.: Capitulo veinticinco :.

-¡Fracasaste! -gruño Tsubaki enojada, realmente MUY enojada-.

-¡Tu fuiste la que fallo! Tu estúpido hechizo no funciono ¡Me engañaste!

-No te he engañado, todo esto paso por culpa de uno de tus descuidos, te dije que te cuidases de la sacerdotisa mas joven, pero no me hiciste caso... ahora Kikyou sabe que estoy atacándola de una manera directa... -apretó los dientes con furia- Y hasta es capaz de buscarme para eliminarme -y bien sabia que de quererlo, la guardiana de Shikon podría lograrlo sin el menor problema-.

-Quizás si esta vez... -mas Onigumo fue interrumpido en sus palabras-.

-¡Nada! Demostraste ser un inútil... vete que no me sirves -sentencio ella con rencor, la verdad es que ese hombre solo le había causado una perdida de tiempo-.

-¿Cómo dices eso? te vas a arrepentir -molesto enormemente, Onigumo se dio la vuelta para disponerse a salir del templo de aquella sacerdotisa oscura- Te recuerdo que eras tu quien me necesitaba.

-Si claro -se burlo sardónicamente Tsubaki- Tu has sido quien vino a mi, francamente no tengo porque perder mi tiempo con estorbos como tu.

Hecho una furia, Onigumo salio de aquel templo murmurando y maldiciendo a Tsubaki, no concebía que la muy infeliz le acabase de dar la espalda, tampoco esperaba demasiado de ella pues ya había visto que sus dichosos conjuros no eran tan buenos, y quizás siempre fallaban... pero le gustase aceptarlo o no, el era un simple humano y necesitaba de fuerzas sobrenaturales que le ayudasen, si es que realmente deseaba tener en su poder a la perla de Shikon y a su guardiana, Kikyou.

Por su parte Tsubaki se encontraba frustrada, sus planes se habían venido abajo y ahora Kikyou no dudaría en intentar matarla si tenia la oportunidad ¡Que gran error había cometido! Que ingenua había sido al confiar en un simple y vago humano como el tal Onigumo, y la sacerdotisa oscura se sentía tan furiosa consigo misma por cometer semejante estupidez, merecía que se burlasen de ella y de su incompetencia al dejarle el trabajo de encargarse de la Shikon y de su guardiana a un desconocido e insignificante humano... las cosas de ahora en adelante se le presentarían mas complicadas, y la oportunidad de adueñarse de la preciada joya parecían estar cada vez mas lejana, y claro... todo por culpa de la mocosa que siempre estaba acompañando de Kikyou ¡Como quería encargarse de ella! Así ya no se metería en sus planes nunca mas, pero sabia que no podía... esa chiquilla poseía poderes muy fuertes y con sus conjuros no iba a ser capaz de lastimarla siquiera... debía encontrar otra forma de quitarla del camino aunque no estaba segura de cómo haría eso.

Mientras afuera, y regresando sus pasos por el sendero que le había traído a aquel santuario que se suponía era sagrado, Onigumo se encontraba todavía molesto y sintiéndose impotente ante lo que estaba pasando, porque ahora se seria mas difícil la tarea de adueñarse de Kikyou y la perla, pero el siempre obtenía lo que quería y aunque le costase mucho mas trabajo que antes lo iba a conseguir, de eso no le quedaba ninguna duda.

-Ya veras mi querida Kikyou... solo espera y lo veras -murmuro para si mismo, sonriendo de manera desencajada-.

No faltaba mucho para que llegase el atardecer, Kagome veía encantada el nuevo panorama que ante sus ojos se reflejaba, nunca se había alejado tanto de la aldea como para descubrir que esta tenia un río que desembocaba siendo aun mas largo y ancho. Mas lo que realmente le dejo admirada fue una caminata de madera que llevaba hacia dentro del río, donde se encontraba aparcada una canoa de cortes exactos. El medio demonio que hasta ese momento la estaba guiando detuvo sus pasos, justo antes de pasar el pequeño muelle de madera, se giro sobre sus talones y quedo frente a la mirada chocolate de la miko, quien con algo de confusión en sus ojos permanecía.

