este es el penúltimo capitulo. en el que sigue acaba todo. sin embargo, antes de dejárselos para que lo lean quisiera pedirles un favor.
a algunas les costara hacerlo pero como dije la vez pasada toda historia tiene dos caras y es justo ver ambas con los mimos ojos ¿no creen?, por eso les quiero que pedir que antes leer se tomen un momento y olviden por un segundo a candy, o por lo menos su historia y todo el amor que le tenemos a la pecosa. tal vez les parezca extraño pero lo digo por que muchas veces nos segamos tanto por amor o apego a una persona (o personaje) que odiamos a todo el que atraviese en su camino pero nos olvidamos que esas también son personas tan humanas como los otros, con pasados, sueños, sufrimientos, esperanzas, fortalezas y defectos. es por esto que les pido que pongan de lado a candy y su trágica historia e incluso a terry y la suya para que vean con ojos claros y sin distorsión el otro lado de la moneda.
disculpen de nuevo si las confundo pero quería avisarles. he de comentar que este es unos de mis favoritos pero también uno de los que mas temo de que no logren entenderlo o verlo como yo intente que fuera. en fin... aquí se los dejo y espero sinceramente que lo disfruten.
sobra decir que la serie y los personajes de candy candy no me pertenecen
Cap.26
"nunca me amó"
Candy se encontraba en el gran salón del hotel donde servían el desayuno. Anthony se había ido y frente a ella estaba Terry. Este se encontraba serio y retraído, casi no decía palabra y casi no comía, solo fumaba. Candy lo miraba frustrada, sabía que esto era difícil para él, pero le dolía que tratara de ocultárselo. ¿Acaso no habían pasado ya suficiente para que él siguiera sin confiar en ella?
- Terry…- dijo dulcemente- por favor… dime que sucede. Casi no me has hablado desde que llegue.
Terry le costó trabajo mirarla. Quería decirle muchas cosas pero su boca estaba sellada, tenía miedo de que si la abría no podría controlarla. Trato de sonreírle y negó con la cabeza pero Candy lo miro fijamente, insistiendo con la mirada. Había angustia en ella así que Terry suspiro profundamente y puso los codos sobre la mesa y oculto su rostro entre sus manos.
- Perdóname Candy…- dijo con voz cansada.
- Por favor dime que sucede… - insistió poniendo su mano sobre su brazo.
- Yo… yo no…- balbuceaba indeciso y calló.
- ¿Tú que…?
- Tengo miedo…- apenas si movió los labios pero Candy pudo verlo.
- Terry, nada malo va a pasar…- trato de tranquilizarlo pero él se alejó recostándose en la silla de nuevo.
- No lo sabes…- susurro con voz un poco alterada.
- Sí lo sé y te lo aseguro, nada malo va a pasar. No tienes que tener miedo –continuaba con voz suave pero firme.
- No lo entiendes ¿cierto?- dijo un poco más fuerte-. Muchas cosas pueden salir mal.
- No te entiendo Terry ¿qué tanto es lo que temes?- decía empezando a confundirse
- ¡¿Cómo es que no lo sabes?!- grito al fin explotando y levantándose de la mesa con fuerza botando la silla en la que estaba sentado- ¡¿Es que acaso no ves que me muero de miedo de perderte de nuevo?,! ¡¿Es tan difícil entenderlo?! ¡¿Es tan difícil ver todo lo que podría salir mal?!- gritaba apoyando las manos en la mesa.
Al ver la asustada expresión de Candy golpeo la mesa con fuerza haciendo la copa de vino caer sobre el blanco mantel. Lo había hecho de nuevo. Se había dejado ganar.
- Candy, yo… yo no - trato de decir pero sabía que ya era muy tarde.
