Otro capitulo de golpe, espero lo disfruten ^^
Disclauimer: Personajes y Entorno de JK Rowlin, la historia y las situaciones en las que he decidido entrometer a sus personajes, son mías ^^
CAPITULO XXVI.- "Me perteneces"
Un par de puntos luminosos se encendieron en la oscuridad… primero habían comenzado como unas diminutas rendijas, pero casi cinco segundos después se abrían por completo examinando todo a su alrededor… el miedo y la sorpresa los hacía brillar con intensidad.
¿Su dueño? Aquel muchacho apuesto de ojos castaños miraba a la oscuridad tratando de comprender donde estaba, y lo más importante, ¿Qué rayos hacía en aquel lugar? … Los puntos desaparecieron por un momento, el chico había cerrado los ojos tratando de contener un grito de dolor, no debió de tratar de mover de aquella manera la cabeza.
Comenzó a hacer un recuento de su estado, tenía un terrible dolor de cabeza, y la boca le sabía a óxido de sangre y al mismo tiempo vomito… aquello era muy desagradable, y le dieron muchas nauseas, por desgracia, él presentía que ya había vaciado todo el contenido de su estomago con anterioridad… y en más de una ocasión.
Movió lentamente su cabeza en busca de un rayo de luz, trataba de distinguir algo que le dijera donde exactamente estaba, o lo que hacía, o cualquier cosa.
No llevaba ni cinco minutos consiente, y el silencio comenzaba a volverlo loco. Nada, ni el caminar de un roedor, ni el zumbido de una mosca, ni nada fuera del sonido de su respiración entrecortada y los leves quejidos que no alcanzaba a contener.
Sus ojos, se acostumbraron poco a poco a la penumbra que le rodeaba. En realidad no había mucho que ver, lo único que alcanzaba a distinguir, no hizo más que confirmarle lo que había deducido solo: Estaba en una especie de Mazmorra-Calabozo.
Sus brazos fijados a la pared por medio de un par de grilletes le impedían movilidad y comodidad. Sus piernas estaban sueltas, a excepción de algo en sus tobillos. Tal vez un grillete más, pero cuando menos las podía mover… si estaba dispuesto a soportar el dolor que moverlas le causaba.
Le sorprendía sentir como si le hubiesen dado una paliza y sin embargo estaba consciente de que todo su uniforme estaba en perfecto estado, además, del hecho de que no se sentía sucio, como cabría de suponer si alguien le hubiera arrastrado la cara contra la piedra de aquel lugar. Cosa muy probable por el dolor que en ella sentía.
Respiro con profundidad dos veces, y en ambas sintió como si una hilera de clavos le presionara los pulmones, como tratando de partirlos a base de presión… Aquello a pesar del dolor, le ayudo a aclara su mente. ¿Qué era lo que recordaba de la noche anterior?
Si, había estado al pendiente de Hermione, al parecer había discutido con Malfoy, porque cada uno se sentó en su mesa y no se lanzaron si quiera una mirada. Lavender noto que él estaba distraído, le reclamo por medio de leves gemidos y pedidos de atención que ignoró toda la cena.
La Gryffindor lo obligó a acompañarla a su sala a pesar de lo renuente que él se sentía a hacerlo. Pero lo hizo. Después… ¿Qué había pasado después?... ¡Ah sí! Había esperado junto a la entrada de los Leones a que la antes Castaña apareciera, pero eso no había sucedido. Rendido, a las 12 menos cuarto. Decidió ir a su sala.
Metió las manos en los bolsillos de su pantalón –que era como solía caminar cuando estaba solo- y encontró algo que no debería de estar ahí. Una nota… bueno, no era una nota como tal, más bien el horario de las rondas de prefectos y Premios Anuales.
Soltó un grito y un salto de victoria. A Hermione le correspondía la ronda del tercer piso esa noche. ¡Qué idiota! Nunca se le ocurrió pensar que aquel itinerario ni siquiera debió de estar en sus pantalones. Pero evidentemente no le interesó.
Se reclamó su estupidez en la oscuridad de su prisión. ¿Había acudido en su búsqueda? ¡Claro que sí! Si no, no estaría ahí, adolorido, y encerrado… ¡Demonios! El más inepto de los aurores se estaría revolcando en la tumba al ver lo idiota, lo realmente imbécil que había sido.
Pero como con reclamarse, no conseguiría ni madres… mejor volvió a tratar de pensar que había sucedido después.
Corrió, de hecho, casi se iba de boca en el último tramo de escaleras al tercer piso. Salvo su perfecto perfil gracias a Merlín que le dio reflejos suficientes para agarrarse del barandal de piedra… Y la miro.
La vio caminar pausadamente por un pasillo frente a él. Parecía estar revisando un papel, en sus ojos se veía un brillo especial, estaban al parecer húmedos, tal vez había estado llorando y en ese momento leía algo para tranquilizarse. Si, esa era la clase de cosas que ella solía hacer, o más bien que él creía que ella solía hacer.
