Beta reader: Nicot.
Anuncio especial: En una colaboración con la increíble dibujante Sad Cherry (pueden checar su página de Facebook, está en mi perfil de fanfiction), haremosuna especie de novela visual/comic BL muy especial que publicará en su página. Yo estaré a cargo del guion (o sea, la historia) junto a Nicot y publicaré el link en este perfil en cuanto ella me indique. Espero les guste, es un proyecto en el que estuvimos trabajando desde noviembre y hemos estado investigando mucho para que sea una historia entretenida.
Espérenlo muy pronto y no olviden seguirme en mi página de facebook, si desean estar al pendiente de dicho comic/novela (esto no es pagado ni nada, eh, jajaja lo hacemos por amor a la homosexualidad y al fangirleo).
Notas: Qué año tan más difícil fue el 2018, sin oportunidad de actualizar o estar en contacto con muchos de ustedes por mi salud, pero bueno este es un nuevo año y de verdad quiero darle un cierre a esta historia. Quiero agradecerles a todas las personas que me apoyaron en este proceso y espero disfruten este capítulo.
Dedicatorias: A Sad Cherry, quien no sólo me hizo una portada de mi fanfic, sino me ayudó a descargar Word y sin eso, no hubiese terminado este capítulo. Además, me apoya en mis bajones (como cuando creí haber perdido este capítulo que me tomó entr meses completar por temas de salud).
(Dense una pasada por mi perfil de fanfiction para que vean los nuevos fanarts y la nueva ficha de información del fanfic que subí).
A Sara PD y Emma Salas, que además de hacerme dibujos super lindos, me han apoyado inmensamente. Y, por último, pero no menos importante a Nicot e Izussp, quienes son las que siempre me apoyan e inspiran a continuar esta historia.
Capítulo veintiséis
"Entre los árboles"
Removiéndose con desgano sobre la hierba en la que reposaba su cuerpo, Mike entreabrió sus ojos lentamente y, para su sorpresa, se dio cuenta de que la noche había caído y todo se encontraba en penumbras. "¿Cuánto tiempo he dormido?", se preguntó, al mismo tiempo que se sentaba y miraba el cielo nocturno cubierto por miles de estrellas plateadas a través de las copas de los árboles.
Sin saber muy bien el porqué, un suspiro se escapó de sus labios y, girándose para ver a Erwin, notó que éste temblaba aun, cuando estaba cubierto por completo con todas esas ropas que le había puesto encima para esconder su aroma. El tritón, pensando que esto se debía a la pobre regulación de temperatura que tenían los humanos, acercó su mano hasta la frente del comandante y se dio cuenta que su piel estaba muy caliente.
Sin saber qué hacer, el tritón removió todas las ropas que lo cubrían, recibiendo un murmullo apenas audible para sus oídos:
—Mucho frío…
Aunque Mike jamás había experimentado una fiebre, se alarmó al ver el estado de Erwin, quien, empapado de sudor, balbuceaba frases sin sentido u orden alguno.
—Tengo que ir por ayuda —dijo el tritón, cargando al soldado entre sus brazos y encaminándose entre la arboleda.
Erwin a duras penas logró mantener sus ojos abiertos, sintiendo su cuerpo extrañamente ligero, como si estuviera flotando en un río y se dejara arrastrar por la corriente. Todo era tan difuso ante sus ojos; pero, a pesar de esto, notó que alguien lo sostenía. Al ser un soldado, jamás pensó que necesitaría sentirse protegido o cuidado por alguien que no fuese él mismo, pero aquello se sentía tan bien que no pudo evitar recargar su cabeza sobre el pecho de quien lo resguardaba.
—Espero que el sitio siga intacto después de tanto tiempo —mencionó Mike, guiándose por su agudo sentido del olfato, tratando de discernir entre el olor de los titanes y el de los árboles para poder encontrar el camino.
Los labios del tritón continuaron moviéndose y emitiendo sonidos que el comandante no lograba distinguir. Sólo el retumbar del corazón de Mike cerca de sus oídos y su respiración que hacía que su pecho se hinchase; era lo único que, entre delirios febriles, Erwin alcanzaba a percibir. Y aquello, por alguna razón, lo hizo recordar algo muy amargo.
—Si mi olfato no me engaña, debemos estar muy cerca —indicó el tritón, introduciéndose en una parte donde la vegetación era más espesa, casi como un punto ciego para los que no conocían ese bosque— ¡Lo sabía, ahí está! —Aludió, victorioso, tras caminar un poco más y divisar una pequeña cabaña que estaba escondida entre los árboles.
Aliviado de haber encontrado un lugar para resguardar al soldado, Mike (quien ya había entrado un par de veces a dicha cabaña) tomó el picaporte para entrar, cuando la sensación de una mano sobre su rostro, lo detuvo.
—¿Por qué…? —Bajando la mirada hacia el cuerpo que sostenía, el tritón se percató de que Erwin lo miraba detenidamente— ¿Por qué me hiciste eso?
—¿De qué hablas? —Respondió Mike, evidentemente confundido.
—Tú sabes lo que me has hecho… y lo que he pasado por ti —le aseguró tan firmemente que, por un segundo, el tritón dudó de su propia inocencia—. ¿Eso también lo vas a olvidar, como lo hiciste conmigo? —Acunó el rostro del tritón entre sus manos, dirigiéndole una mirada tan herida, que Mike no supo cómo reaccionar.
¿Cómo podían sus ojos, que eran tan indiferentes como azules, deshacerse en un mar de emociones como ahora?
—Erwin, en serio… no entiendo nada de lo que me dices —se excusó, casi sintiéndose mal por no poder hacer nada por él.
—Siempre dices lo mismo. Eres tan cruel, Nile… —expresó, y Mike, completamente desconcertado, sólo atinó a observarle—. Lo eres, por eso no me sorprende que quisieras acabar conmigo —fue lo último que alcanzó a pronunciar, al sentir nuevamente cómo las fuerzas lo abandonaban y caía inconsciente.
El tritón sólo se quedó parado frente a la puerta con la mirada perdida, intentando comprender lo que había ocurrido. Inevitablemente, su mirada volvió a posarse sobre el humano de cabellos rubios y se sintió tan extraño, que no quiso dedicarle un pensamiento más y decidió entrar a la cabaña.
Habían pasado más de cien años desde que había pisado ese sitio, por lo que no le sorprendió el aroma a humedad y el denso polvo que se había formado alrededor. Los recuerdos lo inundaron y, entre ellos, aparecieron Eren y Mikasa cuando eran muy pequeños junto a su familia. Siguiendo su recorrido, su mirada se topó con una mesa de madera, unas sillas y otros muebles que había visto a Grisha construir; pero, sin duda alguna, fue el enorme espejo lleno de polvo, en el que apenas alcanzaba a reflejarse, lo que más llamó su atención.
Ahora entendía por qué ni Eren ni Mikasa habían querido entrar ahí desde que se llevaron a sus padres. Eran muchos recuerdos cargados de dolor que, si no sabías manejarlos, podían destruirte. Girando su rostro hacia la ventana, Mike vio la cama que alguna vez compartieron Grisha y Carla.
—Lamento estar tocando sus cosas, pero es una emergencia —expresó Mike con culpabilidad, al estar "manchando" los últimos recuerdos de la pareja; pero, sin otra opción, tomó las sabanas viejas y polvorientas de la cama y las sacudió para recostar a Erwin.
Debía ir por ayuda, pero el sólo pensar que debía hablar con su abuela sobre los humanos, lo hacía sentir acorralado. Soltando un largo suspiro, el tritón se sentó en una de las sillas que había en el lugar y trató de pensar en una mejor opción. Pero, para su desgracia, todas lo llevaban a la misma conclusión: si quería explicar cómo había regresado del otro lado del muro, debía tocar el tema de la legión de reconocimiento.
—Tarde o temprano tenía que pasar… —se dijo, con derrota, levantándose de la silla— No sé si necesito suerte o un milagro, pero más vale que me desees alguna de las dos —acto seguido, miró a Erwin. —De eso dependerá si podré conseguir ayuda para ti.
Sabiendo que no recibiría respuesta del comandante, Mike echó un último vistazo a la cabaña que Grisha había construido y se dirigió hacia el mar.
Mientras tanto, cerca de la costa, un bullicio lleno de dudas se formaba entre las sirenas, quienes deseosas por saber más sobre la situación de su líder, cuestionaban sin parar a Nanaba.
—Tú estuviste con Mike antes del amanecer, ¿no es así? —Preguntó Mikasa.
—Sí… estuve con él —respondió la curativa, un tanto nerviosa.
—¿Y no viste a dónde se fue? ¿Cómo es eso posible? —Le atacó con cada una de sus palabras, haciendo que Nanaba se mostrara un tanto triste.
Sabía que Mikasa esperaba escuchar noticias de su hermano, pero aun cuando supiera algo (que este no era el caso) le había prometido a Mike no decir nada sobre la situación.
—Mikasa, tranquilízate ya. —Le advirtió Annie, interponiéndose entre ella y Nanaba. Ahora que la sirena de escamas celestes estaba a cargo como líder de los guerreros, se había vuelto bastante firme respecto a las reglas.
—¿Qué me tranquilice? ¿Qué no te importa saber algo de tu hermano? —Le respondió su esposa, con clara indignación.
—Claro que me importa —indicó con desagrado, de que la sirena roja lo dudase—, pero alterarte como la última vez no servirá de nada. Así que piensa en lo que haces y maneja tus emociones, antes de que alguien salga herido.
Mikasa cerró sus puños con impotencia y, a pesar de que sabía que Annie tenía razón, su orgullo le impidió cerrar la boca:
—Ahora que tienes el lugar de Mike, te has vuelto bastante arrogante.
—¿Sabes? Esto no ha sido fácil para ninguno de los que estamos aquí. Así que me gustaría escuchar un comentario razonable de tu parte y no uno de "Eren" quejándose cada que lo regañan.
Si la sirena rubia sabía hacer algo, eso era cerrarle la boca a su pareja cada vez que quería cruzar la línea, por lo que no fue sorpresa que Mikasa sólo atinara a cruzarse de brazos.
Odiaba admitirlo, pero el infantilismo y boconería de su esposa era algo que compartía estrechamente con Eren, a pesar de no ser hermanos por lazos de sangre.
—Lamento no poder darles las respuestas que buscan —mencionó Nanaba, un tanto afectada de ver lo que su silencio había provocado—. Sé que todas estamos preocupadas, pero esperemos a que Mike nos diga directamente lo que sucedió.
Al escuchar estas palabras, un breve silencio se formó entre las sirenas, cuando una voz ajena, irrumpió en el ambiente.
—Ah… hola de nuevo —fue lo único que atinó a decir Mike de una manera casi absurda, rascándose la nuca con incomodidad.
Incrédulas, las sirenas miraron fijamente al líder, quien se metía tan tranquilamente entre las olas para refrescarse.
—¿Qué? —Preguntó el tritón, al notar a las sirenas paradas en la orilla y con los brazos cruzados.
—¡¿Dónde rayos te habías metido?! —Exclamó Mikasa, apuntándolo con el dedo.
Sabiendo de antemano el motivo de esa reacción, Mike, quien no había tenido la oportunidad de darse un respiro, se sumergió por completo dentro del mar. Dos minutos bajo el agua y no más, para que pudiera recobrar las fuerzas y empezar con las tediosas explicaciones.
—Tres, dos, uno… —dio por terminado "su momento de paz" para después asomar su cabeza sobre las olas y dirigirse a la orilla y, de todas las miradas que le dirigían, en ese momento fue la de su abuela la que más le preocupó.
—Estás más delgado —le mencionó la matriarca, abriéndose paso entre las sirenas.
—Ah, ¿sí? No lo he notado —le respondió el tritón, sintiendo las manos de su abuela recorriéndole suavemente el rostro.
—Tu cabello también lo cortaste —agregó, tocando las cortas hebras rubias, las que antes conformaron una cabellera larga y abundante.
