Veinticinco:
"Situación Límite."
Julio 5 del 2026, Southampton, New York. Mansión Fabray-Berry. 5:30 de la madrugada.
La noche no fue nada tranquila para Quinn Fabray. No habían podido dormir durante todo el viaje en avión, hasta apenas unos cortos minutos atrás que había llegado a su casa.
Recordó como la morena había cambiado de personalidad de un momento a otro en su llamada telefónica. Rachel ya había perdido el control una vez, y no quería que eso sucediera de nuevo, como ya se lo había advertido su psiquiatra que podría suceder con cualquier cambio brusco de su rutina.
Así al llegar a Los Ángeles, se dirigió a la habitación de ambas y se cercioró de que Rachel se hubiese tomado sus nuevos medicamentos que se le habían sido recetados escasas semanas atrás.
La vio sobre la cama, desnuda como anteriormente acostumbraba a dormir, y lo único que hizo fue acostarse lentamente a su lado para no despertarla y seguir con las mismas indicaciones. Tenía que hacer sentir a la chica como si nada hubiera sucedido. Como llevaba haciéndolo tanto tiempo y así no desequilíbrala más.
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Sintió unos brazos que la rodeaban cálidamente, se giró para ver de quién se trataba, y no fue quién se imaginó, de hecho, estaba muy lejos de ser quien quería que fuera. Distinguió a través de la oscuridad unos mechones rubios que cubrían la totalidad de su rostro. Agitó su cabeza un par de veces para así poder despejarse un poco y salir de la ensoñación que podría ser la causante de su alucinación. Pero no sirvió de nada, aún seguía la imagen de Quinn Fabray enfrente de sus ojos, y lo peor vino, cuando se dio cuenta de su ubicación, que no era otra más que en la mansión de Alex. No sabía cómo había llegado hasta allí. El día anterior había estado en Londres.
— ¿Quinn qué haces aquí? — la rubia parecía tener el sueño profundo, así que se decidió por moverla un poco.— Quinn… Quinn… —insistió pero nada, ni un movimiento de la chica— ¡Joder Quinn! Ya despierta.
Le gritó al oído, y fue entonces que, la rubia se despertó cayendo de bruces al suelo.
— ¿Te pasa algo, cielo?
Asustada, se restregó los ojos.
— ¿Te estoy preguntando que qué haces en la mansión de Alex y qué hacemos en su cama?
No quería darle vueltas al asunto. No quería siquiera imaginarse que le había sido infiel a la ojiazul.
—En primera Rachel, no sé de lo que me hablas. No estamos en la mansión de ese tal Alex, sino en nuestra casa. Y segunda, estoy en tu cama porque vivimos juntas. ¿Qué ya no lo recuerdas?
Susurró intrigada. La morena en los últimos meses no había dicho ni una sola palabra, y que ahora estuviera haciéndolo, era un gran avance y eso la hacia sentir enormemente feliz.
— ¿Tú y yo viviendo juntas?
No recordaba esa parte de la historia. No recordaba nada de la historia que se le estaba planteando.
— ¡Claro! Llevamos más o menos viviendo juntas desde hace doce años, no puedo creer que no lo recuerdes. Me estás preocupando Rachel— escuchó el insistente tono de su celular y giró su rostro para poder ver el despertador— ¡Joder! Por qué no me pueden dejar dormir un rato más, parece que no saben que los viajes de Los Ángeles a New York son largos, y más en mi condición—se puso de pie, vio de quién se trataba el mensaje y comenzó a buscar ropa en el armario— ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Ya cállate maldita latina y deja de estar molestando! De seguro es relacionado con la estúpida serie. Ya le dije que la dejaré—maldecía una y otra vez mientras daba pequeños brincos para ponerse unos ajustados jeans.
— ¿Por qué Santana quiere verte si te odia? Y ¿De qué serie hablas? No se supone que debes de ir al buffet jurídico. Enserio que no entiendo nada.
Se recargó en el respaldo y vio la intensidad con la que la rubia se movía por la habitación.
— ¡Dios Rachel! No estoy para tus abnegaciones y ensoñaciones ¿De qué serie estoy hablando? Mi serie, Rachel. Dame Una Simple Razón —se puso una blusa entallada y una chamarra de piel.— De la cual ya estoy harta pero Santana insiste en que no la deje. No entiende que mi esposa es más importante en este momento.
— ¿Esposa?
Susurró para ella misma. Quinn le decía la verdad puesto llevaba dos hermosas argollas en su dedo anular izquierdo que así de lo hacía saber. Quizás se habían casado en Las Vegas y había estado muy ebria para recordarlo. Quizás llevaba muchos días ebria y ya la habían corrido de los ensayos de la obra. Su cansancio y dolor de cabeza se podría deber a ello.
—Rachel, y es mejor que tú también te apures o llegarás tarde a tu cita. No creo que el neurólogo esté esperándote todo el día, y mucho menos, tu psiquiatra que es una lady londinense del orden y control y no le gusta esperar—le lanzó muy atareada un vestido— ¡Vamos floja! Mueve tu estupendo culo porque yo no te esperaré hasta que te dignes a dejar de ser un oso que acaba de despertar de su hibernación. Porque según esa estúpida latina, tengo escasos 45 minutos para llegar a la locación y terminar con el contrato, y está vez, no te podemos acompañar al hospital, mientras te llevará Andrew. Ya llegaré después yo—se vio en el espejo y trató de arreglar un poco su cabello alborotado que llevaba hasta los hombros.
—Por supuesto.
No dijo más y se puso de pie, aun entorpecida, sintiendo el aire correr por todo su cuerpo. Fue entonces que se dio cuenta que estaba desnuda. Y como acto reflejo, se cubrió sintiendo sus mejillas arder. Cada vez era más obvio que había engañado a su novia.
—Dios, cielo, no puedo creer que aun tu cuerpo me prenda a pesar de los años. El que me esperarás desnuda enserio me sorprendió mucho, supongo que es parte de tu mejoría—Quinn se aproximó hasta ella y la aprisionó de la cadera.— Eres tan sexy y ardiente Rachel. Si no es porque tengo que terminar con lo que debería de hacer mi boba representante, te juro que ahora mismo te lo hacía—le hizo su flequillo hacia un lado y le dejó un tierno beso en la frente —Siempre me sorprendes Lobito.
—¡Quinn!— una mirada de extrañeza de su "supuesta esposa" — No me he lavado los dientes— se excusó cubriéndose la boca.
—Tan considerada siempre—la soltó, aun así le robó un fugaz beso en los labios.— Recuerda… 10 minutos o me voy y no habrá tanda de besos de despedida—le dejó un coqueto y divertido golpe en su culo y salió por la puerta.
