Warning!
El rated M de este capítulo es mayor que el de los anteriores (bastante mayor). Así que, si eso te crea incomodidad o lo que sea, deja de leer cuando lo estimes oportuno.
Ah, y es muy recomendable escuchar la canción mientras lees, en este caso.
Capítulo veintiséis – el corazón le da un vuelco.
'heart skipped a beat
and when i caught it, you were out of reach
but i'm sure, i'm sure
you've heard it before' – heart skipped a beat, the xx
Anton no tarda en conseguir otro aerodeslizador para ella. Está eufórico al otro lado de la línea, diciendo que después de esperar tanto, no entiende las prisas. Y es curioso como ella sabe exactamente a lo que se refiere. El residuo negro se desvanece rápidamente. Le da la inmediata sensación de urgencia.
Mete todo lo que hay en su armario dentro de una bolsa de viaje. No tiene demasiado, pero se asegura de recogerlo todo, así Peeta no tendrá que lidiar con todas esas cosas físicas una vez que ella se haya marchado. Esta vez decide no decir adiós a nadie, sobre todo porque es diferente allí. Puede volver cuando quiera. Sabe que el Distrito 12 siempre será su casa, y siempre será bienvenida.
Por esa razón, se escapa silenciosamente a media mañana, cuando sabe que el aerodeslizador estará esperándola. Sólo ha dicho adiós a Peeta, que salió de casa a la misma hora que todos los días para abrir la panadería. Aunque él no le ha dado indicios, ella ha sido capaz de descifrar como se debe de sentir, y no le ha pedido que se quede el resto de la mañana.
Intenta borrar esos pensamientos al cerrar la puerta. No es momento para la tristeza.
Cuando llega a las afueras del Distrito, el piloto comenta que llegarán alrededor del mediodía; es decir, tres horas de viaje. Pero según sube al aerodeslizador, su estómago se agita de tal manera que parece que va a chocar contra la espina dorsal. Está muy nerviosa y no sabe por qué. Cree que también puede estar impaciente. Pero no está segura. La mitad del trayecto, siente como si estuviera volando directa a la muerte. Puede ser porque ella nunca ha sentido antes ese tipo de ansiedad impaciente.
Si hay una clara diferencia entre esa sensación y la muerte, ella no podría decirlo.
Si hay una cosa que Gale ha aprendido en sus años de donjuán, es esto: 'nunca, bajo ninguna circunstancia, traigas a un ligue a tu apartamento'. Siempre es más seguro de esa forma. Levándola a su casa, siempre puedes despertarte antes que ella y largarte sin que ella se entere. No habrá ningún morning blues incómodo al que hacer frente. Ni algún tipo de apego empalagoso. Ni extrañas muestras de afecto.
Gruñe al despertarse, y siente inmediatamente la fatalidad detrás de los ojos. La cabeza le late como un terremoto; su boca esta toda seca; la lengua y el paladar son como papel de lija. ¿Por qué coño quería estar tan borracho? ¿Y por qué no se limitó a ir a la casa de esa chica – cuál era su nombre…?.
Se frota los ojos con una mano y deja caer la otra al otro lado de la cama. Está fresco… y vacío. Exhala y cruza los dedos: por favor, que no esté en el baño retocándose el maquillaje, o que no esté en la sala de estar, o, por amor de dios, que no esté haciendo –
Entonces lo huele. Ese hedor horrible. Café.
Se le revuelve el estómago con una nausea de frustración. "Mierda", susurra en voz baja. ¿Es que ella no tiene que ir al trabajo, o algo que hacer?
Consigue pensar con la suficiente claridad como para mover la mano a su mesilla y palparla hasta topar con el teléfono. Lo ilumina y le informa de que es casi mediodía. Eso hace el latido en las sienes todavía más fuerte. ¿Qué hizo? ¿Estuvo buceando en whisky ayer por la noche?
Se desenreda de la sábana que le cubre, se pone lo primero que encuentra y camina hacia la sala de estar. Echa un vistazo a la cocina, y la encuentra atravesando la puerta con dos tazas humeantes. Cuando ella le ve a él, esboza una radiante sonrisa.
"Me preguntaba cuando ibas a despertar. He hecho – ".
"¿Por qué demonios estás aquí todavía?", interrumpe, colérico.
Ella parpadea ante su tono, su boca se reduce a una pequeña línea. "Bueno, pensé…".
Gale observa su lucha; sus ojos la examinan sin piedad. Adivina que es lo que vio en ella anoche. Esta impecable, lo que le lleva a pensar que seguramente se dio una ducha (hace una mueca ante la idea). Su pelo es bonito. Largo. Un poco ondulado. Sus ojos son grandes, y su cuerpo es apto para la ceñida ropa que lleva puesta. La parte buena es que, el hecho de que esté vestida, le hace intuir que está pensando en marcharse.
Pero ella está muy lejos – ni siquiera se acerca a…; cierra los ojos un instante. Dios, ¿cuándo va a dejar de comparar?
"Tengo que ir al trabajo. Agradecería que te marchases", vuelve a hablar, breve y al grano.
Los ojos de la muchacha se ensanchan, asumiendo que ha cometido un error.
"Pero no quieres un – ".
"No", asevera él. Luego se dirige a la puerta y tira de ella para abrirla sin dejar de mirarla. Hace un gesto hacia fuera deliberadamente.
Ella trata de enderezar la espalda, colocando las tazas de café en la superficie más cercana que encuentra. Recoge los restos de dignidad que le quedan – junto a su bolso, tirado en el suelo; y le regala su mejor mirada de odio. Luego hace un movimiento rápido con la melena y se marcha sin decir una palabra.
Gale no está seguro de lo que ella estaba esperando. Probablemente nunca había hecho algo así antes. Aunque a él simplemente… no le preocupa.
Está cerrando la puerta tras su bonita espalda, cuando la oye decir algo. Suena sospechosamente como; "¿Tu también?; No te molestes". Las bisagras de la puerta chirrían con el movimiento y no escucha nada más.
Gale suspira mientras camina al cuarto de baño en busca de su salvación: analgésicos, o algo para las migrañas. El café no le ayuda. Cree que necesitará beberse unos cuantos cubos de agua. O tal vez un buen comienzo sería lavarse los dientes.
Cuando alguien llama a la puerta, la presión sanguínea se le dispara. Sus manos tropiezan entre los botes de medicinas del armario, intentando leer el nombre de lo que necesita. Ignora el sonido del timbre tanto como le es posible hasta que finalmente lo encuentra, y traga un par de pastillas. Después se salpica la cara con agua fría y respira profundamente.
Pero cuando llega la cuarta ronda de llamadas, y la chica no cesa en su empeño, camina cabreado hacia la puerta y tira de ella con brusquedad.
"¿Qué coño haces – ?".
Se detiene, y parpadea un par de veces; porque Katniss está allí, de pié, con una especie de bolsa de viaje al lado y los ojos extremadamente abiertos. Hay algún tipo de emoción desconocida en ellos, pero lo único que él puede pensar es –
"¿Qué demonios haces aquí?".