—Han pasado muchas cosas y… era de lo que venía a hablarles —mencionó con un tono completamente serio, cambiando el ánimo del lugar.
—Pero antes —interrumpió Annie, entregándole su tridente blanco—, qué bueno que estés de vuelta con nosotras —lo abrazó, sonriéndole como pocas veces lo hacía.
—Gracias, yo… —no pudo terminar su oración, cuando Sasha y Mina ya se habían abalanzado sobre él para abrazarlo al igual. Sin poderlo evitar, una sonrisa afloró en sus labios— ¿Y tú, Mikasa? —Se dirigió a la sirena, quien se mantenía de pie, observándoles. —¿No vas a venir a saludarme después de tanto tiempo? —Estiró su brazo su brazo hacia ella, haciendo que ésta se acercara, cabizbaja.
—… perdóname —le dijo, escondiendo su cabeza sobre el pecho del tritón, como haría una hija—. Por mis deseos egoístas, tuviste que irte de aquí, cuando este es tu hogar. Ni siquiera tuve oportunidad de agradecerte por salvar mi vida —lo abrazó con fuerza, como señal de cuánta culpa y dolor había tenido que cargar. —Gracias, Mike… y perdóname, por favor —se quebró su voz, al mismo tiempo que empezaba a llorar.
Enternecido, el tritón acarició los cabellos negros de la sirena, en respuesta.
—No hay nada qué agradecer ni perdonar —le alzó el rostro a Mikasa, quitándole con sus dedos las pequeñas perlas que caían de sus ojos—. Ustedes son mi familia y es mi deber protegerlas y cuidarlas como pueda.
Era difícil de creer cuán grande y noble era el corazón de Mike, haciendo claro por qué merecía su posición de líder; pero, después de lo que diría hoy… era complicado asegurar que seguiría siendo así.
—No sé si quieran sentarse, ya que la historia es larga y algo complicada —les indicó a las sirenas, haciendo que todas se sentaran en círculo alrededor de él—. Antes de iniciar… —hizo una breve pausa, mirando a cada una de ellas. —Necesito que sepan que yo jamás las pondría en peligro, ni a ustedes, ni a los chicos; por eso necesito que escuchen la historia completa, antes de que saquen alguna conclusión.
Las sirenas miraron un tanto extrañadas al tritón.
"¡Por supuesto que sabían que Mike sería incapaz de dañarlas! Él, quien había sido como un padre para ellas, ¿cómo podía dudar sobre su propia credibilidad?", pensaron. Sin embargo, Mikasa y Annie, quienes eran más intuitivas, sabían que algo no andaba bien.
—No te preocupes, te escucharemos hasta el final —se adelantó a decir Nanaba, quien, al ver las miradas puestas sobre ella, se arrepintió de abrir la boca.
—Gracias —carraspeó Mike, para dirigir la atención nuevamente hacia él. Aborrecía sentirse así de ansioso, por lo que, evitando dar más rodeos, comenzó su relato desde el día en que se infiltró con los soldados para ir dentro de los muros.
Consciente de que todo lo que diría a partir de ese momento sería considerado como "una verdad absoluta" por parte de su gente, Mike sólo dijo lo necesario sobre su travesía hacia la legión de reconocimiento donde se encontraban capturados Eren y los demás. Si las sirenas no cabían en su asombro al escuchar que había túneles dentro de la cueva de los cristales y que conectaban con el territorio humano, lo que le siguió las dejó boquiabiertas.
Ni un solo momento las miradas se desviaron de la figura del tritón, quien, tras relatarles lo que había vivido y observado desde su perspectiva y la de sus amigos sobre los soldados de la legión, hizo una pausa para que las sirenas pudiesen tomarse su tiempo y procesarlo.
—Entonces, dices que la razón por la que esos humanos nos atacaron… ¿fue por culpa de otros humanos? —Preguntó Sasha, un tanto incrédula.
—En el territorio de los humanos, como en el nuestro, hay ciertas "divisiones" según entiendo —explicó Mike—. Los chicos y yo estábamos en la legión de reconocimiento, pero existe otra llamada: policía militar. Ellos son los que quieren capturarnos y usarnos para ese "experimento" del que hablaban los soldados que asesinaron a sus compañeros.
—Sí, lo recuerdo —expresó Mina, con incomodidad, visualizando la horripilante matanza que August y Deen habían perpetuado—, y, aún después de lo que hicieron, se atrevieron a culparnos por eso. Son unos malditos cobardes —agregó, con odio.
—Según Erwin, todo fue un plan para manipular a la legión y que ellos nos capturaran sin que la policía militar tuviese que intervenir de manera directa —comentó el tritón.
—Básicamente, esos bastardos no querían que los humanos de la dichosa "legión" supiesen que llevaban tiempo observándonos y sabiendo de nuestra existencia, para sus propósitos enfermos —atajó Annie, con evidente indignación—. Decir que esos tipos son mierda es ofensivo hasta para la misma mierda.
La matriarca carraspeó un poco ante las palabras tan subidas de tono de la sirena rubia, mas a ésta poco le importó. Tan sólo el hecho de saber que la seguridad de Bertholdt había sido puesta en peligro a causa de actos tan egoístas y malintencionados de terceros, le hacía hervir la sangre.
—Todos fuimos engañados y manipulados —mencionó Mike—, pero se los puedo jurar por mi vida: los humanos de la legión son buenos y buscan ayudarnos. —Al afirmar algo tan delicado como eso, necesitó mostrarse mucho más serio y firme— Es por eso que, tanto los chicos como yo, estuvimos de acuerdo en establecer una alianza con ellos, para que nos ayuden a descubrir qué hay detrás de ese experimento y por qué nos quieren capturar; y, de nuestra parte… los ayudaremos, alejando a los titanes de su territorio.
—¡De ninguna manera permitiré eso! —replicó la matriarca casi al instante, levantándose de su sitio— ¿Cómo puedes comparar deidades sagradas como los titanes con vidas sucias e insignificantes de humanos? Ellos nos protegen, Mike, y lo sabes.
Previendo esta respuesta por parte de su abuela, el tritón sólo atinó a ponerse de pie frente a ella.
—Jamás dije que dañaríamos a los titanes, sólo vamos a alejarlos del territorio de los humanos —explicó el líder—. Si queremos que ellos nos ayuden, es justo que también nosotros cumplamos con nuestra parte del trato.
—¡¿"El territorio de los humanos"?! —Repitió Sade, con absoluta incredulidad—. Querrás decir el territorio que esa raza maldita nos quitó, para después asesinarnos —escupió con furia.
Cientos de años de buenas y malas experiencias conformaban el pensamiento de la sirena mayor, por lo que intentar cambiar su forma de pensar en unos segundos sería una labor imposible, además de desgastante. Sin embargo, Mike tampoco podía rendirse ahora que había revelado todo y necesitaba ayuda para Erwin.
—A mí tampoco me agradan los humanos —respondió Mike, tomando a su abuela por sorpresa—. Al igual que todos aquí, yo también perdí a mis padres por su culpa y, si pudiera, yo les regresaría el mismo daño —confesó, con una mirada severa y firme. —Pero, ¿no fuiste tú quien me habló de lo tonto que era clasificar a alguien por cómo se veía? Lo hicieron contigo por ser una sirena curativa y no fue hasta que les demostraste a esos guerreros de lo que eras capaz, que se dieron cuenta que ustedes eran igual de valiosos y útiles que ellos —le recordó. —Entonces, ¿por qué juzgarlos a ellos del mismo modo? Yo, quien detesto a los humanos y que daría mi vida por ustedes, te estoy asegurando que tienen buenas intenciones. ¿Es acaso que no puedes confiar en mí?
Durante unos largos minutos, los ojos dorados de la matriarca se clavaron sobre los de Mike, con sospecha. Una que le carcomía la cabeza y que debía averiguar.
—No estoy haciendo juicios apresurados, sólo estoy asegurándome de que no ocurra algo como lo que Grisha propició con su llegada. —El resentimiento implícito en su voz no pasó desapercibido para nadie. Especialmente para Mikasa, quien desvió la mirada de la escena con incomodidad.
—Eso no fue culpa de Grisha, sino de los humanos que se aprovecharon de la relación que tenía con nosotros, para poder capturarnos —indicó el líder guerrero.
Sin otro argumento, la matriarca sólo replicó:
—Cómo sea que haya sucedido. El hecho de que un humano haya tenido contacto con nuestra gente provocó esa tragedia y no voy a permitir que suceda de nuevo. Así que no autorizo nada que involucre a los humanos, ni mucho menos que retiremos la única protección que los titanes nos dan. —Se dio la media vuelta, dando un punto final a la discusión.
Mike apretó los puños, con frustración. Por mucho que quisiera y respetara a su abuela, era desesperante cuando se ponía en esa posición de superioridad, en donde su opinión como líder de los guerreros no valía en lo más mínimo contra la de ella.
—Sí sabes que, en el trato que hicimos con los soldados de la legión, van a traer a los chicos de regreso, ¿verdad? —Mencionó el tritón como última instancia, para intentar convencer a la matriarca.
—¿Lo dices en serio? —Irrumpió Mikasa, colocándose frente a su líder— ¿Esos humanos van a traer de vuelta a mi hermano y a los chicos? —Los ojos negros de la sirena se llenaron de expectativa.
Mike ni siquiera necesitaba ver su expresión o la de Annie para saber cuán delicado era el tema y cuánto podría afectarles el darles falsas esperanzas; pero estaba tan seguro y confiaba tanto en la palabra de los soldados de la legión que, sin percatarse de que la hora de la supuesta llegada había pasado hace mucho, respondió:
—Sí, ellos vendrán.
En ese momento, fue como si a Mikasa y a Annie les devolvieran un poco el aliento que todo este tiempo les habían estado robando y que no recuperarían por completo, hasta ver a sus respectivos hermanos sanos y salvos.
—Y… ¿dónde están?
Al escuchar la pregunta de Annie, el líder tritón alzó su rostro hacia el cielo nocturno, sintiendo un duro golpe de realidad que lo hizo reaccionar: Esa era la segunda noche que había pasado en la costa, y sus amigos debieron haber llegado el día anterior.
—¿Mike? —Le llamó la sirena de escamas rojas, con preocupación, al notar su expresión— ¿Qué sucede?
El líder sintió su sangre helarse, al mismo tiempo que todas las miradas recaían sobre él. Acaso… ¿había sido traicionado por los soldados?
—No lo entiendo —murmuró, consternado—. Ellos dijeron que vendrían a la costa con los chicos, pero… ustedes no los han visto, ¿cierto?
No hubo respuesta alguna por parte de las sirenas, quienes, igual o peor de estupefactas, no pudieron reaccionar ante lo que acababa de preguntarles.
—Ya veo… —musitó el líder, dirigiendo la mirada hacia el mar que, en lugar de tranquilizarlo como en muchas ocasiones, en esos momentos sólo alimentaba la angustia que sentía.
—¿Dónde están? —Preguntó Annie de manera abrupta y, al no obtener una respuesta inmediata, gritó: —Maldición, Mike, responde mi pregunta: ¡¿Dónde están mi hermano y los demás?!
Y dicha respuesta era bastante obvia, pero tan difícil de aceptar, que necesitaban escucharla de los propios labios del tritón.
—Los chicos habían acordado que, en cuanto llegaran a la costa, irían a buscarlas —explicó, mirando a Mikasa y Annie—. Mientras tanto, Erwin y yo iríamos a ver los túneles que conectaban al mar con el territorio de los humanos, pero… fuimos traicionados por uno de los soldados que viajaba con nosotros —reveló, para sorpresa de las sirenas y la matriarca, quien confirmó ese mal presentimiento suyo. —Se suponía que yo no regresaría al mar hasta descubrir, junto a la legión, quiénes estaban detrás de los asesinatos de nuestra gente… pero ese sujeto nos obligó a ir a través del túnel que conectaba hasta acá y nos amenazó con una de sus armas. Su objetivo era capturarlas, pero Erwin se negó y por eso le dispararon.