— ¿Pero qué demonios está pasando aquí?
Se tocó el pecho asustada. Seguro que todo el alcohol que había bebido la noche anterior era el culpable de lo que estaba sucediendo. A lo mejor había muerto de una congestión alcohólica. Lo mejor era continuar y conocer el desenlace de lo que estuviese pasando. Así que buscó por todos los cajones ropa interior, se puso el vestido que Quinn le había dado y se peinó un poco.
Salió a la sala, Quinn estaba desayunando unos waffles y leyendo en su iPad, lo que supuso que era las noticias, como si nada estuviese sucediendo, como si todo fuera lo más normal del mundo. Examinó con detenimiento todo el lugar. Y lo que se encontró, la confundió aún más. Había muchas fotos de ellas dos juntas. Unas donde parecía ser su boda por los vestidos que usaban, otra donde ambas estaban besándose debajo de la Torre Eiffel, pero la que creyó que era la solución, era aquella que estaba en un divertido marco azul con ovejitas. Era una sonriente Beth abrazando a su madre.
—Quinn—le habló a la rubia que le dedicó una enorme sonrisa.
—Dime cielo.
— ¿Dónde está Beth?
—Donde más sino con Shelby. Pidió que la dejáramos ir unos días a Lima en lo que yo volvía de solucionar mis problemas de Los Ángeles.
Respondió sin darle mucha importancia y continuó con lo que estaba haciendo. Bueno, eso era lo que creía la morena, que seguía con su inspección ante la atenta mirada de su esposa.
— ¿Y tus otros dos hijos? ¿Dónde están ellos?
Insistió, si no lo había logrado con Beth, mínimo lo haría con los otros pequeños.
— ¿Quiénes? No sé de lo que me estás hablando Rachel. ¿Te sientes bien? —musitó ahora sí preocupada— Desde que te despertaste estás rara.
— Algo no va bien. No va bien—se movió de un lado al otro masajeando su cabeza que comenzaba a dolerle.
— ¿Segura que no te caíste de la cama y te diste un golpe? —se aproximó hasta ella y la detuvo del brazo.
— ¡Esto está mal! —Se soltó con angustia— Tú en realidad te casaste con Biff, no conmigo. Rres una prestigiosa abogada y no una actriz de Hollywood. Tienes tres maravillosos hijos que ahora mismo no sé dónde demonios están. Y luego está Alex ¡Dios! ¡Dónde está Alex! Quinn ¡¿Dónde está mi Alex?!
—Rachel, de verdad me estás asustando. No sé quién demonios sea ese tal Alex.
Claro que sabía quién era Alex, pero no quería alborotar más su desconcierto.
— ¡Alex es mujer!
—Bien—hizo un aspaviento con sus manos para no contradecirla más— Creo que mejor te dejo para que te relajes y pongas tus pensamientos en su lugar.
Tomó su chaqueta y las llaves para darle un respiro a la pequeña. Quizás sería una de sus tantas crisis nerviosas por las que pasaba.
— Nos vemos al rato, si no es que desapareces y me abandonas por esa tal Alex.
Se despidió graciosa y le dio una fugaz beso en la mejilla para salir por la puerta principal.
—Vamos Rachel… Vamos Rachel… Piensa—caminó de un lado a otro con desesperación— Sí Quinn es una actriz, entonces ¿Alex dónde está? Quizás aquí debe de haber algo que me dé una pista de en dónde se encuentra la rata traicionera.
Sonrió por lograr relacionar las cosas. Volvió a su habitación y buscó entre todos los cajones desordenándolos por completo hasta encontrar una pequeña tarjeta que contenía el nombre que tanto anhelaba ver.
— Entonces mi bella novia está en esta dirección, pero si está hasta New Jersey, a 45 minutos de aquí ¡Dios! A partir de hoy dejo de tomar vodka—prometió tomando la primera chaqueta que se encontró en su camino y salió de la mansión.
Pidió a Andrew que manejara hasta New Jersey en la dirección que tenía la tarjeta sin hacerle ningún tipo de preguntas, a lo mejor el hombre también estaba involucrado en el juego. Un edificio se hizo presente ante sus ojos, y no era lo que esperaba ver, era el Hospital John Hopkins. No esperó a que el pobre chofer pudiera estacionar la camioneta y se bajó como pudo por la ansiedad de conocer qué era lo que realmente estaba sucediendo. Llegó a la recepción y una nueva sorpresa. Era Jessica quien era la encargada de atender a las personas que llegaban allí y les asignaba sus citas. Se aproximó sintiendo como su corazón estaba a punto de salirse de su pecho. Las cosas no estaban saliendo como ella pensaba que sucederían.
—Hola Jessica ¿Qué haces aquí? ¿No deberías de estar en Los Ángeles ayudando a Alex con la serie?
— ¿Perdón? —cuestionó confusa.
—Sí, ¿Qué haces aquí? —repitió desesperada.
—Disculpa ¿Te sucede algo Rachel? Tú cita es hasta las 9. Entiendo que la doctora Stone sea muy estricta con sus horarios pero no tanto para que llegues tan temprano—giró a ver el reloj de su computadora — Apenas son las 7:15.
— ¿Qué te pasa a ti? Tú eres la representante de Alex. Deja de mentirme ¡Dios! ¡Dejen de mentirme todos! —golpeó el escritorio.
—Bueno, no exactamente soy su representante—expresó asustada.— Sólo soy la chica que está a su servicio por mis prácticas, y no te estoy mintiendo. Calma Rachel, no quiero que me golpees y tenga que llamar a seguridad.
—Pero tú eres su representante—insistió — Alex es la protagonista de la serie Dame una simple razón. Es la famosa actriz que ganó 5 Emmy's. Ella es mi hermosa novia.
— ¡Qué! ¿Alex actriz? ¿Y dices que es tu novia?—soltó una carcajada.— Que buena broma Rachel. No sé de dónde sacas eso. La doctora Stone es la encargada de área de Psiquiatría y está muy lejos de ser una actriz reconocida, y mucho menos, de haber ganado cinco Emmy's, quizás sus investigaciones la hagan merecedora de la medalla Wolf por sus aportes a la medicina, pero un Emmy, jamás. Además, ella está casada con el neurólogo Robert Carter, otro gran médico del hospital, por lo cual, dudo que pueda ser tu hermosa novia como es que dices que es—vio la molestia en los ojos de la chica. — Alex es tu psiquiatra Rachel. Ella está llevando tu caso—aclaró seria.
— ¡Por Dios! Esto no puede estar sucediendo —inhaló y exhaló tratando de tranquilizarse.
