salvo que les agradezco mucho a todos los que me leen. Como ya habrán notado, ya comenzó el final, así que sólo cinco capítulos más y El Lazo se acaba. Espero poder publicar con más anticipación para no demorarme cinco meses más, intentaré que sea en dos, o tres, si es posible.

Gracias a todos nuevamente, y creo que esta ha sido la nota más larga que he escrito.

¡Muchos cariños a todos!
Anya.-