No me convence en absoluto este capítulo, pero no le quiero dar más vueltas. Espero que os guste y gracias por las reviews!
Capítulo 26:
Siento cómo la mano de Rick aprieta, sudorosa, la mía fuertemente en el momento en que anuncian la llegada del tren de Alexis. Le lanzo una mirada tranquilizadora, a pesar de que yo también estoy algo nerviosa por conocer a la joven.
Castle finalmente tomó la decisión, contando con mi respaldo, de acoger a Alexis en nuestra casa. No sin antes reunirnos con su abogado e informarnos de cómo es ella. Castle decidió que era necesario saber si se trataba de una adolescente problemática o no, y fue muy sensato al hacerlo. Sin embargo, lo que descubrimos en su historial es que se trata de una adolescente responsable, aplicada, inteligente y sociable. Eso es al menos lo que indicaban las notas que sus profesores habían escrito sobre ella. Por lo tanto, Castle y yo decidimos que no había ningún tipo de problema con que viniese a vivir con nosotros.
Y aquí estamos ahora, esperando mientras los pasajeros del tren procedente desde Washington abandonan sus respectivos vagones. Rick sujeta a Alex en el portabebés, mientras que yo sujeto la mano de Emily, quien a su vez sujeta un pequeño cartel en el que está escrito el nombre de Alexis. Todos esperamos en el andén, lo suficientemente apartados para no interferir en el camino del resto de pasajeros, pero lo suficientemente visibles para que la hermana de Castle nos vea.
-¿Dónde está, mami? – pregunta Emily.
-No lo sé, cielo – digo, mirando por encima de las cabezas de todos los pasajeros.
Ni siquiera sé qué pinta tiene Alexis. Pero supongo que no será difícil identificar a una joven que viaje sola y que, seguramente, esté algo confusa.
-Ahí está – dice Castle de repente, señalando a una chica pelirroja que parece buscar a alguien.
Castle le hace señas con ambos brazos hasta que la pelirroja se percata de ello y se dirige hacia nosotros con un semblante serio.
-¿Cómo se supone que debo actuar? – Susurra Castle cuando ella todavía está a varios metros de distancia - ¿Le doy un abrazo?
-Actúa con normalidad – le susurro entre dientes.
Alexis avanza hacia nosotros, mirando el cartel que Emily sostiene entre sus manos, en el que está escrito su nombre. Ella nos mira y nosotros le observamos en silencio.
-¡Alexis! – dice finalmente Rick, acercándose a ella y estrujándola entre sus brazos, haciendo que Alex, en su pecho, lloriquee un poco.
La joven, sorprendida por el abrazo, parece sentirse un poco incómoda.
-Soy Rick, tu hermano – dice él, intentando hacer más formal la presentación – Me hubiese gustado conocerte en otras circunstancias, pero me alegra que estés aquí.
Ella me observa a mí tímidamente, que hasta el momento me había quedado, junto a Emily, a un lado, dejando que ambos se conozcan.
-Esta es Kate, mi mujer; ella es Emily, nuestra hija; y este pequeñín que ya te ha saludado es Alexander.
-Encantada de conocerte Alexis – le digo, acercándome a ella y pasándole un brazo por los hombros - ¿Qué tal ha ido el viaje?
-Bien – es lo único que responde, encogiéndose de hombros.
Emily empieza a hacerle preguntas sobre su equipaje, mientras Castle y yo nos miramos. Yo me encojo de hombros. Necesita tiempo, acaba de llegar y todavía no nos conoce, es normal que actúe con timidez y que esté nerviosa.
Salgo de la estación de metro y camino cinco minutos hasta llegar a Dumbo Park. Camino un poco más y me siento sobre los escalones de piedra. Admiro las vistas, adoro este rincón de la ciudad. Puedes escuchar el bullicio de la ciudad, sin ser parte de él. En este rincón se respira cierta tranquilidad. Además la imagen del sol cayendo sobre el puente de Brooklyn y los rascacielos de Manhattan es preciosa.
Suspiro y bajo la mirada al sobre que tengo entre mis manos, que todavía permanece cerrado.
He decidido seguir el consejo de Rick y, tras recoger los resultados en la clínica, he venido a un lugar tranquilo, sola. Castle se ha quedado con Emily, Alex y Alexis en el loft. Iban a encargar pizza para cenar.
Observo, a lo lejos, el carrusel, dónde varios niños se divierten; a pocos metros de mí un par de aficionados con sus cámaras, esperando para hacer la foto perfecta; y una joven que está sentada en el último escalón, concentrada en su teléfono móvil.
Vuelvo a bajar la mirada y decido que ha llegado el momento. No merece la pena esperar más. Abro el sobre con decisión, comprobando cómo mis manos tiemblan. Cierro los ojos por un segundo antes de leer el resultado. Cuando lo hago, siento cómo una lágrima se desliza por mi mejilla.
