¡Hola a todos!
Aquí les traigo otro capítulo de A FAVOR DEL ENEMIGO.
Lamento la tardanza, pero ya una de ustedes lo dijo: quiero descansar y disfrutar un poco mis vacaciones antes de tener que viajar nuevamente para volver a la universidad y su rutina.
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Capítulo 26: Desafíos
Muy agradecida y contenta dejó de trabajar para su mentora Lady Tsunade. En la policía la recibieron con saludos amistosos, algunos le preguntaron si le habían servido sus pequeñas vacaciones y otros comentaban en broma que ojalá ellos pudieran tomarse un tiempo libre al igual que ella, ignorando que aquel supuesto tiempo libre fue más bien una tortura. Sakura estaba aliviada de que se hubiera terminado.
Nada más reconfortante hubo que volver a hacer lo que amaba: levantarse temprano, ponerse su uniforme, sentirse una mujer más fuerte, trabajar al lado de sus camaradas, saborear las donas, cafés y demás comidas rápidas durante sus jornadas o descansos, comidas que de esa manera resultaban más deliciosas, más especiales, y finalmente llegar agotada y satisfecha a su casa.
Fue un poco inesperado el primer caso en el que tuvo que intervenir. Alguien había llamado a la policía por la extraña desaparición de una mujer de la tercera edad que vivía únicamente con su hijo de treinta y seis años. Sakura con dos compañeros más y un investigador profesional fueron a indagar a la casa de la víctima; hablaron largamente con el hombre mientras un asqueroso olor se involucraba en el ambiente hasta que el extraño sujeto sin ningún reparo comentó algo que manifestó un posible desequilibrio mental de su parte, algo que a los policías heló la sangre:
– Lamento que huela tan mal; es que mamá no ha dejado de podrirse.
De inmediato iniciaron la búsqueda del cadáver, el cual hallaron repartido en pedazos en diversas zonas de la casa: la nevera, debajo de la cama de la difunta, en bolsas de basura en el baño y en el sótano donde aún no se había limpiado el desastre producto del descuartizamiento que allí tuvo lugar. Lo peor fue que también descubrieron que había cocinado la carne del cadaver y con ella había alimentado al perro dóberman que mantenía amarrado y confinado en su patio trasero.
Fue asqueroso, inaudito y lamentable.
Llamaron a un equipo forense y arrestaron al hombre para que se estudiara su estado mental y los especialistas decidieran si debía ir a parar a la cárcel o al manicomio.
Sakura tomó una bocanada de aire después de salir de esa casa. Fue demasiado para sus pulmones y estómago.
…..
De nuevo salían esos relámpagos de sus manos. Sasuke se dejó guiar de su instinto que como siempre en esas situaciones era atacar a Itachi. Echó a correr impetuosamente, pero una vez más fue parado en seco por el agarre de su hermano mayor que volvió a apagar esa electricidad. Lo siguiente que un impávido Itachi hizo fue quebrarle la muñeca. Sasuke gritó fuertemente adolorido, pero por si eso fuera poco, recibió después una verdadera paliza: un codazo que lo mandó a volar, un golpe en la nuca, golpes en el abdomen que le sacaron el aire, golpes en la cara, golpes de puños y golpes de patadas. Agotado en el suelo con la boca sangrándole, fue recogido por Itachi y pegado a la pared.
Lo último que Sasuke vio fueron los ojos de su hermano, eran rojos y con tres aspas negras, las mismas que las de la marca de maldición.
Se despertó medio azorado. Primero asustado por lo vivido, y luego enfurecido por darse cuenta de que fue un simple sueño. ¡Otra vez esas malditas pesadillas!
¿Hasta cuándo? Llevaba quince días así ¡quince días!
¿Por qué tenían que ser los mismos sueños? En todos y cada uno de ellos él perdía, en todos y cada uno de ellos Itachi hacía lo que hacía: joderlo. Y ya estaba tan harto que había comenzado a odiarlo. De hecho, estaba a punto de llamarlo para mandarlo al demonio porque lo estaba volviendo loco, pero siempre se contenía porque era irracional reclamarle a su hermano por cosas que no habían sucedido.
El problema estaba en su mente y él tenía que dominarlo.
Usualmente Sasuke era un poco amargado, pero eso era debido a su pasado. Sin embargo, después de haber abandonado a su novia y hacer a un lado a su mejor amigo, andaba el doble de amargado, y para colmo de males, cada vez que tenía ese tipo de pesadillas se hacía el triple de amargado. Tras su cambio, todo ANBU lo pensaba dos veces antes de hablarle, pero ahora cada vez que lo veían andar después de haber echado una siesta, ni se le acercaban.
Sasuke salió de su habitación y después de su despacho, notó que los ANBUS por allí cerca comenzaron a alejarse sin ningún disimulo huyendo de él, pero no le importó, siguió caminando para llegar a la cocina y tomar agua hasta que en el trayecto se detuvo al encontrarse a Tora.
– ¡Oye! – lo llamó. Tora de inmediato quedó paralizado de espaldas –. Ni siquiera contestas las llamadas. Todos estos días he estado preguntando por ti, ¿acaso te has estado escondiendo y evitándome? ¡Ven acá! Quiero saber qué has averiguado de lo que te encomendé.
Demonios. Sasuke lo había descubierto. Tora tragó saliva y decidió darle la cara.
Por supuesto que él había averiguado muchas cosas siguiendo a Sakura, como que había vuelto a la policía, que se la llevaba mejor con su padre, que tomaba protagonismo destacado en cada caso en el que intervenía y lo peor… que ahora era la novia de Uchiha Itachi.
Tora tenía las fotos en el morral que cargaba, muchas de ellas eran verdaderamente comprometedoras porque la oficial y el Uchiha ni siquiera se andaban con escrúpulos ante el público; eran fotos de ambos tomados de la mano, muy juntos abrazándose, besándose, charlando, coqueteando, él cargándola en brazos, regalándole cosas, riendo, yendo a distintos lugares... Esos dos siempre lucían felices, parecían disfrutar de cada cosa que hicieran juntos. Y Tora pensó que Sasuke no debía enterarse porque si pasaba… sabría Dios qué haría, por ello, había decidido clasificar las fotos que tenía, de modo que selló un paquete de las que solo estaba Sakura en lo suyo y otro en el que se encontraban las de Itachi y ella.
– Sígueme – ordenó el Uchiha.
Fueron a su despacho. Allí, Sasuke lo reprendió por no haberse reportado y le pidió explicaciones:
– Es que… estaba ocupado, señor… no es tarea sencilla seguir a la oficial Haruno, ¿sabe? Ella es muy escurridiza a veces.
– Sí, bueno, como sea – soltó Sasuke como todo buen odioso –, a ver qué tienes para mí.
Tora buscó en su morral a ciegas con la mano. Tropezó con ambos paquetes y sacó el amarillo y menos abultado. En el rojo estaban las fotos prohibidas.
Se lo tendió a Sasuke y éste comenzó a hurgar. Las observaba con melancolía en los ojos confirmando las sospechas de Tora: su jefe aún quería a esa mujer.
– ¡Qué significa esto! – exclamó de pronto Sasuke – ¡pero cómo…!
¡Oh no! ¿Sería posible que en ese paquete se le hubiese ido de forma accidental alguna foto de Sakura e Itachi? Tora tensionado se mordió el labio inferior.
– Cómo es que Sakura… ¿Cómo hizo para volver a la policía?
El ANBU suspiró aliviado al percatarse de que era una foto de ella con el uniforme.
– No sé cómo, señor, pero ha vuelto a trabajar como oficial. Y le han salido muy bien las cosas.
– Ya veo… – murmuró él ojeando las demás fotos. En el fondo se alegraba por ella. De hecho, estaba disfrutando mucho de verla aunque fuese en simples imágenes de papel. Le encantaba su sonrisa y cómo le quedaba el uniforme. Le pareció que estaba más hermosa –. Sigue vigilándola, Tora… notifícame de cada paso que dé.
