Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
[**]
.
¡Hooola de nuevo!
Antes de nada MUCHAS GRACIAS por todos vuestros mensajes y apoyo en el outtake del lunes. No soy mucho de subir outtakes, porque no siempre interesan o ayudan a la trama, pero creo que Emmet es un personaje lo suficiente importante en la historia de Bella&Edward como para dedicarle su espacio de vez en cuando.
Ahora sí llega el momento de la cena. Espero que os guste.
Por cierto, os espero al final del fic que os traigo noticias sobre la historia.
.
TODOS SOMOS APRENDICES
EPOV
.
Noté un mordisco en mi mano.
El futuro perro de Ted me acababa de morder. Bella lo estaba mimando demasiado, por mucho que lo negara, y desde que había llegado a esta casa solo quería tener a alguien pendiente de él. Me había costado mucho empujar a Bella a la ducha para que se cambiara para ir a casa de su hermano a cenar.
Cogí al cachorro con una mano y lo apoyé en mi pecho, mientras la esperaba estirado en el sofá. Jugué un rato con él mientras pensaba en la locura que habían formado Emmet y Bella esta tarde.
No sabía quién de los dos se había enfadado más. Eran tal para cual.
Sabía que Emmet reaccionaría así. Se ofuscaría. Diría alguna barbaridad. Se iría más enfadado de lo que había llegado y acabaría volviendo relajado para escuchar lo que quisiéramos decirle. Pero si añadías a Bella a la ecuación, todo saltaba por los aires en una décima de segundo. Eran iguales y ninguno de los dos atendía a razones cuando perdían los nervios.
Bufé recordando a los dos discutiendo en mi despacho.
Debí bufar demasiado alto porque el pequeño perro sin nombre dejó de jugar con mi dedo y dio un bote.
-¿Cuándo te van a poner nombre a ti? Ehh, pequeñín – le pregunté al perro levantándolo en el aire haciendo que mirara a los lados de mi mano asustado. Supongo que para un perro de su tamaño era como precipitarse al vacío.
Bella se negaba a ponerle nombre. Decía que era algo que debía de hacer Ted, pero sospechaba que era porque no quería encariñarse más con él. Como lo hiciera mucho más, el día de navidad le sería imposible entregárselo a nuestro sobrino. Tendríamos que haber adoptado dos… Cada vez estaba más convencido.
Olí su perfume de rosas.
Al girarme la vi arreglada, pero tenía los ojos rojos. Un signo de que había estado llorando. Era lo que más temía de esta situación. Sabía que Emmet entraría en razón, pero tenía miedo de la reacción de Bella. Cuando se le pasara el enfado, cuando toda la adrenalina bajara… ¿Qué pasaría por esa cabeza? Nos había defendido fervientemente, pero ¿Continuaría con la misma determinación ahora?
Vino hasta mí y se sentó a mi lado, apoyando su cabeza en mi pecho. Inmediatamente el mimado y traidor del perro me mordió para que lo soltara y pudiera ir con Bella, quién lo cogió gustosa dejando un reguero besos en su cara.
-¿Todo va a salir bien, verdad? – me preguntó temerosa una vez acabó de jugar con el perro.
-Claro. Emmet entrará en razón. –le aseguré convencido - Lo de esta tarde era su gen Swan saliendo a relucir. Os gusta demasiado exagerar y asustar a todo el mundo… pero después recapacitáis. – le dije seguro, intentado borrar la inseguridad que la estaba inundando.
Sabía que la situación era rara, pero conocía a mi amigo. Sabía que nuestra amistad era demasiado importante como para que no recapacitara. Además, quería demasiado a su hermana para estar mucho tiempo enfadado con ella.
-¿Nos estás llamando histéricos? – Bromeó, lo que me hizo relajarme. Al menos, estaba un poco más animada.
-Quizás con una ligera tendencia a sobrereaccionar – puntualicé dándole un ligero achuchón.
Ella rodó los ojos, volviendo su atención a ese perro que me estaba haciendo la competencia… ¡Maldito perro con ojos brillantes!
-¿Nos vamos? – le pregunté levantándome y tendiéndole la mano para tirar de ella.