Todo estaba mal. Primero Quinn diciendo que era su esposa y era una actriz reconocida, ahora, Alex era su psiquiatra y estaba casada con un hombre. ¡Un puto hombre!
Estarían burlándose de ella o se estaban vengando. Sí debería de ser eso. Así que decidió seguirles el juego, si así lo querían, jugaría ella también.
—Tienes razón. Supongo que el cansancio de la obra me está produciendo que diga tonterías. Vine a mi cita —mintió muy segura, ella era una maravillosa actriz y podría engañarla—Me podrías dejar verla, me urge, no me he estado sintiendo muy bien últimamente. Ya sabes, mis medicamentos —Jessica la vio como si fuera un ser extraño venido de otro planeta, pero aceptó.
—De acuerdo, supongo que como eres su paciente más importante, y tienes libertad de cita, Alex no tendrá inconvenientes de adelantarte. Déjame me comunicó con ella para saber sí se encuentra en su consultorio —Rachel asintió y vio como la chica descolgaba el teléfono.
—Oye Alex ¿Quién crees que está aquí por méritos propios? Rachel Berry... Sí, dice que le urge verte... Que no se siente bien... ¿Qué por qué aún no la he dejado pasar? Lo siento quería verificar que estuvieras libre... De acuerdo... Ya la hago pasar —colgó la llamada y dirigió su mirada a la morena, que estaba desesperada golpeando con su pie el reluciente y estéril piso porque quería que la dejaran ver a la ojiazul y le explicara todo lo que estaba sucediendo. — Dice la doctora Stone que puedes pasar... Es en el segundo piso.
—Gracias —asintió y caminó rápidamente hacia el elevador.
Sintió los escasos segundos de recorrido como si fueran siglos. Escuchó la alarma que le indicaba que se abriría la puerta y salió corriendo. Transitó desesperada entre los pasillos del hospital intentando llegar a la puerta del consultorio. Ni siquiera puso atención en todos los médicos y pacientes que se interponían en su camino y le gritaban palabras de molestia. Siguió corriendo hasta que tropezó con un guapo y joven chico rubio con bata blanca, que la aprisionó del brazo obstaculizando su camino. Eso no estaba dentro de sus planes, por lo que un calor opresivo la inundó por completo.
—Hey Rach ¿Qué te sucede? No puedes correr como loca por estos pasillos, podrías lastimarte—Le indicó con una enorme sonrisa.
Le fue inevitable no soltar las primeras lágrimas por su frustrado intento de encontrase con Alex.
— ¿Por qué me detienes? ¡Necesito ver a Alex! Ni siquiera te conozco. Parece que todos me tratan como si estuviera loca.
Se removió inquieta intentando de soltarse del joven médico, pero era inútil, él seguía tomándola por el brazo.
— ¿A qué te refieres con que no me conoces? Soy Robert… tu neurólogo, Rae. Y esto no es un centro psiquiátrico—dijo bromeando— Te aseguro que Alex no irá a ningún lado. Si quieres yo te llevo con ella—se ofreció amable.
—Antes ¿Podrías soltarme?
No pudo evitar que miles de lágrimas inundaran sus ojos que ya no distinguían nada a su alrededor. El rubio asintió y la soltó esperando a que la morena no saliera corriendo de nuevo.
— ¿Conoces a Alex? ¿Conoces a mi Alex?
—Claro que la conozco, casi todo el hospital conoce a la encantadora y hermosa Doctora Stone. Es la alumna más destacada de Princeton y jefa de Psiquiatría. Y sería un desplante que no la conociera si soy su esposo—le guiñó juguetonamente un ojo— ¿Qué le pasa? ¿Está bien?
— ¿No la has visto hoy? —Ignoró las palabras esperando a que el chico le diera una pista de dónde se podría encontrar su ojiazul— Por favor—suplicó sofocada.
—La última vez que la vi estaba en el área de Pediatría pero desconozco si sigue allí. Seguramente ya esta en su consultorio.
Rachel no permitió que siguiera formulando porque salió corriendo de nuevo.
Y como si se tratase una de esas películas de terror donde la banda sonora es intensa y asfixiante, como el sountrack de Psicosis, seguía su alarmante recorrido con una bola de fuego que poco a poco iba quemando más su garganta. Ni siquiera le importó sentirse tan agotada y que aun seguía enojada con los demás por armar tremenda obra dramática.
— ¿Dónde maldita sea estás Alex? —Gritó con un sonido ensordecedor que todos los que estaban a su lado se estremecieron y por un momento creyeron que realmente estaba loca y los asesinaría si se cruzaban en su camino— Por favor amor… Ya estoy aquí.
Siguió su pasaje, andando por cada parte del hospital sin aun poder encontrarse con la ahora psiquiatra. Eso la estaba desquiciando y atormentándola cada vez más. Y como no, si cuando tratas de encontrar a tu amor, crees que el tiempo pasa mucho más rápido. Te sientes como si estuvieras en otra dimensión, como si tú estuvieras plasmada en esa pintura "El grito" del noruego Edvard Munch, y sí, la morena también conocía las bellas artes.
El tiempo avanzaba más rápido para ella, llegando a escuchar perfectamente su reloj de mano y sus manecillas taladraran sus oídos. Se escuchaban igual de nítidos que el ritmo de su corazón que corría a mil por hora y sentía que se le saldría en cualquier instante. Y cuando se hizo referencia al Psycho suite de Bernand Hermann anteriormente, la morena podría jurar que los violines iban cada vez más rápido, más audibles, más asfixiantes, más sofocantes, cada vez más inquietantes y por su frente comenzó a caer sudor frío, frío de impotencia y no por la actividad física, más bien por la desesperación y ansiedad que la inundaba. Sintió como una descarga eléctrica circulaba sin detenerse por su espina dorsal, al ver su reloj y darse cuenta que no había pasado más de 15 minutos y ella ya se sentía exhausta. Se detuvo por un momento para tranquilizarse sentándose en el piso y colocando sus manos en su cabeza jalando cada vez más duro sus mechones que ya no estaban peinados como cuando llegó, ahora era un horror, estaba todo alborotado. Después de esa pequeña interrupción se puso de pie y continúo por lo que había ido.
Por fin, cuando estuvo enfrente de ese consultorio con la insignia de jefa de Psiquiatría, abrió la puerta lentamente. Alex estaba sentada de espaldas observando hacia las pinturas que estaban posicionadas a lo largo de todas las paredes de su oficina. Su mirada estaba pérdida entre sus pensamientos que ni siquiera se percató cuando Rachel se acercó a su lado y la abrazó por la espalda suspirando aliviada. Jamás en toda su vida se había sentido más relajada, y aunque ella creía que ya no podía llorar más, las lágrimas goteaban más rápido entre sus mejillas. La opresión en su pecho disminuyó y un gran suspiro salió de sus labios. Abrazó más fuerte a Alex y sintió que el tiempo se detuvo en ese mismo instante. La sola presencia de su chica le era lo mejor en su vida, de la vida que su cerebro se había obligado a crear.