– Si… señor… ¿puedo preguntar…? – el ANBU hizo una pausa en que Sasuke lo miró con dureza – ¿Por qué hace esto?
– Es la hija de mi enemigo, Tora, ¿por qué más lo voy a hacer? – respondió con fastidio. En realidad ni sabía qué decir – Tú encárgate de lo que te corresponde y deja ya de preguntar tanto, maldición.
– Sí.
Tora se retiró y ya afuera, en secreto, se disculpó con su señor por ocultarle lo que quizá era más grave e importante.
…..
Estaba agotada cuando llegó al apartamento de Itachi. Lo primero que hizo fue tirar las llaves en la mesa y dejarse caer en el sillón más largo.
– ¡Ya estoy en casa! – exclamó para que llegase a los oídos de su novio.
– ¡Bienvenida! – contestó él desde la cocina.
Itachi era consciente de lo agotador que podía ser a veces el deber policial, de modo que por ello la había invitado esta vez a su apartamento concediéndole una copia de las llaves del mismo para que llegase cuando quisiera, cediéndole también derecho sobre sus cosas.
– Muy bien – dijo satisfecho después de acomodar todo sobre la mesa –, espero que tengas buen apetito.
Sakura que ya se había cambiado de ropa por una más cómoda, observó anonadada la gran cantidad y deliciosa variedad de comida frente a ella.
– ¿Es una broma? ¡muero de hambre!
Y comenzó a comer desmesuradamente. Él la observó como si fuera la cosa más adorable hasta que Sakura se percató de ese escrutinio y un poco apenada, se detuvo.
– Adelante, continúa – la incitó Itachi –. Es natural tener tanta hambre después de una jornada trabajosa.
– Si… pero… es que tú no estás comiendo conmigo – se excusó Sakura – ¿Qué haces ahí parado, cariño? Pareces mayordomo.
Ambos se echaron a reír por eso. El Uchiha se quitó el delantal y se sentó al lado de ella para acompañarla. Comieron juntos mientras conversaban sobre sus asuntos. Sakura quedó más que satisfecha, hasta tuvo la sensación de que el estómago le había crecido.
– Eres como una verdadera ama de casa, Taiichi – le dijo ella en broma –; cocinas muy bien.
– Estoy acostumbrado a hacerlo; cuando pequeño solía cocinar de esta manera para mi her… ah…
– ¿Cómo?
– Para un primo más pequeño que llegué a considerar un hermano – se corrigió. Casi menciona a Sasuke.
– Oh… entiendo… dijiste que tus familiares no viven en la ciudad ¿verdad?
– Sí. Así es. Los Ichijou se encuentran en otras ciudades del país y también fuera del mismo – mintió. Ojalá de verdad tuviera una familia tan grande como la que mencionaba.
– Vaya, deben ser muchos – comentó Sakura –, pero bueno… es hora de lavar todo esto. Yo me encargaré, es lo justo porque tú cocinaste.
– No digas tonterías – él le tomó una mano y se la besó –. Te ayudaré.
Fueron a la cocina con todos los platos sucios y se encargaron entre los dos de lavarlos y ponerlos en su lugar. Lo hicieron en completa tranquilidad hasta que a Sakura se le ocurrió tomar una cuchara, ponerla bajo la llave y hacer que el agua se deslizara en dirección a Itachi, mojándolo. Él la miró con gran severidad.
– Con que así son las cosas – dijo cuidadosa y tétricamente con la mirada oscurecida por un velo de amenaza.
Sakura se asustó de esa expresión fría que advertía peligro y gritó cuando él la cogió por las piernas y la levantó para meterla sentada en el lavaplatos con la llave abierta, mojándola toda. Entre risas intentó ella salir de allí, pero el Uchiha resentido no se lo permitía. La sostuvo por un buen rato hasta asegurarse de haberla empapado bien. Entonces cerró la llave y la algarabía se fue apagando, quedando al final sus rostros muy cercanos.
– Oye – murmuró él ahora muy serio, mirándole la boca –, ¿ya te besé hoy?
– No lo has hecho – contestó ella –, y estoy muy enojada por eso.
– Oh… lo siento… ¿Qué puedo hacer para compensarlo?
Sonrieron a la vez antes de unirse en un entrañable beso. Pero por desgracia y como ya venía ocurriendo desde los últimos días, Sakura comenzó a invocar en su mente la imagen de Sasuke, imaginándose que era a él a quien besaba, y ese mismo error fue lo que la hizo gemir y atraer más al Uchiha que también se encendió, sacándola a ella del lavaplatos, pegando muy bien su cuerpo mojado al de él. El fuego comenzó a crecer cuando a él se le antojó subir sus manos lentamente por las piernas de ellas con suma intensidad hasta posarlas en sus glúteos, donde apretó ardientemente. Era la primera vez que le tocaba el trasero, y por la reacción tranquila de ella, no se molestó en dejar de hacerlo. Tuvo intención de llevarla a una habitación cuando escucharon que alguien tocaba la puerta. Sakura dejó de besarlo para recordar que… ¡él no era Sasuke!
– Ta… Taiichi – habló desconcertada y con las mejillas encendidas. Por sobre el hombro miró su trasero y las manos de él muy bien acomodadas cubriéndolo –, ¿Cómo llegaste ahí?
– Lo siento… ¿Te molesta?
Sakura lo pensó. Era nuevo ese nivel, pero aunque no era Sasuke, podía permitírselo, se trataba al fin y al cabo de su novio.
– No… no te preocupes – sonrió –. Puedes hacerlo,
Volvieron a tocar la puerta.
– Están llamando – dijo ella.
– Si – suspiró Itachi resignado, bajándola y dejándola ir. Tenía que desinflamar esa excitación que ella le había provocado –. Qué me está pasando… – murmuró para sí mismo.
Y fue su turno de recordar que no estaban en la casa de ella, sino en la de él. ¿A quién le iba a abrir Sakura?
Itachi salió corriendo a ver y llegando demasiado tarde pues ahí estaba Kisame observando maliciosamente a Sakura con sus sonrisota de tiburón.
– Uno de tus amigos – le dijo Sakura inocentemente.
– Hola, hola, Ita… – se detuvo al ver al Uchiha mirándolo con ganas de asesinarlo –, amigo mío – y comenzó a reír entre dientes –, ¿Qué tal? Acabo de conocer a tu linda novia.
– Qué haces aquí – preguntó el Uchiha rígidamente.
– Nada, sólo vine a hablar contigo de… nuestros negocios.
– Oh, de modo que trabajas con Taiichi – intervino Sakura amable.
– Si – Kisame volvió a reír entre dientes –, con Taiichi.
A Itachi ahora sí le dieron ganas de matar a Kisame de verdad. Y Kisame lo notó.
– ¿Por qué no dejamos eso para después?
– Sí – estuvo de acuerdo Kisame –, yo ya me iba, vine en un mal momento – volvió a mirar a Sakura –, adiós, qué gusto verla, señorita.
– Igualmente – contestó ella.
Y se largó antes de que Itachi prometiera con indirectas descamarlo.
– Ese hombre tiene una apariencia extraña, ¿verdad, cariño? – le dijo Sakura –, parece un…
– Pez – completó el Uchiha –. Es mi amigo más cercano, pero mejor olvidémonos de él – propuso, ya después se encargaría de ese asunto –, ven aquí.
Sakura fue hasta él, se abrazaron efímeramente y después ella fue a bañarse y cambiarse de nuevo. Esa noche platicaron por horas, fueron a la cama donde se besaron y acariciaron sin que él llegara esta vez a sobrepasarse para acabar convenciéndola de que por primera vez durmieran juntos.
….
Hidan levantó un poco las cejas, Kakuzu contaba el dinero que había robado y Tobi se mantenía escuchando, aparentemente sin prestar atención a lo que Kisame decía.