Percibiendo la emotividad en las palabras de su nieto, la sirena mayor supo que el secreto que Mike había estado resguardando desde que llegó, tenía que ver estrechamente con ese humano llamado "Erwin". Sin embargo, ni los diversos escenarios en su cabeza la prepararon para la realidad.
—Yo… no pude dejarlo morir —confesó, poniendo nerviosa a Nanaba—. Por eso, lo cuidé durante estos días y lo llevé al hogar de Grisha en el bosque, para protegerlo de los titanes.
—¡¿Qué?! —Explotó Mikasa, quien se hallaba llena de una intensa angustia e indignación— ¡¿Llevaste al humano que secuestró a mi hermano al hogar de mis padres?!
Al notar lo fuera de sí que estaba su esposa, Annie tuvo que interponerse entre los dos.
—Él fue engañado al igual que nosotros y arriesgó su vida para protegernos. Era lo mínimo que podía hacer —explicó el tritón, pero la sirena roja se había cerrado a escuchar cualquier situación que involucrara a los humanos.
—¡No puedo creer lo que hiciste, Mike! —Le reclamó como pudo, ante la cólera que sacudía su voz—. Ese humano te llenó la cabeza con promesas falsas y mentiras, para después llevarse a mi hermano. Y después, ¡¿vienes a decirnos que está en el hogar de mis padres?! —Respiró, agitada, dejando que un largo silencio se situara entre los dos.
—Sé que parece extraño, pero te juro que digo la verdad; ellos no pudieron ser los que causaron esto. —Le dijo el tritón, haciendo que la sirena clavara sus ojos negros en los contrarios, que estaban llenos de auto-convencimiento.
Fue entonces que Mikasa lo supo:
—Oh, Mike… —lo miró, negando firmemente con la cabeza— ¿Qué te hicieron? ¿Cómo fue que esos malditos monstruos te pusieron en nuestra contra? —Preguntó, con tristeza, al mismo tiempo que retrocedía sus pasos.
Al ver la escena frente a él, el tritón intentó acercase a Mikasa, pero la voz tajante y autoritaria de la matriarca lo detuvo:
—Creo que ya has causado mucho daño con tus palabras, Mike —le dijo, caminado de vuelta hacia él—. No dudo que tus intenciones hayan sido buenas; pero, como verás, la manipulación de los humanos es inagotable y, debido a tu ingenuidad, fuiste engañado. Como consecuencia, Eren, Marco y Bertholdt están en un peligro que ni siquiera tú conoces y es algo que deberás asumir —dictó, con severidad. —Pero el haber sido manipulado no te justifica de haberle salvado la vida a un humano que, sabes de sobra, va en contra de nuestras reglas.
—¡Pero abuela, él-!
—¡No me interesa! —atajó Sade—. Y me da tristeza escuchar cómo no te importa el sufrimiento de tu gente y sigues obstinado con esa idea de que los humanos son buenos. Por eso mismo, te daré dos caminos a elegir y, el que escojas, será tu responsabilidad.
—Y ¿cuáles son? —Quiso saber.
—O rectificas esas ideas tuyas y te olvidas de esa alianza absurda con los humanos —planteó—, o renuncias a tu cargo como líder y a formar parte de nosotros. Tú decides y más vale que lo hagas bien, porque no habrá una segunda oportunidad.
Tanto las sirenas como Mike, no pudieron creer lo que acababan de escuchar.
—Abuela… no puedes hacerme esto —le dijo el tritón, completamente desconcertado—. Fuimos unos pocos los que sobrevivimos a la masacre de hace años. Somos… una familia.
—Yo no he determinado nada aún, pero si es que decides optar por la segunda opción, te recomiendo que te quedes con el humano por el cual has decidido traicionar a tu familia. —Así de fría y cruel fue la respuesta de la matriarca, quien, al igual que las sirenas, esperaban atentamente a la respuesta del tritón.
—No es justo, yo también soy un líder entre nuestra gente. ¡Tendría que tener el mismo derecho que tú para decidir! —Refutó.
—A nadie le interesa un líder que pone sus ideales a costa de su gente y, por lo que veo, continuas sin cambiar ni un poco tu opinión. Así que, ¿por qué no les preguntas directamente a ellas si desean seguirte?
"Vieja, pero nada ingenua", pensó Mike al escuchar hablar a su abuela. Aunque más claro no podía ser, sólo había que preguntarles si lo querían como líder… entonces, ¿por qué no podía hacerlo?
¿Era acaso por la expresión acorralada de sus rostros? ¿O porque, en el fondo, sabían que él escogería la segunda opción, por más difícil y dolorosa que ésta fuese y no podrían seguirlo en su decisión?
Sólo unos pocos segundos bastaron para que las sirenas entendieran su respuesta; y, con decepción, le observaron bajar la mirada con vergüenza, algo que Mike jamás había hecho como líder.
—No estoy eligiendo a los humanos sobre ustedes —afirmó, al mismo tiempo que dejaba su tridente blanco sobre la arena, en señal de su renuncia—. De hecho, lo que hago es porque quiero que estén a salvo. Tal vez no lo comprendan ahora; pero, cuando las aguas estén más calmadas, sé que lo harán —subió la mirada hacia ellas, con un profundo dolor en sus ojos dorados. —Perdóname tú también abuela. Sé qué haces lo mejor que puedes y espero que también puedas entenderme.
Por un segundo, una profunda tristeza se asomó por los ojos siempre fríos y duros de la matriarca, al mismo tiempo que veía a su nieto alejarse.
—No, espera —dijo Nanaba, deteniendo abruptamente la marcha del tritón—. Yo voy contigo.
Los ojos de Mike se abrieron con sorpresa al escucharle decir estas palabras.
—Pero ¿qué tonterías estás diciendo? —Objetó Sade, deteniéndola del brazo—. Tu lugar como curativa es a mi lado.
Nanaba bajó la mirada y, tras unos segundos en silencio, le respondió:
—Eso no es verdad —negó con la cabeza, soltándose abruptamente del agarre—. Mi vida… mi existencia entera, no puede depender sólo de lo que otros quieren que haga, incluyéndola a usted —miró con cierto temor a la matriarca, quien tenía una expresión atónita sobre su rostro. —Todo este tiempo juzgué a los chicos, especialmente a Marco por revelarse ante el destino que le había sido concedido como curativo; pero, conforme más pasa el tiempo, entiendo su posición y ahora sé que quiero tomar mis propias decisiones, para mi beneficio…
Sin aviso alguno, una bofetada se estampó tan fuerte sobre el rostro de Nanaba que hizo que se tambaleara.
—¡Abuela! —Le gritó Mike, anteponiéndose instintivamente entre las dos curativas para evitar un enfrentamiento mayor.
—Después de todo lo que he hecho por ti, de los años que te cuidé y eduqué para que fueses mi sucesora, ¡¿esto es lo que recibo a cambio?! —vociferó, con rabia—. Si hubiese sabido que eras igual que Marco, me hubiese ahorrado tanto tiempo en una mocosa insolente que no sabe controlar sus poderes, ni mucho menos respetar a quienes le dimos un lugar entre los guerreros y cristalizadores.
Al mismo tiempo que Sade le dirigía una última mirada llena de odio y se retiraba, Nanaba recordó todas las veces en las que Marco había sido reprendido severamente por su manera de pensar y ella no había hecho nada al respecto para ayudarlo. Y lo más increíble era que, a pesar de eso, Marco seguía siendo amable con todos… incluso con ella, quien dudaba que lo mereciera.
"Qué estúpida", se reprochó internamente la curativa, limpiándose la sangre de su labio roto con el dorso de su mano.
Ahora lo entendía.
—Tiene razón, usted jamás debió perder el tiempo conmigo —le comentó Nanaba a la matriarca, siendo totalmente ignorada por ésta última—. Nunca hubo, ni habrá competencia entre Marco y yo; porque él siempre fue mejor en todo lo que yo no pude hacer —tras dar unos pasos más, Sade finalmente se dignó a ver a su aprendiz con cierto desdén. —Él siempre fue más talentoso para manejar su energía y hacer sus curaciones, ¿y sabe por qué? Porque era buen amigo y antes de preocuparse por ganarme, me ayudó a corregir mi técnica. Marco siempre pensó en sus amigos antes que en él, por eso trabajó muy duro para mejorar sus curaciones y atender a quien lo necesitara —relató, esbozando una sonrisa, casi con resignación. —Creo que, en el fondo, siempre supe que jamás podría ganarle… y por eso lo odiaba; pero ahora que veo las cosas un poco más claras, me doy cuenta de que mi odio era a causa de todas las expectativas y control que usted ejercía sobre mí —y, esta vez, fueron los ojos de Nanaba los que se inyectaron de ira contra la matriarca.
—Actúas como si fueses la primera curativa que recibió un entrenamiento arduo para mejorar sus poderes —bufó Sade, restándole importancia—. Deja de creer que eres una víctima y acepta tu destino con humildad. Mientras más pronto lo hagas, mejores oportunidades tendrás…
—¡No! —Le gritó, sorprendiendo a los presentes, quienes jamás habían visto a Nanaba alzarle ni un poco la voz a la matriarca—. ¡Usted ni siquiera me entrenó porque "tuviese potencial como matriarca"! ¡Lo hizo porque yo hacía y decía todo lo que usted quería y Marco no! —Le replicó, sintiendo cómo su pecho subía y bajaba con violencia ante el súbito arranque de furia. —Pero eso se acabó. Y, si vuelve Marco, yo misma dejaré que asuma la posición como patriarca.
Sade estaba iracunda. Tanto, que ni siquiera notó la intensa energía rojiza que sus manos despedían.
—¡Matriarca! —Exclamaron las sirenas, alcanzando a detener a la curativa en su objetivo de abalanzarse contra Nanaba.
—Ponte detrás de mí —le ordenó Mike a la curativa menor, quien jamás había visto a Sade fuera de sí.
—¡Mike! ¡Nanaba! —Les gritó Mina— ¡Váyanse ahora! ¡Váyanse antes de que algo más grave ocurra!
Al ver la expresión sobre el rostro de su amiga, la curativa menor sintió un profundo remordimiento, por todo lo que sus palabras habían ocasionado.
—Nanaba —le llamó el líder y, al ver su expresión, la sirena entendió lo que quería decirle.
—Sí, vámonos —echó un último vistazo a la escena tras ella, para después encaminarse dentro de la arboleda.
—¡No vuelvan a acercarse aquí, ¿me escucharon?! ¡Ustedes no pertenecen más a nosotros! —Decretó Sade—. ¡Traicionaron a su familia por unos insignificantes humanos!
Aún entre la espesa arboleda, las palabras de la matriarca resonaron con fuerza y cayeron como piedras, sobre quienes fueron su adoración absoluta.
Guiándose con la luz dorada que despedía Nanaba de su mano, el tritón y la sirena siguieron su silencioso trayecto hacia la cabaña.
—Me siento muy mal —habló repentinamente Mike, deteniendo sus pasos.
—¿Qué pasa? ¿Te duele algo? —Respondió la curativa con preocupación, imitando al tritón en su acción.
Pero éste negó con la cabeza.
—No me refiero a un dolor físico. Me siento mal porque saliste afectada por mi culpa y ahora no podrás volver con los demás —bajó un poco su rostro—. En verdad lo siento, Nanaba.
Divisando la culpa sobre su rostro, la sirena acercó su mano iluminada por energía y acarició la mejilla del líder con ternura.
—Puede que lo haya hecho en parte por ti, pero… esto era algo que había querido hacer desde hace mucho tiempo, sólo que no había tenido el valor —explicó la rubia—. Sé que esta decisión me traerá problemas, pero no me importa. Yo no quiero seguir viviendo bajo la sombra de mis poderes y mi deber —recalcó. —Quiero ser feliz los cientos de años que viviré y… —pausó su oración, para mirar directo a los ojos dorados de Mike— poder compartirlo con alguien.
