Ronald Weasley y Luna habían llegado ya, en el camino se habían topado con Pucey, quien les había explicado todo, ambos vieron a Draco entrando donde estaba su amiga y el pelirrojo, algo confundido preguntó en voz baja a Neville y a Harry.
-¿Qué hace Malfoy entrando a la habitación de Hermione?
-Necesita verla ahora -respondió Luna para sorpresa de ellos.
La rubia Raveclaw sabía perfectamente que entre ellos había una atmósfera especial, la del amor y para la esposa de Weasley era más que evidente, sonreía contenta por ello. Nunca había aceptado del todo que Hermione se casara con Pucey porque no la veía demasiado interesada en él, así que por primera vez la veía sufrir por alguien y ese alguien, aunque fuera Draco estaba destinado para ella, entonces Luna estaba satisfecha, ahora veía complacida que el rubio le correspondía plenamente a la castaña.
Ron frunció el ceño, pero el también notaba que las cosas iban por rumbos inesperados. No le agradaba del todo que fuera el Slytherin quien ocupara el corazón de la Gryffindor. No es que sintiera celos de hombre, pues estaba profundamente enamorado de su esposa, pero era Malfoy, su acérrimo rival y quien se había dedicado a humillarla por algún tiempo.
Reconoció que ya no la llamaba más "sangre sucia" pero eso era quizá porque estaba ahora penado por el Ministerio hacer ese tipo de comentarios. Dudaba bastante que entre ellos pudiera darse algo más que desprecio pero algo le decía en su interior que así era y no sabía que postura tomar.
Harry, por su parte, estaba más que convencido que Adrián estaba de más para Hermione y que Draco cobraba interés en la chica de rizos castaños. No podía hacer nada al respecto más que apoyar enteramente las decisiones de su amiga siempre y cuando el rubio no la lastimara. Todos ellos ignoraban completamente hasta donde había llegado la relación entre ellos. Tenían que esperar la decisión de Hermione.
Theodore, Blaise y Pansy se admiraban cada vez más de la actitud del Príncipe de las Serpientes. Nunca pensaron que podría fijarse en una bruja que no fuera de su clase social, hija de muggles y encima su más odiada enemiga del colegio y hasta hace poco. No cabía duda que el amor es traicionero y le había jugado una mala pasada al de ojos mercurio. Aún así, no sabían que esperar de él, Malfoy era un mar de misterios y sus decisiones una confusión total, pero deseaban que fuera feliz y si era al lado de la Gryffindor no quedaba más que aceptarlo.
Draco estaba ya adentro de la habitación de Hermione y el silencio reinó nuevamente entre ellos. Ella al sentirlo cerca se sintió débil pero estaba ya decidida a no mostrarlo más. Sin esperar a nada, tomó la iniciativa.
-¿A qué has venido? -preguntó ella aún dolida por su desprecio- Sabes que no me ha pasado nada en el ataque, así que no veo el por qué de tu presencia.
-Hermione, las cosas no son como tu piensas -repuso aproximándose hacia ella lentamente, se detuvo al borde de su cama y la castaña lo miraba expectante.
-Lo que yo piense no te interesa, Malfoy. Dije que quería ver a Harry no a ti -usaba un tono similar al que él utilizó con ella la última vez que discutieron.
-¡Pues necesitamos hablar y no me moveré de aquí hasta hacerlo! -sentenció Draco.
-¿Hablar? -se burló la chica- Haz lo que quieras pero entre tú y yo todo está mas que dicho y yo también he tomado mi decisión.
Al rubio le costaba trabajo hablar y más ante la actitud dolida de ella por sus palabras de rechazo. El mismo había rehusado la oportunidad de estar con Hermione y ahora quería dar marcha atrás y recuperarla, hacerle ver que el destino sí podría abrirse para ambos si ellos lo deseaban así. Estaba convencido de enfrentar a sus padres, sus fantasmas del pasado, todo, todo por ella y debía convencerla de iniciar de nuevo, con él a su lado. Poco a poco las palabras fluyeron libremente para Draco.
-He reconsiderado las cosas, Hermione. Perdóname, fui un cobarde por no saber aceptar que…que…te amo y que no deseo separarme de ti.
La castaña se sacudió interiormente ante la confesión de amor del Príncipe de las Serpientes, algo le decía que Draco sentía por ella más que deseo, más que atracción y ahora lo comprobaba. Se debatió entre el corazón y la mente, su alma le gritaba que se abandonara de nuevo a él, pero su cerebro se lo impedía, acompañado de su dignidad de mujer, Draco la había humillado y las cosas no podían ser tan fáciles ya.
