Primeramente, una disculpa por no haber actualizado en más de un mes esta historia. Me quede atrapada entre compromisos, trabajo y recientemente la escuela, cosas de graduación, que se fue aplazando más y más la traducción de la historia. Ya solo quedan 2 capítulos, uno más y el epilogo. Intentare que el siguiente capitulo quede lo más pronto posible, puede que no lo actualice el próximo fin de semana pero no dejare que el tiempo se me consuma tan rápido y no dejare que pase un mes, lo juro.

Sin más que agregar, aquí les dejo el capitulo espero que les guste!


Capítulo 25 – Solo Nosotros

Es raro que esté genuinamente sorprendida en este momento. Con todo lo que regularmente pasa en mi trabajo, y con las recientes sorpresas de mi vida personal, he llegado a la conclusión que todo es posible. Espera lo inesperado y todo eso.

Y aunque Alice está acusando a la Dra. Ellos, la única persona de la que sospeche al principio, aun es un shock oírlo, el tener a alguien que conoces y en quien confías el decir esto con mucha convicción.

Tal vez es así como Edward se sintió. O tal vez lo sintió más, o peor, dado que él conoce al culpable.

"Espera… ¿entonces confeso?" rápidamente le pregunto a Alice. Trato de que mi mente asimile lo sucedido. Quiero saber cómo llego a esa conclusión.

"Bueno… no," contesta con precaución.

"¿Entonces como lo sabes?"

"La vi con las pastillas."

"¿Qué? ¿Viste las pastillas? ¿Por qué no le dijiste a alguien?"

"Porque no podría probarlo," explica, a la defensiva. "Todas estaban en un bote de prescripción sin etiqueta. Pero se lo que vi. Se agacho y una botella salió de su bolsillo y rodo por el pasillo. Trate de tomarlas por ella, pero ella las tomo tan rápido que pensé que me iba a arrancar la mano."

"Si, eso no prueba nada," concuerdo, algo exasperada. Es una evidencia muy débil, por lo que a mi concierne.

"Claro que sí. Vi las pastillas. Eran pequeñas y redondas y lucían exactamente como MS Contin."

"No puedes estar segura."

"Cuando le pregunte, se puso toda nerviosa y no me daba una respuesta directa. Finalmente dijo que era vitamina C. Cierto. ¿Por qué alguien estaría cargando vitamina C en una botella de prescripción sin etiqueta?"

"¿Cómo voy a saberlo? Tal vez su botella de vitaminas es gigante y necesitaba un contenedor más pequeño para llevar al trabajo."

"Sí. O tal vez es una adicta a las pastillas."

"Alice…"

"¿Qué?"

"Dios dime por favor que no has hecho nada estúpido. ¿No la acusaste verdad?"

"¿Luzco como una idiota? Claro que no, esa es una acusación gigante. Tenemos que ir a la administración. Y probablemente deberías hablar con Edward."

"No. No hay forma de que saque el tema de nuevo. No sin una confesión escrita y firmada."

"Bueno, ¿Cuándo regresas a casa? Yo digo que hablemos con Kate. Seguramente pueden hacerle un análisis de drogas. Oh, y ¿sabías que admitieron al Dr. Cullen a nuestro piso?" pregunta, su déficit de atención haciendo una sorpresiva aparición. "Emmet lo admitió y el Dr. Cullen lo hizo enojar en los primeros… diez minutos desde que llego. ¡Fue fantástico!"

Escucho la voz de Leah por el pasillo y de repente recuerdo mi cometido. Tomando las primeras prendas que encuentro de la maleta de Edward. Camino directamente por el pasillo y me encierro en la habitación de mi padre.

"Si, suena gracioso. Puede que lleguemos a casa mañana. Mira, Alice, tengo que irme. Te llamo más tarde."

"De acuerdo. Voy a tener los ojos abiertos por cualquier actividad sospechosa."

"Tu hazlo."

