26. JÖTUNHEIM
LOKI
La llevaba casi a rastras por los pasillos e ignoraba sus quejidos, por apretarle demasiado la muñeca. Le sudaban las manos y, aunque caminara con paso firme y tan seguro de sí mismo, le temblaban las piernas.
Tenía miedo. Mucho miedo.
Si Sigyn le rechazaba... si salía corriendo... si huía de él...
A medida que bajaban, hacia la Sala de los Trofeos, los Guardias empezaron a barrarles el paso e intentaban que volvieran por donde habían venido, pero no les servía de nada; Loki se los quitaba de encima, empujándoles con viento que nacía de la palma de su mano.
En un momento, llegaron ante la puerta de la Habitación dónde Odín guardaba todos los Tesoros que había acumulado. La Habitación dónde, cuando era pequeño, le mintieron vilmente, haciéndole creer que nació para ser Rey. La Habitación donde, hace años, se enteró que, en realidad, pertenecía a una raza de monstruos descerebrada y horrible. La Habitación dónde decidió que sería una idea brillante enviar al Destructor a matar a Thor, que se encontraba en Midgard. Pero en ese momento, ninguno de esos recuerdos le hizo sentir molesto ni mal. Estaba inquieto. Iba a vivir otro momento desagradable en aquélla Sala... el peor, si cabía.
-Loki, han activado la alarma de robo- le dijo Sigyn, masajeándose la muñeca -¿Qué hacemos aquí? ¿Qué vas a enseñarme?
La miró un largo rato. Podía salir corriendo. Podía huir, como siempre había hecho. Podía volver a marcharse sin dar explicaciones y romper a Sigyn por la mitad, si así, él se encontraba a salvo... pero algo en su estómago le obligó a abrir la Puerta.
No sabía por qué, de repente, esos portalones de madera pesaban mucho más de lo que recordaba. Bajaron las escaleras y obligó a Sigyn a esperarle ahí.
-Quédate aquí, si te asustas, te será más fácil escapar.
-¿Escapar de qué, Loki?- aún curiosa, le hizo caso y se quedó dónde le dijo.
-De mí...- susurró.
Tenía mucho más miedo que cuando le saltó al cuello al hombre que intentó matar a Sigyn. Mucho más miedo que cuando cayó por el Abismo, sin saber si sobreviviría a la caída o moriría. El pánico que sentía en el estómago era algo que sobrepasaba cualquier cosa que hubiese experimentado antes.
Allí estaba el Cofre de los Inviernos, en el sitio donde descansaba desde que Odín lo recogiera de Jöuntheim. Desde que Odín los recogiera a los dos...
-¡LOKI!
La voz de su padre retumbó en aquél lugar, pero no le hizo el menor caso.
-¡Loki, deja el Cofre donde está y ven aquí!- ahora era Thor quién se creía con autoridad como para darle órdenes.
Oyó también cómo los pasos de las botas de los soldados se agrupaban en la entrada, el ruido que hacían las espadas al ser desenvainadas...
-Prometo pensar a fondo la oferta de Byelist- Odín parecía mucho más mayor y anciano.
-Por favor, Loki...- su madre se unió al elenco para rogar por su cordura.
Panda de estúpidos...
Más tembloroso que nunca, alargó las manos hacia aquél objeto que contenía Hielo fluído en su interior, brillando constantemente... y lo cogió con fuerza, como si su vida dependiera de ello. La temperatura le bajó en picado y vio cómo sus manos se tornaron azules en un abrir y cerrar de ojos. No se soltó del Cofre hasta que no notó cada rincón de su cuerpo helado.
Los Guardias se pusieron en posición de ataque, podía notarlo, como si tuviera ojos en la nuca y les viese.
Primero, soltó el Cofre y respiró hondo, concentrándose para mantener el frío. Al estar acostumbrado a las bajas temperaturas de Jötunheim, ya no le costaba mucho esfuerzo hacerlo. Se giró y oyó cómo todos contuvieron la respiración... menos la que quería oír.
Abrió los ojos. Todos le miraban estupefactos, menos Odín, Frigga... y Sigyn. Esa mirada tan verde y tan azul le taladraba, curiosa, deseosa, sin una pizca de lo que él se había imaginado que Sigyn sentiría. Se acercaba a él, lentamente, midiendo sus pasos, como si él fuera un animal salvaje y fuese a salir corriendo si se acercaba bruscamente, hasta que la tuvo justo delante.