– … la policía que él ya había salvado – continuó –. Una mujer de cabellos rosas, cortos, bastante delgada y pequeña, debe tener la edad de su hermano; con bonitos ojos verdes y curvas muy poco pronunciadas.
– No sabía que ese era el tipo de Itachi – contestó Hidan –. De hecho no sabía que se interesara en mujeres, ¿en verdad es la novia?
– Yo mismo lo vi. Ciertamente hay más hermosas que esa chica, pero no se puede negar que es toda una delicia.
– Vaya, vaya, me gustaría verla por mí mismo.
La puerta sonó como si la acabaran de atrancar. Era Itachi el que había entrado. Los cuatro Akatsuki voltearon a verlo.
– Hablando de más, Kisame – dijo el Uchiha –. Será mejor que no sigas.
– Hey, compañero, ya que de por sí es todo un acontecimiento que tengas novia – comenzó Hidan –, que sea una policía te convierte en casi un ídolo. ¿Crees que tenga amigas que me pueda presentar y que tampoco les importe andar con un criminal?
Kisame comenzó a reírse entre dientes al ver la cara seria de Itachi. Se sabía que a veces los Akatsuki conseguían mujeres para pasar sus ratos, y que no les importaban compartirlas. Todos con excepción de él, Nagato y Pain (cuando vivía).
– No hablen de ella en mi presencia como si fuera un platillo y mucho menos se atrevan a acercársele – advirtió el Uchiha –, o tendremos problemas.
– Oye, oye, tranquilo – habló Hidan sonriendo –. Aunque me interesa por cómo la describió Kisame, no te la voy a quitar porque sé que querrías matarme entonces, pero dinos, Uchiha, ¿no te preocupa que sea tan… opuesta? Le mientes al no decirle que eres uno de nosotros.
– Eso no les importa – contestó Itachi.
– Cuídala – dijo Tobi hablando por primera vez y levantándose para irse –. Cuídala bien, Itachi.
Sabía a lo que se refería porque él ya había perdido al amor de su vida, pero Itachi no le tenía miedo a nada y a nadie. Sakura era ahora la segunda persona que más le importaba, y al igual que con Sasuke, la protegería y velaría primero por su bien, por que estuviera feliz.
….
Más meses transcurrieron.
La relación entre Sakura e Itachi fue en creciente en ciertos aspectos. Continuaron alternándose con la misma regularidad, incluso mucho más considerando que a veces ella se quedaba a dormir en su casa o viceversa. Itachi le ayudaba en ocasiones con su trabajo cuando ella le contaba hasta los detalles más minúsculos sobre los casos más intrincados, y él atando cabos, hilando retazos sabría Dios cómo, le daba pistas que luego ella exponía a los detectives, y éstos consideraban en gran medida, preguntándose interiormente cómo demonios no se les había ocurrido antes. A Sakura la congratularon muchas veces por su participación y nunca antes vista sagacidad filosa, ella pretendió decirles que Itachi era el responsable de tales aptitudes, pero él se lo impidió diciéndole:
– No quiero ese crédito que tú más necesitas… prefiero mantenerme en el anonimato.
– Pero… en verdad, eres un genio, cariño – replicó Sakura –. No conoces los casos personalmente y aun así llegas a acercarte mucho a las respuestas. Como si tuvieras el instinto de esos criminales ¿Has considerado dedicarte a la investigación? Piensas como todo un excelente detective… de hecho, el país debería temerte si te volvieras un criminal.
Itachi sonreía cada vez que ella lo incitaba a tomar esos rumbos.
Si tan solo supiera la verdad. Esa por la que él no estaba listo a confesar.
En lo que respecta a lo demás, Sakura se atrevió a llevarlo a casa de sus padres y presentarlo como su novio, oficializando esa relación. Algo que no había llegado a hacer con Sasuke. De hecho, allí radicaba otra gran diferencia. Sasuke todo el tiempo, por temor, precaución y recelo procuraba mantener en secreto su noviazgo, o al menos no hacerlo tan evidente, y para nada porque al final quienes no debieron enterarse (el señor Haruno y Madara) se enteraron. Mientras que Itachi no guardaba nada y no temía a nada porque sabía que si lo ocultaba o no, cualquiera que no tuviera que saberlo, lo sabría. Así fue como llegó a conocer a los padres de Sakura. La señora Haruno se mostró encantada con él por lo atractivo, amable y diestro que era al actuar y expresarse. Todo un encanto. La pareja perfecta para su hija. En cambio el señor Haruno – y como era de esperarse – fue todo el tiempo observador y suspicaz, apegándose siempre a su desconfianza como padre y como policía pues en secreto creía en la posibilidad de que ese fuera Sasuke Uchiha. Y claro que se trataba de un Uchiha, pero no del que buscaba. De modo que comenzó a investigar a Itachi. Éste último ya se lo esperaba como era natural y fue más astuto al no bajar la guardia. El señor Haruno no descubrió nada, desde luego.
Pero no todo era miel y hojuelas en la relación de la pelirrosa y el Uchiha mayor. Había un problema aparentemente pequeño, pero con un trasfondo enorme. Y resultaba mucho más desconcertante para ella.
Debido a que estaban tan unidos, fue normal que cuando dormían juntos, Itachi sintiese la necesidad de ascender a otro nivel. Comenzaban bien. Siempre comenzaban bien. Ella se dejaba besar, ella se dejaba quitar el vestido, ella se dejaba acariciar, ella se dejaba contemplar, ella se dejaba tocar; pero siempre que él llegaba a las zonas más íntimas de una mujer, lo que queda debajo de la ropa interior, Sakura se tensaba, emitía un sonidito que no era de placer, sino de duda, de inquietud, de rigidez… algo que él no sabía cómo explicar, ¿nerviosismo quizá? ¿Desasosiego? Fuera lo que fuera, siempre lo hacía detenerse. Ella le pedía que continuase y le decía que no pasaba nada, pero Itachi sabía, o más bien notaba que no estaba lista, que no quería, que intentaba engañarse y engañarlo. ¿Por qué? Sakura actuaba por el reflejo que dictaba su subconsciente, y dicho subconsciente aún gritaba el nombre de Sasuke aunque no lo quisiera reconocer, aunque dijera que no le importaba y que si lo veía sería capaz de matarlo.
Estas frustrantes escenas se repitieron varias noches, así que por eso, Itachi evitó mejor cualquier palabra, oportunidad o insinuación respecto al sexo para no incomodarla. Dejó de quedarse en casa de ella, y cuando ella se quedaba en la de él, entonces él se rehusaba a ir más allá del contacto de besos y abrazos, y cuando ya era muy tarde, se levantaba y se iba a dormir a un sillón. La razón de ese alejamiento era sencilla: no podía dormir tranquilo con ella al lado o entre sus brazos usando esas ropas cortas sin pensar en las ganas que le daban de… – y se desconocía por pensar así, pero era la verdad – ganas de devorarla.
Sakura se desanimaba cuando al despertar no lo encontraba a él su lado, sino al delicioso desayuno ya preparado. Se culpaba y preguntaba qué rayos le ocurría y por qué, en nombre de Dios, no podía consumar el acto con él. Su mente se martirizaba intentando hallar una respuesta y su corazón lloraba en secreto todavía por Sasuke.
Mientras tanto Sasuke se conformaba con las fotografías expurgadas y bien seleccionadas que Tora le suministraba. El ANBU seguía recolectando información de cada aspecto que en la vida Sakura repercutía, incluyendo el sentimental y que mientras se tratara de Itachi, se reservaba. Más de un centenar de fotos captó de esos dos. Cada semana desechaba la mitad y se quedaba con las otras por si acaso algún día se arrepentía de ocultárselo a Sasuke.