Termino la llamada justo antes de entrar al baño. Edward se ve un poco sorprendido por ver la puerta abriéndose de par en par, pero inmediatamente se relaja cuando ve que solo soy yo. Hay una toalla envuelta alrededor de su cintura y el aire de la habitación esta denso por el vapor. Luce ocioso, como si solo hubiera estado esperando ahí.

"Pensé que me habías abandonado," medio se queja, tomando la ropa de mi mano. "Incluso tomaste mi otra ropa."

Alejo los pensamientos de mi conversación por teléfono de mi mente, determinada a guárdamela por ahora. "¿Miedo de que Leah te atrape?" bromeo, moviendo las cejas con malicia. Edward me lanza una mirada.

"Eso no es gracioso."

"Oh, relájate, Nick Carter. Yo te protegeré."

Él no entiende mi broma.

Le doy las noticias a mi padre algo rápido. Está decepcionado, pero entiende, y para la cena arregla que comamos la mejor comida China para llevar que Forks tiene para ofrecer. Él hubiera deseado que tuviera pescado, que es una de las pocas cosas que sabe cocinar, pero aparentemente no tuvieron tiempo de pescar nada antes de que Leah se echara un clavado al lago. Sue y Leah no nos acompañan, y tengo la sensación de que es porque mi papá me quiere solo para él al menos por una sola noche. Edward se retira temprano, diciendo que empacara nuestras cosas, y mi papá y yo pasamos el resto de la noche solo charlando y poniéndonos al corriente.

La siguiente mañana, desayunamos en el comedor local con mi papá y nos vamos alrededor de las diez. Edward acaricia mi mano con sus dedos la mayoría del viaje a casa, su toque tranquilizador, y el viaje pasa rápido.

Hacemos una parada al hospital primero para poder visitar a Carlisle. Cuando Edward entra al inmenso estacionamiento, buscando por los oscuros espacios alguno vacío, no puedo evitar preguntarle porque no usa su lugar de estacionamiento de practicante. Porque yo que tiene su propio lugar, tal como sé que tiene comida gratis y café y alguien que le limpie el trasero si quiere.

"No estoy trabajando hoy, Bella," contesta con una paciencia practicada.

"¿Y?"

"Y podemos estacionarnos en el estacionamiento público como cualquier visitante."

"No le estás haciendo a nadie un favor. Estas tomando un lugar de nosotros los regulares, entonces ahora tenemos un lugar menos donde estacionar. No es como que pudiéramos estacionarnos en tu lugar."

"Deja de hacer eso," dice mientras se estaciona en un lugar.

"¿Dejar de hacer que?"

"Ponerte en un nivel diferente al mío."

"No lo hago. Solo que así son las cosas."

Se estaciona. Apaga el motor. "No me gusta que pienses de esa forma," dice, tomando mi mano y besando mis nudillos. "Por qué no es verdad. Una buena enfermera vale su peso en oro para un doctor. Ellos no serían tan exitosos sin ellas."

Me gusta la forma en que dice ellos y ellas. No nosotros y tú. Porque tiene razón, en nuestro caso, solo somos nosotros. No un doctor y una enfermera y no ellos y yo.

Me besa antes de salir del auto, y lo sigo, de repente un poco nerviosa. Aunque no hemos necesariamente tratado de ocultar nuestra relación, parece que visitar juntos a su padre, mientras ambos estamos en nuestro día libre, es una proclamación bastante directa de que somos una pareja. Sin mencionar que tomara lugar en mi lugar de trabajo.

Alice no está trabajando hoy, lo que es una fortuna, no estoy lista para que sus sospechas tengan un desliz enfrente de Edward. Sera apoyando mis previas acusaciones y todo, pero Edward tiene razón: no tengo evidencia. Solo celos mezquinos que no lucen bien desde ningún ángulo.