-Bajad las armas- ordenó Frigga, firme y autoritaria.
-Pero Majestad...
-¡Bajad las armas todos!
Los Guardias le hicieron caso, pero eso no le importaba nada, lo que realmente le interesaba era sobrevivir a esa mirada que le comía los nervios.
-¿Esto es de lo que tenía que huir?- le susurró Sigyn. -¿De ti?- le sonrió, bajando la mirada.
Lo que sintió en el estómago la noche que cayó por el Abismo no era nada comparado con lo que sentía ahora. Si no era porque era imposible, habría jurado que levitaba, que flotaba; se sintió tan aliviado, que las lágrimas se le agolparon en los ojos en un parpadeo. Quería decirle tantas cosas y de tantas maneras que no sabía cómo hacerlo, pero como siempre, Sigyn iba un paso por delante, viviendo en su mente y sabiendo exactamente lo que quería.
La rubia le cogió de las manos, que enseguida empezaron a perder ese color azul tan vivo y helado y a convertirse en manos humanas.
-Uauh...- sonrió otra vez Sigyn. -Esto es más de lo que habría imaginado... aunque tampoco sé lo que esperaba, siempre tan misterioso, tan temeroso...- le miró a los ojos. Puso una mano en su mejilla izquierda, notando cómo bajaba gradualmente la temperatura en esa parte de su rostro- ... tan perfecto...
No se había dado cuenta de que ella también estaba llorando, hasta que la besó. Thor carraspeó, incómodo y Odín ahogó un suspiró de sorpresa. Todos le daban igual, que estuvieran allí mirando, que le creyeran culpable de los asesinatos de la Guardia Real... que Frigga fuera la única que sonriera con aquello. Pasaba de todo y todos.
Sólo existían él y Sigyn, en la burbuja imaginaria que había creado para ellos dos.
-¿Estás segura?- le susurró en los labios.
-Siempre.
La volvió a besar y sonrió mientas lo hacía, porque eso era lo que le apetecía y lo que sentía. Ya no tenía frío... Sigyn siempre le volvía humano en todos los aspectos. La miró. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos le brillaban como nunca lo habían hecho. Ese color de Mar le hablaba de Amor, Esperanza, Futuro... y todo eso no hacía más que provocarle que miles de mariposas revolotearan en su estómago. No podía dejar de sentir aquéllo y no quería dejar de hacerlo. Toda la oscuridad se había disipado. Ya no era de noche en su Realidad. Ya no llovía en su vida... El Sol había salido y brillaba radiante, sin intenciones de volver a esconderse.
Y todo eso sólo le hizo tener confianza en sí mismo. No la que creía que había tenido siempre, mostrándose altivo, frío y vengativo. Confianza de verdad, sabiendo que podía ser un buen hombre, una buena persona, de corazón, a pesar de todo el dolor, de todas las mentiras, de todo el daño hecho. Y se sintió tan liberado que se puso a reír como nunca lo había hecho, abrazado a Sigyn como si le fuese la vida en ello.
-Loki... no dejan de mirarnos- le susurró.
Miró a su alrededor. Todos les miraban y ninguno sabía qué cara poner, excepto Frigga, que sonreía y lloraba al mismo tiempo. Se puso recto y se estiró la ropa.
-Toma- se quitó la capa y la puso por encima de los hombros de la rubia, que se tapó con ella.
-¿Qué...?
-La vas a necesitar.
Tenía los ojos clavados en Odín, que le miraba diferente a como lo estaban haciendo todos. Su padre no estaba pensando ni juzgando nada sobre su actitud con Sigyn. No, Odín le estaba estudiando, leyendo la cara, sus movimientos. ¿Por qué va a necesitar Sigyn tu capa? Le estaba intentando leer la mente y estaba preparado para cualquier cosa. Pero, por esta vez, Loki tenía las de ganar y lo iba a hacer en su cara. Por una vez, podría reírse de Odín sin tener que sentirse mal luego. Por una vez, podría salirse con la suya.
-¿Confías en mí?- abrazó a Sigyn, arropándola todavía más con la capa, tapándole bien el cuello.
-¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? ¡Sí!
Se carcajeó. La Sigyn infantil le encantaba. Se la comería a besos en ese momento. Era tan bonita... Le besó la frente y suspiró en su flequillo, susurrándole un leve "te quiero" que la hizo sonreír y acurrucarse en su pecho, abrazándole por la cintura.