Durante unos instantes, el tritón y la sirena se quedaron suspendidos en aquel contacto.
—No quiero sonar malagradecido después de lo que has hecho, pero… son muchos años en los cuales puedes vivir aislada —le advirtió, como tratando de que recapacitara.
—Aunque la matriarca sea nuestra líder principal, no es dueña del mar, así que podemos ir a donde queramos —indicó con cierto rencor en sus palabras. —Además, yo sé que esto es temporal y que encontraremos una solución para que nos acepten de nuevo —expresó con determinación, sorprendiendo al tritón—. Yo creo en ti, Mike, por eso decidí seguirte.
En ese momento, Mike supo que no podía rendirse y fallarle a la única sirena que había tenido fe en él.
—Tienes razón. Muchas gracias por tus palabras —le comentó, abrazándola de improvisto. El corazón de Nanaba se disparó frenético ante el contacto y deseó que los brazos del tritón no la soltaran nunca. —Ahora hay que darnos prisa, que Erwin no está nada bien —finalizó el contacto, dejando a la rubia un tanto desilusionada.
—Claro, vamos.
Y tras caminar unos metros más, finalmente llegaron a la cabaña. Nanaba, quien jamás había puesto un pie ahí, alumbró tanto como pudo para contemplar cada detalle de ese sitio.
—Aunque está muy sucio —comentó la sirena, pasando sus dedos por encima de un mueble polvoriento—, este lugar es maravilloso. Jamás imaginé que un humano pudiera crear algo así —continuó su curioso recorrido, hasta llegar a la cama, donde reposaba el comandante.
Iluminando su otra mano para tener una mejor visión, la sirena curativa se percató del intenso rojo sobre la piel del humano y su respiración errática.
—Ha estado así desde que desperté —dijo Mike—. Incluso susurra cosas sin sentido —señaló, al recordar con cierta incomodidad como lo había confundido con Nile.
—Entiendo —dijo Nanaba, desvaneciendo la energía de una de sus manos para tocar la frente de Erwin—. Rayos, está ardiendo en fiebre —expresó con preocupación, alarmando un poco al tritón.
—¿Está ardiendo en qué? —Cuestionó Mike.
—En fiebre —repitió la sirena, percibiendo la evidente confusión sobre el rostro de su líder—. Oh, es verdad. Olvidaba que a los guerreros jamás les da eso. Te explicaré un poco —continuó con su revisión. Y Mike, quien estaba más que curioso, la escuchó atento. —Verás, cuando los curativos iniciamos nuestro entrenamiento, tenemos que aprender a manejar dos elementos muy importantes: la cantidad de energía y la temperatura. Por naturaleza, nuestro cuerpo puede recibir grandes cantidades de luz solar y las convierte en energía, que sirve para las curaciones —relató—. Pero, para poder llegar a ese punto, primero tenemos que crear resistencia a las altas temperaturas; y, muchas veces, en especial durante los primeros días de entrenamiento, nuestro cuerpo se desequilibra y nos da fiebre —retiró la capa que estaba sobre el cuerpo del comandante y miró la herida sobre su pecho, la cual no había sanado en su totalidad.
—En el caso de Erwin, es la herida lo que provocó que se enfermara, ¿no es verdad? —Dijo el tritón.
Nanaba se sorprendió por lo rápido que había llegado a dicha conclusión y pensó que tal vez había subestimado a su líder por ser un guerrero.
—Así es —asintió la curativa—. Tal parece que, aunque las causas sean distintas entre humanos y sirenas, el debilitamiento de nuestros cuerpos trae consecuencias muy parecidas.
—¿Tardará mucho en mejorar? —Preguntó Mike, con cierta ansiedad—. O, ¿qué hay que hacer para que se cure?
—Hay un par de cosas que necesito explicarte antes de que hagamos algo —expuso, al notar la desesperación de su líder—. Para empezar, la primera curación que hice no alcanzó a restaurar por completo los tejidos de "Erwin" y me temo que tenga daños internos al igual. Como te había dicho aquella vez, una curación posterior a la primera jamás tendrá el mismo efecto. Esto no quiere decir que sea imposible cerrar su herida, pero sí me llevará el doble de tiempo.
El tritón sólo suspiró con decepción.
—¿Y sobre la fiebre? —Le preguntó a la curativa.
—Eso puede mejorar más rápido, pero necesitaré tu ayuda —le contestó—. ¿Conoces la flor de equinácea?
—Ah… no.
—Son unas flores violetas muy parecidas a las margaritas y que tienen pequeñas espinas. Crecen en el pasto o debajo de los árboles frutales —explicó, tratando de que el tritón hiciera memoria.
—Está bien, las traeré —le respondió—. ¿Necesitas algo más? —Le preguntó, antes de emprender su marcha.
—Sí, también necesitaré cocos, para que pueda hacer una infusión con su agua y la equinácea. Esta mezcla ayudará a que la temperatura de Erwin se equilibre y su fiebre desaparezca —detalló—. Y, por último, trae unas hojas de palmera y frutas variadas de las que tú quieras.
—¿Eso para qué? —Inquirió Mike, alzando una de sus cejas.
—Las hojas de palmera son para quitar todo el polvo que hay aquí y que puede hacer que la herida del humano se infecte —mencionó, al mismo tiempo que daba inicio a su curación—. Y las frutas… porque tengo hambre y estaremos aquí toda la noche —añadió, apenada, escuchado rugir a su propio estómago.
Por primera vez en esa noche, Mike soltó una pequeña risilla.
—De acuerdo, enseguida las traeré —se dio la media vuelta, para salir de la cabaña.
—¡Trae algo de frutas para ti también! —Exclamó la curativa—. ¡Esos humanos te dejaron muy delgado y necesitas recuperarte!
—Sí, sí, ya me voy o perderé las piernas antes de que encuentre todo lo que me pediste —anunció desde el otro lado de la puerta—. ¡Cuento contigo!
—Y yo contigo. Ve con cuidado —le contestó, esbozando una sonrisa de oreja a oreja. Tal parecía que, aunque las circunstancias fuesen adversas, esta situación podría hacer en lo que cientos de años no pudo: estar cerca de Mike.
Durante toda la mañana, Hanji y Levi trataron de aterrizar los detalles más importantes del altercado, para trazar una línea de acción. Sin embargo, dichos planes cambiaron cuando, al llegar a la legión de reconocimiento, notaron el desastre que había en la oficina de Erwin.
—Maldición… —siseó el capitán, al notar el cajón donde guardaban los registros ahora despedazado sobre el piso—. Boris, llama a Erd y dile que es urgente. —Le ordenó al cadete que estaba cerca de la puerta, quien, por alguna extraña razón, no lo obedeció.
—N-no está, capitán —le respondió, a lo que Levi, con menos paciencia de lo normal, se giró para verlo con evidente molestia.
—¿Cómo lo sabes si ni siquiera lo has ido a buscar?
Incapaz de sostenerle la mirada a su superior, el cadete desvió la suya hacia el piso, para después responderle:
—No hemos visto a Erd desde la guardia de ayer, capitán. Y hoy ni siquiera se presentó para cambiar turno.
Levi y Hanji intercambiaron un par de miradas.
—Oye, Ymir —se dirigió Hanji hacia la cadete, quien había decidido regresar a la legión, mientras que Armin e Historia esperaban por noticias de sus compañeros en la sede de las tropas estacionarias—, el día de ayer, ¿no notaste algo fuera de lo ordinario, además de lo que sucedió en la oficina?
Aquella pregunta le dio muy mala espina a la chica, quien, tratando de repasar cada detalle de su turno junto a Historia, recordó uno que hasta ahora, creía insignificante.
—Antes de iniciar nuestro turno, vimos salir a alguien de la legión sobre un caballo —relató—. No pude identificarlo, porque tenía el rostro cubierto con una capucha e iba muy rápido —dicho esto, se quedó en silencio durante unos segundos.
Deduciendo quien estaba detrás de dicha capucha, Hanji hizo una última pregunta, sólo para cerciorarse de estar en lo correcto:
—Después de que vieron salir a esa persona, ¿pudieron localizar a Erd?
—No. De hecho, esa noche lo buscamos para avisarle lo que había pasado en la oficina del comandante, pero él… —les dirigió una mirada atónita a sus capitanes, como cayendo en cuenta de lo que intentaban decirle— No puede ser… Erd, no pudo ser quien se llevó los registros.
—En esta legión, sólo los cadetes que custodian a los tritones, y nosotros como capitanes, sabemos dónde guardamos los registros. El resto de los que forman parte de nuestro equipo, o sea, Auruo, Gunter y Erd, desconocen esta información —reveló Hanji—. La persona que se llevó las libretas no tenía la más remota idea de dónde estaban, por eso tuvo que revolver todo lo que encontró a la vista. Auruo y Gunter no estaban aquí ayer, lo cual sólo deja a Erd como responsable.
—Bueno, tal vez sabía dónde estaban y montó toda esta escena para confundirnos —expuso Ymir, como negándose a creer tan descabellada premisa.
—¿Observas cómo está sumido el cajón del escritorio? —señaló la líder con su dedo—. Eso es porque tampoco sabía que el cajón tenía llave y tuvo que golpearlo, como lo hizo con la puerta, para romperlo. No fue ninguna coincidencia que, la noche de nuestra misión, se robaran toda la información —dictaminó. —Erd sabía perfectamente lo que hacía y lo tenía planeado al punto, en que pudo huir antes de que Historia y tú iniciaran su turno.
Aunque dicha explicación había borrado toda duda de por medio, un gran vacío se apoderó de los presentes.
—Ymir, Boris, ¿podrían dejarnos solos un momento? —Demandó súbitamente el capitán, siendo acatado por los cadetes—. Ah, pero antes… —mencionó, como si se le hubiese escapado algo; pero, más que "escapársele", era el mal presentimiento que acompañaba su pregunta lo que lo obligó a aplazarla— ¿Han tenido noticias de Erwin y su tropa?
—No, capitán. Desde que salieron el día de ayer no hemos sabido nada —respondió Boris.
—Ya veo… gracias —pronunció, observando a los cadetes retirarse.
—Esto no está bien —agregó Hanji, con una expresión lúgubre sobre su rostro.
—Nada lo está. Y, al parecer, se pondrá peor. —Le respondió Levi, sin una pizca de optimismo.
—Ya ni siquiera sé a qué deberíamos darle prioridad: si al secuestro de los tritones, a la vida de nuestros cadetes o al hecho de que Erwin no aparece —negó Hanji incesantemente con la cabeza , como intentando no perder la poca cordura que le quedaba.
—A todo hay que darle prioridad, por eso somos soldados —le contestó Levi, recargando su espalda contra el escritorio.
—Lo dices como si fuera tan fácil, que de verdad me gustaría creerlo.
Seguido de esto, un corto silencio se hizo presente entre ambos.
—…Hay alguien más que trabajó junto a Faris y Erd —soltó, de repente, la líder de escuadrón—. Es claro que lo tenían muy bien planeado para que fuera uno en cada misión y eso me hace pensar que el otro u otros infiltrados, iban con Erwin porque…
—Él iba con el líder de los tritones. —Completó Levi quien, como siempre, se replanteaba una y otra vez todo lo que pudieron hacer para prevenir ese desastre; pero, como Erwin le había dicho en una ocasión, nada es predecible cuando eres un soldado y lo único que te queda es asumir la responsabilidad de tus acciones. Y eso haría—. ¿Sabes? Creo saber a dónde tenemos que ir para empezar a solucionar esto —comentó, con una mirada decidida sobre su rostro.
—¿A dónde? —Preguntó Hanji.
—Vamos a darle una visita sorpresa a cierto bastardo, quien, seguramente, sabe mucho sobre el altercado y el paradero de Erwin —contestó Levi—. Y si no lo sabe, tenemos buenos métodos para "ayudarle" con su memoria —miró a su compañera, quien le regresó el gesto con cierta complicidad.