Pasamos por el lobby principal para alcanzar el elevador que nos llevara al cuarto piso. Personas que no conozco saludan a Edward, y siento que nos ven fijamente, pero no de forma mala o inesperada. La primera persona que vemos en nuestro piso es a Jessica, que está sentada en el escritorio con el teléfono soportado entre su oreja y hombro. Ella nos ve, hace una pausa, y trata de hacer contacto visual con Edward, pero él ni siquiera ve en su dirección. Toma un profundo respiro antes de bajar la mirada y pretender que no existimos.

Mentalmente la choco con Edward, solo porque me encanta fastidiar a Jessica y porque eso fue secretamente asombroso.

Pasamos un lado de Kate en nuestro camino a la habitación de Carlisle, y nos saluda con familiaridad. Luego Aro, que saluda a Edward y me ignora, justo como lo esperaba. Finalmente Ángela, que se está poniendo una bata para entrar a una habitación por el pasillo. Ella sonríe y nos saluda con precaución desde la distancia.

Llegamos a la habitación de Carlisle y Edward toca, y es aquí donde me doy cuenta que no tengo nada que temer.

"¡Pasen!" Carlisle grita desde dentro.

Bueno, excepto esto.

-x-x-

Nuestra visita a Carlisle es exactamente como la esperaba: esta malhumorado, hambriento, y ansioso por estar sentado todo el día sin trabajar, lo que al parecer es muy difícil para algunas personas. ¿Quién lo diría?

Carlisle está sentado en su cama, usando una pijama de camisa de botones en lugar de la bata del hospital, y Esme está sentada completamente derecha en una de las duras sillas que están cerca de la pared. El cansancio se ve en sus ojos, y después de decirle un rápido hola a Carlisle. Me acerco a conversar con ella.

"Le rogué al Dr. Handler que le diera algo para dormirlo," me susurra después de pasado un minuto de nuestra llegada. Carlisle le está diciendo algo a Edward sobre una cirugía a corazón abierto que tenía programada en la mañana y no nos está poniendo nada de atención. "Si fuera una mujer, hubiera sido más empática."

Secretamente concuerdo con ella, aunque creo que Emmet hubiera cumplido la petición con gusto si tuviera la licencia.

"¿Sabes cuándo regresara a casa?" pregunto, recargándome en la pared a su lado.

Mientras más pronto mejor, creo, preferiblemente antes de que regrese al trabajo.

"Aun no. Le hicieron una EGD en la mañana, así que supongo que depende de que encuentren. Pero sus hemocritos fueron positivos, así que definitivamente está sangrando de algún lado." Se gira para ver a Carlisle de repente y dice en una voz muy cansada, "Carlisle sabes que el examen de alcohol fue revisión estándar."

"Bella," Carlisle ladra, saliendo de la conversación con Edward. "¿Le harías un examen de alcohol en la sangre a un hombre a las ocho y media de la mañana? ¿O parezco un borracho para ti?"

Me toma por sorpresa la pregunta. "Supongo que dependería si pareciera que esta borracho o no," contesto con cautela.

"¿Ves? Incluso ella sabría que no debe de ordenar el examen."

Aprieto los dientes y trato con mucho, mucho esfuerzo no contestarle frente a Esme y Edward.

"Estabas mareado y tambaleándote, Carlisle," Esme intercede con poca paciencia. "Parecías borracho."

"He estado trabajando aquí por veinte años. Lo menos que deberían saber es si soy o no un alcohólico."

"¿Realmente importa, papá?" Edward pregunta razonable.

"Claro que importa. No voy a pagarle a esta broma de sala de urgencias por exámenes que ni siquiera necesito."

"Es el hospital, donde tu trabajas. No solo la sala de urgencias."

Carlisle ve a Edward con impaciencia. "¿Te han enseñado alguna vez sobre presupuestos? Cada unidad del hospital tiene su propio presupuesto que tienen que manejar…"

Me salgo de la conversación después de eso, rápidamente excusándome para ir a al baño. Si tengo suerte, puedo perder el tiempo suficiente hasta que Edward esté listo para irse, y juzgando por el gesto molesto en su rostro, no va a tardar mucho.

