Emma vio a Buttercup desaparecer de su vista y sintió como algo volvía a romperse dentro de ella. ¿Cómo era posible seguir rompiéndose cuando ya estaba completamente rota? Se dejo caer en el césped y lloró todo lo que necesito hasta recuperar sus fuerzas. Después de varios minutos se levantó, se secó las lágrimas con sus manos, y se dirigió a enfrentar a David con furia y determinación.
- ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! ¡¿Cómo podes dejar que se lleven a Buttercup?! – Cuestionó Emma enojada.
- Emma, ya hablamos de esto más de una vez, en este campo no aceptamos mustangs. – Respondió David cruzándose de brazos.
- ¡Si te importaría un mínimo lo que me pasa y siento no habrías entregado a Buttercup al señor Gold, lo habrías dejado libre! – Exclamó Emma con bronca.
- ¿Qué esta pasando acá? – Preguntó Mary Margaret interviniendo.
- David entregó a Buttercup al señor Gold. – Contestó Emma con tono acusador.
- Oh, cariño sé que esto es difícil para vos, pero esto es para mejor. – Dijo Mary Margaret.
- ¿Estás de acuerdo con él? – Preguntó Emma sorprendida. - ¡No puedo creerlo! – Soltó maldiciéndose a si misma.
- Tu padre solo decidió lo que cree que es mejor para nosotros, nos esta cuidando. – Justificó Mary Margaret.
- ¡Ese es exactamente el problema! ¡Todos deciden por mí, cuando yo tendría que decidir por mi misma! – Gritó Emma frustrada, quitándose los cabellos que por el viento se le habían ido a la cara.
- Emma… - Comenzó a decir David.
- ¡No! ¡No digas nada! – Lo interrumpió Emma. – No entiendo que hago acá. Saben que, ¿Por qué no me devuelven al sistema de adopciones? Estoy segura de que eso sería lo mejor para todos. – Dijo de manera fría.
- No digas eso Emma, nosotros somos tu familia. – Dijo Mary Margaret con la voz temblorosa y su mirada llena de dolor.
- ¿Para qué quiero una familia? ¿Para qué me sigan rompiendo como todas las demás que tuve? – Preguntó Emma sacudiendo sus manos en al aire para expresarse. – La verdad es que estoy mejor sola. – Agregó.
Y ahí quedo la conversación, porque como era costumbre Emma se fue y se encerró en su habitación. Se dejo caer en su cama y lloró desconsoladamente. ¿Por qué nunca tenía la posibilidad de decidir lo que pasaba en su vida? ¿Por qué siempre tenía tan poco control sobre lo que pasaba a su alrededor? Ella no había elegido crecer viviendo en el sistema de adopciones, no había elegido la cantidad de malas familias por las que pasó. Ella no había elegido ser abandonada y rechazada. Ella no había elegido la vida que le tocó, ni ser quien era. Ella no había elegido que Neal y Lily la traicionen. Ella no había elegido perder a Ingrid, a Henry, a Buttercup… Y ese era uno de los grandes problemas, ella nunca tenía el poder de elegir.
Pero tal vez, lo que si había elegido fue como reaccionar ante eso. Eligió su manera de vivir sobreviviendo, y no en verdad viviendo. Eligió construir murallas alrededor de su corazón para evitar ser lastimada, para protegerse del mundo. Eligió ser fuerte y dura para esconder su debilidad, su vulnerabilidad, su dolor. Eligió andar por la vida sola, evitando los sentimientos y lastimándose a ella misma. Mirando la navaja que tenía en sus manos y las cicatrices en sus muñecas, pensó lo que estaba por hacer, y se preguntó: ¿Cuál era el sentido de eso? ¿La hacía sentir mejor después? ¿Borraba los malos recuerdos y el dolor que sentía?
