Nueva actualización. Casi me ha llevado tres meses pero ya está aquí. Espero que os guste y que mis escasas apariciones últimamente en público no os hallan hecho abandonar :D

¡GABIE YA ESTÁ AQUÍ!

¿Por cierto, habéis visto ya Amanecer?

BPOV

-Es demasiado pronto.

Todo sucedió muy rápido. En escasos dos segundos me vi rodeada por la tribu de los Brady. En escasos dos segundos, pude respirar antes de que una nueva contracción me volviese a dejar fuera de juego.

-Te juro por lo que más quieras, Edward que no vas a volver a acercarte a mí a menos de veinte metros. Esto,-grité señalando al enorme bulto que era foco de atracción para todos,- no va a volver a suceder.

En los escasos dos segundos que transcurrieron, a Edward le dio un ataque de pánico. Literalmente perdió el color de la cara, la vista se perdió, me miraba con la mandíbula desencajada y su respiración se tornó agitada. Aun con todo, nadie le prestó mucha atención, probablemente estaban más pendientes de mí.

Esme, Jasper, Alice se quedaron en un segundo plano. A Emmett no era capaz de verle desde donde estaba, pero si oírle. Al parecer se había desplomado en el suelo de la risa. A mí no me hacía ninguna gracia. Dolía lo que no estaba en los escritos. Carlisle me preguntó si podía andar y yo le respondí que sí. Al menos eso creía. No podía dar a luz allí. El hospital tampoco era ninguna opción. En las últimas semanas Carlisle había preparado su estudio para que sirviera como sala de partos. En ese momento esperaba desesperadamente que le hubiese dado tiempo a ponerlo a punto. Cuando puse un pie en el suelo las fuerzas me fallaron, Rose me sostuvo antes que cayese y mi primer instinto fue llevarme la mano al vientre, como si aquello fuera a hacer que todo fuese bien.

Llegué al marco de la puerta, desde donde todos observaban con cara expectante.

-Lo siento, Alice, pero al final vamos a tener que retrasar la boda.

Una sonrisa se extendió por su rostro. Me cogió de la mano y con sorpresa noté que no era tan fría como recordaba. ¿Quizá era yo la que estaba más fría de lo habitual? Era posible, al fin y al cabo mi transformación no era convencional sino gradual y Carlisle ya me había hablado de esto.

-No te preocupes, lo arreglaremos.

Como no. Era Alice, siempre lo arreglaba todo. El hecho de que hubiese dejado de ver el futuro no la impedía parar de planificar absolutamente todo. Cuando crucé el umbral de la puerta, di gracias al cielo por que el estudio estaba preparado. Edward me seguía con los ojos fijos en algún punto de la habitación, frunciendo el entrecejo.

Todos se quedaron fuera a excepción de Carlisle y Edward. Aunque estuviese mal admitirlo, me consoló saber que al menos iba a tener un poco de intimidad. Me recliné en la camilla y esperé. Esperé a que otra contracción me quitase la respiración, esperé a que Edward volviese al mundo de los vivos. Cuando fue evidente que eso no ocurría me referí a Carlisle sin apartar la vista de mi futuro esposo.

-¿Es posible para un vampiro entrar en estado de shock?

Paró de inmediato lo que estaba haciendo para mirar a su hijo.

-¡Edward!- después de llamarle por quinta vez pasó al plan B: abofetearle. El sonido resonó en la estancia y por lo que sonó a mí me dolió. Oculté una mueca a medias entre el disgusto y el sarcasmo y me concentré en respirar. Solo bastó un golpe para que reaccionase.-Te necesito aquí, Bella te necesita, tu hija te necesita, no hagas esto ahora.

Ni yo misma lo hubiera dicho mejor, abrí la boca para añadir algo pero otra contracción llegó. Me agarré a lo primero que pude, la mano de un Edward que aún se recuperaba y uno de los brazos de la camilla. Apreté los dientes con fuerza, rezando para que el dolor acabase pronto. Parecía que el dolor me iba a partir en dos, no sentía nada que no fuese esa agonía que presionaba, contraía y forzaba todos los músculos de mi cuerpo. Estaba perdida, no sentía nada más así que probablemente me imaginé que Edward gemía de dolor a mi lado por su mano.

