Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Me he tardado toda esta tarde haciendo el capítulo, no me podía ir sin antes dejarlo hasta donde Maru tiene que tomar la decisión. No sé si quedo bien o no pero espero que sea lo suficientemente decente para su propósito.
Me disculpo de antemano.
Como siempre gracias por sus reviews. Sobre lo de que causo gracia, bueno no era la intención pero de causar gracia a no cuadra nada, pues por lo menos que provoque algo aunque sea pena. Veamos que tal queda este.
.
— o —
.
—¿Y bien? —solicito Kurosawa-dono a la mujer que se encontraba frente a él de rodillas con la cara encima del suelo.
—La chica está en condiciones —anunció para regocijo del amo de la casa—, se debe aprovechar la ventana de fertilidad que tendrá en estos días antes de que pasen tres noches de luna y tenga que esperar un mes más.
—¡Muy bien! —exclamó satisfecho con una sonrisa—. ¡Traigan a mis hijos! —se giró para dar la orden a un par de guardias que aguardaban en la sala principal para luego volver a la mujer—. Anda a tener todo listo para que se lleve a cabo.
Despidió a la mujer que se retiró con una reverencia dejándolo solo. Aunque no habían sido los únicos en oír la noticia. Una joven de cabello tinto estaba escuchando la conversación detrás de un shōji oculta de los ojos curiosos de los otros guardias y del amo atenta a todo lo que pudiera obtener de información. Estaba allí por las indicaciones de su querida prima quien la requería como sus ojos y oídos ante los movimientos de Kurosawa-dono.
No tardaron mucho los guardias en traer hasta la sala a los dos prisioneros, tanto Dia como Kanan traían sus ropas sucias y desgastadas aún con los rastros de la sangre derramada hacía unos días. Sin embargo de los dos, era Dia quien se veía en las peores condiciones. La chica no lucía su semblante natural, la pesada carga de sus culpas la había desgastado tanto al estar pensando una y otra vez en lo que podía sucederle a su esposa que su cuerpo no había descansado ni repuesto sus fuerzas o curado del todo sus heridas.
Los obligaron a arrodillarse manteniendo la cabeza agachada por la fuerza y con las manos y pies atados como si de animales se tratasen. No había concesiones para ellos ni siquiera por su linaje. Kurosawa-dono inspeccionó a cada uno para evaluar su estado físico, retirando a los hombres que los mantenían con la cabeza baja a sus hijos, ambos alzaron la mirada para cruzarse con la suya.
—¡¿Sabes la importancia de la falta que has cometido?! —dijo acercándose a su hija—. Las tropas del clan Takami se preparan para entrar a la guerra una vez acabe el invierno —Dia lo miro para después guiar su vista al suelo llenándose de vergüenza—. Lo de Numazu no fue más que un calentamiento para medir sus fuerzas y esperar a que se erigiera un nuevo heredero del daimyō.
—Lo lamento padre —hizo su súplica aunque está fue despreciada por el hombre mayor.
—Heredero que no ha llegado gracias a tu obstinación y a la estupidez de tu hermano por consentir tu falta —alzó la voz sobre los dos jóvenes—. El retrasar lo inevitable solo traerá desgracia sobre la gente que dirigimos, tienes que ser consciente del deber que cae sobre tus hombros y las responsabilidades que tienes que asumir como futuro daimyō de estas tierras.
—Lo entiendo padre, pero para asumir tales tareas no voy a pasar por encima de una chica inocente —Dia miró a Kurosawa-dono con fuego en sus ojos manteniendo su vista fija en él.
—¡¿Aún persistes?! —gruñó enojado golpeando en la cara a su hija con una bofetada.
—Kurosawa-dono, es su hija legítima —intervino Kanan para evitar que volviera a golpearla.
—¡Tú cállate! Ni siquiera tienes el derecho de opinar cuando no has cumplido con tu deber tampoco —esta vez se giró para golpear a su otro hijo—. ¡Todo está listo para asegurar a mi futuro heredero y espero que en esta ocasión puedas cumplir con mis órdenes!
—¡Eso jamás lo permitiré! —Dia hizo el intento de incorporarse pero el impedimento de las ataduras en sus piernas no le dejaron hacer mucho más que tropezar y caer al suelo.