Que embrollo. Me da una nueva apreciación del tipo de hombre que Edward es porque no me puedo imaginar tener que lidiar con Carlisle por un gran periodo de tiempo. De hecho, creo que ya lo hubiera apuñalado en la garganta con una pluma y hubiera sido encarcelada por al menos un tercio de mi vida adulta.

Gracias a Dios por Charlie Swan. Realmente debería mandarle una tarjeta de agradecimiento o algo, agradeciéndole por mi libertad y un historial sin ofensas criminales.

Después de usar el baño, paso un rato en el estación de enfermeras, platicando y preguntándome qué diablos voy a hacer con la situación de las drogas. No he visto a la Dra. Ellis, pero me imagino que probablemente esta en cirugía. ¿Y qué voy a hacer si la veo de todas formas? ¿Confrontarla? ¿Preguntarle amablemente?

Mike esta trabajando en nuestro piso hoy y se detiene a platicar, preguntándome como he estado y cuando voy a trabajar de nuevo. Aún estamos conversando cuando Edward se acerca, y Mike se hace a un lado, de repente recordando que tiene cosas importantes que hacer.

Edward no se ve feliz de vernos hablar, pero me imagino que tiene que ver más con la conversación con su padre. "¿Estas lista?" pregunta irritado.

"Si, solo deja me despido de tus padres."

"Bien." Se queda dónde está, obviamente sin ganas de regresar a la guarida del león.

Cuando regreso, le pregunto si se siente bien.

"Solo estoy cansado," dice, estirando el brazo para tomar mi mano. Entrelaza sus dedos con los míos y le dan un ligero apretón, luego se inclina y me besa debajo de la oreja. "Perdón por eso," murmura.

Sonrió ligeramente y aprieto su mano también, por que sí, Carlisle puede ser insoportable. Me siento peor por Edward, de hecho, porque él tiene que soportar su comportamiento más seguido que yo.

Pero a pesar de todo, Edward no estaría aquí sin él. Insoportable o no, estoy agradecida.

-x-x-

Edward y yo regresamos al trabajo dos días después, y aun no estoy ni cerca de averiguar nada relacionado con las drogas.

Alice aún cree que debemos hablar con Kate, pero no estoy cómoda con la idea. La Dra. Ellis ha trabajado durante más tiempo que yo aquí y ningún hospital en su sano juicio va a arriesgar perder a uno de sus mejores cirujanos. Y no me han despedido ni nada, así que no veo la necesidad de convertirme en la incitadora sin una buena razón.

Solo he estado observando y esperando. Y cuidando del Dr. Carlisle Cullen, claro. Pero solo es porque Emmet está a cargo y quiere ser 'gracioso'.

Es medio día cuando entro a la habitación de Carlisle y lo encuentro con una bolsa de Fritos y una barra de Snickers.

"¿Qué estás haciendo?" le digo molesta, y sus ojos se abren tan pronto empiezo a avanzar hacia su botín. "Sabes que tienes que tomar puros líquidos para tu examen de mañana. ¿De dónde sacaste esto?" Afortunadamente, los Fritos no han sido abiertos, pero el chocolate tiene una buena mordida en un extremo. Tomo las papas de la cama, pero el aleja la barra de mi alcance.

"Estas loca si piensas que voy a quedarme recostado aquí y dejarlos que me maten de hambre," contesta.

"Dame la barra de chocolate."

"No."

"Voy a llamar al Dr. Handler y decirle lo que estás haciendo."

"Bien. Mientras estás en eso, llama a la cocina y diles que me preparen una hamburguesa."

"Supongo que no quieres que te hagan tus exámenes mañana. Te ha de gustar mucho estar aquí como para querer quedarte otro día."

"¡Ja! Preferiría caer muerto."

"¿Por qué no lo haces entonces? Oh, claro, por qué quieres hacer miserable mi vida primero."

"Si fuera Edward, te pondría sobre mi rodilla y te enseñaría a hablarle a tus superiores."

