Capítulo 26 – Sentimientos Contrapuestos
Despertó algo confuso, la cabeza le punzaba a raudales, le dolía la quijada, posiblemente tuviera una costilla rota, porque le costaba respirar. El sabor metalizado en su boca le indicaba claramente que el derechazo que recibió, le provocó algún corte interno o tal vez se había mordido la lengua durante el enfrentamiento, se levantó como pudo. ¿Cuánto tiempo transcurrió desde semejante paliza?, todo estaba a oscuras y extrañamente ninguno de sus lacayos se había dignado a socorrerlo en semejante situación.
La habitación en penumbra le decía que no había electricidad, ya que ni los faroles de su tan amado jardín de laberinto estaban prendidos
- ¡Con un demonio! – dijo, tras patear una silla rota que se encontraba cerca del, el esfuerzo le avivó un cosquilleo en la garganta, que derivó rápidamente en una tos, no pudo contener el dolor del costado y tuvo que escupir la sangre que se acumulaba en su boca – Por toda mi familia Seeley Booth… Temperance será mía, ya sea a la fuerza y tú… Tendrás que observarlo, para morir muy lentamente.
Las semanas anteriores habían sido muy estresantes, el estar encerrados a manos de un psicópata, la carga que se acumulaba en sus hombros, la responsabilidad de salvar al mundo y por sobre todo, el abismo que se estaba pronunciando entre ellos, era como ver un sistema de erosión de un rio cualquiera, mientras más agua corría en su caudal y más sólidos y áridos que llevaba la corriente, el fondo de aquel rio, se hacía más hondo y con ello, él, por sobre todo, observaba a su querida y adorada Ángela, alejarse del borde de sus brazos. Se dirigió a la sala, donde ahora se encontraba el Angelatron y la vio ahí, distraída, mirando unas fotos en la pantalla, se veía tan hermosa, mientras entonaba unas dulces notas… Pero algo llamó la atención del heredero Cantiléver, la mano de su esposa se encontraba en su vientre y a ratos esta miraba con todo el amor del mundo esa parte de su anatomía y luego sonreía como demente y suspiraba, así estuvo por lo menos diez minutos, en ese círculo, casi incomprensible para él, hasta que escuchó
– No te preocupes nene… Nada nos pasará, aquí está mami, para protegerte – y por fin cayó en la cuenta, su esposa Ángela Montenegro… Estaba embarazada, ¿pero desde cuándo?, ¿Por qué no le había contado, esa increíble y maravillosa noticia?, iba a ingresar a la estancia, pero se detuvo en seco… ¿y si ella, quería dejarlo y por eso no le dijo nada?, se sintió incómodo y se apoyó en la pared, comenzó a tener nauseas, sus piernas se sintieron débiles, su corazón se rompía poco a poco y su felicidad, literalmente se iba por el caño, tomó el picaporte, pero las ganas de devolver su desayuno se lo impidieron, tenía que controlarse primero, iría a su alcoba, si eso era lo mejor, pensaría un poco las cosas y luego… Y luego, se enfrentaría al problema, se fue por el pasillo tastabillando, veía su futuro borroso y su pasado, como un sueño difuso, del que fue extraído sin piedad.
Un débil hilo de coser, podría haber contado la tensión en aquella sala, si bien en estos momentos se dedicaban a curar ciertas heridas físicas y estaban casi piel con piel, el ambiente era nauseabundo. Por un lado estaba la doctora Brennan, intentando sacar unas cuantas preguntas de su sistema, filtrando a máxima velocidad lo que le diría en breve instantes a su compañero Seeley Booth, mientras que él, intentaba sin mucho efecto, terminar con el silencio más que incomodo que se había situado entre ellos, mientras que curaba un pequeño corte que tenía Huesos, debido a la pelea con Pelant
- ¡Auch! – manifiesto la escritora, en tanto el agente pasaba un hisopo con agua oxigenada por la herida
– No te muevas o me demoraré más en curarte – y ahí estaba la entrada de la pregunta que llevaba poco más de 24 horas en su cabeza
– Te aseguro que te llevará más tiempo curar la otra herida – le dijo, con la voz un poco cansada y un poco melancólica, el peligro por el que habían pasado sus amigos ya no existía, por lo tanto era hora de solucionar pequeños detalles
– Brenn – el hombre respiró hondo y con pesar, sabía perfectamente a lo que se refería su novia, sabía muy claro que ella estaba haciendo alusión al beso de cine que le había plantado su ex amante
– No me dirás que lo imaginé – y ahí estaba la nada racional Temperance Brennan, debía agregar que adoraba esa faceta suya, tan emocional, tan pasional y porque no decirlo tan normal, pero no era ese el caso, no en estos momentos, el agente solo quería explicar lo que ahí ocurrió
– No, no imaginaste nada – le respondió mientras terminaba su maniobra de cura y se sentaba a su lado – No tengo explicación para lo que hizo Hannah – la mujer a su lado se impacientaba, podía notarlo en su pie nervioso que golpeaba el suelo sin ningún compás
– Yo si la tengo – Se puso de pie de forma tranquila y tomó las cosas del botiquín, se arrodilló frente a él – Ella te ama y no puede o más bien no quiere vivir sin ti – dijo, rompiendo los últimos botones que le quedaban buenos a la camisa del agente, dejando al descubierto una serie de pequeñas heridas, que antes solo eran visibles en los puntos rojos de la misma
– Ella no me interesa – fueron las escuetas palabras que salieron de la boca de Booth, mientras que Brennan comenzaba a curar las heridas en su pecho, nuevamente se instaló un silencio incomodo entre ellos.