Ella no parece perturbada por su ira, o su enfado, o su incredulidad. Ella, impasible, da un paso hacia el frente.
"Gale – ".
Aprieta ambas manos contra el marco de la puerta, que ejerce de barrera. La mira de forma amenazadora. "¿Por qué…?", repite; y su voz se espesa, y él se indigna, se desespera. La voz se arrastra dolorosamente por su garganta. Nota el latido en las venas del cuello. "¿…estás aquí?".
Ella abre la boca, sólo en parte. Es un ovalo afilado. Y Gale odia – detesta absolutamente – estar empezando a derrumbarse. Ella no tiene que hacer nada de nada, y él ya se está derrumbando.
Culpa a la resaca.
Ella opta por no decir una palabra. Da un paso más – y a él se le erizan los pelos de los brazos. Katniss clava los ojos en su estómago – y él apenas tiene cabeza para pensar que todo lo que lleva puesto son unos calzoncillos negros. En su defensa dirá que fue lo único que encontró al levantarse. En realidad le extraña haberse tomado la molestia de vestirse con algo. Sus ojos siguen sobre él después de unos segundos, y se pregunta con sarcasmo si el pasado mes de borracheras y tiempos de carrera ridículos han dejado algún tipo de secuela.
Continúa el silencio.
Cuando ella habla por fin, lo hace mirándole a los ojos.
"Ha sanado. Tu estómago".
Gale parpadea otra vez, sosteniendo su mirada. "¿Qué quieres de mí, Katniss?. Se supone que no deberías de estar aquí".
Él quiere que se vaya. Desea que se marche con todas sus fuerzas.
Pero a medida que ella sigue allí, inmóvil, sus ojos cambian de tonalidad. Hay una sombra; son más oscuros. Hay algo en ellos que no logra ubicar.
Katniss nunca le había mirado de esa forma.
Ella da un paso adelante una vez más, y ahora está muy cerca.
Gale se mantiene firme; porque si ella entra en su apartamento, puede que arrase con todo. Él olvidará que comenzó a odiarla; olvidará que está herido por dentro. Y lo peor de todo, olvidará que no debe confiar en ella. No si se trata de él. Ha estado intentando olvidar con tanta fuerza las últimas semanas, que no cree que sea capaz de sellar otro barco roto.
El mareo y la resaca le obligan a apoyarse contra la puerta y dejarse caer un poco. Ella aprovecha la oportunidad, se pone de puntillas, y roza sus labios contra los de él antes de que Gale se enderece con un movimiento brusco. La fulmina con la mirada; incrédulo, aturdido e incapaz de formar un pensamiento coherente.
"Para – ", exhala. "No puedes hacer eso – ".
Pero sus ojos siguen sobre él; y su cara tiene esa determinación obstinada que le recuerda a cuando no habían visto un ciervo en semanas – en el bosque del 12 – y lo perseguían implacablemente. Nunca fallaban cuando ella miraba de esa forma.
Pensándolo bien, él también tenía la determinación, pero…
Le llama la atención que, esta vez, puede que él sea el ciervo.
Poco después, ella acerca la mano a su estómago, justo donde tenía la herida de bala. Le abrasa; le escuece; y Gale hace todo lo posible para no retroceder, aunque ni siquiera le haya tocado. Cuando lo hace, es como si le presionaran con una parrilla ardiente.
Está a punto de romper a sudar.
"Vete", le dice, y suena a suplica. "Márchate antes de que yo…".
"¿Antes de qué?".
Es un susurro pesado y desafiante. La única frase completa que ha dicho. Ella empieza a desplazar la mano hacia arriba, y deja caer el dedo medio en el hueco que forma su pecho.
Él casi tiembla. Pero consigue apartar su mano y arrugar los ojos gracias a los últimos posos de odio de la resaca.
"¿Qué ha pasado? ¿Tú y Peeta os habéis peleado? ¿Por eso has decidido aparecer de repente?".
Ella está muy tranquila. ¿Qué le hace estar tan tranquila? Realmente confía en que no sea lo que él cree; porque si lo es –
"No", responde ella. "Me fui. Ya no le necesito más, y él no me necesita a mí".
Gale la examina, tratando de no creerla, aunque con un optimismo irremediable rondándole la cabeza. "¿Te has ido?".
"Me he dado cuenta", dice ella, mientras su mano encuentra el mismo lugar de su piel, viajando hacia arriba, después viajando hacia abajo. La mente de Gale comienza a empañarse, e intenta evitar la sensación. Debería hacerle cosquillas, sin embargo, su tacto es más paralizante que lúdico. "Podría vivir el resto de mi vida sin él, pero no puedo vivir ni un día más sin ti".
Es probablemente la cosa más poética que jamás haya oído decir a Katniss. Desafortunadamente, su impacto no le golpeará hasta más tarde. Así que se escucha a si mismo preguntar, "¿Vas a marcharte otra vez?".
Ella sonríe con tristeza, y aleja la mano.
"Sólo si quieres que lo haga".
Es cierto. Nada en sus ojos es mentira.
Él debería protegerse. Debería hacerlo. Debería cerrar la puerta en sus narices. Pero ya ha cerrado la puerta – dio un portazo a otra chica, y ella no le importaba como lo hace Katniss. ¿Podrá importarle alguien tanto como ella?
Es un riesgo que va a asumir. Y Gale es bueno arriesgándose. Además, solo es él. Si mete la pata con la decisión, sólo podrá culparse a sí mismo.
Se aparta un paso de la puerta, dejándola abierta. Ella agarra su equipaje y camina a través del umbral, sonriéndole. Es una sonrisa amplia y abierta, y es preciosa. Él está a punto de acercarse, en ese mismo instante, pero grilletes oxidados del autocontrol le mantienen donde está.
"¿Quieres hablar?", pregunta, cruzando los brazos. "¿Sobre Peeta?".
Ella le mira traviesa, olvidándose del equipaje y acercándose a él. Y de pronto, es exactamente la misma escena que en la puerta. Está muy cerca; le está tocando.
"No. No quiero. No hay nada de lo que hablar".
Lo dice con carácter definitivo. Y contiene una libertad que se hunde en él con una consistencia terrible. "Muy bien", susurra.
Esas palabras forman una media sonrisa en su boca. Katniss recorre con los dedos las líneas de su abdomen antes de dejarlos caer al elástico de sus calzoncillos. "Ahora sé por qué a Reeva le gustaban tanto".
Él trata de actuar como si no fuera gran cosa. Pero nunca pensó que vería a Katniss mirar su cuerpo con aprecio. Ni su cara, ni su pecho, ni su nada. Ella era una roca cuando se trataba del atractivo – o la atracción. Aunque ahora lo ve; y lo nota en las ligeras caricias de las yemas de sus dedos. Es casi vergonzoso el grado de satisfacción que le hacen sentir.