-Tranquila Bella, respira. Controla la respiración.- Oí a Carlisle hablar mientras recuperaba progresivamente la visión. Me conectó a la máquina de mi derecha para controlar el latido errático de mi corazón.

Intenté hacer lo que me pedía. Mientras tanto mis pantalones y mi ropa interior habían desparecido. Desnuda de cintura para abajo no era precisamente el escenario ideal que tenía en mente en presencia de mi futuro suegro.

-No te preocupes, Bella.- Sonaba más como si intentase convencerse a sí mismo.- Estoy aquí con las dos, veremos a Gabie en seguida… ¿no tienes ganas de conocerla?- En ningún momento me soltó la mano. Se acercó más a mí y me besó en la frente. Fue entonces a las puertas de la tercera contracción cuando dejé de preocuparme por todo lo demás y me di cuenta de que estaba sucediendo, de que había llegado el momento y yo ni de lejos estaba preparada.

-Edward, no puedo hacer esto.

-Claro que puedes, cielo. Vamos a pasar esto juntos. No nos vamos a rendir ahora, eso ya lo sabes. Eres fuerte y yo estoy aquí contigo. Te prometo que no me voy a marchar de tu lado, nunca.

-….es demasiado pronto…esto no puede estar pasando aho…

No pude evitarlo, grité, grité como nunca antes había gritado, grité como si la vida dependiera en eso, el sonido retumbó en las paredes. Me estaba ahogando, el dolor era tan intenso que la visión se me empezó a emborronar; veía puntos negros que cada vez se hacían más grandes. Alguno de los dos, no estoy muy segura de quién fue exactamente, me zarandeó con cierta brusquedad. El pitido molesto que indicaba el ritmo de mi corazón se tranquilizó por un momento.

-Bella, tienes que guardar las fuerzas. No puedes gritar, tienes que soportarlo.

Inundada por una nueva fuerza me volví para mirarle directamente.

-¿Eres tú el que va a parir? ¿Eres tú el que está cargando con cinco kilos de más?

-No,- su mirada estaba cargada de cautela. Y con razón.

-Entonces ni se te ocurra decirme que no grite. No tienes ni p.. no tienes idea de lo que duele.

Por un momento se quedó desconcertado. Escuché a Carlisle reír, cuando Edward se giró para dirigirle una mirada mortífera, logró esconderlo con una risa tan falsa como el wrestling americano.

-Aún no estás lo suficientemente dilatada. No nos queda más que esperar, Bella. Podríamos estar hablando de dos horas o de medio día. Bajaré abajo a por algo que acelere al proceso, pegadme un grito si me necesitáis.

Se fue y nos dejó a ambos solos en la habitación. La tranquilidad que siguió me consoló en sobremanera. Por un momento las contracciones parecieron dar una tregua y la cadencia de mi latido se hizo más lenta. Estaba cansada, muy cansada. Nunca hubiera pensado que dar a luz iba a ser tan cansado, doloroso sí, pero nunca había contado con el dulce entumecimiento que se iba apoderando de mi cuerpo poco a poco.

Entonces recordé algo, algo que Carlisle y yo habíamos discutido en múltiples ocasiones, algo que Carlisle y yo habíamos prometido mantener es secreto hasta que el momento llegase. Ahora el momento había llegado. Antes de que mi corazón dejase de salir, Edward debía saber que ocurría. No sería justo si se lo ocultase.

De pronto se echó a reír, y yo le miré desconcertada.

-¿Qué ocurre?- Debía de estar más cansada de lo que yo me temía. La voz sonó adormilada y apenas podía abrir los ojos. Edward se acercó aún más a mí, sus labios a escasos centímetros de los míos. Me besó con dulzura, rozando mis labios con los suyos. Me acarició el pelo y llevó su otra mano sobre mi vientre, acariciándome lentamente.

-Alice está como loca. Por primera vez creo que no sabía lo que iba a ocurrir. Puede que intuyera algo pero aun así al final su sobrina le ha chafado todos sus planes.