Unos minutos después que Jack Hodgings dejara la central de Scotlan, su esposa salió de la oficina buscándolo, era hora de hablar con él, era hora de decirle la verdad, no solo por ella, si no que por el hermoso angelito que portaba en sus entrañas, Jack tenía todo el derecho de saber que sería padre dentro de ocho meses y que ella no podía ser más feliz, recordó el motivo por el cual no se lo comunico mientras estaban en Francia y luego, lo de Brennan y el rapto y el silencio entre ellos y todo se complicó
– Ellioth, ¿has visto a Jack? – el agente, negó – Lo vi temprano en la cafetería, tal vez si le preguntas a Jes, de recepción, ella te pueda decir si lo vio – y no dijo nada más, el hombre sumió su cabeza en la pila de papeles que tenía que llenar. Ángela de reojo pudo ver que uno de esos informes decía en el parte superior "Caso, Charlotte Vivian Miller" y el que estaba inmediatamente después decía "Solicitud de traslado", se alegraba por el joven, al final todos tenían derecho a ser feliz. Llegó a la puerta y le pregunto a Jes, quien de forma amable le dijo, que su esposo había decidido ir al hotel y le pidió de favor que si ella preguntaba le informara, así que no habiendo nadie en el edificio, para continuar en el caso, tomó fuerzas y se dirigió a hablar con Jack.
La mini-antropóloga había arribado al aeropuerto de la ciudad de Valparaíso, solo unas horas antes, se hospedó en una pequeña posada al costado del puerto y comenzó a ordenar sus ideas, su amiga Ángela fue la primera en informarle que Lance estaba a salvo, ella simplemente pudo respirar tranquila, lo amaba con todo el corazón, pero debía seguir, por ella, por su mentora y por sus sueños, ya era mediamente famosa por sus hallazgos en las Molukas, ahora era hora de ser conocida como una importante descubridora, espera que eso apaciguara su lastimado espíritu. Las siguientes pistas del cuero le daban una ubicación, un mapa, bastante exacto, pero la ciudad había sido tantas veces destruidas, en sus primeros años por los levantamientos indígenas, luego por las guerras de la independencia del país y para colmo un bombardeo desde el pacifico, regalo de la ex madre patria España – ¡Olé Valparaíso! – era hora de conseguir un mapa del mediados del siglo XV, por todos los padres de la cartografía y navegación, que este olvidado país tuviera esos mapas. Aunque no pudo dejar de observar su simpática dinámica de construcción, casas de múltiples colores, arrumadas en los cerros, el ambiente se sentía bohemio y extrañamente familiar.
Jack… ¿Estás aquí? – La mujer ingresaba a la suite, a primera vista no había nadie, pero en el fondo de la habitación y tras los cortinajes del balcón, pudo ver la silueta de su amado esposo, estaba sentado, tal vez con una copa en la mano y ella no pudo resistir la tentación de tomar una fotografía, era hermoso a su vista, tan angelical, tan sublime, como el paraíso mismo. Al caminar y salir al aire libre, se dio cuenta que realmente era el mismo infierno, un par de botellas de wiski tiradas en el suelo, el hombre mirando al horizonte, con furia en los ojos y decepción en la mirada, no se volteó a mirarla, no quería, ni podía o todo su auto control caería como una presa rompiéndose y liberando el caudal contenido con furia
- ¿Cuándo pensabas decirme que iba a ser padre, cuando el chico se graduara? – fue un balde agua fría la que la artista sintió caer sobre su cabeza – O simplemente te ibas a deshacer del y jamás me hubiera enterado - Una cachetada atravesó el rostro del entomólogo, descolocándole el pensamiento y haciendo subir el rostro a mirar la cara de su esposa, por donde las lágrimas luchaban por no caer de sus ojos.