El suave coqueteo en su voz tampoco le pasa desapercibido. ¿Cuándo comenzó a coquetear? Ella nunca tuvo una razón para hacerlo. Antes.
Gale termina por dejar caer las manos sobre sus caderas, e inspira profundamente. "¿Lo sabes?".
Ella tira de la goma de elástico. "Sí. Lo sé".
Luego ella se empuja de nuevo sobre sus pies, y sólo es capaz de alcanzar su cuello. Le besa allí y, por la forma en que lo hace, parece un experimento. Gale, sin darse cuenta, la atrae más cerca de él.
"Katniss – ", dice, cerrando los ojos. "Me he acostado con una chica no hace ni doce horas. No creo que quieras – ".
"¿Y?. Ella no importa".
Lo dice de forma tan poco sería, y es tan persistente, y cálida, y atrevida – lo que le deja helado, porque ella era siempre muy recatada a la hora de dar afecto – que sus palabras son todo el aplomo que necesita. Tal vez pregunte acerca de los detalles más tarde, si es que ella no ha huido. Si es que ese riesgo no le ha destrozado del todo, y para siempre.
Toma su cara entre las manos y busca sus labios. Su boca ya está abierta, y no ve el momento de probarla otra vez, porque la escena del hospital, tan real como solía ser, comienza a desdibujarse en su memoria. Fue algo bueno. Le hizo pensar en ella con menos anhelo; pero ahora es aún más dulce que entonces. Es casi como si estuviera madura, lista, dispuesta e incluso impaciente; con las manos agarrando sus hombros y tirando de sí misma hacia arriba para estar más cerca. Gale la sostiene por la cintura, luego mueve ambos brazos por debajo de su trasero y la empuja hacia arriba. Ella enreda automáticamente las piernas en él y arrastra las manos a su pelo, revolviéndolo con tanta ferocidad como explora su boca con la lengua. Hace un ruido cuando la mordisquea el labio y se empuja en su contra con tanta fuerza que él se tambalea hacia atrás y golpea la pared – aunque no está seguro de cuando se las arreglo para moverse por la habitación. Abandona su boca y avanza hacia su cuello; su aliento es tan rápido que le hace cosquillas en la oreja. Katniss ladea la cabeza y estira el cuello, para darle toda la piel posible.
"Deberíamos", Gale respira entre besos. "Encontrar algún sitio más cómodo si…"
"El suelo", jadea ella. "La alfombra… lo que sea. "El sofá".
Gale se desplaza hacia la zona donde la camisa obstruye la continuación de su hombro. Se queja. Lo piensa. "La cama".
Ella balbucea algo incoherente y empieza a besarle de nuevo. Gale, a ciegas, intenta encontrar el camino al dormitorio, cayendo en algunas paredes en el trayecto. Es tan asombrosa y turbadora que no está seguro de cómo lo hace para llegar a su habitación. Aunque la atmósfera le detiene, y muerde su cuello un poco más fuerte de lo que pretendía; sin embargo, cuando ella gime en respuesta, Gale tiene la certeza de que significa que le ha gustado.
"No aquí", dice contra su piel. "La otra – la otra habitación".
Ella empieza a protestar. "Tu habitación, da igual, quiero – ".
"Tendremos tiempo de sobra para eso mas tarde".
Le presiona más fuerte con los muslos, asintiendo con la cabeza rápidamente. "Sí - sí, está bien, la otra habitación".
Gale consigue llegar allí, finalmente, cayendo agradecido sobre el colchón que no había tocado durante el mes que ella estuvo fuera. Ahora, Katniss está por todas partes, no sólo debajo de él, y le encanta esa forma de estar tan inmerso en ella – casi cree que la agonía valió la pena a cambio de esa acumulación exponencial, de ese calor. Está en llamas; ardiendo con una necesidad indescriptible, maniaca.
Gale ha tirado tanto de su camisa que ahora cuelga sobre su hombro. La está mordiendo como si quisiera consumirla, pero difícilmente podría importarle. A veces son mordidas frívolas, pero la mayoría son necesitadas, posesivas, que seguramente dejarán todo tipo de marcas. A Katniss apenas le importa. Es claramente primario, y ella le araña cada vez que siente la más mínima cantidad de dolor – pero él es cuidadoso. O tal vez no está tratando de ser cuidadoso, aunque siempre está en el límite; justo en la línea entre lo apasionado y lo agónico. La provoca un espasmo en el estómago que la impide seguir recorriéndole con las manos, dejando el espacio suficiente entre ellos para intentar sacarse la camisa por la cabeza.
Se agita exaltada cuando él se detiene para ayudarla, apoyado sobre los codos y con la mirada vidriosa, nublada, pero muy intensa. Si su corazón no latiera ya con tanta violencia, esa mirada lograría disparar los latidos por sí sola. La quema por dentro. Se siente demasiado excitada para saber si se ha puesto roja al deshacerse de la prenda.
Gale suspira después de un momento, y es un sonido profundo y satisfecho, más satisfecho de lo que alguna vez le haya oído.
"¿Sabes cuánto tiempo he querido mirarte así?".
Las palabras hacen eco en su interior. Extiende la mano y aparta el flequillo que cae sobre su frente. Katniss nunca se fijó, igual que nunca se fijó en su físico; pero le gusta el espesor de su pelo. Y el remolino que forma en su frente.
"No", contesta con sinceridad.
Él no parece oírla. Una de sus manos comienza a merodear por su estómago antes de recorrer toda su piel y dejar un rastro de calor desde las costuras de sus vaqueros hasta la línea en la que empieza su sujetador. Ella quiere contener la respiración, pero su corazón es incapaz de palpitar más despacio.
De repente está muy nerviosa. Él va a ver sus imperfecciones, sus cicatrices, y sabe que no le importarán, pero la espera es catastrófica para su salud. Ve el resplandor de sus ojos vagando sobre ella, luego siente un contradictorio frío-calor cuando besa su esternón y empieza a bajar hacia sus pechos. Gale hace una pausa para mirarla, y ella cree que sabe lo que quiere, porque ella también lo quiere. Arquea la espalda sobre el colchón y él la envuelve con los brazos buscando el cierre del sujetador. Con un movimiento rápido, lo suelta, y de inmediato ella respira más fácilmente. Pero continúa habiendo esa extraña ansiedad, igual que en el viaje que la llevó con él. Apenas está medio desnuda, y sólo es Gale – que ha visto a una mujer desnuda unas cuantas veces. No obstante, ese hecho no hace que lo que está sucediendo sea menos abrumador.
Él va quitando la prenda poco a poco; sus ojos todavía caen sobre ella mientras continúa besándola y descendiendo – y no está segura de dónde se van los nervios cuando la lengua empieza a deambular por su pezón.
"Gale…", gime, poniendo una mano en la parte de atrás de su cabeza para obligarle a quedarse, aunque no sea necesario. Él hace un sonido con la garganta, y Katniss está tan sensitiva y frágil, que la humedad, la lengua, los labios, hacen salir todo tipo de ruiditos de su boca; sonidos sordos, a veces ahogados; pero a ella le da igual, porque Gale reacciona a sus gemidos con caricias raras, y la cogen tan desprevenida, que hacen que jadee de forma involuntaria cada vez más y más.