Aprieto el papel con los resultados sobre mi pecho y me quedo varios minutos más allí, tratando de ordenar mis pensamientos. ¿Acaso el resultado cambia algo? Rick tenía razón, no necesitaba ninguna prueba para saber quién es el padre de mi hijo. No haber hecho la prueba me hubiese dejado con la duda, pero hacerla también ha sido estúpido.
De pronto siento la necesidad de estar con mi familia. Me levanto y abandono el lugar, tirando el sobre en la primera papelera que encuentro antes de dejar el parque.
Cuando entro al loft, veo a Castle sentado en uno de los taburetes de la cocina. A su lado está Alexis pero en estos momentos no me importa.
Avanzo corriendo hacia Rick y, sin esperar que él diga nada, me abrazo a él.
-Te quiero – le susurro al oído.
Él me devuelve el abrazo, haciéndome sentir cálida en sus brazos. Cojo su cara entre mis manos y sonrío, inevitablemente, feliz. Él sonríe también, entendiendo el significado de mi sonrisa, y después me da un beso en los labios.
Alexis, que hasta ese momento nos había estado mirando sin entender nada, baja la mirada a su trozo de pizza, para después arrastrar su taburete hacia atrás y poner rumbo hacia las escaleras del piso superior.
-¿Te vas a dormir? – le pregunta Castle, girándose hacia ella.
Ella asiente y se encoje de hombros antes de subir al dormitorio. Castle y yo le damos las buenas noches.
-Siento haber interrumpido – le digo a Rick.
-Me encanta que lo hayas hecho – me sonríe él.
Me acerco hasta la hamaca donde Alex duerme y, sin importarme si se despierta o no, lo cojo en brazos. Abrazándolo contra mi pecho y besándolo. Necesitaba hacerlo tanto como necesitaba abrazar a Castle.
Rick se acerca a nosotros y limpia las lágrimas de mi cara.
-Perdóname – le digo, apenas en un susurro – Tenías razón, el resultado no importaba.
-No hay nada que perdonar, Kate.
-Prometí que no te diría nada, pero tengo que hacerlo. – él me mira, en silencio. Finalmente asiente – Eres su padre, en todos los sentidos.
Él cierra los ojos, asintiendo, y finalmente nos abraza a los dos.
No me importa haber roto la promesa que le hice. Quizás si la situación hubiese sido diferente, si él hubiese resultado no ser el padre biológico de Alexander, yo habría tratado de ocultar mis sentimientos. Pero en este caso no he podido evitar volver a su lado.
Me subo a la cama, junto a Castle, después de haber acostado a nuestro bebé en su moisés.
-¿Qué tal con Alexis? – pregunto, apoyando mi espalda contra el cabecero.
-Se ha encerrado en su habitación bajo la excusa de que no tenía hambre, pero luego ha bajado a buscar un trozo de pizza, es entonces cuando has venido.
-Es normal – digo yo – Necesita tiempo.
-Sí, pero podría confiar un poco más en mí. Soy su hermano.
-No creo que eso le importe en estos momentos – Castle me mira, sin comprender, así que trato de explicarme – De momento eres el tipo que la ha apartado de su vida, de sus amigos. Siento decirte que no confía en ti, ni en nadie, en estos momentos. Tendrás que ganarte su confianza poco a poco.
-Pero desde que ha llegado solo ha abierto la boca para decir monosílabos.
-No olvides que es una adolescente – le recuerdo.
-No quiero pensar en eso.
-Entonces mejor no pensemos en nada – digo yo, inclinándome sobre él para besar sus labios.
-Trato hecho.
Justo cuando mi espalda toca el colchón, sintiendo el calor de Castle sobre mí, Alexander comienza a llorar.
Ambos nos miramos, fastidiados, durante unos segundos, pero finalmente me levanto y cojo en brazos a nuestro hijo. Castle apoya la cabeza en su brazo y nos mira desde la cama.
Tumbo a nuestro pequeño en el medio de la cama, y yo me coloco al otro lado.
-¿Tiene hambre? – pregunta Rick, mientras Alexander agarra uno de sus dedos.
-No.
-¿Caca?
Vuelvo a negar.
-Creo que simplemente quería estar con nosotros – digo, colocándome más cerca de nuestro bebé.
-¿Te has dado cuenta del color que están tomando sus ojos? – pregunta Castle, con una sonrisa en los labios.
Yo asiento, también con una sonrisa, justo cuando Alexander gira la cabecita hacia mí, mostrándome en sus ojos un tono entre verde y marrón. Justo como mis ojos.
-Es perfecto – susurra Castle.