Primera fase del experimento.
«La preparación»
.
Después de su captura, ninguno de los tritones fue capaz de conciliar el sueño adecuadamente. Ni siquiera cuando el agotamiento extremo en sus cuerpos comenzaba a vencerlos y sentían sus párpados cerrándose, nadie se daba el lujo de bajar la guardia.
Pero, a medida en que transcurrían las horas, la incertidumbre y paranoia aumentaron también; y eso, mezclado con el cansancio que sentían, hizo una combinación muy desfavorable.
—Escucho pasos… —mencionó Marco— ¿Los escuchan también? —Les preguntó a sus amigos, quienes guardaron silencio durante unos segundos para corroborar que fuese verdad y no otra de las muchas confusiones que habían tenido a causa de la falta de sueño.
—Creo que lo volviste a imaginar.
Justo cuando estaban a punto de descartar dicha sospecha, los pasos volvieron a escucharse y esta vez mucho más cerca. La angustia se apoderó de los tritones al reconocer el sonido de una llave abriendo la puerta, dando paso a lo que parecían ser tres soldados.
—Ayúdame a recorrer las cortinas, necesitamos luz.
Por alguna razón, la voz del primer sujeto sonó extrañamente familiar para los seres del mar.
—Ay, por Dios. ¿Cuánta puede haber en un agujero como éste? —Le respondió su compañero, recorriendo la cortina para que una escasa luz entrara por las ventanas de aquella habitación. Fue entonces que los tritones pudieron ver los rostros de los humanos.
Los tres se quedaron sin habla, preguntándose si lo que veían era cierto o el sueño los había vencido finalmente y estaban teniendo una pesadilla.
—Qué bueno que están despiertos, porque hay mucho que hacer hoy.
Aunque Marco y Eren identificaron de inmediato al soldado frente a ellos, quien se había encargado de capturarlos la noche anterior, su mirada permaneció fija sobre el otro par.
—Oh, vaya, olvidé que estaba en medio de un reencuentro —habló de pronto el capitán Hugh, con una expresión burlona sobre su rostro—. ¿Por qué no saludan a sus amigos de la legión y apresuran esta tontería de una vez? —Se dirigió a Erd y Gunter, quienes sólo se mantuvieron en silencio, observando a los seres del mar.
—Ahora entiendo… —masculló Eren, negando repetidamente con la cabeza— El día que nos atacaron, ellos sabían que íbamos para el mar y eso fue… ¡Eso fue por ustedes, malditos traidores! —Gritó, golpeando el cristal del contenedor, aun cuando sus manos estaban apresadas por grilletes.
—¡Eren, tranquilízate! —Exclamó el curativo, tratando de detener su arrebato con ayuda de Bertholdt— ¡Recuerda lo que conversamos! —Pero su insistencia fue inútil y, hasta cierto punto, entendía su reacción.
Esos tipos no tenían una pizca de remordimiento; de hacerlo, no serían capaces siquiera de dirigirles la mirada después de haberlos engañado y traicionado; pero ahí estaban, parados tranquilamente frente a ellos, como si fuese otro día ordinario en la legión.
—Tú viajabas con Mike, ¿no es así? —Le preguntó Eren a Gunter, de manera repentina, sacando de sus pensamientos al curativo— ¿Dónde está? —Le confrontó, mirando su rostro amoratado y herido que, sin saberlo, había sido ocasionado por el líder tritón. —¡Te hice una pregunta, escoria! ¡¿Dónde mierda está Mike?!
—¡No lo sé! ¡El bastardo sólo se largó! —Le respondió, con fastidio—. Pero ni crean que ustedes correrán con la misma suerte, de eso me encargo yo —les amenazó, creando tensión en el ambiente.
—Me alegra que pudieran ponerse al corriente —interrumpió Hugh, tras unos segundos—, pero el tiempo avanza y sus riñas estúpidas empiezan a fastidiarme —se dirigió a los soldados. —Si quieren seguir en el experimento, les recomiendo que cierren la boca y hagan lo que les toca, ¿entendido?
—Sí —asintieron Erd y Gunter.
—Ahora denles la llave de los candados a los tritones, que vamos retrasados. —Ordenó, haciendo que Gunter subiera por la escalera que estaba recargada contra el contenedor, hasta llegar a la parte de arriba.
—Creo que han visto cómo los soldados en la legión introducían su llave para abrir la puerta —expuso el soldado moreno, sacando una larga cadena de su bolsillo en la que colgaba dicho objeto—, pues eso es lo que harán: sólo meter la llave en el agujero del candado y girarlo hacia la derecha para abrirlo —dicho esto, dejó caer la llave dentro del agua.
Nadando hasta donde la cadena le permitía, Eren atrapó el objeto entre sus manos y lo examinó durante unos segundos.
—Date prisa, que no tenemos todo el día. —Presionó Hugh, irritando un poco a Eren.
—Vamos —le musitó Marco a su amigo—, mientras más pronto lo hagamos, ellos dejarán de molestar.
—Y no hablen. —Agregó el capitán, con una mirada severa sobre su rostro.
Tragándose su disgusto, el tritón guerrero tomó el candado de la cadena que tenía apresada su cola de pez y lo abrió. Esta misma acción la repitió con sus amigos, quienes, al sentirse libres, estiraron sus cuerpos adoloridos, al haber estado inmóviles por tanto tiempo.
—Suban acá. —Ordenó Gunter desde lo más alto del contenedor, a lo que los tritones, con un disgusto que difícilmente era escondido de sus rostros, obedecieron hasta asomar su cabeza por encima del agua— Entrégame la llave —estiró su mano hacia Eren, quien se alejó de inmediato.
A pesar de estar acostumbrados a los arranques de su amigo, Marco y Bertholdt le miraron sorprendidos y temerosos de que, incluso en una situación tan peligrosa, no supiera controlarse.
—E-Eren, entrégale la llave —insistió el cristalizador, siendo rotundamente ignorado por su amigo, quien se dirigió nuevamente hacia Gunter.
—Todavía… —titubeó, al sentir las miradas puestas sobre él— Todavía no nos quitan esto —alzó sus manos por encima del agua, para mostrar los grilletes en sus muñecas.
Los sonidos de una risa ahogada, desviaron la atención de los tritones.
—No puedo creerlo, ustedes… ¡ustedes son todo un caso! —explotó Hugh entre risas—. ¿De verdad creyeron que éramos tan imbéciles, como para darles la llave de lo único que nos protege contra ustedes? —Continuó, burlándose. —Digo, yo sé que en la legión de reconocimiento no son precisamente "listos", pero no se preocupen… nosotros somos diferentes —cambió por completo su expresión y el tono de su voz, por uno más sombrío—. Aquí, su vida es equivalente a la de cualquier animal con el que experimentamos. Así que les recomiendo que obedezcan y que, por nada del puto mundo, y escuchen bien —enfatizó, como si los tritones fuesen muy tontos para entenderle: —Por nada del puto mundo se les ocurra escapar porque, si lo hacen, conocerán un sitio muy especial que tenemos reservado para ustedes, aquí abajo —golpeó la duela del piso con la suela de su bota— ¿Entendido? —Sonrió.
Aun sin saber completamente lo que había en ese dichoso lugar, ninguno de los seres del mar se atrevió a preguntar. Ni siquiera Eren, quien, contrario a su naturaleza, se acercó con cierta docilidad a Gunter y le entregó la llave.
—¡Esplendido! —se regocijó Hugh, al ver la acción del tritón guerrero—. Ahora vamos para que les hagan una pequeña revisión.
Dicho esto, los soldados sacaron a los tritones del agua y los cargaron para llevarlos a otro cuarto, donde aparentemente ya los esperaban.
—Finalmente llegan —respondió uno de ellos, abriendo la puerta para que pasaran.
El sitio podría estar casi vacío, sino fuera por los tres catres y los humanos, que vestían ropas blancas con una tela cubriéndoles la nariz y boca.
—¿Y ustedes? —Le dijo Erd a uno de ellos, mientras dejaba a Eren sobre el catre— ¿Ya están listos?
El aludido, quien se encontraba de espaldas, se giró y, al hacerlo, el tritón observó el objeto que tenía entre sus manos.
—E-eso es… —intentó decir Eren cuando, de pronto, su boca fue cubierta por una mordaza.
—Ayúdenme a colocar a los tritones bocabajo.
Escuchó decir a aquel humano, sintiendo cómo las manos de esos completos desconocidos lo giraban, para después colocarle unas correas sobre su cuerpo e inmovilizarlo. Como pudo, Eren comenzó a forcejear con desesperación para liberarse, pero, tras unos minutos de lucha, se dio cuenta de que era inútil. Estaba muy débil debido a la noche anterior y con esta clara desventaja, sólo provocaría que lo golpearan si seguía así.
—¿Preparados? —Cuando hizo esta pregunta, los soldados que aprehendían el cuerpo de Eren con sus manos, lo sometieron con más fuerza.
—Listos, doctor.
—Bien, voy a empezar con la extracción del líquido espinal —señaló, retirando las largas hebras de cabello café que caían por la espalda de Eren— Trata de no moverte, tritón —le pidió—. De eso dependerá que haga bien el procedimiento y no tenga que picarte más de una vez.
Aun cuando se encontraba bocabajo, Eren logró girar su cabeza y ahí, frente a sus ojos, divisó a sus amigos siendo sometidos por esos humanos de ropas blancas. Con rabia e impotencia, su cuerpo empezó a temblar y, sin previo aviso, la gruesa aguja de la jeringa de metal, le perforó la piel.
Como un medio para aguantar el punzante dolor, el tritón verde apretó sus párpados con fuerza, hasta que la aguja se introdujo por completo. Sin embargo, nada se comparó con el suplicio que vino cuando comenzó la extracción.
—¡Mgh! —Gimoteó desde lo hondo de su ser, sintiendo su cuerpo contraerse ante el agudo dolor. Era como si un rayo atravesara sus huesos lentamente, conforme extraían más y más líquido.
Sin poderlo evitar, unas cuantas perlas se escaparon de sus ojos; y, como una especie de tortura cruel, Marco y Bertholdt escucharon el sufrimiento de su amigo, sin poder hacer nada para ayudarlo.
—No llores —dijo Hugh, al notar los espasmos sobre el cuerpo del tritón azul—. Pronto será tu turno, también —se burló.
Bertholdt no entendió cómo es que podían existir humanos tan desalmados y, a la vez, otros tan buenos como Historia y Reiner.
"Reiner…", la imagen del rubio llegó a su mente y, con ello, el crudo recuerdo del ataque donde lo había visto por última vez. "¿Seguiría con vida?", se sintió mal hasta de pensar en dicha pregunta. Tal vez, porque muy en el fondo (más allá de lo que había visto) esperaba creer con todas sus fuerzas que sí lo estaba.
—Terminamos —anunció el doctor, retirando la aguja del cuerpo de Eren, para después colocarla sobre una charola de metal—. Vamos con el que sigue —tomó una nueva jeringa, acercándose hacia donde estaba el tritón azul. —No sé si escuchaste lo que le dije a tu amigo, pero te lo repetiré: No te muevas o tendré que picarte de nuevo.
A diferencia de Eren, el umbral de Bertholdt para el dolor era mucho menor; por eso, cuando sintió la aguja perforando su piel, pensó en algo que le diera fuerzas para resistir. No supo exactamente el porqué, pero sus manos se cerraron como si intentara apresar algo que sabía, lo ayudaría…
Entonces, lo recordó.
Esa fortaleza que tanto buscaba, era la que Reiner le daba cuando tomaba su mano. "El cuerpo es sabio para poder sobrevivir", determinó para sus adentros, apretando sus párpados ante el repentino dolor que sintió a través de su columna; pero si el cuerpo era el acto, los recuerdos eran el impulso que podría mantenerlo con vida.