Me miró con ojitos de cordero degollado.
-No sé si tengo fuerzas para enfrentarme a él otra vez – me confesó - ¿Nos podemos quedar? – me suplicó haciendo un puchero.
-No. – dije firme.
Ella era mi debilidad, no podía fallar o me acabaría envolviendo en sus redes y anularía mi voluntad.
Ella giró a perro. Ahora no tenía un par de ojos mirándome lastimeramente, sino dos pares.
-No lo conseguirás. – volví a reafirmarme cogiendo a ese perro con necesidad de un nombre para dejarlo en su cama mientras confiaba en que Bella se estuviera poniendo su abrigo y así podernos marchar.
Salimos dirección a la casa de nuestros hermanos para la dichosa cena.
-Piensa que podía haber sido peor – le dije a Bella cuando estábamos a punto de llegar.
Me miró confusa.
-Nos podría haber encontrado diez minutos más tarde y hubiera sido una situación mucho más comprometida – le tomé el pelo haciéndola reír.
Al llegar a casa de mi hermana todo se veía en calma.
Escuchamos unos pasos acelerados correr hasta la puerta en cuanto el timbre sonó.
-Y tú le quieres regalar un perro… claro que sí, para que tenga más motivos para correr por casa y romperse los dientes que le quedan – me miró Bella de lado riéndose.
-Tú lo que quieres es quedarte a ese chucho para ti, no me engañas – le dije tomándole el pelo.
-¿¡Quién es!? – escuchamos a Ted chillar desde el otro lado de la puerta haciéndonos reír a los dos.
-Soy yo, mi amor, y el tío Edward – le dijo Bella acercándose a la puerta y no tener que chillar mucho.
¿Mi amor? Ahora estaba celoso de mi sobrino.
-¡No puedo abrir la puerta porque mamá no me deja abrir la puerta de la calle! – volvió a chillar.
-Alguien debería decirle que tampoco debería hablar a gritos con la gente que hay al otro lado – murmuré haciendo que Bella me diera un codazo.
-¡Edward Swan Cullen! Cuántas veces te he dicho que no hables con extraños ni te acerques a la puerta. – escuché la voz firme de Rose llamar a Ted por su nombre de castigo.
Todo el mundo sabía que cuando Rose te llamaba por tu nombre completo estabas perdido. Era de las pocas veces que era consciente que compartía nombre con mi sobrino.
-¿Ahora somos extraños? – volví a murmurar ganándome otro codazo de Bella –
Toqué el timbre varias veces seguidas. Me estaba cansando de estar plantado aquí fuera, al menos con Ted chillando me divertía, pero con mi hermana sólo me congelaba.
-¡Ya va, pesado! – se quejó Rose mientras abría la dichosa puerta.
-Hola Bella – le dijo dándole un abrazo pasando de mí- ¿Cómo estás? – le preguntó preocupada.
-¿Cómo está él? – le contra-preguntó Bella.
-Más tranquilo. – le dijo sonriendo para relajarla.
No pudo decir nada más porque la cabeza de Ted se hizo paso entre las piernas de su madre hasta su tía, captando su atención, como siempre que entraba en escena, robándole una sonrisa.
-Mi amor – le dijo cogiéndolo y dejándole la cara llena de besos haciéndolo reír.
Mi hermana se separó de ellos y finalmente se dignó a saludarme. Cosas de hermanas pequeñas.
-¿Preparado? Contigo tendrá menos piedad. Yo misma le he incitado a que se vengue de lo que nos hiciste en su día. – me dijo con la misma cara que ponía cuando iba a chivarse a papá de algo que había hecho mal.
Soló rodé los ojos. Siempre sería mi irritante hermana pequeña.
¿Sería verdad que le había animado a vengarse? Emmet era capaz de hacerme la vida imposible con sus bromas…
-¿Y a tu tío no lo saludas, campeón? – le dije ignorando a su madre y concentrándome en él y su preciosa tía que ya habían entrado en casa.
-¡La tía me ha prometido que también le va a pedir cosas para mí en su carta de Santa! – dijo saltando de la emoción.