-¿Esta es la sorpresa Inuyasha? -pregunto entusiasmada Kagome, plasmando en sus labios una bella sonrisa mientras que su mirada se enternecía-.

-¡Feh! algo así -el ojidorado cruzo los brazos y desvió la mirada hacia alguna otra parte mientras bajaba un poco sus blancas orejas, aunque no quería aceptarlo aquello le daba un poco de pena-.

-¡Ay gracias Inuyasha! -entusiasmada, Kagome extendió los brazos y los arrojo alrededor del hanyou, abrazándole con cariño-.

Ante la inesperada acción de la pelinegra, por un momento Inuyasha sintió perder el equilibrio y hubiesen caído los dos de no ser porque al final había conseguido permanecer firmemente de pie, antes de que pudiese corresponder siquiera a la muestra de afecto, Kagome le soltó mientras que animadamente se dirigía hacia donde se encontraba la canoa y de un salto se colocaba en ella. Por el movimiento que hizo, el bote se balanceo con algo de brusquedad hacia los lados y la miko pensó que iba a caer, pero una mano apreso firmemente su muñeca evitando el accidente. Kagome giro rápidamente la mirada para encontrarse con aquel par de ojos dorados que tan bien conocía, mirándole tranquilamente.

-Gracias... otra vez -sonrió Kagome agradablemente-.

-...- mas Inuyasha no le respondió, y solamente se limito a negar ligeramente con la cabeza pero manteniendo también una sonrisa-.

-Bueno pues... -entusiasmada la miko junto las palmas frente a su pecho como si estuviese dando una especie de aplauso- ¡Vamos a dar un paseo! -y sonrió aun más, encantada con la idea-.

-Si de eso se trataba -el medio demonio también subió a la canoa pisando con cuidado, a diferencia de cómo lo había hecho la joven sacerdotisa-.

Al instante la chica busco el remo y no tardo mucho en dar con el pues se encontraba en uno de los extremos de la modesta lancha, pero en cuanto lo tomo Inuyasha se apresuro y se lo quito de las manos ya que según el, quien debería de remar debía ser solamente el y nada mas. De una manera extrañamente atenta le pidió a Kagome que se sentase y disfrutase del "recorrido", a lo que sin replicar nada la miko se sentó en la parte trasera mientras que sin ningún problema el hanyou de ojos dorados lograba darle movimiento al pequeño bote y comenzaba a remar pausadamente, al tiempo que se adentraba mas en el río. Una vez que la canoa tomo el ritmo tranquilo de las aguas el medio demonio también pareció relajarse, mas no tenia el suficiente valor de voltear hacia atrás o entablar alguna conversación con su amada, la verdad era que... se sentía un tanto ¿apenado? .¡Jah! a esas alturas de su relación el sentirse apenado era sencillamente una estupidez, pero es que no podía evitarlo, toda su vida vagando solo pues a muy temprana edad perdió a su madre, siendo rechazado por todo el mundo y teniendo que pelear fieramente para sobrevivir le habían hecho un tanto duro, y no estaba para nada acostumbrado a ningún tipo de muestra de afecto, menos a darlas o incluso a reconocer sentimientos de ese tipo, pero desde que Kagome había llegado a su vida todo eso había cambiado... era tan feliz desde que aquello había pasado, aun recordaba perfectamente el primer día que le había visto, y desde ese entonces se había dado cuenta de que era un humado diferente, alguien en quien se podía confiar, alguien que era muy fácil de querer.. hasta de amar, porque no le quedaba ninguna duda de lo que por ella sentía, era amor, un amor que no había tenido jamás pero que sin embargo había aprendido a reconocer fácilmente aunque le fue difícil el aceptarlo, pero ahora que ya había pasado todo eso, no podía sentir mas que dicha y por primera vez estaba feliz de vivir, por primera vez no renegaba de su existencia y tenia una verdadera razón para pelear... por SU Kagome, vivía para ella y por ella, el la cuidaría siempre.