Presta la misma atención al otro pecho mientras intenta desabrochar sus pantalones con una mano. Ella se apresura a ayudarle, encorvándose, contoneándose y bajándolos mientras sigue enredándole el pelo con la mano que tiene libre.
Gale maldice en voz baja cuando sus dedos se topan con la parte superior de la ropa interior. Ella se queda sin aliento con el contacto y se retuerce, empujando la cadera con fuerza contra su mano. "Por favor", le pide, aunque no está segura de por qué lo hace. Pero Gale parece saberlo. Retira la boca de su pecho y el frio del aíre abrasa su pezón hinchado. Él capta su mirada mientras uno de sus dedos encuentra el camino bajo la tela de sus bragas. Katniss alcanza la mano, y la aprieta contra la suya, tratando de obligarle a quitárselas. Pero él se resiste.
"Gale", dice entre jadeos.
Él responde moviendo la boca a su estómago y lamiendo su ombligo durante un segundo – Katniss ve puntos blancos detrás de los ojos – antes de continuar rumbo sur. Tarda un momento en darse cuenta de lo que probablemente va a hacer una vez que llega la parte superior de la ropa interior.
Su dedo todavía está bajo el algodón que cuelga de su cadera, y sin dudarlo – y porque ella ya no puede hablar – desliza la tela hacia abajo, como si nada, sin ningún preámbulo – renuncia a besar su pierna para hacerlo más adelante – y empieza a lamerla a ella.
Ella gime, ligera como una pluma en el aire caliente. Está absorta con todo lo que él hace, y con la mente borrosa por la sensación. Presiona la piel hipersensible con la lengua, mojado sobre mojado, y un puñado de nervios se incendian bajo su boca. Explora, de vez en cuando, y pulsa o roza o acaricia lo que más le apetece; ella apenas podría decirlo. Más a la derecha, o a la izquierda o – ella se arquea – en el centro. Se toma su tiempo allí, la lengua captura su clítoris o sus dientes – a veces – la rozan o se deslizan más allá de la carne inflamada – y ella solo puede morderse con fuerza el labio, y podría estar haciendo algún ruido, pero no la importa, porque está tan cerca de perder el sentido…
Cuando la lengua se hunde dentro de ella, su estómago contrae músculos que jamás ha tenido. Él se abre paso entre sus paredes, y la toca con leves presiones; pequeños golpes. Es tan suave en su interior como cuando está en su boca. Hay mucha fricción. Pero hay presión. Tanta presión, que Katniss piensa que va a estallar. Encuentra a ciegas la cabeza de Gale, agarrando su pelo.
"Gale – estoy – es – ".
Sale de ella cuando comienza a tartamudear; las piernas caen de encima de sus hombros – ¿cuándo llegaron allí? – y ella arruga las cejas por la sensación de vacío. Pero los labios de Gale están húmedos y brillantes, sus ojos muy oscuros, y su pelo tiene un desorden disperso que hace que quiera levantarse, quitarle los calzoncillos y tumbarlo en la cama.
Así que eso es lo que hace. Se sienta sobre las rodillas y lanza las manos para sujetarle por los hombros antes de que él se mueva hacia cualquier otro lugar. Va a empujarle, pero tiene que besarle primero. Tiene que besar sus mojados, brillantes y apetecibles labios. Presiona su boca ferozmente contrala de él, buscando su lengua y lamiéndola, tratando de extrae el placer – el placer verbal, ruidoso.
Para gran consternación, y feliz sorpresa de Katniss, Gale se aparta. Deja caer las manos detrás de ella, la sujeta por el trasero y la coloca sobre él, masajeándola el trasero con los pulgares antes de empujarla contra su excitación. Ella gime en su boca, completamente atrapada por lo que se siente al frotarse contra él – anticipando lo que se debe sentir sin esos malditos calzoncillos, lo que va a sentir muy, muy profundo, completamente en ella –
Los pensamientos desaparecen mientras se balancea hacia arriba y hacia abajo contra la tela; la erección entre sus muslos, en toda su piel mojada; arriba y abajo y – a ella le parece imposible alcanzar la tela de licra que les separa, sus brazos están débiles y lacios. Todo lo que puede hacer es poner las manos sobre su pecho, cerrarlas en puños y dejar que se sujeten por sí solas entre la estrechez de sus cuerpos. Después, lentamente, la baja, encontrando la forma de estar sobre ella de nuevo. Y ella está tan frustrada.
"Gale – la ropa interior…", … pero es más fácil mover los brazos así, y es capaz moverse entre la bruma y encontrar la tela, arrastrando la mano por debajo, para primero rozarle y luego rodearle con los dedos antes de que todo su cuerpo se estremezca sobre el de ella. Gale hace un sonido gutural en su oído, y ella aprovecha la oportunidad para probar su cuello; igual que él ha estado haciendo mucho con el suyo; mordiéndolo un poco, lamiéndolo un poco, y recorriendo toda la longitud de su cuello con la lengua y de su miembro con la mano. Un poco mucho. Y una vez que empieza, no quiere parar. Esta tan entusiasmada de tocarle, tan desconcertada por como su cuerpo se sacude y tiembla contra el de ella.
También resulta emocionante comprobar que Johanna no había estado bromeando respecto al tamaño.
"Catnip", suspira él en su oído, incapaz de decir nada más. Se tensa cuando ella añade presión, pasando la mano desde la base a la punta e intentando memorizar lo él siente con la acción. La gustaría poder verle la cara, ver su aspecto cada vez que tensa los músculos, o cuando los relaja, solo para tensarlos de nuevo. Pero solo puede sentir la urgencia de su aliento caliente contra la mejilla, como caricias rápidas. Extiende la otra mano tirando de los calzoncillos hacia abajo tanto como puede. Él también se mueve y entre ambos son capaces de llegar a sus rodillas antes de que ella arquee las caderas, sólo ligeramente, sólo para ver si puede sentirle donde quiere sentirle.
Y lo hace. El contacto es pequeño, pero la presión es suficiente para sacarla un gemido. Le escucha inhalar bruscamente en su oreja antes de que se desplace para llegar a la mesita de noche que hay a un lado de la cama. Busca con torpeza algo que de pronto necesita. Cuando aparece de nuevo en su campo de visión, Gale tiene algo entre las manos, y está arrancando un envoltorio plateado lo más rápido que puede. Tan pronto como ella ve el condón, se lo quita y lo lanza al otro lado del cuarto.
"No", le dice.
Gale se recupera de la impresión un segundo más tarde.
"Katniss, no te voy a dejar embarazada hoy. No quiero que te arrepientas de esto".
"No me voy a arrepentir", asegura ella, incorporándose para besarle. "Solo quiero sentirte".
"Pero…", murmura él, intentando resistir sus avances. "No estás pensando con claridad…".