Suspiro frustrado, saco del bolsillo de su chaqueta un papel y lo puso en la mesa con un poco de dinero y salió corriendo del salón. El silencio absoluto que siguió fue un poco menos doloroso para Candy que lo sucedido. Estaba avergonzada porque la gente la miraba sin disimulo y varios camareros vinieron a recoger el vino del suelo y la silla. Candy aprovecho para tomar el papel blanco y marcharse del salón también. Sabía que no podía alcanzar a Terry el cual probablemente se encontraba en la azotea fumando.
Se sentía frustrada con él y consigo misma. Sabía a qué se refería Terry. Sabía que temía lo que Susana pudiera decirle. Sabía que temía su reacción al saber lo que hizo en el pasado. Pero le dolía mucho que, aun después de todo lo que habían pasado juntos, aun no confiara en ella y que creyera que las palabras de Susana podían hacerla odiarlo. Más aun le dolía que la alejara de él al reaccionar así.
Cuando se dio cuenta, ya se encontraba en la calle. Abrió el papel y vio que en él estaba la dirección de Susana. Se armó de valor y pidió un coche.
Una vez frente a la gran puerta, Candy sintió de nuevo todo el temor y las dudas que sintió el día anterior. Definitivamente no creía que este día podía ser tan bueno como el anterior. De pronto pensó: « Estoy sola… puedo irme y nadie lo sabrá ». Pero algo la detenía. Había algo que Terry no le había dicho. Había algo más, escondido en su temor. Tenía que saberlo. Debía hacerlo. Tomo aire y toco la puerta.
Una vez que la hubieron conducido adentro de la hermosa casa. Candy sintió como su desayuno la amenazaba con aparecer. La sirvienta se marchó dejando a Candy con su angustia. De pronto apareció la madre de Susana. Candy sintió un miedo terrible pero para su sorpresa ella no la reconoció.
- Buenos días señorita ¿en qué le puedo ayudar?
- Quisiera ver a Susana por favor, soy…-se mordió la lengua- una vieja conocida…
- Ella está ahora con un amiga - empezó a decir la distinguida dama pero unas voces alegres se oyeron en el pasillo y Candy reconoció la voz de Susana que reía-. Oh, tiene usted suerte, creo que allí vienen- dijo la dama de buen humor.
Por el pasillo aparecieron dos fuertes, saludables y alegres chicas. Susana Marlow y otra joven que Candy reconocía del elenco de actores de la compañía Stanford. Sin embargo, una vez que Susana la vio, enmudeció de inmediato, sus ojos se abrieron ampliamente y su piel se volvió pálida como un papel.
- Candy…- susurró.
Su madre se tapó la boca con las manos al reconocer ese nombre. Miro a la rubia de pie junto a ella y exploto en cólera.
- ¡¿Cómo se atreve a venir aquí?! ¡desvergonzada! ¡¿es que no fue suficiente con lo que hizo ya?! ¡váyase de aquí y no vuelva nunca más!- le gritaba mientras empujaba a Candy hacia la puerta.
- ¡Susana por favor! ¡debo hablar contigo! ¡por favor!- gritaba Candy resistiéndose.
- ¡espera madre!- grito Susana- ¡debo hablar con ella!
La señora Marlow se detuvo y todas la miraron asombrada. Sus mejillas estaban recuperando algo de color. Se volvió hacia su amiga y le dijo algo de verse en la noche y la despidió. Una vez que se hubo marchado se volvió hacia su madre y la miro fijamente.
- Pero Susi…- trato de decir la dama.
- Ella no tiene la culpa mamá - respondió acercándose a Candy. La tomo de la mano y la insto a que la siguiera-. Hablaremos en mi recamara de descanso. Por favor no nos interrumpas -decía mientras Candy notaba lo diferente que parecía esa voz dura y tosca de la risueña que escucho hace unos minutos.
Un vez que se encontraban solas en un bello saloncito con una taza de té en las manos Susana miro a Candy fijamente.
- ¿y bien? ¿Qué era eso tan importante que querías hablar conmigo?- dijo algo fría.
- Ehh… yo…- balbuceaba sin poder encontrar las palabras para hacerla hablar sobre algo que obviamente le producía mucho dolor.