El silencio aunque largo no era para nada incomodo, habían recorrido ya un buen tramo y Kagome supuso que irán hacia el siguiente muelle que se encontraba más cerca de la aldea donde vivían tan pacíficamente, así que aun quedaba un rato mas de relajación pues aquel paseo todavía tenia mas que dar. Recargo su codo en uno de los bordes de la canoa y seguidamente coloco su mejilla en el recargándose, mientras que observaba como su reflejo se veía algo distorsionado en las limpias aguas del río debido al movimiento que hacia el bote al ir avanzando. Quiso suspirar pero temiendo que se escuchase melancólica y peor, que Inuyasha pudiese escucharle prefirió no hacerlo, sentía que el tiempo de decir la verdad estaba llegando... era muy feliz ¡Bastante! Vivía tranquilamente al lado de seres que le querían y ella igualmente les quería, pero debía decirles la verdad, una verdad que había estado guardando por temor... al principio las cosas no iban a ser de ese modo, pero la situación se fue armando por si sola y cuando menos lo espero estaba metida en aquel enredo... pero DEBÍA decirles.

Sabia que Kikyou era feliz, independientemente de la Kikyou tan vengativa y miserable que había conocido, le había visto en recuerdos al lado de Inuyasha y aunque se veía contenta... no era la misma sonrisa que ahora había logrado mirarle desde que le conocía, desde que había llegado ahí por un accidente. No dudaba de que Kaede también fuese feliz pues una vez la misma niña le había dicho que al fin tenia una gran familia, pues los padres de la guardiana de Shikon y los de ella habían muerto y desde entonces las cosas no habían vuelto a ser iguales, pero ahora que estaban la misma Kagome e Inuyasha con ellas eran mejor. Y tampoco negaba que su hanyou también estuviese bien... y si todo era perfecto ¿Por qué sentía que no era así? Porque aun quedaba su familia, su madre, su hermano, su abuelo... todos ellos preocupados por su seguridad ¡Sabia que estaba mortificándoles! Pero no podía evitarlo, Kagome había prometido estar ahí para asegurarse de que Naraku jamás volviese a hacerse presente, y sentía que ese tiempo ya estaba pasando pues desde que sucedió lo de Onigumo pensaba que el peligro estaba cada vez mas lejos, de ser así entonces dentro de muy poco iba a tener que contar la historia verdadera de lo que había pasado... y solo esperaba que Inuyasha y Kikyou pudiesen entenderlo... y aunque no quisiera aquello le daba miedo, mucho miedo, no soportaría que ellos llegasen a odiarle.

En esa época del año los cerezos estaban en plena flor y todos los que se encontraban alrededor del río daban un paisaje simplemente hermoso, algunas flores se habían desprendido y danzaban en las aguas movidas por la corriente, aquel panorama rosado le daba a todo una atmósfera muy tranquilizadora y armoniosa.

Al fin y después de un tramo mas aquel placentero viaje había llegado a su fin, y Kagome que iba tan medita en sus pensamientos se dio cuenta al sentir como con un poco de fuerza el medio demonio había hecho que la canoa comenzase a orillarse, la miko alzo la vista hacia el otro lado y observo como ya casi se detenían frente al otro pequeño muelle, entonces la aldea ya no debía quedar muy lejos. Se detuvieron y el bote golpeo ligeramente uno de los postes que sostenían la escalinata de madera. Inuyasha dejo el remo a un lado y fue el primero en subir, ya saliendo de su ensimismamiento Kagome se puso de pie y avanzo hacia donde se encontraba el medio demonio quien no dudo ni un instante en alargarle una de sus manos, teniendo cuidado de no lastimar a la chica con sus garras cuando Kagome le tendió su mano para así poder subir. El hanyou dio un ligero tirón que vasto para que la miko subiese. Se miraron profundamente a los ojos y sonrieron ligeramente, el peliplateado desvió la mirada hacia el frente haciendo que la chica le imitase y de ese modo los dos pudieron observar como el sol comenzaba ya con el atardecer.