SIGYN
Sintió un fuerte zumbido en sus oídos. La niebla que los envolvía, no dejaba ver bien la expresión de Padre de Todos, pero sí llegó a divisar cómo Frigga le hacía recular, reogándole que les dejaran en paz.
Y, después de eso, la oscuridad.
Sabía que no flotaba en ninguna parte, porque Loki la seguía abrazando, y ella a él, segura de que le estaría haciéndo daño, de lo fuerte que le tenía agarrado.
Las partículas en el aire le obligaron a cerrar los ojos fuertemente y a taparse la cara en el pecho de Loki. Así estuvieron un buen rato. O a lo mejor no, sólo fue un momento, pero ella lo vivió como si fuese una Eternidad. Cuando notó suelo bajo sus pies, lo sintió: el Frío. Un frío tan fuerte y tan intenso que se tuvo que arropar más con la capa.
-Ya puedes abrir los ojos, Sigyn.
La voz de Loki era firme. Ya no había zumbido en sus oídos y no habían motas de polvo que le molestaran. Le hizo caso y fue abriendo los ojos lentamente, encontrándose con el negro del cubretodo de su Príncipe. Sentía curiosidad y temor al mismo tiempo, por saber a dónde habían ido a parar.
Lo primero que vio fue la nieve. Nieve blanca y vírgen que se arremolinaba en su pelo, junto con ese frío que le dificultaba una respiración normal, pero, ante todo, Belleza.
Aquéllo era verdaderamente hermoso. Troncos de árboles blancos y sin hojas, ríos con agua (a saber a qué temperatura) fluyendo tranquilamente, prados escarchados y montañas lejanas cubiertas de nieve. Jotunheim era una obra de arte, a pesar de la imagen que se había formado en su mente.
-Loki... esto es precioso.
-Sabía que dirías eso.
-No, en serio...- se agachó e hizo una bola de nieve, deshaciéndola, sintiendo en las manos de ese hielo tan puro que, por primera vez, disfrutaba. -¡Es maravilloso! Loki. -le miró -Loki, gracias.
-¿Por qué?
-¡Por esto!
Sigyn le estampó un puñado de nieve a Loki, en la cara. Salió corriendo, separándose de él, porque, conociéndole, se vengaría por aquello. Hacía muchísimo frío, pero nada que amenazara su vida, nada que no la dejara disfrutar de correr por la nieve, bajo la luz de dos Lunas Blancas, la una muy cerca de la otra, haciendo del Cielo, un firmamento nocturno y eterno, una mezcla de azules y violetas que superaba en belleza cualquier cosa que hubiese visto en libros que había leído sobre la Galaxia.
-¡Ah!
Loki la atrapó y rodaron por una ladera, cortando el Rocío helado de la hierba, hasta que la tuvo atrapada debajo. La miraba, con esos ojos que tanto amaba, con esa mirada, ahora, desconocida para ella. Algo había despertado en Loki y sabía que era algo bueno, ese verde tan intenso se lo decía... y volvió a la época en la que se escondían porque habían hecho alguna travesura, cuando eran cómplices, el uno del otro, de todas las trastadas que hacían en Palacio.
-¿Qué pasa?- le dijo él, acariciándole la cara con la yema de los dedos. -¿Por qué me miras así?
Con las manos temblorosas, se abrazó a él y le besó tiernamente, con cuidado, peinándole la nuca con la punta de los dedos. Quería hacerle saber que él también había despertado algo en ella... algo bueno: ganas de viajar a más Mundos, de conocer más Magia, de correr, saltar, bailar por sitios desconocidos... ganas de vivir. Pero sobretodo, vivirlo todo con él.
Un estruendo los devolvió al Presente. Era un eco que provenía de entre las montañas.
-¿Qué pasa? ¿Qué es eso?
-Un cuerno de aviso. Saben que estamos aquí.- la ayudó a levantarse y a expolsarse la nieve de la ropa y el pelo.
-¿Saben? ¿Quiénes?
-Mi hermano. Byelist. Tranquila. No nos hará nada.
-¿Con "mi hermano" te refieres a tu hermano? ¿A tu hermano de verdad? ¿A un Gigante de Hielo?
-Aquí preferimos los términos "jotnar" o "jotun".