- Es sobre él ¿cierto?- volvió a decir.
- Si… - susurro Candy, esperando que la echara a patadas de su casa.
Susana tomo un sorbo de té, se acomodó mejor en la silla y suspiro profundamente.
- ¿y bien? ¿Qué sucedió?... ¿Por qué no está aquí contigo?... ¿está bien?- miraba hacia la taza que sostenía pero en la última pregunta levanto la mirada.
- Sí… bueno… no todo está bien. Yo… yo vine a verte a ti. – Susana la miro confusa y Candy tomo un sorbo de té para calmar sus nervios-. Vine porque necesito saber la verdad. Necesito saber qué fue lo paso entre ustedes. A veces siento que hay algo que él no me está contando y necesito saber que es…- decía sin atreverse a mirarla.
Susana calló por un momento y luego desvió la mirada hacia la ventana, bloqueando el mundo exterior y hundiéndose en su mente.
- Veo que no te hablo mucho de mí.
- No lo suficiente- aclaro Candy.
- Es comprensible ya que nunca me amó - dijo fríamente pero sus ojos comenzaban a nublarse ligeramente-. Antes no quise creerlo pero ahora que lo acepte me siento mil veces mejor- dijo con un pequeño y débil vestigio de sonrisa-. ¿Qué quieres que te cuente?
- No estoy segura – confesó Candy. Susana esbozo una diminuta sonrisa.
- Aún recuerdo la primera vez que lo vi. Afuera caían preciosos y blanquísimos copos de nieve, lo cuales hacían un perfecto contraste con sus ojos azules – su sonrisa se esfumo lentamente-. Lo quise desde entonces. Era tan varonil y apuesto. Desee desesperadamente conocerlo mejor. Cada día que pasaba me gustaba más. Era tan talentoso, generoso y humilde, aunque quisiera aparentar lo contrario. Es cierto que era tosco y grosero la mayor parte del tiempo, sin embargo, yo sabía que eso era solo una máscara. Yo sabía que por dentro tenía un corazón inmenso, capaz de grandes bondades, solo que él lo mantenía restringido y resguardado de los demás. No dejaba que nadie se acerca a él. Ahora supongo que sería porque quería guardártelo todo a ti. Sin embargo, en ese entonces, yo no lo sabía, no tenía ni idea – tomó un sorbo de té y miro a Candy-. Lo único que pensaba era que quería ser merecedora de su secreto, quería saber cómo era su corazón en realidad. Por eso examinaba cada cosa que hacía y lograba descubrir sus pequeñas virtudes a través de sus defectos. Logre descubrir muchos de sus sueños al verlos reflejados en los míos. Sabía que había alguna manera de llegar a su corazón y sabía que cuando lo lograra iba a encontrar un hombre dulce, apasionado, gentil, tierno. Me di cuenta de que juntos podíamos tener una vida buena ya que compartíamos el mismo camino. Por eso me esforcé porque él me conociera y viera lo mucho que empezaba a amarlo. A veces, lograba hacer que bajara la guardia por un segundo, sin embargo, nunca logré llegar cerca de su corazón - se detuvo y sonrió tristemente mientras bajaba a mirada a sus manos-. Fui un estúpida. Fui un estúpida al dejarme a mí misma enamorarme de él. Sabía que no debía hacerlo. Sabía que probablemente me haría sufrir pero no me detuve. No me detuve porque no sabía de tu existencia – la miró a los ojos de nuevo-. No sabía nada de ti y nunca lo supe hasta que ya fue muy tarde… Tal vez si lo hubiera sabido yo…- se detuvo y desvió la mirada de nuevo hacia la ventana-. Me enamore de él pensando que su corazón, aunque resguardado, era libre. Pensando que algún día podía llegar a amarme tanto como yo a él.
Candy quiso decir algo pero no encontró palabras. Susana se perdió en el paisaje por un segundo pero continuo sin desviar la mirada, sin embargo su voz era más ronca.