"Voy a beber esas hierbas de las que me habló mi madre en el 12". Ella se empuja hacia arriba, agarrándole por los hombros. "Si así te quedas más tranquilo".
Él responde con un ligero gemido; las manos buscan su trasero de nuevo y la empujan contra él, fácilmente apaciguado por la sugerencia. Ella devora el efecto, entusiasmada con la idea de tenerle sin telas de por medio. Envuelve las piernas a su alrededor, y cierra los ojos; su paciencia empieza a agotarse cuando por fin exclama:
"¡Gale!".
No así. No si ella dice así su nombre. Gale no puede aferrarse a esa fracción lenta de funcionamiento que de alguna manera ha sido capaz de mantener hasta ahora.
Se mueve, colocándose justo en su entrada, y busca su cara con los ojos. Ella abre los suyos cuando le siente, contemplándole; con las pupilas dilatadas y atravesándole con la mirada. Luego empuja despacio, llenándola y sintiéndola; su calidez y la presión son casi excesivas; muy difíciles de controlar. La sensación le obliga a dejar caer los párpados, pero los abre rápidamente, para observar su rostro, para presenciar la belleza de sus momentos más vulnerables.
Cuando está completamente dentro, ella le aprieta con los talones, y le obliga a permanecer allí por unos cuantos segundos, lentos y muy dulces. Ella jadea un sonido ridículamente embriagador; sus talones se aflojan y él se mueve hacia atrás, luego hacia delante, y comienza un baile pausado, gradual, repetitivo.
No está seguro de cómo lo hace, pero se toma las cosas con calma – al menos, al principio – acariciando cada impulso, y su textura, y lo que ella siente cuando se contrae en torno a él. Justo cuando está hundido tan profundo como puede llegar a estar, sus paredes se cierran para que no se escape. Y cuando lo hace, su cara se contorsiona, solo un poco – lo suficiente para transmitir lo que ella no puede expresar con palabras.
Sin embargo, la acumulación es demasiada – ya sea para ella o para él, Gale no está seguro. Piensa que es cuando ella empieza a verbalizar lo que realmente necesita. Cuando ella dice más fuerte, o cuando dice más rápido, o cuando murmura cosas sin sentido, clavándole las uñas allí donde puede, sin importarla el dolor que le pueda causar. Él no hace nada para disuadirla, solo obedece, acelerando el ritmo, aumentando la intensidad entre ellos de forma exponencial. Sus caderas empiezan a encontrar la forma de fundirse con las de él en un desesperado ritmo errático; no en un pulso, o un latido, o un compás; o en una escala de tiempo; pero de repente es furioso; de repente, es como si solo existieran ellos dos y el sentimiento; porque no hay nada más.
Siente cuando ella está a punto de llegar al final. Lo ve en su cara; lo ve en la forma en que sus ojos parpadean y se cierran; en la forma que abre la boca contra la suya y sus respiraciones se mezclan. En sus cuerpos resbaladizos por el sudor, y en como ella dice su nombre por última vez, antes de convulsionarse y dejarse llevar. Su estómago, su pecho se comprimen contra los de él, le sostiene la nuca con las manos agarrotadas, y le retiene dentro con una intensidad implacable, revelando todo lo humana y dulce que puede llegar ser.
Gale se deja ir inmediatamente después, disfrutando de la quemadura detrás de los ojos; la explosión candente que hace vibrar su corazón; los puntos que envuelven su visión en los momentos inmediatos, antes de desaparecer poco a poco, muy lentamente.
Se inclina y coloca suavemente la frente sobre la de ella, incapaz de soportar el resto de su cuerpo en los temblorosos brazos. La besa una vez antes de moverse hacia un lado – para no asfixiarla con su peso muerto. Gale está sorprendido cuando ella se gira junto a él, todavía tumbada y todavía reteniéndole en su interior. Coloca las manos sobre su pecho y le besa. Luego hace una pausa, con los labios a un centímetro de distancia y los ojos muy abiertos. Acerca los dedos a su cara y los pasea por su mejilla ardiendo, por su mandíbula, deteniéndose cuando encuentra sus ojos; el fuego y el brillo, y la forma en que la miran; siente el ascenso y la caída del pecho de Gale moverse en su contra.
"Te quiero", le dice.
La agitada respiración de Gale se detiene un segundo, antes de continuar. La sonríe.
"Sólo lo dices porque acabo de darte un orgasmo explosivo".
Lo susurra a la ligera, pero no se la escapa la forma en que está eludiendo la cuestión. Puede ser que él no la crea ahora, y no puede culparle, porque no debería hacerlo. Tan real como es para ella, ha encendido la mecha de la duda en él, y tendrá que apagarla.
Pero tiene tiempo. Puede demostrarle que es suya otra vez. Y puede hacer el amor con él una y otra, y otra vez.
Le responde con un beso, combatiendo su evasiva con la lengua. Después rueda fuera de él y cae sobre el costado, con la cabeza buscando su hombro y la mano trazando curvas en su abdomen mientras sus piernas se enredan. Gale busca su espalda y la recorre con las manos; sin prisa, de arriba abajo.
Siguen así durante un rato, sin decir nada y disfrutando de la quietud y el silencio. Katniss escucha el latido de su corazón, como esos días en el hospital. Tarda un tiempo en desacelerarse en un ritmo más lúgubre, igualando la calma entre ellos.
Finalmente, ella rompe el silencio, y dice: "Las chicas solían hablar de ti, en el 12".
"Escuche algunas cosas", repone él, jugando distraídamente con su pelo disperso sobre la cama.
"A veces, quería escuchar sus historias sobre ti y la escombrera. Normalmente las ignoraba, pero ellas eran muy ruidosas. Como si quisieran que todos supieran que habían estado contigo".
Ella casi puede oír la burla en su voz cuando pregunta; "¿Estabas celosa?"
"No", dice con sinceridad. "Pero ellas hacían que pareciera la cosa más asombrosa del mundo. A veces… quería preguntarte".
"¿Me estás diciendo que si te llego a pedir que vinieses a la escombrera conmigo, lo habrías hecho?".
Nota el ardor en las mejillas. "¡No!. No, yo sólo… no entendía porque era algo tan importante. Sólo eran besos. ¿Qué era tan fabuloso en los besos?".
"¿Quieres que te lo recuerde?", susurra él, con voz sugerente. Se gira frente a ella, mientras ella permanece a su lado, ahora con la cabeza sobre una almohada en lugar de en su hombro.
Ella sonríe un poco y continúa. "Un día una chica se acercó y me preguntó si… si te lo hacías tan bien como parecía. Entonces me di cuenta de que no sólo eran besos de lo que hablaban".
Gale la mira a los ojos, y decide decir: "Muchas de esas chicas del 12 eran un poco zorras". Se empuja más cerca de ella, luego se inclina y comienza a besarla, abriendo fácilmente su boca. "¿Es por eso que nunca me preguntaste?".
"Bueno, casi lo hice", admite entre besos. "Una o dos veces".