-Lo siento.- bajó la mirada, arropándose con la capa, ahora empapada.
-Será mejor que vayamos, antes de que monte un circo y vengan a buscarnos.
Cuanto más subían por la ladera, más grande e imponente se veía el Palacio del Invierno. Era una estructura de hielo y piedra impresionante, rodeada de setos y estatuas, con un puente que daba la bienvenida a entrar por un camino resbaladizo y brillante.
-¿Y no pasará nada porque sea asgardiana?- se encogió de hombros, arrimándose a Loki, quien no dudó en pasarle un brazo por la espalda. -Quiero decir: en Asgard se horrorizaron cuando vino Angrboda... a lo mejor se asustan o se enfadan cuando me vean.
-Jejeje Sigyn, no tienes de qué preocuparte- le sonrió. -Aquí estamos muy acostumbrados a ver gente de otros Mundos. Además, vienes conmigo, no debes temer nada.
-¿Y Byelist qué es?
-Obvio que jotun. Sigyn, ¿el frío te vuelve tonta?
-¡No, imbécil! Me refiero a que has dicho- exageró la imitación de voz de Loki - "Saben que estamos aquí. Byelist no te hará nada"... ¿Quién es él para hacernos algo?
-El Rey de Jotunheim.
-¡Y lo dices tan tranquilo!
-¿Y qué quieres que haga?
-¡Pues no sé, prepararme! Llevas días diciéndome que vamos a venir aquí, podrías haberme hablado de él.
-¡Hace una hora no sabías ni que era un Jotun! ¿Cómo iba a hablarte de Byelist?
-¡Y yo qué sé! ¡Pero a ti siempre se te ocurren cosas!
-¿Quieres hacer el favor de relajarte? Ya te he dicho que no te va a pasar nada.
-Te odio, Loki Odin... ¿Si no te puedo llamar "Odinson", cómo te llamo?
-Laufeyson.
-¡El hijo de Laufey! ¡Pero si tú fuiste quién...!- se puso delante de él, interponiéndose en su camino, haciéndole parar. -¡Loki!
-¡Agh, qué quieres, pesada! Mira, cuando nací, el Rey Laufey no me quiso y me abandonó, que fue cuando Odín me recogió y me adoptó. Y sí, yo fui quién le mató. Y sí, cuando lo hice, ya sabía que era mi padre, pero él nunca supo quién era yo.- suspiró y se echó el pelo hacia atrás. -Sigyn... puedes juzgarme todo lo que quieras, pero si crees que te llevaré de vuelta a Asgard porque me consideras un monstruo y no voy a poder resistirlo, vas mal encaminada. Has elegido amar al Monstruo de Asgard. A un Jotun. Y no hay marcha atrás. Fin de la historia.- se cruzó de brazos, otra vez con esa mirada tan altiva y desafiante. Otra vez tenía todo bajo control, otra vez volvía a ser el de siempre.
-Yo no he dicho que quiera volver. Y no creo que seas un monstruo... pero sí un completo imbécil.
-¿Hola? ¿Y ese ataque?
-¿Hola?- le tocó la frente igual que cuando llamaba a una puerta con los nudillos -Loki, por todos los Dioses. ¿Te oyes cuando hablas? Eres el hijo de Laufey. ¿Por qué no me contaste nada desde el principio? ¿Sabes qué diferente hubiese sido todo? ¿Por qué te empeñas en afrontarlo todo solo?
El moreno le sonreía, con esa cara de no haber roto nunca un plato, de haber sido bueno toda su vida.
-Y aún así, me quieres...- la besó en la frente y la abrazó.
-Claro que te quiero. Y siempre lo voy a hacer. Pero podrías comenzar por confiar en mí.- le miró dura e impasible. -Quiero que lo hagas... y lo harás. O te juro por lo más sagrado, Loki Laufeyson, que desapareceré de tu vida y nunca más me volverás a ver el pelo.
Loki tragó saliva. Por primera vez en mucho tiempo, Sigyn se sentía poderosa ante él.
Otro estruendo, proveniente del castillo, les hizo saber que Byelist los esperaba. Loki le arregló el cuello de la capa y fueron hacia el pequeño puente que los separaba del portón.
Las mejillas enrojecidas y los labios secos sintieron alivio cuando entraron en contacto con el calor del interior del castillo.
-Loki. ¿Por qué hace calor? Sois Gigant... Jotuns. ¿No debería hacer frío?