El líder de los ANBUS tuvo que salir de la ciudad muchas veces por periodos largos (de quince a veinte días al mes) por diversos motivos para reunirse en las otras sucursales de la organización con los miembros del exterior, para discutir asuntos delicados con los sublíderes, para establecer tratos con un traficante de diamantes, para iniciar pesquisas de interés personal sobre Madara con individuos ajenos a Tokyo y para también librarse de Karin por un buen rato. Y sin embargo, la distancia no era ningún impedimento para enterarse de lo que Sakura hacía pues ordenaba a Tora que le enviara las fotos por e-mails. Fue así hasta que sus viajes terminaron y volviendo un día a la ciudad, se le ocurrió que era momento de reiterar un viejo hábito que desde un principio tuvo como pretexto de pasatiempo y como una manera de burlarse de su oficial favorita: robarle.
Ese día Sakura llegó agotada a su casa. Había invitado a Itachi a cenar, pero él se negó a ir porque estaría ocupado con Akatsuki. Ella entonces preparó y consumió su comida. Luego, tan pronto su cuerpo tocó la cama, se quedó dormida e inmóvil como un tronco.
A la una de la madrugada Sasuke ingresó al apartamento. Casi le pareció estar viendo una nueva casa; notó que tenía artículos nuevos y que habían pintado las paredes. Sintió un poco de nostalgia por la frecuencia con la que antes llegaba allí y lo que hacía. Lo que hacía con Sakura. Alejó esos pensamientos de su mente… no se suponía que reviviese esos momentos, mucho menos ahora. Comenzó a andar por la casa y sin importarle que fuesen o no cosas de valor, tomó lo que más fácil se le hizo llevar: un cojín decorativo, una pieza de mármol en miniatura de la venus de milo, una caja musical, un par de zapatos bajos femeninos, un espejo pequeño con detalles de flores y hojas en el marco, un libro, el bolso de Sakura que tenía adentro un collar nuevo que Itachi le había regalado, su identificación, dinero, un par de lentes de sol y algunas cajitas de chicles. Fue al baño y de allí tomó lo único que le llamó la atención: unas bragas usadas. Eran rojas con detalles brillantes al frente, se parecían a unas que él había quitado antes. Con ambas manos las extendió frente así y recordó muchas cosillas inmorales vividas en un día de desenfreno carnal. Apretó las bragas entre sus palmas y se las llevó a la cara, a ojos cerrados, inhalándolas profundamente.
Si… tan familiar y placentero… qué ganas de sumergirse de nuevo en la fuente de ese olor.
Sasuke abrió los ojos de golpe.
¿Qué demonios estaba haciendo? ¡Se comportaba como un depravado! ¡Vergüenza debía darle!
Emitió un rugido de rabioso orgullo y echó las bragas dentro de la bolsa para salir del baño. Bueno… pensó que ya era suficiente, lo más conveniente sería marcharse para evitar que Sakura se diera cuenta.
Sakura…
¿Cuánto tiempo tenía de no verla personalmente? Ella estaba a solo unos metros de él en ese momento, sumida en sus sueños, inconsciente de todo lo que pasaba en la realidad. Sasuke lo meditó… tal vez se arriesgara un poco, pero… valdría la pena. Tenía que verla.
Sólo verla.
Por unos segundos se asomaría a su habitación y se aseguraría de que estaba bien y tranquila como merecía.
Nada más.
Luego se marcharía.
Y ya.
El Uchiha se dirigió a la habitación de ella, con mucho cuidado abrió la puerta y la fue empujando centímetro a centímetro hasta poder meter su cabeza. Entonces la vio. Estaba recostada bocarriba con una mano por encima de la cabeza y la otra encima del estómago y con las sábanas por las piernas en una posición de lo más natural, exquisita y vulnerable, pues nadie es más vulnerable que cuando duerme. Un cuadro hermoso. Sasuke pensó que no podía quedarse ahí.
Se deslizó en el interior de la habitación y lentamente se acercó a ella, arrodillándose al lado de la cama. Recorrió su cuerpo con la vista y se percató ahora más de cerca que uno de sus pezones sobresalía un poco, escapándose de la holgada blusa del pijama. El Uchiha tensó la mandíbula. Ya se estaba imaginando estupideces otra vez, sabiendo que no debía tocarla. No debía. ¡Estaba prohibido, maldita sea!
– Sa…ku…ra – murmuró en un dejo anhelante.
Y ella exhaló al tiempo que entreabrió la boca.
Sakura estaba en otro mundo. Lo veía frente a sí en un salón muy amplio similar a una joyería, pero sonaba de fondo una canción tranquila. Sasuke estaba cerca y a cada paso se hacía más próximo, repitiendo una y otra vez su nombre en pedazos. La pelirrosa se sintió débil cuando lo tuvo casi pegado a su cuerpo, podía sentir su respiración, su olor, su mirada y la calidez que emanaba su cuerpo. Se olvidó de Karin. Se olvidó de Itachi. Se olvidó de su padre. Se olvidó del mundo. Parecía una oportunidad volverlo a ver, y nada rebatió cuando sintió sus labios en los de ella, muy sutilmente, como si él temiera desbaratárselos con un contacto más fuerte, como si antes no le hubiese devorado la boca con pasión. Pero estaba bien… Sakura se sintió feliz por probar su sabor de nuevo, su tacto, y descubrió que mucho lo había extrañado porque nada se le comparaba… era tan ameno y dulce… tan satisfactorio. Lo dejó ser y no tardó en seguirle el ritmo lentamente para que no terminase muy pronto porque la unión era poco sostenible, como si pendiera de un débil hilo.
Cuando creyó estar lista para hacer ese beso más profundo y ser correspondida en igual medida, él se separó de ella, dejándola con las ganas.
– No – sollozó Sakura en un bajo tono de descontento.
Y la imagen de Sasuke se fue haciendo lejana frente a ella. Pero eso no la detuvo, corrió hacia él y aunque no lo alcanzó, continuó buscándolo en ese y en otros sueños. Varias veces lo halló y se le acercó, sin embargo, pese a abrazarlo y besarlo cuanto se le antojó, no lo sintió tan auténtico y real como antes.
Un par de horas después, Sasuke se encontraba sentado en su cama cubriéndose la cara con las manos y lamentando lo que hizo.
– Imbécil… imbécil… – se decía a sí mismo recordándolo. La había besado aprovechando su estado y ¡vive Dios! Ella le había correspondido como si supiera que era él, como si lo deseara también. Hasta se había quejado cuando él se alejó. Quizá para Sakura no fuera ningún problema olvidarlo por creer que se trató de un sueño más, pero él… él no dejaría de pensarlo y aún peor, antojársele volver a tenerla cerca. Es que para empezar, ni siquiera debió ir a verla. Se había desafiado a sí mismo y había perdido –. Estúpido…
Al día siguiente, Sakura se despertó con un humor de dos caras opuestas, la primera era la de la satisfacción por haber llegado en sueños a sentir verdaderamente a Sasuke, y la segunda de enojo a causa de que existía la primera. La oficial pelirrosa se levantó y al percatarse de lo desordenada que estaba su casa y que desde luego faltaban algunas de sus cosas, fue rebasada por una extraña combinación de rabia y desconcierto. Le habían robado, sí… era indudable y a la vez muy probable de que ese fue Sasuke porque sólo él tenía la costumbre de tomar objetos que no necesitaba en realidad únicamente con el propósito de molestarla y burlarse de ella… pero entonces… entonces, el beso… ese beso… Sakura inconscientemente sonrojada se tocó la boca con los dedos. No podía ser… ¿Acaso…? ¿Acaso…?
– ¿Acaso… sucedió en la realidad? – se preguntó en voz alta.
Y lo peor, maldita sea, fue que ella le correspondió por la dicha que sintió.
No… era mentira. Tenía que serlo.
Pero, ¿y si no lo era?
– ¡Shannaro! – exclamó enfurecida con los puños muy cerrados.