Además, estaba Adrián, la boda, sus amigos, todo. Lo que antes no se había detenido ella a sopesar, hoy se interponía en la decisión de la ojimiel, quien ya estaba convencida de lo que iba a hacer. El amor se planteaba para ella, pero por otro lado tenía un compromiso al que no podía faltar.
Estaba entre la razón, que era Adrián y la tentación, que significaba Draco. Difícil decisión.
-Es demasiado tarde ya…voy a casarme con Adrian en cuanto todo esto termine, como está planeado -hizo saber la chica haciendo que el corazón de Draco sintiera un emorme dolor.
Golpe bajo para el orgulloso Slytherin, herido por amor por primera vez en su vida. El mismo desprecio que él había tenido antes para con ella.
-¡No, no puedes hacer eso, tú me amas a mí! -replicó viéndola a los ojos, con ambos puñales de mercurio clavados en Hermione.
La castaña sacaba fuerzas de la flaqueza para contestarle, ahogando su voz interna que le imploraba que lo aceptara, que moriría por dentro si lo dejaba ir. Lo miró con esos ojos de avellana, él le pedía todo con la mirada, que decía más que mil palabras de amor. La Gryffindor no cedió.
-¡Claro que puedo hacerlo!, mi lugar es con Adrian, no soy lo que necesitas, no puedo, no debo Draco -contestó asestando cada palabra, una a una tal y como el rubio se lo había dicho.
Era su amor propio de mujer el que hablaba ahora. Él se congeló al escucharla. Se daba cuenta del daño irreparable que le ocasionó con esas letales frases que ahora regresaban a él con la misma frialdad, con el mismo veneno. La venganza de Hermione estaba consumada.
-No quiero perderte -dijo como última esperanza, necesitaba convencerla de dejarse amar nuevamente, podían ser felices si lo querían así.
-Nunca me has tenido -concluyó la castaña sosteniéndole la mirada, pero con un par de lágrimas cristalizadas en sus ojos.
La desgarraba por dentro hacer eso que hacía, pero no veía más opción. Ella pensaba que tarde o temprano Draco volvería a arrepentirse de estar juntos y la abandonaría, o bien, cuando Lucius y Narcissa se enteraran de su relación, Draco daría marcha atrás dándoles la razón a sus padres, sumiéndola en un abismo del que no saldría jamás, consumiendo su vida.
En cambio, Adrian Pucey le ofrecía estabilidad emocional, siempre sabría que esperar del pelinegro, mientras que el rubio era un completo misterio para ella y no estaba dispuesta a sufrir más por él ahora. Sí, Adrian esa la solución desesperada a todo eso y la chica se aferraría con uñas y dientes a él para olvidar a Draco. No iba a permitir que la lastimara más. Dio todo una vez, no lo volvería a hacer. No iba a tropezar dos veces con la misma piedra.
Draco guardó silencio acallando su sentir. Apretó los puños con impotencia y dando media vuelta salió de la pieza, dejando a Hermione libre para llorar su dolor. Lo había hecho, se había negado a él, prefiriendo a Pucey y cerrando la puerta definitivamente al amor que la inundaba por el rubio que acababa de irse. Los sollozos se hicieron más fuertes y se tiró en la cama ahogando su llanto. A pesar de todo había escogido a la razón y se sostendría en eso.
Quería convencerse que cuando todo hubiese pasado ella voltearía atrás y se daría cuenta que la decisión correcta estaba tomada. Tal vez era lo correcto, pero no lo que ella y Draco necesitaban. El rubio salió con la mirada perdida de la habitación, sus amigos lo observaron irse sin hablarle a nadie, deseaba estar solo, rumiar su rabia, llorar su perdida. Lo siguieron por un lapso de tiempo, pero él les hizo un ademán para que se detuvieran y lo dejaran solo, entonces regresaron a donde permanecía Hermione. Draco se dirigió a su departamento.
Harry Potter y los demás se miraban entre sí. Algo había sucedido en ese lapso de tiempo que el permaneció con Hermione, ¿pero qué? Luna tomó la palabra intuyendo que las cosas no marchaban correctamente.
-Creo que iré a verla yo.
Su esposo, Neville y Harry consintieron en ello, al parecer lo que Hermione necesitaba ahora era la calidez y la confianza de una mujer. Luna Weasley se introdujo lentamente en la pequeña recámara, descubrió a su amiga postrada en la cama, presa del sufrimiento y amorosamente se acercó a ella con paso suave y femenino. La castaña no la sintió hasta que estuvo sentada junto a ella y acariciándole el revuelto cabello ensortijado.
-No llores más, Hermione -le susurró dulcemente la rubia y fue entonces cuando la aludida levantó la cabeza para verla.