Sabía que por cosas se refería a un perro, pero eso era algo, que ni Ted que tenía una dificultad severa por mantener la boca callada, admitiría delante de Rose. Hasta él se había dado cuenta que era un tema innegociable con su madre.
¡Pero si Santa me lo trae no podrá decir que no, tío. Es mágico! me había dicho un día, orgulloso de su plan maestro.
-Buenas noches – escuchamos a Emmet llegar.
Bella se tensó un poco ante la aparición de su hermano. Supongo que aun temiendo su reacción.
-Hola – saludó Bella tímidamente.
-Ted deja a tu tía tranquila y ves a acabar de recoger los juguetes – lo amonestó sabiendo que era la única manera que se separara de Bella.
En cuanto Ted subió remugando Emmet se acercó a su hermana y la abrazó.
-Siento lo de esta tarde, se me ha ido un poco de las manos – escuché cómo Bella se disculpaba inmediatamente sin darle tiempo a hablar a su hermano.
Eran tal para cual pensé mirando a Rose, que por su cara estaba pensando lo mismo que yo al ver a su marido y su cuñada abrazados.
-Ya… supongo que yo tampoco he sido muy razonable – acabó claudicando Emmet haciendo que Bella se relajara visiblemente.
Al fin, después de muchas horas respiraba tranquilo de verdad. Emmet acabaría entrando en razón. Aunque al principio nos lo hiciera pasar un poco mal. Yo mismo había sido un dolor en el culo cuando él y Rose comenzaron. Aunque yo lo había hecho por el placer de molestar, más que otra cosa, me temo que Emmet, y especialmente Rose, se iban a tomar la revancha.
-Créeme que no te vas a librar de mí, Edward Cullen – me dijo señalándome con el dedo e intentando sonar amenazador – Pero primero lo quiero saber todo. Basta ya de engañarme – nos dijo esta vez sin ningún deje de broma en su voz.
A pesar de las ganas que teníamos de aclarar este embrollo, con Ted delante era imposible, y menos con la emoción de la Navidad a la vuelta de la esquina.
-¡Y le pediré a Santa una caña de pescar nueva para el Abu Charlie! Me ha dicho que ya soy grande y puedo ir con él – le dijo emocionado mientras le enseñaba a Bella las cartas que les había hecho comprar a sus padres para escribir su ansiada lista de deseos navideños.
-Eso será genial. Seguro que a Charlie le encanta. – le sonrió Bella.
-Les he dicho que vengan estas navidades a Chicago – le dijo Emmet a su hermana – Ya que no hemos pasado juntos Acción de Gracias…Así será más fácil para tía Renné, ya sabes sin tantos recuerdos – le explicó a su hermana que asentía.
-Buena idea. – dijo escuetamente. –
Noté que Emmet quería decirle algo más a su hermana, pero cambió de idea. Supongo que era un tema delicado.
-Y tía para ti voy a pedir un primito – dijo convencido haciendo que todos los adultos de su alrededor nos quedáramos congelados.
El silencio se volvió incomodo mientras mi sobrino miraba a su tía con ojos inocentes.
- No sería mejor pedir un… hermanito, Ted. – intentó hablar Bella con la voz tensa.
-No – dijo convencido mi sobrino – Porque un hermanito se quedaría en casa y tendría que compartir a mamá y a papá con él y no quiero. Pero mi amigo Dawson tiene un primito y me ha dicho que sus tíos se lo llevan cuando llora mucho. – nos explicó como si fuera la cosa más normal del mundo.
La cara de Emmet y Bella era un poema.
-Bueno, pues dile a tu amigo Dawson que los primos no son tan divertidos. Y si quieres pedir uno se lo pides para el tío Jasper – dijo Emmet irritado con la lógica de su hijo. – A la tía Bella le pides algo bonito. Y que no llore. Ni se mueva. Ni nada. – comenzó a ponerse nervioso.
-Mi amor los bebés no se piden a Santa. – intentó razonar Rose con su hijo.
-¿Y tú tío? – me preguntó con esos ojos esperanzados que me hacían darle todo lo que pedía.
-¡Para tu tío tampoco! Nada de bebés, Ted. Nada. Fuera bebés. – volvió a interrumpir Emmet a su hijo haciéndolo soplar indignado.