Otra vez estaba jugando con ella. ¿Pero por qué? ¡¿Por qué tenía que ser él tan cruel?! No se había conformado con haberla humillado de aquella ruin manera. ¡No! ¡Quería seguir atormentándola sólo porque se le daba la condenada gana!
Sakura se indignó y enojó tanto que hasta ganas de llorar le dieron, pero por fortuna, Itachi llegó muy pronto y ella se tuvo que tragar su ira y su llanto. Le ocultó que le habían robado y le mintió diciéndole que ella había dejado la casa así buscando un bonito pendiente que se le había perdido.
– Hey – le habló él con dulzura –, no te preocupes por eso, te compraré unos mejores. Tú misma los escogerás, ¿de acuerdo?
Esas palabras sirvieron para neutralizar su mal genio. Sakura se llenó de ternura viendo a Itachi recogiendo las cosas y organizando el desastre que había dejado su hermano. La pelirrosa fue hasta él, lo interrumpió en su labor y se le subió encima, rodeándole la cadera con las piernas para besarlo como sólo él merecía. Lo besó mucho esa mañana. Lo besó porque sí. Porque se lo merecía. Porque lo quería. Porque era el mejor. Y porque… estaba intentando olvidar ese fuerte sentimiento que le provocó Sasuke con su beso.
Sólo se separaron cuando se dieron cuenta de que se hacía tarde. Él dijo que le haría el desayuno y ella fue a alistarse. Después volvieron a besarse para despedirse, y por último, el Uchiha le deseó un buen día y le pidió que tuviese cuidado.
…..
Zetsu recibió el nuevo paquete camuflado del investigador secreto y a cambio le entregó un sobre con una cuantiosa cantidad de dinero como retribución a sus servicios. Inmediatamente se dirigió al lugar donde Madara lo esperaba.
– Le tengo pruebas suficientes, señor – le dijo al Uchiha que en ese momento leía un periódico –. Esto es lo que le dije que estábamos esperando.
Madara dejó a un lado su periódico y tomó lo que le ofrecían. Al ver el nombre "Uchiha Itachi" grabado en marcador negro encima del paquete, levantó las cejas y una pequeña sonrisa maliciosa asaltó su rostro.
– Todo lo que tenga que ver con este maldito me interesa – murmuró rasgando la cubierta con manos ansiosas.
La evidencia era lo que nunca se imaginó. Madara dejó escapar una enorme carcajada que llenó la habitación con sus ecos.
– Pásame las anteriores, Zetsu – ordenó –, ¡las de Sasuke!
Y las comparó con enorme dicha. En las más antiguas se veía a Sasuke Uchiha junto a la oficial Haruno, y las actuales y nuevas mostraban a Itachi Uchiha con la oficial Haruno también.
– ¡Es la misma mujer! ¡la misma! – exclamó regocijado y volviendo a prorrumpir otra risotada –, ¡qué divertido! ¡parece una maldición!
Zetsu tuvo que tolerar con paciencia que Madara siguiera riéndose mirando unas y otras fotos; quería que terminara rápido es algarabía para recibir nuevas órdenes.
– ¡Voy a matar a dos pájaros de un solo tiro! – siguió diciendo –, y ese tiro tiene nombre propio – señaló a su mano derecho para que lo dijera.
– Sakura Haruno – respondió Zetsu simulando su fastidio –. Confirmamos, señor, que Sasuke no está enterado de esto, que Itachi tampoco sabe que la oficial estuvo involucrada con su hermano y que a la vez ella ignora que esos dos son hermanos.
Madara volvió a reírse prolongadamente. Zetsu pensó que sólo faltaba que le salieran lágrimas
– Muy bien… muy bien… Itachi siempre fue indomable, astuto e independiente, el maldito hace lo que sabe y sabe lo que hace, pero Sasuke es harina de otro costal. Un chico muy maleable, rencoroso y a veces impulsivo.
– ¿Qué propone usted?
– Hagamos que se entere de esto – agarró una foto de la actual pareja –. Nos conviene que odie a Itachi. Que se peleen. Que se maten mutuamente. Imagínate cómo se sentirá Sasuke al saber que la mujer que ama, por la que sacrificó tanto y a la que decidió renunciar por su bien, se encuentra ahora rehaciendo su vida nada menos que con su hermano mayor.
– ¿Y si no se destruyen? – quiso saber Zetsu – No olvide que Itachi es muy razonable.
– Entonces yo los destruyo – deliberó Madara mirando una imagen de Sakura –. Después de todo, me será sencillo agarrar y deshojar a esta florecilla.
…
Imposible de controlar. El caos armado fuera y dentro del banco más grande de la ciudad en la zona central se acrecentaba hasta el punto en que las amenazas, insultos, alborotos y peleas no se hicieron esperar. Las personas del exterior comenzaron a tirar piedras a los cristales de cuanto establecimiento encontraban en señal de protesta por la monumental injusticia cometida en su contra.
Los ANBUS habían llegado demasiado lejos esta vez.
– ¡Hágase hacia atrás! – gritaba Sakura ya impaciente, cansada y enojada – ¡hacia atrás! ¡apártese! ¡no! – ordenó apuntando al que sostenía una roca amenazando con lanzarla – ¡no se atreva! ¡suelte eso de inmediato, se lo advierto!
– ¡Sakura! – exclamó Naruto en medio de la batahola y los constantes tropezones y empujones de la aglomeración – ¡acaban de hacer pedazos los límites que pusimos!
La policía no podía lidiar con ese desastre pese a haber apresado ya a muchos. Tuvo que acudir el escuadrón antidisturbios cuyos miembros no tuvieron ninguna compasión al momento de censurar por las malas a los más rebeldes mientras se cubrían de las cosas que lanzaban con sus alargados escudos transparentes y resistentes.
No sólo en ese banco se había formado tal escándalo turbulento, sino que en muchas otras sucursales de bancos de la ciudad había una muchedumbre enfurecida armando aquelarres y revoluciones.
¿Qué había pasado para que todas esas personas se convirtieran de pronto en un montón de salvajes?
El ANBU que una vez Sasuke mandó a traer de otra ciudad con Tora era un completo genio de las computadoras, una mente prodigiosa y peligrosa, un astuto pirata de marca mayor que apenas hace poco logró el objetivo en el que por tanto tiempo estuvo trabajando virtualmente: robar un número masivo de cuentas bancarias accediendo a los portales secretos y prohibidos de cada entidad. A Sasuke nada le había importado que fueran eminentes y con muchos ceros a la derecha o de modestas cifras de pocos dígitos, sin detenerse a pensar en ello dio una orden terminante a su súbdito:
"Saquea todas las que puedas".
Y de esa manera, partiendo desde los mejores posicionados en la pirámide de la economía hasta los que mucho se esforzaban manteniendo y aportando a sus cuentas de ahorros, consiguió el ANBU que quedasen en completa igualdad: cero absoluto.
¡Tal hazaña en la historia no podía quedar bajo anonimato! Los ANBUS en secreto la noche anterior dibujaron el símbolo de la organización (el mismo que todos tenían tatuado en los brazos) con pintura negra en aerosol en las puertas de cristal de cada banco para que nadie ignorase que ellos eran los auténticos responsables de esa bella calamidad.
Varios drones sobrevolaban la ciudad desde una prudente altura para mostrar al escuadrón del infierno lo que habían causado con su triunfo. En la comodidad de los lugares desde donde piloteaban los aparatos, se burlaban de lo que veían:
– ¡Vamos, vamos, no es para tanto, sólo es dinero!
– ¡Mira a esos tontos golpeándose entre sí!
– ¡Ese policía no sabe ni qué hacer!
– ¡Ouh! ¡esa caída debió doler!