-Se llama "Cortesía". Byelist sabe qué tipo de seres entran en su País. No va a dejar que te mueras de frío.
-¿Pero el calor no os afecta?- estaba más preocupada por el cambio de temperatura en Loki, que en ella.
-Que no- sonrió él -He vivido siempre en Asgard, ¿recuerdas?
Asintió. Cuando Loki tenía razón, la tenía y punto.
Pero toda la tranquilidad que él le había dado, se esfumó en cuanto miró a los Guardias. No se comparaban a su Dios o a Angrboda en altura. Ellos eran mucho más altos, aunque los ojos y las marcas en la piel eran idénticos.
Le cogió la mano con fuerza a Loki, quien le devolvió el apretón. Aún sin decirle nada, en su cabeza, resonó "tranquila"... y lo intentó, pero era una causa perdida. Aunque tratase a todo el mundo por igual y no hiciera distinciones entre razas, los Gigantes de Hielo le asustaban, o al menos, aquellos, que empuñaban lanzas y otras armas, quietos, mirándoles como si se los fueran a comer. Loki estaba loco. ¿Cómo iba a sentirse segura, si con la mirada de esos seres, ya quería salir corriendo?
Una puerta de madera gruesa se abrió ante ellos. ¿Cuándo habían llegado a la Sala del Trono? Allí habían un puñado de Gigantes más, que por lo visto, no habían distinciones entre los que protegían directamente al Rey, de los que guardaban la entrada o vigilaban los alrededores. Allí, todos vestían por igual. Excepto las criadas, que por lo visto, había pocas.
-Acercaos, hermano...- Esa voz tan dulce y tan suave la hizo estremecer. Era un Jotun. Debería hablar a lo bruto, ¿no? -Tengo curiosidad por ver un Asgardiano.
Cuando se puso de pie, se creyó menos que tuviera aquélla voz tan tranquila y bonita. Era igual de alto que los Guardias... debería sacarle unas dos o tres cabezas a Loki. Era de un azul más grisáceo que los demás, un tono más suave que el del Dios del Engaño. Las escarificaciones parecían maquilladas con purpurina. Tenía el pelo largo y blanco, adornado con una bonita corona en forma de cuernos de algún venado o algún animal parecido. Se preguntó qué clase de animales vivirían en Jotunheim. Sus ojos eran de un rojo más intenso que cualquier Gigante que hubiese mirado hasta el momento y la manera grácil que tenía de moverse, estaba lejos de parecerse a la rudimentaria de los demás.
Byelist y Loki no eran tan diferentes, al fin y al cabo. Los dos destacaban entre un centenar de Jotuns o Asgardianos. No eran musculosos, tenían facciones delicadas, vestían bien y se movían como si caminaran sobre las nubes.
-Majestad- dijo Loki -Ella es Sigyn.
Los ojos carmesíes de Byelist se le clavaron en el alma. Parecía que podía ver a través de ella. Se acercó despacio, temiendo que saliera corriendo si hacía algún movimiento brusco, pero estaba demasiado asustada como para mover algún músculo.
-Lady Sigyn...- le cogió la mano delicadamente y rozó el dorso con los labios -Bienvenida a Jotunheim.
En ningún momento sintió frío. El aliento del Rey Jotun era cálido. Podría decirse que era perfecto.
-Gracias...- consiguió decir.
-No nos estaremos mucho tiempo, Majestad.- empezó a hablar Loki -Si le molestamos, no iremos en cuanto...
-Shh...- le hizo callar con un gesto -Lo primero que debes hacer, hermano, es llevar a esta señorita a secarse y ponerse otra ropa, antes de que enferme.- se giró a mirarla -Y Padre de Todos se volvería loco si se entera de que hemos dejado que le pase cualquier cosa a una asgardiana de su propiedad. -le acarició una onda rubia y sonrió -Mientras estéis aquí, no debéis temer nada- y volvió a besarle la mano. -Lo prometo.
Tragó saliva. Esa mirada de sangre le removía las tripas. Miró a Loki, quién lanzaba maldiciones por los ojos.
-Siento decepcionarlo, Majestad- dijo Sigyn, apartando la mano de la del Jotun -Pero no soy propiedad de nadie.
Byelist sonrió y se dirigió al trono, dónde se sentó, cruzando las piernas.