Me mordí el labio, sintiéndome realmente mal. De verdad, yo no quería estropear nada a nadie y Alice había trabajado tanto…

-Edward, yo lo siento tanto por ella… cuando le dije todas esas cosas horribles ayer no las sentía de verdad… y se ha portado tan bien conmigo… todos, esto no debería de ocurrir todavía.

Otra contracción llegó, esta vez sin aviso. Arqueé la espalda, ignorando el dolor de las cervicales, apretando los dientes hasta el punto de que casi la mandíbula se me desencajara. Intentando no gritar.

-No es el momento. Es demasiado pronto.-En este punto lloraba ya sin consuelo.- ¿Qué pasa si al final no resulto ser una buena madre?- Mis peores temores estaban saliendo ahora a la luz. Las lágrimas me empañaban la visión y ahora no había manera de que fuese a callar. Las fuerzas se iban de mí poco a poco. La contracción empezó a decaer. Edward no me soltó en ningún momento. Su mirada se calvaba en la mía, dándome fuerzas.

-No vas a ser una madre horrible. Vas a ser una madre estupenda y aun así, mírate. Tu madre está como una auténtica cabra y tú no has resultado tan mal, ¿no?- Nada hacía que esa sensación se desvaneciera. Me iba por momentos.

Pronto moriría.

-Me muero, Edward.

Mis lamentos histéricos se acercaban bastante a un ataque de nervios, pero en cuanto hube pronunciado esas palabras una fría calma me inundó. El sonido de la máquina que controlaba mi corazón se disparó de un momento a otro. Me aferré a un Edward aterrado, un Edward que de un momento a otro no sabía qué hacer. La situación le sobrepasaba.

-¡CARLISLE!- Rugió Edward. La realidad era borrosa a mi alrededor, algo debía ir realmente mal.

-Por favor, Edward… si me pasa algo, no me mires así, si me pasa algo dile a Rose que cuide de Gabie. Será buena, nació para ser madre… Háblale a Gabie de mí, cuéntale que la quise con todo mi corazón y que nunca la hubiera dejado…. Dila que la amaba, igual que a ti. Te quiero Edward, te quiero tanto…

Puso mi cabeza entre sus brazos, mis ojos se cerraron, algo húmedo calló sobre mi rostro.

-¡CARLISLE! Escúchame bien, no le voy a decir nada a Rose porque no va a ser necesario. ¿Me escuchas? Tú vas a criar a nuestra hija, serás TÚ la que la vea crecer, la que la quiera, quien me quiera a mí.

Quise decirle que no llorase, pero no podía. Estaba convencida de que estaba llorando. ¿Acaso Carlisle había tenido suerte en sus investigaciones? ¿Su terapia génica había tenido éxito? Dios, ojalá. Una imagen inundó mi mente. Una niña de pelo rojizo y ojos oscuros acurrucada junto a un Edward igual de dormido. Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Puede que entonces Carlisle entrara como un torbellino en la habitación.

No lo sé con exactitud, porque entonces me desvanecí.

EPOV

-Sus constantes han caído en picado, ¿qué ha sucedido?

-No lo sé. De pronto estaba muy cansada, empezó a decir que le dijera a la niña que la quería…-la voz se me rompió en un sollozo. Con una mano aparté el pelo de la frente de Bella, que estaba cubierta de sudor debido al esfuerzo.

-Está muriéndose.

La cabeza por poco se despegó del resto de mi cuerpo. ¿Pero qué…?

-¿Cómo que está muriéndose? ¿Qué coño quieres decir con eso?-Perdía la paciencia por momentos, el corazón de Bella cada vez sonaba más débil. No necesitaba esa estúpida máquina para darme cuenta de que Bella se me estaba yendo.

-La ponzoña se empezó a extender por su cuerpo desde el momento en el que se quedó embarazada. Gabriella es tan humana como vampiro. La transformación ha sido progresiva durante treinta y dos semanas. Al adelantarse el parto, también se acelera la transformación.

-¿Me estás diciendo que su corazón se va a parar ahora? Podría morir Bella, Gabie, AMBAS.