Sasuke se encontraba a un lado, recostado a la pared cruzado de brazos con la mirada perdida. Estaba pensando que en alguno de esos tumultos debían estar ellos. Desinteresadamente se acercó a Tora que estaba sentado piloteando su propio dron y en su pantalla pudo distinguir una manchita amarilla y una rosa inconfundibles, no muy lejos una de la otra: Naruto y Sakura. Permaneció ahí parado sin dejar de observarlos. En algún momento los oficiales tuvieron que separarse y Tora, como era de esperarse, siguió a la manchita rosa. Sasuke miró al ANBU por encima de la cabeza y sin pensarlo siquiera, lanzó una inesperada pregunta:
– ¿Qué sientes por ella?
– ¡Señor! – se sobresaltó Tora mirando hacia atrás –, n-no sabía que estaba usted ahí.
– Contesta – exigió Sasuke con ojos oscuros.
– Na-nada… nada en especial, se lo juro – contestó con expresión consternada, como a quien preocupa que le acusen de algo grave –. Yo… yo sólo la aprecio y respeto tanto como a usted.
Alguien abrió la puerta y entró, pero Sasuke no prestó atención, seguía mirando al ANBU.
– Le estoy diciendo la verdad – indicó Tora.
De súbito, Karin que acababa de llegar se tiró contra Sasuke para darle un abrazo. Tora ocultó la pantalla.
– ¡Cielo, qué alegría verte! ¡felicidades por tu nuevo triunfo!
– ¡Qué demonios! – exclamó el Uchiha con fastidio – ¡quién te dejó entrar aquí! – y se la quitó de encima.
– No seas así, Sasuke, eso es lo de menos; ¡tenemos que celebrar!
Lo agarró de una mano y él miró esa sujeción percatándose de algo en la muñeca de ella, tenía una pulsera muy bonita en forma de flor. Él la recordaba como el primer objeto que le robó a Sakura aquella remota vez en que se le presentó como Suke Hachijou. En verdad había pasado mucho tiempo. Karin se la había quitado por un malentendido, y él no le había dado importancia, pero ahora sí.
– Qué es eso que usas.
– Oh, esto… aún la conservo – respondió ella mirándola con afecto –, tú me la regalaste.
– Devuélvemela – ordenó seriamente.
– ¿Qué? pero… pero… es mía, cielo, tú me la diste y la he cuidado muy bien, ¿Por qué la quieres devuelta?
– Sólo dámela, Karin. Te compraré otra si quieres en compensación.
– Sasuke, no me has contestado a mi pregunta – habló más seria – ¿Por qué la quieres devuelta?
Sasuke la quiso fulminar con la cara que le puso. Le dio igual que allí estuvieran sus hombres al agarrar con fuerza a Karin del brazo y sacarle la pulsera.
– ¡¿Por qué?! – chilló ella desesperadamente recelosa. Sospechaba que tenía que ver con esa mujer, y no se equivocaba.
– Porque se me da la maldita gana – contestó él enojado –, ya te dije que te compraré todas las que quieras; ahora lárgate de aquí. Este es un lugar privado y exclusivo sólo para miembros del escuadrón del infierno.
La pelirroja se marchó con el temperamento en llamas, cosa que a Sasuke no le importó en lo más mínimo, para él, Karin ni cortaba ni pinchaba. Se guardó la pulsera en su bolsillo. Iba a ponerla junto con las demás cosas de Sakura que tenía bajo su poder.
…
Después de ese beso, ninguna otra locura se le había metido en la cabeza más que la de ir a buscarla con la excusa de ponerla a prueba. Sasuke estaba seguro de que había hecho ya lo suficiente para que ella lo odiara, era el hombre que le había desmigajado el corazón y además un criminal de alto rango que no se detenía en sus mañas… tenía que verla ahora por sí mismo. Otra vez, pero que ella fuese consciente de él.
Contando con la certeza de que Tora sabía todo de ella, pidió al ANBU el horario laboral de la oficial para concertar un día en que ella saliera muy tarde (y por su puesto cansada) de su trabajo. Tora se preocupó por Sakura, porque en vista de que Sasuke se llevó a varios ANBUS más, sospechó que pudiera hacerle daño.
¿En qué estaba pensando ahora su jefe?
¿Qué pretendía hacer con la pobre oficial?
Tora decidió seguirlos dispuesto a intervenir si se atrevían a tocarla y en el fondo, por amor a Dios, deseó que Sasuke no fuera capaz. Eran cinco contra ella sola.
No fue difícil atraer su atención. Sakura iba conduciendo en su auto medio aletargada cuando la visión de ANBU corriendo la hizo abrir mejor los ojos. Alertada y sin dudarlo se detuvo para apearse y atraparlo.
– ¡Quieto! – exclamó sacando el arma – ¡policía!
El ANBU se fue a reunir con los demás en el callejón solitario y estrecho que formaba una tienda de indumentaria femenina y una estación de radio. Hasta allí llegó Sakura; el corazón casi se le detuvo al ver a Sasuke de blanco en medio de sus cuatro hombres de negro. Las manos le temblaron y casi deja caer el arma.
– Qu-qué… – habló para sí misma sin saber qué hacer.
Sasuke bajo su máscara sonrió. La tenía en frente de nuevo, de esa misma forma, igual que antaño cuando se enfrentaban constantemente. Era la misma Sakura que recordaba. Seguía siendo tan terca, seguía siendo bella, seguía amándolo. Qué lástima y a la vez, qué dicha.
– Oficial – le habló. ¿Hacia cuánto tiempo no la trataba así? Con esa formalidad, como si fuera una desconocida –, me temo que está acorralada, así que no le queda más opción que obedecer para salir ilesa.
Tora estaba en el techo de la estación de radio, observando esa escena y preparado para mezclarse en medio en cualquier momento.
– Entréguenos su arma, su dinero y las llaves del auto – ordenó Sasuke sacando su espada.
Primero el beso…
Y ahora esto.
¿Por qué?
Sakura constriñó los dientes, furiosa, indignada y… no podía explicarlo. Era muy fuerte eso tan ácido que la quemaba interiormente.
– ¡¿Quién te crees que eres, Sasuke Uchiha?! – espetó respirando sonora y rápidamente ella – Después de todo… ¡después de todo lo que has hecho! ¡eres un desvergonzado, cínico y cruel hombre! ¡Nunca tienes suficiente! ¡NUNCA! – a Sasuke se le borró la sonrisa – ¡¿Con qué derecho te atreves a intentar humillarme de esta otra forma?! ¡DIME! ¡No te basta mirar por encima del hombro a las personas, es según tu asqueroso ego necesario pisotearlas para reafirmar esa maldita superioridad que tú mismo, erróneamente te atribuyes! ¡¿Cómo llegaste a pensar que podías ultrajarme en asociación con tus vulgares congéneres?! ¡¿Quién…?! – reiteró – ¡¿Quién te crees que eres?! – empuñó mejor el arma aunque temblaba de rabia – ¡Permíteme que disienta de tus conceptos! ¡no eres nada, ni nadie!
Los ANBUS se habían quedado tan atentos a escucharla que reaccionaron tarde cuando Sakura levantó el arma. Uno de ellos se puso frente a Sasuke para cubrirlo, pero no recibió disparo porque Sakura había apuntado hacia los otros, a uno le dio en el pecho, al otro en la mano para evitar que agarrase su arma y luego en el abdomen bajo, y al otro que había comenzado a escapar le dio en la escápula derecha. Con rapidez, Sakura apuntó esta vez al hombre que se encontraba en el suelo por haber cubierto inútilmente a Sasuke.
– No – suplicó el ANBU con una mano extendida –, por favor no… se lo suplico.
– No te atrevas – advirtió Sasuke casi atropellando las palabras. Desconcertado, confundido, turbado por lo que estaba pasando.
Ella lo miró con desafío antes de disparar al último de sus hombres justo en el estómago. El ANBU adolorido se cubrió la herida con una mano y después de jadear algunas veces, dejó caer al suelo la mano manchada de su sangre y también la cabeza sobre su pecho.
Si todos no estaban muertos, se estaban muriendo.