- Fue por eso que cuando me entere acerca de ti me sentí… traicionada y herida… Me sentí abandonada y dejada a un lado... sentí como la esperanza que abrigaba de que me quisiera se rompía en mil pedazos frente a mis ojos…- bajo la mirada-. Era joven e inmadura… no sabía lo que hacía y me comporte terriblemente al tratar de mantenerlo a mi lado. Fui completamente insensible - decía con verdadero enojo su voz-. Pero… cuando vi el sufrimiento en sus ojos no pude más… me olvide de mi misma y lo deje en libertad para que ustedes fueran felices porque no podía verlo sufrir. Sin embargo, - miro de nuevo a Candy y esta supo lo que iba a decir- sabía que nunca lo lograrían si yo estaba presente… Por eso intente…- trato de decir mientras su voz comenzaba a fallarle.
- No tienes que decirlo. Sé porque lo hiciste- la interrumpió Candy.
- No… no lo sabes… todo- dijo aun mirándola-. Sabía que si yo existía, su buen corazón lo impulsaría a quedarse conmigo… Además… no solo lo intente hacer por ustedes, sino también por mí… Lo intente porque pensé que sin su amor no valía la pena vivir, no valía la pena tan siquiera respirar. Sin embargo, cuando él decidió quedarse a mi lado y tú renunciaste a él fui inmensamente feliz – a pasear de que su rostro se mantenía serio, Candy pudo notar que sus manos aprisionaban la taza con mucha fuerza. Susana desvió la mirada de nuevo y tomó otro sorbo de té -. De nuevo me prepuse llegar a su corazón. Me propuse hacer que me amara. Evite ser una carga a toda costa. Me esforcé por recuperarme rápidamente para que no me viera como un enfermo al que tenía que cuidar, sino una chica que había pasado por malos momentos al igual que él y lo logré en poco tiempo. Volví a ser la misma de antes. Fue como si nada hubiera pasado. Gracias a eso mi madre dejo de hostigarlo y comenzó a tratarlo con cierta consideración. Él también se veía aliviado y yo no podía evitar sentir cierto temor de que en cualquier momento me dejara para buscarte, pero nunca lo hizo – decía jugando con la taza en sus manos-. Su madre no me quería al principio porque creía que yo lo chantajeaba para que se quedara conmigo. Por suerte logre demostrarle que de verdad lo quería y que lo que más deseaba era hacerlo feliz. Con el tiempo, nos convertimos en buenas amigas y me siento orgullosa de decir que, a pesar de todo, seguimos siéndolo - dijo con una gran sonrisa que luego se desvaneció lentamente-. También me esforcé por ser una buena amiga y compañera para él. Siempre lo ayudaba con su trabajo: iba con él a los ensayos, lo ayudaba con los vestuarios, le daba consejos y a veces me quedaba con él hasta la madrugada ensayando para los estrenos. También me quedaba a su lado cuidándolo después de que tenía alguna pelea insignificante en un bar. Le ayudaba a buscar regalos para su madre. E incluso le ayude a escribir una carta que pensaba mandarle al duque de Granchester, aunque nunca lo hizo… Siempre lo trate con todo el amor, comprensión y ternura que pude. Demostrándole que no era su enemiga -se detuvo para servirse un poco más de té y tomó otro sorbo mientras miraba hacia afuera de la ventana-. Esto funcionó y él comenzó a abrirse conmigo. Empezó a tratarme con más cariño y consideración. Empezó a contarme cosas de su vida pasada y sus esperanzas para el futuro. Hablábamos de las obras que interpretaba y las que nos gustaban. Yo comencé a escribir mis propias obras y lo utilizaba a él como modelo. Esto le gustaba y a veces se sentaba conmigo mientras escribía, me daba ideas y terminábamos riendo… Nos convertimos en un gran equipo… Incluso…- se detuvo. Una pequeña lagrima cristalina bajo por su mejilla mientras