-Pero es que no tengo a nadie con quien jugar – se quejó una vez más, intentando razonar con dos adultos que lo miraban como si le hubiese salido otra cabeza y otros dos que no sabían qué decir para acabar con esta loca discusión.
-Campeón, ven – le llamé para que se acercara – Estoy seguro que tu tía lo que quiere de verdad son unos guantes de boxeo, y si te pides unos para ti, te podría enseñar– le dije en su oreja como si estuviera compartiendo un secreto de estado.
Él sonrió de la emoción.
Vale, acababa de darle un motivo más a Rose para que me asesinara el día de Navidad. Como si con el chucho no tuviera suficiente.
Estábamos acostumbrados a vernos envueltos en las conversaciones bizarras de Ted, pero sin lugar a dudas, esta había sido de las más raras de los últimos tiempos. Antes de que Bella apareciera en mi vida, pensar en niños que no fueran Ted me provocaba urticaria. Es más, durante el embarazo de Rose había pensado que no sabría qué hacer con un bebé en la familia, pero ahora ese estúpido deseo me envolvía cada vez que pensaba en mi futuro con Bella.
El resto de la velada pasó con tranquilidad. Cuando Rose bajó de acostar a Ted nos reunimos en su salón para hablar finalmente con ellos.
Emmet nos miró fijamente, y diría que hasta extrañado, cuando Bella se sentó a mi lado. Como si hasta ahora no hubiese sido consciente de que era verdad, que estábamos juntos.
Su mejor amigo y su hermana pequeña, eran pareja. Porque aunque no lo habíamos hablado, lo éramos.
Nos estaba mirando con su cara de pensar. Era una cara un tanto curiosa. Rose se río de mí cuando se lo expliqué la primera vez, pero acabó dándome la razón. Cuando Emmet Swan pensaba en algo, cuando realmente consideraba algo seriamente, ponía esa cara.
Frente arrugada, ojos entrecerrados y la boca ligeramente torcida.
Si tenía esa expresión sabías que fuera lo que fuera que le habías explicado había captado su atención y se lo iba a tomar en serio.
Supongo que eso significaba que nos estaba tomando en serio. Aunque fuera en su mente nos iba a dar una oportunidad.
-Me tienes que prometer que nos vas a dejar explicarte las cosas y no vas a volverte loco – le dijo Bella mientras se acercaba, inconscientemente a mí, nerviosa, cogiendo mi mano, haciendo que la mirada de Emmet se volviese a centrar en nuestra unión.
Rose llegó con unos cafés para amenizar un poco la charla.
-Yo lo controlo, Bella. Ahora hablad tranquilos, este troglodita se quedará callado por su propio bien – vi como mi hermana lo miraba amenazadoramente.
Había vivido muchos años con Rose para saber que nadie, absolutamente nadie en este planeta, se atrevía a contradecir esa mirada.
Bella me miró nerviosa. Yo no tenía ningún problema en explicarle a Emmet nuestra breve historia, pero Bella me había pedido que la dejara hablar a ella. Tenía miedo que su hermano se pensara que le ocultaba cosas. Habían llegado a un pacto después de lo de Sam y era importante para ella, así que la dejé que llevara el mando, solo le cogí la mano dándole un apretón y le guiñé un ojo que pareció darle fuerzas.
Ella no lo sabía, seguramente porque había compartido pocas experiencias vitales con su hermano, pero él no haría un gran problema de esto. Seguramente le costaría un tiempo adaptarse a la idea que su hermanita estaba conmigo, pero todo quedaría en el numerito de mi despacho. Estaba seguro. Más le valía que fuera así. Bastante me estaba costando que Bella se abriera para que su hermano se pusiera como un troglodita intransigente, como lo había llamado ella.
Además, algún día Emmet tendría que asumir que Bella ja no era su bebé, que se sabía cuidar sola y definitivamente tenía edad para salir con hombres. Bueno, hombres en plural no. Hombre en singular, porque no tenía la menor idea de dejarla marchar.
Cuando volví a prestar atención a lo que Bella estaba contando, casi estaba acabando.
