CAPÍTULO XXVI

-¡Me cuesta demasiado creer, que la gente crea que puede disponer de mí tiempo como les de la gana...!- regunfuñé a voz viva.

InuYasha permanecía junto a mí tumbado sobre la hierba, observando el cielo en silencio.

-Pero, es que... ¡¿Quién demonios se creen? Cómo si uno ya no tuviese más cosas que hacer, cómo si uno no planease su vida... ¡¿Quién rayos te dice que debes hacer algo la noche anterior, de todas maneras?

La pequeña flor que tenía entre las manos, yacía hecha trizas sobre el cesped. Tomé otra para continuar con la tarea. A mi lado InuYasha suspiró cansinamente.

-¿Por qué no les dices que no puedes y listo, Kagome? –

-Porqué es mi responsabilidad – mascullé. –Porqué me necesitan para llevar el trabajo a cabo...

-Pero si ni siquiera es una decisión que tú tomaste...- argumentó él.

-¡Precisamente! –respondí yo, terminando de hacer trizas la otra flor en un segundo.

Miré a mi alrededor buscando con que otra cosa podía desahogar mi ira. Pero la mano de InuYasha se posó con suavidad sobre la mía. Me quedé por un segundo de piedra, sintiendo a piel viva su tacto sobre mi mano. Hacía tan solo ayer por la noche que lo había besado...

-Kagome... ya para de preocuparte. No es cómo si se te acabase la vida mañana o algo así. Es tan solo algo del colegio, ¿no es así?-

-Sí...- suspiré esta vez yo, con la mirada posada aún sobre nuestras manos.

-Pero no es sólo algo del colegio- refuté. – Tiene también que ver con el hecho de que tomen decisiones sin mí, y que en tope de eso tenga yo que acarrear con las consequencias y otorgar mi tiempo de ese modo, ¿es qué no lo entiendes?

InuYasha esbozó una sonrisa con suavidad.

-¿Por qué no lo admites? ¿Lo que de verdad te incomoda...? ¿Qué es lo querías hacer esta tarde con tanto con tantas ganas?

-Pues...- balbuceé. En realidad solo quería pasar el tiempo con él, suspiré.

-Mi mamá me pidió que la ayudara a preparar la cena de hoy... Es una fecha importante, ¿sabes?- en parte, eso tampoco era mentira del todo.

-¿Importante? – repitió él.

-Sí... cuando la familia cena junta e intercambia regalos a medianoche.

-Ahh, sí. Ya recuerdo, el año pasado quemé el árbol aquél que intentabas decorar en la cabaña de Kaede por accidente... – mencionó rascándose la cabeza.

-Lo recuerdo bien...- mascullé. Había puesto bastante empeño en celebrar la navidad aquí con Miroku, Sango, Shippo,Kaede y él, pero al final no pudo ser.

-¡Oye, Kagome no te molestes..! ¡Si te dije que fue un accidente! – exclamó él con una sonrisa nerviosa y moviendo las manos con rapidez delante de él, ante mi mirada asesina.

-Vamos, vamos... no será tan malo –concluyó, tratando de alivar mi ira. –Si te hace felíz, te acompaño.

Lo miré extrañada.

-¿De verdad? –pregunté, ¿de verdad estaba dispuesto a acompañarme?

-Claro... ¡Sí la comida que prepara tú mamá es excelente! ¡No me lo perdería por nada del mundo...! –me aseguró riendo con una mano sobre la cabeza y otra en la panza.

-Por supuesto que no...- respondí sarcástica. ¿Con que sólo iba por la comida, eh? Me puse de pie en dirección a la cabaña. –InuYasha... ¡Osuwari!

Detrás de mí escuché su cuerpo caer con fuerza contra el suelo, y una exclamación que tronó más allá de los árboles que rodeaban la colina. Unos pájaros salieron volando escandalizados desde sus nidos en dirección hacia el cielo claro de la mañana, y una risita se me escapó de los labios.

.

Mi corazón latía con fuerza, y mi estómago se revolvía un poco con nerviosismo. ¿Dónde se había quedado el semblante de seguridad y confianza en mi misma que normalmente mostraba? Honestamente, no lo sabía. Evitaba el contacto directo con sus ojos a medida que él me ayudaba a moldear la figurilla de cera entre mis manos. Era la primera que hacía, y obviamente yo no tenía ni idea de como darle forma. Después de haberse burlado claramente de mis habilidades artísticas, él había optado por mostrarme cómo. Por supuesto que tampoco sabía cómo es que él tenía experiencia en esto.