Por eso, a pesar del sufrimiento actual y el que vendría, Bertholdt se aferró a todos los recuerdos que lo habían llenado de dicha y felicidad, añorándolos de tal modo que quiso seguir luchando para subsistir y vivirlos de nuevo.
Con su hermana, con sus amigos y Reiner.
—Oye, Marlo —le llamó Hitch al otro lado de la puerta de su alcoba—. ¿Te vas a tardar mucho? Ya casi son las seis, y muero de hambre. No desperdicies nuestro único día libre —se quejó, haciendo que el chico en cuestión, soltara un suspiro cansino y se dirigiera hacia la puerta para abrirle.
—Dios, actúas como una mocosa caprichosa y mimada —declaró, colocándose su abrigo para salir de su habitación.
—Cuida lo que dices, idiota, o me buscaré a alguien más para salir —le advirtió la muchacha, poniéndose en marcha junto al chico.
—Eso sería tener mucha suerte —susurró, recibiendo un par de insultos que involucraban su corte de cabello—. Como sea. ¿Qué quieres comer hoy? —Le preguntó al bajar las escaleras.
—Pensaba que podríamos ir a…
—¡E-esperen, por favor! ¡No pueden entrar sin permiso! —Irrumpió la voz de una joven cadete, haciendo que el par desviara su atención hacia los recién llegados— ¡Capitán Ackerman! ¡Capitana Zoe! —Exclamó, siendo rotundamente ignorada por los mayores, quienes iban en compañía de otros cadetes de la legión de reconocimiento.
—¿Qué rayos hace la legión de reconocimiento aquí? —Musitó Marlo, con curiosidad, escondiéndose tras una pared para poder espiar.
—Traer problemas, como de costumbre. Es lo único que saben hacer —respondió su compañera, fingiendo no darle mucha importancia, pero husmeando al igual.
—Sepárense y revisen bien en cada habitación. No hay que dejar pasar nada que pueda ayudarnos. —Indicó Levi, guiando a sus subordinados en su búsqueda.
—¿C-cómo? ¿A dónde van? —Preguntó nerviosa la cadete, observando cómo los miembros de la legión se separaban para revisar el cuartel—. Maldición… tengo que ir a…
—Lauren.
Al escuchar su nombre a sus espaldas, la cadete se sobresaltó.
—Ah, comandante Nile —soltó con alivio, tras girarse y reconocerlo.
—¿Qué sucede? ¿Por qué no estás en la torre de vigilancia? —Cuestionó el hombre, sosteniendo unos papeles sobre sus manos.
—Lo que pasa es que los miembros de la legión entraron sin permiso y tuve que seguirlos, pero… —regresó su mirada hacia el pasillo por donde se habían ido.
—Déjalos.
La sola respuesta hizo que Lauren mirara atónita a su superior, quien se mostraba extrañamente sereno ante la imprevista situación.
—… ¿Qué?
—Lo que sea que estén buscando, no lo van a encontrar aquí, así que pierden su tiempo. —Concluyó, con indiferencia, bajando su mirada hacia los documentos que sostenía.
—Pero, comandante, ellos podrían ir hacia la cueva kárstica y ahí-
—Ya te dije que eso no importa. —Atajó Nile, un tanto irritado por las constantes dudas de la chica— Así vayan dentro de la cueva o llamen a la guardia real para una inspección, no van a encontrar un solo rastro de esa tropa. —La extrema frialdad con la que había dicho estas palabras, perturbaron a la joven.
—Tiene razón. Mejor me voy a cumplir mi turno y dejo esta situación en sus manos —concordó, haciendo un saludo para después retirarse.
—Ah… ¿Lauren? —Le llamó por última vez el comandante, haciendo que un incómodo contacto visual se estableciera entre ambos— Nada. Sólo quería agradecer tu ayuda en este experimento. Es todo. —Dijo sin más, dirigiendo sus pasos hacia donde estaba su oficina.
Y si Lauren parecía confundida en esos momentos, Marlo y Hitch, quienes habían presenciado todo por desgracia, estaban perplejos.
—…Vámonos —le susurró Marlo lo más bajo que pudo a su compañera, quien asintió, para después subir las escaleras junto a él.
Ambos con el apetito totalmente estropeado.
Tras haber finalizado con las extracciones del líquido espinal, los soldados llevaron a los tritones hacia el cuarto donde habían estado cautivos y los colocaron sobre tres sillas que habían puesto en el lugar.
—Les vamos a dar su comida —les dijo Erd, pasándoles un bulto cubierto por papel—. Y más vale que se lo coman, porque es todo lo que recibirán por hoy.
Desdoblando el papel para ver el contenido, los tritones se toparon con una masa desagradable y rojiza, que para nada les abría el apetito.
—Ugh… ¿qué rayos es esto? —Se quejó Eren, cubriendo la masa con el papel nuevamente.
—Es una mezcla de carne molida, pescado y huevos —explicó el soldado rubio—. Tenemos que asegurarnos de que reciban todas las proteínas posibles, antes de iniciar con el entrenamiento. De lo contrario, pueden llegar a debilitarse y desmayarse durante la prueba.
Pero, aún con dicha explicación, los tritones no estuvieron ni cerca de probar bocado.
—Nosotros… comemos frutas —musitó Bertholdt, mirando a los humanos con cierto temor.
—Miren, yo no sé dónde rayos piensan que están, pero esa porquería es lo único que hay para que coman —indicó Hugh, con fastidio—. Así que no me hagan perder los estribos y tráguensela de una maldita vez.
Sabiendo lo sádico que podía ser ese humano, Eren y Marco se miraron, para después tomar un pedazo de la masa entre sus dedos. Se sentía viscosa al tacto y aunque tenía pescado (que disfrutaban comer con algo de regularidad), tenía un olor tan desagradable, que les revolvía el estómago.
—Terminemos con esto de una vez. —Tan pronto como dijo esto, Eren llevó el trozo hasta su boca y lo engulló con brusquedad. Aquello sabía peor de lo que se veía, por lo que, evitando impregnar su boca con tan pútrido sabor, tragó sin masticar muy bien.
Ni siquiera se atrevió a comentar nada para no asquear más a sus amigos; de hecho, sólo continuó comiéndose la masa, pensando que en cuanto más pronto terminara, mejor. Marco fue el siguiente en comer, quien, al igual que Eren, tuvo que aguantarse las ganas de vomitar, para terminar "su comida".
Pero Bertholdt, quien veía la sangre chorreando del papel que envolvía la carne, no pudo. Detestaba la sangre, más aún cuando ésta manchaba sus manos.
—¿Necesitas ayuda? —se dirigió el capitán Hugh al cristalizador, quien, con un poco de vergüenza, asintió— Ve y ayúdalo, Gunter. —Le ordenó, sin despegar su tétrica mirada del tritón.
El moreno, fastidiado de recibir órdenes de aquel sujeto, se dirigió de mala gana hacia Bertholdt.
—¿Qué sucede? ¿Por qué no te lo comes? —Le preguntó, sin una pizca de verdadero interés.
—Es que… no me gusta la sangre —titubeó, mordiéndose el labio.
Gunter lo miró fijamente.
—Entiendo. —Acercó lentamente su mano hacia el rostro de Bertholdt, mientras que, con la otra tomaba la masa— Permíteme ayudarte. —Sin previo aviso, introdujo sus dedos para abrirle la boca al tritón, metiéndole la masa de lleno contra su boca. Bertholdt sintió que se asfixiaba, por lo que intentó masticar lo más rápido que podía, para no atragantarse— Eso, muy bien. ¿Ves que sí podías comer? —Se burló cuando, sin verlo venir, algo le fue arrojado sobre el rostro.
—Si tanto te gusta esta porquería, ¿por qué no te la tragas tú, bastardo? —Exclamó Eren, quien, al no tener sus piernas aún, le había arrojado su comida al soldado para defender a su amigo.
Aprovechando que Gunter se limpiaba el rostro, Bertholdt escupió toda la carne que tenía en su boca, logrando al fin, respirar con normalidad.
—¿Estás bien? —Le preguntó Marco con preocupación, a lo que el cristalizador, un poco pálido, asintió.
—… Maldito monstruo —siseó el soldado, mirando a Eren con profunda aversión—. ¡Voy a darte una lección!
Al notar cómo Gunter se acercaba rápidamente al tritón, los otros soldados tuvieron que intervenir, alcanzando a detenerlo unos segundos antes de que le soltara un puñetazo a Eren.
—¡Imbécil, ¿qué crees que estás haciendo?! —Le reclamó Erd, forcejando con su camarada —. Ellos son los únicos que pueden ayudar a mi esposa. Así que no te atrevas a ponerles un puto dedo encima o juro que te las verás conmigo.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué es lo que harás, pedazo de…?
—¡Bertholdt!
Justo después de oírse la voz de Marco, el ruido de alguien vomitando llamó la atención de los presentes, quienes, tan pronto observaron la escena, desviaron su mirada con repulsión.
—Ahí está el resultado de tu estupidez, Gunter. —Señaló Hugh, obteniendo una mirada asesina por parte del moreno— Te cabrea te den ordenes, pero ni una puta cosa sabes hacer bien. Primero, dejaste escapar al líder de los tritones, quien terminó por molerte la cara a golpes. Y ahora —se giró, para señalar a Bertholdt devolviendo todo sobre el piso, mientras Marco le sujetaba el cabello—, una acción a prueba de imbéciles, como darle de comer a los tritones, la arruinas. Dime, ¿qué es lo que puedes hacer bien y que esté dentro de tus capacidades mentales? Porque, en serio, estás empezando a fastidiarme.
Gunter no le respondió. En cambio, sólo atinó a apretar sus puños, al mismo tiempo que aguantaba las inmensas ganas de golpear a Hugh.
—Para ti es muy fácil decirlo… —comentó el soldado moreno, con seriedad—. Ninguno de ustedes tuvo que enfrentarse a Erwin o al tritón mayor. Créanme que, para mí, también hubiese sido mucho más cómodo si sólo me hubiera tenido que robar los registros de la legión y largarme —le dedicó una mirada a Erd, quien, sin ánimo de seguir la discusión, sólo desvió su rostro.
—Guárdate tus indirectas para alguien que le importe. —Atajó Hugh, dando por terminado el asunto— Ahora ve y consigue un trapo para limpiar esta porquería, mientras Erd y yo llevamos al guerrero y al cristalizador a sus respectivos salones de entrenamiento. —Ordenó, acercándose con cierto asco hasta donde estaba Bertholdt, para después cargarlo—. Tú quedarás a cargo del entrenamiento del curativo. Es el más sencillo de los tres: sólo tienes que registrar sus síntomas y, si llegara a desmayarse, lo llevas con los médicos.
—Sí, ya lo sé. —Respondió Gunter, de mala gana, mientras que Marco sólo atinaba a seguir a sus amigos con la mirada.
—Pues más te vale, porque de esto depende si sigues en el experimento o no. —Determinó Hugh, esfumándose del salón con Bertholdt en brazos, seguido de Erd, quien cargaba a Eren.
Tras cerrarse la puerta, el tritón curativo desvió su mirada hacia el piso, como intentando evadirse de ese momento y de lo que probablemente vivirían de ahora en adelante.
—Oye —irrumpió el soldado, sacando a Marco de sus pensamientos.
—Qué. —Musitó el tritón, sin una pizca de emoción en su voz.
—Voy a ir por los trapos para limpiar la mierda que hizo tu amigo. Mientras tanto, necesito que dejes tu culo pegado a la silla —señaló.
—No es como si tuviera otra opción, ¿o sí? —Replicó Marco con ironía, notando cómo Gunter se acercaba hacia él, con un semblante extraño sobre su rostro— ¿Qué…?
Sin darle siquiera oportunidad a completar su pregunta, Gunter le soltó una tremenda bofetada al curativo, que lo hizo tambalearse un poco de su silla. Desconcertado por dicha acción, Marco giró su cabeza con cierto temor, para mirarlo de frente.