-Pues eso… Es que tampoco es que te hayamos ocultado lo que hay entre nosotros… Solo ha pasado una semana… ¡Pero tú no tenías que entrar hoy! ¡No te tenías que enterar así! – levantó la voz un poco frustrada sacándonos una sonrisa a los tres - Yo te lo quería contar. Bueno, los dos. No es algo que queramos ocultar o que nos avergoncemos, es solo que queríamos estar seguros a dónde íbamos antes de involucrar a toda la familia… Nunca hemos querido hacer nada a tus espaldas. Pero quiero que te quede algo claro –el tono de Bella cambió. Ya no era dulce sino de advertencia. Se puso recta y supe inmediatamente que su orgullo estaba saliendo a flote. – No te estoy pidiendo permiso. Quiero estar con Edward y espero que lo entiendas y nos apoyes, pero no te estoy pidiendo permiso. – volvió a repetir más lento, como esperando que le quedara gravado a su hermano en su dura sesera. – Es mí… Es nuestra vida –rectificó usando el plural, mirándome a los ojos con una tímida sonrisa – Nosotros decidimos cómo la vivimos o con quién. – Acabó con la voz segura.
Parecía otra Bella de la que había comenzado a hablar con su hermano o la que había llegado esta noche a la puerta de esta casa tan inquieta que no paraba de cambiar su peso de una pierna a otra.
Bella estaba segura de nosotros.
Se me antojó especialmente hermosa en ese instante. Preciosa. Sin lugar a dudas, cuando más brillaba Bella era cuando era todo seguridad y su cara perdía el rastro de duda y tensión para ser substituido por confianza y serenidad.
Emmet se quedó en silencio. Supongo que procesando lo que le había dicho su hermana y seguramente midiendo sus siguientes palabras. Después de la advertencia con la que había acabado Bella, podía volver a crispar los nervios de Bella si metía la pata.
-Espero que tengas pensado muy bien cómo hacer que James e Irina se arrepientan de toda esta mierda en la que quieren envolver a Bella. – dijo dirigiéndose directamente a mí.
Sonreí de medio lado a lo que él me respondió de la misma manera.
-Sabes de sobra que no entra en mi mente quedarme de brazos cruzados. Pero no, el atrevimiento de Irina no lo pienso pasar por alto. Han cruzado la línea. – le contesté haciendo que Emmet se tranquilizara.
-¿Eso es todo lo que vas a decir? – le preguntó Bella anonadada – ¿Todo ese numerito para que esa sea tu única respuesta?
-¿Qué quieres que te diga? – le contestó visiblemente más relajado – Tienes razón, es tu vida. Vuestra vida ahora en adelante – me dijo mirándome muy serio… no todo iba a ser un camino de rosas, supongo – No me lo esperaba, pero os quiero a los dos y quiero que seáis felices… si esto os hace felices no tengo mucho más que decir – dijo sonriendo haciendo que Bella sonriera de vuelta deslumbrando a su hermano.
Cabeceé a Emmet en señal de agradecimiento. Sabía que podría haber sido un poco más insistente, pero se había controlado. También podría haber sido un poco más efusivo, pero esto me servía.
-¿Por qué no pareces sorprendida? – pregunté a Rose, de repente, cayendo en el hecho que mi hermana en ningún momento se había sentido desconcertada.
-Porque tengo ojos en la cara y hace tiempo que solo hacía falta observaros para ver que algo había cambiado.– explicó haciendo que Emmet se girara sorprendido e indignado hacia su mujer. Ella solo se encogió de hombros restándole importancia – Además, Jane Volturi me dijo que os vio el viernes en lo que era, a todas luces, una cita de enamorados. Creo que mencionó algo de un ligero babeo por tu parte y una escena evocadora en un ascensor acristalado– añadió cucharada Rose. Ahora que íbamos tan bien con Emmet… - Literalmente me dijo que eras el hombre más afortunado del puto mundo. Me guardo para mí cómo describió a Bella y cómo le sentaba el vestido– dijo Rose rodando los ojos.
