Disclaimer. Elementos y personajes de propiedad exclusiva de J K Rowling.


Envueltos en sábanas blancas


XXVI

Hay muchísimas cualidades y momentos en la vida de Percy Weasley que son de conocimiento público.

No es un misterio para su familia ni para los trabajadores del Ministerio que Percy Weasley es un hombre que se toma muy en serio su trabajo, que se dedica con completa atención a él y que su sentido del humor es muy especial.

Porque resulta que hasta los lectores de El Profeta saben perfectamente que es un hombre que privilegia el intelecto y la eficiencia, y que es capaz – con alegría y optimismo – trabajar reiteradas horas extras para lograr que todo resulte como él espera. Que es un hombre de breves palabras, que muy probablemente se ha memorizado cada reglamento que el Ministerio de la Magia ha publicado y que ha trabajado directa y muy cercanamente con los cuatro Ministros en la última década incluso en una época en que tal lealtad era considerada altamente irregular y peligrosa. Que luego de la última batalla él, su padre y muchos otros, habían acompañado al Ministro Shacklebolt en reconstruir lo que quedaba del Ministerio, ayudando en todo lo que se necesitaba con las mejores de sus habilidades y por el tiempo que esto tomara. Que no permite errores ni equivocaciones y que en su vocabulario la mediocridad no existe.

Porque resulta que hasta las lectoras de Corazón de bruja saben perfectamente que, pese a ser tradicional y hasta ideológicamente conservador, su novia es muggle, que trabaja en una escuela con niños revoltosos, que es incapaz de realizar hechizos o pociones, que su padre no podría estar más encantado con ella, y que desde que Percy Weasley la conoce ya no trabaja los sábados por la mañana, evade las horas extras y ya no busca cualquier excusa para trabajar hasta tarde porque ya no abandona su oficina después que los demás.

Existen muchísimas cosas que el mundo mágico conoce sobre Percy Weasley. Sin embargo, cuando la tarde del jueves Audrey lo observa sentado en el sofá, ya sin zapatos y con la corbata un poco desanudada, revisando por quinta vez un informe en una carpeta, despliega una sonrisa porque hay cualidades de él que sólo ella conoce y momentos que sólo ella ha compartido.

Audrey sabe perfectamente que el orden, la autoridad, las normas y las reglamentaciones se le dan como a ningún otro que haya conocido en su vida y que eso lo hace un hombre sumamente atractivo y deseable. Que Percy no podría trabajar en nada más que no incluyese a algún tipo de organización gubernamental, porque es excelente en su trabajo y lo adora absolutamente. Que no es ambición exacerbada, sino el deseo imperioso de sobresalir en cada proyecto y en cada tarea. Que debe, como un mandato divino, dormir en el lado derecho de la cama porque si no lo hace le arma un alboroto interminable, no puede dormir y al día siguiente es la personificación del mismo demonio. Que siempre desayuna lo mismo y que, si bien, los días de semana ya no trabaja horas extras en su oficina, de igual manera trabaja en casa, pero que los sábados son sólo para ella. Que no le gustan los niños. Que, de hecho, lo vuelven un poco loco y lo desesperan. Pero que cuando almuerzan con su familia en La Madriguera siempre sitúa a Lily entre sus piernas y le hace aparecer mariposas con su varita aunque ella le diga gaga y tenga que secarle la boca porque es sólo risa y baba; y que, si bien piensa que Harry y Ginny pueden hacer ciertos esfuerzos para que James no termine convertido en un vándalo cualquiera, lo quiere enormemente y para su último cumpleaños le regaló una escoba en miniatura que cuando dices quidditch vuela por sobre tu cabeza.

Audrey sabe que se enfureció y tuvo un tic nervioso en su ojo izquierdo por un par de días cuando su nuevo asistente escribió un memo con faltas ortográficas infernales, que casi lo golpea – si no fuese tan controlado y diplomático – cuando éste envío las invitaciones a la Conferencia sobre la Actualización de la Cooperación Mágica Europea sin haber sido revisadas y aprobadas por él y que le relató ese momento al menos 3 veces en la semana. Y como ahora, cuando le mostró muy molesto la última edición de la revista Corazón de bruja donde se veían ambos saliendo de un restaurante tomados de la mano y exclamó que cómo era posible que a los medios les interesara tanto su vida personal y que ¡cómo han podido averiguar donde trabajas, Audrey! ella tomo la revista en sus manos, lo miró y le dijo 'Cariño, ¿no crees que he salido espectacular en esta fotografía? y entonces Percy la miró fijamente, movió su cabeza de un lado hacia otro, sonrió, dejó escapar un suspiro de resignación y le respondió 'Por supuesto, te ves hermosa'.

Audrey sabe que Percy es un hombre de su actitud hacia cada aspecto de su vida sobrepasa lo estrictamente necesario porque, luego de dejar la revista sobre la mesa de café y besarlo intensamente y despojarlo de sus lentes, han pasado una noche maravillosa. Sobretodo, Audrey sabe que la rigurosa atención de Percy hacia los detalles en su trabajo y a su compulsión de ser excelente en todo le resultaba muy útil cuando se trata de compartir su cama. Porque Percy Weasley hace el amor de la misma manera en que realiza cada tarea en su vida. Con total concentración, extrema eficiencia y detallismo; a la perfección.

Y eso es algo que sólo sabe ella.


Nota de la autora. En un principio pensaba que si hubiese sido J K Rowling definitivamente (y aunque no hubiese escrito Harry Potter porque la creatividad no me hubiese dado para tanto y no soy británica) hubiese escrito sobre Audrey y no la hubiera relegado a un breve comentario en un documental luego de finalizada la saga literaria. Pero ahora pienso diferente. Y en realidad agradezco que no la incluyera en ningún libro, porque gracias al fandom tenemos la libertad para imaginarla como queramos, para interpretarla y reinterpretarla y gracias a eso Audrey Weasley puede ser, en diversas historias, al mismo tiempo una muggle como una bruja, ¿no?

Según Rowling, en el periodo de Shackebolt Percy alcanzaría un trabajo de alto rango en el Ministerio. Si es así, no me sorprendería que cualquiera se asombrara que saliera con una muggle (ni siquiera si fuesen más abiertos y flexibles ante ellos. O sea, la mentalidad de los magos sigue siendo un poco... ¿tradicional?) y además resulta demasiado divertido imaginarlo así y no me contuve. ¿Comentarios? Gracias por leer :)