-Id a descansar. Mañana, en la comida, hablamos con calma.
Loki hizo una leve reverencia. Por lo visto, contra su hermano, no tenía reproches ni quejas, aunque su mirada dijera otra cosa. Ella le imitó torpemente.
-Hex- dijo el Rey Jotun a una de las criadas que había detrás del trono -Lleva a la señorita a su habitación.
-Enseguida, Majestad.
-Loki. Tú quédate un momento. Tengo que hablarte de una cosa.
Loki le ordenó, con un gesto, que siguiera a Hex y que se tranquilizara. Estaba bien, no pasaba nada.
En Jotunheim eran mucho más amables de lo que se hubiese imaginado jamás. Los techos eran increíblemente altos y llamas azules alumbraban los pasillos. Habían cuadros por todas partes y todos trataban sobre batallas; contra Elfos Oscuros, Asgardianos... ¿Cuánto debían haber sufrido a lo largo de la Historia?
-Esta es su habitación, señorita.- la Jotun le abrió la puerta.
-Gracias, Hex. Muy amable- le sonrió.
La puerta se cerró tras de sí, quedándose, con la boca abierta, en una habitación espectacular. Alfombras, tapices y cortinas decoraban las ventanas, el suelo y el dosel de la cama. Una cama gigantesca para ella sola.
La chimenea crujía al fondo, dándole calor a toda la estancia.
Se acercó a un ventanal. Ahí fuera, el viento soplaba con fuerza. Parecía mentira que un simple cristal la mantuviese a salvo del frío atroz del exterior. Volvió a echar un vistazo a la habitación y divisó lo que estaba buscando. Entró en el baño y se acercó a la gran bañera que se extendía ante ella. Ya estaba llena de agua, y caliente, por lo que comprobó cuando metió la mano dentro.
Todo aquello estaba controlado por Magia. Definitivamente, Loki y Byelist no eran tan diferentes.
Una luz clara la despertó. Estaba bocabajo, tapada hasta la cintura, de cara al ventanal. La leña de la chimenea se había consumido hacía algunas horas, pero no hacía frío en la habitación. Se giró lentamente hacia el lado izquierdo.
Loki dormía plácidamente, de lado, dándole la espalda. Se acercó y empezó a hacer dibujos sin sentido en ella, con la yema de los dedos, procurando ser lo bastante suave como para no estropear el dulce sueño de su amado.
Cerró los ojos y suspiró... y sonrió.
-¿Se puede?
Sigyn salía del baño, cuando Loki picó a la puerta.
-Sí, claro. Pasa.
-Lo siento, no sabía que te estabas bañando...
-Tranquilo. Ya he acabado.
Se giró y continuó secándose el pelo con una toalla.
-¿Y ese camisón?- dijo, cerrando la puerta.
-Estaba en el armario- le contestó ella, sentándose en los pies de la cama.
-¿Estás más tranquila?
-Sí. Y Byelist...
-Si vuelve a mirarte como lo ha hecho, juro por todos los Reinos del Yggdrassil que lo mataré con mis propias manos.- la miró con esa ira homicida que, por desgracia, se había acostumbrado a ver en él.
-Iba a decir que Byelist me ha parecido genial.- Loki frunció el ceño. -No me mires así, ha sido muy amable.
-Sí, pero eso no le da derecho a nada más.
-No ha hecho nada más.
Loki se arrodilló ante ella, con ese gesto serio que le caracterizaba.
-Y no lo hará...- le quitó la toalla de la cabeza -Porque tú eres mía.
Y sin esperar respuesta, aplastó sus labios en los de ella. Luchó un poco contra él, antes de encontrarse en aquella cama gigantesca, con Loki encima, besándola como si le fuera la vida en ello.
-Creía que había quedado claro que no soy de nadie...- consiguió decir cuando recobró el aire.
-NO. Tú eres mía. Siempre lo has sido...- le desató lentamente los lazos del camisón, liberando sus pechos- … y siempre lo serás.
Dejó escapar un gemido cuando Loki atacó con la lengua su pezón derecho.
-Loki... Deberíamos esperar a que...
-No.- puso su cara a la misma altura que ella. -He esperado mucho... y ya no me aguanto más.
¿Y para qué alargarlo más, si ella estaba igual? Ya no soportaba estar sin él. Había deseado eso desde hacía mucho tiempo y, ahora que por fin estaba pasando, ¿le iba a frenar?