El sonido de las manecillas había cesado y le daban un respiro, los latidos de su corazón ya no taladraban sus oídos y sus sentidos se sofisticaron a tal grado que una gran oleada de perfume de la ojiazul llenó por completo sus vías aéreas. Un perfume diferente que había olido en ella.
— ¿Por qué Alex? ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué todos me mienten de esta manera? ¿Es una venganza por lo que les he hecho?—se separó de Alex conectando su mirada con ella.
— ¿De qué estás hablando Rachel? —salió de su estado de autismo observado el misticismo por parte de la morena— ¿Te encuentras bien? Parece que un tren te acaba de atropellar.
—Como que de qué estoy hablando Alexandra—se acercó de nuevo y se sentó sobre sus piernas.— Perdóname por la estúpida que fui ayer contigo. Perdóname por gritarte ayer en esa llamada, pero te extrañaba amor. No puedes seguir con esta estupidez de que ahora eres una doctora, cuando sabemos que en realidad eres la mejor actriz del mundo entero y eres el amor de mi vida.
—No entiendo absolutamente nada—sonrió ayudando a que la morena se pusiera de pie y le señaló la silla que estaba enfrente de su escritorio.— Estás aquí por méritos propios Rachel y es un gran avance. Pensé que dijiste que jamás querías volver a verme, pero no entiendo lo que tratas de decirme.
— ¿Enserio? ¡Enserio vas a seguir con este estúpido juego! No puedo creerlo. Hasta te has vestido sofisticada como usualmente lo hace Quinn sólo para engañarme.
Tenía razón, Alex estaba vestida muy refinada y con el cabello relamido en un moño.
—Insisto Rachel, sigo sin entender nada. Yo no soy actriz y no te estoy mintiendo en nada—se puso en pie para quitarle las lágrimas que aun corrían por sus mejillas.— Explícame, que no entiendo.
— Es que todos, incluso tú insisten en que son diferentes personas. Quinn dice que es actriz y es mi esposa, Jessica es tu chica de servicio cuando en realidad es tu representante. Un tal Robert dice que es tu esposo, y ahora tú me dices que eres psiquiatra. La que no entiende nada soy yo—acarició con las yemas de sus dedos el rostro de su chica— ¿Acaso ya no me amas? Dijiste que me amarías a pesar de todo. Me lo prometiste Alex. Me lo prometiste antes de que me fuera a Londres. Dijiste que estarías a mi lado…
— ¿Cuál viaje Rachel? ¿Y cuál promesa?—estaba aturdida por la forma en que la morena la acariciaba y sus ojos chocolates se tornaban de otro color por el llanto que la inundaba.— Yo jamás te he prometido nada. Tú nunca has viajado a Londres. Y todo lo anterior es cierto. Quinn Fabray es tu esposa.
— ¡No! ¡No! Es falso ¡Todo es falso!—gritó enfurecida— Todos me están mintiendo… Todo esto es una mentira… Una muy cruel mentira… Felicidades a todos si querían hacerme sentir una estúpida, porque lo han conseguido.
—Basta Rachel, cálmate—la detuvo por los hombros— Estás sufriendo una crisis nerviosa. Todo es culpa por el cambio de medicamento. Tienes que relajarte—la abrazó con fuerza y le susurró suavemente al oído— Vamos Rache, respir, esto solo es tu bienvenida al mundo. Al mundo real. Te lo explico hasta que te calmes.
— ¿Cuál mundo real? —sintió su corazón latir con fuerza— ¿Qué medicamentos?
—Los nuevos medicamentos que estás tomando para tu depresión y psicosis. Los medicamentos que te trajeron de vuelta. A tu nueva vida.
Psicosis: Palabra utilizada en términos de Psiquiatría y Psicología para referirse a un estado mental descrito como una escisión o pérdida de contacto con la realidad. Las personas que lo presentan pueden tener alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamientos desorganizados. Muchas personas tienen experiencias inusuales o de distorsión de la realidad en algún momento de sus vidas, en ciertos casos por diferentes factores, como experiencias particularmente intensas o angustiantes. Los sujetos psicóticos suelen experimentar (o no) alucinaciones, pensamientos delirantes y pérdida de la memoria.]
Eso es lo que resume gran parte de la vida de Rachel Barbra Berry. Esa vida paralela que su cerebro se había creado solo por mera sobrevivencia.
—Rachel Berry—se alejó y la vio directamente a los ojos— Eres una paciente diagnosticada clínicamente como psicótica.
Psicótica… Psicótica… Psicótica. Palabra que retumbó por su mente una y otra vez.
Rachel Berry jamás se imaginó escuchar esa palabra. Esa cruel y dura palabra, aquella que jamás había estado en su vocabulario.
Y como si su vida pasara en sólo segundos por su mente, todos los recuerdos regresaron a ella. Ella años y años postrada sobre una cama, visitas contantes de muchas personas, Quinn soltando gritos de desesperación y furia a todos los doctores que las visitaban por no poder ayudarla, Santana y Kurt todas las tardes sentados a su lado contándole sobre obras de Broadway que habían visitado y a las que algún día regresaría, sus padres llorando por ver a su pequeña encerrada en un mundo paralelo. Todas las personas que amaba, estaban destrozadas y acabadas por su culpa.
—Supongo que todo lo que me estás contando es sólo una vida que te has creado para no afrontar por lo que estabas pasando. Te he estado investigando mucho—la soltó pacíficamente y la ayudó a sentarse en la silla.— Rachel, yo soy tu psiquiatra y he estado todo este tiempo a tu lado. Y estoy para ayudarte—planchó una imaginaria arruga en su vestido y se sentó elegante sobre el escritorio.— Todo lo que quieras saber, y si tengo la capacidad para ayudarte, lo haré—colocó su dedo índice sobre su labio.
—Yo… Yo… No sé qué pensar… ¡Dios! ¿Estoy loca? —se cubrió el rostro con impotencia.
—No Rachel, no estás loca. Nunca lo has estado—le quitó las manos y la hizo verla de nuevo— ¿Sabes lo que son eventos estresantes, o lo que Jaspers ha denominado como una situación límite?
—No soy psiquiatra como tú. Obviamente no lo sé—negó enojada.