—¡Maldita niña necia! —exclamó iracundo—. ¡Llevenla al patio! —los guardias la tomaron para arrastrarla a pesar de que opuso resistencia.
—No voy a hacer lo que deseas si lastimas de nuevo a mi hermana —dijo como amenaza.
—¡Tú te apegaras a las órdenes de tu señor o de lo contrario ella sufrirá las consecuencias! —Kurosawa-dono hizo una señal y otros guardias tomaron a Kanan para conducirlo al mismo lugar.
.
—
.
Riko al oír lo que iban a hacer salió de su escondite de inmediato corriendo para llegar hasta los aposentos de Hanamaru-san. Estaba por llegar para dar la noticia a Yo-chan cuando fue interceptada en el camino por You-kun que la detuvo atrapándola entre sus brazos.
—¿Qué es lo que sucede? —la interrogó jalandola a un rincón poniéndola contra la pared.
La chica se sonrojo de manera salvaje al ver la posición en la que se encontraba, la mano de You-kun estaba a un lado de su cabeza mientras la otra la mantenía fija de la cintura para evitar que escapara.
—Kurosawa-dono ha liberado a sus hijos, es tiempo —Riko trató de hacer a un lado al chico pero este se pegó con más fuerza sobre ella.
—Ve con Yo-chan y el monje, yo me encargo de llevar a Maru-chan —le dijo no sin antes acercar su rostro al de Riko.
El beso tomó por sorpresa a la joven Sakurauchi que no pudo negarse, por el contrario lo recibió con entusiasmo aferrándose a su espalda. Después de todos esos días en los que You la había prácticamente ignorado aún cuando pasaban parte del tiempo juntos haciendo sus labores en la casa. Aquello le hizo recordar que su amor no se había olvidado de ella de esa manera.
Un par de lágrimas se deslizaron de sus ojos aún cuando los mantenía cerrados con fuerza aferrándose a sentir el contacto de esos labios que la hacían sufrir con su indiferencia. Dejó que su lengua delineara el labio inferior de You que entreabrió su boca para recibirla compartiendo un profundo beso. El chico se separó suspirando con algo de dolor por perder el sabor de los labios de su delirio. Riko trató de atraerlo de nuevo pero You la detuvo, no había mucho más tiempo que perder.
—Anda ve y tengan todo listo —pronunció casi en un susurro afectado aún por sus sentimientos.
—No te estás despidiendo de mi, ¿verdad? —dijo Riko apoyando su frente en la de You.
—De ningún modo —le dió otro fugaz beso—, aún tengo cuentas por saldar antes de despedirme de ti.
You despegó su cuerpo liberando a Riko que de inmediato hecho de menos la proximidad de su calor y tuvo que aguantarse las ganas de volver a tocarlo.
Sin decir una palabra más ambos tomaron rumbos distintos.
.
—
.
Hanamaru estaba impaciente e inquieta viendo cómo aquella mujer había irrumpido en su habitación exigiendo que todos salieran para que pudiera hacerse cargo de alistarla. Yohane había peleado literalmente para evitar dejar sola a Maru, sin embargo You la había tenido que sacar por la fuerza del cuarto. Aún así pataleo negándose a obedecer y Mari intervino ofreciéndose a relevarla de su labor para calmarla. A regañadientes había aceptado aunque por lo bajo You le había dado la orden de ir en busca de Kunikida-san para preparar la salida.
Yohane no perdió el tiempo y en cuanto hubo salido fue en busca del sacerdote. Mari permaneció al lado de Maru con You montando guardia afuera hasta la llegada de Riko.
Una vez la despidió volvió a entrar en la habitación manteniendo su semblante imperturbable. Miró alrededor dándose cuenta de lo que la partera estaba haciendo preparando un brebaje y su ayudante poniendo todo listo en un futón cercano. You se mordió el labio y apretó los puños lleno de impotencia al ver lo que se disponían a hacer. Su rostro, por unos instantes, se tornó a un gesto de asco para luego volver a su usual ceño fruncido para evitar mostrar algún otro sentimiento.