"Si fuera Esme, te ahogaría mientras duermes con una almohada."

"¡Si tu fueras Esme, yo mismo lo haría!"

Abro su bolsa de Fritos y la giro sobre el bote de basura, dejando que las papas caigan como lluvia de sal. Luego tiro la bolsa y salgo de la habitación, asegurándome de dejar abierta la puerta solo porque a él le gusta que esté cerrada.

No sé nada de él durante una hora. Después, cuando voy a ver como esta, veo la barra de chocolate en la basura.

No se disculpa por su comportamiento. Yo tampoco lo hago. Pero me habla como una persona, no como su subordinado, y me doy cuenta con una pequeña sensación de triunfo que puede que haya descubierto como manejar al padre de Edward.

Extrañamente, esta nueva relación parece funcionar para nosotros.

Un poco después, voy a la sala de descanso por algo que comer. Ángela está ahí calentando algo en el microondas, y Emmet está pisándome los talones, ansioso por saber qué tipo de comida puedo traer.

"No es nada que te interese," le digo. "Solo yogurt y almendras."

"¿Almendras cubiertas de chocolate?" pregunta esperanzado.

"Uhh… no. Solo las genéricas, sin nada."

"A la mierda, dámelas."

Le paso la bolsa ziploc y saco mi yogurt del refrigerador. Con la boca llena de almendras, Emmet dice, "Alice me dijo de la Dra. Ellis."

"¿Si? ¿Qué opinas?"

"Creo que es muy conveniente. Parece que ella quiere que sea ella tanto como tú." Al final traga, luego luce pensativo. "Pero… no haría daño mencionárselo a Kate. Ella es buena y si no está de acuerdo, entonces pueden olvidar todo el asunto."

"No voy a hacer eso," El viejo refrigerador se tambalea cuando lo cierro. "No hay pruebas, y no quiero crear un gran drama si estoy equivocada."

"La persona que robo las drogas creo el drama. No tú."

"¿Y si no es ella? La estaría acusando sin ninguna razón.

"¿Y qué tal si es ella? Francamente, no me gustaría que ninguno de mis pacientes lo operara un cirujano dopado. Además, ella no tiene que saber que tu dijiste algo. Puede ser anónimo."

"Nada es muy anónimo por aquí." Me giro hacia Ángela, quien está sacando su comida del microondas. "¿Tu qué harías, Ángela?"

Luce sorprendida de que me haya dirigido a ella. "Yo, uh… no lo sé." Tiene una taza de chocolate caliente, me doy cuenta, mientras empieza a moverlo muy rápido casi inmediatamente. "Tal vez deberías decir algo."

"¿Ves?" Emmet dice

"Aun necesito pensarlo."

"Piensa rápido. Antes de que las drogas salgan de su sistema."

"Si, papá," digo secamente.

Asiente con aprobación. "Esa es mi chica."

Esme viene a visitar una hora después y trae dos cajas de galletas de otra de sus recetas de Barefoot Contessa. Ofrece una al piso como agradecimiento por cuidar de Carlisle, la otra me la da para llevarla a casa para mí y Edward. Ella se la hubiera dado a él, dice, pero todos sabemos cómo pueden ser los hombres y no quería avergonzarlo frente a sus colegas enfermeras y doctores.

Emmet se devora la mitad de la caja casi inmediatamente e insiste que solo se me permite comer galletas de mi caja, no de las que dio para todos, porque de otra forma solo sería golosa. Pero acepta darme una galleta si prometo hablar con Kate. Me alejo con mi propia caja y no lo considero mucho.

Esme cierra la puerta de la habitación de Carlisle, y me imagino que como ya está aquí puedo descansar de él un poco. Reviso a mis otros pacientes antes de darme cuenta que tengo un mensaje de Edward. Probablemente solo quiera saber cómo me esta yendo con su padre. Se pasó por aquí esta mañana para dejarme un café y me vio con empatía, luego vino de nuevo un rato después con esas galletas de chocolate de la sala de doctores que tanto me encantan. Estoy segura que se siente mal al respecto, sabiendo lo que tengo que soportar todo el día.