ella pasaba su mano por su cabello como decidiendo si debía continuar y bajo la mirada- incluso… llegue a ver, en varias ocasiones, un brillo especial en sus ojos al verme. Nunca me había visto así... No era el mismo brillo que tenía cuando te miraba- se apresuró a decir- pero… comenzaba a parecerse…- susurró y por un segundo Candy creyó ver que una pequeña sonrisa comenzaba a aparecer en sus labios-. Por un tiempo fui la mujer más feliz del mundo. Creía que lo había logrado. Creía que todos mis esfuerzos al fin habían valido la pena y que él… por fin… comenzaba a quererme… - de pronto su rostro se endureció y limpio su lágrima de un manotazo-. Pero no era cierto - dijo con voz áspera-. Nunca lo fue. Nunca me amo - se detuvo un segundo y suspiro, tomó otro sorbo de té-. De pronto, comenzó a retraerse de nuevo. Comenzó a ignorar a su madre y termino tratándola mal sin razón. Empezó a fumar y a emborracharse de nuevo con más frecuencia. Llegaba con moretones y heridas por las peleas que tenía y no me dejaba ayudarlo. Después, casi dejo de hablarme. Las pocas veces que lo hacía, terminábamos peleando, por todo y por nada... Las peleas se hicieron más frecuentes y casi peleábamos todo el tiempo... Cualquier cosa que hiciera lo irritaba… - se detuvo para tranquilizarse porque notó que estaba arrugando el mantel de la mesa. Miro a Candy antes de continuar-. Cada vez que peleábamos terminaba reclamándome lo infeliz que era por haberlo separado de ti y cuan superior eras tú a mí – una lagrima se escapó del ojo de Candy y Susana desvió la mirada-. Intente con todas mis fuerzas, no creer sus palabras, intente no dejar que me lastimaran pero era demasiado… - se detuvo y suspiro. Se sentía ansiosa así que se levantó y comenzó a caminar por el saloncito –. Le tenía miedo, ya no quería estar cerca de él. No quería verlo. Deje de ser buena y considerada con él. Deje de ser su ayuda y su compañera. Deje de ser la dulce chica que se había enamorado de él… Debido a eso y a su propia actitud, su actuación decayó mucho y su carrera se vio afectada gravemente. Lo cual lo puso de peor humor.
Se detuvo de pronto. Frotó sus sienes al tiempo que cerraba los ojos, como si el recuerdo que venía a su mente fuera muy doloroso para verlo. Los abrió de nuevo y camino hacia la ventana dándole la espalda a Candy.
- El día del estreno de su última obra…- comenzó con voz débil- estaba en su camerino tocando la armónica. Yo entre para avisarle que pronto era su turno de salir a escena pero ni siquiera me escucho y comenzó a gritarme por haberlo interrumpido. De nuevo, de la nada, me reclamo el haberlo separado de ti… - se detuvo y suspiro mientras se volvió para ver a Candy para luego perder la vista en la alfombra-. No sé cómo… o porque pero… en ese momento supe que ya no me importaba… ya no quería estar con él. Supe que ya no lo amaba… En ese momento… fue como… si por fin pudiera respirar después de meses de angustia. Sin tan siquiera pensarlo le grite que se fuera contigo… Él me miraba incrédulo y yo le seguía gritando que se fuera, que yo ya no lo amaba… que él había logrado matar ese amor tan grande que le tuve… que ya no lo soportaba más, que él había hecho de mi vida un infierno… que ya no quería estar con él, que me iría y lo dejaría… y él podía volver contigo – Candy notó que su expresión era de alivio-. Cada palabra que salía de mi boca era un peso menos en mi espalda, una cicatriz que se cerraba, una razón más para continuar. – Candy la miraba sorprendida ella se volvió de nuevo hacia la ventana-. Sin embargo, no sé si fue que no me creyó o no le importo, siguió gritando y vociferando. Incluso rompió el espejo