Mari lo vio inclinando la cabeza dándole el gesto que esperaba para actuar. Con decisión encaminó sus pasos hasta llegar donde su prima y sin pedir permiso la tomo para llevársela.
—¿Qué es lo que está haciendo? —la partera lo cuestionó poniéndose en el camino a la salida.
—Tengo que llevarla conmigo de inmediato —dijo You hablando con autoridad y seguridad para no dejar lugar a dudas.
—Ella no puede dejar esta habitación —la mujer no se movió de su lugar.
—Son órdenes del amo y señor, él ha liberado a sus hijos y pide la presencia de hime-sama —se mantuvo firme sosteniendo del brazo a Maru que se sobresaltó al oír eso.
—¿Dia-san ha salido ~zura? —miró con angustia a You que aún mantenía su vista fija en la partera—. ¡Necesito verla! ¡Llevame con ella, por favor!
—¡Oh! Kanan-san ha sido liberado también —se oyó la voz de Mari—. En ese caso debemos acudir de inmediato si son las órdenes de mi querido suegro.
La joven rubia se acercó hasta Maru que aún se mantenía suplicante a su primo para llevarla. Mari la tomó del otro brazo para calmarla y juntos avanzaron pero ni aún así la partera se movió de su sitio.
—Apártese mujer —ordenó la chica de manera autoritaria—, Hanamaru-san debe acudir con su esposa.
No pasó desapercibido para la mujer que You se llevó la mano libre a su ninjatō preparado para usarla si era necesario. Al ver esto, la partera se hizo a un lado y dejo pasar a ambos.
.
—
.
Al salir del cuarto los pies de Maru se mostraron deseosos de ir tras Dia suponiendo que la encontraría en la sala principal, sin embargo los pasos de You no la estaban llevando hacia ese lugar lo cual la confundió.
—¿A dónde vamos You-kun? —la chica luchó para tratar de sacarse el agarre del chico pero sus intentos resultaron inútiles.
—Te vamos a sacar de aquí —fue su respuesta en voz baja aferrándose más a su brazo para no dejarla ir.
—¡¿Zura?! ¡No You-chan, tengo que ir a ver a Dia! —Maru forcejeo con él ahora con su otro brazo libre pues Mari la había soltado.
—¡No podemos hacer eso, Dia-san dió la orden de sacarte de este lugar! —oír qué Dia había dicho eso la sacó de balance.
—¡No ~zura! ¡No me puedo ir dejándola sola! —suplicó y recordó en ese instante que Mari también estaba allí y se giró a pedir su ayuda—. ¡Mari-san por favor, llévame con ella!
La esposa de Kanan sonrió de medio lado en una fugaz sonrisa que oculto de inmediato, como esperaba Hanamaru estaba haciendo lo que se esperaba de ella. Le guiño un ojo a la chica y paró los pasos de You poniéndose enfrente de él.
—Mi querido You-kun —puso un dedo sobre su pecho subiendolo hasta su barbilla—, tu maestro te llama —se acercó a él de forma seductora—. Kanan-san tiene una orden que debes acatar —su rostro se aproximó hasta su oído y le susurró—. Tienes que llevar a la chica con él, mi pequeño soldadito.
You se quedó de piedra, completamente perplejo mirando con sus ojos desorbitados a la rubia que sonreía con malicia hacia él. Maru no entendió de qué estaban hablando ni porque You estaba reaccionando de esa manera.
—Usted… —quiso decir algo pero Mari lo calló.
—¡Aahh! ¡Sshhh! Ni una palabra —la rubia le volvió a hablar al oído—. Puedo ver porque Kanan se siente atraído por ti, pero yo soy su esposa… aunque tal vez me gustaría jugar contigo un rato en agradecimiento a tu trabajo —Mari le mordió el lóbulo de la oreja y eso hizo reaccionar a You que se retiró asustado.
—Yo… usted… —apretó los dientes con fuerza—. ¿Qué es lo que quiere?
Sin darse cuenta en su enojo, You ejerció mayor fuerza a la mano donde sostenía a Maru y está se quejó pero ninguno de los dos le hizo caso.
—Es sencillo mi pequeño soldadito, todo lo que tienes que hacer es asegurarte de que ella llegue a tiempo a ver a Dia —le guiño un ojo—, lo demás de lo diré sobre la marcha.