El cielo se había llenado de destellos naranjas, dorados y rosados que maravillosamente daban un espectáculo sin igual al reflejarse en las aguas tranquilas del río, se sentían los últimos destellos de calor de aquel día. Agradecida Kagome se giro y sin esperar mas tiro sus brazos alrededor del cuello de Inuyasha quien reacciono nuevamente tarde ante su acción, pues sin siquiera pensarlo sintió los suaves y tersos labios de Kagome sobre los suyos acariciándolos tiernamente, casi por instinto el medio demonio cerro sus doradas orbes, pasando sus firmes brazos por la delgada cintura de la sacerdotisa terminando por abrazarle atenta pero firmemente. Suavemente el hanyou pidió permiso para entrar en aquella delicada boca, el cual sin duda le fue otorgado, así que sin premura se dedico a saborear su dulce sabor, el mismo que solo Kagome podría tener.

Cual se separaron una sonrisa prevalecía en los labios de ambos, las mejillas de Kagome se encontraban adornadas por un delicado sonrojo que hizo sonreír aun mas al hanyou ¡Como adoraba la inocencia de la chica! Con suavidad Inuyasha llevo una de sus manos hacia aquellas mejillas y la paso en una de ellas, haciendo que la chica cerrase los ojos ante el contacto y soltase un suspiro de lo más soñador.

-Inuyasha... -susurro ella, aun con sus chocolates orbes cerradas-.

-¿Si? -el tono que el había utilizado era suave, tranquilo... justo como en ese momento se encontraba-.

-Te quiero mucho... -sonrió más ampliamente-.

-Pues yo te amo -termino el otro, cerrando también los ojos-.

Aquellos momentos sin duda alguna eran preciados, valían oro. Porque el amar y ser amado con la misma intensidad era un sentimiento que pocos podían experimentar, era algo sencillamente maravilloso y nada se le comparaba.

La noche ya había caído desde hacia un rato, ahí en el templo que pertenecía a la guardiana de la tan codiciada y peligrosa perla de Shikon, todo se encontraba en paz y tranquilidad pues sus habitantes ya dormían.

Luego de que hubiesen regresado, Inuyasha y Kagome de aquel pequeño paseo por el río, que sin duda alguna habían disfrutado bastante, en lo que ya parecía un cuadro típico se dispusieron a cenar en compañía de Kikyou y la pequeña Kaede de forma tranquila y animada, y cualquiera que en aquel momento los viese sin duda alguna diría que se trataban de una familia... una muy extraña familia pero a fin de cuentas parecía que lo eran. Y como siempre después de un rato más cada uno se había retirado a dormir esperando un nuevo día.

Pero a diferencia de todos los demás que descansaban, para Kagome no era lo mismo... entre sueños agitadamente se removía impaciente, ansiosa y asustada por las imágenes que en ese momento se le revelaban, hasta que al fin y para su alivio abrió sus marrones ojos un tanto perturbada, aun con su pecho subiendo y bajando con agitación... realmente había tenido una muy mala pesadilla.

-¿Estas bien Kagome? -escucho que preguntaron y al instante ella reacciono-.

Inuyasha como ya se había hecho costumbre se encontraba en aquella esquina que el tenia por "suya", y sin duda teniendo tan fino oído había podido escuchar la respiración intranquila de la miko, y aquella exhalación de tranquilidad que había dado cuando al fin había podido despertar.

-Si... no es nada -respondió ella, aun perturbada por lo que acababa de ver-.

-¿Una pesadilla? -dedujo al instante el, ahora conocía perfectamente a Kagome incluso hasta cuando dormía que aquella había sido demasiado fácil de suponer-.

-Si, pero no te preocupes, fue nada mas un sueño -dijo mas animada, esperando que con eso el otro no indagase mas-.

-¿Segura?

-Segura -asintió ella-.