—Eso fue en venganza, por lo que el bastardo de Eren me hizo —explicó a secas, tomando al curativo fuertemente del rostro—. Y también para recordarte que cada vez que yo te diga algo, debes obedecer y cerrar la boca, ¿entendido?
Ante la fuerza con la que Gunter lo sujetaba, Marco ni siquiera pudo asentir, por lo que dejó salir un débil:
—Sí… entendido.
Dicho esto, el soldado soltó el rostro del tritón con brusquedad y, sin ninguna explicación de por medio, salió del salón. Marco no supo por cuánto tiempo se fue, pero él permaneció sumergido en un profundo silencio, y hubiese seguido así de no ser por un leve cosquilleo que sintió en su rostro y que lo obligó a mirar hacia su regazo.
Eran perlas que, por la cantidad que veía, llevaba llorando desde hace un rato, sin notarlo antes. Como reflejo, usó el dorso de su mano para limpiar sus ojos y, al hacerlo, sintió un dolor sobre su mejilla que lo obligó a detenerse. Usando las yemas de sus dedos, palpó suavemente la zona, percibiendo cómo se había hinchado en pocos minutos.
De haber estado en otra situación, el tritón habría acumulado un poco de energía entre sus dedos para curarse; pero, debido al tiempo que llevaba sin recibir luz solar (y que parte de su energía había sido depositada en las curaciones que había hecho para sus amigos), Marco se abstuvo de usar sus poderes para su propio bien.
—… Duele —admitió, en un susurro, bajando la mano de su rostro indudablemente afligido.
"Si sólo… si tan sólo hubiese tenido el valor de admitir por primera vez lo que deseaba y pelear por ello, nada de esto habría pasado", deliberó, como una especie de escarmiento para sí mismo. Si en aquella ocasión en la que Jean le había casi rogado que se quedara con él, lo hubiera hecho… o cuando lo había llevado al bosque para huir y construir una vida juntos, él hubiese peleado por hacerlo realidad, ahora estarían en la compañía del otro y no preguntándose si el soldado seguía con vida, o si él sobreviviría a esta situación, para poder verlo una vez más. "Si tan sólo pudiera verlo una vez más", añoró desde lo más profundo de su corazón, sintiendo las lágrimas desbordándose de sus ojos nuevamente.
—Perdóname, Jean —expresó, notando cómo esa enorme culpa que sentía ahogaba su propia voz—. Cuando te conocí, te acusé de ser "un cobarde" y me sentí mejor que tú por ser el responsable de curar a mi gente; pero, en realidad, fuiste tú quien se arriesgó y peleó por los dos sin dudarlo, mientras que yo… —negó con la cabeza, recordando la última vez que lo había visto en el bosque: golpeado, sometido, pero manteniéndose a su lado para intentar protegerlo— te di la espalda para ir a cumplir un deber que no quería y te dejé ir con la carga solo… y te juro que no quería hacerlo —sollozó, escondiendo su rostro entre sus manos. —Yo quería pelear por ti, mucho antes de que me lo pidieras. Quería dejarme llevar por mis sentimientos y creer que podíamos estar juntos… pero estaba tan acostumbrado a ignorar lo que quería, que tuve miedo y no supe qué hacer. Qué patético me he de ver, ¿verdad? Hablando solo, como si estuvieras aquí para aliviar mi dolor, que es mucho peor que un golpe sobre el rostro. —Soltó una risilla lastimera, quedándose en silencio durante unos instantes— Sé que perdí muchas de las oportunidades que me diste, por eso, te juro que voy a luchar por sobrevivir y esta vez seré yo quien vaya a buscarte. Así que no te rindas y te prometo que yo tampoco lo haré, no importa lo que suceda. Y si todo sale bien… si logro salir de aquí, tomaré la decisión que quise desde un inicio y me quedaré contigo.
Dicho esto, Marco limpió el rastro de perlas de sus ojos con su antebrazo, escuchando la puerta del salón abrirse nuevamente.
—Es hora del entrenamiento —anunció Gunter, dejando pasar a los soldados médicos al salón del curativo.
Pero no importaba lo que pasara, Marco estaba decidido a cumplir su promesa.
Después de subir las escaleras, Hitch y Marlo se dirigieron a la habitación de éste último, donde ambos se mantuvieron en absoluto silencio.
—… ¿Vamos a pretender que nada ocurrió? —Habló Marlo, tras varios minutos de estar en la misma situación.
—Eso sería lo mejor, digo, no fue nuestra culpa haber estado en el momento y en el lugar equivocados. —Respondió, a lo que Marlo sólo atinó a negar con la cabeza— O, bueno, no sé si tengas una mejor idea —añadió, con molestia, al notar la disconformidad de su compañero.
—No se trata de eso y lo sabes —dijo el cadete, levantándose de la silla donde se encontraba descansando.
—Entonces, ¿qué? ¿Cuál ese problema por el cual no puedes fingir que nada ocurrió? —Preguntó Hitch, con desesperación, ante la ambigüedad de sus respuestas.
—Porque ahora somos cómplices por haberlos escuchado, Hitch. Por eso. —Le alzó la voz a su compañera, haciendo que un silencio embargara el lugar nuevamente—. Tan sólo… imagina que fuéramos nosotros los que íbamos en esa tropa y que alguien escuchara que "nos desaparecieron" y no dijera nada. Imagina a nuestras familias buscándonos con desesperación, sin saber siquiera si seguimos con vida o…
—Basta, ya. —Le pidió la cadete, incapaz de soportar la culpa que esas palabras le provocaban— Yo… te juro que entiendo cada palabra de lo que dices y no sabes cómo me arrepiento de haber escuchado eso, pero… no podemos decir nada. Tú no sabes la influencia que tiene el comandante con el rey, y si decimos algo… —en el momento en que ambos se miraron, Marlo pudo ver el terror en los ojos de Hitch y entendió que sus vidas podían correr peligro.
—Pero, entonces, la legión de…
Unos golpes sobre la puerta de la alcoba hicieron que la sangre se les fuera a los pies. ¿Acaso alguien los había estado escuchando?
—¿Q-Quién? —Aunque Marlo había intentado que su voz sonara normal, el nudo que sentía en su garganta se lo impidió. Y no pasaron ni dos segundos cuando la respuesta llegó, al abrirse la puerta de golpe, dejando entrar a un soldado.
—Permiso, voy a entrar —avisó Armin, sosteniendo una lámpara de aceite en su mano para revisar el sitio.
Los dos soldados no supieron si sentirse aliviados o sorprendidos por su presencia, pero eso lo averiguarían enseguida.
—Armin… ¿qué haces? —Preguntó Hitch, a lo que el rubio, pasándose por todo el lugar con su lámpara en mano, respondió:
—Estoy haciendo una inspección.
Ante lo cortante de su respuesta, la cadete sintió como si se estuviese burlando de ella.
—Creo que eso es bastante obvio, ¿no crees? —Le contestó, siguiéndolo por la alcoba hasta quedar frente a él—. Lo que quiero saber, es: ¿Qué rayos es lo que está buscando la legión de reconocimiento? Porque, por la manera en la que entraron aquí, no parece como si tuvieran permiso, ¿o sí?
Los ojos azules de Armin se mantuvieron fijos sobre los de la chica, quien estaba cruzada de brazos, esperando su respuesta.
—Lo siento, Hitch. No puedo decir nada, son órdenes del capitán Levi. —Se hizo a un lado para esquivar a la cadete y continuar con la revisión. Tomando eso como un desplante, la chica se sintió indignada, y esta vez fue mucho más firme.
—Ustedes se meten como si nada a nuestras alcobas, ¿y esperas que no preguntemos nada? ¿Por quién me tomas? —Se quejó, arrebatándole la lámpara a Armin, quien tenía un rostro de todo menos amable el día de hoy.
—Pareces demasiado interesada en saber lo que estamos haciendo —reveló, provocando que la cadete se pusiera un poco nerviosa.
—E-Eso es obvio. Están entrando aquí y…
—Mira, Hitch, no deseo ser grosero contigo, pero de verdad necesito apresurarme a revisar las demás alcobas. Me gustaría darte una respuesta, pero son temas que involucran a ambas milicias, y que creo podrían llegar a ser muy delicados. Así que, por favor, déjame cumplir con mi labor. —Acto seguido, tomó su lámpara de vuelta para continuar con indagando el lugar.
Conociendo lo necia que su compañera podía ser, Marlo se paró a su lado y colocó una mano sobre su hombro.
—Tranquila —le musitó lo más bajo que pudo, recibiendo un asentimiento en respuesta por parte de la chica, quien aparentemente había desistido del tema.
—No hay nada de lo que busco. Disculpen la molestia —se excusó el rubio después de unos minutos; pero, a pocos pasos de salir por la puerta, fue detenido del brazo por Hitch.
—Lo siento, pero si tú no me das las respuestas que busco, iré a preguntarle a Jean. —La cadete no supo exactamente por qué, pero la expresión de Armin cambió de una sorprendida a una afligida; mas esto poco le importó y determinada a conseguir respuestas, tiró al rubio del brazo y salió por la puerta junto a él— Me imagino que viene contigo, ya que son de la misma tropa —comentó, obteniendo un silencio extraño como respuesta—. ¿Qué? ¿No vino?
Por más que Hitch le pareciera imprudente, al ver su rostro, Armin no pudo evitar sentirse mal. Él, mejor que nadie sabía lo mucho que ella quería a Jean y enterarse sobre lo que le había ocurrido, podía ser un golpe muy duro para ella.
—Por Dios, Armin, respóndeme. —Alzó la voz, tomando al rubio por los hombros.
Pero también sabía que tenía estrictamente prohibido hablar sobre la situación, por lo cual pensó en algo que pudiera ayudarlo; y, para su suerte o desgracia, lo encontró:
—Necesito que me escuches, ¿de acuerdo? Pero antes modula el tono de tu voz, ya que no quiero que nadie se entere de lo que te voy a decir. —Al ver el rostro tan serio que mostraba Armin, la cadete guardó silencio y le miró con cierto temor. —Verás, Jean salió a una misión y durante ésta, él… salió muy herido —reveló, haciendo que la expresión de la chica cambiase por completo—. No puedo dar muchos detalles, pero él ahora mismo está en el cuartel médico de las tropas estacionarias y… creo que deberías ir a verlo.
Ese "deberías ir a verlo" había sonado como si fuese algo tan grave, que ni siquiera el cadete de la legión se atrevió a revelar.
—Su situación es mala, ¿verdad? Pero… ¿tan mala que podría…? —No pudo completar su pregunta, pero Armin entendió a lo que se refería.
—Sí, él podría estar en riesgo de morir —contestó el rubio, incapaz de mirarla, escuchando cómo rompía en llanto—. Disculpa que te lo haya dicho así, pero sentí que debías saberlo.
Marlo, quien se había mantenido al margen de la situación, se acercó a su compañera para consolarla y Armin, al notar esto, se sintió relativamente más tranquilo y optó por retirarse.
No podía negar la culpa que sentía por haber hecho llorar a Hitch y, aunque había querido decirle la verdad, odiaba reconocer que lo había hecho con una segunda intención. En realidad, esperaba que, al ver a Jean en tal estado, la chica decidiera ayudarlos pasándoles información sobre la policía militar. Así, evitaría ser reprendido por revelar información y al mismo tiempo, podrían dar con los tritones y la tropa.
Pero, aun con eso en mente, sabía que hacer eso estaba mal.
Usar el sufrimiento de una persona para beneficio de la legión era algo que lo hacía sentir que había caído muy bajo; pero, en este punto, ¿qué otra cosa podía hacer? Cada día que pasaba, veía una posibilidad más baja de que los tritones o el comandante siguieran con vida, aunque… ¿justificarse hacía más aceptables sus acciones?
O, lo que es lo mismo, ¿su fin justificaba los medios?