del camerino. A este punto, el director de la compañía Stanford se encontraba en la puerta. Me hizo salir de inmediato y trato de calmarlo. Yo estaba afuera, en el pasillo escuchando. Pude oír lo que el director le decía, como trataba de calmarlo y como Terry rehusaba. El tiempo corría y Terry debía entrar a escena. El director perdió la paciencia y lo amenazó diciéndole que si no salía a escena ahora mismo lo despediría. Esto solo logro alterarlo más y grito con más fuerza. De pronto, no oí nada más. Luego el salió del camerino con la armónica en la mano. Se detuvo ante mí y volvió el rostro para verme a los ojos – se recostó de medio lado contra la ventana, la vista perdida en el exterior-. No sé qué me habría querido decir porque en ellos solo había… caos… pero… por un segundo… me pareció ver ese destello que me hizo tan feliz un día… aunque en ese momento fue como una cuchillada en mi corazón…- se detuvo un momento-. Muchas veces creo que fue mi imaginación. Es lo más probable ya que me odiaba desde hacía mucho tiempo. Después de ese segundo se volteó y salió del teatro a toda prisa. Desapareció para todos y no supe nada más de él excepto los rumores de que me había dejado y que se había ido con otra compañía de teatro. Aunque en realidad sabía que iría corriendo a tus brazos… - miró a Candy con intensidad- él solo es feliz si está a tu lado.
Candy sintió su última frase como una cachetada en el rostro. Nunca había visto en el rostro dulce de Susana una expresión tan dura y amargada. Candy se levantó con rapidez y camino hacia ella. Esta la miro algo desconfiada. Candy tomo sus manos dulcemente. Susana retrocedió pero Candy no la soltó, en cambio, la miro directo a los ojos. Dejo que unas pequeñas lágrimas salieran de ellos al tiempo que con su mirada le dejo ver todo el dolor que sentía por lo que le paso y por no haber podido evitar sus penas. Fue como si le dijera: «lamento lo que te sucedió», «lamento que haya actuado así», «lamento que mi recuerdo se interpusiera entre ustedes», «lamento que te hiciera sufrir», «lamento haberte hecho sufrir». La miraba indecisa de Susana comenzó a desvanecerse y su rostro comenzaba a suavizarse.
- Perdóname, Susana…- susurró Candy.
Susana pudo ver su honestidad, su dolor y recordó lo que le dijera a su madre antes. No fue su culpa. Deja caer la barrera que había levantado y presiono las manos de Candy con fuerza mientras sonreía y trataba de luchar contra las lágrimas pero al fin se lanzó a los brazos de Candy llorando desconsoladamente. Candy la abrazo con fuerza y no trataba de contener sus lágrimas.
- ¡Lo merezco! - sollozo Susana-. ¡Nunca debí intentar separarlos desde un principio…!
- ¡No Susana!- dijo Candy con firmeza-. ¡Nadie se merece nada parecido! Es cierto que actuaste mal pero te redimiste al renunciar a él y tratar de tomar tu vida para que él fuera feliz. ¡No mereces sufrir! Terry fue un estúpido al no ver cuanto lo amabas.
- Dime que no hice mal - le suplico-. Dime que no me equivoque al dejarlo.
- Hiciste lo correcto - le aseguro-. Yo hubiera hecho lo mismo.
- No sé qué hice mal. Desde que decidió quedarse conmigo solo he intentado protegerlo, complacerlo, hacerlo feliz, porque su felicidad era la mía. ¡Pero me di cuenta de lo estúpida que fui ya que nunca me amo!
- Susana, no te martirices más - le rogó Candy.
- Lo único bueno… - dijo con una triste sonrisa separándose un poco de Candy- de vivir ese infierno fue que me di cuenta de que no lo necesito. ¡No lo necesito para ser feliz! Puedo ser feliz por mí misma, sin él.
- Me alegra mucho oír eso - dijo Candy con dulzura mientras limpiaba las lágrimas de su rostro con ternura.