Se acerco con paso lento y elegante, dispuesto a todo… ¡A todo!
- Ese idiota no te merece, y lo sabes –dijo como si nada interrumpiendo el aparentemente distraído caminar de la chica.
Hermione se giro abriendo mucho los ojos, lucía sorprendida de que él estuviera ahí, lo que lo confundió un poco, él habría dado su brazo derecho apostando a que había sido la chica la que le había hecho llegar la nota.
- ¿Y quién sí? –preguntó luego de unos momentos, en los que trato de superar su sorpresa.
- Yo, por ejemplo –se acerco más.
Ella lucía como una delicada gacela sorprendida por los faroles de una camioneta muggle a la mitad de la calle. Y él quería ayudarla… bueno, más bien la quería para protegerla y que nadie le tocara un solo cabello, que fuera SOLO de él.
- ¿Tú? –Sonaba dudosa- Tú me metiste en esto.
Le partió el alma ver como sus ojos se llenaban de nuevo de aquel liquido con el que él había fantaseado tanto, esas lágrimas le pertenecían, él y solo él era el dueño.
- Ven aquí. –abrió los brazos hacía ella, invitándola a acurrucarse contra su pecho. A sellar con ese gesto que le pertenecía.
Ella lo contemplo con la mirada acuosa, su labio inferior tembló levemente y dio un paso hacia adelante, pareció dudar en acercarse o no. Así que él fue el que se acerco y la atrapo entre sus brazos. Dispuesto a defenderla contra todo.
En el calabozo, sintió el calor del cuerpo de la chica contra el suyo. Sintió de nuevo su respiración, de nuevo sus pequeñas manos apoyándose contra su pecho, de nuevo pudo ver los brillantes ojos de ella alzándose hacía los suyos, y esa diminuta boca con esos deseables labios acercándose a los suyos. Sintió de nuevo la frescura de esa boca contra la suya y se relamió encadenado como estaba. Hasta que recordó también, que al separarse, los labios de ella estaban curvados en una sonrisa.
Abrió los ojos asustado. Nunca había visto una sonrisa tan cruel, una mirada tan dura, unos dientes tan tremendamente perfectos y coquetos asomándose peligrosamente en rostro tan malévolamente inocente.
"¿Y después? Vamos, trata de recordar que paso después" Se obligo haciendo uso de todo su auto control para detener los escalofríos que le recorrían la columna vertebral al recordar aquel rostro.
- Me perteneces –dijo aquella voz. Esa frase la había esperado desde hacía ya varios meses, casi un año, pero se la había imaginado en un tono ronco y agitado, no en ese frío y peligroso- Acudiste a mí, ahora, eres mío.
Y fue cuando lo comprendió todo. Ella no había corrido a sus brazos, Él lo había hecho, y no solo eso, además, había caído en una trampa, en la misma trampa que él le había tendido a la chica.
Un hechizo, un encantamiento; viejo, complicado, peligroso y como todo lo que valía la pena, prohibido.
Ella se deshizo de sus brazos sonriendo triunfalmente y detrás, a su espalda, pudo distinguir un par de ojos grises que no había visto antes. Vio la burla en ellos, y vio su propia derrota. Sus brazos cayeron a un lado, víctimas de la gravedad. Y una corriente helada le levanto cada cabello de su cuerpo.
Draco Malfoy salió a la luz de la ventana y tomo a Hermione por la cintura acomodando su barbilla sobre el hombro de la chica. La mirada y la sonrisa de ambos eran exactamente iguales. Ambas expresiones llenas de triunfo; se sabían más cerca que nunca de la victoria, y él les había facilitado las cosas.
La chica levantó su varita y apenas susurro un hechizo… ¿Cuál? No estaba seguro, él se quedo perdido en esos ojos miel vacios, en esas cuencas profundas y huecas…
- ¡Señor McLaggen! Si no presta atención, ira directo a mi despacho esta noche.
La voz de la profesora Mc Gonagall llego hasta él… venía de algún lado, del centro de él y al mismo tiempo de toda su prisión. Cada piedra parecía gritar con el agudo tono de la jefa de Gryffindor.
Y entonces, su propia voz balbuceando una disculpa. ¡Pero él no había abierto la boca! ¿Qué sucedía?
Miro como loco a su alrededor, no le importaba el dolor, no le importaba nada. Quería salir de ahí, huir. Avisarles a los demás que él ya había caído. Trato de liberar sus manos y soltó un grito de ira y dolor al lastimarse la muñeca derecha. Sintió como la sangre comenzaba a correr por esta y cuando bajo la vista para examinarla, no había nada.
Sintió terror. El dolor era verdad, ¿Por qué no había sangre si él aun la sentía deslizarse sobre su piel?
Un grito agudo a su lado y una maldición fueron seguidos por la voz de la profesora Mc Gonagall acercándose y regañándole por hacer tanto escándalo en su clase. Luego un grito ahogado de la mujer y un: "¡Pero por Merlín! ¿Dónde se ha lastimado así? Vamos, tú, acompáñalo a la enfermería"
No entendía, la cabeza le daba vueltas… ¿Qué sucedía? ¿De dónde venían todas esas voces?