-Presionas aquí... y listo. ¿Lo ves?- preguntó.

-Hmjm – respondí sin estar segura de si mi voz me traicionaría si intentaba decir una oración más larga. –Gracias.

Me sonrió y tomó su propia figura de cera para terminarla. Suspiré, tomando otra. Me resultaba tan extraño y tan agradable al mismo tiempo el tenerlo así de cerca...

-¡Kagome! –exclamó Ayumi, acercándose a nuestra mesa. Estábamos al aire libre en el patio trasero del instituto. -¡Muchas gracias por venir! Y a ti también InuYasha – le dijo ensanchando la sonrisa.

La miré con un poco de recelo. Ella era quien me había llamado por teléfono la noche anterior pidiéndome que viniese a terminar este trabajo para una exposición de arte. Si no fuese por ella, ahora mismo hubiese estado en la época feudal. Aunque pensándolo bien... no había sido tan malo después de todo. Le eché una mirada de reojo a InuYasha, que ignoraba por completo a Ayumi.

-De nada, Ayumi... ¿Entonces ya estamos listos? – pregunté, ansiosa por terminar.

-Sí, me parece que ya tenemos suficientes. Ya en unos cinco minutos comenzaremos a recoger todo para irnos a casa.

-Ah, está bien. Ya comenzamos a recoger – le aseguré.

Ella asintió con una sonrisa y se marchó. InuYasha alzó su mirada desde la figurita de cera, y sentí que el nudo en el estómago se me hacía más fuerte. Con aquella gorra que cubría sus orejas, y unas ropas de mi época que mi mama y yo le habíamos conseguido, parecía un chico corriente. Pero de igual manera su cabello plateado que caía liso sobre su espalda, y sus refulgentes ojos dorados indicaban que él no era un chico cualquiera. Me sentía muy afortunada de haberme topado con una creatura tan hermosa.

-¿Ya nos vamos? – preguntó sacándome de repente de mis cavilaciones.

-Sí. Vamos a ponerlas en aquella caja y las dejamos aquí.

Me puse de pie de immediato, buscando ocuparme y disimular un poco lo nerviosa que él me ponía. Pero al tratar de alcanzar la caja en la otra punta de la mesa, mis pies se enredaron con la silla y tropecé. No fue tanto como para caerme, pero no pude evitar sentirme como una torpe al tropezar tres veces seguidas con la misma silla en menos de diez segundos. InuYasha a mi lado, rió.

-¿Tres veces? Honestamente, Kagome a ese paso dudo mucho que puedas sobrevivir sin mí en la época feudal.

-No seas tan vanidoso –le acusé, entrecerrando los ojos.

Él se limitó a sonreirme, y yo a devolverle la sonrisa. Me sentía feliz y hoy era un día muy especial. InuYasha habpia decidido acompañarme y ahora compartía una tarde normal conmigo en el colegio. Curiosamente, hacía que todo a mi alrededor tomara un color distinto, más alegre, y más vivaz.

Sus labios se deslizaban sobre los míos con ímpetu, con una necesidad contenida. Me oprimió con mayor firmeza y sentí mi espalda chocar contra la pared. Su mano se deslizó sobre el nacimiento del cabello en mi nuca, y un suspiro se me escapó entre aquél beso. Sus labios de repente se separaron de los míos y los movió hacia un lado, apoyando su antebrazo izquierdo sobre la pared tras de mí. Pude sentir su respiración cálida sobre mi oído y escuché con claridad su respiración batir tan agitada como la mía. Nuestros pechos se movían con rapidez buscando recuperar el aire perdido.

Sabía que en este momento ambos nos encontrábamos al borde de un prepicio. Uno al que ambos deseabamos caer, pero del que no habría vuelta atrás. El modo en que sus ojos me miraban, me decía que estábamos a punto de perdernos irremediablemente en aquél abismo.

Hice uso de una fuerza sobre humana para enfriar mi mente, para dejar a un lado los fuertes latidos de mi corazón que me pedían a gritos otro roce de su boca. "No...Contrólate, debes hacerlo," escuché mi conciencia. "¿Por qué...? ¿Si lo quiero...? Siempre lo he hecho..." respondí confundida. "Kagome..." escuché mi propio reproche.

InuYasha comenzó a acercarse con exquisita lentitud. Me estremecí al sentir la calidez de su boca posarse sobre mi cuello.