-Bella sabía que esto podía ocurrir. Bella sabía que esto ocurriría.

-Ni siquiera ha dilatado.

-Habrá que acelerar las cosas un poco.

-¿A qué te refieres? Por Dios, Carlisle, ¿qué vas a hacer?

-Lo único que puedo hacer. Salvarlas a ambas.

Me eché las manos a la cabeza, pero no dije nada más. Llamé a Rosalie a todo pulmón mientras desconectaba la parte emocional de mi cerebro. Necesitaba estar sereno, necesitaba hacer esto por Bella, y no lo iba a conseguir si seguía en el mismo estado en el que estaba. En menos de lo que dura un suspiro Rose se materializó en la habitación.

-Necesito que nos ayudes,- Carlisle la puso enseguida al día.

-No me entusiasma mucho la idea de morir para luego resucitar,- a mí tampoco me convencía en absoluto.

-o-

Nació por cesárea. Gabriella Alyssa Cullen Swan.

Nació gritando a los cuatro vientos que estaba viva y en este mundo, probando a todos los incrédulos que sus pulmones eran los mejores.

Contuve el aliento, cuando Carlisle me la puso sobre los brazos. Era tan pequeña, tan bonita. Era mi hija. Mi niña. Lo que antes pareció una ilusión ahora volvió a ocurrir. Una lágrima silenciosa se deslizó por mi cara, y calló en su puñito cerrado. No pude reaccionar, solo una estúpida pero muy feliz sonrisa cruzó mi rostro cuando Gabie empezó a agitar su mano regordeta en el aire. Me cabía en un solo brazo, era más pequeña que mi antebrazo, y su cabeza la sostenía con una sola mano. Cuando la puse frente a mí me miró los ojos y de pronto dejó de llorar. Ahora fui yo quién derramó lágrimas de alegría, de pena porque Bella no podía compartir este momento conmigo, orgullo porque aquello tan pequeño, algo tan bueno podía haber salido de mí.

Rosalie también lloraba. ¿Acaso era posible? Era preciosa. Sus ojos aún eran grises sin determinar, pero el pelo era una mata oscura de cabello que sin duda había sacado a Bella.

Bella.

Yacía quieta, los labios casi blancos. Los ojos se habían perdido, y yo no era capaz de mirar a otro lado. Todo era por mi culpa, había muerto por mi culpa. La ponzoña no se había extendido a tiempo, su corazón había dejado de latir demasiado pronto. Todavía había tiempo no todo se había perdido. Las esperanzas no nos habían abandonado.

Como todo en aquella noche, sucedió deprisa. El electrocardiograma hacía rato que solo era una línea continua, el sonido constante me taladraba el cerebro. Inconscientemente le tapé el oído a Gabie, a fin de que no lo escuchara.

-No te preocupes mi amor, -le dije, susurrándola al oído.- Mamá va a estar bien. Mamá te quiere y se muere de ganas por conocerte.

No me equivocaba en nada.

-o-

BPOV

Aire. Necesitaba aire. No, necesitaba a mi niña. No me podía mover.

¿Gabie, donde estás? Quise gritar de horror, me miré al vientre, frenética, buscando aquello que no podía encontrar. La piel me quemaba, la sensación no era lo peor. Ya no había barriga. Mi niña no estaba. GABIE.

Miré a mi alrededor, una negrura impenetrable me rodeaba, no había nada, nadie, mi bebe, Edward. Me ahogaba, mi respiración se alteró aún más hasta el punto de que estaba hiperventilando. El pulso me retumbaba en los oídos, me llevé las manos a los antebrazos, rascando. Dolía, escocía, quemaba. ME ARDÍA.

El ritmo era frenético. No aguantaría mucho más. No. No podía morir, Gabriella, Edward. Mi familia estaba allí.

Grité, grité como nunca antes.

Y entonces todo paró. No hubo más escozor, no hubo más sufrimiento, el corazón paro de pronto. La blancura sustituyó a las tinieblas.

Abrí los ojos.

-o-

P.S. Espero un gran review por su parte Miss Sands