-Esta bien -dijo el hanyou, aunque no muy convencido-.

Minutos mas pasaron en silencio, con sus orbes abiertas y mirando hacia la nada entre las sombras, Kagome permanecía callada como si se encontrase en otra parte justo en aquel momento. Inuyasha aun no le quitaba la vista de encima pero se mantenía al margen pues sabia que si ella quería decirle algo simplemente lo hubiese hecho, así que prefería no molestarla. Mas la vio agitarse nuevamente en el futón para después ponerse de pie.

-Voy a tomar agua y a respirar un poco de aire -le anuncio antes de que el pudiese preguntar- Creo que me hace falta -dijo de manera risueña para que el otro no se preocupase- Regreso pronto ¿Si? -pues temía que Inuyasha se ofreciese a acompañarle y justo en ese momento aquello le traería una complicación-.

-Claro Kagome -el ojidorado respondió automáticamente- Pero... ¿Segura que estas bien? -no podía ni iba a evitar su preocupación, después de todo se trataba de la mujer que amaba-.

-Ya te dije que si, no me pasa nada -y conservo en su voz aquel tono tranquilo-.

-¡Feh! como quieras -quiso parecer desinteresado, aunque ese no era el caso-.

-Ya vengo -declaro comenzando a caminar para después abrir la puerta corrediza y salir-.

Inuyasha le vio marcharse y aunque había tenido la imperiosa necesidad de seguirle o al menos de ponerse de pie no lo había hecho, estaba consiente de que Kagome necesitaba pensar un par de cosas y que el le dejase tranquila, no quería estar sobre ella todo el tiempo pues lo que menos deseaba era sofocarla y que ella se cansase de el... así que si Kagome necesitaba un espacio para ella misma se lo iba a dar sin renegar siquiera...

-¡Bah! Mujeres -cerro los ojos y bajo sus blancas orejas con algo de resentimiento-.

...bueno, quizás solo iba a quejarse un poco.

Mientras afuera y caminando por los pasillos la miko colegiada llego hasta donde se proponía y con cuidado evitando ser muy brusca abrió la puerta solo un poco, asomando primero la cabeza.

-Kikyou -llamo suavemente- Kikyou... Kikyou despierta -pidió ahora con un tono de voz mas audible y firme-.

En su futón la sacerdotisa mayor se removió con un poco de incomodidad.

-Kikyou -esta vez su voz fue de un tono más alto-.

Al escuchar que le llamaban, la pelinegra no pudo evitar el fruncir el ceño, para después abrir lentamente sus marrones ojos que quedaron en la oscuridad de la habitación, apenas comenzaba a despertar cuando escucho nuevamente su nombre y reconoció al instante quien le llamaba. Extrañada Kikyou se giro hacia la puerta sentándose después, mirando que efectivamente se trataba de la miko mas joven.

-Kagome -su voz había sonado suave y ligeramente adormilada- ¿Qué pasa? -ahora había despertado por completo-.

-Bueno... ¿Puedo pasar? -pidió con algo de timidez-.

-Claro -cabe mencionar que cada vez mas se sentía extrañada por la presencia de la colegiada- ¿Qué sucede? -insistió con la pregunta-.

-Es que... bueno... ¿No te molesto?

-No, dime que pasa -ahora si sentía preocupada-.

-¿Podemos hablar?

-Desde luego.

El que Kagome fuese a despertarle a esa hora sin motivo aparente, y que se comportarse de esa forma tan insegura sin duda alguna era algo para preocuparse, y Kikyou no podía evitar que esa misma preocupación le hubiese llegado ya, así que estaba muy ansiosa por escuchar lo que la otra tenia que decir pues aquella situación no era nada normal. Kagome llego hacia donde se encontraba la guardiana de la perla y se sentó frente a ella, en típica posición de loto, dejando sus puños cerrados sobre sus piernas. Kikyou le miro esperando que hablase y como si le animase a hacerlo.

-Tuve... un sueño... -comento Kagome-.

-Si -hablo en espera de que la otra continuase-.