Tora, arriba, se hallaba horrorizado. Los papeles que creyó que tomarían en ese encuentro se habían invertido. Sakura nunca estuvo en peligro. ¡Eran los ANBUS! ¡Sus compañeros! ¡Y también su jefe!
La pelirrosa apuntó con coraje al Uchiha. Ni siquiera la máscara evitó el contacto visual directo, filoso y doloroso.
"Te odio, Sasuke" se dijo en la mente con profunda tristeza, pero sin cambiar su decisión de detenerlo.
Dentro de Sakura se estaba librando una seria batalla de contradicciones, mientras Sasuke apenas conseguía asimilar lo que estaba pasando. En el pasado siempre fue él quien ganaba cada vez que se encontraban, machacaba a su bando de policías, se salía con las suyas, la dejaba por el suelo, humillada y a veces hasta herida. Pero ahora… oh… lo comprendió sintiéndose bien idiota… ¡se había equivocado! Llevó a propósito a cuatro ANBUS novatos por si acaso, pero qué ingenuo fue al pensar que acabaría tendiéndola a ella en el suelo según su antojo. Sakura no era la misma tonta que por amor iba a consentir que él hiciera cuanto le viniera en gana y se escapase injustamente dejando detrás de sí carteras vacías y víctimas heridas. Mucho menos si una de esas víctimas podía ser ella.
¡NO!
Lo iba a joder esta vez.
Sakura resuelta apuntó a una de las piernas de Sasuke. Él cerró los ojos quedándose inmóvil y ya previendo el dolor, pero entonces, el ruido de dos cuerpos cayendo secamente lo hizo abrirlos.
¡Dios bendito, era Tora! El ANBU había venido de arriba y se había llevado al suelo a Sakura para inmovilizarla, quitándole el arma.
– ¡Suelta! – gruñó ella.
– ¡Señor, de prisa! – pidió Tora en apuros – ¡no puedo con ella! ¡ayúdeme!
Sasuke se aproximó de inmediato y entre los dos consiguieron atarle a la espalda las manos con sus propias esposas. Ella echaba chispas.
– No hay nada que hacer – jadeó el ANBU mirando a sus compañeros inconscientes –.alguien debió haber escuchado los disparos, pronto vendrán más policías, ¡vámonos de aquí!
Ni siquiera se atrevieron a robarle el auto a Sakura por temor a que así los encontrasen con mayor facilidad. Se fueron de allí como almas que lleva el diablo, dejándola sola, enfurecida, despotricando y en medio de los cazadores ANBU que ella misma había cazado.
Fatigados después de esa fuga e intentando descansar para recuperar el ritmo normal de sus respiraciones y latidos, Sasuke habló a su súbdito:
– Me salvaste, Tora… de quien menos pensé que sería capaz de atacarme.
– Ya no puede tomarla a la ligera, señor – contestó el ANBU entre jadeos –. La oficial Haruno es una mujer letal. Hay cosas que usted ignora de ella.
El Uchiha hizo memoria de lo anterior. Aún la confundía, no había duda, de lo contrario no se habría tardado tanto en dispararle, pero, y era cosa que tenía que reconocer, parecía otra mujer, era más sólida y valiente ahora, estuvo resuelta a dispararle de verdad, ¡DE VERDAD! Sakura se estaba tomando la guerra en serio, no quiso matarlo porque su intención era la de arrestarlo y exponerlo al mundo.
Lo consideraba su enemigo. ¡Otra vez!
– Interesante – sonrió Sasuke maliciosamente.
…..
Consideraron que después de haber robado al Biju de las cuatro colas, merecían un pequeño descanso. En la sala estaban los Akatsuki más ociosos: Deidara parloteaba sobre bombas y explosivos a Tobi que comía como si no hubiese límite, Kisame contemplaba y alimentaba a los tiburones pequeños del acuario, Kakuzu revisaba sus cuentas, e Hidan aburrido manoseaba su celular, éste último decidió salir de su cuenta en una red social y buscar en su galería multimedia algo de música, pero entonces se topó con una foto que él mismo había tomado semanas atrás y de la que no se acordaba.
– Oye, Kisame – llamó la atención del chico de cabello azul –. Ya vi a la novia de Itachi.
– ¿En verdad? – preguntó Kisame sin quitar su atención de los peces.
– Sí, fue pura casualidad. Yo salía del casino y ellos del cine. Hasta les tomé una foto.
– A ver – se acercó Kisame para mirarle el celular.
– ¿Itachi tiene novia? – preguntó Deidara.
– Sí que la tiene, creí que ya estabas enterado – respondió Hidan –. Es una chica muy bonita con un cabello muy raro, y es policía.
– ¿Eh? – Deidara lo miró – ¿a qué te refieres con lo de cabello raro?
– Lo tiene rosa.
– ¡¿Qué demonios?!
Deidara se levantó y le quitó su celular para ver la foto, en ella aparecía Itachi mirando dulcemente a la oficial Haruno que lo tomaba del brazo sonriente y sonrojada.
– ¡Tiene que ser una broma! – exclamó el rubio – ¡esta chica va a acabar con Itachi!
– Ya lo creo – dijo Kisame riéndose –. Itachi anda muy pendiente de ella.
– No, no, no… ustedes no entienden – insistió Deidara. Ahora incluso Tobi y Kakuzu le prestaban atención –, yo la conozco, y ustedes a partir de ahora será mejor que también la reconozcan porque esta mujer es de muchos cuidados. ¡Es la hija del dirigente de la policía! Fue ella quien jodió a Sasori.
Nadie dijo nada, pero sí se mostraron sorprendidos. Recordaron lo que había pasado con Sasori y supieron que fue una policía quien prácticamente lo hundió, pero desconocían su identidad porque los medios también la mantuvieron bajo anonimato.
– Mierda – logró decir Kisame en medio de ese silencio.
– Pero eso no es lo peor – continuó Deidara –. Acuérdense de que Sasuke Uchiha también estuvo involucrado en ese embrollo porque fue a la casa de Sasori a robarle aquel día. Cuando mucho después lo visité en la cárcel, Sasori me contó que el ANBU no había ido hasta allí por sus cosas, sino por la mujer.
– ¿A qué te refieres con eso? – cuestionó Tobi – no estarás diciendo que Sasuke también se involucró con esa policía, ¿o sí?
– Es lo más probable, amigo mío. Sasuke Uchiha se volvió loco esa noche vengándose de Sasori. ¿Se acuerdan de cómo lo dejó?
Sí que se acordaban. Sasori no parecía Sasori.
– ¡Oh, mierda! – exclamó Hidan esta vez – Es lo más asombroso que he escuchado sobre Itachi. No puedo creer que se esté tirando a la ex novia de su hermano, que además es policía – le arrebató su celular a Deidara para ver la foto – ¡Fenomenal! No me lo esperaba de Itachi. Deberíamos ponerle un altar.
– A mí me da igual – dijo Kakuzu.
– A mí me parece divertido – opinó Kisame con su sonrisota.
– A mí se me hace que Itachi está en problemas – agregó Deidara.
– No lo creo. Él sabe cuidarse muy bien – aseguró Tobi acercándose a ver la foto –. Además… parece muy contento con ella.
– Sí… será mejor no decirle nada – consideró Kisame –. Si estuvo o no con su hermanito antes, ya no importa. Esa chica es de él ahora, y no creo que corra ningún peligro con ella… es un buen partido para él… todo un desafío.
Los demás estuvieron de acuerdo y pronto dejaron el asunto de lado.
…..
Suigetsu estaba rodeado de ANBUS en una guarida. Con algunos en una mesa jugaban póker y tenían cervezas para acompañar sus pérdidas o ganancias. Gracias a Dios no había visto a Karin en días, estaba tranquilo.
– ¡Jah, te toca pagar, Tora, te toca! – exclamó uno de los ANBUS.