—Cierto—asintió con una agradable sonrisa— Bueno, son aquellas experiencias particularmente intensas y frustrantes por las que se ha pasado y que te hacen salir de tu límite emocional. Como pueden ser, no conseguir objetivos u sueños planeados, relaciones sociales complicadas o fallidas, pérdidas de seres queridos. Entonces tu cerebro funge como una puerta y cuando lo estresas y esfuerzas a supremacía, como autodefensa, se cierra para evitar seguir sufriendo, es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Y tú a lo largo de tu vida has sufrido tres. Tres eventos muy difíciles que te llevaron a una profunda depresión de la que te fue casi imposible salir. Que obvio a la larga, terminaron por cerrar esa puerta—informó seriamente— Y te llevaron a crearte una vida alterna. Un vida para culpar a las otras personas por lo que tú has hecho. Es más fácil culpar a las otras personas que a ti misma—se encogió de hombros— En tu caso, los eventos estresantes y el constante uso de medicamentos antidepresivos te ha llevado a esto. A no saber qué es real y qué es ficción. Qué es lo que tú has hecho y lo que los demás te han hecho. Y no podremos saberlo, porque sólo tú eres quien ha escrito esa historia. Que supongo por tu personalidad y dramatismo, debe de ser bastante interesante para ser llevada a la televisión o escrita en un libro—dijo graciosa para calmar la alteración de la morena.— Eres una grandiosa y maravillosa actriz, y para Rachel Berry, Anything Could Happen—sonrió, porque era la misma frase que se había repetido muchas veces en sus pensamientos.
— ¿Y cómo sabré que es cierto y qué es falso?
Comenzó a creer que era cierto todo lo que le estaban diciendo. Alex Stone realmente parecía una profesional en todo sentido de la palabra. Usando ese acento londinense y sofisticado vocabulario médico al hablar.
—Eso se solucionará poco a poco. Primero podrías empezar por contarnos qué es lo que recuerdas y te diremos qué es lo que realmente sucedió o cómo pasaron las cosas. Obviamente, yo no conozco muchas cosas personales, eso tendrás que preguntárselo a Quinn. Ella te entiende a la perfección.
—De acuerdo, por ahora sólo quiero saber cuáles son los eventos que me llevaron a esto.
—Rachel… Yo… No sé si te haría bien saberlos en estos momentos… No sé qué tan bueno sea para tu psique—dijo preocupada y cruzándose de brazos.
—Por favor, quiero saberlo, si enloqueceré mañana mínimo merezco saberlo—reclamó seria.
—Bueno…—resopló— Primero: Rachel, tu novio Finn Hudson se suicidó—primer golpe para su corazón— ¿Quieres que continúe?
Se aseguró que la chica no tuviera una crisis más severa que la anterior. Ya habían logrado un gran avance.
—Sí…—susurró aprisionando su pecho, la respiración le faltaba.
El primer recuerdo doloroso: La carta que Finn le dejó después de su muerte, explicándole las razones del porqué lo había hecho. Esa oscura noche de relámpagos cuando recibió la fatal llamada por parte de Kurt. Su primera puerta abierta al infierno.
—Rachel eso fue lo primero que te enloqueció. Odiaste a Finn por dejarte de esa manera, y como solución a tu pérdida y búsqueda de cariño, te volviste la peor diva de Broadway, te cerraste ante todos los que quisieron ayudarte. Eras una chica egoísta, creída, odiable, difícil de trabajar con los demás. Y no te detuviste allí, te acostaste con cada chica que estuvo a tu disposición para solucionar tu dolor y pérdida. Te reconocieron como la peor zorra de todas. Aceptaban que eras la más talentosa de entre todas las demás, pero nadie te quiso contratar de nuevo, argumentando que no querían a alguien tóxico para los demás—relató la ojiazul.
Primer idea errónea y paralela de la historia, Alex Stone jamás fue una promiscua, esa había sido Rachel Berry. Como dijo su psiquiatra, se acostó con todo tipo de chica sin importarle nada, morenas, rubias, actrices, chicas que se encontraba en las fiestas y galas de New York, con todas, todas fueron de una sola cita siempre, no quería sentir el dolor del abandono de nuevo.
— Fue así hasta que te rencontraste con Quinn y se convirtió en tu compañía. Ella te cambió Rachel. No sé los detalles exactos, pero todos los medios y personas allegadas a ti, se dieron cuenta del cambio que tuviste cuando comenzaste a salir con ella.
— ¡Dios! No recuerdo eso ¿Cómo es que no recuerdo a Quinn de esta manera?—más lágrimas en sus ojos. Se sentía la chica más sucia de todas.
—Te dije que tu cerebro cerró la puerta de todos esos oscuros recuerdos—se sentó en la silla de a lado— ¿Segura que quieres que continué? —la morena asintió— Bien, segundo evento doloroso: La audición para Dame una simple razón, donde sólo aceptaron a Quinn y a ti te rechazaron por tu físico y por culpa de tu anterior jefe. Dio horribles referencias de ti, y mientras veías a tu esposa triunfar y recibir premios, tú fracasabas en cada audición que hacías, incluyendo la única oportunidad que tuviste de ganar un reconocimiento importante; perdiste tu premio Tony ante la actriz Mía Muller quien protagonizaba Wicked. Luego te cerraron todas las puertas al estrellato y decidiste no audicionar más. Decías que habías perdido toda la ilusión y toda tu seguridad para intentarlo de nuevo, te encasillaste como un ama de casa. Una mujer normal y corriente. Nadie supo más de la extraordinaria y talentosa Fanny Brice que se quedó como una joven revelación.
Segunda idea errónea: jamás ganó un Tony, y Quinn fue quien se llevó los Emmy's. La Quinn de su ilusión era la jefe del hogar, pero la realidad es que siempre fue lo contrario. Ella era quien vivía a las espesas de su famosa esposa.
—No puedo creerlo ¿En qué me convertí?—frustración más frustración.— Qué clase de persona soy.
—Alguien que perdió sus ganas de sobresalir. Dejaste de cantar siquiera en el baño—dijo entristecida— Alguien que poco a poco cerró su corazón y perdió su brillo de estrella. Y viene la peor parte, la que te volvió completamente insensible, con impotencia, y te llevó a la oscuridad y convertirte en lo que fuiste los últimos años de tu vida. Un ente, un fantasma, alguien sin alma. Rachel, no pudiste tener un bebé aunque luchaste y luchaste, jamás se concretó tu embarazo.
Tres años atrás. Southampton, New York. Mansión Fabray-Berry.
—Rach ¿Cielo? ¿Dónde estás?
Entró a la casa después de su día de grabaciones dejando su chaqueta en el perchero destinado de la sala.
— ¡Princesa te traje una sorpresa!