Habían transcurrido varias horas. Después del ataque de llanto, las chicas se tranquilizaron y Susana prácticamente forzó a Candy a que las acompañara a comer -para gran disgusto de su madre-. Cuando hubieron terminado Susana insistió en enseñarle a Candy las obras en las que estaba trabajando. Se encontraban en el estudio de Susana y Candy ojeaba unas hojas escritas.
- Son hermosas- dijo Candy asombrada-. Claro, yo no sé mucho de estas cosas así que no te fíes de mí, pero me parece que serán un éxito.
- Me alegra que lo creas así- sonrió Susana.
Candy, sin querer, dejo caer las hojas cuando se las iba a devolver a Susana y quedaron desparramadas por el piso. Ambas, después de reír al ver el desastre, se pusieron a juntar las hojas a gatas en el suelo. Candy tomo la última y levanto la mirada para encontrarse con un pequeño bulto blanco debajo de un sillón pero algo le llamo la atención. Sin pensarlo metió el brazo debajo de este y logro alcanzarlo con algo de dificultad. Era una hoja de papel completamente arrugada y empolvada. Logro alisarla lo suficiente y pudo ver que era. Era un retrato de Terry. Más bien de sus ojos. Sabía que eran sus ojos. Se volvió hacia Susana que dejo de sonreír en cuanto vio lo que Candy tenía en las manos y su rostro se volvió duro otra vez. Candy miro el dibujo de nuevo. Había algo distinto en él. No era la mirada normal de Terry. Era una mirada… diferente… especial… estaba segura de haberla visto antes pero no recordaba cuando…
- Lo hice un día, cuando todavía éramos felices - explicó Susana desviando la mirada mientras se levantaba-. Fue el día en que note ese brillo especial en sus ojos por primera vez. Estaba tan emocionada que corrí a mi habitación y lo dibuje. No quería olvidarlo – se rio tristemente-. Pensé que lo había tirado con los otros pero por lo visto no lo hice.
Al escuchar sus palabras Candy recordó donde había visto esa mirada antes y sintió un peso frio en el corazón. La había visto el último día de sus vacaciones en Escocia, a la orilla del lago, cuando bailo con Terry y este se detuvo de repente…
- Para serte honesta a veces pienso en su mirada - continuo Susana tomando la hoja de las manos de Candy y mirándola por un momento-. A veces pienso que me gustaría que me volviera a ver así, pero inmediatamente lo descarto. No soportaría pasar por lo mismo de nuevo. – la arrugo en sus manos de nuevo. la lanzó al fuego de la chimenea, no sin antes dudar por un segundo lo suficientemente largo para que Candy lo notara.
- Ustedes hacían una buena pareja ¿cierto?- dijo Candy levantándose después de recuperarse un poco.
- Eso decían todos- dijo mientras tomaba los demás papeles-. Curiosamente, lo único que no compartimos fue el amor por el otro – rio lastimeramente.
- No fue tu culpa - dijo poniendo la mano en su hombro-. Debes saberlo.
- Gracias Candy- respondió sonriendo suavemente -. Ahora quisiera saber cuándo es que se casaran - dijo dándole la espalda para guardar los papeles en un cajón.
- Ehh… no… bueno no sé si… nos…vamos a casar- balbuceo Candy sonrojándose. Susana se volvió sorprendida y confundida.
- ¿Qué? ¿Cómo es que no se van a casar? ¿Es que acaso ya no lo quieres?- pregunto.
- No, no es eso - se apresuró a decir- es… es… una larga historia- dijo al fin.
- No tengo nada que hacer y afuera hace frio - replicó Susana.
Candy trato de explicarle lo mejor que pudo en pocas palabras pero termino contándole la historia completa. Susana la miraba incrédula al principio pero luego su expresión se volvió confusa y algo alterada al escuchar la parte de "elegir" entre ellos.
- … es por todo esto que quería hablar contigo - finalizó Candy.
- Sé por qué querías hablar conmigo - dijo sin poder esconder la alteración es su voz-. Querías saber si estaría dispuesta a aceptarlo de vuelta si tú lo rechazabas ¿cierto?