Jane Volturi había sido amiga suya desde la infancia. Siempre le habíamos dicho que estaba encaprichada de ella, que no la miraba como una simple amiga, pero Rose siempre lo negaba. Hasta que en un San Valentín se le declaró y no pudo hacerse la desentendida más. Al parecer no solo le gustaba mi hermana sino que también mi novia. No puedo negar que era una mujer de gustos exquisitos, y sí, yo era el tío más afortunado del puto mundo. No me cabía ninguna duda. Jane me caía bien.
-¡Suficiente! Una cosa es que no os diga nada y otra que tenga que escuchar como nadie desnuda a mi hermana con la mirada – intervino Emmet haciendo como que temblaba – Y eso va por ti, también. ¡Cuando yo esté delante te controlas! Y las manos dónde las vea. ¡Y en los ascensores también te controlas!– me dijo en tono amenazante.
-¿Cómo tú lo haces con mi hermana, no? – me atreví a bromear con él, ahora que todo era más distendido.
-A partir de ahora se han acabado las caricias, mi amor. – le dijo serio a Rose.
Ella le respondió como siempre hacía. Le dio una colleja.
Estuvimos hablando un rato más hasta que Rose se levantó como un resorte.
-¿Al final vais a ir a la cena del día veintidós? – Nos preguntó mi hermana.
Era la última cena benéfica de la temporada de navidad y me había tocado ir a mí. El resto de mi familia estaría de camino a nuestra casa de Bay Harbour. A la mañana siguiente iría para allá. Esperando también que Bella viniera conmigo, y más sabiendo que sus tíos vendrían a pasar unos días en familia.
-Sí, claro – contestó Bella.
-¡Bien! Ven, Alice me digo que te prestara unas cosas para llevar con tu vestido. Así eliges tú misma– le dijo Rose a Bella llevándosela.
Buen intento, si no fuera porque conocía a mi hermana y sabía que quería dejarnos a Emmet y a mí solos.
-Y bien… ¿Lo vas a soltar o qué? – le dije a Emmet cuando vi que se rascaba la zona de atrás de a oreja, signo de que se moría de ganas de comenzar a hablar.
-Es muy joven Edward. – soltó, no como un reclamo sino como un lamento, como si realmente no quisiera que lo fuera.
-Créeme que soy consciente de la edad que nos separa – le contesté intentando no tomarme a mal su comentario.
-Su vida acaba de empezar… Y tú… tú ya la tienes encarrilada… tú has construido la vida que has querido, la que tú has decido. Ella tiene derecho a vivirla y a hacer lo mismo. Tiene que equivocarse. Viajar con sus amigas y hacer locuras en la otra punta del mundo que nunca nos explicara. Y a tener dos o tres trabajos antes de que encuentre el que la apasiona. Ella tiene que explorar y después decidir cómo quiere vivirla. – me dijo triste.
Emmet no era consciente de que lo que él me estaba diciendo yo ya lo había pensado mil veces desde que había aceptado que me sentía atraído por Bella y otras mil desde que había caído en la verdad más rotunda de los últimos años de mi vida; que estaba enamorado de ella. Estaba enamorado de una mujer de veintidós años que tenía toda la vida por delante. Estaba enamorado de una mujer catorce años más joven que tardaría como mínimo otros seis o siete o diez años en llegar a comenzar a plantearse lo mismo que yo anhelaba, cada vez con más fuerza, en estos momentos.
Una familia con ella.
Una niña de pelo moreno y sonrisa perfecta.
-Lo sé. No te pienses que no he intentado negarlo o resistirme, pero es más potente de lo que he sentido nunca. La amo. Y tus miedos son los míos. Sé que no estamos en el mismo punto, pero no voy a dejar que eso no me dejé amarla. – le confesé mis miedos, no al hermano de mi chica, sino a mi mejor amigo.
-¿La quieres? – me preguntó sereno Emmet.
-Mucho. Es más intenso de lo que he sentido jamás – contesté sincero.
Mi amigo sonrió cabeceando mientras me miraba sin decir nada. Después se levantó acercándose a mí con una copa en su mano. No me la ofreció, pero se la bebió prácticamente de un trago.