Solo una vez se quedó a hablar con Carlisle, y solo por unos breves minutos. Bastardo afortunado.

Me dirijo a la sala de descanso para ver mis mensajes. No hay nadie ahí, así que me siento en la mesa, descansando mis pies en una de las sillas. Tenía razón – Edward solo me está preguntando como estoy. Rápidamente escribo una respuesta, viendo la hora en mi teléfono, contando los minutos para salir del trabajo y acurrucarme con él en el sofá. Tal vez pueda quejarme un poco de Carlisle y conseguir un masaje de pies de lastima.

Algo vibra audiblemente en la barra, cerca del microondas, y me asomo para ver el teléfono de Ángela boca abajo en el laminado. Lo ignoro al principio, pero luego vibra otras dos veces más unos momentos después, me levanto de la mesa para ir por él, pensando en tomarlo para que ella pueda checar sus mensajes.

Cuando lo abro y veo la pantalla, sin embargo, el mensaje en la pantalla brillante llama mi atención.

¿Hola? ¿Estás ahí? Si no sospechan nada, ¿Por qué habrías de decir algo? No hagas nada estúpido.

Lo leo una vez, dos, y mi pulso automáticamente se acelera y mi mente corre a mil kilómetros por hora. ¿Esto tiene algo que ver con las drogas? ¿Ángela las tomo? O tal vez estoy dejando que mi lado paranoico saque conclusiones erróneas. No sería la primera vez.

Observo el teléfono en mi mano, y luego veo alrededor de la sala de descanso. Luego el teléfono. La puerta.

A la mierda

Le doy clic al mensaje, abriendo la conversación completa. La pantalla brilla, las palabras apareciendo en un instante con un simple toque de mi dedo. Lo leo al revés, empezando por los mensajes más recientes, leyendo hacía arriba. Son mensajes que responden todas mis preguntas, dejando de lado las acusaciones de Alice. Mensajes que hacen palpitar mi corazón contra mi pecho con tanta fuerza que estoy segura que la mitad del hospital puede escuchar.

La puerta de la sala de descanso se abre de repente, rechinando de sus bisagras, y me asusto tanto que tiro el teléfono. Cae en el piso, protegido por su carcasa, y cae boca arriba para que yo y el intruso podamos verlo.

Ángela se congela con su mano en la puerta, sus ojos pegados al teléfono. No parece que este respirando, pero de nuevo, yo tampoco.

Tomo un paso con cuidado mientras ella se lanza y toma el teléfono del piso. Ve la pantalla, como buscando confirmación de lo que vi, y luego me ve con ojos llenos de miedo.

"¿Leíste mis mensajes?" dice acusándome.

"¿Tu robaste las pastillas?" contrarresto.

Emmet entra a la habitación, comiendo una galleta. Nos observa a ambas con las cejas levantas. El pecho de Ángela se torna rojo, luego su cuello, y finalmente su rostro, mientras lucha con las palabras.

Finalmente contesta al romper en llanto.

Emmet me ve a mí y luego a Ángela, la galleta a medio camino de su boca, sus ojos abiertos en forma de alarma.

"¿Qué fue lo que le hiciste?" me pregunta, su voz insegura. Luce completamente perplejo al estar en la presencia de una mujer llorando, histérica.

Ángela empieza a limpiarse los ojos, tratando de hablar, pero sus palabras son inentendibles. Me giro hacia Emmet y digo, "Creo que necesitaremos un minuto."

No necesita una mayor invitación para correr de la habitación.

Ángela mueve la cabeza y trata de seguirlo, diciendo, "No puedo – "

Me muevo y me meto en su camino abruptamente, tapándole la salida. Aunque Ángela es más alta que yo en unos 5 pulgadas, es más delgada y estoy segura que me puedo arreglármelas para hacer que se quede si tengo que hacerlo.