-Luna…-respondió sin poder decir más que eso.
-No, no me expliques nada, lo sé todo. Estás sufriendo por él y me duele verte así
-Es que si lo hubieras oído… -sollozó rompiendo en llanto otra vez.
La Ravenclaw la abrazó tiernamente escondiendo Hermione la cabeza en su regazo.
-Sí, yo comprendo, no es una fácil decisión la tuya -recalcó.
No tuvo respuesta de la chica que consolaba y no la esperaba, era tiempo de desahogarse, no de explicaciones.
-Llora entonces si eso te tranquiliza, Hermione, yo estoy aquí para apoyarte -le hizo saber y la castaña hizo un movimiento de cabeza que le agradecía su disposicón para con ella sin preguntar nada. Pasó bastante tiempo antes que la Gryffindor se recompusiera y se atreviera a decir.
-Has de pensar que soy una idiota sufriendo por el amor de Draco.
-Nunca, Hermione, el corazón es quien escoge a su propio dueño y no nosotros, yo jamás voy a juzgarte por lo que hagas.
-Gracias, Luna… Yo le amo con toda mi alma pero él me rechazó una vez y ahora que pienso bien las cosas he decidido que voy a permanecer al lado de Adrian.
-¿Ha venido a despreciarte? -preguntó seria la rubia esposa de Ronald Weasley.
-No, ha venido a…proponerme una vida juntos, pero no acepté. Haré feliz a mi prometido. Entre el y yo no puede haber nada porque ya lo dijo Draco una vez: un mundo nos separa, sería inútil luchar contra eso y está de por medio Adrian.
-Creo que te estás precipitando, Hermione y si él te pidió que estuvieran juntos, quizá tu…
-Ya no puedo ceder a eso Luna, tengo responsabilidades y mi decisión está tomada.
La rubia guardó silencio al ver que su amiga se mantendría férrea en eso. Lo que ella dijera estaría de más y empeoraría todo. Tal ves más adelante Hermione pensaría mejor las cosas y se daría cuenta de cuán equivocada estaba al dejar ir la oportunidad de ser verdaderamente feliz. El medimago entró en ese instante y les informó que Hermione podía irse, fue entonces cuando Luna la ayudó a vestirse para retirarse.
Harry, Neville y Ron esperaban afuera. La ojimiel sabía que su rubia confidente no diría nada acerca de la conversación tan íntima que habían sostenido y se sintió aliviada. No podía enfrentar a los muchachos y sus supuestos reproches, pero no sabía que ninguno de ellos tenía nada que echarle en cara, incluso Ron, sino todo lo contrario.
Draco se hallaba solo en su departamento, sentado en su cama y lamentando profundamente todo lo sucedido. El mobiliario había pagado las consecuencias de descargar su impotencia ante la negativa de Hermione. Tomó varias botellas de Wiskhy de fuego y abrió una tras otra tratando de sublimar su sufrimiento. Se recriminaba una y otra vez lo poco valiente que debía haber sido cuando ella le ofreció su amor y se llenaba de más coraje.
La tuvo ahí, para él y solo bastaba que dijera que sí, pero el arrogante Draco Malfoy interpuso su orgullo ante el amor y eso significó su desgracia. No podía volver el tiempo atrás de ninguna manera. Pucey se erguía como vencesir, llevándose a Hermione con él. Sería la señora Pucey y no Hermione Malfoy.
La conciencia lo abandonaba por periodos, se sumía en un estupor hasta ahora desconocido, pues nunca había bebido de tal manera en su vida, pero ahora lo necesitaba, quería evadirse, olvidarse y solo así lo lograba. ¿Cuánto tiempo transcurrió?, No se sabía, solamente se podía ver que el rubio estaba preso del alcohol y perdio la nocion de la realidad, cayendo en un sueño profundo que le alivio la pena por un rato.
Hermione ya estaba dada de alta y sabía que tenía que regresar al lado de Draco. Suspiró largamente pero lo hecho hecho estaba y ni un paso atrás. Preguntó por el blondo a los Slytherins y éstos le indicaron que quizá estuviera en su departamento. Los tres leían el dolor en los ojos miel de la protectora de Draco pero ninguno de ellos se atrevió a decir nada. No tenían ningín derecho a inmiscuirse en el asunto y sea lo que fuera lo tendrían que arreglar ella y Draco, nadie más.
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Ay Hermione más empeñada en hacer las cosas "correctas según ella", ¿Será?, eso solo el tiempo lo dira...Daphne es la traidora...mmmhhh no sé, puede ser, ¿Por qué ella?, lo pensaré detenidamente, jaja.
Besos desde México