Después de horas de meticulosa inspección, los capitanes obtuvieron la misma respuesta: no había ni un solo rastro de los tritones, ni de Erwin en ninguno de los cuartos, bodegas o sótanos de ese lugar. Aquello fue una verdadera decepción. Sin embargo, aún faltaba un lugar por revisar y que estaban casi seguros de que les daría la respuesta que buscaban.
—C-Capitán Ackerman… ¿qué hace aquí? —Preguntó, entre sorprendido y nervioso, uno de los soldados que custodiaba la entrada hacia la cueva kárstica.
—Dame permiso, necesitamos pasar. —Le ordenó Levi al soldado.
—Lo siento, pero… no pueden pasar a menos que el comandante Nile lo autorice —respondió interceptando la entrada, recibiendo como consecuencia una mirada asesina por parte del capitán.
—Miren, no estoy para estas tonterías, así que háganse a un lado si no quieren que yo lo haga.
Sabiendo la fuerza que podía tener Levi, los dos cadetes que custodiaban la puerta se miraron entre sí, temiendo por su integridad.
—Déjalos pasar, Darius. —Se escuchó una voz a sus espaldas, una que los presentes reconocieron al instante.
—Ah… sí, comandante, como usted ordene —abrió la puerta para darle acceso a los capitanes de la legión, quienes, por alguna razón, no se movieron de su sitio.
—¿No piensan entrar? —les preguntó Nile a los capitanes, recibiendo la misma mirada en respuesta—. Oh, ya entiendo. Quieren que pase primero —adivinó, casi con burla, pasando tranquilamente por la puerta.
Los capitanes no dijeron nada y, sin bajar la guardia, le siguieron a través de la rampa que había en la entrada. Observando el lugar, se dieron cuenta de que era justo como Mike lo había descrito: lleno de formaciones rocosas, húmedo y con canales de agua sobre el piso. En pocas palabras, algo que justificaba la cantidad de soldados que resguardaban el interior de ese sitio.
—¿Encontraron lo que buscaban? —Se interesó Nile, al llegar al final de la rampa que estaba a unos cuantos pasos de la cueva kárstica.
—¿En dónde están? —Atajó Levi repentinamente, ignorando por completo su pregunta.
—¿Quiénes? —Por su voz, parecía como si no le importase en lo más mínimo. Y eso fue el límite de la paciencia del capitán, quien lo tomó bruscamente por las solapas de su camisa.
—No quieras hacerte el imbécil con nosotros —siseó colérico, dándole un fuerte tirón—. Sabemos que estás involucrado con el secuestro de los tritones y la desaparición de la tropa de Erwin. Así que habla de una vez y dinos, ¡¿qué rayos les hiciste?! —Vociferó, llamando la atención de los soldados que estaban ahí.
Las miradas del capitán y el comandante permanecieron fijas sobre el otro durante unos segundos, atentas a cualquier reacción o movimiento.
—¿Y por qué rayos tendría que saber eso? —Contestó Nile.
—Porque el último lugar donde Erwin estuvo con su tropa fue éste y, desde entonces, no ha aparecido. —Explicó Hanji, con molestia, sabiendo que esto no era más que una pregunta a modo de burla.
—Déjame ver si entiendo: Erwin se infiltró aquí sin permiso… ¿y soy yo quien tiene que hacerse responsable por la desaparición de su tropa? —Ironizó—. Deben estarme jodiendo. —Comenzó a forcejear para liberarse del agarre de Levi, mientras que Hanji simplemente no pudo creer su respuesta.
—¿No escuchaste lo que te dije? —Repitió la líder de escuadrón, acercándose al comandante—. Erwin desapareció.
Levi entendió perfectamente la intención de su compañera, pero él, conociendo lo cruel y egoísta que podía ser Nile, ni siquiera se sorprendió cuando lo escuchó decir:
—Pues no soy su amigo o de su familia para que me importe. Él decidió meterse en la cueva sin permiso y tal vez por eso, algo le ocurrió.
Al parecer, eso era lo que se obtenía después de años en una relación, donde no importaba lo que Erwin hubiese sacrificado, ésta no significaba una mierda para Nile.
—Eres un…
Justo antes de que Levi pudiera decirle hasta de lo que moriría, el puño de Hanji se estampó directo contra el rostro de Dawk, obligándolo a caer hacia el piso. La líder, por otra parte, estaba tan llena de ira e indignación que decidió alejarse para no cometer algo, de lo que después se arrepentiría.
—No hubiese estado mal que te desahogaras un poco más —le comentó Levi a su compañera, mientras que el comandante se limpiaba el rastro de sangre que tenía en su boca—. Y por cierto, Nile… ¿cómo rayos sabes que la tropa de Erwin llegó acá? Nosotros ni siquiera sabemos si lograron entrar a la cueva, pero al parecer tú sí.
Nile miró a Levi con profunda rabia, mientras se levantaba de piso. Y es que, entre todas las personas que conocía, no había alguien a quien aborreciese tanto como a Levi Ackerman; quien hacía y decía lo que le daba la gana y después era premiado por ello como "un héroe".
Pero hoy, le enseñaría que no siempre sería así y menos con él.
—Yo le advertí a Erwin que no se involucrara con el tema de los tritones; pero, como siempre, no me escuchó y terminó por involucrarlos a ustedes, quienes estúpidamente, creen que nosotros tenemos el poder de decidir sobre esta situación. Y se equivocan. —Explicó, tomando por sorpresa a los capitanes— Nosotros sólo seguimos órdenes de alguien que tiene toda la autoridad para desaparecerlos a ustedes y a mí, si así lo desea.
—¿A quién te refieres? —Cuestionó Levi, escéptico respecto a sus palabras.
—Al rey —confesó, dejando al par completamente atónito—. Es por eso que no tiene sentido que inicien una búsqueda para encontrar a los tritones o los que atacaron a su tropa. Nadie los va a ayudar. ¿O no me digan que esperaban ir con la guardia real y decirles que secuestraron a unos tritones que tenían en su poder y desean encontrarlos? No sean estúpidos y dejen de perder el tiempo. —Dio por terminada la discusión.
Los capitanes guardaron silencio durante unos segundos.
—¿Lo que estás diciendo es que dejemos de buscar a la tropa y a los tritones, para dejarlos morir a su suerte? —Le confrontó Levi, recibiendo un silencio como respuesta, que lo hizo enojarse aún más—. ¿Cuán mierda puedes ser para pedir semejante estupidez? ¿Cómo puedes después de que Erwin…? —Al ver el semblante inexpresivo de Dawk, el capitán se dio cuenta de que mencionar al comandante de la legión no haría ninguna diferencia. A Nile no le importaba nada que no fuese él mismo. —No me importa quién mierda esté involucrado en esto, eso no justifica nada de lo que has hecho y las vidas que dañaste por tu maldito egoísmo. Porque sí lo sabes, ¿verdad? Que gracias al ataque que seguramente tú enviaste hacia nuestra tropa, varios de nuestros cadetes resultaron gravemente heridos y otros perdieron la vida.
Nile bufó al escuchar ese comentario.
—¿Tú? ¿Hablando sobre "la importancia" de la vida de los tritones y los cadetes? Por favor, Ackerman, no seas hipócrita. —Señaló, con una sonrisa ladina— Hasta donde sé, ustedes creían que los tritones eran "monstruos violentos" que le servirían a la humanidad para liberarla de los titanes y los cadetes serían la carnada para lograrlo, ¿no es así?
—¿Eso te lo dijo Erd o lo leíste de los registros que nos robó? —Preguntó con firmeza, haciendo que la sonrisa que el comandante tenía sobre el rostro, se borrara.
—Da igual si lo leí o me lo dijeron, aunque aten todos los cabos y obtengan sus respuestas, no nos pueden hacer nada al estar bajo la protección del rey. Así que les recomiendo que se larguen, sino quieren que hable con él y los destituyan de sus cargos en su patética legión. —Sintió las miradas de odio por parte de los capitanes, mas esto poco le importó y le hizo una seña a uno de sus cadetes que custodiaban el sitio, para acercarse hacia ellos— Espero que ustedes, a diferencia de Erwin, usen la cabeza y se mantengan al margen del tema de los tritones. Él no lo hizo, por eso… no guardaría muchas esperanzas de hallarlo con vida.
Ante dicha revelación, los soldados de la legión se quedaron helados.
—Nile, ¿acaso tú…?
—Dígame, comandante —irrumpió el cadete que había llamado Nile.
—Lleva a los capitanes hacia la salida de la sede, por favor, y asegúrate de que se vayan. —Le indicó, dándole una última mirada al par, especialmente a Levi, quien, por su expresión, parecía como si no lograra procesar lo que acababa de oír. Y Nile, disfrutó esa escena como nunca, ya que veía eso como un pago por todas las veces en las que ese "maleante de la ciudad subterránea" le había arrebatado a Erwin.
Hanji, por otro lado, miró la cueva kárstica y caminó hacia ella para buscar algún rastro de la tropa; pero justo antes de llegar a la entrada, sintió la mano de Levi sobre su hombro.
—No tiene caso que busques ahí —le advirtió, como adivinando lo que quería hacer—. Todavía no sabemos lo que puede haber o quiénes pueden estar. Si entramos, lo más probable es que no salgamos y que nadie más pueda buscar a los que desaparecieron. —Determinó, sin saber que dicha posibilidad había sido una realidad sobre lo que había ocurrido con Mike y el comandante.
—Tienes razón. No hay nada que hacer aquí —concordó, con una profunda decepción sobre su rostro, mientras que el cadete que había llamado Nile se acercaba a ellos para sacarlos de ahí.
En ese momento, el capitán entendió que su búsqueda se había convertido en algo mucho más grande de lo que imaginó. Ahora no sólo la policía militar estaba contra ellos, al parecer, también el rey, y eso, sumado al hecho de que su tropa se había reducido considerablemente, no ayudaba nada.
Sin embargo, había algo de lo que Levi estaba seguro y era que, sin importar lo que sucediera, ellos no desistirían en su búsqueda hasta encontrarlos. Ahora sólo podía confiar en ellos, especialmente en Eren, quien estaba seguro, lucharía cada segundo por sobrevivir y defender a los suyos.
Y eso haría él también.
Reviews sin cuenta:
Emma: Hace tanto que no contestaba tus reviews (;-;) Bebé extrañé tanto escribir esta historia y no sabes cómo agradezco cada uno de tus mensajes e imágenes, te adoro bien cabrón y extraño hablar contigo.
Ahora sí, respecto a tema del fanfic, es irónico que pusieras esto de "Dicen que el fin justifica los medios, y sé que este fin nos dejará a todos impactados." Y al menos creo que en este capítulo entenderás el motivo. Ay de verdad siempre que leo tus reviews recuerdo cuando notas detallitos que nadie más y me hace sentir especial : )
"Mi cabashito sufriendo :ccc tengo la esperanza que la sangre de Marco lo cure, no me lo mates porfa." Eso sí que no bebé, mi madre crio una vieja homosexuala con amor al yaoi, no una Isayama. Y hay pues sí es la parte angst del fic, digo no por nada elegí al fandom de SNK para hacer la historia y lo siento por esas partes, pero ya verás que tendrá su recompensa. Espero ya actualizar más ahora que estoy mejor y espero que sigas mi historia que hago con muchísimo amor para vos *se le sale el acento argentino falso*
Te adoro y espero te haya gustado este capítulo.
Guest: Hola Gatita, hace mucho que no sabía de ti. Me alegra tenerte por aquí y espero que esta historia te siga gustando.
Mapache volador: Hum. Gracias por tu apoyo. Hum, hum.
Hablando en serio, gracias por todo mapache sabes que te adoro y que super amo tus comentarios. Siempre te jodo con mi fanfic, pero aun así sé que me lees y aprecias mi esfuerzo, aunque te moleste ser de la cuarta waifu y te pongas celosa. Lo siento soy piruja, pero te quiero XD
Yes, I'm a mess but I'm blessed to be stuck with you.