-Estás jodido – me dijo riéndose y apoyándose en el sofá a mi lado – Tú solo hazla feliz. Se lo merece después de lo que la vida le ha hecho pasar. Lo demás, lo decidirá ella. – me aconsejó Emmet –
-Gracias – le agradecí sinceramente –
-Y escucha bien esto que te voy a decir porque no lo pienso repetir en una temporada… Uno necesita recuperarse después de ver a su hermana y a su mejor amigo devorándose – me dijo con una mezcla de humor y estupefacción – Me alegro por los dos. Se os ve felices y eso es lo que quiero para los dos. Admito que me habéis hecho explotar las neuronas con todo esto, pero sois demasiado importante para mí y siempre voy a estar a vuestro lado. –confesó sincero. Después de mucho tiempo respiraba tranquilo - ¡No se cómo no me he dado cuenta antes! – acabó haciéndome reír soltando toda la tensión que había estado reteniendo.
-Y suerte – añadió Emmet cuando acabamos de reírnos.
-¿Por qué? – pregunté confundido.
-Mi hermana te va a volver loco. Suerte con eso – me explicó riéndose maléficamente. – Casi me podría apiadar de ti y no hacerte pagar por lo que te reíste de Rose y de mí, ya que mi hermana se encargara de no darte respiro con su carácter… - continuó bromeando, pero se giró de golpe para mirarme – Casi, pero no. Edward Cullen… ha llegado mi momento – Parloteó orgulloso moviendo sus cejas arriba y abajo haciéndose el interesante.
Sin lugar a dudas, Emmet Swan volvía a ser él.
El viaje de vuelta a casa de Bella fue mucho más relajado que el de ida. Especialmente para ella. Yo seguía dándole vueltas a la última conversación con Emmet.
Cuando llegamos a su apartamento acepté gustoso su invitación de subir. Después del día de mierda que había tenido hoy, necesitaba estar un rato a solas con ella.
En cuanto pusimos un pie en el piso nos vino a recibir el perro. Era tan pequeño que sus ya de por si cortas patas, no le daban abasto para caminar normal e iba dando saltitos. Vi como Bella arrugaba la nariz e inmediatamente vimos los regalos que ese diminuto ser había dejado esparcidos por el suelo de la cocina. Mientras Bella se encargaba de limpiar parte del desastre yo cogí al perro, lo limpié un poco y lo volví a llevar a su cama. Abrí las ventanas ligeramente para que se ventilara el piso y revisé que no hubiese nada más por el resto del lugar.
Cuando acabamos nos acurrucamos en el sofá. Con Bella entre mis brazos todo era diferente.
-¿A que ahora te alegras de que me haya quedado yo con él? – me preguntó haciendo referencia a ese chucho que me hacía la competencia por su amor – En tu piso no habríamos limpiado ni la mitad del estropicio – me explicó riéndose haciéndome bufar al pensar como algo tan pequeño podía ser tan fétido.
-No sabes las ganas que tengo de ver la cara de Rose cuando vea al perro – dije con cierta maldad.
-Estás más tranquilo ahora...- dijo Bella sorprendiéndome – Cuando volvíamos tenía la sensación que algo rondaba por tu mente.
Esta pequeña bruja me tenía calado.
-Nada de lo que preocuparse, pequeña – intenté tranquilizarla.
-Edward… ¿Emmet te ha dicho algo cuando os habéis quedado solos? – me preguntó leyéndome como si fuera un libro abierto.
-Ya sabes la típica charla de hermano mayor. Nada que no le tocara vivir a él en su día… Supongo que está disfrutando de esta venganza que no esperaba que le llegase nunca – intenté sacar balones fuera.
Ella se levantó un poco mirándome escéptica.
-Edward… - me llamó con un tono que no dejaba dudas a que no me creía.
-Me ha dicho algo que tiene razón. Algo en lo que no puedo parar de pensar… - admití al fin.
Ella me miró fijamente en silencio para que continuara.
-Eres muy joven – Bella intentó interrumpirme, pero le puse un dedo en sus labios para que me dejara continuar – Llegara el día en que querremos cosas diferentes, nuestra diferencia de edad acabará creando alguna grieta. Tú tienes que descubrir la vida, quién eres… Digamos que tú acabas de comenzar y yo te llevo bastante ventaja… - intenté explicarle. – Lo quiero todo contigo, Bella, pero tengo miedo de necesitarlo antes que tú y que eso acabé siendo un problema.