La verdad era que estaba dañada, rota, pero aún así era. Quizás su error estaba en guardar todo su dolor dentro de ella, escondiéndolo del mundo. Quizás su error era pretender ser fuerte y estar bien, solo porque creía que de esa manera ella también podría empezar a creerlo. Ahora se suponía que tenía que ser distinto. Había encontrado a su familia, tenía amigos y amigas reales. Sin embargo, seguía siendo la misma niña perdida que siempre fue. Alejaba a las personas, se hacía la que nada le importaba, era descuidada con ella misma, estaba gastada. Todo lo que hacía no la llevaba a ningún lado. Por el miedo de que la traicionen y la lastimen, no se estaba dando cuenta que se estaba lastimando ella misma alejándose de todos. Quizás sus paredes, en vez de protegerla, la estaban hundiendo en una prisión de la que no podía salir.
De repente su mente se vio iluminada con una idea, Killian. Él le había dicho que cuando ella vuelva a sentir ganas de lastimarse le avise. ¿Lo habría dicho en serio? ¿Podría él ayudarla? Eran las dos de la mañana. ¿Sería correcto llamarlo a esa hora? Tenía que hacer una elección y por suerte en esa ocasión si tenía el poder de hacerlo, así que agarró su celular y lo llamó antes de arrepentirse.
- ¿Hola? – Dijo él con voz de dormido.
- Hola Killian. – Saludó ella con la voz ronca por todo lo que había llorado.
- ¿Emma? ¿Estás bien? – Preguntó él preocupado.
- Perdón que te este llamando tan tarde y te haya despertado. – Se disculpó ella, evitando responder la pregunta.
- No te preocupes, podes despertarme cada vez que quieras. – Aseguró él. - ¿Qué anda pasando? – Preguntó curioso de recibir un llamado de ella tan tarde.
- Yo no podía dormir, y entre las pesadillas, la pelea con mis padres por Buttercup y todo. Todo es demasiado. – Dijo ella lentamente, tomándose tiempo entre palabra y palabra para pensar bien lo que decía. – Dijiste que si tenía ganas de volver a lastimarme te lo haga saber, así que lo estoy haciendo. – Agregó a modo de explicación.
- Entiendo. – Asistió él. - ¿Dónde estás? – Preguntó.
- En el baño. – Respondió ella.
- Bueno, primero que nada sal de ahí y vete a acostar a tu cama. – Indicó él con calma.
- Listo. – Dijo ella, una vez que se había acostado y tapado.
- Bien, ahora solo relájate y escucha, creo que tengo una idea. – Dijo él.
- Killian… - Comenzó a decir ella.
- ¿Confías en mi? – Preguntó él interrumpiéndola.
- Si. – Asistió ella sinceramente, sino ni siquiera lo habría llamado.
- Entonces escucha. – Pidió él.
A los pocos segundos Emma pudo escuchar los acordes de una guitarra sonando y después la voz de Killian cantando. Él le estaba cantando una canción, seguramente recordaba que ella le había dicho que la música siempre la ayudaba a relajarse y sentirse mejor. La melodía era suave y la voz de Killian estaba cargada de sentimientos. Emma sonrió, escuchar a Killian cantar era algo mágico y maravilloso, la música logró que su mente se despejara por completo. Emma no podía creer que alguien sea capaz de tener tan lindo gesto con ella. Pero Killian siempre la sorprendía en ese sentido, él siempre tenía lindos gestos con ella.
- Killian. – Lo llamó ella cuando terminó de cantar la quinta canción.
- ¿Si? – Preguntó él.
- ¿Podríamos quedarnos en el celular hasta que me quede dormida? – Pidió ella.
- Por supuesto. – Aceptó él sin siquiera dudarlo.
Lo último que escuchó Emma antes de dormirse fue la dulce voz de Killian cantando. A la mañana decidió no desayunar para no enfrentar a sus padres, no tenía fuerzas ni energías para hacerlo. Era hora de tomar una decisión y Emma había tomada una. Probablemente la idea que tenía en mente no era la más inteligente, después de todo cuando estamos enojados y dolidos no solemos hacer buenas decisiones. Pero estaba decidida, y cuando Emma estaba decidida había muy poco que pueda hacerle cambiar de idea.