Sonrió emocionada sosteniendo las rosas azules que había conseguido para su esposa y así alegrarle su día.
—¡Ya llegué!
Se preocupó al no verla en la sala esperándola como era su costumbre.
La buscó en el gimnasio, la cocina, en el cuarto de diversiones pero no la encontró. Sólo faltaba un único lugar, su habitación. Caminó hasta allí con el presentimiento que había estado aprisionando su pecho toda la tarde. Giró la perilla y descubrió a Rachel acostada sobre la cama acariciando su vientre.
—Rachel ¿Qué tienes, amor? —La morena ni siquiera se inmutó y siguió en la misma posición— ¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan apagada? Siempre estás de un lado al otro. Pareces una pequeña ardilla revolucionada ¿Aun no te tomas tu café?
— ¿Qué estás haciendo aquí? No se supone que viajarían a Los Ángeles a grabar el final de tu maravillosa serie—seria, ignoró sus preguntas aun con sus manos en el mismo lugar.
—Bueno… yo quería sorprenderte. No viajaremos hoy por la tormenta que se avecina. Sería peligroso—se sentó a su lado con la preocupación instalada dentro de su interior— Yo sólo me moría por acostáramos en el sillón, ver tu película preferida, esa que tanto odio, y tener una tarde tranquila después de lo estresadas y cansadas que hemos estado últimamente—le acercó las rosas que tanto había estado buscando para que se relajara pero la morena seguía sin dirigirle ninguna palabra— Rachel ¿Me estoy perdiendo de algo? —preguntó con la voz temblorosa observándola directamente a los ojos.
—Quinn… yo.
— ¿Tú qué Rachel? ¿Tú qué?
Gritó cansada por el balbuceo de su esposa. Ya había agotado su paciencia. La paciencia que poco a poco se había desgastado a través de los años.
—No estoy embarazada de nuevo. No podremos tener a nuestro bebé.
Confesó llorando y tratando de intuir lo que vendría después de esa sentencia. Así estuvieron por cinco largos minutos donde ninguna de las dos dijo nada. El silencio inundó la habitación.
— No importa cielo, ya lo intentaremos de nuevo. Sólo es cuestión de tiempo y paciencia, no te mortifiques—dijo despreocupada alzando su barbilla y obligarla a que la viera a los ojos.
— No valgo nada ¡Ni para tener un bebé puedo ser buena! —gritó enfurecida al ver que Quinn estaba tan tranquila y se sentó a su lado— Mientras tú estabas allá triunfando con tu genial serie, yo no dejaba de pensar en lo felices que seríamos, en llamar a todas las tiendas de maternidad, en pensar en ti y sorprenderte con esos resultados que tanto hemos esperado. Pero tú, allá sin preocupaciones, mientras yo me moría de decepción. De otra humillante decepción. Y todo es tu culpa ¿Cómo puedo competir con tu belleza? ¿Con tu atrayente personalidad? ¡Todos aman a la graciosa y hermosa Quinn Fabray! Tú eres la culpa de todas estas humillaciones.
— ¡Cálmate Rachel! No sé a qué viene esto ahora. Pensé que lo habías superado.
Le acarició las mejillas tratando de tranquilarla pero esta vez no funcionó, no como todas aquellas veces, esta vez Rachel le aventaba las manos hacia un lado.
— ¡Soy una inservible! Que decir inservible, no valgo nada—se agarró la cabeza con ambas manos sin importarle que la rubia estaba observándola con miedo.— Lo mejor era no intentarlo y seguir creyendo esta mentira. Que nuestra vida juntas era perfección. Que nuestro matrimonio era lo mejor— se giró para golpear la cama sin contemplaciones.— Pero sabía que algo estaba mal, sabía que algo así sucedería, mi vida es un constante asco para tener un poco de felicidad.
Se tomó el pecho sintiendo que se quedaba sin aliento y un dolor punzante la aquejara en su sien.
—Rach, detente amor, detente—suplicó con lágrimas en los ojos— No es el final, podemos adoptar. Siempre existen más soluciones.
— ¡Jamás en tu existencia vuelvas a hablarme así! Me haces sentir peor de lo que ya estoy—se acercó al closet sacando una pequeña bolsita que contenía sus antidepresivos.— Y lo peor que todo esto sólo lo hago por ti Quinn, sólo por ti porque te quiero y enserio quería darte un hijo, por eso soporté y acepté que yo no fuera la estrella, resignarme a nunca ser famosa—se lo lanzó para no caer en la tentación.— Pero en este momento todo se va a la mierda de una vez, ya no más hijos, estoy cansada de esta situación que no nos lleva a nada.
Agarró otro paquetito que contenía las pastillas del mismo lugar del que tomó el anterior y se sentó sobre la cama.
— ¡A mí no me vas a culpar de tus malditos traumas Berry! ¡A mí no! Esta es tu vida, si quieres meterte esa mierda, bien ¡hazlo! Pero recuerda que estás rompiendo tu promesa y no me tendrás más a mí para ayudarte—ya no permitiría que siguiera maltratándola.— Anda Rachel allí están, tómatelas todas y jamás me volverás a ver—sentenció lanzándole el otro paquete hasta sus pies.
—Lárgate ¡Lárgate ya no te necesito más!—musitó envenenada poniéndose enfrente de ella.
—Eres una maldita perra Rachel. Sabías que porque te amo nunca me iría de tu lado, pero sabes qué, me has hecho mucho más fácil mi decisión, ya que encontraste qué palabras decir para herirme y alejarme de ti por completo—sollozó— ¡Se acabó! ¡Ya no hay Quinn y Rachel!
Se quitó el anillo y lo lanzó al suelo, lo había dicho más por la frustración que porque realmente lo quisiera demostrar y decir.
— ¡Qué bonito Quinn! ¡Qué bonito! —Le aplaudió fastidiada— Déjame, era lo único que buscabas para dejar a la loca y desquiciada de Rachel. Esa loca y fracasada que todos dicen que tienes de esposa. Todas las revistas con sus grandes titulares: "Rachel Berry pervirtiendo a la inocente actriz de Lima, Ohio. Pobre Quinn Fabray, cayó en las manos equivocadas" —leyó en voz alta cuando la morena le lanzó el iPad que tenía en la pequeña mesita de aun lado de la cama— "¿Quinn Fabray es otra más en la cama de la perdedora del Tony a mejor actriz revelación? Tiene que dejarla si quiere ganar de nuevo el Emmy. Nadie cree en su matrimonio que parece un promance, es una vil falsa."
— Y ya no habrá más familia, no por mí. No vas a arruinar mi carrera por tu necesidad de ser madre de nuevo. Por no poder mantener a Beth a tu lado.