Bella se quedó en silencio, observándome fijamente. Meditando lo que le había dicho. Volvió a mis brazos, aún callada.
Pasaron unos minutos hasta que se volvió a levantar para mirarme.
-Tienes razón. Yo estoy comenzando. No soy adivina, no sé lo que voy a querer de aquí a unos meses, años… ¡Ni siquiera tenía claro ir a pasar la navidad con las familias hasta que tu hermana me ha amenazado! Pero sí que sé que si seguimos juntos cuando las dudas lleguen las solucionaremos. Tú y yo. Si tenemos que negociar, lo haremos. Tú tienes practica en eso, no debería asustarte… y yo tendré que usar mis armas para hacerte claudicar – intentó bromear acercándose a mí con una sonrisa insegura – tú tienes miedo que me quede a tu lado sin vivir mi vida… Pero Edward, eso es lo que quiero… Tener a alguien que me ancle a algún sitio. Sentir que pertenezco a algún lado por mí misma. Que tengo mi familia. Desde que dejé Jacksonville no me ha pasado. Quiero vivir esta vida. – me explicó con varias lágrimas cayendo de sus ojos.
Llevé mis manos a su suave cara para borrar esas lágrimas.
-Edward yo también tengo miedos… que llegue el día que te des cuenta que hay muchas mujeres de tu edad, que han vivido todo eso que dices que yo tengo que vivir, que te puedan llenar más que yo…. Que te den lo que necesitas…Pero ¿Qué hacemos….?- preguntó irónicamente.
-Mi amor no digas eso. – la interrumpí juntando nuestros labios. – Tienes razón. – dije sinceramente – Afrontaremos los problemas cuando lleguen, mientras tanto disfrutaremos…- asentí convencido en las palabras de Bella.
Tenía razón. Nos costaría llegar a acuerdos sobre los hitos importantes para cada pareja, pero lo conseguiríamos. Ya era hora que los dos dejáramos de dudar de nosotros.
-Edward – volvió a llamarme Bella.
Tenía una mirada decidida. Cuando nuestros ojos se encontraron cogió aire.
-Te quiero. ¡Dios! Te quiero mucho – me dijo con una sonrisa deslumbrante.
Mi mundo se paró con esa sonrisa. Con esa declaración.
Por muy mal que estuvieran las cosas, por muy jodido que hubiera sido mi día, solo necesitaba esa sonrisa y ese te quiero para que todos los problemas palidecieran.
-Y yo a ti, preciosa. – Le respondí – No te imaginas cuánto. Has tenido que llegar tú para poner mi mundo al revés y enseñarme que todo lo demás no importa – le confesé acercándome a ella para besarla.
Supongo que da igual cuánto hayas vivido, cuantas experiencias acumules, cuando llega una marea con tanta fuerza que te arrastra, te demuestra que todos somos aprendices.
[**]
.
NA:
¿Os ha gustado? Espero que sí. Al final la cena ha ido bastante bien. Emmet y Bella se han comportado y han podido aclarar las cosas sin usar ninguna arma blanca por el camino jajaja
¡Y parece que Bella al fin se ha declarado al pobre Edward!
Estos capítulos me están quedando un poco más largos, espero que no os aburran, pero es que al tener que ir solucionando cosas, me lio… me lio y me salen así. xD
NOTICIAS:
Os dije hace unos días que estaba organizando la trama final. Me hecho un esquema y si no me da por cambiar nada, EL FIC TENDRÁ 32 CAPÍTULOS (os iré informando si cambia algo, porque a no tenerlo escrito todo puede ser). Eso quiere decir que estamos oficialmente en la cuenta atrás. Estoy entre emocionada porque quiero que los capítulos que quedan sean bonitos y cierren bien esta aventura, y un poco triste por dejar esta historia que me he divertido mucho escribiendo y compartiendo con todas vosotras. Pero bueno aún quedan muchos capítulos por delante para disfrutar.
Ahora sí, el próximo día de actualización será el VIERNES.
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