- ¿Dónde tengo que anotarme para participar de la competencia de skate? – Preguntó Emma.
- ¿No era que no querías participar? – Preguntó Graham confundido.
- Cambie de idea. – Respondió Emma.
- Bien, sabía que ibas a hacerlo. – Festejó Jefferson. – No te preocupes, yo te anoté cuando nosotros nos anotamos. – Informó.
- ¿Por qué cambiaste de idea? – Preguntó Elsa con curiosidad.
- Porque quiero el dinero. – Contestó Emma con sinceridad.
- ¿Para qué quieres trescientos dólares? ¿Nos vas a llevar de compras? – Pidió saber Ruby algo entusiasmada.
- Para poder irme lo más lejos que pueda de este maldito pueblo. – Dijo Emma sin pensar.
- ¿Qué? – Preguntó Ariel abriendo la boca del asombro.
- ¿Te queres ir? – Preguntó August horrorizado.
- Si, yo no soporto más estar acá, duele todo demasiado. – Dijo Emma a modo de explicación.
- No podes irte. – Dijo Elsa con una mezcla de tristeza y preocupación.
- Me estoy empezando a arrepentir de haberte inscrito. – Dijo Jefferson negando con la cabeza.
- Si en verdad son mis amigos, van a entender y respetar que irme de acá es lo que quiero hacer. – Dijo Emma mostrándose indiferente.
Los siguientes días con sus amigos fueron tensos e incómodos. Nadie había vuelto a hablarle del tema, ni hacerla intentar hacer cambiar de idea. Sabía que estaba lastimándolos con lo que estaba eligiendo, pero escapar era lo mejor que sabía hacer. En ese momento irse lejos de todas esas personas que tenían tanto poder de romperla y lastimarla parecía la mejor opción en su cabeza.
El día de la competencia todos sus amigos estuvieron con ella para alentarla y acompañarla. No sabía como sentirse con ese hecho, pero agradecía la presencia de ellos, agradecía que a pesar de que ellos no estaban de acuerdo con lo que quería hacer la respetaban. Pasó las rondas de la competencia con facilidad, después de todo había estado andando en skate desde que tenía memoria. August quedó afuera en la segunda ronda, mientras que Jefferson y Graham en la tercera. Ella legó a la ronda final, junto con un chico llamado Arthur. Pero como solía pasar, había cosas que uno no podía controlar, como la lluvia que empezó a caer fuertemente haciendo que la competencia quede cancelada. De a poco las personas fueron desapareciendo, dirigiéndose a distintos lados para refugiarse del agua.
- Lamento que se haya cancelado la competencia. – Dijo Elsa mirándola compasivamente.
- No, no lo lamentas. – Dijo Emma negando con la cabeza.
- Tenes razón, no lo hago, no si eso significa que tengo más días con vos. – Dijo Elsa con sinceridad. - ¿Segura que no queres quedarte en casa o que mi papá te alcance a la tuya con la camioneta? – Preguntó.
- Segura, es solo un poco de lluvia. – Respondió Emma quitándole importancia al asunto.
A Emma siempre le había gustado caminar, lo encontraba reconfortante y descargador. Y la lluvia, la lluvia siempre traía paz en cierta forma. Era como si sus sentimientos estuvieran reflejados en el tiempo. Caminó tranquila, sin prisa, disfrutando de sentir como la lluvia la mojaba. Al cruzar el puente que siempre cruzaba, algo llamó su atención. El arroyo había crecido, al parecer las lluvias que hubo durante ese último tiempo habían hecho que el curso del agua haya vuelto a crecer. Emma se metió en el arroyo sin siquiera pensarlo y nadó un largo rato. Disfrutó de la calma que le producía nadar. Desde que se había ido de California que no nadaba y había extrañado mucho esa sensación. Una vez que estuvo satisfecha de todo lo que nadó, se relajó y se dejo flotar en el agua. Toda preocupación quedo olvidada y su cabeza en blanco. De repente algo agarró su mano y la hundió en el agua. Emma salió de debajo del agua lo más rápido que pudo, sintiendo gran adrenalina ante la confusión y el miedo que le había provocado la situación. ¿Qué era lo que había pasado? Cuando su cabeza salió del agua pudo dar cuenta de que era lo que la había hecho hundirse, Killian Jones.