El titilar de una pequeña luz azul y el sonido de una llamada entrante en mi teléfono cortaron el aire, rompiendo de golpe la conexión que habíamos establecido. Exhalé todo el aire que mis pulmones habían contenido, y cerré los ojos notando que InuYasha hacía lo mismo.

-¿Debes...? –preguntó él.

Miles de excusas para no contestar esa llamada cruzaron mi mente. No tenía idea de quién podía ser, pero bien podía ser algo importante...

-Sí...- suspiré.

Él me soltó con suavidad y me apresuré a tomar el móvil entre mis manos.

-¿Sí? – contesté.

-¿Kagome...?

Un escalofrío me recorrió la espalda al escuchar la voz de Akihiko al otro lado de la línea.

-Sí, hola...- le saludé con la voz débil.

-Feliz Navidad...- le escuché sonreir.

-Fe...Feliz Navidad –tartamudeé. Mis ojos se desviaron con preocupación hacía InuYasha que yacía apoyado sobre la pared como una estatua, y no me quitaba los ojos de encima. Realmente su rostro era indescifrable. ¿Podría también escuchar él la voz de Akihiko a través del teléfono?

-¿Tuviste una buena velada con tu familia?

-S...sí – apreté los ojos con fuerza. Había pasado una velada excelente, en realidad. InuYasha había estado junto a mí todo el día, e incluso se había quedado a cenar. Pero por algún motivo, sentía que no era buena idea mencionarle eso a Akihiko. - ¿Y tú?

-Bien, igual...

Me quedé callada, esperando ansiosa sin saber aún realmente el motivo de su llamada.

-Bueno...sólo quería saber que estuvieses bien... ¿nos vemos mañana? –preguntó.

-Claro –acepté sin pensar mucho.

-Que tengas buenas noches.

-Igual.

Entonces la llamada se cortó. Me quedé extrañada observando el móvil aún entre mis manos. "Sólo quería saber que estuvieses bien..." Esas palabras aún rondaban mi cabeza, buscando comprenderlas.

-Kagome...- susurró la voz de InuYasha a mi lado. Me giré hacia él sorprendida.

No sabía como explicarle ésta llamada, pero él se limitó a tomar de mi mano y guiarme hacia la gran ventana de vidrio que daba hacia el pequeño balcón de mi habitación. Se sentó en el suelo, y señaló el lugar a su lado con la palma de la mano.

Sonreí con suavidad, y me senté junto a él. Desde aquella altura, obtenía un fantástico panorama del cielo estrellado, limpio de nubes.

Mi mente voló recordando lo ocurrido hacia pocos minutos, recordando el habernos despedido alegremente todos de InuYasha después de la cena y el pequeño intercambio de regalos en la sala de mi hogar. Él se había ido. Luego de subir a mi habitación, entonces su figura sentada sobre la cama me sobresaltó. InuYasha había estado esperándome. La sorpresa no duró más que un par de minutos para pasar a la compresión cuando se puso de pie y me besó sin palabras.

Otro suspiro se escapó de mis labios. Ahora InuYasha estaba a mi lado, sentado tranquilamente a mi lado, observando las estrellas. Parecía tan irreal, que por un momento temí que no fuese cierto.

-Kagome...-me llamó de repente - Te quiero...

Sentí mi corazón estallar de felicidad ante la calidez y el significado de sus palabras.

-Yo también...- respondí, y sin notarlo, unas lágrimas de felicidad se escaparon de mis ojos.

Apoyé la cabeza sobre su hombro, y respiré profundamente sintiéndo que todo estaba en orden. Que las piezas finalmente habían encajado en su sitio.

-InuYasha...- suspiré. Él tomó mi mano entre las suyas y la acarició con delicadeza.

No sé cuantos minutos pasaron, hasta que me entró el sueño y caí rendida en esa misma posición. Lo único de lo que estaba segura, era de que este había sido un día que atesoraría en mi memoria por siempre.

Continuará...

Aw... este cap ha sido tan lindo... Kagome e InuYasha necesitaban un pequeño descanso entre la tormenta. El corazón suele ser bastante caprichoso... ¿cómo Kag puede ir en su contra? Pff buenoo gracias por leer! Espero que les haya gustado el cap. Vamos a ver como encaja Akihiko en esto... Que tengan un lindo fin de semana junto a su Inu personal, o en la búsqueda de él! Nos encontramos en los reviews. Besoss,

Eli.