- Cuando entre aquí, realmente nunca creí que fuese un lugar tan vacio –dijo una voz ajena a él, se sintió mejor cuando descubrió que no venía, como el resto, de todos lados a su alrededor y al mismo tiempo de él mismo - No cantes victoria- dijo la misma voz fríamente- o bueno, cántala si se te da la gana. De todos modos nadie te va a escuchar.
Reunió fuerzas sin saber de dónde, tratando de ignorar toda la perorata que se escuchaba a su alrededor, todas las voces, los sonidos de los pasos, el ruido de las sillas arrastrándose a su alrededor… se concentró solo en esa voz.
- ¿Quién eres? -preguntó mas valientemente de lo que en realidad se sentía.
- ¿Yo? una sombra –respondió cantarinamente y frente a él se materializo una figura vaporosa, apenas distinguible en aquella oscuridad- Soy una parte de tu dueña.
- ¿Hermione? –pregunto esperanzado y si, debía admitirlo, aterrado- ¿Qué paso, donde estoy que sucede?
- Tú, estas en ti mismo. Encerrado para siempre dentro de tu propia mente –respondió sin ninguna emoción, como si de una clase de transformaciones se tratase- sin control sobre tus actos, sin decisión sobre nada –su mirada estaba clavada en él, la misma mirada vacía que había visto la noche anterior- ¡Bienvenido a tu prisión!
Levanto los brazos señalando todo alrededor. Ese mugriento calabozo que según ella había explicado sería su prisión.
- ¡No puedes retenerme aquí! –Exclamó asustado- alguien me echara de menos, mis padres, mis amigos… ¡alguien!
- No eres tan importante –espetó ella aplastando la posibilidad como si de un mosquito se tratase- además, nadie te echa de menos, porque sigues con ellos.
- No… no entiendo –susurro él. Realmente no comprendía nada de lo que estaba sucediendo.
- Te lo explicaré, simple y llanamente, para que sepas la magnitud de tu castigo –la figura se recargo en el muro frente a él… si es que un ser incorpóreo podía recargarse en algo sólido.- Tu cuerpo, sigue órdenes de mí. Tú cuerpo, hace lo que yo le digo que haga, tu cuerpo no es más que un títere dispuesto a mi capricho.
Sonrió de lado. Y esa sonrisa se iba ampliando de forma proporcional a como los ojos del chico se abrían sorprendidos.
- Para Malfoy, para ti y para mi, tú estás aquí, para los demás, sigues en el colegio, haciendo tú vida normalmente, nadie sabrá nunca que estas aquí, nadie lo notará por que tarde o temprano no importará. Porque tarde o temprano, todas las voces, todo lo que sucede a tu alrededor terminara por volverte loco, serás espectador de tu vida, pero solo eso, un espectador. Rabiaras, gritaras, querrás morir, pero no puedes hacer nada para dañarte. Nadie escuchará tus gritos. Nadie, escuchará tus súplicas. Y Nadie acudirá cuando estés al borde de la demencia y supliques por la muerte…
La piel del chico perdió todo rastro de color conforme ella hablaba y explicaba. Las voces que resonaban en cada poro de su piel se quedaron mudas por un momento mientras el rostro del espectro que estaba frente a él parecía iluminado por la propia perfección de aquel castigo…
Ella soltó una carcajada despectiva y prosiguió en el mismo tono.
- Y cuando estés completamente loco, y ya no me sirvas. Hare que te quites la vida con tus propias manos… ¿Y sabes que es lo hermoso de aquella muerte? –espero la negativa del chico, que llego lentamente solo con un movimiento de su cabeza- Que al morir tu cuerpo de tu propia mano, tú, te quedarás encerrado en tu mente por el resto de la eternidad.
- ¡ZORRA!
Grito al borde de una ataque neurótico. ¡Aquello era demasiado!
- ¡NO ERES MAS QUE UNA MALDITA PUTA GRANGER! ¡LE VENDISTE TU ALMA A MALFOY! –luchaba por liberarse, quería atrapar el delgado cuello de la chica entre sus manos, demostrarle que él no perdería, que él era mejor que ella, que él…
Dejo su lucha al caer en cuenta de que él. Había perdido. Y como una simple afirmación a aquel hecho, la aparición se desvaneció y todas las voces volvieron a acosarlo. No veía ¡Pero escuchaba todo! ¿Cómo conservaría un poco de coherencia si no podía siquiera distraerse?
Una última carcajada del espectro de Hermione fue lo último que escucho proveniente de un sitio que no fuera el mismo y su prisión.
Bueno personitas lectoras, espero les haya gustado, personalmente, a mi me encantó esta venganza, no se me ocurre algo mas malvado para algien... este chico si que lo va a sufrir, jeje
Bueno, les debo el dato curioso, como mencione con anterioridad me siento mal T_T
Saludos y dejen Revs ^^