.
—
.
Regresaron sus pasos esta vez yendo hacia la sala principal, no había pasado demasiado tiempo desde que Día y Kanan habían sido llevados al patio. Al igual que la primera vez que Hanamaru vio cómo castigaban a Dia, la imagen parecía estarse repitiendo delante de sus ojos.
Día permanecía de rodillas aún con las manos atadas por una cuerda recibiendo los golpes de su padre en la espalda. Estos los estaba infringiendo con una cinta de cuero aunque Día hacia el esfuerzo por no emitir ningún sonido lo cual se hacía difícil a cada impacto.
Kanan había sido liberado a medias, ya no tenía el agarre en sus pies aunque sus manos aún estaban atadas y contemplaba el castigo al que estaba siendo sometida Dia.
—¡¿Aún van a seguir negándose?! —les gritó a los dos sin obtener una respuesta—. De acuerdo, entonces tendremos que subir el tono de esto.
Kurosawa-dono trono los dedos y al instante la cinta de cuero fue cambiada por su bokken, su espada de madera. Los guardias movieron a Dia hasta llevarla y ponerla sobre una de las grandes rocas del jardín descansando su estómago en una de ellas y su amarre fue sujetado a una horquilla que sobresalía de la roca.
—Te daré una última oportunidad de decidir Dia —su padre la amenazó.
—No te permito que hagas nada para lastimar a mi esposa —dijo con toda la rabia que estaba acumulando en su interior.
—Si así es como lo quieres —el viejo alzó su bokken pero antes de descargar el golpe fue detenido por Kanan que lo llamó.
—¡Espere! —gritó con fuerza—. Hanamaru-san está aquí —hizo la señal levantando ambas manos en dirección de el trío que venía a ellos.
You mantuvo su agarre sobre Maru que casi se le escapa al ver la manera en que tenían a Dia. La chica en cuestión se giró a verla lamentando que tuviera que presenciar esto de nuevo, pero también se dió cuenta de la presencia de Mari y supo que era tiempo.
—¡Liberarme! —le dijo al guardia que tenía delante y acababa de ponerla allí.
El tipo sacó su katana y golpeando la soga, cortó las ataduras de Dia dejando sus manos libres.
A partir de ese momento todo pasó en cámara lenta a los ojos de Hanamaru. La chica vio como Dia se giró para golpear a su padre en el pecho haciendo que retrocediera unos pasos. Unos guardias sacaron sus katanas empezando una lucha contra el resto de sus compañeros. You que estaba a su lado la empujo a los brazos de Mari mientras él iba a liberar a Kanan que estaba luchando también para acercarse a su hermana.
La cuerda que sostenía atadas las manos de Kanan fue cortada por la katana de You y le ofreció a este su ninjatō para que tuviera un arma. Ambos se vieron enfrentados al grupo de guardias que estaban de lado del señor de la casa tratando con desesperación que no se acercarán a donde Dia y su padre estaban peleando.
Kurosawa-dono aún mantenía su bokken en su mano pero Dia estaba desarmada, aún así no se hizo menos y respondió esquivando el primer lance de su padre que fue a caer sobre la roca rebotando la espada. Dia golpeó con su puño el costado haciéndolo trastabillar cuando perdió el aliento.
Su padre contraatacó girándose e impactando el filo del bokken en su espalda provocando un fuerte dolor cuando una de sus costillas se rompió debido al choque. Sus pies se enredaron y cayó sobre el suelo a merced de su padre. Sólo que aún no se daba por vencida. Cuando sintió que su padre se acercó para asestarle un nuevo golpe, uso lo que tenía aún de fuerzas para irse sobre él y taclearlo para irse los dos al suelo.
Kurosawa-dono uso el mango de la espada para pegar en la espalda y hacer que Dia lo soltara, con sus piernas la alejó y rápidamente se volvió a poner en pie, a pesar de su edad aún era un ágil guerrero y hábil espadachín. La adrenalina había estado ayudando a Dia hasta ahora solo que esta se estaba agotado, sobre todo porque no se había recuperado del todo y ya podía sentir los estragos del cansancio y los maltratos que había recibido.