Te ves al espejo te ríes de ti
vives bajo el pellejo de ese maniquí…
Sonrió más sí mismo, que por ella
- ¿Qué diablos te estas creyendo? – la artista luchaba con sus propias palabras, estaban comenzando a hacer fila, para salir en forma de maldiciones por su garganta
- ¿Qué quieres que piense luego de tu silencio prolongado por poco más de dos meses? – miró al baso que aún tenía en su mano y se vio reflejado, era una imagen difusa, no pudo reconocer al hombre que estaba en el fondo del baso, había perdido su identidad
– De verdad crees…? ¿Qué podría matar a nuestro hijo?.
Que se va haciendo viejo
ignorando que es lo que hace aquí.
Su cerebro le decía que no tenía que contestar a esa pregunta, pero su reflejo le decía, que qué más daba
– La artista bohemia y viajera, ¿Por qué te querrías atar a un hijo? – sonaron cristales en la habitación, no provenían del baso, ni de las botellas, si no que el corazón de la Ángela, ella había derribado sus muros, había tranquilizado su ímpetu y sentado cabeza al lado del hombre que amaba y eso no era suficiente prueba de querer todo con él
– Yo… Yo… Tomaré mis cosas – como si el peso de todos los planetas rocosos hubieran caído dobre sus hombros, la retratista se movió por la habitación, dejando a Jack hundido en su propia basura personal. Cuando la mujer terminó de recoger sus cosas y cerró la puerta al salir, Jack se dio cuenta de su más grande error
– No soy nadie…
Nadie te hará un homenaje
cuando mueras un lunes por la tarde…
Simplemente no podía hacer nada, si Jack pensaba así de ella, no haría nada por cambiarlo, no tenía fuerzas y debía pensar en su hijo
– Cobarde – dijo secándose de las lágrimas y caminando lo más erguida que su actual forma de sentir se lo permitía.
Nadie se acuerda de nadie
y menos de un tipo tan cobarde (*1)
La suerte realmente estaba de su lado, en pocas horas, había encontrado en una tremenda biblioteca, llamada la biblioteca del congreso, los mapas que buscaba, mejor aún, se había topado con varios libros de leyendas y toda la evidencia apuntaba a un pequeño y concurrido cementerio que se ubicaban en un cerro, al costado de lo que había sido en la antigüedad una cárcel, que hoy en día funcionaba como centro cívico y cultural, miró su reloj, ya eran las 19 horas y el cementerio estaba cerrado, tendría que esperar hasta el siguiente día, esperaba que para esas alturas el equipo ya estuviera en camino.
El silencio era el monarca absoluto, por contrariado que se encontrara el ambiente, ella levantó la cabeza y sus ojos se cruzaron, esos ojos marrones, esos ojos de hechicero Korowai, que se la comían sin necesidad más que de posar la visual sobre ella
- ¿Te gustó el beso? – debía saberlo, tenía que por orgullo saber, si esos labios de Hannah, habían dejado el bichito de la duda en Booth. Por otro lado el agente sabía que tenía que contestar con toda sinceridad, aunque eso le costara un poco caro
– No puedo negar que fue un rico beso – un par de espinas se clavaron en el pecho de la escritora, pero tenía que preguntar, aunque con ellos su corazón terminara hecho añicos
- ¿Volverías con ella entonces? – El respiró y tomó el rostro de la mujer que estaba evocada en curar sus heridas, mientras que toda esta conversación se daba
– Mírame – Siempre supo que lo ojos de su compañera eran son joyas, dos hermosas esmeraldas que reflejaban en ellas su alma, su sincero y puro corazón, ojos turquesa que veneraba – No, ya no podría – Brennan comenzaba a llorar
– Booth – Puso un dedo sobre su boca
– Déjame hablar – Besó suavemente y al igual como que como se le habla a un niño, la puso sobre sus piernas, para que sus rostros y miradas quedaran a la altura – Ya no podría volver con ella, ni con nadie más… Ni con Tes, ni con Rebeca, ni con ninguna mujer de mi pasado, tú ya te encargaste de llenar este corazón, solo y escúchame bien, desde ahora solo podría amar a nuestros hijos, porque de la forma que te amo, no habrá jamás nadie – esas palabras fueron suficientes, ella deseaba con toda su racional creer en lo que Booth decía y que decir su irracionalidad, compraba el cuento completo, con hadas madrinas y brujas
– Si se vuelve a acercar a ti de esa forma yo aplicaré mi teoría del asesinato perfecto – el agente rio y asentó
– Se que lo harás – Encantado de ver como sus ojos brillaban de nuevo y como sus celos, la hacían ver tan encantadora, la recostó sobre la cama, le haría el amor, hasta que ella rogara que parara, pero sus esfuerzos fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta y unos sollozos amargos
– Honey, disculpa yo… Yo… - Llanto nuevamente
– Iré a ver a Ángela – se paró rauda y el solo se metió al baño, para darles algo de privacidad, su hermosa Huesos, era única y suya y el simplemente, era su esclavo.