-Pero antes de eso, quiero que me digas una cosa Kikyou -extrañamente su voz sonaba firme y ansiosa-.

-¿Qué? -ahora si Kagome comenzaba a asustarla ¿Qué estaba pasando?-.

-¿Confías en mi?

Y aquella pregunta le desconcertó ¿Qué si confiaba en ella? .¡Pues claro que si! Eso era algo que Kagome sabia perfectamente, entonces ¿Por qué lo preguntaba? Y Kikyou pensó al instante que aquello tenia mucho que ver con lo que pensaba decirle después, sin duda alguna aquel asunto era algo realmente serio. Antes de responderle la sacerdotisa miro los pulcros ojos chocolates de Kagome, alumbrados apenas por la luz que entraba desde la puerta que se había quedado abierta. Sin duda sus ojos demostraban quien era Kagome en realidad... alguien pura, bondadosa, llena de generosidad y belleza... y el aura divina que siempre emanaba alrededor de ella no hacia otra cosa mas que asentar y aseverar aquella idea.

Al fin Kikyou suspiro estando mas segura que nunca de lo que pensaba decir...

-Claro que si... -soltó, de manera decidida y firme-.

-Entonces escucha bien lo que te voy a decir... y después dime que es lo que piensas, de esto puede depender muchas cosas -aun la voz de la chica seguía siendo ansiosa-.

-...- y Kikyou asintió mudamente a la petición hecha-.

-Yo tuve un sueño... -comenzó de nuevo- Y en el vi... -y fue así como empezó a narrarlo-.

A medida que Kagome continuaba con su relato, cada palabra hacia que Kikyou apretase con firmeza las sabanas que hasta ese momento cubrían sus piernas, si lo que en ese instante estaba suponiendo era verdad, entonces Kagome había tenido una premonición y lo que ella anunciaba no era nada bueno. Al fin la chica termino con su relato y toda la habitación quedo en el completo silencio que duro unos minutos mas.

-Es por eso que... -al fin la miko menor decidió hablar- Es por eso que quiero pedirte algo...

Y Kikyou asintió para que la otra prosiguiese, su mirada se encontraba perdida en alguna parte de la habitación, se sentía muy inquieta por lo que la otra acababa de contarle, mas las siguientes palabras que escucho de ella le dejaron sin habla. Rápidamente volteo a verla con la sorpresa reflejada en sus marrones ojos que a su vez se reflejaron en los de Kagome... aquella petición sin duda alguna era demasiado...

Continuara...

CcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcCcC

O.o sie, lo ultimo de este capitulo estuvo medio raro pero bueh, es necesario para la "historia" XD oigan adivinen una cosa... se acerca el final ú.ù ya estoy cerca de darle un final a esta historia (de hecho ya lo tiene, ya pensé en el epilogo incluso) ahora lo único que resta es que siga escribiendo hasta terminar. Como siempre agradezco de todo corazón el apoyo que me han dado para este fanfic, creo que solo por eso lo continuo escribiendo ñ.ñ verán mi vida se ha puesto ¿Cómo decirlo? Pesada ¬¬ y mi "adorada" madre tiene mucho que ver con eso, el caso es que incluso no tengo ya siquiera el tiempo de antes, si no fuese por mis lectores seguro yo ya no seguiría con esto de los fanfics pero bueh, sinceramente estoy agradecida con ello. Bien, bien, mi tiempo por aquí es limitado así que paso a retirarme pidiendo que me tengan paciencia para el próximo capitulo x.X por cierto, agradezco también sus reviews a:

Nee-chan Belén

monica

miho-chan

INUKAN

Anoriyasha

Kagome-inulove

Teniente Hikaru Ichijo

oyuki - 77

Javiera

minatostuki

RaykuRayquaza

Riku Arely

LimChan

H.fanel.K

Y bueno, nos veremos en la próxima n.n gracias por leer esta locura mía.

Atte.

Celen Marinaiden. "In my life I decide, but... My victory is your defeat..."