Él protesta. "Me gustaría que lo hubieras hecho. Mira lo que nos hemos estado perdiendo".
"Mmm", es todo lo que puede decir Katniss cuando la empuja contra él; ella se enreda en su cuerpo; y vuelven a sumergirse en un frenesí de piel, saliva y sudor entremezclados, haciendo el amor por segunda vez.
Se quedan dormidos hasta algún momento de la tarde. Gale no se preocupa de mirar el reloj, aunque solo sea por hoy.
Cuando se despierta, está muerto de hambre. Su estómago gruñe con la revelación y ella se ríe.
"También tengo hambre", le dice.
La mira, pasándola la mano por el pelo. "Puedo hacer algo aquí, o podemos ir a algún sitio…". Se encoge de hombros. "O llamar para que nos traigan la comida a casa".
"Hacemos eso", dice ella con la última sugerencia. "Quiero quedarme aquí".
"De acuerdo", contesta, sonriendo y viéndola sentarse e intentar llegar hasta su ropa. La detiene, tira de ella hacía atrás y la rodea desde la espalda, empujándola contra su pecho.
"No", dice en su oído. "La ropa no está permitida".
"Gale", ella exhala, riendo. "Me gusta la ropa".
"¿Qué tal si te duchas conmigo y después te dejo vestirte?", murmura en su oído otra vez, sin soltarla.
Es una oferta muy atractiva. Nota mariposas en el estómago al pensar en agua caliente, jabón y Gale. Una de sus manos se aferra al brazo que la envuelve.
"Está bien".
Él la muerde el lóbulo de la oreja. "Vamos ahora mismo".
"¿Ahora?".
"¿Por qué no?"
"¿Y la comida?", suspira en él, sin tener claro por qué se resiste.
"La comida puede esperar", responde. "Esto no puede".
Luego se mueve en torno a ella, agarrándola por la muñeca y arrastrándola hacia el cuarto de baño. Aparta la cortina y gira la alcachofa de la ducha mientras ella está bajo la luz implacable del baño. Es diferente a la habitación. No hay nada que Katniss no vea, lo que significa que no hay nada que él no pueda ver, y todavía no entiende por qué está tan nerviosa cuando unas horas antes han estado haciendo cosas mucho más íntimas que mirarse el uno al otro desnudos.
Gale aparece detrás de ella, apoyando la barbilla sobre su hombro y posando una mano en su cadera. Se ruboriza al ver como sus ojos vagan sobre ella; como su mirada hace que se inquiete y quiera taparse, y sienta aún más deseo, las dos cosas a la vez. Son emociones contradictorias. Se muerde la lengua y solo sirve para recordar cómo él la muerde – y piensa que probablemente Gale va a estar contaminando sus pensamientos a largo plazo. Pero no encuentra una razón para estar molesta.
Cuando pasa una mano al lado de su pecho, ella se estremece. Él la sonríe.
"Creo que enloquecí un poco contigo, ¿no?", dice, repasando un moratón con el dedo. Ella mira todos los lugares con tonos rojo oscuro y amoratado – ha hecho estragos en su cuerpo – luego le mira a él por encima del hombro. Pero ella disfruta de las marcas. Son tremendamente posesivas.
"Me gustan", suelta sin pensarlo.
Una ceja se levanta ante su admisión, y Gale forma una sonrisa infantil en la cara.
"Bien. Probablemente tengas que acostumbrarte a ellas".
Katniss vuelve la cabeza y le besa, preguntándose por qué sus sonrisas son de repente la cosa más maravillosa. La sujeta con más fuerza, moviéndola frente a él, y todo se intensifica muy rápidamente – más que rápidamente – y es tan fácil sentirle cuando están completamente desnudos el uno contra el otro, de píe, con él creciendo en su contra y ella tratando alcanzarle.
Gale se separa por un segundo. "Deberíamos entrar en la ducha".
Entonces su mente vuelve al agua y al jabón, y ella es la que tira de él a través de la cortina, con el picor del agua caliente golpeándola la espalda cuando levanta la vista. Gale la recorre de arriba abajo con los ojos, recogiendo su pelo y llevándolo detrás de su hombro; la cascada de agua caliente desciende sobre sus cabezas cuando ella se empuja hacia arriba.
Gale comienza a besarla, y parece que no pueda parar. Las manos recorren el pelo de Katniss que se va haciendo más pesado con el agua; oscuro y liso. Es una experiencia diferente, con su piel empapada y sus espesas pestañas decoradas con gotas. Le gusta; poder mirarla bajo la luz clara, con sus enormes ojos grises consumiéndole entre besos. Ella le impulsa bajo el chorro y consigue mojarle el pelo. Gale la sigue por las frías baldosas de la ducha, con las manos aferradas a sus muslos.
Le sonríe cuando nota la frialdad de los azulejos en la espalda mientras la besa, masajeando sus piernas con los pulgares. Después él la levanta sobre sus brazos con la misma facilidad que lo hizo en la sala de estar. Usa la pared lateral como palanca, con la mitad de su cuerpo bajo el chorro de agua y la otra mitad contra ella, sin dejar de besarla sin sentido.
Ella se mueve un poco contra él, lo más que puede, y él la obedece, desplazando las caderas para deslizarse dentro, sin más preámbulo; como si fuera la cosas más simple que ha aprendido a hacer. La espalda de Katniss resbala a lo largo de la pared con el impulso, el agua cae sobre sus hombros y el vaho lo difumina todo entre ellos.
Gale marca el ritmo más rápido que las dos últimas veces, creando otro tipo de frenética necesidad; la humedad de sus pieles forma una especie electricidad peculiar. Es extraña y excitante. Gale lo nota por la forma que ella respira en su cara, con los brazos envueltos alrededor de su cuello tirando de él más y más cerca.
A ella le gusta rodearle con las piernas – le ha atrapado así las dos veces anteriores. También le gusta decir su nombre; a veces repetidamente. A veces, es todo lo que puede decir, y eso tiene más efecto en él que cualquier fantasía. Las fantasías no contemplaban algo así. Le trastorna la mente, y hace cosas que no puede controlar; como morderla por todas partes, consumir su boca con la lengua, o hacerlo cada vez más rápido y más rápido hasta que los brazos que le envuelven se tensan, y las paredes que le rodean se tensan, y él es capaz de sentir como le atraviesan sus espasmos; sus temblores y su satisfacción pulverizándole las entrañas y poniéndole también al límite. Y se siente tan bien. Es todo y más. Y quiere hacerlo con ella todos los días durante todo el tiempo que pueda.
En ese momento, cuando la deja caer y ella toca el suelo, con las manos colgando sobre sus bíceps para mantener el equilibrio; quiere decirle que la quiere. Pero no puede. Todavía no. No puede desprenderse del miedo. Si lo dice, sus ojos van a cambiar. Ella no va a seguir mirándole como lo hace ahora. Él va a pestañear, y ella cogerá su maleta y correrá de vuelta a las cosas fáciles. Dejará este lugar, igual que le dejó a él antes de la Arena, y de la Guerra, y de Peeta.