Sus ojos estaban desenfocando las imágenes de alrededor y no vio cuando el bokken de su padre la golpeó en la pierna doblegandola. Estaba perdiendo la lucha. Busco alrededor dónde estaban el par y el resto de los hombres que había logrado comprar para su pequeña rebelión y extendió la mano como queriendo alcanzar a su hermano y su aprendiz.
—Kanan-san, You-kun llevense a Hanamaru-san de aquí, ponganla a salvo —alcanzó a decir antes de que Kurosawa-dono tomará su brazo derecho y en un movimiento haciendo palanca safo su brazo desde la base.
El hombro de Día se salió de su lugar y el grito que vino con él, resonó en los oídos de todos.
—¡Dia! ¡Dia! —por encima de las voces y el ruido de las espadas chocando pudo oír la voz de Hanamaru llamándola con desesperación.
La trato de localizar a pesar de su visión borrosa y volvió a emitir su pedido.
—¡Llevensela! —gritó y al fin pudo verla a lo lejos.
Las lágrimas corrían por el rostro de su pequeña esposa y eso le dió las últimas fuerzas para, aún con su brazo colgando, levantarse para seguir luchando. No se iba a rendir tan fácil.
Sin embargo ni siquiera pudo presentar combate cuando un nuevo golpe le pegó. Fue un impacto limpio, un sonido horrible llegó hasta sus oídos y el insoportable dolor la hizo gritar por encima de los demás.
El bokken la había golpeado en el brazo fracturando el húmero produciendo un ruido como de una rama de bambú siendo quebrada. Su brazo tomó una posición extraña producto de el hueso roto y el hombro dislocado.
Día fue sometida entonces ya sin fuerzas y con la agonía presente en su cuerpo ya sin poder hacer nada más aún cuando quería resistirse hasta su último aliento.
You había corrido, cuando Dia dió la orden, hasta Hanamaru y tomándola de las manos de Mari quiso llevársela de allí.
—¡Alto! ¡Basta ya! —Kanan rugió para detener toda esa barbarie sin sentido—. ¡Esto se acabó! —dijo levantando su katana al aire apuntando a los otros dos Kurosawa—. Dia es tiempo de rendirse —su arma se dirigió a su hermana menor—, no puedes ganar esta vez.
—¿Kanan? —pronunció su nombre por encima de sus quejidos con angustia—. ¿Qué significa esto? —a pesar de preguntar, ya sabía la respuesta, Kanan la estaba traicionando.
—Tú necedad no puede continuar — se explicó—, una pelea interna no va a ayudar en nada y solo nos pondrá a merced de nuestros enemigos que cada día se hacen más poderosos. Lo siento pero es por tu bien.
—¡Triador! ¡Esto no va a quedar así! —con las pocas fuerzas intentó quitarse a su padre que la mantenía contra el suelo y solo hizo acrecentar el suplicio del daño provocado.
—Tú decides —se acercó poniendo el ninjatō en la garganta de Kurosawa-dono que ni con la amenaza soltó a Dia—, Hanamaru-san, es tu elección. Huyes de aquí a costa de la vida de Dia-san y su padre o te quedas y nos salvas a todos de una guerra contra los Takami.
Aún en contra de sus instintos You seguía queriendo arrastrar a su prima para sacarla de esa maldita casa pero Hanamaru no estaba cooperando. Al oír las palabras de Kanan ambos se detuvieron de su forcejeo.
—Lo siento Dia-san —exclamó en un profundo llanto, tenía el rostro bañado en lágrimas y por un segundo Día pensó que quizás el odio que pudiera tener Hanamaru por ella la haría irse para salvarse—. ¡Déjala ir! —con terror escuchó esas palabras salir de la boca de Maru—. ¡Lo haré, lo haré! Pero déjala, no la mates ~zura.
—Buena elección —Kanan dejó salir el aire retenido en sus pulmones y soltó a su padre—. Llevenla de regreso a su celda y que atiendan sus heridas —ordenó a los guardias que quedaban—. Estarás contento porque al fin vas a tener lo que deseas, mi señor.
—¡No! —alcanzó a decir Dia antes de que el puño de Kanan la dejara inconsciente.
.
— o —