- Susana, no…- trato de decir Candy.
- ¡Pues no Candy! ¡no volveré con él! ¡soy feliz sin él! ¡y él nunca será feliz con nadie más que no sea contigo! ¡¿no entiendes?! ¡Tienes que estar con él!- grito mientras caminaba por la habitación frotándose las sienes.
- Susana escúchame, no fue por eso…
- ¡¿por qué otra razón seria?! - le grito- ¡¿Por qué otra razón vendrías hasta aquí para que yo te contara lo que paso?!
- Susana…
- ¡¿por qué me harías hablar de eso si de igual manera te ibas a quedar con él?! ¡¿Por qué hacerme abrir la herida de nuevo?! ¡¿Por qué Candy, dime por qué?! – le gritaba
- ¡porque necesitaba saber si te amó! - le grito Candy haciéndola callar- ¡ahora tengo mi respuesta!
Susana quedo muda un momento. ¿Cómo era posible que Candy llegara a dudar de su amor?, ¿Cómo era posible que pudiera pensar que él llego a quererla? Y sobre todo ¿de qué respuesta estaba hablando? Candy también se encontraba alterada y se encamino hacia la puerta.
- ¡Espera! - dijo Susana tomándola del brazo-. Perdona que me altarera. Hoy no ha sido un día fácil. Pero… no tienes por qué dudarlo. ¡Te lo repito: "él nunca…
- …te amo! " ¡sí, ya me lo dijiste muchas veces! -dijo soltándose de su brazo y dirigiéndose a la puerta mientras mascullaba - …eso es lo que tú crees…- antes de cerrar la puerta tras de sí se volvió un poco más serena-. Por favor, perdóname si te hice sufrir con esta visita, - dijo con voz más tranquila y dulce- pero no me arrepiento de haber venido. – Susana trato de decir algo pero Candy continuo-. Me alegro mucho de haberte visto, y te deseo toda la felicidad del mundo. Porque la mereces Susana… adiós…- cerró la puerta y corrió escaleras abajo hacia la puerta de entrada.
Candy caminaba por las calles de la ciudad. Estaba perdida en sus pensamientos. Había sido un encuentro sumamente doloroso. Pero, como le dijera a Susana unos momentos antes, no se arrepentía. Era lo que necesitaba. Ahora no tenía ninguna duda. Había tomado la decisión correcta. No solo para ella, sino para todos. Sin embargo no podía evitar sentir un profundo dolor en el corazón. A pesar de esto no flaqueo. Por primera vez desde que vio a Terry frente al hospital el día de su cumpleaños, podía respirar tranquila porque sabía exactamente qué hacer.
Al llegar al hotel, se encontró a Terry esperándola en la entrada. Al verlo corrió a abrazarlo. Este le susurró al oído que lo perdonara por su reacción de la mañana. Candy lo abrazo con fuerza y después de besarlo en la mejilla y le aseguro que lo entendía. Terry sintió que un peso se le iba de encima al ver que no había cambiado. No lo miraba con rechazo, odio o resentimiento por lo que hizo. Candy tenía razón, no había pasado nada malo. En ese momento se sintió culpable por haber dudado de Susana y lo que pudiera decirle. De inmediato se le vino a la mente una conversación que tuvo con su padre:
- Ella no es así…
- Lo sé… sé que ella no es así pero… en mi miedo y mi rabia lo creí.
espero ansiosamente sus comentarios al respecto. no importa como sean quisiera saber su opinión. logre esclarecer el punto del que les hable? lograron ver la otra cara de la moneda? o estoy yo mas loca que una cabra?... jajaja -espero que lo ultimo no sea un si) pero aunque lo fuera quiero saberlo-. como dije antes: como puedo mejorar si no se en que me equivoco?
de nuevo les agradezco por todo su apoyo y las espero en el ultimo capitulo la próxima vez. aunque les adelanto que después de eso les voy a dar un pequeño regalito extra.