"Necesitamos hablar primero Ángela," digo firmemente. "¿Tu tomaste las drogas? ¿Tu?" Cuando no responde, lanzo las manos al aire y exclamo, "¡Al menos dime porque!"

"¡Tenía que hacerlo, de acuerdo! No lo entenderías."

"Tienes razón, probablemente no. Róbalas bajo tu propio nombre la próxima vez," digo tajante. Puedo ver el dolor en sus ojos, pero ahora no me importa. Estoy furiosa – completamente encolerizada – por lo que me hizo. Casi me cuesta mi trabajo, mi carrera, y posiblemente incluso mi relación con Edward.

Porque, ¿qué respetable doctor querría una relación con una ex –enfermera que perdió su licencia por robo de narcóticos? Ese era un temor que no quería confrontar, un miedo que subconscientemente encerré, decidiendo enfrentarlo cuando fuera el tiempo correcto. Es posible que nada resultara de esto – que toda la situación hubiera sido puesta de lado, y olvidada con el tiempo – pero la posibilidad, aunque sea muy pequeña, que no desapareciera era lo que me preocupaba y me inquietaba.

Ángela trata de irse de nuevo, pero de nuevo me meto en su camino. "Espero que estés planeando en llamar a Kate una vez que salgas de aquí."

Ángela frunce el ceño y dice, "No es como si te hubieras metido en problemas." Aunque las lágrimas aun caen, es obvio que el enojo está reemplazando su histeria inicial.

"Bueno, no puedo decir que lo mismo sucederá contigo." Me mira, su rostro mojado tranquilo, sus ojos fríos. De repente se me ocurre que puede intentar negarlo. ¿Pasara la prueba de narcóticos? ¿Esta dopada en este momento?

El teléfono aún está en su mano, pienso que tan difícil seria luchar para quitárselo, mantenerlo guardado hasta que confiese todo. O, si es necesario, entregar la evidencia. Fue estúpido de mi parte el permitir que lo tomara para empezar, pero estaba atónita y no estaba pensando claramente.

"Sabes, pensé que siempre había sido amable contigo," digo, esperando llegar a ella con una dosis de culpa. "Te defendí y todo. En mi segundo día."

"Si, y eso funciono muy bien para ti, ¿no es así?" Lo dijo con un bufido, probablemente pensando en que Edward y yo estamos juntos ahora. Dormí con el enemigo, por así decirlo. Rápidamente se limpia la nariz con el dorso de su mano y añade tristemente, "Pero, fuiste muy buena conmigo. Lo siento, no fue mi intención meterte en esto."

Tal vez eso debería ser reconfortante, pero me doy cuenta que no importa. Al final, Ángela no significa nada para mí. Pero lo que hizo casi me cuesta todo.

Aun ponderando mis opciones, estiro mi mano y digo, "¿Puedes darme tu teléfono?"

Sus ojos se abren, y toma el teléfono con más fuerza. "¿Qué? No."

"Solo hasta que hables con Kate."

"Puedo hablar con Kate sin tener que darte mi teléfono."

"No confió en ti."

"Lo siento, pero no."

"Bien, la llamare ahora. Y puedes decirle todo." Saco mi propio celular de mi bolsillo y busco su nombre. Ángela se queda estoica, sin moverse, y cuando el teléfono me da tono pongo la llamada en altavoz.

"Bueno," Kate contesta, su voz llenando la pequeña sala de descanso. Suena con un poco de aire de su lado, como si estuviera conduciendo, lo que es posible – salió del trabajo hace una hora.

"Hola Kate, es Bella. Ángela está aquí y tiene algo que decirte." Le paso el teléfono a Ángela, urgiéndola – no, demandando – que confiese. Ella toma el teléfono con manos temblorosas, y sus ojos se llenan de lágrimas de nuevo, pero mi adrenalina está bombeando muy fuerte como para permitirme sentir cualquier tipo de simpatía.

Con la voz temblorosa y unas lágrimas, Ángela confiesa todo.