Es estúpido pensar así cuando Katniss continúa sonriendo. Le dice algo sobre lavarle el pelo. Su voz es servicial. Se apoya en él antes inclinarse para llegar al champú que está en la pequeña cornisa de la pared. Katniss no se tomaría la molestia de lavarle el pelo si en realidad no quisiera hacerlo.
Ella se pone de puntillas para llegar a su cabeza con las manos ya enjabonadas. Sus uñas romas le arañan el cuero cabelludo. Gale cierra los ojos con la sensación, dejando que trabaje cualquier magia que ella vea en el lavado del cabello. Ella empieza a reír después de un rato, y él nota que ha esculpido en su pelo en un extraño peinado hacia arriba, aunque no lo ve. Su sonrisa es descarada, y un poco traviesa. Gale finge poner mala cara y empieza a hacer cosquillas en su estómago. Katniss se retuerce y da un brinco hacia atrás.
A pesar de todo, la esperanza triunfa sobre el miedo esta vez. Él la conoce. Y si ella no quisiera estar allí, no lo haría. Y no estaría sonriendo como lo hace. Ni empujándole bajo el chorro de agua y aclarando el jabón.
"Tu turno", dice él, una vez que ha terminado, caminando hacia el champú. Ella le bloquea su corto recorrido.
"Todavía no", le dice, mordisqueándose el labio de forma recatada. "Quiero lavarte primero".
"¿Lavarme?", pregunta levantando las cejas, mirándola de refilón con escepticismo, más que nada para ruborizarla.
Ella se endereza ante el desafío, y la vista es muy agradable cuando Katniss se pone tan impertinente. "Sí. Lavarte".
"¿Entero?", pregunta con retintín.
La ve poner los ojos en blanco y hacer un ruido en voz baja, pero también ve la chispa en sus ojos mientras intenta agarrar la esponja y el gel de la cornisa. Moja la esponja y hace rápidamente espuma mientras él la contempla, en parte divertido, porque ella trata de evitar sus ojos. A continuación se coloca frente a él, esponja en mano, dudosa sobre por dónde empezar.
Gale tiene los brazos extendidos a ambos lados, y una sonrisa torcida formándose en la cara mientras ella mira su sorna con algo de irritación. "Estoy listo cuando tú lo estés", le dice, insistiendo para ver si consigue molestarla. Le gusta su aspecto enloquecido cuando ella está a punto de perder los nervios.
Termina por comenzar justo debajo de su cuello. Frota la esponja sobre el pecho con determinación, concentrada en su limpieza, y levantando la vista de vez en cuando, para ver si la mira. A veces hay un lapsus y sus ojos se cruzan, entonces aparta rápidamente la mirada y se pone roja. Gale no acaba de entender por qué. Lo asocia a su carácter tímido, aunque no era muy tímida hace unos minutos.
Ella continúa descendiendo hasta el estómago, deteniéndose en sus caderas y limpiando sus costados; luego subiendo hasta los hombros; después bajando a los brazos. Nota todos sus músculos a través de la esponja. Los observa tensarse, de vez en cuando, mientras le recorre. Resulta fascinante verlos de cerca – ella nunca reparó en cómo se tejen entre sí, simple pero perfecto. Capta su mirada de nuevo cuando la esponja baja al codo derecho. Gale la mira fijamente, con mucho interés, y la mitad de ella disfruta de la atención, pero la otra mitad se inquieta.
"¿Qué?", acaba por preguntar.
Él sonríe. "¿Qué, de qué?".
Katniss se siente un poco estúpida por preguntar. "Es que… sigues mirándome".
"Me gusta mirarte".
Hace una pausa, con la idea de frotar su espalda, pero no puede caminar alrededor de él. En su lugar opta por envolver los brazos a su alrededor, como si fuera un abrazo, moviéndolo arriba y abajo la esponja. Su única opción es mirarle directamente a los ojos.
"¿Por qué?".
Gale se ríe. Debe pensar que bromea.
"Porque eres preciosa".
"Oh", es todo lo que puede responder. El elogio hace que sienta una punzada en el estómago, otra vez.
Gale nota su desconcierto. "¿A ti no te lo parece?".
Ella recoge sus brazos y evita sus ojos. "No me presto mucha atención".
"Ah, Catnip", suspira hacia ella, e intenta que suene a reprimenda. "Deberías mirarte en algún espejo".
"Me miro en los espejos"
Gale sacude la cabeza. "No cómo otros te miran".
Él está a punto de hablarle de las veces que tuvo que defenderla de los cretinos de la escuela que fanfarroneaban, sobre ella y sobre otras. Como decían que se darían un revolcón con esa chica de la Veta, si no estuviera tan desnutrida. Sólo se peleó con ellos una vez. Pero contárselo, acabaría por hacerla enfadar, y eso es lo que menos quiere en ese momento.
"Lo que tu digas, Gale", le dice, renunciando a cualquier argumento. Sigue descendiendo hacia la parte inferior del abdomen, dejándose seguir más lejos y más abajo. "Pero gracias".
Él inhala cuando ella agarra su miembro con la esponja, todavía incapaz de averiguar cómo puede ser tímida sobre pasarle una esponja por el resto del cuerpo, mientras la observa estar completamente bien manipulándole de esa manera.
"¿Gracias por qué?", se las arregla para preguntar.
Ella le sonríe, frotándole un par de veces más antes de dejarle ir. "Por el cumplido".
"No es un cumplido si se trata de un hecho", dice con un suspiro por el efímero contacto. Ha sido demasiado corto.
Ella niega con la cabeza exasperada, pero él la detiene con un beso y le quita fácilmente la esponja de las manos.
"Tu turno", dice sonriendo.
"Espera. No he terminado".
"Ahora sí".
Se aparta de ella y enjuaga la esponja y a sí mismo bajo la ducha, volviendo a hacer espuma mientras la mira de forma un poco diabólica. Levanta la esponja y se acerca, mucho menos vacilante que ella. Comienza también por el cuello, haciendo círculos cuidadosos sobre sus moratones; luego se desplaza de los hombros a los brazos, levantándole el pelo para frotar toda su espalda. Vuelve a mirarla al frente, y con cuidado, deambula por su estómago, sus pechos y las marcas que ha dejado en ella.
Katniss le mira con tanta atención como él la miraba a ella, aunque sólo sea para tratar de sacarle algún tipo de reacción. Cuando Gale captura sus ojos, sonríe, ya sea suave o sugestivamente, dependiendo de por dónde esté viajando la esponja – y por la razón que sea, esas acciones no dejan de hacer que aumente el rubor en sus mejillas, y el calor del resto de su cuerpo. Parece que no puede mantenerse a sí misma bajo control.
Él pellizca suavemente su trasero cuando llega allí, lo que provoca un pequeño grito de Katniss, ganándose una risita encantadora de Gale. Ella le empuja en el hombro.