- ¿Qué haces? ¿Estás loco? – Preguntó ella revoleándole agua, algo enojada ante el hecho de que él la haya asustado.
- Si. – Asistió él con una sonrisa e invadió su espacio personal. – Estoy loco por vos Emma. – Confesó mirándola intensamente.
Killian corrió el cabello mojado que ella tenía en la cara, le acarició las mejillas suavemente y unió los labios de ambos en un beso. Emma se sorprendió ante ese gesto. Cuando se había metido al arroyo a nadar, nunca se había imaginado que Killian se le iba a unir y encima besarla. Cerró los ojos y correspondió el beso, dejándose llevar por todas las cosas fantásticas que ese chico le hacía sentir. Besar a Killian era lo más sencillo, natural y maravilloso del mundo. Era como si sus labios habrían estados hechos para ella. Sus lenguas se encontraron y el beso se fue volviendo más pasional. Las manos de él comenzaron a acariciar la de ella piel por debajo de su remera, y ella pegó un pequeño saltó envolviendo sus piernas alrededor de la cadera de él. El mundo podría caerse a pedazos alrededor de ellos que no iba a importarles, lo único que les importaba en ese momento era sentir la boca del otro. Era como si toda noción de tiempo y espacio se habría congelado ahí, en ellos, en ese beso que expresaba todo el amor que sentían por el otro.
- Eso fue… - Dijo él saliendo del beso para poder recuperar el aire.
- Mágico. – Termino ella por él.
- Si, mágico. – Asistió él con una sonrisa. – Se me hizo tarde, debería irme. – Dijo él mirando hacia donde había dejado estacionada su camioneta.
- Entonces vete. – Dijo ella.
- Vos también deberías irte. – Dijo él mirándola con cierta preocupación.
- Es solo lluvia. – Protestó ella.
- Y las lluvias acá son peligrosas, así que no te quedes mucho. – Pidió él.
- De acuerdo, no me quedaré mucho. – Aceptó ella.
Emma pensó que Killian iba a volver a besarla a modo de despedida, pero en vez de besarle los labios la sorprendió dejando un beso en su frente. Lo miro subir a su camioneta y luego desaparecer. Una vez que ya no había rastros de la camioneta, se volvió a sumergir en el agua y nadó un rato más. Mientras nadaba pensó todo lo que Killian significaba para ella. Él era como ella en cierta manera, entendía lo que era el abandono y el dolor de perder a alguien. Ellos se entendían, eran algo así como almas gemelas. Ella sabía que a él le importaba ella, y a ella le importaba él. ¿Pero amor? ¿Qué era el amor? Emma no sabía lo que era el amor, pero le gustaba pensar que lo que pasaba entre ellos era eso o sino algo muy parecido. La forma en que los ojos azules de él siempre buscaban los ojos verdes de ella, esas conversaciones y entendimientos que lograban solo con una mirada. La manera en que latía su corazón cada vez que lo veía y la seguridad que la hacían sentir sus gestos. Lo mágico que se sentía besarlo, tanto que hasta pensaba que nunca más iba a querer probar otros labios. Si eso no era amor, ¿Entonces que lo era? Por eso, a Emma finalmente le gustaba aceptar la idea de que lo que pasaba entre ellos era amor.
Quizás que la competencia de skates se haya cancelado por la lluvia fue algo fuera de su alcance, pero para mejor. Después de ese beso, estaba segura, o casi segura, de que no iba a poder alejarse de ese pueblo por más que quisiera. Quizás Killian junto con sus amigos y amigas eran su motivo para elegir quedarse, aunque obviamente prefería remitirlo a la lluvia.