Quería más caricias de Loki, que la tocara más, que la besara más. Cada rincón de su cuerpo se moría por él desde hacía años. Los brazos de Theoric la consolaron pero nunca llegaron a llenarla, como lo hacía una sola caricia de su Loki. Tembló al notar un cosquilleo en el estómago y no era porque la lengua del moreno fuese bajando por su cuerpo, sino, una emoción que la invadió por completo. Como él había dicho, era suya. Siempre lo había sido, desde que nació. Estaba escrito en las Estrellas.
Loki la miraba mientras le lamía el torso, el pecho... y seguía bajando. Ella le sostuvo la mirada, hasta que un escalofrío, provocado por el contacto de la lengua de Loki en su parte más íntima y sensible, la volviese hacer gemir de nuevo. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo cada lamida, cada beso, intensamente. Se tapó la boca con las manos, se moría de la vergüenza, pero Loki, sin alejar la boca de ahí abajo, le apartó las manos.
-Deja que te oiga, mi Amor...- le susurró, poniéndose a su altura otra vez, acunándole el rostro entre las manos. -Deja que te haga todo lo que siempre he soñado... todo lo que siempre quise hacer contigo... todo lo que deseo...- a cada pausa, aprovechaba para besarle.
-Me da vergüenza... gemir...- notó cómo le subió la temperatura de las mejillas.
-Pues a mí me encanta oírte.- volvió a besarle. -Es la prueba de que disfrutas conmigo.
-Sí, pero...
Loki la silenció con el besó más apasionado que le hubiese dado hasta el entonces. Su boca se llenó con su saliva. Su lengua tenía vida propia y no dejaba de danzar con la de él. Le encantaba que le succionara el labio inferior y que la mirara a los ojos mientras lo hacía.
Se deshacía entre sus brazos.
Mientras se comían a besos, empezó a desabrochar cada botón de la camisa del Dios, que enseguida la ayudó, desesperado porque su piel entrara en contacto con la de ella. Loki suspiró sin separarse de su boca, empezando a frotarse contra ella, en su entrepierna.
-Loki, por favor...
Quería arrancarle los pantalones y que le hiciese el amor de una maldita vez, pero él le tenía las muñecas aprisionadas contra el colchón. Decidió abandonarse al placer que sentía y se olvidó de todo pudor, sintiéndose libre para gritar a los cuatro vientos que quería más, que necesitaba más de él.
Se agarró a su pelo, en cuanto le soltó las manos, y le abrazó la cintura con las piernas. Una presión en la parte baja de su vientre le advirtió de que pronto llegaría al clímax, así que se apretó todo lo que pudo al cuerpo de su Dios, comiéndole la boca, gimiendo en ella, hasta que todo se volvió negro y el mundo desapareció a su alrededor. El orgasmo la cegó, petrificándola en la postura que había adoptado para llegar a él.
Respiraba con dificultad, pero eso no le impidió que se echara a reír, relajando su cuerpo, cayendo en el colchón a peso muerto.
-¿De qué te ríes?- le dijo Loki, quitándole por completo el camisón.
-Shh... calla.
El moreno alzó una ceja. Sigyn se incorporó, obligándole a apartarse de encima de ella. Le besó con ternura, con cuidado, con delicadeza y, lentamente, lo sentó en la cama, imitando la postura que había tenido ella hacía unos segundos. Al igual que él, empezó a lamerle el cuello, el pecho y continuó bajando.
-¿Sigyn...?- sentía cómo Loki se esforzaba por mantenerse cuerdo, pero la respiración entrecortada, le delataba.
-Shh...
Besó el camino de vello que empezaba en el ombligo y se escondía en sus pantalones. Le desató los cordones de éste, abriéndolo y liberando lo que siempre le había pertenecido. Acarició el miembro que se erguía ante ella, besando de vez en cuando. Loki, que se había incorporado y apoyando en los codos, echó la cabeza hacia atrás y suspiró largo cuando Sigyn lo abrazó con la boca. Las manos del Dios se enredaron en su pelo, pero nunca llegaron a hacer presión. Una pizca salada le hizo entender que Loki llegaba al punto del no-retorno, pero, como siempre, siempre iba un paso por delante que ella.
La cogió en volandas y volvió a estar encima de ella. Flexionándole una pierna, entró en ella, despacio, llenándola por completo, hasta que se paró en el tope, dejándola respirar, que se acostumbrara a él. Entonces sí que no pudo evitar gemir como lo hizo.