Tora aceptó su derrota y pagó lo que acababa de perder, pero se juró que lo recuperaría. Continuaron jugando hasta que llegó un ANBU medio ebrio y se sentó a la mesa para clavar la cabeza en la misma y quedarse dormido al instante.
– ¿Y a ese qué le pasó? – quiso saber Tora.
– Lleva días así – respondió el otro –. Su novia le terminó y echó de la casa cuando descubrió que pertenecía a la organización.
– Vaya…
– Sí. La mujer se puso histérica, le dijo que no se le acercara y hasta lo amenazó con llamar a la policía. Ahora nuestro querido compañero – le dejó caer una mano en la espalda al borracho – ya no tiene donde vivir y se está quedando en una de nuestras cárceles para castigados.
Tora pensó que eso sí era terrible, pero pronto cambiaría de parecer sobre el concepto de "terrible" cuando entró Sasuke enfurecido con una bola de papel arrugada en una mano y lo llamó a su despacho.
– ¡Tenemos que hablar muy seriamente!
Desconcertado, el ANBU se levantó seguido de las miradas de sus compañeros. Al ingresar a la estancia de su jefe, no se esperó que éste lo amenazara con la espada.
– Dime, Tora, ¡dime qué demonios me has estado ocultando!
– De-de qué habla, señor…
– Mira esto – le tendió la bola de papel –. Lo trajo Garuda para mí.
Tal papel albergaba los vestigios de unas flores secas de cerezo y con unas palabras escritas:
"No lo sabes todo".
– Está claro que no es una amenaza en contra de ella – continuó Sasuke refiriéndose a Sakura –, ¡es un anuncio de algo! ¡y tú debes saber de qué, maldita sea!
Tora tragó saliva. No había nada que pudiera hacer ya. Quien sea que le hubiese enviado ese mensaje a Sasuke, quería ver guerra.
– Se lo diré, señor – decidió asintiendo –. O mejor… se lo mostraré.
Sólo tardó un poco en salir, buscar entre sus cosas la evidencia oculta y traerla.
– Tenga.
Sasuke abrió el sobre y apenas la primera foto de su hermano y Sakura le oprimió el corazón.
No…
Tenía que ser mentira…
Regó todas las fotos en su escritorio con las manos trémulas y parpadeó varias veces, queriendo que al abrir de nuevo los ojos encontrara imágenes diferentes.
Imposible…
Era él… era…
– Itachi – balbuceó empuñando las manos.
Si acaso en algún momento pensó que su hermano no podía provocarle mayor sentimiento de rechazo, se equivocó. Allí estaba con ella, abarcándola en brazos, besándola, regalándole cosas, llevándola a todas partes, haciéndola reír… a ella…
¿Por qué, en nombre de Dios, tenía que ser justo a ella entre todas las mujeres del mundo?
¿Por qué Itachi?
– Itachi – reiteró cerrando los ojos con fuerza y los dientes apretujados.
Miró a Tora recordando sus palabras:
"Hay cosas que usted ignora de ella."
No era algo nuevo. A juzgar por la forma en que Tora rehuía de él y lo compenetrados que lucían esos dos en las fotos, podía deducirse que esa relación ya tenía tiempo de ser… ya se conocían desde hace mucho… pero, ¿exactamente cuánto? ¿Meses? ¿Años? ¿Y si ella lo había engañado con su propio hermano cuando aún estaba con él?
A Sasuke comenzaron a temblarle los párpados de impotencia y a dolerle la cabeza calibrando esa probabilidad.
Eso explicaba los sueños que se habían manifestado como presagios. Su hermano en verdad lo estaba jodiendo.
Se acordó de lo que le dijo antes:
"Tú también deberías conseguirte una novia, a ver si así dejas de meterte en mis malditos asuntos."
– ¡Maldita sea! – rabió Sasuke dando un puñetazo al reguero de fotos.
ÉL mismo se lo había sugerido.
Él mismo se lo había buscado.
Era como si el destino se burlara de él.
Quería negarse a creer que fuera cierto, pero su vista no lo engañaba y las fotos eran patentes… su hermano y ella.
"Itachi y Sakura… Itachi y Sakura… Itachi y Sakura…"
"Itachi… Itachi… Itachi".
Tora salió de allí antes de que Sasuke explotara por la ira que estaba conteniendo y la derramase en él, casi pudo sentir su energía oscura y vengativa.
El ANBU fue a sentarse donde había estado antes con sus compañeros.
– Amigo, ¿estás bien? Luces un poco pálido.
Pero Tora no contestó. En ese momento llegó Karin buscando a Sasuke, pasó por el lado de Suigetsu como si nada y comenzó a tocar la puerta del despacho del jefe ANBU. Tora pensó que ese era el momento menos indicado para molestarlo.
Suigetsu dejó las cartas en la mesa como si ya no tuviera ganas de jugar.
– Oye, hermano, ¿Qué pasa? ¿no vas a terminar la partida? – quiso saber el mismo ANBU.
De repente se abrió de golpe la puerta del despacho de manera que casi golpea a Karin. Sasuke salió éste como poseído por algún demonio sacado del mismísimo infierno. Todos se le quedaron viendo un poco alarmados y deseando que no los mirara siquiera porque podía ser que quisiera masacrarlos. El Uchiha había cerrado la puerta de un manotazo feroz.
– Cielo, espera, ¿Qué te pasa? – lo llamó su novia yendo detrás de él.
Y entonces Suigetsu se amargó por completo. Tiró su botella de cerveza, se levantó y se largó de allí a pasos rápidos.
– Rayos – habló el mismo ANBU que había estado conversando con Tora – ¿Qué les sucede a todos?
Tora sabía que Sasuke estaría enloqueciendo de ira y resentimiento por lo que acababa de enterarse sobre Sakura, y sabía también que Suigetsu caía de nuevo en las fauces de la miseria y la desdicha apenas por ver a Karin.
Miró al infeliz ANBU dormido y borracho que había sido desterrado por su ahora ex novia.
– No lo sé, amigo – contestó –, pero creo que el diablo es mujer.
…
¡Continuará!
¡Se complican más las cosas!
Y sí, tal vez no les guste que lo haya dejado hasta ahí, pero ya me conocen, las conclusiones de los más grandes problemas siempre las reservo para las continuaciones (en el fondo porque me gusta hacerlos sufrir con ese bien conocido sabor picante que deja un asunto pendiente).
Ahora, una cosa aclararé a las fieles enamoradas de la hermandad Uchiha (que sé que son muchas) para no tener que responder a cada comentario injustificado que demuestre que a veces se olvidan de que esto es un fic:
Los hermanos Uchihas tienen todo el derecho de discutir o pelearse por una chica.
Esto es un universo alterno: Sasuke no es ese chico asexuado del mundo ninja cuyos mayores sentimientos están dirigidos a puros hombres, y poco o nada especial demuestra por las mujeres.
Y respecto a Itachi, no es tampoco ese muchacho enfermizo cuyos propósitos de vida estuvieron escritos desde un principio, forzado a aniquilar a su gente y vagabundear como un criminal, aceptando resignado ese destino lamentable y miserable que le tocó padecer.
Esa fue su realidad, pero en las adaptaciones a veces dejamos a un lado ese miedo al amor de pareja que caracteriza tanto a los shonen.
Por supuesto que no exageraré en su futura disputa para no llegar a echar a perder esos pequeños detalles que recuerdan a sus personalidades, pero reitero: es preciso que los haga competir.
Y en cuanto a Madara, se va a involucrar cada vez más en el camino de nuestro protagonista, dejando sus huellas pestilentes por doquier. Ya sabemos que es un manipulador, y seguirá siéndolo hasta que le toque abandonar ese perfil bajo que por ahora mantiene.
En fin... Como siempre les aconsejo: si tienen algo decir, no se lo callen, queridos lectores.
Un abrazo fuerte a todos los que siguen esta historia y gracias por no desistir.
Prometo volver.
Sigma Shey.