Cuando ha limpiado todo, al margen de una zona vital, Gale se frota una mano con el jabón.
"Gale…", ella empieza a decir con aprensión, notando el brillo en sus ojos.
"Nunca te he demostrado lo bueno que soy con las manos, ¿verdad?".
Lo dice con ese tono de burla seductor. Los ojos de Katniss van rápidamente a su mano cuando la posa en su estómago.
"Yo no te he demostrado nada".
"Tal vez más tarde, si de verdad quieres", replica él, cuando ve que parpadea ante la sugerencia. Gale la mira otra vez, antes de capturar la mano de Katniss y atraerla más cerca suyo.
"No es este momento", dice otra vez. "Más tarde".
"Pero – ".
Se queda paralizada cuándo él resbala los dedos llenos de jabón hasta la línea de sus pliegues, abriéndolos con una sencillez notable. La garganta de Katniss inmediatamente se tapona, y sujeta las manos en los hombros de Gale con el único propósito de mantenerse en posición vertical. El dedo índice traza círculos lentos sobre su clítoris mientras el medio juega justo por debajo – y no está segura de lo que está haciendo, pero es magia. Como la hace temblar y querer más con solo círculos y una ligera fricción… cierra los ojos y se pierde en la sensación, clavando las uñas en la carne de su hombro y balanceando la cadera al compás de las caricias de su mano. No sabe si su movimiento ayuda, o si hace algo en absoluto, pero ella no puede permanecer quieta. Él la mantiene así durante un rato, rotando y girando los dedos, hasta que la mano desciende y su palma empieza a hacer el trabajo de su dedo índice, estimulando todos sus nervios a la vez. Los otros dedos merodean y golpean suavemente el borde de su entrada, burlándose, como si fuera una broma, y es la peor clase de placer que puede existir. Hace que sude, si es posible sudar con todas las gotas de agua rodando por su espalda. Separa las piernas una pulgada más, con la intención de insinuarle que quiere que continúe – como si él no lo supiera. Es como una petición silenciosa, una súplica para que ponga fin a la infinidad de sensaciones increíbles que la recorre el cuerpo – que añada lo justo para acabar con la agonía. Lo siente ya, y no puede controlarlo – o no está segura de cómo hacerlo. Y en realidad no quiere que termine, no si va a ser así todo el tiempo.
Está a punto de empezar a decir su nombre, y tiene que morderse los labios para evitarlo, porque si lo hace, no va a poder parar. La presión se acumula cada vez más rápido. Va a correrse antes de que siquiera meta los dedos en su interior.
Pero él lo hace. Hunde uno a través de su entrada, sólo uno – y la intrusión es bienvenida, muy bienvenida – al tiempo que la palma de la mano sigue en su clítoris, con la cantidad adecuada de fricción. Su dedo presiona alrededor de sus paredes, en un punto concreto, o en todos, y ella jadea sobre su pecho, sintiendo como asciende el calor. Cuando añade otro dedo – ella no está exactamente segura de por qué, pero se siente tan bien como cuando él está dentro de ella, aunque no sean tan largos o tan gruesos o no lo abarquen todo. Tal vez sea porque añaden más presión a lo largo del tejido blando de la entrada, o porque son más flexibles en su alcance. Añadido al roce incesante de su palma, hace que no dure mucho tiempo. No tanto como le gustaría. Está a punto de gritar cuando tiene el orgasmo, pero lo retiene lo suficiente como para formar una cadena de galimatías estrangulando las palabras. Su cabeza cae contra el pecho de Gale, y de repente está exhausta – muy exhausta. Nunca antes había experimentado tal sobreexcitación con el sexo. No consecutivamente. Ni tantas veces en un día.
Tiene el cuerpo lánguido e inestable como la gelatina, y se apoya en su pecho con un ronroneo de satisfacción atravesándola. Él desliza los dedos fuera y los aclara en el agua antes de acariciar de nuevo su pelo mientras la sostiene con el otro brazo. Necesita la serenidad de un minuto para sujetarse por sí misma, y aún no sabe cómo es capaz de hacerlo. Gale vuelve a alcanzar el champú, y empieza a masajear su cuero cabelludo con el jabón. Los ojos se la cierran con el vaivén de sus manos y vuelve a recostar la cabeza sobre su pecho.
Ella le mira de vez en cuando, apreciando el aire contenido y feliz de su rostro, y sus fuertes brazos moviéndose alrededor de toda la maraña de su pelo.
"Me gustan tus brazos", le dice, solo porque sí.
"¿Mis brazos?"; él se los mira, y continúa trabajando.
"Sí", ella levanta la mano y traza una línea desde su hombro a su bíceps.
Gale sonríe. "¿Por qué?".
Ella sabe que está intentando que se lo diga. Que diga que sí, que piensa que él es muy atractivo – él ya debe saberlo. Pero quiere que ella lo verbalice.
Sin embargo, dice: "No lo sé".
Termina con su pelo e inclina su cabeza hacia atrás para que esté bajo el agua. "¿No lo sabes?".
Mientras aclara el jabón, es como si estuviera masajeando una respuesta. "Bueno, yo…"
"Crees que soy sexy, ¿no?"; pregunta con la voz llena de insolencia deliberada.
Se siente retorcer bajo sus manos, un tipo de contorsión distinta a la de hace unos minutos. Vacila un poco.
"Está bien, Catnip", bromea él. "Lo puedes admitir".
Ella arruga los ojos. "Como si todas esas chicas no te lo hubieran dicho".
"No eras tú quien dijo que no importaban".
Gale está socavando su terquedad. Ella no sabe por qué intenta mantener ese silencio en cuanto a hacerle un cumplido, de todas formas.
"Yo dije", se defiende mirando su sonrisa. "Qué la chica de antes no importaba".
"¿Y qué hace que las demás importen?", inquiere él con sorna. Termina con su pelo y coge el suavizante.
Ella le mira y se muerde el labio. "Habría alguna razón para que fueras detrás de ellas ¿no?", termina por decir.
"Mm, sí", confirma él, sosteniendo todo el pelo entre sus manos. "Tú".
Ella frunce un poco el ceño. "¿Era por mí? ¿En serio?".
Gale se encoge de hombros. "Tu marcabas la pauta. Pero si te digo la verdad, no pensé que fuera tan difícil".
Ella se pregunta si sería extremadamente egocéntrico decirle que se alegra de que no encontrase a nadie – al menos, a nadie serio. Pero en vez de hacerlo, le besa. Él reacciona sin esfuerzo, y el beso asciende en espiral a algo caliente y furioso – parece que no hay besos a medio camino cuando se trata de ellos – y a Katniss le resulta difícil no disfrutarlo. Abre los ojos cuando él la muerde el labio.
"A este ritmo no vamos a salir nunca de la ducha", murmura Gale en su boca.
Katniss responde empujándole más contra ella y pasando las manos por sus brazos. "Eso me parecería bien", le susurra.
Y se quedan allí hasta que el agua sale completamente fría.