En ese instante se arrepintió de lo que dijo. Rachel ya no medía las palabras, estaba en un mundo alterno donde la depresión y medicamentos estaban haciendo mella con sus pensamientos y con la realidad. Rachel amaba a Quinn de eso estaba completamente segura y por eso quería que fuera libre, y lo que hablaba sólo era el reflejo de sus tormentosos miedos. Del miedo que tenía de perder todo una vez más.
— ¡Te odio! ¡Te odio Quinn! —se tiró de rodillas y gritó frustrada con lágrimas en los ojos.
Fue lo último para su cordura. No volvió a ser la misma Rachel Berry. Se perdió más que nunca en su locura.
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—Y ese fue el final Rachel. Supongo que a partir de aquí creaste toda esa historia en tu mente. Esa historia para excusarte de todo lo malo que había sucedido con tu vida. Quinn siguió a tu lado porque te amaba, luchando contra todos los que le decían que te dejara o simplemente te internara en un hospital psiquiátrico, que era lo mejor para ambas. Buscó ayuda para ti así fuera al otro lado del mundo, dejó muchas lágrimas y amistades en el camino. Santana y Kurt se le unieron. Todas las personas a tu alrededor se preocuparon. Por un largo año te cerraste, no socializabas, apenas y comías y eso les hacia pensar lo peor. Hasta que llegaron a mí por una amiga en común, Harley Matthews, la coprotagonista de Quinn. He estado a tu lado desde entonces. Tu mente asoció muchos eventos conmigo y Quinn, al ser las personas con las que más interactuabas. Lo demás, supongo que tu mente cuando escuchaba algo, lo asociaba y lo acomodaba a tu conveniencia.
—Entonces… El tú y yo fue siempre una perfecta ilusión…—susurró para ella misma acariciándose su collar.— Hay muchas cosas que aun no entiendo. Si todo fue una invención mía, por qué conservo esto. Mi subconsciente cree que tú me lo diste. La Alex Stone de la que creo estar enamorada.
—Bueno, eso sí te lo puedo decir yo. Quinn te regaló una parte antes de comenzar con las terapias. Y la otra parte, la tiene una persona muy especial para mí—escuchó la puerta abrirse y una pequeña rubia de ojos avellana se hizo presente— Ven cariño ¿Recuerdas a Rachel? —Frida caminó hasta su madre con vergüenza y se sentó en sus piernas— Free saluda a Rach. Rachel, ella es mi hija. Frida Carter-Stone.
—Hola Rach—saludó tímida— ¿Ya no está enferma mami?
Susurró intentando que la morena no lo escuchara, la cual, sonrió con emoción. Ahora todo tenía sentido. La unión que ambas mantenían, no podría ser otra que la de mamá e hija. Su cerebro lo reconoció así desde un inicio.
—No cariño. Rach ya no está enferma—le sonrió con ternura.
—Entonces ¿Tony y yo aún podremos ir a visitar a Quinn? ¿Y jugar con Luca? Extraño mucho a Luca. También extraño a Beth. Ella siempre me da chocolate y galletas.
—No lo sé ¿Por qué no se lo preguntas tu misma?
Alex ya había visto a Quinn en la puerta desde hace minutos atrás, pero no había dicho nada dejándola escuchar con atención lo que Rachel tenía que decir.
— ¡Quinn! —Se bajó con emoción de las piernas de Alex y corrió hasta la actriz. La cargó entre sus brazos— ¡Jo! El señor Effy y yo ya te extrañábamos de tu laaaaargo viaje. Mira, ya se me cayó un incisivo. Y sé cómo se llama porque vi ese canal de Discovery Chanel que me recomendaste el otro día—enseñó sus dientes mientras la morena las veía enternecida.— Espero que el hada de los dientes me traiga mucho dinero para poder comprar una nueva pelota y jugar con Luca ¿Mi hermano y yo podemos visitar a Luca, nop? —suplicó frunciendo adorablemente sus labios.
— Mmmmm no lo sé —se acarició su barbilla dándole emoción a la situación y luego le hizo cosquillas— ¡Claro princesa! Luca estará encantado que lo visiten.
— Luca es tu mascota Rachel. Es de ambas—le contó otro detalle importante con una enorme sonrisa.— Quinn y mis hijos han sido muy unidos. Ellos son los que le dieron la fuerza para seguir adelante, en especial Frida. Quien tiene la otra mitad de tu collar—vio a la morena que no dejaba de ver con emoción a las dos rubias que se carcajeaban— Esa creidita actriz de Hollywood nunca perdió esa inocente e hipnotizarte sonrisa y ese gran sentido del humor a pesar de todo por lo que pasó. Esa personalidad increíble y atrayente que todas las chicas aman, pero ella se mantuvo fiel a ti. A que alguna vez regresarías a ser esa chica de la que ella se enamoró en el instituto. Tuvo fé hasta el final, fé cuando todos creyeron que ya no había más para ti. Todos los días lo primero que te decía antes de seguir con su agobiante rutina y saliera el sol era: "Fui, soy y seré la mejor actriz de Broadway que ha nacido en esta vida y nadie me detendrá para conseguir mis sueños." Algo que se me quedó grabado en mi corazón. Ella es una excelente y maravillosa persona, Rachel.
—Fue de lo que me enamoré de la Alex Stone de mi inconsciente—se mordió el labio— Me enamoré de su divertida personalidad, de su apoyo en los momentos más difíciles, creyó en mí cuando nadie más lo hacía, sin saber que seguía enamorada de mi Quinn. De mi esposa.
—Pues esa chica que describes no es otra más que la de Quinn Fabray que está enfrente de ti. No la dejes ir Rachel. Jamás la dejes ir porque es el ser más especial y luminoso que he conocido en toda mi vida.
—Y no lo haré, te lo prometo—se puso de pie y caminó hasta ambas chicas.— Quinn podemos irnos para poder hablar—la rubia asintió seria y bajó a la pequeña.
—Luego nos vemos pingüinita—le revolvió el pelo y se aproximó hasta Alex— ¡Gracias! ¡Gracias por esto! Por traerme de vuelta a mi Rachel—agradeció abrazándola con emotividad y dándole vueltas en el aire.
—Cálmate creidita actriz, o me arrepentiré de tenerte como mi amiga. Además, esto no es gratis y debes pagarme millones de dólares. Quizás hasta te quite tu apartamento de Manhattan—la alejó burlona y le acarició un hombro.
—Y tú psiquiatra estirada y aburrida—le devolvió el cumplido— Sabes que me amas. Quizás te lleve de paseo en mi deportivo para que te despeines un poco.