-Me encantas, Sigyn...
Lo sintió. Esa punzada en el pecho. La misma que, muchísimos años atrás le dijo que Loki sería el único hombre al que amaría. La misma que sintió cuando él se marchó... y cuando regresó. Ese mareo que la dejaba al borde del desmayo, cuando tenía ganas de llorar y reír la mismo tiempo, pero las emociones se le quedaban clavadas en el pecho y ninguna acababa de salir.
El sexo que estaba disfrutando con Loki, a parte de que era lo que deseaba hacer desde que la tocó por primera vez, lo estaba recibiendo como una promesa; un acto con el que se comprometía a estar junto a él para siempre. Ya no eran críos. Las cosas ya no se solucionarían huyendo o encerrándose en una habitación, a llorar, hasta que se pasara el berrinche. En ese momento, se acababan de convertir en adultos. En uno en el otro.
-Te quiero...- balbuceó, a causa de las embestidas de Loki y de las lágrimas que empezaban a escaparse.
Él le sonrió, besándole los párpados, calmándola con caricias. Aunque no le hablara, recibía todas sus señales, todo lo que sentía y tenía guardado. Esa conexión imaginaria de la que siempre habían gozado, ahora era algo real, algo palpable.
Arañó su espalda con la yema de los dedos. El sudor hacía su piel resbaladiza y brillante. Y, por segunda, volvió a desaparecer todo a su alrededor. Se quedó clavada a sus omóplatos, hasta que él también cesó y clavó su vientre en el suyo, descargándose en ella, liberándose, gimiendo con un rugido animal en su cuello.
Aún notaba una punzada de dolor en la cadera. Loki la había tomado con pasión y ganas y eso, dejaba huella; aunque fuera una pequeña molestia. Se abrazó a él, sin poder dejar de sonreír.
-Te quiero...- le susurró en la espalda, que no dejó de besar ni acariciar con la punta de la nariz.
Cuando la mano de Loki agarró la suya, se sobresaltó, dando un respingo.
-Shh...- sin abrir los ojos, el morenos se dio la vuelta, para tenerla de cara. -¿Qué hora es?
-No sé... creo que es de día.
Loki abrió un ojo, frunciendo el ceño y volvió a cerrarlo, sonriéndole y acariciándole la cara a ciegas.
-Buenos días, mi Amor...
-Buenos días...- le imitó.
HOLAAAA!
Sí, podéis maldecirme XD He tardado la vida en actualizar! Pero no tenía inspiración y, cuando la tenía, el ordenador estaba en el taller T_T En fin! Que ha sido un poco caótico, todo, pero ya está!
Ya he vuelto y, con lo prometido: El lemmon! Por fin, Loki y Sigyn se acuestan. Al principio, Loki parece como desesperado, pero entendedle. POR FIN va a acostarse con la mujer que quiere! Y, después de todos los contratiempos y demases que han tenido, no quiere perder el tiempo.
Sigyn se siente liberada con él. Este ha sido desde la perspectiva de ella, pero el próximo, será desde la de él. Porque ella se siente libre, ha crecido en sus brazos, pero él también. Además, que es su Sigyn, no es otra más. Pues eso, que ya haré uno desde el punto de vista de él.
El momento transformación de Loki en Jotun delante de ella, se me ocurrió escuchando "This is war" de 30 Seconds to Mars (LOS ADOROOOOO!) y es la escena que me empujó a escribir el fic en general, así que quería que quedara bien (espero haberlo conseguido, vosotros juzgáis)
Byelist me lo he imaginado como Thandruil, pero en alto y azul jaajajajjaa No sé por qué, pero es así. Cuando le describría, tenía a Lee Pace ahí, en mi cabeza danzando xD
Pues eso es todo de momento, patitos!
A ciencia cierta, no sé cuándo actualizaré. Lo que sí puedo decir es que no tardaré tanto, porque en el trabajo me han pasado al turno de noche y tendré más tiempo para escribir :D y el ordenador está recién arreglado, así que... no tengo excusas!
Mil gracias a los que os tomáis la molestia de leerme :) Ya sabéis que las críticas (tanto buenas como malas) son bien recibidas! :D
BESOTES! (sobretodo a mi Freak Elsa :) que te quiero!)