Le hizo cosquillas a ella también. Ni la ahora estirada psiquiatra se quedaba sin su dosis de bullying diaria.
—Sí claro, dile eso a Bob y verás cómo te saca de una patada por el culo por tratar de ligar conmigo. Ya te dije que a mí no me van las chicas. Sí, acepto que eres muy sexy y ardiente, pero no por eso caeré en tu cama. No soy como tus adolescentes y hormonales fans—Quinn le mostró el dedo medio y le enseñó la lengua—Rachel, nuestras sesiones serán más seguidas a partir de ahora, y tú grosera rubia, deja de hacer eso delante de mi inocente hija o te golpearé—le avisó seria sentándose en su escritorio
—Claro, oye Alex ¿Eres la hija de Roslyn Kind?
La mayor duda de todas. Quizás eso sí era verdad y podría conocer a su mayor ídolo, Barbra Streisand.
—De dónde sacas eso Rachel. Todo mundo sabe que esa mujer nunca tuvo hijos ¿A caso me ves la nariz de la sangre judía? ¡Dios! Ni siquiera canto en la ducha, mi voz es un verdadero asco. Por eso contrato a esa rubia culona que tienes de esposa. Ella se encarga de dormir a mis dos demonios por teléfono. Y la verdad no sé cómo lo hace. Cómo hace que la obedezcan. Son unas ratas traicioneras.
—Un mago nunca revela sus secretos. Teniendo a una horrible y ordenada madre londinense pues nadie le obedece ¡Santo Chewbacca cómo no les permites comer deliciosos Waffles! ¡Son lo mejor de esta vida!—Quinn le guiñó un ojo de manera juguetona a Frida quien se cubría su boca para no soltar una carcajada.
— ¡Oh!—respondió Rachel aun con desconcierto por la interacción de ambas. Se tardaría en acostumbrarse en verlas así— ¿Nos vamos Quinn? —susurró avergonzada y bajó la mirada.
—See you later babies. Me saludan al buen Tony. ¡Cambio y fuera! —se despidió de madre e hija de manera coqueta— Claro Rach ¿Puedo?—dijo sonrojada entrelazando sus dedos.
—Sí—aceptó sintiendo una electricidad por su cuerpo, aun reconocía de nuevo a su alma gemela.
Siempre había sido la misma, a pesar de que su cerebro le jugara malas pasadas. Siempre había sido su rubia. Siempre había sido su Lucy Quinn Fabray.
Salieron al estacionamiento y una nueva sorpresa para Rachel; no había un coche esperándolas, en cambio era una hermosa Ducati roja. La Quinn de su historia jamás usaría o se subiría a una Anything Could Happen Rachel Berry.
—Si quieres podemos pedir un taxi. Es que al no verte en casa me preocupe y tuve que subirme a la moto para ahorrar tiempo de búsqueda. Y Andrew ya me avisó muy tarde en dónde te encontrabas—murmuró avergonzada moviéndose de lado a lado y peinando su alocado cabello.
—No… basta, está bien—accedió manteniendo su mirada en la manos entrelazadas.
—De acuerdo, emmm vas primero—soltó su mano y la ayudó a subir— Sólo traje un casco… Lo sé… es una irresponsabilidad de mi parte…
—Basta Quinn. Úsalo tú.
— ¡Claro que no! —Negó seria— No pienso perderte de nuevo—delicadamente se lo colocó y se subió detrás de ella— Bien, ahora pon tus manos en los manubrios. Así tendremos más seguridad—pidió amable.
— ¿Así? —Giró su rostro— ¡Hey no puedo verte!
—Eso se soluciona fácil—levantó el pequeño vidrio del casco— ¿Ahora si ves? —cuestionó con una enorme y brillante sonrisa.
—Siempre tan hermosa y perfecta.
—La hermosa eres tú—se mordió el labio y sintió lágrimas correr por sus mejillas— Dios Rachel, pensé que jamás volverías. Que jamás volverías a mi lado— la abrazó fuertemente.
—Perdóname Quinn. Perdóname tú a mí por hacerte pasar por esto—se quitó el casco y le acarició la mejilla— Hacerte pasar este infierno. No recuerdo muchas cosas, pero supongo que debió ser horrible. No sé si yo podría ser tan fuerte como tú lo has sido. De hecho no fui lo suficiente fuerte. Me dejé vencer en el camino.
—Oye no, nadie ha sido más fuerte que tú. Obviamente luchar con tanto te hizo flaquear, yo tampoco lo hubiese soportado. También hubiese enloquecido—le hizo su flequillo a un lado— Me diste una simple razón para sufrirlo por ti, todo el amor que me brindaste. Te amo y el que ahora estés aquí, me es suficiente. Me es suficiente porque ahora hay algo más fuerte que nos une. Rach, ayer que me llamaste asustada y me exigiste que regresara a tu lado. No era porque no quisiera hacerlo. Era porque estaba recibiendo una feliz noticia para ambas. Y porque tenía que firmar mi despido de esa estúpida y egoísta serie.
— ¿Qué sucede? —aspiró por la nariz.
—Querían que te dejara. Que no era buena imagen para mí tener a una esposa loca y desquiciada. Eso fue lo peor que pudieron decir. Meterse con mi familia. Y menos ahora que…—tartamudeó por la emoción— Rach, hemos estado buscando esto por años, destrozándonos en el camino. Destruyendo tu cordura y destruyéndome a mí. Pero ya no más. Yo te prometí que haría lo que tuviera que hacer para que estuvieses bien y regresaras a ser quien eras, así dejara mi carrera que no me da el mismo amor que tú me diste. Quizás ahora no lo recuerdes y hayas escuchado la versión que Alex conoce o tú versión de la historia, pero no conoces la mía, nuestra hermosa historia de amor. A lo mejor no recuerdas lo felices que fuimos antes de que todo esto pasara, pero yo me encargaré de recordártelo. Recordarte lo buena persona que fuiste y no la mala que crees ser, porque una persona no se mide por los errores que comete, lo es por todos aquellos hermosos y maravillosos que eclipsan a los malos. Quiero vivir de nuevo todos esos bellos momentos, y dejar lo malo de una vez por todas, porque ya no sólo somos tú y yo, ahora seremos cuatro.
— ¿Cómo que cuatro? —frunció su ceño sin distinguir nada por culpa de las lágrimas.
— ¡Wow otra vez esa vena! No sabes lo feliz que me haces—le dio un delicado beso en la frente— Amor, no te lo había dicho antes hasta que lo confirmaran, pero tengo dos meses de embarazo. Y el doctor dice que son dos personitas—soltó más lágrimas y colocó ambas manos en su rostro— Rachel, por fin seremos madres.
